Summary: Haru Miura ha vivido hasta ahora con sentimientos que creía puros y verdaderos, empero, con el tiempo su corazón le demostrará que el sujeto de sus pensamientos en realidad no era aquel que estuvo siempre enfrente suyo, sino alguien que se cruzó en el camino y llegó a su vida con un golpe fuerte del destino.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, es una obra maestra de Akira Amano, a mí solo me queda el consuelo de una historia alternativa con las parejas que siempre quise ver en la historia original.

Aclaraciones:

Diálogo: -

Italiano: Buon giorno

Flashback: título en negrita

Recuerdos: "Recuerdos en el diálogo"

Cambio de escena: (-) raya divisoria.


"Capítulo XIII - ¿La rechazó o no?"

Ante lo dicho por las jóvenes todos sonrieron pues sabían cuánto deseaban ser de utilidad.

— Ría, te recuerdo que tienes a dos Dames que dependen de ti ¿Cómo pretendes entregarlas a ellas también? Deja que Lal Mirch se haga cargo. —aconsejó el arcobaleno del sol.

Tsuna sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, tan sólo pensar que Lal Mirch fuera su tutora le causaba terror.

— Por favor, Ría-san. Hágalo usted. —imploró el mafioso.

— ¡Hey! ¡Sawada! Qué estás insinuando ¿Qué no sería una buena tutora? —la arcobaleno se paró junto a él dándole unos coscorrones por la osadía.

— ¡Hiiiiiii! Claro que no, es sólo que ellas necesitan de alguien que tenga todo el tiempo posible para enseñarles desde el comienzo. Ellas no saben pelear en lo absoluto.

— Déjame organizar mi agenda pero creo que lo lograremos.

— Ría-san; Kyoko-chan y Haru prometen esforzarse mucho-desu.

— Eso espero. Bien, cuando vuelva hablaré con ustedes ¿Sí? No se vayan, tengo un asunto que arreglar. —la pelinaranja se puso de pie, abrió la puerta y se fue.

Caminó por los pasillos hasta llegar al tercer piso que estaba habitado por Los Varia. Corrió ambas puertas blancas e ingresó al recibidor sin mediar palabra que anunciara su llegada. En él encontró a Belphegor y Lussuria sentados en un sofá de cuero negro, así como a Squalo que se encontraba observando el paisaje desde la ventana de cristal. Al verla ingresar pegaron un respingo de sorpresa.

— Madre. —llamó el guardián Varia del Sol.

— Lussuria, ya te dije que no me llames así ¿En dónde está?

— ¡Voiii! Desde que pelearon está muy molesto. Ese jefe de mierda nos echó a todos de su presencia. —explicó Squalo ya a su lado —. Qué fue lo que pasó.

— Luego les digo, por ahora necesito hablar con ScemoNxus.

— Ushishishishi eres la única capaz de usar esos apodos en su presencia, plebeya.

Ignoró cómo la llamó el de la tormenta para luego abrir las puertas que estaban más adelante con cautela. Ahí encontró a Xanxus sentado a la cabeza de una mesa comiendo como si nada con Levi a su lado.

Ingresó al cuarto, se volvió y cerró la puerta tras ella para dirigirse con paso firme hacia la mesa. Sus pasos fueron contados por Levi que la miraba con recelo, además de la mirada del moreno que la observaba con parsimonia. Tiró de la silla que estaba a su derecha y se sentó, mirando al mafioso con gestos infantiles.

— Quién la dejó ingresar. —inquirió Levi pero fue callado por la mirada asesina que portaba Ria.

Éste bajó un poco la cabeza pero para mantener su honor a salvo tomó la botella de vino tinto que tenía cerca y volcó el contenido dentro de la copa de Xanxus que se dispuso a tomarla, pero fue vencido por la velocidad de Ria que al tomarla en sus manos rozó levemente la piel del moreno haciendo que descargas de energía recurrieron su cuerpo.

Llevó la copa a sus labios y sorbió suavemente el contenido siendo observada por el mayor.

— Quiero que se vaya. —exigió mirando directo a los ojos carmín.

— ¡Q-Qué! —Levy hizo gestos exagerados de contrariedad pero fueron disueltos por la orden de Xanxus.

— Vete, escoria.

El guardián del rayo dejó la botella en su lugar y se dirigió hacia la puerta saliendo luego de lanzarme una mirada de odio a Ria.

— Qué haces aquí. No le hice nada a esa escoria ¿No? Estás exagerando. —dijo el italiano sin alejar su mirada del rostro de la joven.

— No es eso. —volvió a sorber del vino —. Desde hoy vas a entrenar como se te dé la gana, yo entrenaré a Cavallone pero yo no per... —se interrumpió para no ofender —. Ya no estás obligado a asistir a los entrenamientos conmigo, tengo una nueva tarea ahora y la tengo que cumplir. — se levantó dejando la copa aún con vino al lado del italiano que la seguía con la vista —. Eso era todo, que te vaya bien.

Luego de decir aquello se desligó de la silla con el afán de irse pero cuando pasó por el lado de Xanxus éste la detuvo tomándola del brazo. El mafioso hizo que su cuerpo chocara contra su fuerte pecho, dejándola de frente, muy cerca de su rostro.

— Entonces sólo vas a entrenar con esa escoria. No puedes hacer eso, desde un principio también debías ayudarme. —su voz sonaba ronca.

— ¡De qué demonios estás hablando! En primer lugar en ningún momento pude ayudarte, todo el tiempo estuviste rechazando... Deja de jugar, Xanxus porque no estoy dispuesta a unirme a tú estúpido juego. No querías verme ¿Verdad? Pues te haré el favor de no pasarme frente a ti.

— No puedes entrenarlo a él sólo. —volvió a exigir.

— ¡Qué te sucede, Xanxus! ¿Estás celoso de Dino? —tiró con fuerzas del brazo aprisionado para así lograr liberarse —. Pues deberías, quién sabe... Tal vez él y yo terminemos en algo serio —luego de decir esto se alejó para salir de aquella sala que la asfixiaba.

Xanxus la vio salir para luego sentarse de nuevo pesadamente. Nuevamente sentía a su corazón desbordarse por culpa de esa escoria.

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Los guardianes se fueron despejando para luego de un momento solo quedar en el salón Yamamoto, Ryohei y Gokudera, además de Dino, que hablaba con el arcobaleno del sol y Tsuna, así como Mukuro que buscaba con la mirada a la pequeña castaña.

Ésta se encontraba afuera del lugar antes mencionado, en el balcón en busca de algo de paz, el abrazo brindado por Mukuro sólo hizo que sintiera contrariedad, así que cuando nadie la estaba observando optó por caminar con sigilo hacia la puerta de vidrio que daba al balcón, girar el pomo y salir en busca de aire fresco.

Ahora se encontraba recargada en el barandal mirando al horizonte, gozando de la vista de esa extraña luna precedida por un grupo de nubes de color índigo, como las nieblas que ahora la protegían. "Ella no es mi novia" otra vez esa oración castigando a su mente, haciendo estragos en su interior.

Al escuchar un pequeño ruido en el interior decidió moverse un poco más, para que no pudieran verla, así que fue hacia una de las esquinas sin perder de vista a la blanca perla que iluminada el cielo. Pero no había contado con un hecho, cierto peliíndigo la había encontrado, avanzó hasta ella sigilosamente, posó sus manos en la estrecha cintura de la joven castaña volviéndola hacia él.

Haru lo observaba a los ojos con gran sorpresa mientras él bajaba la cabeza para llegar a sus labios, soltó un dulce suspiro al poder rozarlos haciendo que la sangre se instalara en las mejillas de Miura.

— Kufufufufu .-sonrió satisfecho al sentir a la joven entre sus brazos para luego besarla.

Haru abrió los ojos como sí de platos se trataran al sentir los labios del mafioso sobre los suyos, pero al verse presa por las tiernas caricias propinadas a sus labios fue perdiendo el control hasta perderse en la suave experiencia de ser besada pasionalmente por Rokudo Mukuro. Éste acarició con la mano derecha las suaves hebras de chocolate haciendo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de la joven, tiró juguetonamente del labio inferior de ella con ayuda de sus blancos dientes para luego ingresar a su boca de forma tierna.

El rostro de Haru experimentaba el paso de la gama completa de rojos, al parecer en busca del más perfecto. Abrazó la espalda del joven en busca de apoyo, sentía que las rodillas le fallaban y que en cualquier momento caería de lleno al suelo. "Ella no es mi novia", al recordar esas palabras abrió los ojos, encontrándose con el rostro del joven pegado al suyo, con un aspecto casi juguetón aunque tuviera los ojos cerrados. Al pensar en sus palabras llevó sus manos al pecho del guardián y lo alejó recibiendo un pequeño quejido por hacerlo.

— Haru lo siente, Mukuro, pero ella no puedo besarlo. —trató de esconder su turbación pero Mukuro la miraba confundido.

— Kufufufufu ¿Te asusté? Esta vez lo haré mejor. — se iba a acercar pero ella lo rodeó saliendo de su campo de visión.

Se volvió para buscar su mirada pero ella se lo impedía de forma rebelde.

— Mukuro... ¿Por qué besó a Haru-desu?

La observaba atentamente, como buscando una respuesta a aquel rechazo pero él no era uno de aquellos hombres que podían con el simple esfuerzo ver a través del comportamiento de una mujer, era un mafioso, muchas veces la realidad y la mentira se fundían para dar distintas situaciones, es por eso que siempre era directo, esta vez no sería diferente.

— Kufufufufu porque empezarás a entrenar, necesitarás energía. —contestó.

Haru se había vuelto a observarlo pero luego de aquella respuesta y la densa mirada con que la estudiaba no pudo más que bajar los ojos de nuevo.

— Haru... Lo siente pero no quiere que Mukuro la vuelva a besar porque sí, cuando ella gustaba de Tsuna-san, bueno... ni aún así permitió que él la besara porque... Haru piensa que Mukuro en parte solo juega con ella.

Mukuro dejó su sonrisa de lado para mirarla serio pero en el momento en que abrió los labios para decir algo, fue interrumpido por el ruido de la puerta que se abrió minutos después, para dejar ver a una pelinaranja.

— Lo siento, no sabía que estabas con ella Rokudo Mukuro, vendré luego. —se volvió y despareció tras el umbral.

Él luego de eso volvió de nuevo su atención a la joven que ahora sí lo observaba curiosamente.

— ¿Hubieras dejado que Sawada Tsunayoshi te besara? —preguntó algo molesto por lo anteriormente expuesto por la joven.

Haru hizo gesto de confusión, sin dejar de estudiar el semblante de Mukuro que ahora mostraba los músculos contraídos.

— Haru no lo haría. —contestó al fin.

— Pero él te gusta ¿No?

— Él le gustaba a Haru pero... En el momento de que él le confesó sus sentimientos. —ante esto Mukuro abrió en grande los ojos ¿Le había descubierto sus sentimientos? —. Haru lo rechazó, pero ahora Haru ya no sabe qué hacer... A ella le gusta Mukuro-desu. —calló, como si hubiera usado toda su energía en esa confesión.

— No sé qué hacer con eso, pero me hace felíz. —dijo él.

"¡¿Q-Qué?! ¿Eso era todo? ¿La estaba correspondiendo o la estaba rechazando?", todas esa palabras pasaban a 300 km/h por la mente de Haru, ésta apretó fuertemente los puños para luego bajar su furiosa mirada, caminó hacia la puerta, tomó el pomo entre las manos y lo rodó dejando a Mukuro ahí parado.

..

Luego de salir del balcón Ria fue hacia Dino que estaba sentado en una silla hojeando unos álbumes. Se sentó pues a su lado, ignorando la mirada inquisidora de Tsuna que ya se había dado cuenta de la presencia de Mukuro y Haru ahí afuera.

— Qué estás viendo, Cavallone. —preguntó luego de tomar asiento y estudiar al rubio.

— Me causó curiosidad encontrarlo en aquel estante, es un álbum de los antiguos jefes Vongola y sus guardianes.

Se acercó a él para poder observar mejor, viendo primero a la familia de Primo, con las fotos de Alaude y la descripción de sus armas así como su trabajo; además también estaban Lampo, G y todos los demás que aparecían entre las filas del fundador de Vongola. Pasaron a la segunda Familia, ésta era la de Secondo, al ver la foto no pudo más que fruncir el ceño.

—Se parece a Xanxus ¿Verdad? —preguntó el potro sin despegar la mirada de su interlocutora que seguía estudiando al capo de la foto.

— ¿Sería tan molesto como él?

— Dicen que tenía un carácter difícil.

—Entonces sí lo era. —rió sonoramente haciendo que el décimo Cavallone la imitara pero sintió una punzada en su pecho al verla sonreír. "No demonios, no otra vez", pensó.

En ese momento vieron salir a Haru del balcón, ésta cerró la puerta tras ella y caminó hasta la salida a zancadas.

..

Haru se deshizo de las miradas clavadas en ella dejándolas atrás, cerró la gran puerta que resguardaba a los demás y caminó por los pasillos en busca de algún lugar en el que su mente pudiera descansar.

Bajó las escaleras buscando el sitio, pasó el salón que funcionaba como recepción, el comedor, la cocina, las habitaciones de entrenamiento, las de seguridad, los sanitarios, pero no encontraba nada.

Por una de las paredes de cristal divisó a lo lejos algo que parecía una pequeña cabaña, tiró de la puerta y la abrió con mucha dificultad pues el peso era absurdamente mayor a su masa corporal, caminó por los verdes pastos ahora solo iluminados por la tenue luz de la luz hasta llegar a su objetivo. Al estar enfrente pudo ver que se había engañado, aquello no era una pequeña cabaña, sino un pequeño vivero.

Ingresó a él luego de abrir la reja que mantenía aquellas plantas resguardadas y entró a aquel mundo que destilaba tranquilidad. Caminó por una ruta de piedras ígneas que la guiaron hasta unas hermosas rosas blancas, tan puras como las alas de un ángel, más allá unas petunias le daban la bienvenida. Caminó más hasta divisar un banco de madera rústicamente tallada al lado de unos lirios, fue hasta él y se sentó. La luna entraba a aquel recinto dándole alumbre a aquellas plantas que parecían gozar de la noche. Haru estuvo en silencio por un momento y es que los sucesos rondaban su cabeza, primero era atacada, luego accedía a aprender a luchar, Mukuro la besaba, ella le decía lo que sentía y él ¿la rechazaba?... ¿llegó a rechazarla? Todas esas cosas pasaban por su cabeza con premura, sin dejarle respirar.

Se recostó en aquel banco tratando de olvidar, pero en un segundo se percató de que no estaba sola.

— ¿Haru-chan? —llamó la voz para luego, desde las sombras, acompañar la apariencia de un hombre de blanco cabello que llevaba una bolsa de malvaviscos en la mano. Éste avanzó hasta llegar al banco, sentándose en el suelo para observarla —. ¿Estás bien?

—Byakuran-san ¿Qué hace aquí?

—Vengo siempre para comer mis malvaviscos aquí, como nadie pasa por este lugar no hay forma de que pidan que les convide. —señaló con la mirada a la bolsa que tenía entre las manos con gestos infantiles —. ¿Quieres? -la tendió hacia Haru sonriendo.

—No, Haru está bien-desu.

—Jujum, Haru-chan, te conozco bien, aunque tú no lo creas. Sé que no estás bien.

— ¿Cómo puede saber que Haru no está bien si la acaba de conocer? —preguntó curiosa.

—Fácil, yo nunca interactúo con otras personas de manera inútil, me mantengo al margen para así estudiarlas. Verás, las personas actúan tal cual son cuando no se sienten en el ojo del huracán. Si las personas no saben que las estoy estudiando me dejan ver su verdadera personalidad sin saberlo. En eso Mukuro-kun y yo somos distintos, él no es un buen observador. —al instante vio el cambio en el rostro de Miura.

—Esa habilidad es algo escalofriante, Byakuran-san. Haru tendrá cuidado con usted-desu.

—Acabas de ser estudiada, mi querida Haru-chan. Dime ¿Qué te hizo Mukuro?

-¡Hahiii! Byakuran-san is dangerous-desu.

El cano sonrió ante lo dicho por la joven, no era la primera vez que escuchaba que esa extraña habilidad era peligrosa, incluso a veces cuando pequeño lloraba por el hecho de resultar extraño para los demás haciendo que luego Mukuro les mostrara lo hermoso del infierno a sus agresores; pero cuando Haru lo decía parecía gracioso porque sabía que ella no lo decía por maldad.

—Jujum ¿Y bien? ¿Me vas a contar?

La castaña dudó pero luego de estudiar al albino, algo hizo que pensara que era confiable, parecía entenderla al igual que a Mukuro.

— Haru... Le dijo algo a Mukuro y éste no le respondió.

— ¿No confías en mi? Cuéntamelo bien, si no me dices la verdad no podré ayudarte.

—Pues... Haru le dijo que le gustaba y él no respondió-desu —la joven cerró los ojos fuertemente al confesar pero los abrió de nuevo al escuchar el largo suspiro del albino que ¿Dejó de sonreír? Sí, por primera vez se había puesto serio.

—Haru-chan... Mukuro-kun es... Algo difícil e inestable, apuesto lo que quieras que no entendió la magnitud de tus palabras ¿Sabes? A pesar de llamarse un asesino y que otros lo traten como un gran ilusionista él es muy iluso, aunque pienses que no puede ser embaucado, puede serlo y vilmente por no saber entender sus sentimientos, el piensa que todo lo que su corazón le muestra es solo una proyección de las ilusiones bajo las cuales se rige su vida. —al verse sujeto de la atención de la joven volvió a esbozar una sonrisa radiante —. ¿Sabes? Siempre creí que la cura a su enfermedad era el de sacudir su mundo, tengo el trabajo de hacerlo pero no estoy dispuesto a aceptar el reto solo. —tomo asiento al lado de Haru en la banca y posó un brazo en los hombros de la joven sin que ésta entendiera el sentido tras esas sabias palabras.

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Eran aproximadamente las 11 de la noche y Hibari Kyoya se encontraba en la azotea de la gran mansión con Hibird parado sobre su dedo índice. La alondra lo observaba canturrear el himno de su querida Nami-Chuu de forma graciosa con algo muy parecido a una sonrisa adornando su jovial rostro.

— Al fin te encontré, Ave-kun.

El joven prefecto se volvió, encontrando tras él a su archienemigo, Rokudo Mukuro. Entrecerró ligeramente los ojos al verlo, no se veía burlón como siempre, estaba serio y eso le molestaba aún más.

— Rokudo Mukuro. —pronunció dejando ir a Hibird mientras el daba una voltereta para ponerse de pie—. ¿Qué te trae por aquí?

El azabache tomó sus tonfas entre las manos haciendo que las llamas de la nube las bañaran por completo en ese destellar violáceo.

— Pelea conmigo. —contestó Rokudo mostrando su tridente para luego atacarlo.

La nube paró el ataque bloqueándolo con una tonfa mientras con la otra trataba en vano de asestar un golpe al peliíndigo. Algo raro sucedía con aquel, no es que a él le importara mucho pero aquel hombre se veía abatido y desconcentrado. Pudo notarlo en el momento en que se desconcentró recibiendo un tonfazo en el estómago.

— Vete, ven de nuevo cuando estés en plena disposición de tus cinco sentidos. No me gustaría darle una paliza a alguien que se muestra tan débil. Rokudo Mukuro, en el pasado lograste asestarme unos buenos golpes, pero con esa actitud no podrías tocarme, así que vete. —el prefecto se volvió pero sintió que aquel hombre que tenía las manos en el estómago anteriormente, como queriendo retener las entrañas dentro, ahora con un brazo extendido lo tomaba del abrigo.

— kufufufufufu ¿Te estás mostrando compasivo conmigo, Ave-kun?

Hibari se volvió para observarlo con algo de incredulidad, cualquiera hubiera vendido su alma al diablo por el privilegio que le estaba otorgando a ese cabeza de piña.

— ¿Sabes? Personas más prudentes pagarían por el privilegio de mantenerse con vida luego enfrentarse a mí.

— Kufufufufufufu, Hibari Kyoya, tú y yo nos conocemos, de hecho somos algo parecidos ¿Nunca has sentido la necesidad de golpear y ser golpeado para quitar algo de tu pecho? Pues es lo que siento ahora y qué mejor contrincante que el Demonio mismo.

Esta vez se lanzó al ataque logrando propinar una patada en el estómago al prefecto que salió volando, sintiendo el fuerte golpe en su espalda al chocar contra uno de los pilares.

— No sé qué es lo que quieres quitar de tu pecho, pero si te hace fuerte entonces estoy más que encantado por la posibilidad darte una paliza.

Se levantó con gran dificultad por el anterior golpe, posicionándose de nuevo con las tonfas preparadas solo que ésta vez no esperó a que el ilusionista se acercara, él mismo corrió lanzando el ataque, logró con la tonfa de la mano derecha contener el tridente para con la de la mano izquierda golpear el rostro de Mukuro que se vio afectado solo por unos segundo, ya que con la mano libre tomó el brazo de Hibari manteniéndolo inmóvil al igual que el que tenía bloqueado con el tridente. Sin manos libres le devolvió el favor con un cabezazo para luego alejarlo con una patada en medio del estómago.

Hibari levantó el rostro respirando con algo de dificultad, pero por alguna razón su sonrisa se hizo aún más grande. En esos momentos ingresó Kusakabe a la azotea luego de escuchar aquel ruido infernal, encontrando al presidente del comité disciplinario con una rodilla al piso respirando con mucha dificultad así como a su agresor mirándolo.

— Kyo-san. —pronunció con un gran deseo de acercarse y ayudarlo pero cuando iba a hacerlo se arrepintió. Hibari y Mukuro se volvieron con una mirada asesina y una gran sonrisa en el rostro.

— Aléjate si no quieres morir. —dijeron ambos al unísono haciendo estremecer al pobre hombre.

Luego de decir aquello midieron fuerzas de nuevo, esta vez ya no se trataba solo del brillo de la llama de Hibari sino de una color índigo que adornaba el tridente de manera hermosa. Nuevamente sus armas se encontraron, nuevamente aquellas almas resonaron en una conversación que pocos entenderían pero que para aquellos dos resultaba acogedora. A pesar de los golpes, el sudor, la sangre y el dolor, para aquellas dos bestias resultaba más efectivo y entretenido que una simple charla de herbívoros, esa era la discusión de dos guerreros.

Luego de media hora de ataques consecuentes y de varios encontronazos, aquellos guardianes se mantenían en pie con ayuda de sus armas. Ambos respiraban con dificultad, con el sudor y la sangre empapando sus almas, ambos se miraban con una sonrisa cómplice en los labios.

— ¿Estás mejor, Herbívoro? —preguntó Hibari con sorna.

— kufufufufufufu. Mejor que nunca gracias a la exquisitez que resulta darte una paliza, Ave-kun.

Mukuro enfundó el tridente poniéndose de pie dispuesto a marcharse. Se volvió caminando hacia la puerta, tomó el pomo con la mano derecha y cuando estuvo a punto de salir volvió el rostro mirando a Hibari.

— Hasta la próxima contienda. —dijo.

— Cuando quieras.

El reloj de pared marcaba las 6 de la mañana en ese momento y Haru ya no podía dormir, corrió las sábanas con ayuda de las manos para mirar hacia la otra cama en el cuarto presente, en ésta yacía Kyoko aún dormida. Se levantó sin hacer ruido para, en puntillas de pie ir hacia el baño.

Diez minutos después salió, tomó su ropa y se la puso rápidamente para luego recoger su suave cabello en una coleta alta, ese día empezarían su entrenamiento y ellas estaban más que comprometida con la promesa que había hecho.

Bajó por las escaleras en silencio, mirando de a ratos hacia todos lados en busca de alguien que pudiera verla. Abrió la puerta que separaba la gran cocina del comedor y entró de espaldas aún mirando hacia las escaleras para interceptar alguna presencia hostil.

— Nadie te verá, es muy temprano todos están durmiendo.

— ¡Hahii! —se volvió espantada para ver de quién se trataba, encontrando a su actual tutora con una humeante taza de café entre las manos.

La joven mafiosa la observaba con una cálida sonrisa a la vez en que sorbía el café con mucho cuidado para no quemarse la lengua. Tomó asiento junto a ella observándola por un tiempo sin aún hablarle.

— ¿No vas a comer nada? Hoy empezamos el entrenamiento.

— Ria-san, usted es una mafiosa ¿Verdad? Cómo hace para soportar esta vida.

— ¿Haz empezado con esto y ya te estás cansando? La vida resultará muy larga para ti, Haru.

— No es eso... Verá ¿Cómo hace si una persona de su ambiente le gusta pero éste la rechaza y al día siguiente usted no quiere cruzar miradas con esa persona? En la mafia es más difícil porque digamos son de una misma Familia, tendría que ver a esa persona le guste o no ¿Cómo lo hace? Haru no lo entiende-desu. —la joven se rascó la nuca impaciente.

Ria la observaba atentamente, bajó la taza a la mesa se volvió hacia ella.

— Haru, eso no sucede solo en la mafia, sucede en la vida diaria. Debes aprender a vivir con la aceptación y el rechazo. Si no quieres cruzar miradas simplemente no lo hagas con los ojos del alma.

— Haru no entiende-desu.

— Te estoy diciendo que trates a la persona con pudor, aleja tu corazón para que éste no resulte dañado. En otras palabras si eres presidente de la república y te enamoraste de tu vicepresidente y él te rechaza, al día siguiente vuelve a firmar los acuerdos con él y lleguen a las conclusiones a las que deban llegar, sonríele cuando haga un chiste de política en el horario laboral pero una vez que salen del trabajo y dejas el mando del país para ir a casa olvídate de esa persona y no la contactes hasta el día siguiente en que tengas que volver a proclamar leyes a su lado ¿Entiendes?

— Sí, Haru lo entiende-desu.

— ¿Por qué me preguntaste eso?

Ria pudo ver como el sonrojo hacía acto de presencia en ese infantil rostro.

— Etoo... Haru, pues...

— Rokudo Mukuro te rechazó. —concluyó sin ayuda haciendo que Haru pegara un respingo.

— ¿Usted lee mentes?

— No hay que leer mentes para saber la razón por la que un minuto después de que yo saliera del balcón saliste como alma en pena. Supongo que ahora quieres salir adelante ¿Verdad?

— Haru... Solo no quiere encontrarse con él porque sabe que cuando lo haga volverá a sentir lo de ayer-desu.

Ria se quedó callada por un momento mirando al vacío para luego dirigirse de nuevo a la joven.

— Ve y prepárate mentalmente porque esto no será fácil. Las espero en el salón de entrenamiento del jardín de atrás a las diez de la mañana, sean puntuales.

Miura asintió con la cabeza ya más tranquila para dirigirse a su cuarto corriendo.

Ria miró al mismo punto que antes, tomando de nuevo la tasa entre sus manos.

—Puede salir, décimo. —invitó viendo al castaño minutos después ingresar —. ¿Qué tanto escuchó?

— Tanto como para querer matar a golpes a Mukuro. —respondió tomando asiento.

— El consejo iba para usted también, es el jefe no puede dejar que los problemas personales le afecten.

— Aún así, es difícil. Después de todo aún quiero a Haru.

— ¿Por qué piensan que me es grato escuchar dramas amorosos? Todo en el amor es un asco. Lo odio. —Tsuna sonrió viendo a la joven llevar la tasa al lavado, hasta que recordó las palabras del noveno.

— Ria-san, Xanxus...

— Hermanito, no deberías hablar de cosas feas a estas horas, es muy temprano.

— Dino-san.

Ambos vieron al rubio avanzar, éste llegó hasta Tsuna para acariciar las castañas hebras con una mano para luego dirigir su atención a la holandesa.

— Ya es hora.

— ¿No vas a comer nada antes de empezar?

— Ya lo hice.

— Bien, entonces vámonos a entrenar. —Ria caminó hasta la puerta para luego mirar a Tsuna —. No olvide lo que le dije.

El capo asintió con una sonrisa viéndolos marcharse para que luego su súper intuición le dijera que algo ocurriría entre ellos.

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Un día más se iniciaba para los habitantes de la mansión, cada quién estaba despertando a su ritmo y se dirigía a las prácticas con distintos estados de ánimo, unos estaban felices, otros hartos, cansados, somnolientos, etc. Pero sea como sea todos iban por y para lo mismo, hacerse más fuertes.

Vayamos pues al entrenamiento de los guardianes del trueno con el tan desquiciado arcobaleno de los experimentos. En esos momentos Levi ya tenía afuera de la caja a su mantarraya, estaba sobre ella flotando en el aire esperando. La vaca simplemente se hurgaba la naríz con desinterés.

— Lambo-san no necesita de esto, él es el mejor Hitman del mundo, alguna vez Reborn se dará cuenta. —dijo éste estirando un poco las piernas.

Verde lo observaba sin un aparente cambio en las facciones, claro que por dentro deseaba con toda su alma disecar a ese pequeño insecto hablador. Entonces tomó el consejo del mocoso Vongola para hacer que ese niño aprendiera una que otra cosa antes de que él hiciera que el ocaso de la vida le llegara de forma prematura.

— Bien, haz lo que te digo y te daré esta bolsa de dulce. —de un mueble cercano quitó la dichosa bolsa que contenía pequeños dulces coloridos —. Te los daré todos si sacas tu caja arma y la utilizas, todos serán para ti.

— Todos serán para Lambo-san. —repitió con la baba cayéndosele por las comisuras de los labios.

— Así es, ahora ve hacia Leviathan y enséñale tu caja arma.

— ¡Dame los dulces, Verde! —gritó éste ingresando su llama a la caja, invocando a un rinoceronte sobre el cual estaba montado.

— Aún no.

— ¡Dámelos!

— No hay forma de que este niño haya abierto así como así su caja, yo estuve días tratando de hacerlo hasta que al fin lo logré, es solo suerte de principiantes. —objetó Levi con su porte soberbio.

— ¡Cambio Forma! —gritó en contra partida el niño.

— ¡Qué! —gritaron maestro y alumno al ver cambio el arma a un escudo con un sello de un trueno en la parte delantera.

— Imposible. —dijo Levi.

— Dale los dulces a Lambo-san.

— Aún no.

Entonces vieron como la rabia en el niño crecía, la frustración caía por sus mejillas en forma de lágrimas, entonces vieron el destello salir del escudo que ahora éste vestía.

— ¡CORNATA FULMINE!

Entonces vieron los destellos del rayo por toda la habitación creando una gran polvareda que no les permitió ver más, solo sintieron la fuerte descarga eléctrica en sus cuerpos. Ahora, que la polvareda se ha diluido, se puede ver a Levi con el cabello despeinado y con el cuerpo rostizado, del más hermoso color negro carbón. El maestro verde se encuentra tendido bajo una mesa en las mismas condiciones, con un brazo extendido que sujeta las golosinas.

— Gyajajajajaja estas golosinas son de Lambo-san, el mejor Hitman del mundo. —se animó a decir el niño acercándose a su maestro, poniéndose en cuclillas y quitándole de las manos su objeto de soborno.

— Ojalá te las comas, te atragantes y mueras por no poder respirar, —deseó Verde para luego desmayarse.

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Eran las diez de la mañana, cuando Haru y Kyoko, totalmente emocionadas y con cintas aparentemente de gimnasia adornaban sus cabellos, iban por los pasillos aparentemente haciendo calentamiento. Se cruzaron por el camino con cierto Friki del boxeo que ¿Hacía lo mismo que ella?

— ¿Ustedes también están calentando? ¡AL EXTREMO! Somos los mejores. —gritó éste con mucho entusiasmo.

Los tres corrieron hacia la estancia del lugar, saltando y riendo. Cuando llegaron encontraron a cierto peliíndigo en el lugar al igual que un castaño.

— Haru, Kyoko-chan ¿Ya están entrenando? —preguntó Tsuna con una gran sonrisa.

— Claro que sí, somos aprendices de Hitman después de todo ¿Tú también, Tsuna-kun?

— Sí, yo estoy esperando a Byakuran.

Haru que estuvo callada todo ese tiempo y desviando la mirada del ilusionista recordó las palabras de su ahora maestra.

— Pues Haru les deseo toda la suerte a ustedes dos-desu —contestó con entusiasmo.

En esos momentos el albino con complejo de niño entraba en el salón. Cuando vio a Mukuro y Haru frente a frente sus ojos concibieron un brillo extraño. Se acercó pues y desde atrás abrazó a Haru.

— ¡Hahi!

— Haru-chan, te estaré apoyando. —Animó recibiendo la mirada asesina del guardián de la niebla pero antes de que pudiera replicar un hecho hizo que se quedara petrificado.

— ¡MUKURO-SAMA! —escuchó para luego volverse hacia la puerta, encontrando al grupo Kokuyo en el umbral de ella.

Haru abrió los ojos grandemente al verla, eran esa mujer, M.M con otros tres ¿Jóvenes? Dos hombres que ella ya conocía y otro de pelo color aguamarina. Esa mujer la observó con odio para luego correr hacia su jefe, esto indudablemente sería un problema.

Notas de la autora:

Bien, estoy de salida, así que debo apurarme ¿Y bien? Qué onda con el consuelo de Hibari a Mukuro jajajajajaja, fue de dementes. Sé que me querrán matar por lo de Mukuro y Haru, pero… Ya ven así son las cosas kufufufufufufu. Llegó M.M ¿Qué pasará ahora? Esto y mucho más en el próximo capítulo. Perdonen si encuentran algún error, es que tuve muchos problemas y el capítulo lo hice más largo por si la próxima semana no publico, creo que lo haré, pero nunca se sabe. Gracias por leer.

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"No olvides que además de los que quieren hacer daño, están los que quieren sanar heridas." (Sawada Iemitsu).

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**Saya Christopher**