Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es un regalo de una musa que se ha atrevido a mas :D
Dos lenguas rojas de fuego
que a un mismo tronco entrelazadas,
se aproximan y al besarse
forman una sola llama;
dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan.
dos ecos que se confunden…
esas son nuestras almas.
Rima XXIV—Gustavo Adolfo Bécquer
Alerta: Capitulo contenido lemmon
La Cima del Cielo
Ahora que Alice sabía que Jasper la deseaba, se había decidido a ser más paciente con él. Sabía que sus costumbres del siglo anterior lo limitaban y no podía arrebatarla en medio del bosque o donde quisiera, así sin más.
Alice se había propuesto a si misma evitar mirar el futuro, porque ella esperaba que lo suyo fuera repentino, sorpresivo. A veces su don la limitaba en cuanto a las hermosas cosas de la vida que pasan sin darse cuenta, como las sorpresas. Por lo que ella se había auto bloqueado sus visiones para no tener ninguna anticipamiento de lo que pasaría.
Esa mañana habían encontrado una pequeña casa abandonada en medio del bosque, no lo suficientemente cerca de la autopista como para ser vistos, pero lo suficientemente grande y acogedora para los dos.
Después de que ella encendió el fuego en la chimenea de piedra, él se acercó despacito y la rodeó con sus brazos. Ella se acurrucó contra él. No le importaba cuanto tuviera que esperar, ella lo amaba. Había esperado treinta años para verle en persona, podía esperar un poco más para unirse en cuerpo y alma con él.
En eso decidió que quería ver la habitación de la cabaña. Casi nunca entraban en las habitaciones, se quedaban en las salas o afuera. Por alguna razón el lugar favorito de Jasper, en las casas que solían habitar, eran los techos.
— Quiero ver el cuarto—dijo de repente levantándose de un brinquito, tan propio de ella. Él rio y preguntó.
— ¿Para qué?
— No sé. Casi nunca he visto un cuarto. Quiero saber cómo es… y que tan distinto es del que tendremos con los Cullen.
Dicho esto la vampira salió corriendo rumbo a la única habitación de la cabaña. Jasper se quedó mirando al fuego, perdiéndose en sus pensamientos.
Ya no estaban en medio del bosque. Ya no estaban en un lugar inmoral. Estaban en una cabaña, aislada de todos. Donde nadie sabría lo que habían hecho. Pero de igual forma Jasper no sabía cómo propiciar la situación. Se sentía como si se tratara de la primera vez… aunque a decir verdad, de alguna manera lo era.
Estaba consciente de que cualquier decisión la vería en el instante en el que la tomara, pero eso no podía importarle demasiado, pues se estaba acostumbrando al don de su compañera y a su manera de anticipar las cosas. Realmente estaba perdido, seguía sin saber cómo propiciar la situación, así que salió de la casita y se fue a sentar en el tejado.
El aire fresco lo ayudó a aclarar sus ideas. Miró hacia lo lejos y su privilegiada vista le permitió descubrir entre los arboles un pequeño campo de flores rosas, lilas y azules. Flores silvestres, muy hermosas y que, inhalando profundo, podía detectar que olían delicioso.
Su mente viajó a uno de aquellos primeros días con su ángel, cuando aun desconfiaba de todo lo que ella parecía sentir. Cuando aun no podía creer que ella lo amaba. Se recordó sentado al pie de un enorme pino y a ella recogiendo flores y bailoteando.
A Alice le encantaban las flores, eso lo tenía más que claro. Ella era soñadora, las flores para ella representaban mil cosas y la ponían a soñar muchos miles de cosas más. Y es que en realidad las flores representaban mil cosas, pero para él solo eran una prueba más de lo especial que podía ser su Alice.
De pronto Alice apareció a su lado. Él la sintió enseguida, pero, ensimismado como estaba, no presto demasiada atención.
— Hola—le saludó ella al ver que él no daba señales de estar en este planeta.
—Hola—murmuró él, por fin mirándola directamente— ¿Ya viste la habitación?
— Si, y el resto de la casa—rio Alice y Jasper sonrió divertido.
— ¿Te gustó? —preguntó envolviéndola con sus brazos.
— Si, mucho. Pero ahora quiero ir a dar un paseo por el pueblo.
— ¿Por… el…—Jasper balbuceó nervioso, ante la perspectiva de tener humanos cerca. Se había alimentado recientemente, pero su control aun no era ni lo más remotamente fuerte como para soportar entrar en un pueblo otra vez. Al instante le dolió la garganta.
— Puedes quedarte, amor…—le dijo. En ese momento el sintió temor—. No te dejaré—dijo besándolo—. Solo quiero buscar algunas cosas que necesito.
Estuvo a punto de decirle que la acompañaría, pero por su mente cruzó una idea maravillosa. Podía aprovechar ese momento en el que ella estaría fuera para preparar algo especial.
Miró a Alice y asintió lentamente. Ella le dio un nuevo beso, esta vez mas apasionado y lo abrazó un momento. Después bajo del tejado y desde allí se despidió de su amor con la mano.
— Vuelvo pronto. Te amo—le dijo, demasiado bajo para que un humano lo entendiera a esa distancia, pero él la escucho y murmuró sabiendo que lo escucharía:
— Y yo también te amo.
Alice echó a correr por el bosque y él la vio perderse entre los árboles. Levantó la vista y volvió a localizar el campo de flores que de alguna forma casi milagrosa crecían en medio de la nieve. "Esta será una noche especial" pensó antes de saltar desde el tejado para poner en marcha sus preparativos.
Un par de horas más tarde Alice llegó a la cabaña, con un par de bolsas en la mano. Tarareaba una melodía pegajosa que había escuchado en el pueblo. En cuanto entró notó algo distinto. Quizá era que todas las luces estaban apagadas, quizá era que todo se encontraba demasiado silencioso, o quizá que no veía ni escuchaba a Jasper por ninguna parte.
Dejo las bolsas hacia un lado y subió las escaleras despacio. Sintió algo de temor, no estaba segura de que pasaba, pero había un olor extraño en el aire. Un olor fino, exquisito… pero no lo suficiente para tratarse de un vampiro. Quizá eso era lo que más la inquietaba, no saber a qué se enfrentaba. De ser un vampiro, habría sido sencillo decidir qué hacer… pero lo que más odiaba ella era la incertidumbre. "¡Mal momento para bloquear mis visiones!" pensó sarcásticamente.
Como su nerviosismo aumentaba cada vez más, ella comenzó a llamar a su querido vampiro.
— ¿Jasper? Jasper… ¿Dónde te has metido?
Cuando iba llegando lo primero que había hecho era mirar al techo, pero él ya no estaba allí. Había dado por hecho que estaba dentro, por lo que ahora tenía bastante miedo. Él no respondía, no lo sentía, no lo escuchaba y algo en su quieto corazón comenzó a alterarse.
— Jasper—gimoteó al estar en el final de las escaleras decidiendo en que habitación estaría. Dentro de ninguna había ruido, por lo que, siguiendo con su privilegiado olfato el extraño aroma que invadía el aire.
Tomo en sus manos el pomo de la puerta y respiró hondo antes de girarlo, preparándose para lo que fuera que pudiera encontrar allí.
La puerta se fue abriendo de a poco, haciéndola sentir un nudo en el estómago mientras descubría lo que sea que le estuviera esperando. Cuando estuvo completamente abierta, sus ojos se abrieron como platos y sus manos viajaron directamente a su boca…
¿Cómo no había descubierto el aroma? Ahora resultaba tan obvio que se sintió tonta. La cama había sido recolocada al centro de la habitación, alrededor el suelo de madera estaba tapizado de flores silvestres, de esas en colores pastel que tanto le gustaban. En el pequeño escritorio que había allí, estaban encendidas varias velas que destilaban una luz suave e inocente.
Alice se quedó perdida en un océano lejano de su mente, por lo que no se percató cuando Jasper se colocó detrás de ella, hasta que él la rodeó con sus largos brazos y puso frente a ella una pequeña margarita que encontró de regreso, ofreciéndosela con su corazón.
— Jasper ¿Qué…? —Jasper puso su dedo en sus labios acallándola y le dijo.
— Te prometí que pasaría. No te dije donde, no te dije cuando… pero creo que ya llegó el momento.
Alice lo miró a los ojos, como intentando averiguar en ellos si hablaba en serio. Lo supo, lo supo porque sus ojos despedían toda la sinceridad y la convicción de lo que él sentía. Estaba seguro, ese era su momento.
Sin querer sonrió y se lanzó a sus brazos, para estampar sus labios con los de él. Se enredaron en un beso profundo, apasionado, sincero. La comunión de sus almas hacia que sus cuerpos enloquecieran bajo el efecto embriagante de estar tan cerca uno del otro.
El beso se volvía cada vez más necesitado, más apasionado, mas fogoso… se habían olvidado por completo de respirar. ¡Qué fortuna ser vampiros! ¡Qué fortuna no tener que respirar! ¡Qué fortuna no tener que separar sus labios si no querían! Aquel beso se estaba volviendo algo imposible de controlar, y era fascinante ver como un beso podía destruir todo su control en segundos. Un beso, una caricia, un beso, una pequeña mordida…
Jasper la tomó en brazos sin despegar jamás sus labios de los de ella y comenzó a caminar hacia la cama, ella enredó ágilmente sus piernas en su cintura y lo atrajo hacia si con fuerza. Jasper solo la abrazó con más fuerza reduciendo el espacio que había entre ambos a nada. Absolutamente nada.
La recostó en la cama y se separó de sus labios para besarle el cuello con desesperación. Alice se estremeció ante el roce de sus labios contra su piel fría. No lo entendía, no comprendía todas esas sensaciones que había entre ellos dos, pero finalmente no era lo que le importaba, lo importante era que había llegado el momento.
Trató de moderar su respiración, pero le era imposible con el cosquilleo que le ocasionaban los labios del sureño, que recorrían su cuello con una dulzura mezclada con anhelo que la enloquecía por completo.
Era algo que no conocía, un terreno en el que no tenía experiencia alguna. SI había estado con algún hombre en vida humana, no lo recordaba en absoluto. Tampoco era demasiado probable, por lo que sin querer, pronto comenzó a sentirse nerviosa.
Aquella sensación de nerviosismo la paralizó, y ella no atinó a moverse de ninguna manera. Si su corazón aun estuviera vivo, sufriría una terrible taquicardia en ese momento que estaría a punto de paralizárselo. No tenía taquicardia, pero su respiración se hizo más entrecortada.
Jasper percibió este nerviosismo y se detuvo en sus besos y caricias para mirarla a los ojos. La mirada de Alice estaba desenfocada, perdida en algún universo paralelo.
Con su mano marcada acarició dulcemente la mejilla de su amada mientras le mandaba una etérea ola de calma para traerla de vuelta a la realidad. Los ojos de Alice se enfocaron en los suyos y él se animó a romper el silencio que se había instalado entre ellos.
— ¿Alice? ¿Estás bien?
Ella sonrió sintiéndose morir en aquel gesto de amor y preocupación. Alzó su pálida mano y con sus finos dedos rozó la mejilla del caballero que la miraba con angustia.
— Si, Jazz. Estoy un poco nerviosa eso es todo—le dijo suavemente, temiendo romper el encanto del momento.
— Si no quieres…—comenzó a decir, haciendo ademan de levantarse.
— Si, si quiero—dijo abrazándolo y atrayéndolo fuerte a él—. Si quiero…—susurró en su oído y las palabras se fundieron en el aire como un eco suave. Besó su cuello marcado, recorriendo con sus labios cada una de las cicatrices que se marcaban allí, aquellas que no hacían más que fascinarla, a pesar de que tantos las veían desagradables.
Jasper, con aquella caricia, sintió que tocaba lo más alto del cielo. Nunca se había sentido así, nunca. Todo su cuerpo se estremeció ante aquello y no pudo hacer más que seguir…
Volvió a recostarse sobre ella, dejando que recorriera su marcado cuello con eso labios tan similares a un capullo de flor. Al mismo tiempo, sus marcadas manos comenzaron a recorrer sus brazos y su cintura, sus caderas bien formadas, su vientre plano y perfecto.
Alice ya no soportaba mas, esos nervios que ella sentía eran inmensamente superados por el deseo y el amor que guardaba desde años atrás. Comenzó a besar lentamente el mentón y la mejilla de su compañero, hasta llegar a su frente. Besó sus ojos obligándolo a cerrarlos, llevó sus manos a la gruesa tela de la camisa y botó el primer botón.
Jasper apenas se percató de lo que había pasado, simplemente la jaló hacía si, levantándola ligeramente de la cama, para alcanzar el botón del vestido. Ella botó el segundo botón de su camisa y besó su garganta con tranquilidad, mientras se deleitaba de la visión de ese pecho musculoso y marcado que comenzaba a descubrirse.
Jasper deslizó el fino cierre del vestido poco a poco, despacio, hasta que estuvo completamente desabrochado. Alice desabrochó el tercer botón de su camisa y llevó sus manos a su cabeza para besarlo apasionadamente. Tenían tiempo, tenían todo el tiempo del mundo, la eternidad entera les pertenecía a ellos dos. Y ese momento, ese instante simplemente era para ellos dos.
Alice soltó su agarre sobre la cintura de Jasper al tiempo que el sureño comenzaba a deslizar el vestido por sus hombros, despojándola de la prenda. Con un par de movimientos veloces, el vestido cayó al suelo y ella quedo tendida sobre la blanca sabana en ropa interior.
La vampiresa sintió un poco de vergüenza al hallarse así, antes de darse cuenta de que no tendría que sentirla nunca más. Él era suyo, ella era de él. Habían nacido para amarse, para estar juntos, para este momento… Su existencia entera se reducía a este momento. Ya no existían las noches solos, los días a la deriva. Ahora solo existían ellos dos, solo ellos, y nada más… nunca más.
Alice se apresuró a desabrochar los dos botones que quedaban y a sacarle la camisa, obligándolo momentáneamente a apartar sus manos de ella. Lo cual no hizo más que provocarlo.
Alice miró ese pecho musculoso, cruzado por millares de medias lunas que cortaban despiadadamente su piel marmórea y no sintió miedo. Se sintió aun más excitada y maravillada. Aquellos cortes solo eran la prueba de que tenia con ella a un hombre fuerte, valiente e inteligente. Un hombre que había sobrevivido a nada más y nada menos que ochenta años de fieras guerras. Y era suyo, le pertenecía, como ella pertenecía a él.
Con sus manos recorrió las cicatrices de su pecho, delineándolas una a una mientras le besaba nuevamente el cuello. Volvió a enredar sus finas piernas en él, atrayéndolo hacia si como si la existencia se le fuera en ello. Jasper la envolvió con sus brazos y la estrechó fuertemente contra si, como si no quisiera que desapareciera, porque no quería que desapareciera. Quería que se quedara con él, que se quedarán juntos para toda la eternidad.
Acarició suavemente su cintura y sus caderas, sintiendo la suave piel en sus manos. Por un momento temió que sus deslucidas manos pudieran dañar a la persona que mas amaba en el universo, por lo que decidió ser cuidadoso.
Alice enredó sus brazos alrededor de su cuello y lo abrazó con fuerza, pegándose a él hasta que no quedó nada de espacio que se interpusiera entre ambos. Recargó su barbilla en su hombro y siguió acariciando su espalda y dejándose acariciar.
Las hábiles manos del sureño iba y venían de un arriba abajo frenéticamente, llegando hasta sus caderas y subiendo por su cintura hasta sus senos, sus hombros y volviendo por el mismo camino. Volvió a levantarla un poco, para alcanzar el broche del sostén y con mucho cuidado lo desabrochó y lo deslizó por sus suaves hombros, hasta quitárselo. Dejó por un lado el sostén, el cual cayó de la cama. Alice no soportó un segundo más y llevó sus manos a la cremallera de sus pantalones vaqueros. El único botón botó con facilidad y la cremallera bajó rápidamente por las hábiles manos de la vampiresa. Alice continuó bajando el pantalón y los bóxers a un mismo tiempo. Sus manos no llegaron muy lejos, pues Jasper la tenía aprisionada en sus brazos. Pero ella no se detuvo y con sus piernas comenzó a bajar el pantalón lo poco que faltaba. La ropa de Jasper cayó al suelo, junto al vestido de Alice.
Jasper tomó en puño la fina tela de las bragas de Alice y las deslizó por sus piernas, quedando ambos completamente desnudos. En ese momento Alice se percató de la reacción en el miembro de su compañero y se mordió el labio, complacida.
Miró en sus ojos mieles y se perdió en la profundidad de aquellos ojos que la miraban con adoración. Acarició con su palma suavemente su mejilla y él gruñó bajito. Alice volvió a enredar sus piernas en la cintura de Jasper y lo atrajo hacia si, en una petición silenciosa de culminar el acto. Ya estaba lista, estaba lista para que la tomara, para ser suya para siempre, para entregarse a él… como desde el primer momento…
Jasper comprendió al instante lo que ella pedía y abrazándola nuevamente con ternura, se hundió en ella con cuidado. Él no se había dado cuenta, pero todas las sensaciones que le provocaba Alice se le habían escapado por los poros en forma de una enorme ola de lujuria.
Alice sí que se había dado cuenta… Y le había fascinado la reacción de su compañero. Había sentido las olas de lujuria que se le escapaban como lava, y la envolvían aumentando su propio placer. Era imposible de controlar, como el amor que se tenían, como el amor que se sentían.
Y en ese momento las olas de lujuria se intensificaron a medida que entraba en ella. Ella cerró los ojos con fuerza y se aferró aun mas a él, clavando sus uñas en su espalda. Jasper gruñó de placer, y ella…
A ella se le escapó un gemido hondo al tenerlo dentro de sí. Se aferró con fuerza a su compañero y apretó su agarre de la cintura, apretando sus piernas como si fueran boas. Cuando él terminó de entrar en ella, ella soltó el agarre sobre su cuello y se desplomó en la cama con él encima.
Jasper rozó suave y tiernamente su nariz contra la blanca mejilla y ella acarició sus rizos dorados que tanto le gustaban. Le dio un beso en la mejilla, sobre una de las cicatrices y de allí se traslado a sus labios, sellando el sublime acto con un beso.
Entonces Jasper comenzó a moverse suavemente dentro de ella, y ella comenzó a sentir gran placer con cada embestida. Se movió con él, enredando sus dedos en la maraña rubia de su compañero y lo acercó más a sí, con necesidad.
Sus lenguas iniciaron una danza maravillosa mezclada de ternura, deseo y todo el amor que se tenían el uno al otro. Jasper se movía cada vez más enérgicamente, y con sus manos recorría todo el cuerpo de su compañera. Sus senos, sus piernas, sus caderas, su cintura. Con suavidad, como si se tratara de una muñequita de cristal que podía romper.
Embestida tras embestida, ambos confirmaban lo que ya sabían de hace tiempo, habían nacido para estar juntos. Eran dos partes de un todo, creados para estar unidos, así como los pájaros habían sido creados para volar o los peces para nadar. Habían sido hechos el uno para el otro en todos los sentidos, contrarios pero parte el uno del otro. Como la luna y el sol, como el sonido y el silencio, como el blanco y el negro, como el día y la noche… así eran ellos… Alice y Jasper… dos partes de un todo.
Alice comenzaba a llegar a la cumbre de su deseo, y Jasper… él se dio cuenta. Se dio cuenta en el segundo en el que ella volvió a enredar sus brazos en su cuello y se aferró a él. Jasper dejó sus labios, para pasearse por su cuello, por su clavícula, hasta llegar a sus senos. Allí comenzó a besar sus pechos poco a poco, con dulzura y con deseo.
Se hundió un poco más en ella y le robó un gemido hondo disparando en ambos el clímax, llevándolos al éxtasis juntos. Los gemidos de Alice hacían eco de los gruñidos de Jasper, estando los dos en lo más alto de su deseo. Jasper dejó en ella la dulce semilla de su amor y sintiendo desfallecer, se desplomó sobre su pequeña compañera.
Rodó sobre su costado y la abrazó fuerte a su pecho, mientras ella aun temblaba embargada por tantas emociones desconocidas en su ser. Ella hundió el rostro en su pecho y cerró los ojos soltando un suspiro hondo.
— ¿Estás bien? —le preguntó preocupado.
— Perfecta—dijo ella en un susurro—. Esto es lo más maravilloso que me ha ocurrido en la vida, Jasper. Te amo con toda mi alma…—le dijo complacida.
Jasper la estrechó más fuertemente contra su pecho y suspiró feliz, eso era lo que le importaba a él, que ella hubiera disfrutado. Tomó la sábana que con tal actividad se había hecho bola en un rincón de la cama, sin llegar a caer al suelo y se cubrió a ambos con ella.
La luz del día se coló por entre las cortinas de la pequeña casa y ellos miraron maravillados el haz de luz colarse entre la fina gasa. Alice comenzó a juguetear con las sábanas blancas y Jasper se dio la vuelta para buscar una de las flores que había regado en el suelo.
Curiosamente encontró la margarita que le había regalado, así que la cogió y quiso darse la vuelta para entregársela a Alice, pero se detuvo al sentir los finos dedos de la vampira en su espalda. Se recostó, quedando boca abajo y analizó lo que Alice hacia. La menuda vampira trazaba con sus dedos las medias lunas que marcaban eternamente su espalda. Aquellas que él escondía bajo la ropa pues sabía que eran desagradables para los demás. Aquellas cicatrices que lo marcarían para siempre, recordándole el monstruo que fue, las vidas que arrancó, las veces que su reflejo le devolvió una mirada inyectada en rojo. Aquellas cicatrices lo harían ver como un asesino a los ojos de los demás. Aquellas cicatrices gritarían "Peligro" para toda su existencia.
De pronto Alice hizo algo que resultó incomprensible para él. Se acomodó en la cama y apoyo su barbilla en su costado, y comenzó a besar todas y cada una de las medias lunas que se hincaban en la piel de su espalda.
Tanteó las emociones de Alice, no había temor, no había repudio… simplemente había cariño, ternura, amor…
Giro la cabeza y busco a Alice, pero en aquella posición no lograba verla.
— ¿Qué haces?
Ella sonrió contra la piel de su hombre y soltó un suspiro que le hizo estremecer a él.
— ¿Te molesta? —preguntó.
— No… —suspiró él. No podía negar que los labios de su compañera le habían provocado mil sensaciones agradables contra su piel—. Pero no lo comprendo…
— Se que a muchos les parecen desagradables—dijo ella—, pero a mí me encantan. Y me encanta tocarlas… Solo estoy curando tus heridas.
Jasper sintió que el pecho se le hinchaba de felicidad al escuchar aquello. Curando sus heridas, ella estaba curando sus heridas… Solo ella había querido curarlas y ahora en ese gesto, lo estaba haciendo.
— Eres maravillosa—fue todo lo que alcanzó a decir. Aun tenía la flor en la mano, así que se la extendió tímidamente a Alice. Ella miró aquel detalle que él le había regalado y sonrió emocionada. Ese hombre no podía ser más atento y perfecto.
Tomó la florecilla y la apretó contra su pecho emocionada.
— Gracias—dijo ella y dejó la flor en el escritorio donde las velas se habían apagado en algún momento de la noche y volvió a su tarea de curar las heridas de su hombre.
Así pasaron el día, entre besos, abrazos, caricias y miradas. ¿De qué servía llenar el tiempo con palabras cuando puede llenarse con miradas? El alma puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada.*
(*) Rima XX Gustavo Adolfo Bécquer. Fragmento.
Hola, hola! **Klau mueve las cejas insinuantemente** Les dije el capitulo anterior que se los compensaría, y como ven lo he hecho!
Espero que les haya gustado, a mi en lo particular me encanto como a quedado, sin embargo no puedo estar segura ya que es mi primer lemmon y estoy segura de que se nota. No quería hacer algo unicamente lujurioso, sino que queria combinarlo con la ternura y la emocion. En todo caso si me merezco un aplauso o un jitomatazo me lo pueden hacer saber con un review en el recuadró sexy de alla abajo.
Les mando muchos besos a todas, y por ahi si hay lectoras que solo leen esto quiero decirles que si tardo en acutalizar es mas que nada porque tengo otros fics y tengo que equilibrar las cosas bien, no puedo agarrarme a actualizar unicamente uno porque no quiero abandonar los otros.
EN fin, dejo mi parloteo y espero que no sean tan malas si me quedo mal el lemmon, comprendan es mi primera experiencia en este terreno.
Besos
Klau :D
