Ok, sé que dije que este sería el último, pero se me está haciendo demasiado largo, así que lo dividiré en dos capítulos. El próximo es casi seguro que sí sea el último xD Espero les guste, dejen coment!

Lo que siento

Me reí aún con más ganas cuando Jake me depositó con cuidado en el piso del baño y volteó rápidamente para abrir los grifos de agua al máximo. Tomó algunas sales de baño y miró las etiquetas con atención, como si de alguna manera se tratara de una decisión importante. Me miró por un segundo y luego de nuevo a las sales. Arrojó un poco de varios de los frascos de vidrio que descansaban en el aparador, con tanto cuidado como si fueran a explorar si los mezclaba incorrectamente.

Intenté dejar de reír en silencio cuando se acercó a mí de nuevo, pero cuando me tomó en brazos una vez más, estallé en risas sin poder evitarlo. Me miró atento, sin perder su sonrisa tampoco, hasta que fui capaz de calmarme y devolverle la mirada. Cuando lo hice, me plantó un tierno beso en los labios, caminó hasta la tina y nos metió a ambos en el agua.

Quedé sentada delante de él, dándole la espalda. El agua estaba templada, y su cuerpo se sentía más caliente que ella en los lugares en donde tocaba mi piel: sus piernas a los lados de las mías, sus manos en mis brazos…

Me eché hacia atrás, apoyando mi espalda en su pecho y sentí su corazón golpeando en ella. Se sentía agitado, nervioso en cierta forma. Un nudo se formó en mi garganta, quizás lo había asustado. Finalmente había comprendido que pude haberle hecho increíble daño, quizás irreparable.

- ¿Todo está bien? –pregunté intentando esconder el nerviosismo en mí voz.

- Todo está perfecto –susurró despacio, pero no lo estaba, podía sentirlo. Apoyó su mejilla en la mía, descansando su barbilla en mi hombro, pero había algo extraño en su voz. Todo el entusiasmo que tenía hacía un minuto se había esfumado, como humo disuelto en una ventisca.

- ¿Seguro? No suenas bien –se quedó callado por un momento, y comenzó a pasear su dedo por mi brazo, dibujando sin rumbo en mi piel. Cuando volvió a hablar, se escuchaba dudoso, parecía no encontrar las palabras correctas.

- Es solo que… a veces siento que estoy viviendo un… sueño.

- ¿A qué te refieres? –me incorporé un poco y volteé para poder verlo a la cara. Su expresión era dulce, vulnerable en cierta forma. Se encogió de hombros a la vez que hacía una pequeña mueca con la boca.

- Es casi imposible para mí creer esto.

- ¿Creer qué? –estaba absorta en sus palabras, en su tono de voz, en la forma en la que me abrazaba, en su corazón latiendo en mi espalda. Escuché como tragaba saliva.

- Esto –susurró inclinándose ligeramente para plantar un tierno beso en mis labios. Cerró los ojos para besarme, y cuando se alejó clavó su mirada en la mía y tomó mi rostro con una de sus manos-. No puedo creer el hecho de que estés aquí. El hecho de que me escojas, pudiendo escoger a cualquier otro en el mundo –hizo una pausa, aun mirándome, y una pequeña y tímida sonrisa se dibujó en sus labios-. No puedo creer que me ames –susurró por fin.

Sentí lágrimas agolpándose en mis ojos y a pesar de que intenté con todas mis fuerzas que no se desbordaran, una se deslizó por mi mejilla mientras sonreía. La limpió con su dedo pulgar mientras fruncía el ceño.

- Lo siento, no era mi intención hacerte llorar –agregó. Negué con la cabeza sonriendo como boba.

- Acabas de describir exactamente lo que siento por ti –respondí. La hermosa sonrisa que tanto amaba se extendió por su rostro, reconfortándome y llenándome de calidez.

- Te amo –musitó. Se inclinó y plantó un beso en la comisura de mi boca. No estaba segura de por qué no me había besado en los labios, pero el gesto me pareció tierno.

- Yo también te amo –respondí. Pero no se sentía bien: de alguna forma, no parecía suficiente solo decirle que lo amaba. Esas palabras estaban gastadas, todo el mundo las decía sin reparar en lo que realmente significaban-. Lo haré por siempre –agregué.

Su sonrisa se amplió y sus brazos me rodearon, estrechándome a su pecho. Ya no podía ver su rostro.

- ¿Lo prometes? –susurró en mi oído.

- Por supuesto que lo prometo. Te lo dije más temprano –sentí que se encogía de hombros.

- Es solo que jamás lo creí posible –respondió. No supe cómo responder a eso, así que solo dejé que me abrazara. Después de un momento estreché sus brazos con los míos por unos segundos, deseando que hubiera una forma de retenerlo conmigo para siempre.

Ahora parecía más relajado. Al cabo de unos minutos, comenzó a tararear una melodía. Desentonaba en algunas estrofas, pero fui capaz de reconocerla de todos modos. Yo la había estado cantando esa mañana, en la ducha. Cerré los ojos, sorprendiéndome de lo relajante que se sentía permanecer en sus brazos, quietos y tranquilos, como si nada más en el mundo existiera.

Cuando la melodía terminó, Jake la cantó de nuevo, mientras tomaba una esponja y la mojaba en el agua para luego deslizarla por mi cuerpo. Primero la paseó por mi mano, subiendo por mi brazo, y yo dejé caer mi cabeza hacia atrás para que pudiera rozar mi cuello. Cerré los ojos, disfrutando de la suave caricia y Jake bajó con la esponja por el centro de mi pecho, entre mis senos. Mi piel se erizó cuando pasó cerca de uno de mis pezones, pero no lo rozó directamente, sino que dibujó un círculo alrededor, haciendo que soltara un suspiro suave pero ansioso. Estoy bastante segura de que lo sentí sonreír contra mi oreja, donde apoyaba su rostro.

Sumergió la esponja debajo del agua y continuó rozando mi piel con ella, bajando por mi estómago y deteniéndose a rodear un par de veces mi ombligo. Estiré mis piernas hacia adelante y se movió hacía abajo. Mis músculos se tensaron con anticipación y arqueé mi espalda, pero desvió el rumbo hacia el costado de mi cuerpo acariciando mi cadera y luego el comienzo de mi pierna.

Me sentía relajada y ansiosa al mismo tiempo. Tenía la dulce sensación de que la sangre me hervía a fuego lento en las venas. Jake acomodó su pierna al costado de mi cuerpo y solo entonces noté que mis dedos estaban clavándose en su piel. Sus músculos se marcaron por el movimiento, endureciéndose levemente. Me mordí el labio y Jake posó sus labios en mi cuello, lamiendo los restos de agua que había en él.

No supe en qué momento había soltado la esponja, pero de repente eran sus dedos los que subían por mi pierna. Tensé los músculos de mi estómago de nuevo cuando pasaron justo a un lado de mi pubis, pero él continuó subiéndolos mientras besaba mi cuello. Me tomó desprevenida cuando su mano llegó a uno de mis pechos y lo atrapó con fuerza, comenzando un masaje lento y acompasado al ritmo de su respiración. Aparentaba estar tranquilo, pero podía sentir su excitación presionándose contra la parte baja de mi espalda.

Me estremecí y volteé mi cabeza para alcanzar su boca sin abrir los ojos aún. Sus labios me recibieron con un beso profundo mientras su mano derecha pasaba de uno de mis senos al otro. El agua enjabonada hacía que su piel resbalara en la mía de la forma más exquisita posible.

Por mi parte, tocaba todo lo que tenía a mi alcance, aunque no podía hacer demasiado. Comencé a mover mi cadera, haciendo que mi espalda rozara su miembro con más y menos intensidad conforme me movía. Lo sentí gruñir en mi boca y su mano libre bajó por mi estómago hasta detenerse en mi centro.

Sus dedos se encargaron de separar delicadamente los labios, y luego acarició con movimientos muy lentos, desde arriba hacia abajo con las yemas de sus dedos, una y otra vez. El agua hacía que su tacto se sintiera diferente, y el calor de su mano se sentía increíblemente placentero. Arqueé la espalda de nuevo cuando uno de sus dedos comenzó a jugar con mi entrada, pero no lo hizo demasiado. Volvió a subir, y se concentró en dibujar círculos alrededor de mi punto más sensible mientras continuaba besándome. Jamás pensé que pudiera manejar su mano izquierda con tanta habilidad.

Todos sus movimientos eran suaves, pero había cierta urgencia en ellos que hacía que me volviera loca. Cada uno de ellos se sentía como si hubiera sido planeado a la perfección, pero sabía que lo que hacía era espontáneo. Gruñó de nuevo contra mi boca cuando mordí su labio. Esta vez lo hice con delicadeza, ya no tenía sed, solo ansias, ansias por besarlo, tocarlo, amarlo.

Sus manos se movieron a los lados de mi cadera y me levantó en el agua unos cuantos centímetros. Anticipé lo que quería y me sostuve del borde de la bañadera para ayudarlo. Soltó una de sus manos y la usó para guiar su miembro a mi entrada, mientras me abrazaba con su otro brazo, pasándolo por debajo de mi brazo y encima de mi pecho, de modo que su mano quedara en mi hombro. Me empujó hacia abajo con lentitud y lo sentí abriéndose paso en mi cuerpo. Gemí y me apoyé contra él una vez estuvo completamente dentro de mí.

Posó su mano libre en la parte baja de mi estómago y presionó con delicadeza, alternando la presión para ayudarse a moverse debajo de mí. Claramente no tenía demasiado rango de movimiento, pero podía alejarse un par de centímetros para luego presionarse con fuerza contra mí, haciendo que me volviera loca. Comenzó a besar mi cuello de nuevo, bajando luego a mi hombro. Paseé mis manos por sus piernas, sintiendo la forma en la que sus músculos se tensaban cuando me penetraba con más fuerza.

- Jake… -gemí, clavando las uñas en sus piernas. La mano que descansaba en mi estómago bajó los centímetros exactos para masajear mi clítoris de nuevo, pero esta vez el movimiento era fuerte, decidido. Estiré mis brazos y los apoyé en el borde una vez más, justo como había hecho antes, y comencé a impulsarme hacia arriba y hacia abajo con rapidez. Movimientos cortos y rápidos que hacían que el agua se agitara a nuestro alrededor.

- Estás volviéndome loco –gruñó besando mi espalda. Se irguió para pegarse a mí y besó justo debajo de mi oreja mientras su mano se volvía más ruda en mi punto más sensible-. Déjate ir… -susurró en mi oído a la vez que su otra mano atrapaba uno de mis senos sin delicadeza alguna. Me estremecí cuando el orgasmo se gestó en la parte baja de mi vientre y comenzó a extenderse por todo mi cuerpo, haciendo que perdiera el control de todo.

Cuando mis brazos cedieron y me dejé caer, sus manos se movieron a mis caderas y me dirigió hacia arriba y hacia abajo, apretándome contra él con fuerza.

- Dios, Ness… -musitó mientras aumentaba la velocidad solo un poco. Me movió con brusquedad contra él, hundiéndose con fuerza dentro de mí al mismo tiempo que lo sentía gruñir mi nombre en un tono ronco y bajo, contra mi cuello. Se estremeció un segundo después, y yo llené mis pulmones de su hermoso perfume. Me tomó un momento lograr que los latidos de mi corazón volvieran a la normalidad.

Abrí los ojos y pestañeé contra la tenue luz del cuarto de baño.

- Eso fue increíble –murmuró lentamente. Asentí con la cabeza mostrándome de acuerdo-. Jamás había… sentido eso –agregó luego. Fruncí el ceño, confundida.

- ¿A qué te refieres? –pregunté.

- A todo. Jamás habías hecho eso –levanté las cejas.

- ¿Te refieres al agua?

- No, me refiero a ti. Hacías que sintiera lo que tú sentías –lo pensé por un segundo. Y solté una risa muda.

- No sabía que lo hacía ahora –respondí.

- Pues tienes mi permiso para seguir haciéndolo –me reí de nuevo-. Me alegra que te gustara –añadió rodeándome con sus brazos de nuevo. El agua comenzaba a sentirse fría en comparación con su cuerpo.

- Lo mismo digo –respondí sonriendo. Suspiró profundamente y un momento de silencio siguió a mis palabras.

Era increíble todo lo que podía hacer estando con Jake. Como si mis habilidades normales se multiplicaran al tenerlo cerca. De alguna forma, podía sacar a relucir lo mejor de mí, llevándome a lograr cosas que jamás hubiera imaginado que fueran posibles.

Eso era justo lo que siempre había deseado: Que él pudiera sentir lo que me provocaba. No solo el placer, sino el amor que me embargaba cada vez que lo miraba a los ojos. Cada vez que me tomaba la mano… Cada vez que sus labios tocaban los míos.

- ¿Qué dices si salimos de aquí? –me propuso de pronto, interrumpiendo la línea de mis pensamientos. Volteé y le sonreí.

- ¿Quieres comer algo? –pregunté. Me devolvió la sonrisa, asintiendo con la cabeza.

Salimos del baño y nos dirigimos a la habitación. Dejamos huellas de agua mientras caminábamos, pero ninguno de nosotros le prestó atención a ello. Me dejé caer en la suave cama y le sonreí.

- No pensé que te refirieras a esto cuando me ofreciste "comer algo" –comentó sonriendo. Me reí con ganas. Había algo en el hecho de estar completamente solos que me volvía loca-. No me malinterpretes –agregó, mientras ponía una rodilla en la cama y se inclinaba para apoyar ambas manos a los costados de mi cuerpo, sosteniéndose sobre sus brazos-. No me estoy quejando…

Me reí cuando los pensamientos se dispersaron en mi cabeza.

- ¡Moriremos de hambre! –solté en un grito con exagerado dramatismo. Se inclinó sobre mí y me plantó un beso en el ombligo. Levantó la vista para mirarme y limpió el agua que había quedado en sus labios, con su lengua.

- Bueno… -murmuró subiendo la vista para mirarme a los ojos-. Supongo que no nos haría daño alimentarnos un poco –concedió, incorporándose-. Iré a buscar algo –me dijo sonriéndome de nuevo. Asentí con la cabeza y luego lo miré mientras salía de la habitación. Tuve que respirar profundamente unas cuantas veces para calmarme. Después de todo, no podía acosarlo todo el tiempo.

Me puse de pie y tomé una bata de seda que permanecía sobre una silla, cerca de mi cama. Me la puse mientras escuchaba a Jake moviéndose por la cocina, abriendo algunas alacenas y la nevera.

Me dejé caer en la cama de nuevo. La adrenalina que había corrido por mis venas por el reencuentro con Jake se estaba disipando y ahora sentía el agotamiento que me correspondía por las largas noches sin descansar.

Cuando Jake entró en la habitación, me incorporé sobre mis codos para mirarlo. Había envuelto una toalla alrededor de su cadera y cargaba una bandeja con comida.

- Fue todo que encontré –informó mientras se sentaba en la cama y ponía la bandeja entre ambos. Había algunos aperitivos que se habían servido en la fiesta, unas hogazas de pan y algo para untar que tenía el aspecto de costar mucho dinero. Había suficiente para ambos. Dos vasos de jugo completaban la comida.

- Te luciste –murmuré tomando un aperitivo y metiéndolo entero en mi boca. No había notado lo hambrienta que me encontraba. Jake sonrió e hizo lo mismo, recostándose en la cama mientras masticaba.

- No creí que traer vino fuera lo apropiado –comentó señalando con el dedo el jugo. Me reí con la boca llena y asentí, dándole la razón. No hacía falta volverme loca de nuevo.

Cuando la comida se acabó permanecimos hablando por horas, y en algún momento de la conversación, apoyé la cabeza en su pecho, escuchando su corazón… me quedé profundamente dormida en cuestión de segundos. Hacía tiempo que no dormía de esa manera. Tan relajada y sin preocupaciones. Todo lo que necesitaba era tenerlo a mi lado para finalmente poder descansar.