Un grato saludo a mis queridas lectoras, lamentablemente no pude publicar antes como hubiera querido, pero aquí estamos con una nueva entrega de esta historia. No crean que las abandono, no, por nada en el mundo. Además deben estar felices, es el capítulo más largo hasta ahora.
Muchísimas gracias por sus comentarios, no saben lo feliz que me siento al leerlos, siempre me animan, y es muy grato sentir todo el apoyo que me dan, más sus buenos deseos para conmigo.
Bueno, no más bla bla bla ^^ aquí les dejo el capítulo, disfrútenlo.
"Cuando un libertino desea a una mujer es capaz de luchar con quien sea para tenerla, aunque su oponente sea Dios mismo"
Los personajes de esta historia no son de mi pertenencia, salvo aquellos que sean de mi propia invención, son de CLAMP yo solo hago esto por diversión y ocio.
Capítulo 6
Déjate amar
La reciente noticia iba en boca en boca de cada una de las monjas y novicias en el convento, se rumoraba acerca de la joven que recién se había marchado, se decía tantas cosas como que se había fugado con un marinero y se había ido a vivir a las islas del caribe, así como que ya estaba casada y que incluso podría estar embarazada, se decían tantas cosas y ninguna de ellas eran verdad, al menos no del todo, pues todas las ocurrencias de aquellas mentes involucraban a un hombre del cual se había enamorado perdidamente, pero nadie sabía, o quizás solo para mantener viva sus historias románticas, no aceptaban el hecho de que aquella joven sigue estando en el orfanato a donde la habían mandado para ser tutora de los niños. Por estas razones algunas risitas se le escapaban cuando alguna de las monjas pasaba a su lado haciendo cualquier comentario que involucrara una historia de amor tragicomedia.
La Hermana Teresa se encontraba en el salón terminando de escribir una carta para la joven Sakura, después de saber que había desistido de ser monja, quería darle su opinión y su apoyo, porque pueda ser, que así como muchas la miren con una sonrisa diciendo que "todo estará bien", muchas hablaran en su espalda, imaginándose lo peor de ella, y quería prevenirla, y desearle lo mejor en su nueva vida. Dejó a un lado su pluma y colocó la carta en el sobre.
Algo en su interior siempre le dijo que esto pasaría, cuando vio por primera vez a Sakura, a penas con catorce años, en sus ojos se reflejaba un brillo especial, ella realmente deseaba formar parte de esta vida, seguir a Dios, pero con los años ese brillo fue desapareciendo, ella tal vez nunca se percató de eso, cegada con la idea de una promesa, y ahora se había dado cuenta que en sus manos está su destino y solo ella puede forjarlo.
-Perdone que la interrumpa Hermana Teresa-le decía una de las monjas-tenemos un pequeño problema en la cocina, otra vez aquellas jóvenes están peleando-la hermana se refería a unas niñas que hacía reciente pasaron a formar parte del convento, y al parecer no congeniaban bien, y ambas le habían tocado el trabajo de la cocina, las dos querían tener el mando, o hacer que una trabaje más que otra, y ellas solo podían controlarse cuando la Hermana Teresa les reprochaba sobre su comportamiento, pues ella siempre ha tenido tacto con las más jóvenes del convento.
-Esas dos, no se cansan-decía al poner los ojos en blanco, cansada de lo mismo-iré en un momento, primero llevaré esta carta al correo.
-Pero es que están por prenderle fuego a la cocina-quería que supiera lo urgente que era, y efectivamente escucharon como unos platos se rompían al chocar contra el suelo.
-Dios me ayude-decía la hermana Teresa-esto es insólito, hermana ¿podría hacerme el favor de llevar esto al correo?-le entregó el sobre blanco-el mensajero no tarda en pasar y quisiera que fuera enviada rápidamente.
-No se preocupe-le dijo con una sonrisa-mientras nos liberes de aquellas dos-e hizo una mueca con los labios.
-Así lo haré-le afirmó la hermana Teresa.
Después de verla marcharse hacía la cocina caminó hacía la entrada del convento donde suele pasar el mensajero para recoger y entregar la correspondencia. Era un día esplendido, con el cielo azul y el sol a lo alto, y la brisa que soplaba era bastante refrescante, por eso no se quejo de tener que esperar al mensajero ya que disfrutaba del aire y el paisaje al estar ahí afuera.
-Hermana Angélica-escuchó decir detrás suyo, se sobresaltó pues la habían tomado de sorpresa-quien nada teme, nada debe… ¿no lo cree así?-la Hermana Sol María se colocó a su lado y con la mirada examinó su rostro.
-No…nada que ver hermana superiora-trataba de decir sin trabarse, es que ella solía ser tan estricta y gruñona, así como fría y calculadora, aunque todo lo que hace lo hace por el bien del convento y la congregación, esa era su justificación, muchas le temía o quizás la respetaban-es solo que me tomó de sorpresa-terminó diciendo.
-Y… ¿a quién espera? O es su trabajo ahora holgazanear en la entrada-su voz era firme.
-No, estoy esperando al mensajero-y mostró el sobre que tenía entre las manos-le hago un pequeño favor a la Hermana Teresa.
Al escuchar eso su sexto sentido se activó por completo, sabía muy bien que desde hace días la hermana Teresa venía comportándose muy extraña, y luego recibe la carta de Sakura diciendo que desistía de sus hábitos, algo estaba mal, y no permitiría que nada afectara a la congregación. No conocía los motivos de Sakura, ella solo pide que sea revocada sin más y menos, sin embargo, algo le decía que la hermana Teresa sabía más de la cuenta sobre todo esto, y estaba completamente segura que esa carta era para ella, siempre habían sido muy cercanas.
-Entréguemela-le ordenó.
-Pero ya esta…-trató de protestar, pero la hermana Sol María le arrebató de la mano la carta antes que ella pudiera hacer lago.
-No se preocupe hermana Angélica, tengo otra carta que enviar, y la buscaré ahora mismo a mi despacho-decía mientras metía la carta en uno de los bolsillos-y usted no tiene que esperar por ningún mensajero, y vaya a hacer algo productivo.
Sin poder decir nada más se encaminó hacía el interior cuando ya la Madre Superiora había entrado, y la vio cerrar la puerta del despacho, no entendía el por qué de su curiosidad sobre esa carta, lo mejor sería comunicárselo a la hermana Teresa.
-¿Qué estoy haciendo?-se dijo así misma cuando caminaba hacía la cocina-no hay por que dudar, la hermana Sol María solo fue a buscar otra carta, ella misma se la entregaría al mensajero, debo relajarme más.
Y cambió de dirección dirigiéndose ahora a la capilla donde pasaría algunas horas rezando.
Cuando estuvo sentada frente a su escritorio, y se había asegurado de cerrar la puerta para que nadie pudiera interrumpirla, abrió el sobre y leyó la carta que claramente estaba dirigida hacía Sakura.
"Querida Sakura:
No puedo decir que tu decisión me sorprende, cuando algo así ya me lo esperaba, no preguntes por qué, yo solo lo sabía, aunque otras han quedado anonadas y preguntándose una y otra vez las razones que pudiste tener para hacerlo. Si supieras las historias que han inventado hasta ahora, con decirte que vives en las islas del caribe con un atractivo marinero, pero no te escribo para contarte esto.
Si esa es la vida que quieres, sigue adelante, y sabrás que Dios nunca te abandonará, no te sientas avergonzada o triste pensando que lo has defraudado cuando no es así, Él te ama, te conoce mejor que nadie, Él nunca abandona a sus hijos, y se que Él te comprende así que no quiero que dudes de esto. Tengo curiosidad, y perdona a esta vieja monja que como las demás quieren imaginarse cualquier historia de amor para pasar el momento, ¿tu decisión tiene que ver con aquel hombre del cual me hablaste? Si es así me he de suponer que volviste a encontrarte con él, ni me imagino en la situación que estarías. Si es como supongo, no quiero que te castigues como la última vez cuando me redactaste sobre el beso, y si es amor lo que sientes por él y si él igual te ama, entonces sé feliz.
Muchas cosas se dirán de ti, no le hagas caso, y aprovecha esta nueva vida de la mejor forma, pero recuerda que hayas desistido no significa que te apartes de Dios, de igual manera puedes cumplirle…."
Y no concluyó de leer cuando ya había arrugada la carta y lanzándola al suelo. No podía creer que el buen nombre de su congregación se ensuciara de esa manera, no lo permitiría. Ella regresaría al camino correcto, aunque tuviera que arrastrarla consigo.
***********
No existía forma para arrancar su aroma de flores silvestres de su piel, ni el sabor de su boca, que ahora se esparcía por todo su ser, reclamándole a volver a tenerla debajo de su cuerpo y sentirla nuevamente. Pero era imposible lograr hacerlo, ahora ella estaba fuera de su alcance. Solo habían pasado dos días desde aquella tórrida despedida, y cuando al fin pensó que la tendría para sí, ella se escapó como se escapa el agua de entre los dedos, dejándolo sólo con una pasión que le quemaba por dentro. Nunca llegó a pensar que estaría en esas condiciones por una mujer, desde que había conocido esos ojos verdes su vida se había convertido en un caos, ya no tenía control sobre nada ni sobre sí mismo, ella era la razón de su ser, ella le daba significado a los simples detalles de la naturaleza, pero ahora estaba solo, y todo le parecía gris e insignificante, no veía nada más que el color bronce del líquido que estaba en su copa. De un solo trago se tomó todo el contenido del whisky, y este pasó lentamente rasgando con fuego su garganta, era la única sensación que le recordaba que aún era un simple mortal.
Todo le parecía una mala broma del destino, quizás estuviera pagando cada una de sus aventuras, los corazones rotos que dejo atrás, y ahora era el suyo que se desboronaba en pedazos en una terrible soledad. Su risa se ahogó entre las paredes de su despacho llamando la atención de su administrador.
-Señor Li, ¿se encuentra bien?-preguntaba, mirándolo inquisitivamente. El señor venía portándose muy raro desde que había llegado, nunca antes, con los años que trabajaba para él lo había visto en esas condiciones.
-Aún respiro, entonces pueda ser que aún lo esté-decía al tomar una mejor posición en su asiento, dejó la copa encima del escritorio y trató vanamente en concentrarse en los papeles que tenía delante-Jefferson-le llamó-aquí hay unas cuentas que no recuerdo que antes las utilizáramos.
-El nuevo cocinero es muy exigente señor, y se asegura en recibir los mejores productos-le explicó, sus ojos grises examinaron a su jefe, parecía estar desanimado, además de que estaba bebiendo de más-si lo prefiere podremos dejar esto para mañana, aún tenemos tiempo señor…no creo que este muy bien que digamos-se atrevió a decir y Shaoran lo fulminó con la mirada, bastante era saber que estaba mal, pero peor era que otros se lo echaran en cara.
-Puedes retirarte Jefferson-extendió su mando señalando la puerta-continuamos mañana entonces.
No quería que otros pagaran por su mal humor, y aún así aprovechaba el más mínimo error de cualquiera de los trabajadores de la hacienda para reprenderlos y gritarles, tratando de sacar toda su frustración, y le resultaba totalmente inútil, pues en las noches su cama seguía vacía, y sus ansias lo poseían queriendo ir tras ella y traerla consigo, aunque tuviera que secuestrarla. Incluso en varias ocasiones había pensado en esa posibilidad, no recordaba que el orfanato fuera custodiado, y si solo estaban el sacerdote y cualquier otra monja podría llevar el plan con gran facilidad. Pero tenía miedo, no quería tenerla a la fuerza, y mucho menos que ella luego se lo reclamase entre lágrimas. Si ella ya lo había rechazado optando por aquella vida, él no podía hacer nada, y eso lo atormentaba aún más.
El sonido de la puerta atrajo su atención, se levantó y se dirigió a la mesita de bar, donde tenía la botella de whisky y otros licores que le habían servido de compañía en esas horas, y se servio otro trago.
-Pase-dijo al tiempo que se llevaba la copa a sus labios.
-Mi señor-se anunció Christopher al entrar y cerrar la puerta tras de sí-me mandó a llamar.
Shaoran caminó hacía la venta y apreció la oscuridad que se esparcía entre los árboles, y la luna resplandecía desde el cielo, iluminando todo el claro.
-Solo quiero el reporte de hoy-seguía mirando a través de la ventana, esperando su respuesta.
-No hay mucha diferencia con el de ayer-se apresuró a decir-por las mañanas imparte clases a los niños en un pequeño salón que se encuentra externo al orfanato, luego cerca del medio día deja que los niños se diviertan al aire libre, hoy por ejemplo les entregó colores y papel para dibujar-Shaoran lo escuchaba y se imaginaba cada movimiento de la esmeralda, se preguntaba si llevaba el pelo suelto o en un moño, si vestía el traje de novicia o algún vestido gris-después de eso vuelve al orfanato y sigue con sus deberes, a veces ayuda a recoger la siembra, o en la cocina…
-¿Se ve feliz?-le preguntó, aún con dudas de si quería o no escuchar la respuesta.
-Sonríe mucho, mi señor, me atrevería a decir que es feliz.
Shaoran apretó con fuerzas su vaso, al punto en que escuchó un ligero crack, si era una agonía imaginársela feliz, saberlo por alguien más le dejaba un vacío en el pecho.
-Puedes irte ya.
Christopher caminó hacía la puerta y antes de salir le dirigió una última mirada a su patrón.
-¿He de volver mañana?
-No, esta vez iré yo-le comunicó y cuando este hubo cerrado la puerta, descargó todo su pesar contra la pared del despacho al lanzar el vaso de whisky.
************
El brillo de la luna le parecía maravilloso aquella noche tan estrechada, y se estremeció al imaginar que él podría estar observando esa misma luna al igual que ella. Pero ¿qué pensaría él al hacerlo? A veces se lamentaba por el hecho de no haberle comunicado lo que tenía en mente antes de salir del carruaje, pero no quería apresurar las cosas, lo que menos deseaba era ocupar la extensa lista de conquistas de Shaoran, esperaba más de él, y pudiera ser que un futuro se arrepintiera de eso, y aún así guardaba las esperanzas de poder llegar a conquistar al calavera más deseado de toda la sociedad londinense.
-¿Conquistar?-se preguntó entre risas-ni siquiera podría decir el significado de esa palabra.
Se alejó de la ventana y fue hasta el espejo para encontrarse con una mujer que aunque era tan parecida a ella, le resultaba un tanto difícil de reconocer. Había dejado todo atrás para empezar con una nueva vida, y aún no había tenido el valor de comunicárselo a su familia. Tantas veces había empezado a escribir la carta y así mismo la arrugaba y la lanzaba a otro montón más de papeles, no por que tuviera miedo de decirles que ya no sería monja, sino porque no sabía que razones darles, y mucho menos a su madre, no quería decepcionarla, tan solo esperaba que ella lo aceptara y la recibiera en sus brazos como siempre. Pero aún no tenía el valor para hacerlo.
Apreció la sutiliza de sus ojos, y el rubor subió hasta sus mejillas al recordarlo, sus dedos tocaron sus labios e imaginó cada detalle de aquel último beso. No sabía si todos los hombres eran así, o si es que él era único en su especie.
-No me hagas arrepentirme de esto Shaoran-dijo entre susurros, pues, aunque ya había desistido, la duda seguía carcomiéndola, y anhelaba desde lo más profundo de su ser y le rogaba a Dios, que su decisión fuera la correcta.
La noche terminó con el amanecer, dándole la bienvenida a un nuevo día, y con todo el optimismo Sakura se levantó de la cama para prepararse y así empezar con sus clases.
Como ya se había convertido en costumbre, poco después de tomar su desayuno se encaminó hacía el salón de clases que se encontraba a las afueras del orfanato, solo a unos cinco minutos de distancia. Hacía todo lo posible para mantenerlo animado y así alentar a los chicos. No era más que una casucha de madera que habían levantado poco después de la fundación del orfanato, no estaba en buenas condiciones por esta razón Edward y Steve, dos albañiles del lugar que en muchas ocasiones habían reparado cualquier gotera, o si algún muro había amenazado con caer, ellos estaban dispuestos a ofrecer sus servicios, y como eran conocidos por todos muchas veces lo encontraban almorzando o cenando en la cocina, así como en sus alrededores por si los necesitaban.
-Buen día señores-les saludó alzando la voz, pues estos estaban en el techo del salón colocando nuevos tablones.
-Buen día hermana-le saludó Steve, ambos parecían estar en sus cuarenta años, y debido a su trabajo que reclama bastante fuerza, eran altos y robustos, anchos de hombros y manos fuertes. Eran muy agradables.
Algunas personas aún la seguían llamando hermana, pues pocos conocían la verdad de su condición, y no le molestaba, la mitad de su vida había sido llamada por ese apelativo, y siempre le había gustado.
-Queríamos remplazar algunos tablones antes de que usted llegara-le comunicó Edward desde lo alto del techo-terminaremos antes de que empiece sus clases.
-Muchas gracias, y les dejaré esto-decía al levantar una canasta que traía en sus manos-por si aún no han desayunado.
-Como siempre, pensando en los demás-comentó Edward y ella sonrió, se sentía tan bien al ayudar a los demás, en darles un trocito de alegría.
Al entrar al salón escuchó los fuertes martillazos, era mejor que terminasen antes pues después no podría impartir la clase con aquel ruido. Las flores que había colocado ayer en la repisa seguían ahí, y fue para cambiarles el agua. El piso del salón no era cementado, y las butacas para los niños eran viejas y la madera ya lucía en mal estado, y aún así con la pequeña decoración al colocar las cortinas, y al haber limpiado el lugar, no se veía tan mal, y además tenía planeado una sorpresa para los niños, pues le había pedido el favor a Edward y Steve de construir nuevos pupitres, habían podido conseguir la madera necesaria para ello, y eso la emocionaba bastante.
Le gustaba estar ahí, de ser ayuda para los niños, además que ellos habían despertado su lado maternal, se llevaba tan bien con ellos, y aprendía cada cosa. Eran traviesos si, y era increíble como esos niños, de los cuales muchos nunca llegaron a conocer a sus padres, eran capaces de levantarse cada mañana y mostrar una sonrisa en sus rostros, eran luchadores, y se sentía conmovida por ellos, y esa era una de las razones por la cual se había quedado, no solo para cumplir con su deber, más bien, porque era un placer inmenso estar ahí y compartir cada momento con los niños.
-Hemos terminado-anunció Steve al entrar al salón.
-Gracias otra vez-les decía al entregarles la canasta.
-Usted es un ángel-comentó Edward, haciendo que la esmeralda se ruborizara.
-Pero que dice…-no pudo evitar sonreír, los hombres salieron dejándola sola. Y minutos después el silencioso salón se llenó de risas y voces infantiles, que le parecieron campanillas celestiales a Sakura.
De inmediato dio inicio a su clase, todos los niños tenían entre seis a doce años, los más pequeños se dedicaban a pintar o a realizar cualquier deber que Sakura les pusiera en sus cuadernillos, aquel día aprendían escribir los números. Mientras que los más grandes tomaban clases de ortografía y escritura. Con esto había descubierto una nueva pasión, le gustaba enseñar, darle a aquellos niños una esperanza en sus vidas. Y era increíble lo rápido que aprendían, y lo entusiastas que se mostraban con cada lección, no podría tener quejas de ellos.
-Maestra-dijo Nicolás, tenía tan solo once años de edad, y mostraba ser bastante alto y delgado, su pelo rubio hacía contrastar sus ojos grises, y todas las pecas que cubrían su rostro lo hacía tan encantador, además era uno de los niños más traviesos y le fascinaba contar historias.
-¿Sí Nicolás?-le preguntó mientras se dirigía a su pupitre.
-No entiendo esto…-dijo al señalar en su cuadernillo lo que tenía escrito.
-Debes escribirlo diez veces, es una caligrafía-le explicaba con una sonrisa.
-Eso no-se quejó-no entiendo lo que quiere decir….
Nuevamente Sakura sonrió, tomó el cuadernillo y se paró frente a la clase, llamando la atención de los niños.
-"Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tú nombre me guiarás y me encaminarás"-dijo al leer-¿quién sabe que significa?-les preguntó a todos, los niños se miraron entre sí, ninguno se atrevían a levantar la mano, pues no querían equivocarse-es el Salmo 31 versículo 3, ¿ninguno me podría decir que entienden? ¿Alguna idea?-les motivaba para hablar.
Entonces una de las niñas, quién era la mayor de edad entre todos ellos, levantó la mano tímidamente.
-¿Si Jenny?
-Creo…que dice que Dios nos llevará por nuestro camino-dijo sonrojándose, realmente era muy tímida.
-Muy buena respuesta Jenny-dijo sonriéndole-a ver niños ¿qué palabra les llega a la mente cuando piensan en roca?
-Indestructible-se aventuró a decir Nicolás.
-Fuerza-dijo alguien más desde el fondo del salón.
-Exacto, Dios es nuestro apoyo y fortaleza, en Él encontraremos el camino de nuestra vida, y nos llevará hacía Él-les explicaba al tiempo que sentía una calidez profunda en su corazón-y ahora que ya comprenden, ¿creen que podrán terminar la caligrafía con mayor entusiasmo?
-Por supuesto-dijo Jenny al exaltarse, ella misma se había sorprendido que llevó sus manos a su boca, mientras sus mejillas se enrojecían.
-Con ese ánimo quiero verlos trabajar-dijo entre risitas, cada día era una nueva experiencia, esos niños se habían convertido en algo especial en ella.
Siguieron con las lecciones posteriores, y cuando llegó el recesó Sakura los llevó hasta el claro donde acostumbraba para que jugaran entre sí. Era un día esplendido, aunque con mucho viento, pero aún así las nubes correteaban en el cielo azul, y la luz del sol hacía brillar el pasto.
Mientras los niños corrían de un lugar a otro, y sus risas inundaban sus oídos, caminó sujetando la falda del vestido por el viento, hacía la parte más alta donde crecían unos tulipanes, era un lugar hermoso rodeado de esas plantas, donde podía descansar. Al llegar se sentó entre las flores, dejando que su aroma invadieran sus pulmones, y cerró los ojos por un momento, imaginándose como sería pasar el resto de su vida de esa forma, hasta que sintió los pasos firmes de un caballo a su alrededor y abrió los ojos repentinamente.
Allí estaba Shaoran Li, montado sobre un caballo blanco de pura sangre, y la miraba lleno de intriga, ternura y algo más. Ella no dejó de mirarlo, ni siquiera al ponerse de pie perdieron el contacto. Sakura mostró su sonrisa sutil cuando estuvo a su lado y acariciaba el pelaje del caballo, siempre había tenido cierta agilidad con esos animales, los controlaba fácilmente.
-Pueden confundirte entre esas flores-dijo Shaoran con voz ronca, solo había tenido la intención de acercarse un poco y verla desde lejos, creyó que con eso sería suficiente, pero que estúpido había sido, porque con tan solo verla quería correr para estar lo más cerca de ella, y ahora la tenía frente suyo, mientras ella acariciaba su caballo, apretaba las riendas de este con fuerza para no lanzarse de manera precipitada sobre Sakura.
-Creí que hoy vería a Christopher-respondió obviado su comentario, aunque este le producía cierta calidez en su pecho.
-¿Cómo sabes…?-decía aturdido, él había mandado a su chofer a vigilarla para así tener información sobre ella, pero lo hacía a escondidas, al menos pensaba que él era prudente al hacerlo.
-¿No te ha dicho?-preguntaba con aires de inocencia-hemos conversado en algunas ocasiones cuando viene por acá, aunque se me hacía raro que viniera dos veces consecutivas.
Lo mataría, pensó para sus adentros, cuando llegara, le daría una buena reprimenda por esto, una cosa era mostrarse ansioso por saber cada paso de la esmeralda, pero otra era muy diferente que lo expusieran ante ella, y descubriera cuan débil era.
-Lo pagarás-dijo apretando los dientes, Sakura no pudo comprender lo que dijo, pues tan solo lo había murmurado. Shaoran bajó del caballo y dejo que el animal descansara.
El viento seguía soplando con fuerza, parecía que quisiera arrastrarse todo consigo. Sakura miró de soslayo a los niños para verificar que estuvieran bien, seguían jugando sin importarles el clima.
Estaban en silencio, la verdad es que Sakura no sabía que decir en ese momento, ni como actuar, y él solo se dedicaba a mirarla, sus ojos podían penetrarla de una manera exigente, haciéndola sentir nerviosa. No tenía experiencia en esto, nunca había intentado conquistar a ningún hombre, y sabía bien que jugaba con fuego, pues estaba determinada a enamorar al mayor de los libertinos, el hombre más experimentado quizás de toda Inglaterra, ella debía de parecer una niña tonta. La esmeralda extendió su mano hasta los cabellos revueltos de Shaoran, él nada más la apreció en cada movimiento, sin hacer nada más.
-Una hoja-dijo sonrojada por su acción, había retirado una hoja de sus cabellos, y había sentido la necesidad urgente de tocarlo. Y no se lo impidió, su mano fue hasta su rostro y lo tocó con delicadeza, y sintió como su barba rasgaba la palma de su mano-no te has afeitado hoy-comentó como si fuera lo más normal entre ellos.
Shaoran llevó su mano hasta la de ella, la apretó por unos largos segundos, pero después la retiró con una lentitud pasmosa, si con tan solo verla sus emociones crecían y una pasión aún sin consumir quemaba su ser, su contacto simplemente lo enloquecía. Estaba tan extraña, no dejaba de sonreír, y lo miraba con una ternura abrumadora, y tenía unas terribles ganas de estrecharla contra sí. Ella era todo lo que nunca había soñado y aún así la deseaba. Suficiente era con saber que había perdido toda oportunidad, pero él era un incorregible masoquista, pues ahí estaba él, sufriendo una agonía al no tocarla, al no poder besarla. Y ¿por qué demonios ella se comportaba de una manera tan natural? ¿Por qué no había salido corriendo cuando lo vio, como hubiera hecho en otras ocasiones? Esto lo confundía, no sabía que pasaba por la mente de la dueña de esos ojos verdes.
-¿Por qué tan callado?-preguntó Sakura al intentar acortar la distancia, pero se sentía una torpe al actuar así, y más porque olvidó agarrarse la falda del vestido y el viento hizo que se enredara entre sus piernas y tropezó. Shaoran la sujetó con fuerza por los brazos y evitar la caída, sus pechos rozaron el pecho de Shaoran.
-¿Qué haces?-su tono era agrio, y eso le dolió, ni siquiera ella sabía que estaba haciendo. A pesar de eso no la apartó de sí, era agradable percibir el aroma de sus cabellos.
-Yo…-su corazón empezó a latir con fuerza-hay algo que debo decirte-levantó el mentón para verlo a los ojos, y como siempre ellos la cautivaban, dejándola sin aliento. Era increíble lo que ese hombre era capaz de hacerle con tan solo una mirada.
-Dime lo que sea-acercó su mano a su mejilla con ansias de tocarla, pero por temor de perder la razón la retiró antes de poder hacerlo, y la apartó suavemente, sintiendo el vacío que esta dejaba tras de sí. Sakura se sintió decepcionada porque su tacto nunca llegó.
Su boca estaba seca, y sus ojos iban desde su boca y esos ojos ámbares, quería besarlo y sentirlo como la otra vez, y con el recuerdo aún vivo en su mente llevó sus dedos hasta sus labios tocándolos con templanza. Su boca era tan seductora como sus palabras, y moría por besarle, entonces él entre abrió sus labios y le sorprendió cuando su lengua acarició la punta de sus dedos.
Sakura parpadeó ante el contacto, y por pudor sintió ganas de apartar su mano, pues después de todo no era el mejor lugar, y necesitaba hablar primero con él. Shaoran tomó su mano entre las suyas acariciándola, y besó sus nudillos, uno por uno.
-No me tortures por favor-le dijo Shaoran con voz ahogada mientras seguía acariciando su mano-si piensas dejarme no lo hagas…
-Yo tengo que…
Pero el llanto de uno de sus alumnos la hizo girar sobre sus talones para ir corriendo hasta donde estaban ellos. Una de las niñas lloraba de manera incontrolable y Nicolás trataba de tranquilizarla.
-¿Qué ha pasado?-preguntó nerviosa al llegar, se arrodilló frente a la niña y con mimos secó sus lágrimas.
-Se ha asustado maestra-respondió Nicolás.
-¿Por qué?-quiso saber.
-Es que….él-decía gimoteando, sus ojos estaban rojos por el llanto-me contó cosas feas.
-¿Cómo es eso?-su mirada reprobatoria examinó a Nicolás, quien apenado bajó la mirada.
-Es algo que todos dicen-trató de explicarse-sobre el fantasma-terminó diciendo en un susurro.
La niña se estremeció al escuchar esa palabra, Sakura la abrazó consolándola, ya todos los niños se había agrumados alrededor de ellos, queriendo saber que sucedía.
-Por favor Nicolás, no existen los fan…-pero se calló antes de terminar la palabra.
-El de la torre sí-defendió su historia, siempre la contaba a sus amigos.-Dicen que es una niña no más grande que nosotros, vive en la torre-dijo señalando con su dedo hacía el orfanato y la torre que se erguía en este. Realmente se veía tétrico desde aquella distancia, podría decirse que los dos ventanales que tenía parecían ojos que la observaban, y el pelo se le puso de punta al comprobar que una sombra se movía en el interior de ella.
Debía ser la imaginación jugándole una broma, además los fantasmas no existían, hay que temerle a los vivos y no a los muertos, además podría ser cualquiera que estuviera allá arriba.
-Deja de estar contándole esas cosas a la niña-apenas había comenzado a calmarse-no les gusta ese tipo de historia. Muy bien, ahora vayan todos adentro-les decía, algunos se desanimaron pues se estaban divirtiendo bastante-nos falta dar una lección, vayan…
Los niños se dirigían nuevamente al salón y Sakura buscó con la mirada a Shaoran, pero este había desaparecido, no se había dado cuenta cuando tomó su caballo y se marchó. Un peso se depositó en sus hombros, debía de buscar la manera de hablar con él y confesarle todo.
***********
¿Qué demonios le pasa? ¿Acaso es una charada en contra de él? ¿Se estaba vengando de alguna u otra forma por todas las situaciones en las que el la involucró? No, ella no era así, era un alma limpia, solo a él se le ocurriría pensar así porque su conciencia es un poso oscuro sin fondo. Y aún así, sabía bien que ella no estaba jugando limpio, ¿por qué le miraba así? Además, ella quería decirle algo, en sus ojos pudo darse cuenta, pero ¿qué sería? Si nuevamente le afirmaría que sería monja, y que nada entre ellos puede ser, no sabría que sería capaz de hacer.
-Estás jugando con fuego gatita-dijo para sí mismo-y quién juega con fuego…se puede quemar-y un brillo en sus ojos ámbares se asomaron, ella no tendría escapatoria.
Agitó las riendas de su caballo y el fuerte viento dio contra su rostro mientras avanzaba a gran velocidad hacía su casa. Allí podría estar un poco más sereno, pero solo un poco.
Estaba dispuesto a enfrentarla, de exigirle la verdad acerca de sus sentimientos, porque si ella le confesara que dentro de su ser hay algún sentimiento, el más mínimo que fuera, él pelearía por ella, aunque tuviera que enfrentarse a Dios mismo. No estaba dispuesto a perderla, y menos si ella confesaba que lo quería. Porque esta seguro que sus ojos dicen lo que su boca niega, ella lo deseaba, lo sabía por su manera de mirarlo, y de cómo ella había respondido tan ardientemente a aquel beso en el carruaje que aún seguía dando vueltas en su cabeza.
Había pasado una mala noche tratando de encontrar alguna lógica razón del porque Sakura había actuado así cuando se encontraron en el claro. Al menos debía tenerla, pues torturarlo no era una de sus opciones, eso pensaba él. Por esta razón antes del atardecer se había vuelto a acercar al orfanato, y desde lo alto de una colina, aún montado en su caballo la observó mientras jugaba con los niños, corría de un lugar a otro, como si el objetivo fuera atraparla y ella intentara escapar de ellos, aunque siempre se dejaba alcanzar. Era divino observarla desde allí, tan natural, parecía como si ella fuera parte de todo lo que la rodeara, y su sonrisa iluminaba todo el lugar. No podía escuchar su risa, pero se la imaginaba dulce y risueña, quería tenerla así para él, ser causante de sus risas, la razón de su existencia, sería tan perfecto levantarse cada mañana y ver esos ojos verdes capaces de embrujarlo y de hacer de él lo que le plazca.
Uno de los niños se aproximó hasta donde estaba él, y lo miró con suma curiosidad como si tratara de recordar algo.
-Usted es el hombre que estaba con la maestra ayer-comentó acortando un poco más la distancia, tenía ganas de acariciar el caballo, pero no sabía si sería prudente.
-¿Tienes nombre pequeño?-preguntó Shaoran.
-No soy pequeño, tengo doce años ya...y si, me llamo Nicolás-respondió con voz altiva, no le gustaba cuando lo llamaban así, él se consideraba un hombre capaz de luchar.
Shaoran rió ante su respuesta, y más porque se había colocado ambas manos en las caderas y lo miraba con el mentón erguido como si estuviera fastidiado por el apelativo que había recibido.
-Muy bien Nicolás, ¿te gustaría pasear en el caballo?-el niño abrió los ojos por completo entusiasmado por esa idea.
-¿De verdad puedo? ¿No me estará engañando para conseguir algo con la maestra?-a Shaoran le impresionó su rápida deducción, y lo atrevido que era el pequeño.
-Creo que ya sabes lo que ambos queremos-le dijo con una pícara sonrisa.
Bajó del caballo y tomó al niño por los brazos para subirlo, él estaba encantado, y comenzó agitar los brazos para llamar la atención de los demás niños y así mirasen que estaba haciendo él. Shaoran guiaba al animal por las riendas y lo dirigía a donde estaban los demás y cierta esmeralda que lo observaba con los brazos cruzados mientras su pie golpeaba el suelo agitadamente. Los niños rodearon a Shaoran y a Nicolás, y algunos le pedían si podían subir también, él los complacía para así poder permanecer más tiempo, además Sakura estaba concentrada en él.
-Muy bien niños, hora de entrar-les dijo a todos, mientras ellos desalentados le pedían si podían quedarse más tiempo.
-Vamos maestra, por favor-le pedía uno de ellos con ojos de borregos.
-Lo siento niños, pero ya deben prepararse para la cena, así que adentro-ninguno de ellos querían entrar y sin embargo siguieron las órdenes de su maestra.-veo que te llevas bien con los niños-comentó cuando todos hubieron entrado.
-Si, estoy acostumbrados a ellos, por mis sobrinos-respondió al acercarse-¿quieres dar un paseo?-sentía las ganas de llevársela de allí.
Sakura mordió su labio inferior como si meditara su sugerencia, por un momento creyó que se negaría.
-¿A dónde?-sabía que quizás no estaría bien estar sola con él, pero era el único momento que tendrían para decirle la verdad.
Shaoran se subió al caballo con un movimiento ágil y preciso, extendió la mano para que Sakura la tomara y subiera con él. Ella se acomodó delante de él, con las piernas hacía un lado. Los brazos de Shaoran cruzaban su cintura para poder sujetar las riendas.
-Será una sorpresa-le dijo al oído, dejando un rastro de su aliento en su piel, lo cual hizo que se estremeciera.
Era increíble esa sensación de libertad que corría por todo su cuerpo mientras estaba así con Shaoran, nunca pensó que sería tan atrevida como para estar haciendo lo que hacía ahora. Pero no podía estar mal, pues ella se sentía de maravilla. Recostó su espalda sobre su pecho, y el la abrazó por la cintura con su brazo izquierdo, atrayéndola más hacía él. Y ella cerró sus ojos, disfrutando de cada instante.
Se internaron en el bosque, Sakura no tenía idea a dónde la podría estar llevando, y miró hacía arriba, y algunas nubes grises opacaban el cielo. Siguieron andando, hasta que Sakura pudo escuchar lo que creía que era un arroyo. Y efectivamente era eso.
Un pequeño arroyo en lo profundo del bosque. El agua cristalina caía a través de unas rocas, lo sorprendente era que donde estaban solo había grama de un verde esplendoroso y los árboles parecían como si formaran una cerca alrededor de este. Se escuchaba el canto de las aves, y el paso de algunos animales.
-Ya llegamos-le dijo al sacarla de su ensoñación.
-Es un lugar hermoso-comentó al aceptar los brazos de este para bajar del caballo, y la cercanía que hubo entre ambos fue tan íntima que sus labios se rozaron esporádicamente. No se podría decir quien de los dos tuvo esa intención.
Shaoran tragó en seco para intentar mantener su auto control.
-Es mi pedazo de paraíso-dijo Shaoran mostrándole el lugar-lo descubrí por casualidad cuando me perdí un día, estaba pequeño, mis padres habían preparado un día de campo, y mientras exploraba la zona me perdí.-Sakura lo escuchaba atentamente, como si ya lo demás no importara, y él fuera lo más maravilloso que pudiera ver-entonces mientras divagaba lo encontré, permanecí aquí algunas horas hasta que mis padres dieron conmigo, pero lo increíble es que aquí nunca estuve asustado, todo lo contrario, entonces lo bautice como mío y me aseguré de hacer una especie de camino para así poder regresar.
-Es perfecto-comentó la esmeralda, no obstante no sabía bien si se refería a él o a su pedazo de paraíso.
-Quería enseñártelo, que conocieras un poco más de mí-acarició su mejilla con el pulgar y fue imposible evitar tocar sus labios.
-¿Por qué?-exigió saber Sakura-¿por qué quieres que conozca más de ti?-debía asegurarse primero de lo que él sentía antes de confesárselo.
-Quisiera tenerte así siempre, cerca de mí-la atrajo a su cuerpo, y Sakura colocó sus manos en su fornido pecho, y fue increíble percibir el latido de su corazón contra su palma.-y a pesar de todo, se que una barrera nos separa, pero yo estoy dispuesto a destruirla si es preciso-colocó un mechón de su castaño cabello detrás de su oreja y antes de soltarlo jugó con la punta de este.
Deseaba creer en cada una de sus palabras, y que dijera que la amaba para así ella sentir la confianza de decirle que ya era libre, que podían estar juntos y que nada los separaba. Y sin embargo, sentía que el tiempo corría y que en cada segundo los alejaba. Pero debía ser cuidadosa, y asegurarse de no ser una más para él.
-Shaoran…yo-empezó a decir, y su corazón se aceleró a una velocidad increíble-deberías saber algo…
-No me hagas esto, se que he cometido mis errores, pero no merezco esta agonía por ti…-tomó entre sus manos su pequeño rostro y se inclinó, sus frentes pegadas, sus alientos se entremezclaban-si me deseas y me amas, dímelo…pero no juegues así conmigo, podrías quemarte-dijo esto último con una sonrisa picarona y traviesa.
Sakura solo quería engancharse a su cuello, abrazarlo y decirle que lo amaba, y estaba dispuesta a hacerlo.
-Es importante lo que debo decirte-Shaoran sintió frío cuando Sakura se separó de él, y la vio caminar hasta la orilla del arroyo. Eso no le gustaba.-quiero que sepas la razón por la cual baje del carruaje aquel día, sin decirte nada-no le gustó como había empezando, fuera lo que fuera a decirle, no sería a su beneficio, pero la secuestraría si fuera necesario, la haría cambiar de opinión-desde pequeña sabía como sería mi vida, y nunca llegue a pensar que podría ser diferente, entonces tu apareciste alborotando todo-cierta culpa lo invadió, estaban a cierta distancia, ella le daba la espalda, y un nerviosismo se hizo dueña de ella-no conozco nada más que esta vida, y de cierto modo se que me estoy arriesgando-giró sobre sus talones y ahora estaban de frente, Shaoran juraría que quería llorar, ¿por qué solo era el causante de su dolor?-le escribe a la madre superiora-ahora Sakura se acercaba a cortos pasos a Shaoran, él simplemente no se movía de donde estaba-y en esa carta renuncié a mis hábitos.
Eso lo había dejado paralizado de sorpresa, significaba entonces que no era….
-¿Significa algo para ti eso Shaoran, que haya rechazado los hábitos?-por Dios necesitaba una respuesta suya, algo que le confirmara que estaba haciendo lo correcto al confesarle eso.
-Sí….que ahora puedo hacer esto…
Fue casi corriendo hasta donde ella, y sin previo aviso aprisionó su boca con la suya, con tal urgencia como si necesitara de ese beso tanto como el aire para respirar. Sakura entrelazó sus brazos en su cuello, pues sus piernas flaquearon ante el contacto de su boca y creyó que caería allí mismo. No era un beso que solo mostrara el deseo que sentían ambos, sino algo más, había una ternura detrás de todo eso.
No podía describir lo que sentía, era una sensación tan plena y maravillosa, saber que no había nada que lo separa de ella era sencillamente inverosímil. Quería darle tanto, demostrarle que la amaba y la deseaba, que su cuerpo ha estado preso desde que la conoció, que ella estaba presente en la mayoría de sus sueños.
Sakura lanzó un gemido al sentirse tan acalorada por aquel beso y el aprovechó para introducir su lengua en ella, y saborear todo su ser, era increíble como su cuerpo reaccionaba ante su contacto. Sus lenguas se encontraron en una lucha de poder, ambos querían sentirse, y ella misma se sorprendió al morder el labio inferior de Shaoran, y este gruñó, pensó que le había hecho daño y lo miró y se sintió abrumada al comprobar que los ojos de Shaoran estaban oscuros por una pasión incontrolable. El sonrió, y con la punta de su lengua acarició los labios de ella.
-Ahora soy libre para hacer esto-y mordió el lóbulo de su oreja para luego depositar dulces besos hasta llegar a su cuello donde sintió como palpitaba su vena y chupó deliciosamente esa zona.
Sakura gimió por las sensaciones que corrían por su cuerpo.
-Si ya hacías eso aún cuando era novicia, ¿qué no harías ahora?-comentó con voz sensual, nunca creyó que podría ser así.
-No me tientes mujer-y ella río, y el pensó que al fin era el causante de sus risas.
Un rayo de luz iluminó el bosque, seguido de un fuerte trueno, Sakura se estremeció, miró hacía el cielo y la lluvia comenzó a empapar su rostro.
-Vamos-le dijo Shaoran al tomarla de la mano, él subió primero al caballo y luego ella, pero esta vez ella estaba detrás de él con las piernas hacía un lado, se sujetó con fuerza a su cintura para no caerse, ya que Shaoran iba de prisa, pues la lluvia empeoraba en cada segundo, y los relámpagos se escuchaban cada vez más cerca, al parecer era una tormenta.
-¿A dónde me llevas?-gritó Sakura mientras las gotas de lluvia empapaban su rostro, y trató de hacerse escuchar después de un nuevo relámpago. Sakura desconocía a donde se dirigían, no le era familiar el lugar.
-A mi casa-respondió Shaoran al agitar las riendas del caballo, y el pulso de la esmeralda se aceleró.
-¿Qué? No, mejor al orfanato.
-Estamos lejos de allá Sakura, y la tormenta empeorara es mejor que te lleve a casa-dijo con voz decidida, no valía nada discutir con él en ese momento.
Al llegar se desmontaron apresuradamente, Shaoran dejó al caballo con uno de sus criados para que lo llevaran a la caballeriza, él y Sakura entraron a la casa dejando huellas de agua detrás de ellos.
Sakura temblaba de frío, sus labios estaban casi morados, y el vestido ahora le resultaba mucho más pesado. Otro de sus criados fue hasta donde ellos de inmediato con algunas toallas para secarse y mandó a incendiar la chimenea del salón y así pudieran mantenerse calientes. Cuando estuvieron cerca del fuego Shaoran comenzó a secar el rostro de ella cuidadosamente, quitando algunos mechones que estaban pegados a su rostro, y sonrió al ver como una pequeña gota había quedado suspendida en una de las pestañas de ella.
-Será mejor que te cambies-le sugirió Shaoran-no quiero que te enfermes.
-¿Qué?-preguntó confundida, a decir verdad, estaba completamente perdida en él, ver todo su cuerpo mojado, como la camisa se pegaba a su pecho dándole rienda suelta a la imaginación, parecía como si los botones fueran a salir volando por todo el lugar, sus hombros anchos, como ansiaba ser abrazada por él. Entonces comprendió a lo que él se refería y no le pareció muy buena idea-no…no creo que deba, sería imprudente.
-Imprudente sería que te dejara así y que te diera algún resfriado-se acercó y tomó su rostro entre sus manos-no quiero que te pase nada malo, y menos por mí culpa-confesó, y decidió darle un poco de calor a sus fríos labios arropándolos con los suyos.
Pero su beso fue interrumpido al escuchar un carraspeo detrás de ellos.
-Señor…¿necesita algo?-era el mismo que los había recibido en la puerta.
-A decir verdad, si, llévela al cuarto de huésped y consígale alguna bata o vestido, mientras el de ella se seca-pidió Shaoran y empujó suavemente hacía adelante a Sakura para que esta siguiera al mayordomo.-una cosa más-pidió antes de que cerrara la puerta-mande a preparar un poco de café para la dama y para mi.
Hizo una leve reverencia y se dispuso a marcharse.
Desde que había llegado un nerviosismo incontrolable se hacía dueño de su cuerpo, pensar que estaba sola con Shaoran en esa casa la mortificaba, bueno, quizás no estaba sola, pero la presencia de él bastaba para olvidar a cualquier otra persona y no pensar con claridad, y debía hacerlo, que estuviera allí simplemente significaba que el se preocupaba por ella, y por eso no había ido hasta al orfanato pues la tormenta era tan terrible que aún las ráfagas de viento golpeaban con furia los ventanales y los relámpagos iluminaban la estancia.
Con todo eso no había podido apreciar la elegancia de la casa, y la magnitud de esta, podría decirse que era más grande que la propia propiedad de sus padres. El mayordomo la guió por unas escaleras, para seguir a un amplio pasillo, había varias puertas, llegaron a una de ellas y Sakura entró a la habitación. Era bastante acogedora y agradable, una cama ancha estaba en el mismo centro de esta, la luz penetró en ella cuando el mayordomo encendió una lámpara y la colocó en la mesita de noche. Había un libro encima de esta y un armario de caoba, más un tocador con un espejo.
-Aquí tiene señorita-le dijo al extenderle una bata blanca-espero que se sienta cómoda con esto, no creí que sería correcta prestarle algún vestido de una criada, mi Lady.
Sakura tomó la bata, y no supo por qué comenzó a preguntarse si esto le pertenecía a alguna mujer con la que Shaoran se había relacionado, le repugnaba pensar en esa idea.
-Es de una de las hermana del señor-anunció el mayordomo como si estuviera leyéndole el pensamiento, y aunque sabía que era imposible no pudo evitar ruborizarse por esto.-a veces cuando vienen de visita dejan una y que otra prenda.
-Gracias-se sentía tan extraña, nada de esto debería estar pasando.
Al retirarse Sakura dejó escapar un suspiro, pero no sabía si era de alivio o de angustia, todavía tenía duda en cambiarse, pero cuando comenzó a estornudar creyó que sería lo mejor, lo peor de esto es que terminara enferma. El vestido cayó sobre sus pies pesadamente dejando el suelo empapado. Únicamente llevaba puesto la camisola y la enagua, que estaban igualmente mojados. Y su piel se estremeció al sentir el viento contra su cuello, pero se había dado cuenta que las ventanas estaban cerradas, entonces se dio la vuelta y su mirada quedo congelada hacía la puerta.
Ahí estaba Shaoran con una bandeja donde tenía unas tazas. La vergüenza la cubrió por completo, estaba prácticamente desnuda frente a él, pues la camisola se ajustaba a sus pechos y dejaba entre ver su piel, ya que se había vuelto transparente al estar mojada. Corrió hacía la cama para tomar la bata y cubrirse con ella.
Verla así frente a él, era una de las sensaciones más eróticas que había experimentado es su vida, a pesar de toda la experiencia de la cual gozaba, incluso sentía como su miembro tomaba vida debajo de sus pantalones. Y aún así debía controlarse, tenía que repetirse una y otra vez que Sakura no era como las otras, no había forma de compararla, ella era única y especial, y eso es lo que él adoraba de ella. Cuando tomó deprisa la bata para cubrirse fue un acto que le había parecido tan inocente. Era necesario que pensara con la cabeza y no con otra cosa.
Pero era tan tentador tenerla así, deseaba tocar cada línea de su piel, hacerla temblar con su aliento caliente, hacerla suya completamente, y con solo pensarlo miles de pensamientos batallaban en su mente y en algo más. Dejó la bandeja sobre el tocador y se encaminó lentamente hacía ella. Sakura permaneció inmóvil escuchando su propio corazón latiendo con ímpetu contra su piel. En su cabeza una voz gritaba que corriera, que no debía de estar ahí, y sin embargo, solo pudo ver como se acercaba y la tomaba por los brazos. Sus manos calientes hicieron un choque eléctrico al tocar su fría piel.
Él le quito la bata con la cual intentaba de manera inútil cubrirse con ella. Sakura bajo el rostro avergonzada y el tomó su mentón con la punta de su pulgar para hacer que lo mirase. Sus ojos verdes se encontraban llenos de dudas, se inclinó y besó con ternura cada uno de sus párpados, ella se estremeció con el contacto de su boca, y esta fue descendiendo, besó sus mejillas, la comisura de sus labios, bajó a su cuello y succionó de él como si fuese un vampiro, haciendo que miles de sensaciones llegara hasta más debajo de su vientre.
-Shaoran…-intentó decir algo, pero ni ella misma sabía qué, su mente estaba en blanco, y Shaoran jugaba con ella como un tierno diablo, incendiando cada parte de su ser sin darle lo que ella realmente quería, su boca.
-Solo deja me amarte-dijo con voz grave, al mirarla a los ojos, y un placer inmenso lo invadió cuando Sakura entrecruzó sus brazos alrededor de su cuello y le dio la bienvenida a su boca, la cual estaba ansiosa de él.
Sus manos caminaba por su espalda por de bajo de la camisola, dibujando con la punta de sus dedos toda la línea de su espina dorsal, haciendo que esta se estremeciera, pues el frío de su piel era un polo opuesto con la llama ardiente que crecía dentro de ella. Shaoran la besaba con una urgencia inexplicable como si de ello dependiera su vida, recibió su lengua con goce, saboreando su dulzura, ese sabor que solo es característico de ella, sus lenguas se ansiaban con impaciencia, y él la dominaba llevándola a lugares que sólo pueden existir en sus fantasías. Poco a poco iba levantándole la camisola y un gruñido salió de su boca cuando tuvo que interrumpir su beso para sacársela, y la arrojó lejos de su alcance. Sus ojos ámbares se maravillaron al deleitarse con la forma perfecta de sus pechos, inmediatamente tomó uno de ellos en su mano y con la otra atrajo a Sakura contra su cuerpo, lo acarició con ternura mientras aumentaba la presión en cada segundo, sintió como el pezón se endureció en la palma de su mano. Sakura entreabrió los labios dejando escapar un gemido.
Ella no sabía que hacer, y quería tanto experimentar junto a él, pero él hacía que cada sensación explotara en su mente dejándola únicamente sentir, pero quería tocar, descubrir y maravillarse con aquel cuerpo, con aquel hombre, al cual amaba. Torpemente comenzó a desabotonar su camisa, haciendo que este sonriera con su clásica picardía.
-Tranquila cariño, ¿quieres tenerme?-le preguntó al morder el lóbulo de su oreja, ella suspiró y tan solo respondió con un movimiento de cabeza.-entonces tómame.
Él se apartó un poco de ella, para que Sakura pudiera hacer lo que quisiera con él, y eso lo excitó de forma considerable. Esta vez con confianza, acarició con su mano su fuerte mentón y esta empezó a descender hasta encontrar el primer botón. Con increíble parsimonia uno por uno fue abriéndose, y cada vez que encontraba su piel bronceada con sus labios iba acariciándolo, humedeciendo su piel con su lengua, se sentía como una niña curiosa, y le gustaba lo que descubría. Se deshizo de la camisa, y con sus manos tocó sus hombros, sus fuertes brazos, y su ancho pecho subía y bajaba, y se había dado cuenta que él permanecía con los ojos cerrados.
Vio el bulto entre sus pantalones y quiso sentirlo, y lo aprisionó contra su mano acariciando su zona, y fue increíble como este tomaba vida debajo de su mano.
-Basta-dijo con un gruñido, tomándola por sorpresa en sus brazos y llevándola hasta la cama-quiero que sientas….
La depositó con suavidad sobre el colchón, y con una terrible delicadeza deslizó la enagua hasta sus piernas, hasta sacarla totalmente, ahí estaba ella, solo en bragas. Se colocó encima de ella, tratando de no dejar caer todo su peso sobre ella, y tomó su boca reclamando posesión. Y esta vez la llenó de pasión y calor. Sakura subió sus piernas hasta abrazar la cintura de él, y una llama caminó desde su punto rosa hasta sus pezones, al sentir su miembro contra su intimidad.
Shaoran dejó de besarla para aprisionar contra su boca uno de sus pezones, le brindó toda su atención, los lamió y succionó mientras con su otra mano acariciaba el otro. Perdida en sus emociones Sakura entrelazó sus dedos en los cabellos de él.
-Ohh…-solo aquel gemido se escapaba de su garganta.
Y no entendió que pasaba cuando él descendió por su vientre mojándola con su lengua feroz, y luego su aliento caliente dio contra su piel. Siguió bajando hasta llegar a su muslo, el cual mordisqueó y lamió. Sus ojos se abrieron cuando retiró sus bragas dejando expuesta su debilidad.
Shaoran se puso de pie para observar su cuerpo, y su boca se hizo agua al comprobar cuan hermosa era en cada fibra de su ser. Era una delicia mirarla de esa forma, y más cuando los ojos de ella mostraban su ansia de tenerlo, él no era el único que experimentaba esa emoción y era gratificante saberlo.
-Por Dios mujer, eres hermosa-le dijo, y antes de subir a la cama se deshizo de su pantalón de lino y de cualquier otra cosa que le impidiera disfrutar de ella.
Sakura se sorprendió al mirar tal magnitud entre las piernas de él, su falo se erguía hacía delante, y quiso tocarlo, aunque al mismo tiempo sintió un poco de miedo, al no saber exactamente que iba a suceder en aquel momento.
Él se colocó a su lado en la cama, y con un suave movimiento la atrajo hacía él, mordisqueó sus labios que ahora estaban hinchados y rosados, y siguió acariciando sus pechos, jugando con sus pezones, y luego con la punta de la lengua los acarició. Sus dedos bajaron hasta encontrar su humedad, y fue tan delicioso sentirla entre sus dedos. Hizo movimientos circulares en su debilidad, y Sakura arqueó la espalda, y hundió sus uñas en la espalda de él.
El calor recorría sus muslos, y ella siguió el movimiento de sus dedos, al comprobar el placer que esto le provocaba.
-Eres perfecta-le escuchó decir en un susurro en su oído.
Sus labios descendieron nuevamente, dejando como huella tantos besos por todo su cuerpo. Y cuando él abrió con sus manos las piernas de ella y hundió su rostro bajo su ser se quedó pasmada.
-¿Qué haces…?-solo pudo llegar a preguntar, porque al sentir la invasión de su lengua dentro de su ser, creyó que moriría allí mismo, pues su cuerpo se calentó y su corazón latía deprisa, cría que saldría disparado de su pecho. Aferró sus manos en la sabana, apretándola con fuerza, y mil maravillas cruzaron por su mente, llevándola a un punto lejano en el universo.
Era increíble su sabor, la forma en como su cuerpo se movía al experimentar uno de sus primeros orgasmos, él era el primero que la hacía sentir todo aquello, y eso lo llenó de total orgullo, al pensar que era suya totalmente, solo suya. Su lengua seguía batallando ferozmente contra su clítoris, y la escuchó gemir con cada caricia. Nunca había sentido tanto placer y dicha.
No pudo resistir más, y tomó el rostro de Shaoran entre sus manos e hizo que este ascendiera hasta su boca, y probar su propio sabor fue exquisito. Él le hacía el amor a su boca, mientras ella con sus manos acariciaba la línea de sus hombros, y no pudo resistirse al bajar más y más, y cada vez más hasta que al fin pudo sentir contra su mano su miembro. No sabía que hacer al tenerlo, así que comenzó a experimentar y subía y bajaba la mano sobre el, y al hacerlo Shaoran mordisqueó su labio al percibir tal fogosidad, y él apretó sus manos en el trasero de ella, pegándola más a él. Y ella seguía con aquel juego infernal, y él cerró los ojos apreciando cada movimiento.
-¡Sakura!-dijo casi en un grito, y apartó las manos de ella hasta colocarla por encima de su cabeza, aprisionándola con una sola mano-no me tortures así gatita.
La abrazó y dejó que ella hiciera lo mismo, sus piernas estaban entrelazadas, pero él las separó con la rodilla. Él apoyó su frente contra la de ella, sus cuerpos agitados y sudados se estremecían por el contacto de cada uno. Sus alientos se entremezclaban.
-Quiero que me mires a los ojos-decía Shaoran al acomodarse mejor entre sus piernas, Sakura asintió y besó sus labios al tomar su rostro entre sus manos, para luego abrazar su cuello.
Ella subió ligeramente las piernas y así encontró él un camino perfecto para llegar hasta su ser.
Sakura sintió como su miembro la penetraba suavemente, y él pudo percibir aquella barrera que le impedía hacerla totalmente suya, y tuvo que cruzarla, tratando de ser lo más delicado con ella, para que no sintiera dolor.
Sus ojos se humedecieron, y las lágrimas querían salir, pues un dolor incomodo se posó entre sus piernas, y algunas gotas de sal llegaron hasta la almohada.
-¿Te hice daño?-preguntó con preocupación en sus ojos ambarinos, ella negó, tratando de no preocuparlo, pero el dolor se fue desvaneciendo poco a poco-ahora solo siente-le dijo al besarla con una dulzura increíble mientras se movía deliciosamente dentro suyo.
Y nuevamente las mismas sensaciones invadieron su cuerpo y corazón, lo que estaba pasando en aquel momento no podría ser malo, era feliz, y que Dios la castigase si las miles de emociones que se entremezclaban en su interior fueran un pecado, porque amaba aquel hombre, y simplemente era maravilloso lo que pasaba entre ellos.
Sus movimientos circulares la enloquecían a cada segundo, y subió más las piernas y terminó por entrelazarla en su cintura y comprobó la profundidad que tomó dentro de ella. Sakura no se quedó quieta y supo de inmediato llevar el ritmo junto a él, ella subía y bajaba, y lo sentía cada vez más, y cada envestida era más poderosa que la otra. Ambos encontraban el punto máximo del placer, cegándolos un ardiente deseo, y quemándoles la piel.
Otra y otra envestida más, hasta que sus cuerpos formaron un solo ser, y en sus ardientes bocas se ahogaron sus últimos orgasmos, cuando casi al unísono llegaron al clímax, él derramó su vida dentro de ella. Y ella creyó ver como miles de luces de colores llenaban su ser, y el más profundo sentimiento invadió su corazón. Podría morir, y sería feliz con eso.
Él la miró con una ternura inmensa, y sonrió cuando ella llegó a su punto, y comprobó que ya estaba perdido por completo, amaba aquella mujer. La besó otra vez, y sus ojos verdes se fueron cerrando hasta quedarse dormida en sus brazos, aún antes de que él saliera de ella.
***********
Sakura despertó y buscó con sus manos, aún soñolienta, al hombre que la había hecho mujer y que la había llenado de felicidad. Él estaba recostado contra el espaldar y la abrazaba. Ella había dormido contra su pecho. Shaoran jugaba con uno de sus mechones y le sonreía al recordar todo lo que había pasado, y fue inevitable que ella no se sonrojara, muchas cosas tardaban en cambiar, pero a él le gustaba que ella fuera así.
-Hablas dormida, gatita-le dijo entre risitas, tratando de burlarse de ella.
-Es mentira-se defendió avergonzada.
-No te preocupes-decía al darle un beso en la punta de la nariz-me agrada lo que escuche.
-Te estas mofando de mí-Sakura cruzó sus brazos por encima de sus pechos como acto de molestia.
La sabana los cubría a los dos solo hasta las caderas, así que él podía apreciar sus voluminosos y apetitosos pechos, y otra vez su miembro iba despertando.
-¿No quieres saber que dijiste?-ella lo negó con un furtivo movimiento de la cabeza, él río en carcajadas antes de seguir-decías que me amabas…
La sangre llegó hasta sus mejillas y hundió su rostro en el cuello de él.
-No podría ser justo-él la miró extrañado-que conozcas mis sentimientos, antes que yo los tuyos.
-Ya te lo he demostrado-acarició su espalda desnuda, ella seguía abrazada a él.
-Dímelo-le pidió al besar su cuello.
Él sonrió al sentir sus labios, y fue inesperado cuando ella se colocó a horcajadas encima de él.
-Te amo-le confesó Sakura, le había abierto su corazón, dejando expuesto sus sentimientos, ahora solo esperaba que él respondiera lo mismo, lo ansiaba así.
Shaoran la tomó por detrás de su cuello y atrajo su rostro al de él, y la besó, mordisqueando con suavidad sus labios.
-¿No es suficiente?-le dijo al dejarla de besar.
Sakura estaba perpleja ante su respuesta, ¿qué le pasaba? ¿Acaso ahora todo cambiaba ahora que él había conseguido lo que quería?
-Sabes…-decía Shaoran para llamar su atención. Con la punta de su pulgar acariciaba su mejilla-ahora con lo que ha pasado debemos casarnos.
Sakura lo miró a los ojos intrigada.
-¿Debemos?-preguntó dudosa.
-Por su puesto, es mi deber responder por ti y….
Su cuerpo ardía, pero esta vez de furia, se levantó apresurada de la cama, y comenzó a pasear por la habitación.
-¿Es un deber?-gritó enojada, Shaoran no entendía que sucedía.
-Sakura yo…-pero fue interrumpido otra vez.
-No lo quiero así Shaoran, no te quiero conmigo si crees que es "tu deber" hacerlo-un gruñido escapó de su boca, mientras agitaba sus brazos.
La furia la había hecho olvidar que estaba completamente desnuda, pero ya no era momento de sentirse avergonzada cuando él ya había descubierto todo su cuerpo.
-Quiero que lo hagas porque me ames, y no porque es lo que tenga que hacer un Lord con una dama-le gritó.
-Tranquila, o harás un hoyo en el suelo-le dijo aún sonriendo.
-Uhhy…-quería gritarle, estaba completamente enfurecida, si él no era capaz de decirle que la amaba, que deseaba casarse y no que "debía" hacerlo, se iría ahora mismo.
Comenzó a recoger sus cosas que estaban esparcidas por la habitación, se colocó la camisola y la enagua, y su ropa íntima.
-¿Qué haces?-le preguntó Shaoran con toda tranquilidad al sentarse en la orilla de la cama completamente desnudo.
Su imagen la perturbó, y trató de no mirarlo para seguir con lo que estaba haciendo.
-Vistiéndome, ¿no se nota?-respondió con sarcasmo-¿dónde esta mi vestido?-quiso saber.
-Sakura, espera…
-¿Dónde?-gritó, y no sería de extrañar que alguno de sus criados se despertara.
-En el salón, junto a la chimenea-estaba resignado.
-Bien-tomó la bata que en un principió le habían llevado, y se cubrió con ella. Para sorpresa de él, salió de la habitación.
Shaoran se puso el pantalón apresurado y salió detrás de ella. Apenas estaba amaneciendo así que entraba algo de claridad por las ventanas. La encontró en el salón subiéndose el cierre del vestido.
-Me voy, y cuando tengas una respuesta sincera para mí, búscame, sino….-no quiso terminar la frase, y salió del salón.
Abrió la puerta, quitándole los seguros a la misma, y sin mirar atrás corrió, queriendo alejarse lo más rápido posible.
-¡Maldición!-gritó al golpear la puerta con un puño-demonios, Sakura regresa-volvió a gritar en vano, porque ella siguió corriendo sin ni siquiera decir nada más.
Decidió que la dejaría ir, regresaría por ella en la noche, para sacarla de forma permanente de aquel lugar, y así regresar con ella, para pedir su mano formalmente, era lo que quería decir, pero al parecer había utilizado las palabras equivocadas.
Era imposible creer en lo que le estaba pasado, ¿cómo las cosas podían cambiar en menos de un abrir y cerrar de ojos? Y todo por el bruto de Shaoran, ¿le era tan difícil confesarle sus sentimientos hacía ella? Ahora se sentía como una imbécil.
Ya estaba frente a la entrada del orfanato cuando se dio cuenta que había llegado. Aún debían de estar durmiendo, pues el sol aún no salí en su plenitud, y se podía observar la luna en el cielo.
Decidió entrar por la puerta de la cocina, pues la llave de esta la ocultaban en una maseta que había en el patio. Fue en busca de la llave y cuando la tuvo, abrió la puerta. Se encontró extraño ver claridad dentro de la cocina. Caminó en puntillas, evitando de hacer algún ruido que la delatara. Cuando creyó que todo estaba bien, alguien la esperaba en el comedor.
-Madre Superiora-dijo sorprendida, y asustada al ser descubierta por la persona que menos esperaba.
-¿Estas son horas de llegar?-preguntó inquisitivamente-a menos que me diga que esta haciendo penitencia, algo que dudo igual, lo digo por la facha que trae.
La Hermana Sol María la observó de pies a cabeza, y se imaginó lo mal que se veía por la expresión de su rostro. Su vestido arrugado, el pelo enmarañado y húmedo aún por la lluvia, y hasta quizás con alguna marca de lo de anoche….y eso la asustó aún más.
-Me disculpe hermana-dijo al bajar la mirada-pero creo que lo mejor será retirarme, con su permiso-hizo una leve reverencia, y cuando estaba dispuesta a salir, dos sujetos le impidieron el paso.-Edward, Steve, ¿Qué hacen acá?
-Llévenla-ordenó la Madre Superiora, agitando su mano derecha.
-¿Cómo?-no pudo hacer nada cuando ambos hombres la sujetaron por los brazos, ella intentó zafarse, y ellos incrementaron la presión sobre sus brazos.
-Lo siento hermana-decía Edward-pero la Madre Superiora nos ha dicho que anda en malos pasos, que debe pedir perdón para ser reubicada ante Dios.
-No…por favor, suéltenme-pidió por clemencia, pero su boca no pudo decir más al ser amordazada.
Los hombres la llevaron escaleras arriba sujetándola por los brazos, mientras la hermana Sol María caminaba delante de ellos. Llegaron hasta una puerta, y supo que estaban en la torre. No quiso entrar, y pataleó y trató de zafarse nuevamente, pero fue inevitable.
-Atenla-se escuchó la voz de ella al lanzar unas cuerdas al suelo.
-Pero… ¿hasta ese punto hermana?-preguntó Steve, no quería hacerle daño a la hermana Sakura, no cuando ella ha sido tan buena con él.
-Es necesario, su pecado ha sido muy grande, y debe ser inflingida por ello-sus ojos fueron invadidos por una oscuridad inexplicable.
Los hombres obedecieron atándole las manos a su espalda, y luego ataron sus tobillos.
-Pueden marcharos-estos aún dudaron cuando estaban en el umbral de la puerta, pero no hicieron nada, y salieron.
La Madre Superiora cerró la puerta tras de sí. Sakura estaba aterrada, no sabía lo que le esperaba.
-Así que has decidido no ser monja-decía mientras caminaba alrededor de ella-fue por ese hombre, ¿cierto?-exigió saber al colocarse frente a ella. Sakura permanecía inmóvil en el suelo.
La sangre había dejado de circularle, por lo fuerte que estaban atadas las cuerdas, y sus manos se entumecían.
-Fue por aquel hombre, el que le comentaste a la Hermana Teresa en tus cartas-tomó el mentón de ella con fuerza, y la agitó para que respondiese.
Las lágrimas humedecían su rostro, y le suplicaba a Dios para que la ayudase.
-¿Estabas con él?-entonces sus ojos verdes se abrieron como platos-pecadora-gritó señalándola con el índice.-eres una pecadora, y debes pagar por tus pecados.
Fue hasta la esquina y tomó un cubo de agua que había en aquel lugar, y el agua helada dio contra la piel de Sakura. Sintió que se ahogaba mientras el agua corría por su rostro.
-Dime una cosa, ¿sigues siendo virgen?
Trató de decir algo, pero era imposible que pudiera articular alguna palabra, fuera de súplica o de ayuda. Y el temor la invadió cuando la hermana se abalanzaba sobre ella e intentaba abrir sus piernas. Al parecer quería comprobar si aún era pura o no.
Horrorizada Sakura intentó moverse hacía atrás, pero era muy poco lo que avanzaba, ya que al tener los tobillos atados le resultaba muy incómodo. Esta vez sujetó sus rodillas y las separó con tal fuerza que le causó un gran dolor en la articulación de su cadera. Un gritó que nunca se escucharía salió de su garganta. Esta vez Sakura la empujó con los pies, haciendo que esta cayera contra una pared.
De inmediato Sakura se colocó boca abajó, para impedir que ella volviera intentar a inspeccionarla. No sabía que iba hacer, estaba pérdida.
"Ayúdame Dios mío" Rogó a los cielos.
-No te preocupes, ahora pagarás por lo que has hecho, y no dejaré que tú ensucies el buen nombre de mi congregación, solo por el deseo de la carne-en la posición que estaba Sakura no sabía que estaba haciendo.-de rodillas-gritó.
No obstante, Sakura no podía moverse.
-De rodillas te dije-se acercó y la incorporó haciendo que ésta se pusiera de rodillas, y también hizo que bajara la cabeza casi hasta el suelo.
Entonces un gemido se le escapó al sentir como le rasgaban el vestido por la espalda. Y el primer latigazo dio contra su piel mojada, y Sakura la sintió quemar.
-Dios, perdona los pecados de esta mujer-decía y el segundo latigazo fue aún más fuerte.
"Basta, basta, basta" gritaba en sus pensamientos. El dolor proporcionado por los latigazos era insoportable.
-Santo Padre, hazla entrar en razón, y que vuelva a ti-decía mientras el décimo latigazo abría su piel, y la sangre corría por su espalda.
Ya no sabía que pasaba, había perdido toda sensación, la voz de la Madre Superiora sonaba como un eco en su cabeza, y el dolor se hacía menos, quizás ya había dejado de sentir…de vivir…
Shaoran….
Fue su último pensamiento antes de caer inconciente.
-Es por tu bien-dijo cuando vio que Sakura se había desmayado.
Su frente se arrugó cuando se percató de las heridas de Sakura, su espalda sangraba, así que no podía saber que tan profundas eran. Sin embargo, se lo merecía, y sabía que después de esto sus pecados serán perdonados.
La desató de manos y pies, para luego quitarla la amordaza, y decidió dejarla allí, mientras ella razonara sobre sus actos.
Cerró la puerta, abandonando a Sakura en el frío suelo, inconsciente, no sabía que pasaría después de esto.
Y el estruendo de la puerta se escuchó en toda la torre, pero Sakura yacía sin suerte alguna, y con una mínima esperanza.
Continuará….
OK, ¡no me maten! Jajaja
Espero de verdad que si, que les haya gustado el capítulo, aunque estoy segura que muchas querrán ahorcarme por como termina. Lo siento, pero esa era la idea que tenía… ¿o se me paso la mano?
Tan solo nos queda esperar el próximo capítulo, y ver que ideas tan perversas se me puedan ocurrir (solo estoy bromeando), trataré de compensarlo….o empeorarlo, quién sabe. No, que va….
Ya en serio, un millón de gracias a todas ustedes, tanto las que me leen y me escriben, como las que solo me leen, y hasta las que no…jajaja (esto es efecto por estar cinco horas sentada frente al computador terminando el capítulo), y por la misma razón no escribo más, pues estoy bastante cansada y además debo estudiar ahora.
Cuídense, nos veremos en la próxima.
GRACIAS OTRA VEZ…
No olviden dejarme sus comentarios, críticas, dudas, o lo que se les ocurra ^^
