Ninguno de los personajes de Saint Seiya me pertenecen, solo estoy haciendo un fanfic.


2.


No me gusta la mañana, la odio. Detesto cuando se hace de día. Siempre se va cuando es de día. Lo peor es que nunca me dice si va a volver. Dejé de preguntarle a dónde iba cuando se enojó y me estrelló contra la pared. No entendí porque, sólo era una pregunta.

Se fue de nuevo. No me gusta eso. No sé cuando vendrá ahora. No sé que hacer, no puedo dormir mientras no está. Dejó las cortinas cerradas y está muy oscuro aquí adentro. No hay nada que ver en la televisión y tampoco nada que ver afuera.

Me muero de aburrimiento. Quiero que vuelva…

No me gusta quedarme tanto tiempo solo. No sé ni que hora será, el tiempo pasa lento cuando uno está aburrido. Pero antes no eran así las cosas. Yo me solía divertir jugando con los demás niños del orfanato, a pesar de que a algunos no les simpatizaba. Era por Ikki que no quería que nadie me hiciera daño. Pero no podía evitarlo a veces. Me acuerdo que con el primero con que se peleo fue con Seiya, Estábamos en la hora de almuerzo y Seiya me quitó mi sitio de un empujón. Ikki le dio una trompada y Seiya se la devolvió. Se pelearon hasta que los cuidadores los separaron. Me dio miedo que lastime a Ikki. Siempre fue bueno conmigo hasta que se fue también. No sé si lo voy a volver a ver. Hyoga dice que sí, que él vendrá algún día y yo le creo.

Le creo a pesar de que nunca me dice la verdad.

Extraño a Seiya, porque a pesar de que a veces me molestaba cuando éramos chiquitos fue muy bueno conmigo. También a Shiryu. Pero tampoco los veo desde hace mucho tiempo. Ya casi no me acuerdo de cómo son.

Pero no importa, porque con Hyoga es suficiente. No necesito nada si estoy con él. Pero ahora no está conmigo. ¿Y si no vuelve¿Y si se va como hizo Ikki? Va a ser mi culpa, toda mi culpa. Yo tengo la culpa de que siempre se enoje y se vaya y no vuelva. Es mi culpa.

Lo extraño… quiero que sepa que si quiere nunca más le vuelvo a preguntar nada… si quiere nunca más digo nada pero que vuelva. Necesito que venga a mi lado. No me quiero quedar en este lugar para siempre. Necesito que vengas Hyoga… no me dejes aquí… te necesito… por favor no me dejes… Dile a Ikki que regrese… te juro que voy a ser un buen hermano. Por favor… dile a Ikki que vuelva… lo juro…te lo juro Hyoga… por favor ven conmigo de nuevo… te lo ruego… Hyoga.

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Abrió la puerta cuando afuera ya estaba cayendo la tarde. Adentro la televisión encendida y las cortinas cerradas. De nuevo pura oscuridad apenas disipada por la luz del aparato. Sobre la cama revuelta Shun dormía en silencio.

No quiso despertarlo así que se quitó los zapatos apoyándose en la pared. Ya no servía de nada abrir las cortinas porque la luz del día estaba muriendo. Se acercó al bulto inerte en la cama y se sentó a su lado. Se movió despacito, al parecer no estaba totalmente dormido.

"Hyoga…. ¿Eres tú?"

"¿A quién esperabas si no?"La respuesta tan seca amenazaba con perder la paciencia muy rápido.

"A ti… a nadie más. " respondió con la voz entrecortada aún, sonó más a un gemido de cachorro.

"¿De nuevo has estado llorando? Te dije que volvía en la noche. ¿No te acordaste? No, si estabas bien dormido." el tono de su voz no perdió severidad al decir estas palabras. Ahora si que le quedaba poca paciencia.

"No… no estaba … llorando." mintió mientras se limpiaba la cara manchada por los surcos de las lágrimas.

Pero a Hyoga no le gustan las mentiras, las odia. Te odia Shun…

Hyoga lo miró con enojo y tomó el control remoto para cambiar de canal.

Está bien, si estaba llorando, lo siento no quise mentirte. Es que no quería que te enojaras conmigo Hyoga… no te enojes por favor…" de nuevo sus gimoteos de cachorro. Es que era tan insufrible.

"¿Quieres que no me enoje y ni siquiera has tendido la cama¿Así no quieres que me enoje? Ya estoy aburrido de ti Shun."

No debió decirlo, sabía que no debía decirlo. Pero a estas alturas ya no le importaba mucho lo que el otro pensara. No le importaba en lo más mínimo porque lo único que quería en ese momento era estar en otro lugar y con otra persona, echados sobre la cama, compartiendo buenos momentos.

Te lo dije… Él te odia Shun

Como era de esperarse Shun estalló en lágrimas. Pero Hyoga seguía inconmovible, se había hecho inmune a su llanto, si es que alguna vez él pudo conmoverlo aunque sea un poquito.

"Cállate ya. Siempre es lo mismo, nada vas a solucionar llorando. Si quieres hacer algo bueno, tiende la cama o algo."

Shun no lo estaba escuchando… demasiadas voces sonaban en su cabeza en ese momento y todas le daban el mismo mensaje. Era cierto, Hyoga lo odiaba.

Entonces no podía vivir con eso. No podía soportarlo… no podía vivir así. No lo amaba, al contrario, lo odiaba mucho… sí…. Las voces tenían razón.

"He dicho que te calles." Aburrido de lo mismo el rubio lo agarró de un brazo y lo arrojó dentro del cuarto de baño.

Cerró la puerta dejándolo dentro. De repente no era una buena idea, pero no se le ocurrió nada mejor. No quería tenerlo en frente porque era capaz de torcerle el cuello. Lo sacaba de sus casillas, no podía tolerar más su presencia enfermiza cerca. Pero no tenía de otra… no podía hacer otra cosa….

Por él.

Se fue a tumbar a la cama y subió el volumen de la televisión para no seguir oyendo sus quejidos de animal herido. El programa que presentaban era un bodrio, pero es que nada tenía sabor si estaba en este lugar. Suspiró a punto de internarse en pensamientos más placenteros cuando dejó de escuchar la bulla dentro del baño. Es que la había dejado de escuchar hacia un momento.

"¡Ese idiota!" masculló saltando de la cama y abriendo la puerta violentamente "Demonios…."

Shun no lo miraba, estaba perdido oyendo montones de voces que le decían que estaba haciendo lo correcto. Su vida no tenía sentido si Hyoga lo odiaba. No podía estar un segundo más en la tierra si era de ese modo.

"Demonios…." gritó Hyoga tomándolo de la muñeca que sostenía una navaja pequeña. ¿De dónde la pudo sacar?

En ese momento recordó que él mismo la puso en donde guardaban las cosas, con la esperanza de que por fin Shun haga algo bueno y se suicide. Pero parecía que ni eso podía hacer. Sólo se había abierto un tajo en una muñeca y no era muy profundo, pero si manaba mucha sangre.

"Eres un imbécil Shun… en qué demonios pensabas… cada vez estás peor. Mira lo que te has hecho… eres un idiota." no lo estaba oyendo, su mirada estaba perdida en alguno de los cuadrados blancos que recubrían la habitación.

"¿Qué crees que diría Ikki si te viera así¿Crees que le gustaría verte en este estado?… ¡idiota!"

Shun reaccionó y volvió a sollozar. Escuchar el nombre de su hermano lo hizo volver al mundo de nuevo.

Ikki… si acaso Ikki no se hubiera ido…

Es que ikki también te odia…. ¿Acaso no lo sabes? Es qué es como él dice… eres un imbécil.

Sus lágrimas rodaban por sus mejillas y caían sobre su muñeca malherida.

Eres un tonto Shun, todos te odian.

"no, no, no, no, no."

"Cállate ya Shun, sólo cállate."

Hyoga lo levantó del suelo y lo sentó en sus piernas luchando por contener la herida. Milagrosamente le obedeció y se quedó en silencio. No quería darle más motivos para enojarse, no quería que lo odie más. Apoyó su carita húmeda sobre la garganta de Hyoga dejando que vende su herida. Sacó su lenguita rosada y la pasó por el cuello del rubio. Quizá con eso lograba que se le pasara el enojo. A veces resultaba.

"Deja de hacer eso."

No le hizo caso. Podía funcionar pero tenía que tratar un poquito más. Empezó a mordisquearlo suavecito con sus labios. Seguro le iban a entrar ganas de hacerlo como la noche anterior, se le iba a quitar el enojo y por un momento iba a dejar de odiarlo.

"He dicho que dejes de hacer eso Shun, no me hagas repetírtelo." su voz severa de nuevo, amenazante. Desistió entonces, esta vez no iba a lograr nada con eso.

Se dejó conducir a la habitación de nuevo y se tumbó sobre la cama en silencio. Aún sonaban en su cabeza las palabras de Hyoga. No las iba a poder olvidar nunca.

El rubiopor su parte se quedó en el baño poniendo un poco de orden. De paso que se disipaba un poco y se libraba de las ganas de ahogarlo en la tina. Una vez la tina estuvo llena se desvistió e introdujo al agua caliente.

Al momento los recuerdos de la última vez que estuvo metido en una tina de baño con quien quería estar toda su vida… le trajeron momentos felices. Si tan solo pudiera quedarse a su lado, pero no. Si tan solo pudiera sentir sus brazos gruesos rodeando su cuerpo en ese momento. Sentir como lo estrujaba mientras le mordía el cuello. Lastimándolo suavemente mientras lo acomodaba para ingresar dentro de él. El solo pensarlo lo puso durísimo.

Ahora tendría que hacer algo para remediar esto. Se levantó de la tina chorreando agua como un león con la melena húmeda. Se pasó encima una toalla y envolvió una toalla a sus caderas filudas. Abrió la puerta del baño y sólo encontró oscuridad.

Shun había apagado el televisor y ahora toda la habitación estaba a oscuras. Si no fuera por la luz del baño todo sería tinieblas. Fastidiado atravesó la habitación en busca del interruptor y le dio un manazo para prenderlo. El culpable de todo esto apareció en su esquina tradicional, abrazándose a sí mismo con la cara oculta entre sus brazos.

Se acercó aún chorreando agua hacia la oscura esquina de la culpabilidad y lo atrapó de un brazo forzándolo a levantarse. Lo jaló hacia sí, apretándolo con fuerza. Shun soltó un quejido de mascota herida y luego fue a dar a la cama revuelta.

Hyoga cayó encima de él, besándolo violentamente. Shun no reaccionaba, sólo miraba al vacío como si no estuviera. Pero al rubio no le importó y siguió con sus caricias toscas. Lo desvistió poco a poco sin encontrar la más mínima resistencia de parte de su compañero. Shun estaba perdido en el espacio, de nuevo. Seguro iba a permanecer así un par de días. Mejor, por lo menos habría silencio y tranquilidad.

Siguió con sus caricias hasta que pronto estaban los dos totalmente desnudos. Shun era como un muñeco sobre la cama, inerte, aburrido. Era más divertido cuando se movía y se quejaba un poco. Pero ahora sólo permanecía como un cadáver tibio mientras Hyoga recorría su cuerpo con los dedos.

No era del todo divertido pero de algún modo tenía que calmar la sensación que nacía bajo su cintura. Pronto lo acomodó bajo su cuerpo y encontró el modo de entrar. Shun no reaccionaba, tenía los ojos abiertos pero no había nadie dentro.

Hyoga ingresó rápido, cuanto más rápido mejor, más pronto se saciaba de él y podía alejarse de nuevo. Pero Shun no protestó, ni gimió como perrito, ni nada. Definitivamente sólo estaba su cuerpo en ese momento. El rubio siguió moviéndose dentro de él cuanto quiso. No encontró ninguna protesta, ningún reclamo ni nada. Silencio y el sonido de su respiración agitada.

No se estaba divirtiendo tanto después de todo. Pero pronto iba a llegar y todo terminaría por esta vez. Luego se iría a dormir y llegaría el fin de semana y podría estar de nuevo en los brazos de quien tanto extrañaba. Sintió algo de lástima por Shun pero se disipó muy rápido.

Estaba a punto de llegar y decidió darle una oportunidad a Shun para disfrutar un poco. Con su mano libre acarició el miembro flácido de Shun, pero ninguna respuesta. Por lo menos lo intentó. Siguió moviéndose con más fuerza, más profundamente, más rápido hasta que finalmente llegó al clímax dentro de Shun.

Cayó exhausto a su lado. Shun no se movió.

Recuperó el aliento y tenía ganas de más, pero Shun no se movía.

No valía la pena seguir con esto. Ya no podía soportar un segundo más en esta situación. Iba a tener que hacer algo por remediarlo y muy rápido. No iba a seguir con esto. Ya era suficiente.

El rubio se limpió los rastros de sus propios fluidos con la toalla y regresó al baño. Una ducha de agua fría estaría muy bien.

Shun sobre la cama no se movió durante toda la noche.

Continuará...