Pido excusas a todas por esta pequeña demora, pero entiendan, estas fueron las semanas de exámenes en la universidad, y debía de estudiar, ya tenía parte adelantado del capi, pero tuve otros compromisos que atender.

Pero aquí estoy sin falta, espero que les guste este capítulo.

"Cuando un libertino desea a una mujer es capaz de luchar con quien sea para tenerla, aunque su oponente sea Dios mismo"

Los personajes de esta historia no son de mi pertenencia, salvo aquellos que sean de mi propia invención, son de CLAMP yo solo hago esto por diversión y ocio.

Capítulo 3

Compromiso

Podía sentir como el aire se le escapaba de los pulmones de tanto correr, no había parado ni siquiera para mirar hacía atrás, quería alejarse lo más rápido posible de aquel lugar. No creyó que la seguirían, había golpeado aquel hombre con tanta fuerza que lo había dejado aturdido por un momento, aprovechando esta para escapar, pero aún así seguía corriendo, no quería pensar ni siquiera en lo que hubiera podido pasar.

Respiró hondo y aliviada al visualizar su casa desde la distancia que se encontraba, sin embargo había algo que le decía que no parara, no entendía el porque, pero corrió hasta atravesar el umbral de la puerta y ver a su madre sentada en el sofá de la sala. No le dijo nada, solo subió de dos en dos los escalones, y al llegar a su habitación se cerró en ella, apoyando su espalda contra la puerta, tratando de recuperar el aire. Respiraba forzadamente, y pasado unos segundos fue recuperándose hasta que pudo respirar normalmente.

-Señor…-dijo al recuperar el aliento, mirando hacía el Jesús sacrificado que colgaba sobre la cabecera de su cama-perdóname por mis actos, fui imprudente, llegue a pensar cosas indebidas, pero…..fue justificado-se acercó a la estatuilla y la acarició mientras llevaba su mano derecha a su corazón-Se que son pruebas mi Señor, pero sabe que me he entregado a esta vida en cuerpo y alma, es lo que siempre he querido-sonrió-buen punta pie que le di a aquel hombre.

Sin poder controlarse río de todo lo que pasó aquella tarde, ahora se lo encontraba bien divertido después de haber pasado el susto, y así lo era. Una novicia siendo confundida por una... ni siquiera quiso pensar en esa palabra y aún así rió.

-Ese Lord Brighton o lo que sea de verdad debe ser un hombre desquiciado, al querer aprovecharse así de jovencitas, y perdone mi Señor que juzgue, pero ¿qué clase de hombre mandaría a su chofer a buscarle señoritas? Ese hombre de veras….-se sentía frustrada al pensar en él, enojada, y volvió a recordar la humillación que le hicieron pasar-pero Dios es justo-decía-y Él hará que ese hombre pague por sus pecados.

Caminó hacía el espejo y se amarró el pelo en una cola, estaba muy enmarañado, y más después de aquella corrida. Se sobresaltó al escuchar como una puerta del pasillo fue cerrada con gran estruendo.

-¡Touya! Baja en este preciso momento-escuchó gritar a su madre desde el primer piso. Abrió la puerta de la habitación y asomó la cabeza.

-Madre no soy un niño, déjame en paz-gritó como respuesta su hermano mayor, por su tono se escuchaba molesto, no entendía que podía estar pasando, ellos nunca se comportaban así, al menos durante el tiempo que ella se encontraba allá.

Decidió averiguar que le podía estar pasando a Touya, y salió de la habitación. Dudó por unos segundos tocar o no, el debía estar muy enojado, aún así intentó abriendo primero la puerta para ver si estaba o no cerrada con cerrojo, y al descubrir que no lo estaba, encontró a su hermano sentado a orillas de la cama encorvado, con ambas manos cubriendo su rostro y sus codos apoyados en sus rodillas.

Touya lanzó un suspiro antes de mirarla. Era la primera vez que vía a su hermano en aquel estado, estaba triste, no había duda de ello, sus ojos cansados al parecer en esos días había dormido poco, parecía ser más pequeño en esa posición. En silencio se sentó junto a él, no quería decir nada y paso su brazo sobre sus hombros para que sirviera de algo, aunque fuera un simple consuelo.

-¿Alguna vez has amado Sakura?-su pregunta le sorprendió, no se esperaba algo así y mucho menos de parte de Touya, él que era el más fuerte, que parecía a veces tener una muralla protegiéndolo, y que solo pocos son capaces de atravesarla.

¿Amar? Por supuesto que ha amado, ama a su familia, amigos, a Dios, ama todo lo que le rodea. No obstante ella sabía que él no se refería a esa clase de amor, sino a uno que ella nunca ha experimentado. Sus ojos marrones se encontraron con los de la esmeralda, ¿qué le estará pasando? Y se preocupó más al ver incertidumbre en esos ojos y una tristeza que los inundaba, sintió ganas de abrazarlo, pero Touya se puso de pie repentinamente.

-Es el trabajo-dijo tratando de cambiar de tema-estoy preocupado sobre algunos negocios de nuestro padre en Londres, he descubierto que el administrador nos ha estado estafando, hice algunos cálculos de las cuentas de contabilidad y en estos meses se ha gastado dinero sin necesidad.

-Me preguntaste…-quiso volver Sakura al tema, pero el no le hizo caso.

-Estoy pensando mudarme a Londres, mamá no lo sabe aún, sabes bien que lo único que quiere es que después que sus hijos se casen nos mudemos acá con nuestras esposas, pero yo lo he dudado, pero no quiero decepcionarla, al menos lo sabrá antes de verme salir con las maletas en mano-se paso la mano por la cabeza, alborotando su pelo-además así podré vigilar mejor los negocios, ya tengo todas las pruebas para inculpar al administrador de los fraudes, solo tengo que hablar con papá.

-¿Seguro qué es eso?-preguntó Sakura dudando de su respuesta, él afirmó al menos no pensaba decirle por lo que estaba pasando, no podía, aún no.-Es cierto, nunca he amado a alguien, no de una manera carnal es un sentimiento que quizás nunca llegue a experimentar…

-¿Amor?-se rió de una manera exagerada y comenzó a andar por el cuarto-no he hablado de eso, ¿qué te pasa Sakura?

Cuando llegara a comprender a su hermano los gatos hablarían, sabía bien que el ocultaba algo, lo descubriría aunque tuviera que sacárselo a la fuerza, no podía ver a Touya de esa manera. Sin importarle que él la apartara se levantó y fue hacía a él para abrazarlo. Él era más alto así que tenía que ponerse de puntillas. Para su sorpresa el le devolvió el abrazo con más fuerza, y hundió su rostro en el hombro de la esmeralda.

-Sea lo que sea, se solucionará-le decía al consolarlo.

-No es tan fácil como crees-respondió con muchas dudas en su voz.

-No hay nada que mi hermano mayor no sea capaz de enfrentar, eres el más fuerte de nosotros dos-sonrió tratando de darle ánimos. En ese momento tocaron a la puerta.

-¿Qué quieren?-espetó Touya volviendo a su estado de ánimo anterior, entre enojado y triste, aunque esta vez parecía estar más enojado que cualquier otra cosa, quería estar solo, nada más pedía eso.

-Que estés molesto por tus cambios de animo repentinos no significa que los demás debamos pagar por eso, y muchos menos aquellos que no tienen la culpa-le reprochó Sakura-pase-dijo, podía decir que no era el momento oportuno pero no le gustó como se había comportado Touya. Él se sentó resignado esta vez en una silla que estaba frente a su cama.

La puerta se abrió y la misma Sakura se sorprendió de ver aquella mujer parada en el umbral.

-Nakuru-dijo muy sorprendida al ver a la joven frente a ella.

-Lady Sakura, ha pasado mucho tiempo-dijo sonriendo.

Nakuru Akizuki era hija de la ama de llaves de la haciendo de los Kinomoto, era apenas una niña cuando llegó a la casa, quizás unos dos años menor que Sakura. Y aunque no pertenecieran a la misma clase social Sakura siempre la invitaba a jugar con ella y Tomoyo, se divertía bastante en esos tiempos, pero su madre le reprochaba eso, recordándole que ella solo era hija de una empleada. Nunca se avergonzó de eso, adoraba a su familia que siempre querían lo mejor para ella, pero le advertía que iba a llegar un día cuando ellas ya no jugaran más con ella. Y ese día llegó, sin embargo no porque las dos Lady ya no se interesaban en ella, más bien fue porque era su turno de empezar a trabajar y ayudar a su madre en casa. Fue ella quien de cierta forma las abandonó en las tardes de juegos.

Nakuru era una joven preciosa, que si la llegasen a vestir con aquellos vestidos finos de mujeres de sociedad parecería una más de ella y no una simple criada, como lo que era.

Era una mujer alta, de tez blanca aunque un poco bronceada por el sol, de cabellos largos de un castaño muy oscuro que podía aparentar negros, pero frente al sol se notaban los mechones castaños de estos. Tenía unos ojos marrones profundos, los cuales parecían sonreír. Ella siempre había sido una joven divertida y alegre, capaz de hacer reír a los demás.

-¿Por qué no te había visto en estos días?-preguntó Sakura, ya que desde el día que llegó no la había visto a ella ni a su madre.

-Mi madre está enferma, la señora Kinomoto la mandó a reposar y yo me fui con ella para cuidarla, la señora fue muy generosa mandó a buscar un doctor para que la atendieran.

-¿Está bien ella?-fue inevitable ver como sus ojos se humedecían.

-La verdad, es que el doctor dice que no nota mejora alguna, tiene bronco neumonía, es lo que dice él, pero no mejora-y se secó las lágrimas que rápidamente salían de sus ojos.

-Lo siento mucho, pero tienes que tener fe-quiso abrazarla, y fue en ese momento que se percató de su enorme vientre.-estas embarazada-le dijo sonriendo.

Nakuru lo afirmó y poso su mano en su vientre abultado.

-¿Cuánto tiempo tienes?

-Casi cinco meses Lady-dijo radiante de alegría.

-¿Qué es eso de Lady? Llámame Sakura como siempre lo has hecho.-le reprendió de una manera cariñosa.

-Es que no sabía como llamarla, si Lady, Sakura o hermana-Sakura no lo tomó a mal, todo lo contrario el comentario le divirtió.

-¿Puedo?-la esmeralda se refería si podía tocar su barriga para sentir la criatura, Nakuru le tomó la mano y la llevó donde ella podía sentir al bebe.

-Es un milagro-dijo entusiasmada-puedo sentirlo, waoo mira como se mueve-y sintió debajo de la palma de su mano como una pequeña criatura se movía, había sido una experiencia hermosa, eso era un milagro, el milagro de la vida…un milagro de Dios.

Touya las había tratado de ignorar a ambas mientras su sufrimiento lo consumía, y su enojo aumentaba, deseaba estar solo, y ninguna de aquellas mujeres parecían querer salir de su habitación, es más, parecía que se habían olvidado de él.

-¿Qué es lo que quieres Nakuru?-preguntó con un agrio en su voz. Sakura lo fulminó con la mirada, por haberle hablado así a la joven.

Nakuru bajo su rostro, y percibió como su corazón se oprimía.

-Lo siento señor, solo vine a recoger la ropa sucia, mañana toca lavado-se excusó ella.

-Pues termina de entrar y hazlo, puedes irte-dijo esto último dirigiéndose a su hermana, si él no la sacaba por sus propios medios, ella nunca se iría.

-Compórtate Touya, recuerda que eres un caballero-dijo Sakura antes de salir, se quedó unos segundos frente a la puerta, porque si escuchaba que le gritaba a una mujer embarazada, el se vería con ella. Pero no escuchó nada.

-¿Ya se mueve?-preguntó Touya mirándola con ternura, y su corazón dejo de latir por un segundo.

-Si…-dijo tartamudeando, se sentía como una tonta.

-¿Puedo? Quisiera sentirlo-decía con esperanza, esperando que ella no estuviera tan enojada con él.

-Es tu hijo…no puedo impedírtelo-se acercó donde él estaba sentado, y tomó las manos del hombre a quien amaba, el único que ha amado en toda su vida, se estremeció al sentir sus manos en las suyas, aquellas que la habían tocado con mucha más pasión en otras ocasiones, las mismas que habían descubierto su cuerpo virgen y la convirtieron en mujer. Estaba totalmente enamorada de ese hombre, de su patrón, y ella sabía que ese amor nunca iba a poder ser.

Sakura hubiera podido escuchar todo eso si hubiera permanecido por más tiempo en la puerta, pero sabía que su hermano no era capaz de nada de eso, así que se había retirado a la cocina, para ayudar a preparar la cena de esa noche.

****************

No había visto un día con el cielo tan azul como ese, ni una sola nube se asomaba por en el, estaba despejado como si quiera que los simples mortales de la tierra apreciaran su belleza. Y el sol despertó en esa mañana las flores de los jardines, adornando así el camino de todo el valle. Era un día perfecto, como cualquier otro, pero inolvidable para algunos.

Su familia y ella ya estaban de camino en el carruaje hacía la mansión de los Daidouji, podían ver tras las ventanillas que muchos más carruajes avanzaban hacía la mismo dirección. Sería una fiesta esplendida, seguro que si. Llegaron pocos minutos después, y Sakura con ayuda de su hermano Yue bajo del carruaje, y apreció la hermosa casa que tenía en frente. Era enorme, más que cualquiera de las otras mansiones que se encontraban en esa zona, solo constaba de dos pisos, pero igual era bastante amplia. Sus paredes blancas y las columnas del mismo color le daban un aspecto aristocrático, lo que estaba de moda en ese tiempo.

Aceptó el brazo de Yue para entrar junto con él, mientras sus padres caminaban de la mano frente a ellos y Touya iba detrás. Al entrar los recibió el mayordomo dándoles la bienvenida e indicándoles el camino que debían tomar hacía el gran salón. La señora Daidouji a pesar de su fortuna y los títulos que arrastraban su apellido nunca había sido una mujer ostentosa y se notaba en la decoración de la casa, nada era pomposo ni fuera de lugar, todo era hermoso y sencillo, dando una atmósfera acogedora y hogareña. Múltiples flores decoraban el salón en floreros de cristal, desde claveles coloridos a rosas blancas, y un grupo de músicos en fondo tocaban una melodiosa melodía ambientando de esa manera el lugar.

Sakura le sonrió a la señora Daidouji y esta le lanzo un fugaz beso con la mano, no había tenido la oportunidad de verla desde que llegó, siempre estaba muy ocupada con los arreglos del compromiso, y al parecer todo el tiempo dedicado a él había dado resultado. La esmeralda pudo visualizar a un hombre de ojos azul cobalto al lado de Sonomi, aunque parecía tranquilo y relajado, podía ver en aquellos ojos una gran ansiedad.

-Damas, caballeros-decía el mayordomo-Lady Daidouji hace presencia…

Todos los que se encontraban en el salón abrieron paso, y ahí estaba ella, con su vestido lila de satén, con hermosos bordados, las mangas llegaban hasta sus codos y sus guantes blancos cubrían su antebrazo, el vestido tenía un escote sencillo, pero dejaba para la imaginación, y su preciosa cabellera negra estaba recogida en un perfecto moño, dejando libre algunos mechones que caían juguetonamente frete a su rostro y otros hasta los hombros. Cada uno de los presentes se maravillaron con su imagen, pero solo unos ojos azules la devoraban con la mirada, y ella sonría y contuvo las lágrimas para no arruinar el maquillaje, si hubiera podido, Eriol la hubiera tomado en sus brazos y la habría sacado de aquel lugar y tenerla para sí, pero debía de ser paciente.

Con cada paso que daba sentía como su dicha aumentaba cada vez, si llegó a pensar que podía conformarse con su antigua vida, la verdad es que estaba ciego, porque él empezó a vivir desde el momento que la vio por primera vez, y supo que era "amar" cuando aprobó sus labios, y ahora ella iba a ser suya, para siempre.

Eriol tomó la mano de su prometida al esta llegar frente a él y esperó la señal de su suegra para hablar.

-Tomoyo Daidouji-decía al mirarla a los ojos-eres como una estrella fugaz que ilumina la noche, y yo he quedado ciego con tu luz, me fue tan fácil acostumbrarme a ti, que hoy no podría concebir la idea de mi vida sin ti, si fuiste tu quien me enseñaste a vivir-con su pulgar acarició su mejilla para evitar que una lágrima descendiera hasta esos labios que el estaba ansioso por besar-por eso te pido que te conviertas en mi esposa-tomo una cajita de terciopelo negro, y la abrió-esta es una muestra de mi amor por ti, acéptalo…

-Si...si-decía Tomoyo con un nudo en la garganta, dejando ya que las lágrimas inundaran su rostro. Dejo que Eriol le colocara el anillo, y este, sin pudor alguno la besó frente a todos, mostrando su amor, su pasión que sentía para la amatista, su amatista. Las personas en el salón aplaudían. El señor Hiragizawa carraspeó e hizo que su hijo interrumpiera su apasionado beso, para darle un abrazo de felicitación.

Tomoyo abrazó a quien sería su futura suegra y le sonrió.

-Ese anillo perteneció a bisabuela, es una joya muy especial de la familia y no podría existir alguien más especial que tu para tenerla-y esta abrazó nuevamente a Tomoyo, estaba feliz de que su hijo encontrara a alguien que lo amase y le hiciera sentar cabeza.

-Mi hermosa niña-dijo su madre al tomarla en sus brazos-estoy tan…-pero no pudo terminar lo que diría y simplemente lloró en silencio.

Las personas se distribuyeron por todo el salón, algunos disfrutaban de los aperitivos, otros estaban en el jardín conversando, y la mayoría de las mujeres rodeaban a la prometida para ver el anillo.

Entonces Tomoyo se liberó como pudo de todas las preguntas de esas mujeres que solo les gusta el cotilleo, y se dirigió a la única persona a la que quería realmente pasar ese momento. Sakura la abrazó con fuerza, la felicitó y le deseo lo mejor para ambos.

-Es un encanto ¿verdad? Pero ese tonto me hizo llorar-dijo al sonrojarse.

-Al parecer has encontrado al adecuado-le confesó.

-Sí, así lo creo…-y encontró su mirada al instante de buscarlo entre la gente, y le hizo señas para que se acercara.

Eriol la tomó por la cintura cuando estuvo a su lado y le susurró al oído:

-Me aburro cuando no estoy contigo…quédate siempre-y le besó delicadamente en la mejilla, haciendo que esta ruborizara más. Sakura trató de desviar la mirada.

-Bueno…-carraspeó Tomoyo-amor, ella es Sakura Kinomoto, de quien tanto te he hablado.

-Al fin-dijo con una sonrisa e hizo una pequeña reverencia con la cabeza-es un placer conocerla, aunque ella habla tanto de usted que ya creo conocerla.

-Igualmente señor Hiragizawa.

-¿Señor? Nada de eso, ¿acaso le parezco viejo?-preguntó con rostro indignado.

-Yo...no…-Sakura trató de excusarse.

-Puedes tutearme, al fin de cuentas se que eres como una hermana para Tomoyo, y eso te convierte en mi cuñada-y le guiñó el ojo, haciendo que la esmerarla se sonrojase.

-Déjala tranquila ¿si?-la defendió Tomoyo-ella te llamara como quiera.

-¿Qué pasa princesa? No te enojes-y le dedicó esa típica mirada capaz de hacerla temblar-hoy es nuestro día disfrutémoslo-terminó diciéndole al darle un corto pero suave beso en los labios.-a propósito, ¿has visto a Shaoran?

-No, lo vi apenas entre al salón, pero no lo he vuelto a ver quizás este fuera en el jardín.

-Debe andar haciendo fechorías ese bribón-pero se quejó de dolor al sentir como su prometida le había dado un fuerte codazo en las costillas, y esta le reprendía con la mirada, no comprendía que había echo mal-¿qué?-se quejó, pero comprendió que se refería por sus términos pocos ortodoxos para su amiga-disculpa…

-No es problema alguno, no quiere decir que por mis hábitos las personas que estén conmigo deban controlar su forma de hablar, no sería algo justo-dijo sonriendo.

-Si me disculpan damas, voy a controlar cierto perro en celo…-le guiñó el ojo a Sakura y esta empezó a reír, Tomoyo solo tornó los ojos como diciendo que él era incorregible.

Eriol se encaminó hasta el jardín y aceptó dos copas de vino que una de las criadas le brindaba, y al salir vio a Shaoran hablando con un grupo de damas que no paraban de reír pícaramente queriendo llamar la atención de su amigo.

-Perdone que las interrumpa, pero creo que les robaré a este sujeto por un momento-dijo Eriol al instante que se acercó a ellos. Las jóvenes quedaron algo decepcionadas. Eriol le entregó a Shaoran la otra copa de vino.

Una fuente de agua quedaba justo en el centro del jardín, y las flores rodeaban la fuente y cada uno de los extremos. Habían estatuas de ángeles decorando el lugar, realmente daba la sensación de estar en el paraíso.

-Todo esta preparado-dijo Shaoran mirando seriamente a Eriol.

-¿Qué?-preguntó confuso.

-Tengo a mi chofer esperándonos con todo listo para el momento que recuperes la razón y nos larguemos antes de que sea demasiado tarde.

-Eres de lo peor-pudo decir después de controlar su risa.

-Gracias, siempre mantengo mi reputación.

-Muy bien que conocemos que tipo de reputación tienes amigo mío-le recordó Eriol.

-Reputación que tú llevabas bien en alto.

-"Llevaba" bien dijiste, es pasado-Shaoran ya se había resignado, sabía bien que Eriol no daría un paso atrás, y él que estaba dispuesto a encaminar a su buen amigo a su antigua sendero, como hace Dios con sus ovejas que se desvían por un tiempo.

-¿Seguro? Podemos salir sin que nadie nos vea, solo tienes que esconderte por un tiempo en Londres…bueno quizás salir de la ciudad…

-No la dejaré nunca, y mucho menos a mi hijo-dijo con orgullo esto último. Cuando le comunicó a Shaoran sobre el embarazo de Tomoyo, este creía que era la única razón por la cual se estaba amarrando a ella, pero poco tiempo después comprendió que no, al ver los cambios que se iban produciendo en él.

-¿Qué tal si buscamos más vino?-sugirió Shaoran-quizás el alcohol te haga entrar en razón.

Entraron y se sirvieron más vino mientras conversaban sobre algunos negocios, muchos de los hombres se encontraban en la sala de juegos, pero el ambarino no se encontraba de humor para eso. La verdad es que por una extraña razón cierta castaña rondaba por su cabeza, la había buscado, durante la mañana, visitó los alrededores para ver si la encontraba, pero tuvo muy mala suerte.

Quería sacársela de la cabeza, no había razón alguna para que pensara tanto en ella, solo era curiosidad, era cierto, pero la curiosidad le estaba matando y quizás nunca la volviera a ver. Debía concentrarse en otra cosa, y fue por eso que dirigió la mirada en una invitada un tanto extraña, hasta el punto de ser gracioso lo que estaba viendo. Era una mujer, sin duda alguna, vestida con un insólito vestido marrón, que era una sotana, una delgada soga del mismo color ajustaba su cintura, y una tela blanca cubría sus pechos, aunque estos no se dejaban apreciar por tanta tela, y por último un velo blanco sobre su cabeza. Le estaba dando la espalda, así que no podía verle el rostro, y hablaba con la prometida de su amigo.

-¿Una monja aquí?-preguntó curioso.

-Novicia-le corrigió Eriol.

-¿Cuál es la diferencia?

-Bueno, aún no ha profesado, es lo que tengo entendido, es amiga de la infancia de Tomoyo-comentó.

-Interesante…

-¿Qué dices?

-Es interesante, si es monja, novicia o lo que sea….quiere decir que quizás nunca ha estado con un hombre-argumentó Shaoran-quizás sea doncella aún…quizás ni siquiera ha besado a…

-No serías capaz Shaoran Li-Eriol quiso estar seguro de eso.

-Vamos amigo, ¿no me conoces?

-Te lo advierto Shaoran….

-¿Qué?-dijo desafiante-¿desconfías de mi? Sabes bien que no haría nada-Eriol respiró aliviado-solo me divertiría al ver su reacción por ciertos comentarios, sería bastante gracioso-su amigo era un sin vergüenza, no podía hacer nada contra eso, y mucho menos detenerlo cuando este le entregó su copa y vio como cruzaba el salón para acercársele a Tomoyo y a su amiga.

-Lady Tomoyo, felicidades por su compromiso y por esta maravillosa fiesta-dijo interrumpiendo la conversación olvidando a un lado los modales. Tomoyo le sonrió, ya habían arreglado el asunto tan infortunio de la vez que se conocieron en el baile, era mejor olvidar los comentarios tan atrevidos que podía decir.

-¿Podrías venir un momento Tomoyo?-preguntó su madre al acercárseles-quiero que saludes a unas personas.

-Me dispensen por favor-se disculpó la joven, algo intranquila por dejar a su amiga sola con aquel desvergonzado.

-Creo que aún no nos presentan-decía al hacer una breve reverencia-soy Shaoran Li…

Sakura no había visto al sujeto que se les había aproximado, estuvo de espaldas a él todo el tiempo, hasta que por sus buenos modales giró hacía el para darle la cara, mostrar su sonrisa de cortesía y presentarse…pero un error no incalculable ocurrió en ese instante al ver su rostro y toda su eminencia. Era la primera vez que veía a un hombre como él, aunque no puede decirse que ella tuviese la oportunidad de ver hombres, pero estaba completamente segura que como el debían ser pocos. Era tan alto que debía levantar la barbilla para verle mejor, su piel bronceada sobresaltaba sobre su camisa blanca, la cual llevaba desabotonada sin el corbatín puesto, y podría decir que era bastante musculoso, y sus piernas eran largas y fornidas cubiertas por el pantalón negro, y tenía ojos ámbares con destellos dorados en las pupilas, y su mirada la examinaban de una manera inescrutable como si tratara de analizarla. Su pelo castaño dorado se mostraba rebelde caían algunos mechones sobre sus cejas pobladas del mismo color de su pelo.

¡Dios! No debía pensar en esas cosas, no podía.

No podía ser, todo debía ser alguna broma, o arrastraba consiga alguna maldita suerte….no era ella, era imposible que pudiera ser ella, seguro tenía una hermana gemela o algo, o quizás solo se parecían. Cuando la vio pensó que la vida le jugaba una extraña y cruel broma, se estaban jactando de él sin duda alguna, sin embargo, era imposible olvidar aquel rostro, aunque ahora vestía de manera diferente, ahora la persona con quien había estado fantaseando era una santa e inocente novicia, la vida no pudiera ser más cruel con él. Quizás solo se parecían, además Christopher había dicho que sus ojos eran verdes, y aquellos malditos ojos verdes estaban frente a él, mirándolo con curiosidad.

-¡Maldición!-murmuró apretando los labios.

-Perdone, ¿qué dijo?-preguntó Sakura sin comprender exactamente el comportamiento de ese sujeto.

-Nada…aún no me ha dicho su nombre.

-Hermana Sakura….Sakura Kinomoto-respondió atropelladamente y Shaoran río, al parecer la ponía nerviosa.

-Sakura, es un placer conocerla-la había tuteado y para más atrevimiento le había besado el dorso de la mano, ella la retiró de inmediato.

-Preferiría que me llamara hermana Sakura, "señor"-dijo enfatizando en la última palabra y miró a su alrededor para ver si alguien los había visto, pero nadie les prestaba atención en ese momento.

-Yo prefiero Shaoran, es más….íntimo-estaba siendo de lo peor, lo sabía bien, y no era correcto, pero al ver que era ella era algo imposible de parar, y le resultaba tan gracioso ver como se sonrojaba.

-No le conozco para intimar con usted, señor Li, y mucho menos le permito que me falta el respeto-le había gustado la seguridad con la que había hablado.

-Discúlpeme entonces, suelo hablar sin pensar-y le extendió la mano-empecemos de nuevo.

No tenía ni la mínima confianza con él, no obstante le pareció sincera su mirada, entonces aceptó su mano, el la sujetó por más tiempo de lo debido y la miraba directamente a los ojos. Su corazón palpitó con mayor rapidez, y por un instante dejo de pensar y sólo lo miraba, era como si la hipnotizaba, debía ser un demonio para tener ese control sobre ella.

"Dios, dame fuerzas"-pensó y el soltó su mano con extrema lentitud, y percibió como sus dedos rozaban su palma de la mano al soltarla.

-¿Por qué tenías que ser tú?-no se lo preguntó directamente a ella, no sabía si era para ella la pregunta, ni siquiera la entendía.-tienes unos hermosos ojos Sakura-dijo al dar un paso más frente a ella la distancia entre ambos no era muy prudente siendo ella una mujer de hábitos.

Y si conocía bien su posición ¿por qué no lo detuvo cuando él colocó su mano sobre su mejilla y le acarició suavemente con el pulgar?

-Una pestaña-ella estaba perdida en sus pensamientos que iban y venían como un rayo de luz, una alarma en su interior le decía que estaba en peligro, pero no salía de él, ¿qué le pasaba? El hizo volar la pestaña al soplarla, si es que decía la verdad y no había sido un pretexto para tocarle.

-Le dije que me llamase hermana Sakura-dio un paso hacía atrás.

-¿Le gusta montar a caballo Hermana Sakura?-le preguntó de repente haciendo que se sobresaltase por el cambio de tema. Intentaba confundirla, distraerla un poco.

-Cada mañana, es una costumbre-se sorprendió así misma contestando.

-Quizás podrías…

No pudo terminar lo que diría porque dos sujetos tan altos como él, pero no tan corpulentos se unieron a ellos, más bien se colocaron cada uno al lado de Sakura.

-¿Algún problema?-preguntó el de cabello blanco, el otro moreno solo lo miraba como si en cualquier momento le lanzaría el primer puño, aunque el estaba listo para defenderse.

-No Yue, el solo se mostraba curioso sobre mi hábito y hacía preguntas sobre ello, ¿no es así señor Li?-lo miró amenazante, hasta así se veía bonita pensó él.

-Así mismo señores, y ustedes son…

-Somos sus hermanos-respondió Touya lanzando un gruñido-Touya y Yue Kinomoto.

-Ven Sakura, quiero que conozcas a alguien-le dijo Yue sonriendo y la arrastró consigo. De cierta forma se sintió aliviada.

-Tengo mis ojos en usted Li-dijo Touya fríamente al ponerle una mano sobre el hombro de Shaoran y este lo miró como si no le importase lo que estuviera diciendo, no le temía a sus amenazas.-por mi hermana soy capaz de lo que sea-terminó advirtiéndole.

Touya lo miró con despreció y se controló las ganas de sacarlo a la fuerza de aquel lugar y golpearle hasta desfigurarle la cara.

Sabía que todo lo que había dicho y hecho había sido absurdo, no era prudente actuar así con ella y mucho menos en un lugar como ese con tantas personas observando, pero no pudo controlarse, esa simple caricia a su piel lo había descontrolado, pero tenía que serenarse y pensar mejor las cosas, ella era diferente….además no podía tenerla, era inalcanzable como un arco iris al final de la montaña, no era para él y mucho menos él era para ella, no solo por el hecho de haberse entregado a Dios, sino porque ella no era el tipo de mujer que el frecuentaba, era demasiado inocente para sus garras de lobo, y si la llegara involucrar en algún escándalo su única salida sería el matrimonio, y primero muerto que con una soga al cuello como perro castrado.

La única solución a esto era dejarla ir, no molestarla más, el problema era si él realmente podría cumplir su palabra de dejarla en paz y no involucrarse más de la cuenta con ella. Ya era de otro, y no precisamente de un mortal.

Aturdida aún por lo que había pasado caminó con su hermano Yue hasta el extremo del salón, donde una joven con tan solo ver a Yue se le iluminó el rostro. Tenía un aspecto de muñeca de porcelana, era un poco más alta que ella, de piel blanca, de unos ojos azules claros y cabello de un rubio como los rayos del sol, los llevaba en rizos, era más que hermosa, y en ese vestido rosa bastante ajustado hasta su cintura, pero al caer se abría como un abanico.

-Es un placer volver a verte, aunque seguro no te acordaras mucho de mi-Carolina Fiennes la recibió con un abrazo.

-No puedo negarlo, casi no te dejabas ver-confesó.

-Mi padre siempre fue muy estricto con relación a los estudios-argumentó-era una de las razones, además me fui muy jovencita a estudiar en el extranjero-Carolina Fiennes era la novia de su hermano Yue, una muchacha muy simpática y alegre, además de ser una mujer inteligente, que después de regresar de sus estudios comenzó a ayudar en los negocios de su familia, siendo única hija, ella tendría que encargarse de todo, hasta que se casara.

-Y yo por supuesto no podía perder la oportunidad cuando la vi llegar-comentaba Yue al mirarla a los ojos y sonreírle-no podía dejar que uno de estos mequetrefes e infantiles mancebos trataran de conquistarla.

-Pero si desde que se enteraron que tenías intenciones que cortejarme desaparecieron de inmediato, ¿realmente nunca me dirás que les dijiste para ahuyentarlos?-preguntó divertida Carolina.

-Digamos que utilice hábiles técnica de cualquier otro caballero-dijo ostentando de si mismo. Sakura río tan solo imaginar a su hermano amenazando a aquellos pobres muchachos, aunque no pareciera muy fuerte Yue era un gran luchador en el boxeo, igual que su hermano mayor, ambos practicaban entre sí, y a veces quedaban secuelas de ello.

-Amor, me encantaría beber algo, tengo un poco de sed-dijo Carolina.

-¿Qué deseas, agua?-ella afirmó y él salió en busca de algún mesero o criada.

-¿Te quedarás para el baile de esta noche Sakura?

-No lo creo, no es conveniente para mí quedarme hasta muy tarde-comentó la esmeralda.

-Entiendo, pero dime….aquí entre nosotras ¿ya conocías al Lord Brighton?

-No creo que haya tenido la oportunidad de ello-reconocía ese título, pertenecía a ese grosero que había mandado a su criado para solicitarle sus "servicios" y no los de caridad exactamente, al recordarlo una rabia que no era propia de ella la invadió.

-Debes de estar confundida, si era con él que hablabas hace un momento, cuando tus hermanos fueron a tu rescate-dijo riendo en voz baja.

-Ese era…-no podía terminar la frase.

-Si, Shaoran Li Lord de Brighton, es un hombre bastante rico, pertenece a una de las familias más nobles y reconocida de Londres, además de que es muy bien conocido por su fama con las mujeres, es el mayor libertino de la ciudad y quizás de todo el país-ella se acercó más a Sakura para susurrarle-y dicen que es capaz de desvirginisar a una doncella con tan solo mirarla.

Las cosas que Carolina le decía la habían alterado por completo, pero más al saber que el era el mismo que la había mandado a buscar la tarde anterior, sintió que el aire le faltaba, ese hombre la había reconocido, por eso se mostraba con ella de esa manera, molestándola y queriéndola sacar de sus casillas, y al parecer ni al mismo Dios respeta, pues ella se había entregado a Él, y ni siquiera le importaba eso.

-¿Estás bien Sakura?-preguntó preocupada al verla un poco pálida.

-Me duele un poco la cabeza, es solo eso-y así era, creía que le iba a dar una fuerte jaqueca.

Yue regresó con un vaso de agua, quien Carolina se lo había entregado a Sakura pues esta no se veía nada bien, Touya fue a donde ellos, dejando a sus padres un momento a solas.

-¿Qué le pasa?-desde que había visto como aquel crápula molestaba a su hermana, ese instinto de defenderla y cuidarla despertaron en él, como siempre ha sido.

-No se preocupen, estoy bien, es solo que tengo jaqueca-decía al presionar las sienes con sus dedos en círculos.

-No te hace bien estar acá-comentaba Touya-con el ruido y demás te sentirás peor, es mejor que te lleve a casa-sugirió.

-Creo que es lo correcto-dijo Yue-voy a buscar el carruaje.

-Quédate Yue, tu novia no querrá que la dejes aquí sola-le dijo Sakura-y por favor, no le digan a mamá y papá que me sentía mal, no quiero preocuparlos.

-¿La hermana Sakura mintiendo?-bromeó su hermano mayor, solo quería aligerar las cosas así que no se enfado lo suficiente con él, además las punzadas que sentía en toda su cabeza eran mayores para obviar cualquier cosa.

Caminó junto a su hermano, pero antes de irse se disculpó con Tomoyo, la cual se mostró muy angustiada por su estado de salud, que hasta mandaría uno de los lacayos para que preguntaran como seguía para que así se lo informaran y ella estuviera el pendiente. Le agradeció su preocupación, aunque consideró que exageraba demasiado.

Esperó en la entrada mientras Touya buscaba su chofer, y al lanzar la vista hacía una de las ventanas de cristal, visualizó al hombre de ojos ambarinos parado frente a la ventana, mirándola con tanta seriedad en el rostro, y antes de que Touya la ayudara a subir, el Lord Brighton elevó un poco su copa como si estuviera brindando por algo, y no apartó su mirada mientras bebía de su copa.

Y el dolor de cabeza se profundizó aún más. No concebía lo que le pasaba, ni la reacción que tuvo frente a él, cuando la tocó, pero pronto se iría, y todo continuaría como si nada hubiera pasado.

****************

La noche apenas había iniciado con el baile del salón, pero Shaoran después de la cena se insertó por completo en la sala de juegos, y ya llevaba horas allí, apostando y ganando en cada apuesta, tomaba oporto esta vez, deseaba una bebida más dulce y fuerte a la vez.

-Mejor me retiro señor Li-dijo uno de los jugadores-antes que me deje en la bancarrota-Shaoran río con fuerza por el comentario, el no sería capaz de eso, no al menos con tipos que le caen bien.

-Aquí estas-exclamó Eriol al abrir la puerta del salón.

-¿Desapareció tu prometida y me buscas para ayudarte? Que bien, al menos ella fue más sensata que tú-bromeó y bebió una vez más.

-No, eso aún no pasa, ni pasará querido amigo-Eriol ocupó el asiento del que recién se había rendido en el juego.

-Dime, ¿mañana habrá cabalgata?-él no solo le interesaba saber si lo habría por ser una de sus costumbres de cabalgar en la mañana, sino porque ella había dicho que siempre lo hacía.

-Así es, y te tengo apartado uno de los mejores caballos-le aseguró su amigo, que tomaba las cartas para barajarlas y repartirlas.

-¿Apuestas?-le desafió Shaoran.

-Por supuesto, sino no sería emocionante-dijo sonriendo a medias mientras ambos sabían que eran los mejores en el póquer.

***************

Durante la noche su cargo de conciencia tuvo una fuerte batalla con su demonio interno, se decía así mismo que no iría a buscarla, que ella no se merecía ser perturbada por él, el problema es que ella desconocía que ella lo había perturbado primero, por andar tan libremente por las colinas. Aun así se reprimía, y esa mañana aunque se levantó bastante temprano decidió que no cabalgaría y que dejaría a la joven de ojos verdes en paz. Era lo mejor.

Entonces ¿qué diablos hacía montado en ese caballo y buscando a cierta persona con tanto ahínco? Llevaba por lo menos unos treinta minutos cabalgando sin la menor señal de ella. Había preguntando a algunos trabajadores la dirección de los Kinomoto y allí se encontraba en sus alrededores y ella no aparecía por ningún lado.

Agitó las riendas del caballo para que acelerara, e iba muy rápido al bajar por una colina, no conocía muy bien esos terrenos y no se percató cuando un obstáculo no lo dejo avanzar e hizo que el caballo se parara en dos batas, perdiendo el las riendas, pues lo había tomado desprevenido. Solo pudo ver la figura de alguien delante de él antes de caer y sino se apartaba podría ser golpeada por el caballo.

Calló de nalgas sobre el duro suelo cubierto de césped, y a lo contrario de gritar y salir corriendo del ataque del animal ella tomó las riendas intentándolo controlar.

-¡Hey hey! Tranquilo….así es…tranquilo-su voz sonaba más suave a medida que el animal seguía las instrucciones de la joven. Era ella, totalmente diferente a la mujer de ayer y tan parecida a la que había encontrado la primera vez. Quizás era el mismo ridículo vestido de la otra vez, o quizás solo tenía de ese color, y ya sabía la razón por la cual vestía de manera tan conservadora.

-¿Estás bien?-le preguntó Sakura cuando el caballo se había controlado completamente, y ahora ella acariciaba la negra melena del animal.

-¿Yo?-su pregunta no era bastante lógica.

-No, el caballo-respondió sarcásticamente.

-Mejor sería saber si tú estás bien, estuve a punto de pasar sobre ti, ¿qué hacías ahí acostada?-su preocupación era un tanto exagerada.

-No soy yo quien está tirado en el suelo, al parecer incapacitado de ponerse de pie-dijo con sorna, haciéndole notar que aún seguía de nalgas en el suelo, se veía encantador con el pelo revuelto tirado ahí, se reprimió por ese pensamiento, él se levantó con una ligera queja de dolor, a lo cual Sakura no pudo evitar reírse escandalosamente, toda la situación era bastante graciosa.

Su risa le pareció serena y cautivadora, la hacía ver más angelical, y sonrió disfrutando tan melodioso sonido. Ella se dio cuenta de ello y la sangre subió a sus mejillas haciéndola sentir algo acalorada.

Recordó que no debía estar cerca de él, sin embargo le era imposible mover las piernas y salir corriendo de allí, y se negaba creer que era ella que no quería, y por tal razón se decía mentalmente que el era el demonio encarnado que la hipnotizaba y la hacía no pensar con juicio.

-Lo controlas muy bien-dijo sacándola de su aturdimiento. El se refería a los caballos.

-Sí…me encantan, mi padre tiene una caballeriza así que estoy acostumbrada a ellos, también son animales increíbles.-dijo sonriendo.

-¿A sí? ¿Por qué?-le miró directo a los ojos, provocando que ella bajase la mirada un poco antes de responder.

-Pueden correr libremente hacía donde quieran, dejando que su única guía sea el viento-confesó sus pensamiento mientras seguía acariciando al caballo.

-¿Eres libre?-rompió la distancia que los separaba, pero no demasiado para no perturbarla.

-Lo soy-dijo alejándose de él, le dio la espalda y comenzó a caminar hacía un árbol donde un caballo comía del pasto.-cada uno tiene su propia idea acerca de la libertad-Shaoran la seguía detrás mirándola detenidamente llevando al caballo consigo.

-Me gustaría escuchar la tuya-dijo prácticamente en un susurró, Sakura no se había percatado que el se encontraba tan cerca suyo.

-¿Alguna vez has corrido debajo de la lluvia descalzo?-el lo negó-entonces nunca has sentido ser libre, la libertad es poder hacer lo que desees y que tu conciencia no te reclame por ello-detuvo su andar al llegar a la sombra del árbol y continuo diciendo-es poder sentir y no temer y es poder decir lo está aquí-colocó su mano encima de su corazón-y no herir con las palabras…

-¿Qué pasa cuando lo que tenemos acá dentro puede lastimar?-al decirlo tomó la mano de Sakura y colocó encima de su pecho, ella sintió como latía su corazón haciendo que el de ella se descontrolase.

¿Qué estaba haciendo? Una explicación lógica debía haber para eso, no comprendía porque seguía hablando con él después de escuchar el día anterior esas cosas sobre él, además esas sensaciones que corrían por toda su piel eran perturbadoras y totalmente nuevas para ella. No respondió a su pregunta, tan sólo apartó su mano de su contacto y dio un paso atrás quedando su espalda contra el árbol.

El hacía lo contrario a ella, Shaoran avanzó al menos tres pasos cuando ella se alejó, acortando toda distancia que los separaba. Sakura creía que le faltaba el aire y que la cabeza comenzaba a girarle, creía que perdería el equilibrio.

-Señor…no debería…-la palabras no salían de su garganta-tiene que quitarse-hizo el vano intento de apartarlo y lo único que consiguió fue que él pasara sus brazos por encima de sus hombros quedando sus manos contra el grueso tronco. Y como ella era mucho más pequeña, se inclinó lo suficiente para que sus rostros estuvieran más cerca.

Su mirada la alteraba, esos ojos parecía que saldría llamas de ellos. Pidió fuerzas a Dios, para que pudiera salir de esto. Rogó y rogó, pero era ella la que no se movía.

-¿Por qué me haces esto Sakura?-preguntó al cerrar sus ojos e inhalar su dulce aroma de flores silvestres en la apertura de su cuello, pudo sentir como ella temblaba-se que no debería, pero haces que pierda el control…no, no lo hagas-le pidió al ver como inocentemente se mordía el labio inferior.

-No se que estoy haciendo-confesó en un hilo de voz.

-Lo se…-besó su mandíbula y se encamino con besos hasta llegar al lóbulo de su oreja y succionarlo suavemente. Ella gimió, y se sorprendió de lo que había salido de sus labios, ¿qué le estaba pasando? Debía estar enferma o algo así, pues sentía demasiado calor en todo su cuerpo y se estremecía completamente.

-Creo estar enferma-fue un susurro.

-Tengo la medicina para ello querida-dijo con voz ronca al acercarla contra su cuerpo sobresaltándola. Colocó un brazo por la cintura y su otra mano en su cuello para que hubiera un mayor contacto.

-¿Qué vas a….?-nunca terminó la pregunta porque en ese momento unos labios cerraron los suyos.

Era la sensación más maravillosa que había podido experimentar en su vida, y si Dios decidía castigarla por ello, recibiría el castigo gozosa. No sabía que hacer, nunca había hecho algo así. Lo único que sabía era que Shaoran la besaba y ella dejaba que lo hiciera.

Sus labios eran gloriosos, suaves y vírgenes, quizás por eso era tan especial para él. Quería que ella participara, pero solo se dejaba besar. Él tomó los brazos de ella e hizo que abrazaran su cuello y él la pegó más contra el árbol. Era como una droga para él, una adicción que nunca desaparecerá. Ella comenzó a tomar el ritmo y al fin participaba de aquel beso. Gimió al sentir como su lengua trataba de separar sus labios para abrirse paso a un manjar de placeres, ella dejo que entrase y una batalla en su interior se formó.

Sakura había perdido el juicio, la razón, no sabía si lo que hacía era correcto o no, y lo supo cuando sintió entre sus piernas ese cosquilleo al percibir un bulto entre el pantalón de él.

Abrió la boca de espanto queriendo gritar, deteniendo así el beso. Sakura lo miraba como si fuera la bestia más repugnante que pudiera existir, y el horror en sus ojos se acumulaba. Shaoran la soltó, no pudiendo creer lo estúpido que había sido, debía odiarlo en ese momento, aunque había valido la pena. Ese pensamiento hizo que él sonriera seductoramente. Sakura lo empujó con todas sus fuerzas, pero él apenas se movió unos centímetros, ¿debía de ser tan fuerte?

Él pudo ver esos ojos verdes como se cristalizaban y amenazaban con llorar, había sobrepasado cualquier límite.

-Perdona…es solo-decía con total arrepentimiento, estaba enfadado consigo mismo por ser el causante de su estado.

Descontrolada, aturdida y enojada depositó toda su furia para bofetearle, el no apartó el rostro, y los delgados dedos de Sakura quedaron marcados en él.

-No vuelva a tocarme, nunca…no quiero volver a verlo-gritó llena de dolor, sentía como si su alma se estuviera desgarrando.

Tomó las riendas de su caballo y se montó en él, sin importarle el hecho que se había montado en posición de hombre, con ambas piernas en cada lado. Salió cabalgando rápidamente del lugar, y Shaoran solo pudo ver como su hermosa cabellera castaña se ondulaba con el viento.

-Eres un idiota-se insultó al golpear con el puño el tronco del árbol.

**************

¿Qué había hecho? Había pecado delante los ojos de Dios, se había dejado embrujar y tentar por aquel demonio, era su culpa, y debía cargar con ella. No prestó atención a nada ni a nadie cuando entró a la casa, simplemente fue directamente hacía su habitación y se encerró en ella. Y cuando estuvo sola se dejo desplomar en el suelo llorando sin consuelo alguno, sintiendo como miles de puñales se clavaban en su interior y la desgarraban por completo. Era una pecadora, pues esas sensaciones en su cuerpo que percibió le habían parecido deliciosas.

Ocultó su rostro entre sus manos y lloró más y más, como si con eso pudiera borrar lo que había ocurrido.

-Dios perdóneme, perdóneme-decía entre gemidos y llanto, al mismo tiempo que se golpeaba las piernas con sus propias manos.-ten piedad de mi Señor, haré lo que sea para que me perdone.

Una vez aprendió en el convento que era normal los castigos cuando cometían alguna falta, incluso la Hermana Sor María le dijo una vez que debía tener algo con que castigarse ella misma si sentía que se desviaba del camino. Desesperada buscó debajo de su cama un baúl que creyó nunca abriría.

Con manos temblorosas sacó el baúl y extrajo de ellas unas quince rocas afiladas en algunos lados totalmente rústicas, las apiló frente la cama y tomó su rosario del buró. Se levantó la falda del vestido y se puso de rodillas sobre ellas, y pudo sentir como algunas atravesaban su delicada piel.

Aún llorando, castigándose por lo que había hecho, rezó lo bastante para que pudiera ser perdonada.

-Jesús mío, soy tu sierva desconsolada, pidiendo misericordia y tu perdón-un gemido de dolor recorrió su cuerpo al moverse y las piedras se clavaban más-estoy en un abismo, tómame entre tus brazos y sálvame, Dios mío, sálvame, y perdona esta pecadora….

Su voz se convirtió en un susurro y sus ojos ya estaban secos de tanto llorar, y el sol ya comenzaba a ocultarse. No bajo a comer, no dejo que ninguno de su familia abrieran la puerta, y permaneció allí de rodilla el tiempo que era considero necesario, desde esa fatídica mañana hasta esta pacífica noche que con sufrimiento había podido meditar sobre sus actos.

No lo volvería a ver, se había jurado para sí misma, no sucumbiría otra vez.

Acostada ya en la cama con su bata blanca que la cubría hasta los tobillos, se dejó descansar sobre la almohada, y antes de dejarse vencer por el cansancio y el dolor, tocaron a su puerta y la voz preocupante de su madre estaba detrás. No podía evitarla, así que se paró cuidadosamente, haciendo quejas de dolor al caminar, pues no podía tener las piernas derechas, le dolían aún más así. Quitó el seguro de la puerta y luego volvió a costarse.

-Adelante-dijo Sakura y vio como su madre se acercaba a ella.

-¿Estás bien pequeña? No has querido comer en todo el día-colocó su mano en la frente de su hija, no tenía fiebre así que debía ser otro cosa, pensaba ella.

-Estoy bien, es solo que no he tenido apetito, pero ahora estoy muy cansada y quiero dormir-respondió con voz cansina.

-¿No querrás comer nada? Un caldo al menos, le hará bien a tu estómago-Sakura quiso llorar otra vez, pero aguantó las lágrimas y negó a cada cosa que decía su madre, hasta que esta resignada dejo que durmiera tranquila, aunque ella no lo estuviera. Salió de la habitación deseándole buenas noches.

Dejó que las lágrimas inundaran su almohada no dejando de sentir esa punzada de dolor no solo en su interior, sino también en sus piernas.

La sangre que derramaba y que manchaba su bata y las sabanas blancas eran la muestra de su arrepentimiento, siguió llorando hasta quedarse dormida, ya estaba perdonada se decía entre sollozos adormilada.

Ya estaba perdonada y esas manchas de sangre….eran la muestra de ello.

Continuará….

Hola ^^

Gracias a todas por sus comentarios que siempre me animan a seguir.

¿Qué les pareció este capítulo? ¿Qué tal la última parte?

Bueno, yo espero que lo hayan disfrutado y no se olviden de los ¡¡¡¡reviews!!!!

Cuídense, nos leemos luego ^^