Los cuatro soldados se parapetaron en el portal de entrada al edificio, mientras que Hunk miraba a la ventana quinta empezando por la derecha de la tercera planta. Notó como unas cortinas se corrían y se apagaba la luz. Mala señal.

Mientras tanto, otros dos soldados manipulaban un panel de corriente, mientras los otros dos les cubrían, rodilla en tierra, y el puntero del arma como una prolongación de su ojo.

Cuando terminaron de desconectar tanto la iluminación eléctrica en todo el edificio como las líneas telefónicas, de forma chapucera para que pareciera que había sido obra de desvalijadores de pisos normales, volvieron con los demás.

– Joder, nos han visto y quizás nos estén esperando. Quiero a cuatro arriba y cuatro abajo. Números 3 y 6, se quedarán aquí para vigilar la puerta. Equipo Alfa, escalera. Equipo Bravo, iremos por el ascensor. Ya saben de qué va esto… Preparaos para una posible CQB (Close Quarters Battle, Batalla Cerrada en Edificios) –ordenó el Teniente.

Los comandos asintieron y fueron a sus respectivas posiciones, Hunk, Número 4, Número 5 y el Número 7 entraron en el ascensor, y mientras el Teniente tocaba el botón del 3 con los dedos enguantados y sus compañeros apuntaban dos a la puerta, y uno con el arma en alto, afuera resonaban las botas de goma de los otros subiendo a toda prisa por la escalera, con las armas empuñadas y siempre apuntando a donde miraba la cabeza, siempre al frente, si un soldado giraba la cabeza, el arma giraba también.

Transcurrieron unos pocos segundos, y nada más abrirse la puerta del ascensor, se desplegaron fuera, cubriendo cada uno con sus subfusiles silenciados toda la extensión de la tercera planta, mientras esperaban al resto del equipo.

Hunk hincó una rodilla en el suelo, apuntando hacia la derecha, mientras un hombre apuntaba por encima de la cabeza de su jefe, para ofrecer una cuantiosa potencia de fuego, y el otro hombre apuntaba hacia la derecha; pero no tuvieron que esperar mucho.

Transcurridos unos segundos, los otros tres llegaron inmediatamente, y mientras Bravo cubría las escaleras y las otras puertas, obedeciendo a una señal de Hunk con la mano en forma de dedo índice y corazón alzado, y luego el pulgar señalando hacia la puerta, un integrante de Alfa tocó en la puerta, mientras los otros dos le cubrían.

Una voz de mujer contestó de dentro. Parecía temblorosa.

– ¿…Sí?

– Buenas noches, está su marido.

– No son horas de venir preguntando por él. No está. Váyanse.

– Disculpe, pero necesitamos hablar con él. Ahora. – Hunk le hizo una seña a Número 7 que apuntó a la cerradura con su escopeta de corredera ya previamente cargada. – ¿Seguro que no está?

– Sí, sí…váyase ahora mismo. Aquí no hay nadie. – no obstante, de dentro sonó una voz masculina murmurando algo.

–…De acuerdo. – Hunk hizo una señal y el otro soldado disparó, volando la cerradura con los proyectiles de posta, e inmediatamente Hunk le metió un patadón con tanta fuerza que golpeó contra un cuerpo y cuando entraron, la mujer estaba tumbada en el suelo.

Una imagen fugaz captó los dos sillones, la mesa volcada y a un hombre ocultándose detrás de un sillón. El piso era un salón justo enfrente de la puerta, con la puerta de un baño a la izquierda y una cocina en el propio salón, separada por un murito.

El equipo Alfa de Hunk entró disparando sus subfusiles con silenciador contra la pared y el techo, para contribuir al elemento sorpresa, pero varios disparos que venían del sillón le dieron a uno de ellos en el pecho.

Número 2 cayó al suelo.

Los resplandores se movían, al menos eran varios hombres. Entre dos o tres.

Todo sucedía demasiado rápido, pero Hunk y sus hombres eran comandos expertos y reaccionaron con celeridad.

El teniente y Número 7 le dispararon a la vez en la cabeza al pistolero, era un muchacho corpulento y de pelo castaño, que llevaba un chaleco antibalas con las siglas S.T.A.R.S.

Tras ser abatido, otro chico, de pelo negro y rasgos latinos, disparó también con otra pistola automática, bastante pequeña pero potente, mientras se ocultaba detrás de un sofá.

Para entonces, tanto el equipo Bravo como el Alfa estaban dentro del piso, por lo que rodearon el sofa, mientras otros realizaban fuego de cobertura, destrozando estanterías y arrasando libros, jarrones, relojes y todo tipo de mobiliario.

El propio Hunk le disparó en el pecho, mientras algunos de sus hombres cuidaba del caído y otros tantos entraban para hacer rehenes a quienes quedaran vivos.

El hombre latino, a quien Hunk había disparado, seguía vivo, aunque la bala le había cercenado la columna vertebral y apenas se podía mover.

Mientras el resto de sus hombres recorría el piso y lo aseguraba, buscando posibles presencias hostiles, Hunk se acercó al moribundo tendido en el suelo, bajo un charco de sangre creciente.

– ¿Para quién trabajas? ¿Por qué han establecido contacto con el hombre que vive aquí? ¿Quién es tu compañero, el fiambre? Responde, y aliviaré tu sufrimiento.

– ¡No… traicionaré… a Jill! ¡¡Púdrete, Rata asquerosa!!. – el hombre, rápidamente, recogió su pistola, una sigpro SP de plástico polímero, y se disparó en la cabeza, antes de que Hunk pudiera golpearle con una patada en la mano.

El teniente no pudo hacer nada por evitarlo, pero lamentó su muerte y se admiró de su fuerza de voluntad y lealtad. Sin embargo, el duro Teniente opinaba que morir por los amigos era una estupidez. Morir por un ideal era algo mucho más honorable, y aunque el fanatismo condenaba a los seres humanos siendo un completo Sin Sentido de la vida, Hunk pensaba que los fanáticos con visiones y ansias de poder serían los que gobernarían el mundo del mañana. Eso, y "Mr. Dinero". El dinero no compraba amor ni felicidad ni lealtad absoluta… pero sí todo lo demás. Y eso de que no compraba felicidad, muchos lo discutirían.