Summary: Haru Miura ha vivido hasta ahora con sentimientos que creía puros y verdaderos, empero, con el tiempo su corazón le demostrará que el sujeto de sus pensamientos en realidad no era aquel que estuvo siempre enfrente suyo, sino alguien que se cruzó en el camino y llegó a su vida con un golpe fuerte del destino.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, es una obra maestra de Akira Amano, a mí solo me queda el consuelo de una historia alternativa con las parejas que siempre quise ver en la historia original.
Aclaraciones:
Diálogo: -
Italiano: Buon giorno
Flashback: título en negrita
Cambio de escena: (-) raya divisoria.
ADVERTENCIA:Este capítulo contiene ciertas escenas algo fuertes, así que léanlo con cuidado. Quiero decir que no será como los anteriores capítulos, claro no habrá decapitación o algo así (lastimosamente ¬¬) pero sí se tocarán temas algo fuertes, solo se los advierto por protocolo.
Capítulo VI - El pasado es solo la sombra de la realidad.
- Qué demonios haces aquí- dijo un Mukuro tieso en un hilo de voz.
- Jujum ¿Estás felíz de verme, Mukuro-kun?- el albino se acercó a él con su siempre inmutable sonrisa.
- Byakuran, te pregunté qué demonios haces aquí- para ese momento Rokudo ya había quitado su tridente pegándolo a la barbilla del joven Gesso.
- Jujum, vine a hacerte una visita ¿No puedo? Vamos, baja el arma. Éramos buenos amigos ¿Recuerdas?- preguntó Byakuran acercándose a Mukuro dándole un abrazo.
- Maldita sea, Byakuran ¿Qué demonios haces aquí? Por qué después de tantos años apareces- el peliíndigo se mostraba realmente abatido, los recuerdos que había eliminado estaban volviendo violentamente. Aún así no podía desprenderse del abrazo del albino, del que había sido su mejor amigo.
- Ya todos lo saben, que escapaste de Vendicare. Sospecho que tus padres estaban enterados desde hace un tiempo pero no dijeron nada- Byakuran se alejó del cuerpo del guardián de la niebla para tomarlo del brazo- Nagi-chan realmente quiere verte, verás tus padres le dijeron que moriste poco tiempo después de escapar de Italia hace 2 años, cuando me enteré de que no había sido así fui a decirle, la pobre niña lloraba lágrimas de felicidad.
- Cómo lo supiste, que escapé de Vendicare, no… cómo supiste que terminé ahí- nada cuadraba, sus pensamientos eran un lío, simplemente caminó como un autómata al interior de Kokuyo Land seguido por su ex amigo.
- Yo no sabía, tus padres dijeron que moriste 2 años atrás, pero nunca dijeron cómo ni en dónde moriste, así que investigué y jamás encontré tu cuerpo o algún informe de tu exterminio por parte de la mafia, los enfrenté y en ese momento dijeron que en realidad jamás moriste, que en realidad siempre supieron en dónde estabas y jamás te buscaron, dijeron que viniste a Japón y que formaste un grupo de delincuentes, pero como te habías salido de control dejando en evidencia a la mafia y a la familia Rokudo, te enviaron a Vendicare junto al grupo de personas a quienes protegías como si se trataran de tus propios hijos- Byakuran refería los hechos con su tan característica sonrisa de niño, al llegar al cuarto de Mukuro, se detuvo por un momento para observar el lúgubre lugar y tomar asiento próximo a su amigo cruzándose de piernas- dijeron que efectivamente lograste escapar valiéndote de ilusiones, salvando a todos tus amigos y que vivías en Namimori.
- Sí saben en dónde vivo por qué no vuelven para refundirme de nuevo en esa cárcel de mala muerte, no tiene sentido- Mukuro estaba molesto por lo que estaba escuchando ¿Tanto lo odiaban sus padres?
- No hacen nada porque, mi querido amigo, todo el mundo de la mafia sabe que el antiguo asesino de capos ahora es un guardián Vongola, ahora mismo eres intocable- culminó Byakuran con un suspiro- Hay más, tu madre está muerta, ella y Nagi-chan sufrieron un accidente de autos, tu madre resultó muerta y Nagi-chan estaba aún en el hospital hasta hace unas semanas, recibió el trasplante de tu madre; Nagi sufrió daños en varios órganos internos pero al morir tu madre sus órganos le fueron otorgados- culmina sin turbación alguna a diferencia de Mukuro que estaba a punto de sufrir un colapso mental, su querida hermana menor, Nagi, había sufrido un accidente y había recibido los órganos de su asquerosa madre.
- Jujum qué pasa, Mukuro-kun. Te ves molesto.
- Esa maldita mujer, sus órganos están ahora en el cuerpo de mi pequeña Nagi, contaminando su sangre, esa impía e ignominiosa mujer- Mukuro temblaba frunciendo el ceño.
- Ma, ma tómalo como algo bueno, tu madre al fin pudo hacer algo por alguien más, es cierto, destruyó tu vida, la de Nagi-chan y la mía como si hubiésemos sido juguetes, pero sus órganos ahora mantienen con vida a la pequeña Nagi, ella se está recuperando.
- ¿Estás bromeando? Aún si Nagi está recuperándose, está viviendo con mi padre que no es mejor que la zorra de mi madre… tengo que cuidar a Nagi- Mukuro había entrado en trance, se había levantado dispuesto a salir corriendo, pero Byakuran había tomado su mano aprisionándola.
- Ella está bien, la llevé a mi casa, está bajo el cuidado de los Gesso ahora.
- ¿Estás loco? Eso es peor, tu padre podría abusar de ella como lo hizo contigo, tu padre es un monstruo- había tomado del cuello de la playera a Byakuran y lo había levantado del sofá súbitamente.
- Jujum Mukuro-kun, mi padre murió un año atrás- explica desligándose de las manos del peliíndigo- se debió a un ajuste de cuentas, Nagi está a salvo.
Mukuro no lo podía creer, tantos cambios en tan poco tiempo, su cerebro no procesaba información tan rápido.
- Kufufufufufu estarás muy felíz entonces- dijo luego de un minuto recomponiéndose.
- Ni te lo imaginas. Luego de la muerte de mi madre vivió como un pobre diablo hasta que murió enfrente de mí, unos hombres encapuchados lo mataron. Al principio me molestó un poco, pues tenía algo que preguntarle ese día pero luego…- ensanchó su sonrisa sádicamente- no me molestó para nada.
Mukuro volvió a tomar asiento cerrando los ojos tratando de controlar su ritmo cardiaco.
-Por qué me dejaste solo- inquirió Byakuran luego de unos momentos en silencio, llamando la atención de Mukuro.
- ¿Estás bromeando? Saber que mi padre en realidad todo el tiempo engañaba a mi madre, que estaba vinculado a múltiples asesinatos; que mi madre había estado engañando a mi padre con mi mejor amigo y encima de todo soportar las escenas de maltrato de mi padre quien masacraba a mi madre enfrente mío. Tener que esconder a Nagi todo el tiempo para que no viera esa escenas, me volvía loco. Ni por mi recorrido por el infierno vi cosas tan atroces como esas. Sin embargo, creí dejar a Nagi en un lugar seguro, parece que al final no fue así- Mukuro al fin mostraba todo el sufrimiento escondido tras su máscara de burla continua.
- La dejaste en un lugar seguro, es solo que Aria-chan murió. No lo pensaste bien- aunque nunca demostraba sus emociones escondiéndolas tras esa gélida sonrisa, a Byakuran le había dolido la acotación que Mukuro había hecho, "que mi madre había estado engañando a mi padre con mi mejor amigo"- con respecto a tu madre, tú sabes que yo no tuve la culpa, ella era amiga de mi madre y mi madre estaba demente. Hacia que sus amigas abusaran de mí así que como ella lo hacía frecuentemente.
- Debí llevarte conmigo- Mukuro abrió los ojos mirando a su amigo que se sorprendió ante lo que había declarado el peliíndigo.
- ¿Y perderme la muerte de mi más grande verdugo? Estás loco, estoy bien de esta forma. Bien, debería irme, Mukuro-kun, Nagi-chan llegará dentro de una semana así que deberías volver a esa sonrisa que traías antes de toparte conmigo ¿Tiene que ver con Haru-chan?- Mukuro se sorprendió a tal grado que abrió los ojos como platos ¿Cómo sabía su nombre?
- Cómo…- al empezar su pregunta se dio cuenta de que su amigo se había largado. Debía admitirlo, a pesar del tiempo y las cosas horribles que habían vivido aún existía esa conexión entre ellos, la conexión que hizo que siguieran adelante en el pasado.
Como habían llegado realmente tarde a casa, tuvieron que cenar solos. Nana había ido a acostar a Fuuta, Lambo e I-pin dejando sus respectivas cenas encima de la mesa protegidas con papel de aluminio.
Reborn, Tsuna y Dino llegaron en silencio sentándose. Claramente Dino y Reborn se morían de hambre luego del escape de adrenalina por la pelea que habían presenciado. Tsuna por su parte, observaba su comida jugando con ella valiéndose de su tenedor, bajo la atenta mirada del rubio y el azabache.
-Ahora qué Dame-Tsuna- increpa Reborn.
- Vieron todo lo que ocurrió ¿No es así?- pregunta el capo luego de un momento- Mukuro… él realmente protegió a Haru.
- ¿De nuevo con eso?
- ¿Eso te molesta, Tsuna?- esta vez era el caballo salvaje quien hablaba.
- Más bien estoy asombrado ¿Saben? Yo le hablé a Haru de Vongola y de todo lo hecho por Mukuro y ella lo protegió, incluso le dije que él jamás la protegería.
- Y Mukuro se encargó de taparte la boca con una patada en el trasero- interrumpió el arcobaleno del sol burlándose.
- Exacto- una gota bajó por la sien de Reborn quien no logró el resultado deseado con sus palabras, haciendo reír a Dino- creo que estaba equivocado, creo que Haru estará bien con él- el joven Vongola se asombraba con sus palabras pero debía admitirlo. El tutor y Cavallone se miraron, Reborn diciendo "Gané la apuesta" y Dino con su "Esto aún no termina" tratando de creérselo.
- Qué harás entonces- pregunta Reborn para asegurar su victoria.
- Aún no estoy seguro de mis sentimientos pero creo que por ahora los apoyaré- dijo el castaño levantándose de la mesa para subir las escaleras, perdiéndose así de la vista de los mafiosos.
- Maldito Dame-Tsuna, ni como objeto de apuestas sirve- culmina Reborn tomando el plato de su alumno comiéndose el alimento con el que él solamente jugó.
El niño estaba sentado en el césped fresco del gran jardín de la mansión de la familia Rokudo, junto a su albino amigo Byakuran que nuevamente lucía profundos cortes, resultado del extenuante entrenamiento de su padre. Mukuro lo notó apenas vio llegar al niño, éste no caminaba normalmente, incluso su habitual sonrisa había cambiado por una totalmente gélida. Algo le había pasado.
El niño que era un mes menor se sentó con mucha dificultad, arrugando el ceño, para luego dirigir su mirada a su fiel amigo.
-Byakuran, qué te pasó- preguntó el peliíndigo preocupado.
El niño no contestó, solo se pudieron ver como las lágrimas caían por su rostro que aún mantenía esa mártir sonrisa. El joven Gesso solo se recostó en las piernas de su habitual soporte moral, no esperando una caricia, solo quería recibir algo de apoyo desinteresado, él lo sabía, el único que podía dárselo era el heredero de los ilusionistas Rokudo.
-¿Te volvieron a pegar?- preguntó el aún inocente Mukuro que a su corta edad de ocho años ya había probado los sinsabores de la cruel vida de mafiosos.
- Esta vez fue aún peor- contestó el niño de ojos violetas encontrando la mirada de Mukuro.
El niño refirió puntualmente los hechos. Su padre, recién llegado de una nueva misión, había traído a nuevas víctimas ordenándole torturarlas de una forma "original" para luego deshacerse de ellas. El joven Gesso lo hizo para que su padre no lo golpeara como de costumbre, pero el premio por su trabajo bien hecho fue aún peor. Su padre había abusado sexualmente de él, aproximándose como una hiena que acecha a su indefensa presa diciéndole que era extremadamente inteligente y atractivo, expresando que sus ojos no podían compararse con los de otra persona, tocándolo con aquellos dedos, esos ásperos dedos que se convertirían en su verdugo por tantos años. El joven temblaba como Mukuro nunca había visto temblar a nadie, quien creía hasta ese entonces que la maldad no podía ser mayor que la de sus propios padres, que se golpeaban frecuentemente enfrente de sus jóvenes ojos.
Ahora Mukuro se explicaba la ausencia de su amigo por tanto tiempo, quien empezó a referirle su odisea diaria, contándole que sus entrenamientos se hacían aún más violentos, mostrándole los moretones y cortadas que poseía. El único sustento en ese momento era su joven madre, que lo acurrucaba frecuentemente entre sus brazos.
La escena cambió súbitamente, había llevado a Mukuro al día en que su amigo le decía que lo ayudara a enterrar al neófito hijo de su infame madre, quien años después de los referidos hechos había notado cierta atracción creciente hacia su hijo, abusando de él para meses después quedar embarazada. Mukuro solo cavaba, sin detenerse a preguntar, sabía perfectamente la respuesta. Byakuran odiaba al niño porque dudaba, no sabía si el niño para hijo suyo o hermano suyo, odiaba a su padre y odiaba a su madre; él y su amigo compartían el infierno, eran algo así como compañeros de celda, el albino frecuentaba la mansión de los Rokudo usando a su joven amigo como único punto de felicidad junto a su joven hermana Nagi, que siempre se lanzaba a sus brazos apenas llegaba.
Nuevamente todo se teñía de negro alrededor del flotante Mukuro que luego de un minuto se encontró con la escena que marcó su vida, había encontrado a su mejor amigo acostándose con su madre, la escena lo volvió a revivir, todo ese sentimiento de ira volvió a él, su amigo lo miró con ojos tristes y llorosos viendo como el peliíndigo se alejaba. Esa noche había decidido escapar de esa vida infame y llena de lascivia en la que se veía sumido. Sin más tomó sus cosas y a su pequeña Nagi para dirigirse sin que nadie los viera a la mansión de los Giglio Nero, encargándole la niña a Aria-san, la mujer le había preguntado el motivo de su partida pero él solo contestó con un "Cuídela bien, por favor". Sabía que no podía llevarla, sería peligroso para la niña de entonces 13 años. Esos gritos retumbaban nuevamente en su mente "¡Fratello, non mi lasciare!"* Mientras Chrome trataba de huir tras él.
Sus recuerdos lo llevaron a otros tiempos. La medianoche estaba en su curso natural y él estaba matando como siempre, sus víctimas no sabían cuando aparecería. Posesionándose de un nuevo cuerpo, ingresándolo al mundo de los psicópatas. Siempre buscando nuevas víctimas. Era un adicto a la soledad, la oscuridad vivía con él y no estaba contenta hasta gozar del último suspiro de los asesinados; la muerte era el paso final para sentirse reconfortado de nuevo. Ellos entraban a la zona de peligro, él sabía que no podían vencerlo así que jugaba con ellos asustándolos, porque matar le daba placer, dormir le causaba dolor. Solo se sentía bien cuando mataba, una y otra vez. Esos malditos mafiosos nunca tenían cuidado ¿Acaso no lo sabían? Él era ángel de la muerte, buscando una víctima nueva cada noche para enjuiciarla. La escena le mostraba masacre y más masacre, por más de que así lo deseaba no podía despertar. Todas las escenas del crimen, los distintos capos muertos por sus manos, mostraban las heridas hechas con su querido tridente y la soledad portada por el inquisidor de los mismos. El sufrimiento en sus sueños era inminente, no se esfumaban por más que él así lo deseara. Hasta que vio una sonrisa que hizo que toda esa tortuosa visión se esfumara, sintió un pequeño cuerpo apoyado en su pecho. Haru, era Haru siendo defendida por él mismo, defendida de los peligros; la niebla que antes había servido como cegadora de vidas ahora servía como la protectora de esa dulce existencia, justo cuando sus labios se tocarían por primera vez el alba despertó a un muy sudado Mukuro, que luego de haber rogado por despertar para terminar con esa pesadilla pataleaba por haberlo hecho antes de besar a la castaña en sus sueños.
Por su parte Haru despertaba de muy buen humor, al día siguiente era San Valentín y había quedado con Kyoko-chan la noche anterior en preparar ellas mismas los chocolates. Las cosas se habían facilitado aún más porque habían notificado en las noticias que ninguna secundaria tendría clases ese día por cuestiones institucionales, ni siquiera había escuchado las razones, solo se alegró de que así sucediera. Kyoko llegó a su casa y luego de desayunar juntas se dispusieron a partir. La pelinaranja le estaba refiriendo a Haru que había invitado a Hana pero esta se había negado de forma totalmente extraña, balbuceando incongruencias para luego terminar con la llamada. Ambas pensaron por un tiempo en una posible causa hasta que se rindieron y decidieron continuar con las compras. Habían ido de local en local buscando los ingredientes necesarios para preparar los chocolates que había hallado Haru en Internet.
La exigencia de los ingredientes iban desde cacao en polvo, barras de chocolates, galletas del mismo sabor, crema pastelera, chocolate suizo y chispas de chocolates, extendiéndose a diversos utensilios para su decoración y posterior presentación artística. Kyoko y Haru habían concebido la idea de dárselos a todos sus amigos, pues todos se lo merecían. Además esta idea hacía más fácil la labor pues no tenían que dejar en evidencia sentimiento alguno hacia nadie, todos lo recibirían por igual.
En el momento en que estaban saliendo de una de las últimas tiendas se encontraron con Hana, esta estaba sentada en un banco en la tienda del frente, estaba sentada sola con un vaso que parecía contener café.
- Mite, mite Kyoko-chan, esa es Hana-chan~desu- expone Haru señalando con un movimiento de cabeza hacia Hana quien aún se encontraba sola.
- Tienes razón, Haru~chan. Deberíamos ir a saludarla- ambas amigas se disponían a cruzar la calle, esperando pacientemente pues habían automóviles en exceso.
Cuando al fin lograron cruzar y se dirigieron hacia donde ésta estaba, se encontraron una escena que no esperaban. Hana era alcanzada por Ryohei que al parecer le dijo algo, ésta le sonrió amablemente y él se sentó a su lado acercando su rostro al de ella para al parecer darle un beso, ambos estiraban sus labios buscando el contacto.
- ¡Onii~chan!- gritó Kyoko ya enfrente de los jóvenes quienes debido a la corta distancia de sus rostros se golpearon las frentes al escuchar aquella voz, presas del terror. La pareja no hizo más que levantar la mirada y esbozar una mueca pues a eso no se le podía llamar sonrisa.
Haru no sabía que decir, veía de cerca todas las reacciones, la cara de asco de Kyoko, la cara de asombro Hana y la cara de "Yo no fui" de Ryohei. Al fin decidió que lo más conveniente era alejar a la pelinaranja de la escena "del crimen" esperando que se calmara.
Pero las cosas no fueron tan fáciles, en toda la tarde Kyoko no dijo palabra alguna, tenía el ceño fruncido y amasaba las masas de chocolate como si se tratara del cuello de su hermano. Los chocolates de Haru habían quedado hermosos, en cambio los de Kyoko parecían pedazos de riñón recién arrancados del cuerpo humano con ayuda de los dientes. Haru solo calló, sentía que si decía algo los chocolates serían adornados con cada uno de sus cabellos.
Así es como llegó el día en que los sentimientos vuelan, y los chocolates son regalados como si no costaran dinero. Habían quedado en dárselo a los chicos cuando salieran de clases.
La tortura de los alumnos había empezado con la clase de biología, claro, una clase para nada normal ya que las miradas iban dirigidas a Gokudera y Yamamoto, que no entendía por qué demonios hoy eran observados como si tuvieran un cartel de "Patéame" en la espalda, aunque Tsuna y Kyoko se lo explicaban en cierta forma. Al llegar la esperada hora del receso las chicas del salón, y las que no lo eran formaron una larga fila para entregar sus regalos al guardián de la tormenta y de la lluvia. Uno podía ver dos mundos paralelos, en uno de ellos la crueldad era inminente, los chocolates eran lanzados, las mujeres eran rechazadas cruelmente y las lágrimas no se hacían esperar; en cambio en el otro mundo las sonrisas eran cálidas, los chocolates eran bien recibidos y las mejillas eran rápidamente pintadas del color carmín propio de la timidez. Tsuna veía esa escena sonriente, sus dos amigos eran realmente distintos.
Varias escenas de este tipo se observaban en todos los puntos de la ciudad con una diferencia, en cierta secundaria, llamada Midori un nuevo alumno fue presentado. El director había entrado esa mañana presentándolo.
Flashback
-Bien, hoy quiero presentarles a un nuevo alumno, viene de intercambio. Llegó recientemente de Italia y desde hoy será un alumno más de Midori, él es Byakuran Gesso. Al terminar de pronunciar ese nombre un joven realmente apuesto de cabello blanco ingresó al salón con una cálida sonrisa, haciendo con sus ojos violetas un pequeño guiño que hizo que los corazones de las presentes se detuvieran por un momento. Se paró en medio del salón y pronunció algunas palabras con un sexy acento propio del país ubicado en la península ibérica.
- Ciao, soy Byakuran Gesso, tengo 17 años y desde hoy seré un alumno más de Midori, espero que seamos amigos- dijo haciendo suspirar a las presentes y ganándose una mirada desconfiada de los espectadores del sexo masculino.
El joven albino había avanzado por el salón recibiendo la invitación de ciertas chicas que le ofrecían un asiento a su lado, él ignoró dicho gesto para sentarse al lado de nuestra castaña amiga, que estaba recostada sobre su mesa ignorando a la multitud.
-Espero que no te moleste que me siente aquí- dijo el mafioso sentándose- Soy Byakuran Gesso, es un placer, Haru-chan- le sonrió para luego mirar al frente de nuevo, ignorando a la joven que ahora lo observaba petrificada ¿Cómo sabía su nombre? Se preguntaba bajo la envidiosa mirada de sus compañeras que la observaban fieramente.
Notas de la autora:
Aclaración: ¡Fratello, non mi lasciare! Quiere decir ¡Hermano, no me dejes!
Ya lo sé, fue un capítulo algo dramático, pero ahora entenderán mejor a Byakuran y a Mukuro. Gran parte del asesinato de los mafiosos por parte de Mukuro la escribí escuchando Psycho man de Black Sabbath, describe una personalidad muy parecida a de nuestro protagonista, así que usé ciertas parte para crear a un Mukuro asesino Gyajajajajajaja. En serio escuchen la canción, es la perfecta descripción de un asesino en serie, me encanta xD No se asusten, soy medio psicópata.
Quise suavizar la situación con algo divertido así que utilicé a Ryohei. Espero que les haya gustado el capítulo. Era hora de despejar dudas así que tal vez les resultó algo más aburrido porque no hubo MukuHaru, pero espero que les haya gustado de todas formas.
Como se los prometí tienen un capítulo más…
Cada secreto del alma de un escritor, cada experiencia de su vida, cada atributo de su mente, se hallan ampliamente escritos en sus obras (Virginia Woolf)
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Saya Christopher
