Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es culpa de una musa que hiberna en verano y trabaja en invierno.
Sensaciones Olvidadas
Aquella mañana corrían por el bosque nevado de alguna parte de Dakota del Norte, tras haberse separado de Peter y Charlotte y dejar la cabaña en Quebec. Alice caminaba grácil y alegre como siempre al lado del rubio que marcaba el paso como si marchara junto a su ejército. A lo lejos se difuminaba el bosque en una espesa neblina que a cualquiera le hubiese causado intriga y hasta temor, pero para ellos era lo más cómodo y hermoso que pudiera haber. Si el norte era el hogar de los nómadas, era precisamente por eso, por que podían pasar desapercibidos como simples viajeros mientras el sol se mantuviera oculto tras la espesa capa de nubes grises.
Jasper se sentía tranquilo y confiado mientras ella caminaba de su brazo, casi bailando y sonriendo. Jasper no podía evitar sentirse bien cada vez que estaban así. En silencio, pero hablando con la mirada, las sensaciones. Los días que había estado junto a ella, se habían vuelto los más placenteros, y ahora tenía la seguridad de que en adelante serian así.
Ahora lo que no podía comprender era un sentimiento nuevo, distinto al cariño, al amor que sentía por Alice, un sentimiento que no paraba de confundirle. Mientras ella caminaba aferrada a su brazo, el no podía evitar las miles de sensaciones que su simple tacto le producía en su corazón muerto y ahora también en todo el cuerpo.
Es que el empático vampiro no alcanzaba a entender hasta donde llegaba aquel amor. Cada vez que rozaba su mano, cada vez que lo abrazaba, cada vez que él la miraba, sentía algo, algo que no conocía, o que quizá había olvidado.
Más allá del cosquilleo en el estomago, aquella sensación le recorría todo el cuerpo, como miles de descargas eléctricas, y lo hacía sentir muchas cosas que le revolvían la mente. No valía la pena darle demasiadas vueltas, porque sabía lo que le ocurría, aunque no recordará que le hubiese pasado alguna vez. Lo reconocía, solo por la experiencia que había tenido su don con Peter y Charlotte, pues ellos dos sentían uno por el otro, lo que él en ese momento estaba sintiendo por Alice. La deseaba.
Si, Jasper deseaba a Alice. El amor que le tenía era fuerte, muy fuerte e intenso. Tanto que a veces no lo controlaba y se le escapaba, llegando hasta ella en suaves las y haciéndola sonreír, a veces hasta reír. Pero ahora también la deseaba. Cuando ella se acercaba a él, cuando ella lo tomaba de la mano, cuando ella lo abrazaba, cuando ella lo besaba, cuando él la besaba a ella… se despertaba en el rubio una sensación como fuego que le recorría todo el cuerpo, le consumía por dentro, deseando llegar a más.
En ocasiones había pensado en llegar a más, así de pronto. Pero se arrepentía, pues antes que nada, para él estaba el honor de Alice. Alice era una dama, y como dama merecía ser respetada, no podía tomarla de un momento a otro y sin saber si ella estaba de acuerdo o no. No era correcto y él temía que ella no lo deseara realmente y se alejara.
A estas alturas de su relación, Jasper había comenzado a sentir por cuenta propia. Durante muchos años antes de que ella le encontrase, él había permanecido apático, insensible, solo sintiendo emociones ajenas a través de su don, pensando que toda posibilidad de sentimiento propio se había esfumado.
Luego apareció ella y lo baño con sus emociones y su cariño, consiguiendo que poco a poco, el volviera a sentir. Y en este momento, cuando sus propios sentimientos ya no dependían de nadie más, sino de él, se sentía confundido y temía que lo que creía que Alice sentía y deseaba, solo fuera un reflejo de sus propios sentimientos y deseos.
Se sentía en un callejón sin salida, por un lado no podía preguntarle a Alice por aquella situación, pues moriría por segunda vez de vergüenza. Por el otro no podía dejarse llevar por aquellos sentimientos así como así, pues podría equivocarse. Una cosa era amar, y en ese sentido le quedaba claro que Alice lo amaba tanto como él a ella, la pequeña psíquica se lo había demostrado todo ese tiempo, con y sin palabras. Pero era muy distinto desear, y él no podía estar seguro de que ella lo deseara tanto como él a ella, no podía saberlo porque sus sentimientos se entremezclaban con los de ella de una manera confusa. Y por el otro lado (sí, había tres) no podía intentar dejar de sentirlo porque se había vuelto incontrolable para él. En cuanto a autocontrol, tanto su deseo, como su amor por Alice, estaban fuera de su alcance.
Sacudió la cabeza intentando alejar esas ideas y siguió caminando junto a ella. Trató de enfocar sus pensamientos en algo mas, pero cuando rebusco algún tema en el que tener ocupada su mente, pensó en la sed y se dio cuenta de que la caza de hacía dos días ya no era suficiente para él. Lo más difícil de esta nueva dieta, era tener que alimentarse a cada rato.
El ardor de su garganta sustituyo cualquier pensamiento en su mente y de pronto se hizo tan insoportable que se quiso llevar discretamente una mano a la garganta, pero la detuvo a medio camino y termino hundiéndola en el bolsillo del pantalón, sintiéndose más incomodo. No quería molestar a Alice diciéndole que necesitaba cazar de nuevo, y no pensaba decirle nada, pero ella se dio cuenta cuando lo vio alzar la mano y lo miro a los ojos ennegrecidos.
— Tienes sed—no era una pregunta.
— Estoy bien—respondió él con la voz un poco ronca. Era un cambio mínimo, imperceptible a los oídos humanos, pero a Alice no le paso desapercibido y sacudió la cabeza.
— No necesitas fingir, Jazz—le dijo—. Sé que tienes mucha sed, así que no intentes mentirme. Mejor cacemos.
Jasper no pudo más que sonreír levemente. Asintió lentamente con la cabeza, mientras ella se soltaba de su brazo y daba unos pequeños pasos hacia atrás. Ella no necesitaba con tanta urgencia alimentarse, pero sabía de sobra que Jasper no cazaría si ella no lo hacia también. Olfateó cuidadosamente el aire y reconoció varios efluvios animales, el más delicioso que identifico fue el de un oso pardo, pero se contuvo porque deseaba que Jazz lo tomara.
Desvió su atención al flujo de sangre de un alce mucho más cercano y se lanzo hacia allá sin pensarlo dos veces. Jasper la observo fascinado y, inhalando profundamente, desconecto la mente del cerebro. Se lanzo a través de los arboles, persiguiendo su instinto.
Un par de horas después, se encontraba casi saciado, a punto de terminar con la sangre de un alce enorme. Alice observaba desde la rama de un árbol, intentando decidir si hacer o no lo que pensaba.
La simpática vampira sabía la guerra interna de su caballero sureño. Ella lo deseaba tanto como él a ella, pero el vampiro del cabello rubio no estaba seguro. Al principio ella pensó que él no la deseaba, que su indecisión se debía al conocimiento de su necesidad y el deseo de satisfacerla, pero que él no tenía ese sentimiento para con ella. Luego se dio cuenta de que más bien, él no estaba seguro de lo que ella quería y la pequeña vampira estaba decidida a despejar todas las dudas de su compañero.
Lo miraba y sentía como su cuerpo se convertía en una planta eléctrica, y por cada uno de sus cabellos corría una corriente que le hacía pegarse más y más a él. No deseaba esperar más, ella sabía que ya había llegado el momento y no permitiría que se le escapara de las manos.
Así que allí se encontraba, trepada en una rama alta, observando a su hombre beber tranquilamente la tibia sangre del animal que aun sostenía en sus manos, negándose a soltarlo antes de dejarlo seco, hurgando en el futuro, para saber si la decisión que había tomado no era contraproducente. No había un solo indicio de que ninguno de los dos reaccionara mal, así que reforzó su decisión en su mente y se preparo.
A lo lejos, Jasper soltó el cuerpo inerte del enorme herbívoro y se incorporó, llevándose el dorso de la mano a la cara y pasándolo por sus labios, para quitar los restos de sangre de ellos, acto que a Alice le removió algo incomprensible en su alma inquieta. Entonces camino rápida y sigilosamente sobre las ramas de los arboles, acercándose a Jasper sigilosamente, como si él fuera su presa.
Jasper volteo a todos lados buscándole, justo cuando ella se hallaba a dos metros encima de su cabeza. Ese era el momento justo, el momento en que la buscaba a ella. Cuando al terminar de alimentarse, temía que durante su distracción ella se hubiese esfumado en el viento, dejándolo a la deriva nuevamente. El momento en el que ella aparecía y su ansiedad se calmaba.
Pero ella no aparecía, tenía pensado algo más. Jasper comenzaba a angustiarse en serio. Su ansiedad se comenzaba a propagar en los alrededores, y ella supo que debía bajar.
Él se encontraba de espaldas cuando ella le salto encima desde la rama, tumbándolo sobre la nieve, su risa de cascabel desatada.
— ¡Buh!— canturreó alegre, mientras Jasper intentaba incorporarse, pero lo único que logro hacer fue rodar sobre su espalda para mirarla a los ojos, pues ella no parecía tener intenciones de quitársele de encima.
— ¡Alice! —dijo, su tono mitad en quejido, mitad en risa.
— ¿Qué pasa, Jazz? —dijo ella con su voz soprano deformada en un tono de niña inocente que no sabía lo que hacía.
— ¿Qué haces? —pregunto él intentando no reír ante la voz de su lindísima compañera.
— Nada, aquí tumbada en el suelo ¿y tú? —bromeó Alice riendo.
— Nada, aquí tumbado debajo de ti—le devolvió las palabras el sureño sonriendo. ¿Cuántas veces llego a bromear en sus días de guerra? ¿Cuántas veces bromeo con Peter y Charlotte? ¡Y cuantas veces ha bromeado con Alice! Aun le parecía extraño, pero le fascinaba poder soltar el control así y confiar en ella.
Alice rio, feliz. Jasper intento levantarse, pero ella lo empujo tumbándolo de nuevo en la nieve, y levantando algunos copos del blanco manto en el acto.
— ¿Por qué no me dejas levantarme? —pregunto Jasper, ahora sinceramente confundido.
— Porque no quiero—dijo Alice con voz de niñita consentida, entrecruzo sus dedos sobre el pecho de Jasper y apoyo allí su barbilla, sin quitarle en ningún momento los ojos de encima.
Ese gesto le dio un aire de inocencia que encanto a Jasper, quien parpadeo un par de veces, como si quisiera asegurarse de que aquello no era producto de su imaginación. Sonrió inconscientemente y levanto una mano, lista para acariciar su dulce rostro. Se quedo congelado a unos milímetros de la piel de la muchacha, recordando de pronto todas sus dudas.
Alice vio su mano congelada y en un acto tan impulsivo e inconsciente como tierno, tomo su mano y la estrecho contra su mejilla, apretando fuerte, como si no quisiera que se alejara de allí. El amor y el deseo de Jasper se mezclo con el que salía del cuerpo de la menuda vampira, y el rubio volvió a sentirse confundido, por no saber distinguir a quién pertenecía cual.
Alice sintió su desconcierto y, siguiendo los dictados de su corazón, como había hecho desde la primera visión de su hombre, se acerco poco a poco a su rostro, dilatando el momento a propósito, sin despegar jamás sus ojos de los de él. Dejo fluir todo su cariño, con más intensidad que antes. Jasper la miraba con los ojos muy abiertos, deseando ese beso, pero sin atreverse a precipitarlo. Si sus corazones latieran, estarían en ese punto en el que laten demasiado rápido, pero a punto de detenerse. Ambos sentían un nudo allí donde alguna vez latió su corazón.
Los labios de Alice se encontraban a un pequeño centímetro de los labios de Jasper, y allí se quedó quieta como un pajarito atrapado por los ojos de un predador, esperando a que él se animara a llegar a ella.
Jasper se debatía entre acortar la distancia que quedaba entre ellos dos y unir sus labios a los de ella, en ese beso tan ansiado. Miro a los ojos de ella, deseando con todo su corazón que allí se aclararan todas sus dudas.
Aquellos orbes dorados transmitían todo el deseo de la pequeña duende, dándoles un brillo especial, un brillo que le hacía cosquillas en el corazón a Jasper, quien con su temor despejado, se acerco a ella, y uniendo sus labios a los de la vampira, cerró los ojos encontrando aquella sensación maravillosa que tenía en cada beso.
Los dedos del texano se enredaron en los cortos cabellos de la pequeña bailarina, los de ella hicieron lo mismo, hundiéndose en los rizos despeinados de aquel joven tan amado para ella. La fuerza del amor de Jasper, escapo de su control, al tiempo que el amor de Alice lo envolvía…
Entonces aparecieron aquellas sensaciones, el deseo que lo consumía vivo, quemándolo por dentro como si se tratara de fuego, como si se hubiera lanzado a una hoguera, tal como lo había pensado en aquellos primeros días. Pero no dolía, no dolía, aunque le enloquecía hasta el punto de perder el control sobre sí mismo, sobre sus manos, sobre sus labios.
Sus manos inquietas, bajaron desde el cabello, por la espalda de la pequeña vampira y se detuvieron en la parte baja de su espalda, dudando completamente de seguir más adelante. A cada segundo que duraba su beso, se habían ido incorporando poco a poco y ahora ella estaba de rodillas sobre las piernas de él. Las manos de Alice viajaron nerviosas por su cuello hasta el primer botón de su camisa de franela, y allí se quedaron quietas, también dudando si continuar, la danza de sus labios sin detenerse jamás.
En un ágil e impensable movimiento, Alice enredo sus piernas alrededor de la cintura de Jasper y le apretó fuertemente acercándolo aun mas, sus manos dejaron la camisa de Jasper y echo los brazos alrededor de su cuello, acortando toda la distancia que podría existir entre sus cuerpos. Alice se fue tirando hacia atrás, jalando a Jasper en la acción. Él se acomodo inconscientemente y pronto era él el que estaba sobre ella.
Al parecer el rubio no se percató en ningún momento del cambio de posición. Se dejó llevar por aquel sentimiento, a pesar de que aun no se encontraba completamente seguro, las acciones de la pequeña vampira le daban a entender que ella deseaba aquello tanto como él.
Pronto no pudo negar que había perdido el control sobre sí mismo, pues la sensación se había traducido en su cuerpo, y pronto sintió que el espacio en sus pantalones se reducía. El deseo se incrementaba en su cuerpo, haciéndolo reaccionar de manera incontrolable. Definitivamente había perdido el autocontrol.
Separó sus labios de los de Alice y comenzó a besarle el cuello con ternura, pero con desesperación a la vez. Alice se sintió muy feliz, y acaricio su cabello mientras cerraba los ojos embargada por una sensación mucho mejor que cualquiera que hubiese conocido antes. Era lo más maravilloso que podía imaginar, el reguero de besos en su cuello le dejaba ganas de más. No podía comprenderlo, pero en ese momento, era lo que menos le importaba, solo quería sentirlo y vivirlo.
Sus manos volvieron a viajar hasta el primer botón de la camisa de Jasper, mientras las marcadas manos del rubio se colaban debajo de la blusa de ella. Alice sintió que se moría de emoción al sentir la caricia de Jasper sobre su piel, y entonces, sin importarle demasiado lo correcto o incorrecto, lo apropiado o inapropiado, llevo sus manos desde la camisa de su hombre a la blusa de ella y despacio comenzó a desabrochar los botones de su propia ropa.
Cuando había desabrochado tres de los cinco botones de la prenda, Jasper detuvo sus manos y las acomodó al lado de su cuerpo, mientras besaba la piel desnuda de su pecho, cubierta solo por la fina tela del sostén. Luego las manos de Jasper viajaron hasta los dos botones restantes de la blusa y la desabrocho por completo, deteniéndose a acariciar con dulzura la piel de su abdomen.
Alice sabía que no soportaría demasiado, que lo que más deseaba en ese momento era que aquello se concretara, así que volvió a mover sus manos, posándose por tercera vez en el primer botón de la camisa de franela.
En ese momento en la mente de Jasper se encendió una luz de alarma, eso no era correcto, no estaba bien. No porque aun desconfiara, o porque no se encontrara seguro, todo lo contrario, ahora estaba más que seguro de lo que ella sentía, ya que ella se lo había aclarado como solo ella sabía hacerlo, sin palabras. Pero si no se equivocaba, lo cual era poco probable, sería la primera vez de Alice en su existencia, y de nuevo, ella era una dama, era su dama, y como tal debía respetarla. Lo que ella menos se merecía era ser tomada por primera vez con la espalda desnuda sobre la fría nieve, en medio de un bosque enorme, sin ninguna seguridad de intimidad.
Ella merecía algo mas especial, algo mas intimo, algo digno de una dama, y el caballero que aun existía dentro de él, y que Alice había logrado resucitar, se estaba avergonzando completamente ante su propia actitud. Lo que mejor sabia era eso, no podía tomarla así, y ahora que la poca claridad había invadido su mente en aquel momento de desenfreno, Jasper sabía que si no se detenía en ese momento, terminaría reprochándose por toda la eternidad lo poco atento que había sido en la primera vez de su compañera.
Cuando los finos dedos de Alice botaron el botón del ojal, Jasper supo que debía detenerse. Por dos razones, la primera por ser la más importante, si Alice le sacaba la camisa, sabía que no habría retorno, y no podía ser así. No se perdonaría jamás que terminaran allí lo que habían comenzado, porque no era algo agradable, dejando de lado lo correcto, y, aunque ella ahora no lo veía así, él estaba seguro de que podía ser mucho mejor que en ese momento.
La segunda no era demasiado importante, al menos para él no lo era, porque no tenía que ver con ella, sino con él. Pero en ese momento, el temor a la reacción de su compañera al ver las cicatrices de su cuerpo fue más fuerte. Jasper sabía que las cicatrices no eran agradables a la vista de los vampiros, y también sabía que Alice jamás se había asustado ante aquellas marcas, pero las escasas cicatrices en su rostro, y cuello, y las muchas que tenía en los brazos y manos, resultaban mínimas ante el mapa entero de mordeduras que escondía debajo de su ropa. Tantas mordidas, había recibido que le resultaban escandalosas cuando las veía únicamente él. No quería imaginar lo que sentiría Alice cuando viera la textura de aquella piel marcada para toda la eternidad, y aunque sabía que en algún momento ella tendría que verlo, no deseaba que fuera en ese momento.
Por todo esto, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, se separo de Alice y la miro a los ojos.
— ¿Estás segura de que lo deseas? —le pregunto en un murmullo.
Alice parpadeo conmocionada ante aquella pregunta, ¿Qué no lo había demostrado lo suficientemente bien?
— Si, lo deseo—dijo con voz trémula, temiendo que él no la deseara.
— Entonces sucederá—Alice estuvo a punto de volver a besarlo, pero él la detuvo volviendo a hablar—. Pero no aquí, no ahora. No quiero tomarte en medio del bosque—dijo levantándose lo más que el agarre de Alice sobre su cintura le permitió—. Te mereces algo mejor.
Alice entendió la decisión de Jasper y no pudo más que derretirse ante tamaño muestra de cariño. Evito hacer el puchero que quiso asomar a su rostro. Después de todo ella creía en él. Y además su visión aun no había cambiado.
**Klau mueve las cejas insinuantemente** Hey que tal, despues de todo he vuelto pronto, jajaja y con este capi que bueno, no se de donde o en que momento salio, creo que mi musa ya tiene sueños eroticos :P
Pido mil disculpas por las demas historias, se que estan esperando y me alegra que esten enganchadas, pero veran que mis musas han decidido dormir y pues no las he podido despertar, esta por el contrario ama trabajar en vacvaciones jeje. Creo que Xanat esta comenzando a despertar, por lo que quiza tengan capitulo de Amor de Pelicula muy pronto, aunque quiza elk proximo de esta lo tengan mas, y creanme que les gustara **nuevo movimiento de cejas*
Bueno Besos y nos leemos pronto.
Klau :D
