N/a: Gente, sé que hace mucho, MUCHO tiempo que no publico nada de esta historia, pero créanme que me está costando horrores escribirla. Iba a dejarla inconclusa, pero por sus comentarios y visitas, me estoy esforzando por terminarla. Espero hacerlo en el próximo capítulo, y tengo bastante claro que este va a ser el último capi con lemmon, así que espero que les guste y tengan en cuenta que los coments siempre ayudan :)

Solos

- ¿A dónde crees que fueron todos? –pregunté a Jake mientras lo miraba recorrer la sala vacía. Solo se encogió de hombros en respuesta. Me acerqué a la mesita de café y vi una nota con la perfecta caligrafía de mi madre.

"Cuando la fiesta terminó, decidimos ir a cazar para darles un

poco de privacidad. Volveremos mañana"

Sentí como mi rostro se volvía carmesí al leer la nota y no pude evitar soltar un quejido de vergüenza. De seguro todo el mundo nos había escuchado. Saqué mi celular y marqué el número de mi madre.

- ¿Mamá?

- Hola cariño ¿Estás bien? –preguntó la voz de mi mamá del otro lado de la línea. Quizás era mi imaginación, pero sentía una sonrisa en su tono.

- Claro, solo quería saber si todo estaba bien.

- ¡Por supuesto! Solo decidimos ir de caza –un ruido interrumpió su frase y luego escuché al tío Emmett.

- ¡No rompan demasiados muebles, Tortolitos! –me sonrojé de nuevo y solté una risa nerviosa mientras el teléfono se agitaba de nuevo. En el sonido de fondo escuché a mi tío quejarse y reírse al mismo tiempo. Probablemente mi padre se había encargado de silenciarlo.

- ¿Ren? –preguntó mi madre

- Sigo aquí –murmuré entre dientes, sentía el rostro caliente por la sangre que se había agolpado en mis mejillas.

- Volveremos mañana ¿de acuerdo? –gracias al cielo mi mamá había decidido ignorar el comentario de Emmett.

- De acuerdo –confirmé-. Nos vemos –y corté la comunicación.

- ¿Qué sucedió? –me sobresalté al escuchar la voz de Jake, pues lo había perdido de vista y no sabía de dónde provenía. Lo busqué por la habitación y lo vi sentado sobre un aparador alto, con las piernas cruzadas debajo de su cuerpo. ¿Cuándo rayos se había subido ahí? Estaba por lo menos a 2 metros sobre mi cabeza. Lo miré extrañada, pero él solo me ofreció una de sus hermosas sonrisas. De seguro lo había hecho para causarme gracia. Puse los ojos en blanco y mis manos en mi cadera.

- Según mi madre, no sucedió nada –respondí-. ¿Qué haces ahí?

- Me gusta la vista –respondió encogiéndose de hombro. Levanté una ceja, pero luego vi que su mirada se dirigía directamente a mi escote. Me reí por un momento y volví a poner los ojos en blanco.

- ¿Acaso nunca tienes suficiente?

- ¿De ti? –hizo una pausa en la que se mordió el labio y me miró de arriba a abajo- jamás –dijo finalmente, negando con la cabeza. Sonreí por su respuesta. Yo tampoco me imaginaba a mí misma cansándome de su cuerpo, de su sonrisa… de sus caricias.

- ¿Vas a bajar? –pregunté para cortar el hilo de mis pensamientos, que se estaban volviendo algo impuros.

- Eventualmente –contestó con una sonrisa de suficiencia en el rostro. Asentí con la cabeza.

- Bien –miré a mí alrededor y busqué algo con lo que entretenerme mientras él jugaba a comportarse como un niño. Encontré una botella de vino tinto en la mesa más cercana -. Yo solo me deleitaré con una copa de vino mientras espero –comenté con un tono exageradamente elegante, y me acerqué para leer la etiqueta. "Vino de sabores vivos, de color intenso con matices carmín, aroma a frutas rojas y madera, sedoso con final a vainilla y chocolate en boca" –no estaba segura de lo que significaba todo eso, pero sonaba bien, así que tome una copa y serví un poco.

Fingí mirarlo con atención y agité la copa como había visto hacer a un degustador en la televisión.

- Buen cuerpo –murmuré mirando a través de la copa a Jake. El doble sentido de mis palabras dibujó una sonrisa en su rostro.

Probé un poco y solté un exagerado gemido, como si fuera lo mejor que había probado en mi vida. De hecho no estaba nada mal. Era dulce, pero seco y con un dejo a madera que sentaba muy bien.

- Nada mal –sentencié. Solo intentaba hacerlo reír con algunas payasadas -. ¿Al caballero le gustaría probar un poco? –pregunté.

- ¿De vino? –contraatacó con una sonrisa pícara en el rostro. Le sonreí en respuesta.

- Tal vez –murmuré hundiendo mi nariz en la copa de nuevo y dándole la espalda. Cuando terminé de beber un sorbo y me di la vuelta de nuevo, me sobresalté. Él estaba ahí, justo en frente de mí. Demonios, podía ser silencioso cuando se lo proponía. Pero no tuve demasiado tiempo para asustarme, porque algo atrajo mucho más mi atención. Con el movimiento, había movido la copa y el vino se había derramado sobre el pecho de Jake. Tragué en seco. El color realmente era carmesí.

Me mordí el labio al observar la escena: el líquido dulce y rojizo se extendía por su piel, casi como si se tratara de sangre. Sentí el ardor de la sed quemando mi garganta. Hacía casi una semana que no cazaba, no era demasiado, pero sí lo suficiente para que una imagen así hiciera que se me aguara la boca. Por un momento me imaginé a mí misma clavando mis dientes en la bronceada piel de su cuello. Dejando su sangre correr por mi boca, inundando mis sentidos.

- ¿Qué sucede? –Jake me miró con curiosidad y yo aclaré mi garganta y me alejé un poco. Él frunció el ceño y yo cerré los ojos cuando sentí que se oscurecían por la sed.

- Quizás deberíamos ir a cazar –sugerí con la voz ronca. Le tomó un segundo entenderlo. Me miró por un momento, luego a la botella de vino y luego de nuevo a mí.

- Oh –murmuró.

- Lo siento –me disculpé bajando la mirada y comenzando a caminar hacia la puerta. Mi voz se quebró un poco, me sentía humillada, ¿por qué no podía controlar mis malditos instintos? todo lo que él intentaba era hacerme sonreír, y yo ahí, imaginándome a mí misma mordiéndolo.

- ¡Hey! –me frenó tomándome del brazo con una de sus enormes y cálidas manos. Tiré suavemente para soltarme y volteé a encararlo cuando no pude hacerlo-. ¿Por qué te disculpas?

Negué con la cabeza, pero no levanté la mirada del suelo. Acercó su cuerpo al mío, posando una mano en la parte baja de mi espalda y la otra en mí barbilla, obligándome a encontrarme con sus ojos. Sentía mi cuerpo tenso por la sed y los nervios, y por un segundo deseé poder cortar el flujo de aire a mis pulmones, como lo hacía mi familia. Sus ojos parecían alertas y sinceros.

- No hay nadie más aquí –susurró. Tragué en seco y mi garganta ardió de nuevo. No podía quitarme de la cabeza el vino derramándose por su pecho como si de sangre se tratara, me estaba volviendo loca.

Cerré los ojos por unos segundos y luego volví a mirarlo.

- No tienes de qué avergonzarte –agregó luego, y me plantó un tierno beso en los labios, que yo mantenía fuertemente cerrados. Puso los ojos en blanco-. Renesmee –su tono era serio, solo me llamaba por mi nombre cuando estaba enfadado- pon atención a lo que te voy a decir, escúchame muy bien ¿De acuerdo?

Asentí con la cabeza y después de un segundo me atreví a mirarlo a los ojos. Sólo entonces continuó.

- No hay nada. Absolutamente nada que me pueda alejar de ti –su tono era solemne-. Nada que puedas hacer que me asuste o que me ahuyente –me regaló una enorme sonrisa que me dejó sin aliento y yo le correspondí con una pequeña pero sincera.

Acercó sus labios a los míos, pero yo casi no le correspondí, no quería dejar que el beso se volviera demasiado arriesgado. La sed aún hacía que la garganta me ardiera. Se alejó para mirarme, frunciendo el ceño.

- ¿No quieres besarme? –preguntó. Me sentí aún peor al escuchar el dolor en su voz. Intenté fingir una sonrisa y le di un corto beso en los labios, sin dejar que los míos se separaran y evitando respirar. Lo miré, pero su expresión seguía afligida.

- Eso no es un beso –se quejó. Ignoré sus palabras y me acerqué para abrazarlo. Podía hacer eso por un momento sin morderlo ¿cierto? Sentía mi cuerpo tenso contra el suyo, como si estuviera hecha de piedra. Fría y letal… como un vampiro. La imagen se repetía en mi mente. El vino deslizándose por su pecho, mis dientes clavándose en su cuello, la sangre corriendo por mi garganta. Cuando no pude contener más la respiración, me separé de él e intenté voltear hacia la puerta, pero me sostuvo una vez más, evitando que me marchara.

Solté un quejido prolongado sin abrir la boca. Necesitaba salir. Pero él no me hizo el menor caso. Solo me miró por un largo momento con una mueca en el rostro, analizando mi expresión. Se mordió el labio, como si se concentrara en algo en especial en mi rostro. Suspiré y la garganta me quemó de nuevo. ¡Maldición!

Al cabo de un minuto se acercó lentamente a mi oído y habló en el más tenue de los susurros.

- Muérdeme –dijo. Me alejé como si me hubieran dado un golpe.

- ¡¿Qué?! –casi grité.

- Vamos, sé que quieres hacerlo –respondió sin soltarme el brazo. No podía negarlo, él me conocía demasiado bien.

- Solo quiero ir a cazar –contesté, evitando darle la razón.

- Sabes que no me haría daño –respondió a su vez.

- No quiero discutir esto, estás delirando –mi tono rayaba en la histeria. Intenté calmarme con un suspiro y todo fue mucho peor. El olor a bosque que siempre llevaba, algo así como a madera era opacado por el perfume de su sangre ¿por qué rayos olía de esa manera?

- ¿Lo ves? –dijo acercándose y tomándome de la barbilla para mirarme a los ojos-. Puedo verlo –sentenció.

Sentí la necesidad de gruñirle, pero no quería abrir de nuevo la boca. Negué con la cabeza y me solté de su agarre sin dejar de mirarlo a los ojos, necesitaba hacerlo para mantener en mi mente que él no se trataba de mi almuerzo.

- No me haría daño –repitió. Su tono había cambiado, ahora era tranquilo, despreocupado.

- No sabes eso –respondí, confirmando lo que él ya sabía. Apreté mis puños un poco, hacía tiempo que no me sentía tan en contacto con mi lado de vampiresa… y lo odiaba.

- Me has mordido antes –argumentó. Lo filtré con la mirada-. ¡Es cierto! Cuando eras niña lo hacías todo el tiempo.

- Las cosas han cambiado –dije en tono seco.

Frunció el ceño y lo consideró por un segundo.

- Pretendamos entonces –soltó.

Más rápido de lo que me tomó inspirar aire, él tomó la botella de vino y volcó un poco del contenido sobre sí mismo, justo en su cuello. Antes de ser consciente de lo que hacía, me encontré a mí misma lamiendo el rojo líquido de su piel como si mi vida dependiera de ello. La poca cordura que me quedaba estaba concentrada en mantener mis dientes ocultos.

La sangre comenzó a hervir en mis venas mientras la sed hacía lo suyo con mi garganta. La cabeza me daba vueltas y comencé a notar las partes del cuerpo de Jake que pasaban bajo mi lengua. Sentía su dura musculatura, humedecida por la dulce bebida. Primero su cuello, luego sus hombros, su pecho… me estremecí al notar que la sed aumentaba… y el fuerte latido de su corazón no hacía nada por ayudar, pero no me detuve. No quería dejar ninguna parte de su cuerpo sin recorrer.

Soltó un ronco gemido cuando mi lengua bajó por su abdomen y se concentró en pasearse de un lado al otro, justo sobre la línea de sus pantalones. No me atreví a seguir bajando, no estaba segura de poder controlarme, y no sería nada bonito que mordiera algo tan delicado. Así que en lugar de eso comencé a subir de nuevo, siguiendo el camino que el vino hacía en su piel. Noté que estaba volcando un poco más, ya que había una pequeña corriente que tocaba mi lengua y se deslizaba por ella hasta mi boca.

Sentí una de sus manos jugueteando con la tela de mi blusa mientras continuaba subiendo. La quitó por encima de mi cabeza en cuanto me alejé por una fracción de segundo. La tela acarició mi espalda cuando me tomó de la cintura para que me subiera a él. Enredé mis piernas alrededor de su cadera y tomé la botella de la mesa antes de que él comenzara a caminar. Podía sentir el roce de su dureza contra mi entrepierna, incluso a través de la tela de nuestros pantalones.

Cuando entramos en mi habitación, me dejó caer de espaldas en la cama. Aún sostenía la botella de vino, así que el movimiento derramó un poco sobre mí. Por un momento pensé en limpiarlo, pero mis pensamientos se dispersaron al instante. Jake estaba desabrochando mis pantalones, quitándolos poco a poco hasta que comprendí que debía colaborar y levanté las caderas para facilitarle el trabajo. Los quitó una pernera a la vez, poco a poco.

Él permanecía de pié, con una rodilla apoyada en el colchón, así que coloqué las piernas a los lados de su cuerpo, invitándolo a acercarse. Y eso fue lo que hizo. Bajó lentamente, mirándome a los ojos y plantó un beso húmedo por debajo de mi ombligo. Me estremecí al sentirlo avanzar hacia arriba con su lengua. No noté que estaba limpiando el vino hasta que llegó a mi cuello y se acercó a mi oído.

- Tenías razón, sabe delicioso –susurró. Me estremecí de nuevo y me mordí el labio. No podía ser justo que tuviera tanto poder para excitarme. Deslizó sus manos por debajo de mi cuerpo y me besó en el cuello al mismo tiempo. Quitó mi sostén cuando arqueé la espalda para sentir su boca con más intensidad.

Sus manos bajaron por los costados de mi cuerpo sin que su boca se separara de mi piel. Me removí para que fuera capaz de quitar mi ropa interior con más facilidad. Probablemente podía sentir lo húmeda que estaba la tela por causa suya. No era un secreto lo mucho que me provocaba, pero pude sentir su sonrisa contra la piel de mi estómago cuando arrojó la prenda a un lado.

Cerré los ojos cuando comenzó a bajar, dejando un camino húmedo hasta encontrar mi centro. Arqueé la espalda cuando sus dedos finalmente me tocaron, aunque no fueron tan directos como esperaba. Simplemente se encargaron de separar mis labios para dar paso a su boca. Una pequeña ráfaga de aire caliente en mi punto más sensible hizo que mis músculos se tensaran y rogaran por más. Y no pude contener un gemido cuando sus labios rodearon mi botón con un tierno y delicado beso.

El simple contacto de sus suaves labios era exquisito, pero cuando comenzó a usar su lengua, simplemente no pude contenerme. Mis dedos se enredaron en su cabello mientras su boca bajaba buscando mi centro. Por un momento me sentí algo cohibida por estar tan mojada, pero cuando su lengua caliente me penetro, todos mis pensamientos se dispersaron, dejándolo sólo a él y al hecho de que me volvía loca.

Abrí los ojos por un segundo y descubrí que continuaba mirándome. Sus ojos me atraparon por un momento y luego me vi obligada a dejar caer la cabeza hacia atrás, cuando subió nuevamente e insistió en mi clítoris sin darme tregua. Sus dedos juguetearon en mi entrada, y pensé que los usaría para penetrarme, pero no lo hizo. Simplemente continuó rozando mi entrada, una sensación suave gracias a la humedad que permanecía en la zona.

El orgasmo no se hizo esperar. La excitación que me había producido el vino era abrumadora, y los círculos que trazaba con su lengua alrededor de mi clítoris eran completamente perfectos.

Cuando el placer comenzó a remitir fue cuando sentí su sonrisa contra mi piel y sus dedos en mi interior. No había recibido estimulación de ese tipo, así que solo algunos movimientos, acompañados de una suave e intermitente succión en mi botón, ya me tenían viendo estrellas de nuevo.

Me desplomé cuando finalmente se detuvo y a duras penas abrí los ojos para mirarlo. Se había incorporado. Una vez más su rodilla descansando en el colchón. Pensé que llevaba demasiada ropa, pero no hizo falta decírselo. Desabrochó su pantalón con movimientos ágiles y metió la mano por debajo para tomar su erección, haciendo la tela a un lado con un rápido movimiento de muñeca.

Por alguna razón, verlo frente a mí, con su mano envolviendo su duro y ansioso miembro hizo que mi corazón palpitara acelerado. La sonrisa en su rostro fue de suficiencia mientras se acercaba a mí apoyándose sobre su brazo libre para dejar caer su cuerpo sobre el mío, manteniéndose en mi entrada. Podía sentir la punta de su erección rozándola, como si pidiera permiso para entrar. Levanté las caderas y él acercó las suyas para penetrarme.

Lo sentí deslizándose dentro de mí, en un movimiento constante que se prolongó hasta que terminó presionándose contra mi cuerpo. Su piel estaba tan caliente dentro de mí, a una temperatura que parecía irreal. Y eso solo me provocó con mayor intensidad. Me estremecí de nuevo y atraje mis piernas hacia mi torso, doblándolas para sentirlo más profundamente. Eso logró arrancar un ronco rugido de su garganta y me deleité pensando que por fin estaba volviéndose tan loco como yo.

Una de sus manos voló hacia mi rodilla, que ahora se encontraba cerca de mi pecho, al costado de su cuerpo, y se apoyó en ella para tomar impulso mientras la fuerza de sus embestidas aumentaba poco a poco. Me mordí el labio cuando su boca se dedicó a besar y morder la piel de mi hombro y mi cuello.

- Te amo –gruñó con la voz ronca. Logré reunir la concentración suficiente para que escuchara un débil "y yo a ti" en su mente. Mis manos estaban aferradas a su espalda, mis uñas clavándose en su carne mientras sentía el clímax acercándose.

El orgasmo se apoderó de mis sentidos y mis ojos se cerraron sin que pudiera evitarlo, el ritmo de sus movimientos se hizo más lento, prolongando las olas de placer que subían por mi cuerpo desde mi centro, el lugar donde él se fundía conmigo. Luego se quedó quieto por un largo momento, y cuando se movió de nuevo, solo una vez, un estremecimiento recorrió todo mi cuerpo.

Toda la energía me abandonó por un segundo, como si de una poderosa droga se tratara, y tuve que concentrarme para encontrar los músculos que abrirían mis ojos. Cuando lo logré, él me estaba mirando fijamente. Notaba por la forma en que permanecía dentro de mí, que aún no había terminado. Habló lentamente, con una de sus manos apoyada en mi rostro.

- Me refería a que amo todo de ti –hizo una pausa y luego repitió-: Todo –Y más rápido de lo que pensé que fuera normal, su mano voló a un lado y escuché un fuerte ruido que hizo que mis oídos dolieran y mis ojos se cerraran. Aún me sentía en las nubes, casi drogada. Noté algo brillante en su mano, y luego todo pasó tan rápido, que apenas fui consciente de lo que sucedía.

Lo que sostenía era un pedazo irregular de vidrio, de la botella que había roto en contra de la cabecera de la cama. Antes de que pudiera impedirlo, llevó el sucio vidrio a la base de su cuello y realizó un corte rápido y certero que iba desde ahí hasta su clavícula. No fui capaz de controlar mis siguientes movimientos. De repente habíamos cambiado de posición, estaba sobre él, con las piernas a ambos lados de su cuerpo y mis labios alrededor de la herida. Su sangre fluía por mi boca, inundándome de más energía de la que alguna vez creí posible. La piel cicatrizó rápido, deteniendo el flujo de sangre, pero ya estaba demasiado fuera de mis casillas como para detenerme. Sin que tuviera que ordenárselos, mis dientes estaban clavados en su carne, en la base de su cuello, bebiendo de nuevo.

Jake se incorporó hasta quedar sentado y una de mis manos se enredó en su cabello con fuerza, haciendo que su cabeza se mantuviera hacia atrás casi con violencia. Lo escuché gruñendo y mis ojos se abrieron de par en par, mi mente aclarándose al escucharlo. Me alejé de su piel con bastante esfuerzo y presioné mi rostro en su hombro, intentando volver a respirar.

- Lo siento –susurré, mi garganta ya no quemaba, pero mi voz sonó ronca de todas formas. Me moví hasta apoyar mi frente en la suya, para poder mirarlo. Su respiración estaba entrecortada, sus ojos se veían oscuros, y se mordía el labio con fuerza.

- De hecho, me gustaba –dijo volviendo a tomar el control, poniéndose de pie, conmigo a cuestas. Fui muy consciente de que aún me penetraba. Me presionó contra la pared y se aferró al marco de la puerta para embestirme. Gemí sin poder evitarlo. Su boca se acercó a mi cuello y luego subió hasta mi oído-. Tenerte… totalmente descontrolada –su voz era aún más rasposa que la mía, pero sabía que se debía a la excitación. No estaba mintiendo. Su velocidad aumentó, así como su fuerza. Apreté los dientes.

- Pude… haberte… lastimado –gemí sin aire. Mordió el lóbulo de mi oreja antes de hablar de nuevo.

- Ahora sabemos que puedo soportarlo –sentí una sonrisa en su voz-. Jamás te había visto tan… libre. Tan mía –terminó, su voz increíblemente grave, y a continuación se quedó callado, su rostro se escondió en el hueco de mi cuello y después de un momento, un gruñido profundo sonó desde su pecho, volviéndome loca. Adoraba escuchar sus gemidos cuando estaba a punto de acabar. Su velocidad aumentó y me mordí el labio mientras decía mi nombre contra mi piel. Llegué de nuevo, escuchándolo nombrarme, la energía extra en mi cuerpo hizo que el orgasmo fuera incluso más intenso que los anteriores. Lo sentí viniéndose unos cuantos segundos después.

Escuché nuestras respiraciones normalizándose de a poco, muy lentamente. Jake nos empujó lejos de la pared y se sentó en la cama. Rodé hasta quedar recostada y él se dejó caer de espaldas en el colchón. Sus pulmones aún se llenaban con dificultad, como si necesitara mucho más aire del que podía conseguir. Apoyé una mano sobre su pecho y sentí el latido de su corazón, tan fuerte como siempre, pero más rápido que de costumbre.

Por un momento me preocupé de que no se sintiera bien, pero entonces giró su cabeza hacia mí y me regaló la mejor de las sonrisas. Se incorporó sobre sus codos y se arrastró por el colchón para acercarse más a mí. Sin decir una palabra, pasó uno de sus brazos por debajo de mi cabeza para que pudiera apoyarla sobre su pecho. Cuando lo hice, besó mi frente con dulzura y acarició mi cabello con dedos delicados. Me incorporé un poco para poder mirarlo, su mano bajó a mi espalda, donde comenzó a trazar figuras con las yemas de los dedos.

Abrió los ojos y me sonrió de nuevo cuando notó que lo miraba.

- ¿Estás bien? –pregunté después de un segundo. Su sonrisa se amplió.

- Mejor que nunca ¿No lo parezco? –dijo a modo de respuesta. Acaricié el costado de su rostro con la mano que había mantenido apoyada en su pecho.

- Pareces cansado –admití. La culpa comenzando a agolparse en mi pecho, haciendo que fuera difícil respirar.

- ¿Cansado? –repitió levantando la voz con fingida indignación. Me reí sin ganas-. ¿Cansado? –dijo una vez más mientras se ponía de pie de un salto. Me levantó en brazos como si no pesara en absoluto y plantó un beso en mis labios con ternura antes de moverme de un lado a otro como si quisiera mecerme. Esta vez me reí con ganas, como si fuera una niña de nuevo. Comenzó a caminar sin bajarme y me quejé entre risas.

- ¡Jake! ¿A dónde me llevas?

- Voy a secuestrarte –comentó con tono serio, como si se tratara de lo más normal del mundo.

- ¿En serio? –me reí- ¿Y a dónde vamos? –bajó la mirada por un segundo y frunció el ceño.

- Primero que nada, necesitamos un baño –sentenció.