Summary: Haru Miura ha vivido hasta ahora con sentimientos que creía puros y verdaderos, empero, con el tiempo su corazón le demostrará que el sujeto de sus pensamientos en realidad no era aquel que estuvo siempre enfrente suyo, sino alguien que se cruzó en el camino y llegó a su vida con un golpe fuerte del destino.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, es una obra maestra de Akira Amano, a mí solo me queda el consuelo de una historia alternativa con las parejas que siempre quise ver en la historia original.
Aclaraciones:
Diálogo: -
Italiano: Buon giorno
Flashback: título en negrita
Recuerdos: "Recuerdos en el diálogo"
Cambio de escena: (-) raya divisoria.
**Capítulo XII - Nuevas aprendices de Hitman.**
Eran las doce del día y Gokudera Hayato seguía con su inalcanzable tarea de comprender a su caja arma, resultaba todo un desafío pues había encontrado innumerables anillos y cajas, que no entendía para qué funcionaban. Decidió tomar un descanso por un tiempo, así que bajó por las escaleras de mármol en busca de algún ser existente. Encontró al Décimo en una exhaustiva pelea contra el noveno, apenas logrando respirar, caminó más y encontró a Yamamoto con Colonello, trabajando con las técnicas de la lluvia, al igual que Squalo, que aunque no participaba, observaba los movimientos del guardián atentamente. En otra habitación encontró al boxeador extremo con Reborn perfeccionando sus golpes, todos estaban avanzando menos él.
Luego de la ronda decidió ir hacia la cocina, fue efectivamente cruzando el salón, abrió las puertas de ésta y tomó asiento en la mesa. Jugando con sus manos y con los anillos que había encontrado se mantuvo en silencio, hasta que fue arrancado de sus cavilaciones.
— ¿Gokudera-san? —llamó la voz próxima a él.
Éste se volvió y vio a Haru que lo observaba con cierta curiosidad. La joven tomó asiento próxima a él sin dejar de observarlo.
— Qué haces aquí, mujer estúpida. —espetó, pero rápidamente vio como Haru bajaba la mirada triste por el comentario —. Qué sucede.
— H-Haru está triste.
— Por qué.
La joven iba a negarse a contestar pero al ver la furiosa mirada esmeralda posarse sobre ella cambió de idea.
— Porque se siente inútil, todos están entrenando con todas sus fuerzas pero Haru siente que está haciendo que pierdan su tiempo. Tsuna-san deja sus tareas de vez en cuando para hablar con Haru pero está distraído, él necesita concentrarse pero siente que Kyoko-chan y yo nos sentiremos excluidas. Lo mismo pasa con Mukuro, tal vez debemos irnos. No somos tan fuertes como para ser parte de Vongola.
— Estúpida mujer, digo Haru… —trataba de buscar alguna palabra que la animara pero no encontraba nada—. No creo que el Juudaime acepte que se marchen.
— Aún así, no queremos arruinar todo. Sabemos que esta pelea es decisiva y sabemos que ustedes nos necesitan alejadas de todo esto. Lo siento, Gokudera-san. No lo volveré a molestar, siga con lo que estaba haciendo. —se levantó y salió del lugar dejando a Gokudera que la observaba preocupado.
Haru fue con paso lento a la parte de atrás de la mansión, pasando por los cuartos de entrenamiento sin detenerse. El día anterior Kyoko y ella estuvieron hablando de la actitud de sus amigos, indudablemente éstos trataban de que no se sintieran contrariadas ni excluidas pero era inevitable. No tenían poder o algún talento, no podían ser útiles para ellos.
Caminó hasta alcanzar su habitación, en donde encontró a Kyoko preparando las cosas. Se acercó para sentarse sobre la maleta para que ésta pudiera cerrarla.
— Ya estamos, Haru-chan. Deberíamos de salir en cualquier momento.
— Bien, lo haremos cuando nadie nos vea. — contestó tomando la maleta para acomodarla cercana a la puerta.
En otra área de la mansión estaban efectivamente Tsuna y Byakuran en una pelea encarnizada mientras sus tutores los observaban.
— La intensidad de la llama de Sawada-san no es suficiente. —dijo Unni cerca del Noveno que descansaba.
— En materia de ataques Byakuran es más preciso, además de que Tsunayoshi aún no puede controlar su caja. Esto podría ser problemático, es de agradecer que Xanxus esté igual.
— Cómo va su entrenamiento.
— Su ego es tan grande que no deja que Ria le ayude.
— ¿Puedo preguntar qué pasó entre ellos? —al escuchar esta pregunta ambos combatientes se giraron con curiosidad. Al verse envuelto en los tres pares de ojos suspicaces el Noveno no pudo más que hablar.
— Es una historia larga ¿Tienen tiempo? —los tres asintieron con la cabeza de forma casi histérica, la inquietud estaba latente en sus almas.
**Flash Back**
Hace un año. Sicilia, Italia.
La familia Vongola convocaba a una reunión importante en la sede principal. Ésta en esos momentos albergaba a las más grandes Familias de Mafiosos en una gran conferencia. En esos momentos se encontraban todos sentados ante la larga mesa en la cual estaban todos contemplando al Noveno que tomaba la palabra proponiendo un brindis, levantando la copa con champagne al igual que sus invitados.
— Fueron reunidos aquí para presenciar el amor de una pareja, que presidirá a las futuras en el mundo de la mafia, este amor une no solo a dos familias, sino también a dos mundos de la mafia que siempre han tenido conflictos. Éste se ha extinguido en el momento en que una de las más grandes familias fue exterminada, quedando como única sobreviviente la joven heredera. Holanda e Italia se unirán bajo el lazo matrimonial entre la Famiglia Vongola y la Famiglia Godlieve. En estos momentos les comunico que mi hijo Xanxus está oficialmente comprometido con Ria Godlieve, única heredera de la mística familia Godlieve, líder de la mafia holandesa.
Todos los presentes secundaron el brindis por la salud de la joven pareja ahí presente, Xanxus se mostraba orgulloso mientras la prometida miraba a cada uno de los ahí presentes que les dedicaban vítores por su compromiso.
Xanxus y Ria tenían una estrecha relación, de hecho era la única capaz de acercársele sin que él le rompiera la cabeza o algún hueso del cuerpo. Se conocían desde hace dos años, luego de que la familia de Ria fuera exterminada y ella, por pedido de su maestro, fuera cuidada por Vongola.
— Estás incómoda. —Xanxus la había estado observando de reojo.
Ria lo observó e inclinó la cabeza momentos después, efectivamente no le gustaban las fiestas y menos las hipocresías. Sabía que esa gente odiaba a Xanxus y que por ende la odiaban a ella, pero era parte del protocolo que debían seguir como mafiosos.
— Efectivamente, no me gustan las fiestas. Me siento en la boca del lobo. —miró hacia el frente chocando miradas con los presentes que hablaban entre murmullos.
Ambos se pusieron de pie y fueron hacia el Noveno; Xanxus la tomaba de la mano protectoramente; al igual que el resto de Los Varia que la seguían, pues ahora la trataban como la abeja reina, sin despegarse de ella la protegían en todo momento como a su moreno Líder.
— Viejo, esto durará menos de lo que acordamos. Ninguno de nosotros sirve para esto.
— Lo siento Xanxus, pero quiero que te quedes un poco más. Tarde o temprano deberás negociar con ellos así que gánate su simpatía.
— No me voy a… —fue interrumpido por el agarre de Ria.
— Quédate, de todas formas por la mirada de mi maestro puedo ver que quiere algo conmigo. —se alejó un poco de ellos para ir junto al susodicho—. Trata de no matar a nadie en mi ausencia.
— No puedo prometerte nada. Bel, ve con ella.
— No, deja que vaya sola. Xanxus, no puedes tratarme como a tu hija, nada me va a pasar. Además a mi maestro no le gustan los terceros.
— Tsk, haz lo que quieras. —accedió haciendo un gesto de desdén para luego ver de reojo a su novia alejarse.
El Noveno veía encantado la relación existente entre ambos, al fin encontró a quién pudiera cuidar de su hijo en el futuro. Por su insistencia Xanxus estuvo estrechando manos con los presentes además de intercambiar una que otra palabra de cordialidad, mientras vigilaba a su prometida que aún charlaba con Bermuda. Luego de media hora de sonrisas fugaces y amigables se cansó.
Había estado tan entretenido con los jefes de las familias que había descuidado a su hijo que ahora había desaparecido. Incluso Los Varia lo buscaban con la mirada. No contaban con que Xanxus le daría un azote a la puerta para luego avanzar a paso furioso hacia su padre.
— Tú, maldito vejete. Me mentiste ¡No soy tu hijo! Me mentiste. —le lanzó un libro para luego tomar sus pistolas gemelas apuntándolo.
El noveno tomó el libro y lo abrió notando, con mucho miedo, que se trataba de un registro escrito por él en donde se contaba la verdad, Xanxus no era su hijo sino el de una mujer que se lo impuso.
— Hijo, esto…
— ¡No! Maldito mentiroso, pensar que todos lo sabía menos yo. Iemitsu, tú y tus malditos guardianes lo sabían. Me imagino que todos ustedes también. —gritó lanzando miradas asesinas a los invitados que ahora estaba alborotados—. Maldita escoria, los mataré a todos.
— Xanxus, cálmate. —Ria venía corriendo a su lado tratando de lograr calmarlo pero al llegar éste la tomó del brazo violentamente.
— Tú, tú también lo sabías ¿Verdad? — la apuntó con una de sus pistolas tratando de asustarla, pero sabía que eso no era suficiente porque su corazón se sentía dolido y sabía que la única persona a la que no podía herir era la pelinaranja—. Maldita sea la hora en que te conocí. —las pistolas en sus manos temblaban, y su rostro mostraba una mueca de dolor por la verdad que estaba descubriendo.
— X-Xanxus, yo no…
— ¡Cállate! —todos los presentes pensaron que la mataría hasta que fue envuelto por las cadenas de Bermuda que ocultaba a Ria tras él.
— No voy a permitir que la lastimen, arreglen sus problemas, Noveno. Vamos, Dochter. — la tomó de la mano y salió del lugar con ella para que Xanxus ya no la pudiera ver jamás.
**Fin del Flash Back**
— Así que eso fue lo que pasó ¿Ella lo sabía? —Unni miraba al Noveno que jugaba con su bastón mientras contaba la historia con gran dolor.
— Ella no lo sabía, pero Xanxus no la quiso escuchar. Luego de eso se alejó completamente, volviéndose aún más violento. Ella era la única capaz de hacerlo entrar en razón.
— Timoteo-san, no es su culpa. Xanxus…
— No, Tsunayoshi. Él tenía todo el derecho de enojarse, pero luego de que Ria se fuera con Bermuda se salió de control, iniciando un golpe en contra mío. Tuve… tuve que castigarlo.
— Jujum, Xanxus-kun y Ria-chan de verdad dan miedo, ambos son letales. Pero si Ria-chan tuviera la oportunidad de explicarse todos tus problemas se acabarían, Tsunayoshi-kun. —Byakuran daba por primera vez su punto de vista —. Por otra parte sería aburrido no ver una batalla entre la Décima Generación Vongola y Los Varia.
— Pobre Ria-san, ella no sabía nada. —dijo Unni.
— Trataremos de ayudarla, como Décimo Vongola haré todo lo que esté en mis manos para evitar una batalla inútil.
Mientras esto ocurría Dino y Ria entrenaban con vehemencia. Dino que ya había logrado abrir su caja arma con ayuda de la pelinaranja montaba ahora al caballo atacando con el látigo a Ria que lo esquivaba.
— Muy bien, Cavallone. Pero no es suficiente, aún falta sincronización entre tú y el animal, se debe a la falta de práctica al cabalgarlo. Mira. —envió sus cadenas en línea recta haciendo que Dino cayera estrepitosamente del caballo que luego se paró a su lado —. Si existiera sincronización el caballo hubiera esquivado mi ataque y no estarías en el piso. Debes trabajar en eso.
— Lo siento, Ria. Es que está algo cansado, así que no puedo demandarle mucho. —se levantó quitándose la arena de los pantalones con ayuda de las manos.
Mientras, a lo lejos, Xanxus los veía con cara de pocos amigos. Le molestaba que esa escoria llamara por su nombre a la portadora de la llama de la noche, pero era muy orgulloso como para admitirlo.
Al ver el gesto hecho con la cabeza por el capo giró a ver a Xanxus, que con sus ojos carmines podría quemarlos por la forma en que los observaba. Avanzó hacia él llegando al trono puesto bajo un árbol por pedido del egocéntrico jefe Varia.
— Xanxus, te lo ofreceré una vez más. Puedes venir a entrenar si quieres, si no quieres entonces te pudres aquí sentado. —esbozó una sonrisa sínica.
— Piérdete, escoria.
— Como quieras, estamos mejor sin ti. —Dino la abrazó pasando los brazos sobre los hombros de la tutora que aún estudiaba a su rebelde alumno.
— Tsk —Xanxus chasqueó la lengua girando la mirada.
— Bien, volvamos a hacerlo, Cavallone.
Tras esto se pusieron en guardia de nuevo, mientras el rubio subía a su caballo siendo asediado por cierto moreno que sentía que explotaba por dentro.
En el salón de entrenamiento destinado para la Familia Shimon se encontraba Saskia presionando a Enma para que peleara de forma inútil.
— Vamos, Kozato. Si no peleas seriamente perderás el puesto como aliado de Vongola ¡Pelea! —la mujer lo atacaba con ayuda de una espada romana que estaba envuelta por la llama de la noche.
— Vamos, Dame-Enma. —Adelheid lo increpó haciendo que su jefe hiciera un puchero.
— No soy Dame-Enma.
— ¿Qué dijiste? Lo siento, jefe, pero no podemos escucharlo. —respondió la mujer poniendo una mano en el oído izquierdo denotando su imposibilidad de oírlo.
— ¡Qué no soy Dame-Enma! —en ese momento vieron que en un segundo entró en modo Dying Will haciendo que su anillo tomara la forma de unos guantes con el emblema de los Shimon dibujados.
— De nada. —dijo la guardiana dedicando un guiño a Saskia que ahora lo atacaba recibiendo como respuesta ataques de parte del pelirrojo que estaba molesto por el sobrenombre.
Olympia que los observaba giró para mirar a su próxima víctima entre los que estaban ocupando el sofá de cuero negro.
— Tú, es tu turno. —dijo señalando a Ooyama, el guardián de la montaña se levantó gustoso pero sin responder palabra alguna.
Olympia enseñó su guadaña haciendo brotar de ella la llama de la noche de forma violenta, al igual que el portador de la llama de la montaña que ahora mostraba a la misma con forma de rocas y magma.
La Cancerberos fue hacia él corriendo con el afán de atacarlo pero cuando empezó a correr más rápido una gran montaña se formó ante ella impidiéndole el paso. Con un golpe de su guadaña la hizo añicos para recuperar el camino perdido hasta llegar a Ooyama que la esperaba sin decir nada, éste transformó los pedazos de rocas que quedaron de la montaña destruida en arena para dirigirla hacia su oponente, en el momento en que ésta fue atacada por la tormenta de arena él se vió prisionero entre las cadenas plateadas.
— Haz hecho un gran trabajo, haz progresado mucho. Tu percepción del peligro es excelente, ayudará en una batalla real. —dijo la mujer de pelo corto elogiando a uno de sus alumnos que se limitó a agradecerle para luego tomar asiento de nuevo.
En esos momentos vieron a Enma volar hacia las paredes con las cadenas de Saskia envolviéndolo.
— Mejor lo dejamos aquí, ésta ni siquiera es una batalla real. —se quejó el de los parches.
— Dame-Enma. —murmuraron todos los guardianes Shimon al ver a su jefe rendirse de nuevo sin ningún interés en el entrenamiento.
Haru y Kyoko iban cruzando los pasillos de la gran mansión en busca de la libertad, pasaron por todos los campos de entrenamientos sin ser vistas, ahora se arrastraban por el suelo para cruzar el Dôjô en el que Yamamoto y Chrome entrenaban. Pasaron así luego de un gran esfuerzo, para luego correr de forma exagerada para cruzar unos pasillos que estaba desiertos. Sin mirar su camino, Haru corrió con todas sus fuerzas.
— Vamos, Kyoko-Chan. —se detuvo por el fuerte golpe recibido en el rostro por el impacto del choque.
Al levantar la mirada sobándose la parte lastimada se vio observada por unos ojos de color rojos que la estudiaba con desdén. Sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, esos ojos parecían estarla clavando con mil cuchillos.
— H-Haru lo siente-desu. —dijo tartamudeando.
Se sintió más asustada aún al ver la camisa blanca que llevaba el joven manchada con vino tinto, además de la copa rota a un lado.
— Me las pagarás, escoria. —el moreno caminó hacia ella con el fin de tomarla del brazo.
Haru y Kyoko corrieron con todas sus fuerzas, gritando en el trayecto alertando a toda la casa. Llegaron hasta el salón principal de la mansión en donde se detuvieron al ver a Xanxus mostrando sus pistolas gemelas.
— Lo sentimos, no fue nuestra intención. —dijo Kyoko tratando de excusarse al igual que Haru que afirmaba con la cabeza.
— No me importa, me las pagarán. —las apuntó con sus pistolas pero en el momento en que iba a tirar del gatillo vio a sus manos aprisionadas mientras sentía un frío metal ejercer presión contra su cuello.
Al volver sus ojos pudo ver a Dino que con su látigo lo mantenía inmóvil y a Ria, que una vez frente a las víctimas, desenfundó su espada dispuesta a atacar a Xanxus. En ese momento llegó también Tsuna que se ubicó al lado de Ria. Mukuro que en un abrir y cerrar de ojos apareció envolviendo a Haru en su niebla protegiéndola al igual que Ryohei que protegía a su hermana en un fraternal abrazo.
— Qué demonios te sucede, por qué atacas a personas inocentes. —inquirió molesta la líder de las llamadas Cancerberos.
— Haru-chan ¿Estás bien? —Byakuran llegó hasta el lugar preocupado, pero esbozó su inconfundible sonrisa al ver a Mukuro defendiéndola.
— Cállate, escoria. Ellas empezaron, no sé si son de la familia de esa basura pero no me importa, porque se deslizaban por la mansión como espías además de manchar mi camisa.
Al escuchar esto, Tsuna se volvió hacia las jóvenes que desviaron la mirada para no verse enjuiciadas por los orbes marrones del Décimo. En esos momentos las maletas llegaron hasta ellos por la patada dada por Hibari, que estaba exasperado por el escándalo.
— Herbívoras, serán enjuiciadas por destruir la paz y tratar de huir a escondidas. —llegó hasta ellos con las tonfas en las manos.
— ¿Huir? —preguntaron al unísono Tsuna, Mukuro y Ryohei observándolas.
— No me importan sus motivos, pero me las pagarán.
En ese momento se deshizo del agarre de Dino haciendo que callera al piso, para más libremente apuntar con las gemelas. Ria se abalanzó hacia él, golpeándolo en el rostro haciendo que se estrellara contra la pared más cercana que ahora mostraba un hueco. Minutos después vieron salir del hoyo a Xanxus, que escupió la sangre que tenía en la boca arremetiendo contra la pelinaranja.
— No lo permitiré. —Dino aprisionó nuevamente una de sus piernas con su látigo haciendo un gran esfuerzo por mantenerlo inmóvil.
Al volverse nuevamente vio a Ria que corría hacia él llegando hasta el asesino segundos después golpeándolo con la empuñadura de la espada, dejándolo en el piso boca para arriba. Se acercó a él viendo como Xanxus la observaba aún retadoramente pero con un extraño brillo en los ojos, pero antes de que pudiera hacer algo vio una niebla índigo frente a ella.
— Si la hubieras tocado, si hubieras osado tomar un solo pelo suyo, estarías ahora mismo sufriendo en el infierno. —amenazó Mukuro con su tridente pegado al cuello del Varia.
— M-Mukuro, detente. Haru está bien-desu. —gritó tratando de calmarlo.
Al escuchar su voz la llama que salía de su ojo izquierdo desapareció volviendo a su estado original. Fue hasta ella y la tomó en un fuerte abrazo levantándola del piso.
— Kufufufufufu claro que lo estás, eres una Hitman ¿No? —su sonrisa se amplió al ver afirmar a la castaña como si de una niña se tratara.
— Mukuro, llévala a la biblioteca de arriba. También a Kyoko. —ordenó mirando a Ryohei que asintió. —todos los que sean mis subordinados y Guardianes tienen la orden de ir a la biblioteca. —todos lo miraban asustados porque su voz sonaba ronca y hasta molesta.
Subió por las escaleras tras el guardián de la niebla luego de dirigir una mirada amenazadora a Xanxus que seguía tendido en el piso, éste le sonrió con sorna haciendo que más de uno frunciera el ceño. Luego de que todos los Vongola desaparecieran, Ria tomó del cuello de la camisa a Xanxus levantándolo del suelo violentamente. Lo acercó a su rostro, quedando amenazadoramente cerca de él. Éste pudo ver cómo apretaba los dientes y fruncía el ceño con vehemencia.
— Escúchame bien, ScemoNxus, si vuelves a atacar a alguna de ellas no dudaré en matarte. Yo ya no soy la misma de antes, no lo dejaré en simples amenazas porque comprendí que contigo no funciona. Simplemente te mataré por meterte con personas inocentes. —tras decir esto lo soltó de golpe haciendo que retrocediera, para luego subir al segundo piso tras los Vongola.
Tsuna caminaba a zancadas por la biblioteca bajo la atenta mirada de sus guardianes y demás subordinados. Kyoko y Haru; se encontraban en el centro del huracán, con la cabeza gacha, arrepentidas y algo asustadas.
En esos momentos escucharon un débil golpe a la puerta. Dino fue y la abrió dejando entrar a la pelinaranja luego de dedicarle una sonrisa.
Tsuna tomó asiento en una mesa de centro frente a las jóvenes que aún desviaban la mirada. Mukuro se encontraba al lado de Haru sintiendo que un hueco se le abría en el estómago por lo nervioso que se encontraban.
En cambio Yamamoto, Chrome, Lambo, I-pin, Gokudera y Bianchi apenas entendían lo que ocurría, cada uno estaba en sus asuntos cuando ocurrió el incidente, así que no tenían idea de por qué Tsuna estaba tan molesto.
— Por qué… Por qué trataron de irse sin decir nada. —preguntó el capo en un murmullo —. Pudo haberles pasado algo, pudieron haberlas herido, incluso Xanxus que casi las ataca. Si Dino-san y Ria-san no hubieran llegado estarían heridas. En qué estaban pensando.
Haru y Kyoko se miraron entre sí, tratando de encontrar el valor para hablar, pero ninguna tenía las agallas.
— Tsuna-kun, Haru-chan y yo nos sentimos… Es difícil para nosotras verlos haciendo un gran esfuerzo por su cuenta, mientras nosotras solo nos quedamos de brazos cruzados, sentimos que solo somos una carga para ustedes. —calló.
— Sentimos que no somos de ayuda-desu —culminó Haru mirando a Tsuna.
Mukuro abrazó a Haru frente a todos los demás haciendo que éstos pegaran un respingo por el acto. Ninguno creía capaz al ilusionista de mostrar una pisca de amor hacia nadie. Tsuna sintió algo de molestia al ver que Haru se sonrojaba, indudablemente aún le gustaba.
Vio a Reborn y a Ria ir hacia ellos para tomar asiento en el mismo lugar en el que estaba el Décimo Vongola.
— Todos las necesitamos porque ustedes son las que aportan inocencia y algo de felicidad a la familia, así que no sientan que las dejan de lado porque sé que cada vez que salen de sus entrenamientos, en lo único que piensan es en pasar por lo menos un momento a verlas. Ustedes son una pieza importante en Vongola, no lo olviden. —animó Reborn a las chicas, recibiendo una gran sonrisa como pago.
— Pero si aún quieren ser más fuertes para poder proteger a su familia entonces yo podría ayudarlas. Ninguno de nosotros sabía lo que hacía cuando empezamos a entrenar pero con el paso del tiempo nos volvimos lo que somos ahora. Yo estoy dispuesta a entrenarlas, pero necesito que estén comprometidas con la causa, probablemente dejen de tener tiempo para llevar a cabo sus trivialidades (léase actividades de la vida diaria como pasar tiempo con los amigos), pero les prometo que el resultado será óptimo ¿Qué opinan? —Ria les sonreía segura de cuanto decía.
Haru y Kyoko se miraron entre ellas sonriendo con una naturalidad única, ambas se abrazaron haciendo que el Décimo las observara con ternura. En esos momentos de verdad se creía un iluso por no darse cuenta de que aquellas mujeres deseaban tanto como ellos proteger a la familia, eran, incluso sin saber portar un arma, mejores guerreras que todos los que se encontraban ahí presentes.
— ¡HAI! ¡NOSOTRAS NOS CONVERTIREMOS EN MAFIOSAS PARA PROTEGER A LA FAMILIA VONGOLA! —gritaron con gran ilusión ganándose el apoyo de la décimo generación.
Notas de la Autora:
Haru y Kyoko han tomado una decisión importante ¿Qué pasará ahora? En las notas del capítulo anterior puse que aparecerían algunas personas molestas, pero pasará en el próximo porque agregué más cosas a este capítulo así que esos hechos quedarán para después. La razón para hacer que Kyoko y Haru entrenen es principalmente que… SON DEMASIADO HERBÍVORAS… yo misma quiero morderlas hasta la muerte, obviamente no las haré unas súper asesinas porque ya saben… el que nace inútil muere inútil… pero las haré más llevaderas ¿Y bien? Díganme qué les pareció el capítulo ¿Alguna sugerencia para los próximos hechos? Gracias por leer siempre, me hacen muy felíz. Bien, nos leemos la próxima semana :D
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"Desde ahora en adelante, nosotros forjaremos nuestro destino, con nuestras propias manos" (Yamamoto T.)
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¿Algún review?
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**Saya Christopher**
