De pronto, la mujer estalló. No soportaba seguir viendo como su marido era salvajemente torturado.

– ¡Basta¡Basta, por el amor de Dios¡Llevaos las malditas fotocopias de los libros de código, pero dejadnos en paz¡Mátennos si han venido a eso, pero dejadnos ya en paz!

Hunk arqueó una ceja debajo del pasamontañas. Aparentemente, no varió su gesto por fuera de éste.

– ¿Dónde están esas fotocopias?

El doctor no respondió, pero su mujer sí lo hizo.

– Están en el despacho, dentro de una carpeta. En la carpeta hay varios dibujos, era de nuestro hijo.

– Tenía entendido que vuestro hijo murió de leucemia… –dijo Hunk, mientras sus dos hombres iban en busca de dicha carpeta. Todo el despacho había sido registrado, pero nadie se había fijado en esa carpeta.

Mientras ellos buscaban la dichosa carpeta, Hunk decidió hablar un rato con la desdichada pareja. Mientras tanto, volvieron a poner el doctor sentado en la silla, y ésta vez no le dieron culatazos.

– ¿Porqué han decidido traicionar a nuestra corporación? En vez de retirarse y disfrutar de una apacible existencia, han tenido que contactar con los miembros de S.T.A.R.S. ¿A qué se debe la traición?

– Vosotros… usted y sus jefes, no tienen sentimientos. Usted podría decir que sólo obedece órdenes, pero es tan culpable como los otros. Aniquilan, crean y engendran criaturas antinaturales. Crean virus que en vez de curar enfermedades, atentan contra la seguridad de la raza humana.

– Oiga, nunca he dicho que yo apoye todo eso. Como usted ha dicho, obedezco órdenes. Sean cuáles sean, es mi trabajo. –Hunk, como para evadirse, trazó un círculo abierto en el aire con su dedo índice de la mano libre.

– Usted no es más que un maldito mercenario. No piensa nada, tan solo actúa. No es más que un maldito perro de la guerra…

Hunk aguantó en silencio el discurso que le estaba pegando, mientras su dedo jugaba con el seguro de su subfusil y pensaba en su vida, en su educación, en su entrenamiento, en la gran cantidad de hombres que había perdido, buenos camaradas todos ellos. Siempre eran buenos hombres los que morían, y mala gente la que sobrevivía.

Finalmente, aparecieron sus hombres con una carpeta abierta, y un manojo de hojas fotografiadas digitalmente e impresas, con códigos escritos en ellas.

– Bien. – dijo Hunk, levantándose. – hora de irse. ¿Hay algo más que quieran decirnos?

Nadie contestó, y los dos aludidos bajaron la mirada. Las mejillas del doctor se estaban empezando a amoratar, y sus labios a hinchar. Las heridas abiertas de las cuchilladas en el pecho seguían sangrando profusamente, mientras que los pequeños rasguños de la cara empezaban a cicatrizar.

El teniente del pelotón de ejecución levantó su subfusil 9 mm. y presionó suavemente el gatillo para que una corta ráfaga bien dirigida destrozara la cabeza de la mujer de Simmons, y otra pequeña ráfaga acabara con la vida del doctor, y todo el contenido de su cabeza acabara en la pared.

Las balas emitieron un silbido característico al salir del silenciador, que también reducía la cantidad de gases que salían.

Antes de irse definitivamente, colocaron una pequeña cantidad de heroína en polvo esparcida por la mesa, para que pareciese un ajuste de cuentas de mafiosos. Abrieron unos envoltorios con el logotipo de Umbrella, y los desparramaron por varias partes del salón. Y de todas formas, se aseguraron de poner una pequeña cantidad de NAPALM, para que ardiese todo el piso y aunque dejaría rastros, contribuyese a borrar las posibles huellas. De esa forma, solo encontrarían a grandes rasgos un piso quemado, cuerpos calcinados y torturados, y droga de gran pureza.

En silencio, únicamente con el crujir de la goma de las botas descendiendo la escalera, los diez miembros USS, portando el cuerpo de uno de ellos, y a otro compañero herido, que podía bajar solo pero lo hacía despacio, llegaron al hall principal, donde Hunk detonó la carga. En todo el edificio sonó un estampido sordo, pero era un edificio donde nadie prestaba atención a lo que sucedía en los otros pisos. El doctor había escogido bien el lugar donde vivir.

Por fin, para acabar el día, salieron al exterior donde el conductor todavía seguía esperando, sin haberse adormilado. En el cenicero habían unos 15 cigarrillos, una cajetilla vacía y una taza de café desechable en el asiento de al lado, junto a los restos de una pizza fría.

– La madre que os parió a todos¿ya era hora, no? – exclamó Número 10

– Cállate y arranca. – le espetó el teniente.

Número 10 arrancó el motor y tras dar marcha atrás, se alejó de ese edificio de muerte.

Hunk se quitó el pasamontañas, a la vez que descargaba sus cargadores de su chaleco. Cuando fue a buscar en su bolsillo, recordó amargamente que había olvidado el tabaco en casa del doctor Simmons, aunque habría ardido y no le podrían identificar. De todas formas, Número 4 le pasó un pitillo Lucky Strike ya encendido, y el teniente se permitió un momento de debilidad al inhalar y sentir el humo en sus pulmones.

En la quinta ventana empezando por la derecha de la tercera planta unas llamas se extendían, quemando todo a su paso. Si nadie actuaba, el incendio podría pasarse a los otros pisos…pero para Hunk, ya todo había acabado. Una misión cumplida con éxito, solamente una baja y un herido, y una reconfortante prima en metálico para los supervivientes, aunque resultaban poco corrientes estas misiones con tan pocas bajas.

A pesar de ello, y de la enorme cantidad de compañeros que Hunk había perdido en sus años de servicio a la Corporación, resultaba un honor trabajar para Umbrella, y estaba orgulloso de ello. Todos los estaban.

La camioneta negra se perdió en la noche, precedida de las sirenas de los bomberos y la policía, que fueron incapaz de relacionarlos nunca.

Los USS eran fantasmas, negros como la noche. Nadie los veía…nadie sabía nada.

Nunca nadie relacionó al doctor ni a los cuerpos con Umbrella. La mentira de la droga funcionó y la justicia se lo tragó a pies juntillas…y el caso fue archivado en los tribunales norteamericanos.

Sin embargo, dos ex-STARS habían querido contactar con el doctor Simmons, y al enterarse de la noticia de una muerte tan impactante, enseguida sospecharon de Umbrella; pero no tenían a quién decírselo. Nadie salvo ellos, y los autores del salvaje acto, sabían la verdad.


Bueno...pues aquí acaba mi relato del teniente Hunk y sus USS. Quizás más adelante vuelva a aparecer en algún otro relato... pero de momento, este fic se acabó . Pónganme reviews, porfaplis xD