Summary: Haru Miura ha vivido hasta ahora con sentimientos que creía puros y verdaderos, empero, con el tiempo su corazón le demostrará que el sujeto de sus pensamientos en realidad no era aquel que estuvo siempre enfrente suyo, sino alguien que se cruzó en el camino y llegó a su vida con un golpe fuerte del destino.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, es una obra maestra de Akira Amano, a mí solo me queda el consuelo de una historia alternativa con las parejas que siempre quise ver en la historia original.

Aclaraciones:

Diálogo: -

Italiano: Buon giorno

Flashback: título en negrita

Recuerdos: "Recuerdos en el diálogo"

Cambio de escena: (-) raya divisoria.


Capítulo XV — "Las sorpresas más grandes ocurren en los bailes"

Haru caminó en reversa, sintiendo que los ojos se le aguaban hasta que sintió una mano en su hombro. Lentamente se volvió, encontrando a Byakuran que no la miraba, sino que estudiaba la escena. La castaña se abrazó a él, hundiendo su rostro en el pecho de Gesso que simplemente la rodeó con los brazos sintiendo pena. No sabía qué estaba haciendo Mukuro ni qué pasaba por su loca cabeza pero él se encargaría de que aquello no se quedara así. Llevó a Haru hacia uno de los pasillos desiertos, ésta no dejaba de derramar lágrimas y cuando Byakuran trataba de alejarla para ver su rostro, ésta lo tomaba con más fuerza, impidiendo acción alguna.

— Haru-chan, no llores. Debes ser fuerte. —alegó sin recibir respuesta.

La joven simplemente sollozaba entre los brazos de su nuevo amigo, esa imagen le había roto el corazón. Ahora mismo pensaba que al menos el ilusionista no le había dado falsas esperanzas, si le hubiera correspondido entonces sí estaría realmente molesta, ahora simplemente veía la razón por la cual rechazó sus sentimientos.

Vayamos por un momento a la sala en donde se encontraban Rokudo y M.M, pues ahora mismo el peliíndigo luchaba por quitársela de encima, pero ésta se le pegó como garrapata. Para la suerte de nuestro protagonista alguien le ayudó, bueno más bien para su desgracia.

Shishô~—llamó Fran casi lanzando a M.M al otro lado de la habitación—. Usted sí que es cruel, juega a dos puntas.

Mukuro hizo aparecer su tridente para traspasar la estúpida gorra de su alumno, quien seguía sin expresión alguna en el rostro.

— Itai, Itai, Shishô~

M.M se acercó molesta, con el fin de matar a aquel entrometido que interrumpió su beso con Mukuro, ese maldito se las pagaría.

— Fran, maldito ¿Qué te crees para intervenir?

El ilusionista se volvió para mirar a su compañera, pero segundos después volvió su rostro hacia su maestro de nuevo, ignorándola.

— M.M, no me gustan las personas que usan trucos sucios. De todas formas… Ite, Ite Shishô~

— Kufufufufufu de todas formas, M.M, nadie interrumpió nada. Lo que me recuerda… la próxima vez que me vuelvas a besar te enviaré al rincón más apartado y horrible del infierno. —la pelirroja lo supo en ese instante, no era una amenaza cualquiera, hablaba más que en serio.

— H-Hai. —hizo una reverencia para luego irse.

Mukuro al instante miró al otro ilusionista, manteniendo el tridente en la cabeza, sabía que empujó a la joven por una razón. Él no era de aquellas personas que intervenían en algo así como así, debía tener una razón muy fuerte.

— ¿Qué pasó? —preguntó indagando la causa de aquella acción.

— Shishô, no debería exponerse de esa forma ¿Qué pasaría si alguien que a usted le importa lo ve?

El ilusionista abrió ambos ojos como platos, no lo había tomado en cuenta pero aquello había sido peligroso. No es como si pudiera controlar a su loca súbdita, ella siempre hacía eso, se le lanzaba encima pero se alejaba luego de que él no le contestara, pero esta vez aún así se mantuvo en su posición, aunque él intentara alejarla. De alguna forma rara los besos con ella no significaban nada, en cambio con…

— ¿Haru-chan no está aquí? Pero si la envié hace un buen rato ¿A dónde habrá ido? —preguntó Shamal entrando a la habitación, buscando con la vista a la niña.

Al escuchar su nombre Mukuro sintió que su corazón empezó a latir a toda velocidad, eso no podía ser cierto, ella no pudo haber visto aquello. En el momento en que se iba a levantar para ir a buscarla, la joven apareció en el umbral con la cabeza gacha acompañada por Byakuran que le lanzó una mirada asesina.

— Shamal-san, aquí estoy. Perdone la tardanza, fuimos por algo de agua.

El médico asintió para luego acompañarla a que se sentara, ésta lo hizo al lado de Mukuro en aquella camilla que le sirvió como soporte cuando estaba besándose con M.M. El ilusionista de los cabellos índigos giró la cabeza para observarla, hasta con descaro si se quiere. La joven mantenía la cabeza gacha, mirando a un punto inexistente de la habitación, sumida en sus pensamientos. Shamal mojó un pequeño algodón en alcohol, para luego pasarlo por la fosa del codo a fin de limpiar el área. Luego tomó la jeringa, insertándola en la parte antes mencionada, extrayendo la sangre.

La joven durante el proceso no hizo ningún gesto de dolor, se mantenía callada mirando a la nada. Shamal apretó un algodón limpio en la pequeña herida, para luego taparla con una curita de forma circular.

Miura se levantó de nuevo y fue hacia la puerta, sin intercambiar palabra alguna con el peliíndigo. Éste la vio alejarse del brazo de su amigo de la infancia para que minutos después desaparecieran.

— Bien, guardaré la sangre, ya puedes irte, Rokudo. —dijo Shamal para luego salir.

Fran simulaba estar ocupado con las paletas que se encontraban en un recipiente, pero había visto todo lo sucedido, incluso la reacción de su maestro. Bajó el recipiente y fue hacia el umbral de la puerta, con el fin de salir, pero antes de hacerlo dijo:

— No tiene nada que temer si no tiene nada que esconder. —luego de decir esto se fue dejando a su maestro pensativo.


Ria ya se encontraba en esos momentos en la sala de entrenamiento, eran las 22:55 de la noche. Estaba sentada en uno de los bancos de aquel lugar, pensando en la carta de su maestro, éste puntualmente decía que vendría a buscarla, que el tiempo se había acabado y que debería ejercer su deber como una Vindice más. Eso se acordó, que ella aceptaría el cargo pero ahora, luego de encontrar a Xanxus de nuevo y sentir eso otra vez, no quería irse. Aún así, cuando ocurrió aquello que los alejó prometió ser una Vindice y no se podía retractar.

En esos momentos fue sacada de sus cavilaciones por el mismo Xanxus que estaba parado frente a ella hace como un minuto llamándola "escoria". Ria se puso de pie y fue al centro del lugar esperando a que el moreno la siguiera. Una vez ahí se miraron fijamente.

— Bien Xanxus, saca tu caja arma y muéstrame al león.

El hombre increíblemente así lo hizo, sin decir palabra alguna en contra. El león salió al instante y fue tras Ria pero ella lo detuvo con su sabueso del infierno. Sus cadenas fueron tras Xanxus pero él las desvió con ayuda de sus gemelas, disparando en dirección a ella; mientras el león lanzó un rugido para petrificar al sabueso pero éste estaba envuelto en las llamas blancas, casi trasparentes de su dueña, siendo protegido del ataque. Ria corrió a toda velocidad para desenfundar su espada pero al atacar ésta fue atrapada por las pistolas de Xanxus, dejándolos muy cerca. La holandesa rió sonoramente para luego retarlo con la mirada.

— ¿No se suponía que no tenías control sobre el león? A mí me parece que tienen una gran sincronización, ScemoNxus.

— Pues el cumplido es bien recibido, escoria.

Al ver esa mirada de superioridad de nuevo se volvió para luego enfundar su espada y hacer que el sabueso desapareciera para caminar hacia la salida.

— ¿A dónde vas, Escoria?

— No tengo nada que enseñarte, ya aprendiste lo que debías por tu cuenta, ya no me necesitas.

Iba a avanzar más pero él la aprisionó contra el muro más cercano, manteniéndola quieta al tener sus manos entre las suyas, con una gran fuerza de por medio.

— ¿Qué se supone que haces? —su mirada era fría, la que se suponía la protegía en contra de ese hombre que nublaba su juicio.

— Esa carta de Bermuda... ¿Te llevará con él?

Al escuchar aquello Ria dejó la frialdad de lado, mostrando claros signos de sorpresa.

— ¿Cómo...?

— No soy idiota, escoria. Lo vi en el escritorio de tu habitación ¿Te irás con él?

Ria se molestó, actuar como si le importara, pedir respuestas cuando él no quiso escucharla en el pasado, era tan molesto. Se empezó a remover como una fiera y sus facciones demostraron el enojo al instante.

— Jah, no entiendo por qué te importa tanto si según tú yo no me merezco ni la más mínima de tus atenciones.

— Tú...

— ¡Cállate! Yo estaba bien, sin verte. Estaba empezando a vivir normalmente de nuevo. —Xanxus la observó con curiosidad porque todo en ella demostraba tristeza—. Tsk, suéltame.

— No, maldita escoria. Es momento de que respondas todas mis preguntas ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me engañaste?

Ria empezó a reír sarcásticamente, su sonrisa era casi agridulce.

— ¿Alguna vez escuchaste que yo dijera que lo sabía? ¿Tu padre afirmó que yo era conocedora de ese secreto? Xanxus, yo llevaba solo un año y medio viviendo con ustedes, no había forma de que el Noveno me confiara aquello. De todas formas ¿Sabías que... yo no sería capaz de hacerte semejante bajeza? ¿Sabías que... yo te amaba? —durante la confesión mantuvo la cabeza gacha evitando ver esos ojos carmines que habían sido sus verdugos durante tanto tiempo.

Se removió al notar que el agarre se hizo débil y se dispuso a marcharse cuando él sorpresivamente la tomó del brazo atrayéndola a su cuerpo. La tomó de la cintura con vehemencia, atesorando la cercanía, sintiendo el descomunal latir de su corazón, perdiéndose en los hondos lagos azules que hacían que perdiera su identidad por segunda vez. Se acercó a sus labios y los unió en un suave beso con los suyos, para luego apretarla aún más a su cuerpo, casi lastimándola para que no pudiera liberarse. Ella mordió su labio inferior con el afán de que él reclamara pero lo único que logró fue que él se adentrara por completo en su ser, haciendo que el sabor umami de sus labios le hiciera perderse en lo más lejano del Aqueronte1, rumbo a lo más profundo del inframundo, porque sentía que Xanxus era un enviado del infierno venido exclusivamente para arrastrarla consigo. Luego de unos minutos él se separó, respirando pesadamente, haciendo que su suave aliento refrescara a la pobre holandesa que estaba sonrojada. Hizo un movimiento brusco para luego lograr salirse del abrazo. Así fue como Xanxus la vio alejarse como una tormenta.

— Tsk maldita escoria. No quiero que te vayas otra vez. —admitió en voz baja por única vez.

Sigamos a Ria que iba molesta por aquello, iba de forma automática pisando fuerte y respirando pesadamente hasta que chocó con cierto rubio que la miró con preocupación.

— Ria ¿Qué sucedió?

— Nada. Ve a dormir, Cavallone. —indicó para pasar a su lado y alejarse.


Era el último día de entrenamiento antes de que empezaran las pruebas y sorprendentemente Reborn los llamó a todos de urgencia al salón en el que se habían reunido la primera vez. Cada quien tomó su lugar en la mesa, varias miradas furiosas se encontraron, otras simplemente se ignoraron. El arcobaleno del sol ahí presente tomó la palabra luego de un largo silencio.

— Los he reunido aquí para hacerles partícipes del horario de actividades de este día. No van a entrenar hoy, se dedicarán a descansar. Se supone que una semana fue tiempo suficiente para aprender, hoy se dedicarán a divertirse y a nada más. Por eso y porque sé que ninguno me hará caso están obligados a asistir al baile que se dará esta noche. Por obvias razones no habrán bebidas alcohólicas, eso afectaría su rendimiento de mañana así que deberán divertirse sanamente.

— ¿Qué tiene de divertido que te obliguen a ir a una fiesta? —susurró Enma.

— ¿Tienes algún problema, Shimon? —increpó Reborn.

— Nop.

— Como era de esperarse de Dame-Enma —dijeron sus guardianes al unísono por la lamentable actitud de su jefe que ahora hacía pucheros por el sobrenombre.

— Bien, ya que todos estamos de acuerdo... —miró desafiante a Xanxus y Hibari que eran los más hostiles —, la cita está pautada para las 2100 horas.

— No entiendo ¡AL EXTREMO! ¿No se supone que el día tiene solo 24 horas?

— Cabeza de césped idiota, eso significa que para las nueve de la noche debemos estar ahí.

— Lo siento, cabeza de pulpo pero yo no soy adivino. —nuevamente una gota rodaba por la sien de los presentes.

— Como sea, —prosiguió evitando pensar en lo idiotas que podían llegar a ser los Vongola —, la única autorizada para faltar a la cita es Ria. Los demás deben estar ahí.

— Bien, yo me marcho. —dijo la aludida levantándose.

— Ria, luego debemos hablar —señaló el arcobaleno para luego verla partir.

— Eso no es justo ¿Esa herbívora puede faltar pero nosotros no? Lo siento bebé, pero ni pienses que asistiré. Si uno tiene el derecho todos lo tenemos.

— Hibari, ella no asistirá por una delicada razón. No hables como si lo supieras todo.

Todos notaron el tono tétrico de su voz y sintieron algo de pesar además de curiosidad. Haru se sintió algo dolida pues Ria la había ayudado mucho, solo esperaba que estuviera bien.

— Bien, como dije todos deben asistir. Ahora vayan a preparar sus cosas y a descansar un poco.

Todos se levantaron y fueron a sus respectivas recámaras menos Haru que se puso a buscar a su tutora por los alrededores.

— ¿A quién buscas, Jovencita? —le preguntó amablemente el Noveno que bajaba de su despacho.

— Haru busca a Ria-san, pero no la encuentra-desu.

— Está en la biblioteca de arriba, acabo de verla entrar.

Haru le hizo una reverencia y subió rápidamente. Abrió las puertas pero no la encontró, recorrió el lugar con parsimonia hasta que vio tras uno de los estantes, cerca de un gran ventanal, unos pies. Se acercó y la encontró leyendo un enorme tomo, sentada en el suelo como una niña pequeña.

— Ria-san. —llamó.

Al instante la joven la miró, para luego cerrar el libro e invitarla a sentarse. Haru lo hizo y empezó a hablar.

— Ria-san ¿Se encuentra bien?

— Sí ¿Por qué lo preguntas?

— Pues Reborn-chan dijo que usted no iba a asistir a la fiesta así que Haru pensó que tal vez estaba enferma-desu.

Ria le sonrió amablemente negando de forma suave con la cabeza.

— No es por eso, es solo que no me gustan las fiestas.

— ¿Y eso por qué-desu?

— Porque... —suspiró —. Es una larga historia, cuando yo tenía 16 años mis padres dieron una fiesta para celebrar que ya era mayor de edad para la mafia holandesa. Ese día unos sicarios entraron a la mansión y mataron a todos los ahí presentes. Yo sobreviví porque, luego de ver a mis padres muertos, huí sin que lo notaran hacia un pasadizo secreto. Esos hombres no notaron hacia dónde fui y pues... estuve encerrada en el lugar por un día completo hasta que llegó mi maestro luego de enterarse de lo sucedido... Luego de eso solo fui a una fiesta, porque cuando estoy en ellas un miedo horrible me invade y me quedo en silencio, no hablo por alguna razón que desconozco.

— ¡Hahi! Haru no debió preguntar eso-desu.

— No te preocupes, es bonito que alguien se preocupe por ti de vez en cuando.

— Kyoko-chan también quería venir pero no pudo porque su hermano la interceptó.

— Pues agradécele el gesto. —la observó por unos minutos—. Ahora qué pasó.

— ¡Hahi! ¿A qué se refiere-desu?

— A Mukuro y el por qué de esas miradas tensas.

— Pues... Mukuro ya tiene a alguien a quien ama-desu.

— ¿Cómo lo sabes?

— Haru los vio en pleno intercambio de amor.

— No entiendo.

— Se estaban besando-desu —agachó la cabeza.

Ria acarició sus cabellos pausadamente, sabía que se sentía mal pero esa no era la mejor actitud.

— Haru, tú eres alegre y optimista ¿Sabes qué es lo que más molesta a un hombre? Que después de que rechazaran a una mujer éstas se muestren fuertes y optimistas ¿Sabes qué haría yo? —Haru negó con la cabeza bastante interesada—. Le pagaría con la misma moneda.


La ansiada hora del baile llegó, bueno así querría Reborn que se refirieran a aquel acontecimiento. En realidad todos se encontraban ahí con caras de tres metros porque deseaban estar entrenando o bien acostados en sus habitaciones, descansando.

Pues la cosa está en que la palabra "descansar" no se encuentra en el diccionario de la RAE de Reborn, o tal vez arrancó la hoja en la que se encontraba la palabra, quién sabe. Como sea, ahí estaban nuestros personajes, sentados en las mesas dispuestas para esa "fiesta". Dame-Tsuna se encontraba compartiendo desgracias con Dame-Enma; Gokudera estaba jugando a las explosiones con Belphegor; Yamamoto se encontraba sentado en la mesa con Chrome que se levantó exclusivamente para el evento; Xanxus mostraba lo poco interesante de la reunión sentado en su trono, ingiriendo vino precedido de su lame suelas oficial, Leviathán. Por otra parte, Hibari se encontraba alejado de aquellos, mirando por el balcón hacia los jardines mientras Rokudo estaba apoyado por una de las paredes estudiando su alrededor, en busca de una castaña.

Efectivamente, y como si él la hubiera invocado, ésta se encontraba ingresando de la mano de Byakuran que sonreía de forma grácil. Tsuna se volvió al verla ingresar, nuevamente estaba con Byakuran y eso no le gustaba. Dejó a Enma y fue hacia su guardián de la niebla que estaba a punto de destrozar el vaso que tenía entre manos por la presión ejercida en él.

— Mukuro ¿Qué hace Haru con Byakuran?

— Eso me gustaría saber. —Contestó sin apartar la mirada de ambos—. Kufufufufufu a ese hombre siempre le ha gustado el peligro, solo que en estos momentos no estoy de humor como para jugar con él.

Byakuran que había estudiado la mirada de su amigo acercó sus labios al oído de Haru y le susurró algo. Al ver esto Mukuro empezó a desprender un aura asesina que asustó a su jefe.

— ¡Hiii! Algo sucedió, Haru no es de esas personas que coquetean con más de uno. Dime qué pasó.

— Eso voy a averiguar.

Tsuna lo vio automáticamente alejándose de él, en busca de la mujer que se encontraba en compañía del albino.

— Kufufufufufu así que te estás divirtiendo con Byakuran, Haru.

Al escuchar la voz del ilusionista la joven castaña dio un respingo, para luego volverse lentamente. En un momento recordó lo dicho por Ria "Pagarle con la misma moneda". Tomó la mano de Byakuran, haciendo que ambos jóvenes se sorprendieran.

— Mukuro-san, es bastante obvio que Haru se divierte con Byakuran porque él es bastante simpático. Además trata a Haru como una dama-desu.

¿Qué acababa de ocurrir? Desde que se conocieron, él fue la única persona llamada por Haru sin ningún honorífico. Ahora ¿Acaba de llamar al albino por su nombre a secas? ¿Lo llamó con un honorífico? Byakuran sonrió para luego acercarse y abrazarla, entrelazando sus dedos con los de la joven.

— Jujum, Haru-chan. Eres tan bonita. —le dio un beso en la mejilla.

Un tic nervioso apareció en el ojo derecho de Mukuro, que ensombreció su mirada al instante por lo que acababa de ver. Byakuran estaba a punto de probar el suave néctar del infierno.

Sin darse cuenta Haru ya se había alejado con el joven Gesso, que sonreía socarronamente por ver la expresión de su amigo. Era un bonus extra molestarlo, siempre hacía ese gesto cuando lo hacía, le encantaba verlo así.

Vayamos pues al otro lado del salón, en donde se encontraban Yamamoto, Squalo, Bluebell, Saskia, Chrome, Dino y Lussuria tomando unos jugos (era más una fiesta infantil que una de adultos, claro que cierto albino estaba en sus Campos Elíseos2 al ver tantos dulces). Saskia se había pasado huyendo del Dr. Shamal pero este al parecer le había puesto un rastreador, no importaba cuanto se alejaba, siempre era encontrada.

— Saskia-chan~… Deberíamos ir, ya sabes por allá a tener nuestra propia cita, estos jóvenes están muy pequeños para ver a unos adultos en acción. —comentó tomando la mano de la joven para besar el dorso sin percatarse de la mirada asesina de ésta—. ¿Ves Hayato? Esto es erotismo.

— … —Yamamoto.

— … —Dino.

— … —Squalo.

— … —Chrome con un pequeño sonrojo.

— … —Lussuria.

— … —Gokudera.

Saskia le dio la vuelta la muñeca, haciendo que el doctor lloriqueara para luego hacerle una llave lanzándolo sin pena alguna al piso.

— Jeh, te lo dije, paga la apuesto, Shamal. —exigió Gokudera recibiendo un fajo de billetes de parte de su maestro que aún en el piso con la sangre escurriendo de su nariz trataba de actuar "Cool".

Ignorando las risas de los demás ante esta escena, Dino decidió retirarse. Sin cierta Godlieve las horas en esa fiesta pasarían lentamente, ni siquiera quería molestar a Kyoya y eso ya era grave. Sigilosamente caminó hasta la puerta del lugar, saliendo para buscarla, bajo la atenta mirada de cierto asesino que dejó su trono para seguirlo.

Una música lenta hizo aparición en el recinto, invitando a gozar de la pista de baile. Las luces se hicieron tenues y los que antes estaban charlando llevaron a sus parejas hacia el centro del lugar. Kyoko y Tsuna se encontraban entre la multitud, gozando del suave deslizar de sus pies, al igual que Chrome y Yamamoto, que aunque tímidamente, ahora se encontraba muy cerca gozando de la compañía del otro. Entonces fue que todo el juicio de Rokudo se vio ennegrecido, mientras su burlona sonrisa parecía adornar el rostro de alguien más. Byakuran sacaba a bailar a Haru en esos momentos, pegándola a su cuerpo siguiendo el compás de la música. Ese maldito… a partir de ese día el tártaro sería su dulce hogar.


LAS ACLARACIONES ESTÁN AL FINAL :D

Notas de la autora:

Si se lo preguntan, sí… ya recibí amenazas de muerte por terminar los capítulos así pero no me importa Gyajajajajajaja porque Saya Christopher es inmortal y… además no saben en dónde vivo u.u.

Poniéndome seria ¿Qué les pareció el capítulo? Xanxus acorralando a Ria… Dino huyendo de la fiesta como cenicienta siendo perseguida por el príncipe… Shamal con sangre en la nariz y en la billetera luego de perder la apuesta con Hayato-chan… Yamamoto y Chrome entre sonrojos… Ria ausente, sola con su alma… Hibari mirando los jardines… ¿Qué pasará luego? ¿Habrá alguna contienda? ¿Morirá alguien? ¿Shamal dejará el erotismo de lado? ¿M.M recibirá su merecido? ¿Fran nos causará pavor de nuevo con uno de sus escapes de conciencia y sabiduría? ¿La autora seguirá con vida luego de este final de capítulo y todas estas preguntas? Lo descubrirán en el próximo capítulo... ;)

Bien, como siempre gracias por leer y por dejar sus comentarios. Esta historia está llegando a su fin de a poco y ya saben, MusAlucard (mi musa inspiradora es un hombre de la imagen de Alucard de Hellsing en una biblioteca del siglo XIX) me ayuda más cuando ustedes dejan sus reviews así que si no quieren que él los amenace con su Casull auto pues dejen sus reviews :D

Próximo Capítulo: "De cómo las pruebas pueden ser interrumpidas"

— Mukuro —llamó una vez a su lado—, explícame algo ¿Por qué Haru está con Byakuran?

— Mi apuesta con Dino está en peligro porque, si bien eres capaz de ver a través de las ilusiones, no puedes ver a través de tu propio corazón y eso es molesto. Deberías aclarar tus sentimientos, Mukuro. —dijo Reborn para luego marcharse.

— Cuando Xanxus y yo nos comprometimos le rogué que me dejara quedarme con él, declinar de mis obligaciones como una Vindice. A la larga él aceptó pero solo con la condición de que me casara con Xanxus. Su mayor temor era dejarme desprotegida y aunque creía a Xanxus algo rebelde pensó que él de verdad me quería.

— No te vayas. —susurró sin separarse.

— Hace un año... yo te amaba y hoy... Te sigo amando.

— ¿Puedo besarte?

— ¡¿Qué dijiste?! Ni te lo creas, ScemoNxus.

— No importa, ella es mía. No aceptaré que tú la tengas.

— Excelente pelea. —declaró brindándole la mano para que se pusiera de pie.

— Bermuda —llamó Reborn.

— Ni lo pienses, Bermuda. Ella no se irá contigo. —increpó Xanxus.

— Dino-san ¿Quiénes son la Familia Corallo? —preguntó el décimo.

— Haru ¿Podemos hablar? —pidió mirando a la joven a los ojos.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

"No hay nada menos divertido que destruir a aquellos que no tienen ganas de vivir. Bueno… TAL VEZ NO (golpe)" (Hibari K.)

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

¿Algún review para la loca autora?

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Saya Christopher

ACLARACIONES DEL CAPITULO:

1 El Aqueronte era el río por el cual las almas cruzaban en la barca de Caronte para ir al inframundo de Hades.

2 Campos Elíseos: en la mitología griega eran una sección subterránea sagrada de los Infiernos. Los Campos Elíseos, o a veces mencionados como las Llanuras Eliseanas, eran el lugar sagrado donde las sombras de los hombres virtuosos y los guerreros heroicos llevaban una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y floridos.