Ninguno de los personajes de Saint Seiya me pertenece, yo sólo estoy haciendo un fanfic.
3.
Se volvió a ir… Mejor si no regresa… De repente lo mejor será que yo me vaya de aquí. Quizá si puedo abrir la puerta... Detesto este lugar, detesto a Hyoga, a Ikki, los odio a los dos. Detesto quedarme aquí horas de horas esperando que vuelva.
No le importo, lo sé, ni un poco. ¿Por qué no me dejó morir anoche? Lo odio. No tengo nada más que hacer en este lugar. ¿Dónde puede estar? Afuera, en cualquier lugar… debe estar caminando por ahí.
No es justo Hyoga…. No es justo que me hagas esto. Yo sí te quiero… y mucho. Pero tú…
Te odio. Sabes que odio estar solo y lo sigues haciendo. Te odio…. Te odio como no tienes idea.
Te largas y me dejas solo aquí, hablándole a las paredes. No puedo seguir así… te odiooo Hyoga. Te odiooooo.
El rubio hizo su aparición en la habitación atraído por el ruido. Sabía que algo ocurría y era mejor averiguar que era. Shun estaba en su rincón de siempre, sentado como siempre, cabellera revuelta y los ojos chorreando.
Lo vio entrar y se puso de pie pegándose a la pared.
"Te odio."le dijo con voz quebrada sin querer acercarse a él.
Hyoga no le respondió solo achicó el espacio entre ambos.
"Vete… te odio… no te me acerques…. Te ooodiooo."
Hyoga se acercó más hasta estar frente a Shun. Lo tomó de los hombros y lo lanzó a la cama.
"Te odioooo…."
Al parecer hablaba en serio así que se levantó de la cama y corrió a la puerta. Estaba a punto de salir al exterior de nuevo, pero Hyoga lo detuvo. Se lanzó sobre él terminando ambos en el suelo, forcejeando. Shun luchaba por liberarse del rubio sobre él. Hyoga lo aplastaba y lo jalaba de la cintura hasta que se aburrió de la pelea inútil y le dio una bofetada sonora.
Eso sólo lo puso peor. Shun intentó devolverle el golpe y fue peor para él. El rubio lo lanzó de otro manazo a su rincón en la pared. Shun no iba a ganar, no podía ganarle, pero lo odiaba. Y eso era bastante.
De su nariz cayeron gotas rojas y Hyoga se acercó a él para reparar los daños. Shun se resistió a ir al baño a asearse, así que fue por las malas. Hyoga lo lanzó dentro del cuarto de baño y dentro de la tina. Se fue de cara contra el metal y se quedó muy quieto. Esperando lo siguiente, midiendo los movimientos de Hyoga. El rubio se veía furioso con él. De repente ahora lo iba a matar. Tantas veces dijo que lo haría, pero hasta ahora nada. Estaba de espaldas preparando el material para curarlo. Shun no quería nada de él.
Ya no más.
Se sentó junto a la tina mientras su cara chorreaba. Vio como se acercaba Hyoga con cara de rabia y lo esperó. No protestó cuando se agachó y lo tomó del cabello para curarlo. Ni cuando le apretó las muñecas para sacarlo de ahí. Lo aventó a la cama de nuevo sin decir una palabra.
Así era Hyoga, frío como un témpano.
Shun se quedó echado sobre la cama.
"Me quiero ir de aquí."
"No hay nada más que quisiera que te largues."
"Entonces porqué no me dejas ir si tanto te molesto."
Los labios del rubio se quebraron en una sonrisa. Lo miró con la expresión más cruel del mundo."Porque no puedo dejarte ir."
El mundo era tan cruel. Así que tenía que soportarlo lo más que pudiera, así lo sacara de sus casillas. No podía deshacerse de él, era el precio que debía pagar.
Shun se deshizo en ese momento, Las palabras de su amado blondo lo derritieron completamente. No lo odiaba, lo amaba con todas sus fuerzas. Su cara se descompuso por el llanto y trató de buscar consuelo en los brazos de Hyoga.
Pero solo encontró una pared de hielo. Fue a dar de nuevo a la cama, producto de estrellarse con el iceberg.
Hyoga lo miraba con desprecio. Shun era lo más patético que tenía la desgracia de conocer. Tan diferente de quien ocupaba sus pensamientos día y noche. Tan distinto. Ahora lo que más quería era irse a su lado, dejarlo todo atrás. Pero no. Había un precio que pagar por los errores que se comenten.
Shun entendió que no iba a lograr nada esa noche, sólo lo de siempre. Siempre que Hyoga quería. Así que terminó mirando al techo durante todo el proceso, mientras Hyoga se divertía con él, mientras él pagaba el precio de sus errores. Quizá mañana las cosas serían distintas, quizá mañana si lo iba a querer un poquito aunque sea.
xxxXXXxxx
Hyoga se fue de nuevo, pero regresa por la noche. Y lo esperé en silencio para no molestarlo más. Hago todo lo que él me dice que haga, porque tengo miedo de que no vuelva más.
No sé hasta cuando vamos a estar así. ¿Crees que vendrá Ikki a buscarme? A veces pienso en él. ¿Dónde estará? Siempre que le pregunto a Hyoga no me quiere responder. Pero yo sé que él sabe. Sí. Ojala que venga algún día a verme. Pero no, mejor que no venga. Es que no quiero que me separe de Hyoga. No quiero que me aleje de él. No sé que haría sin Hyoga, no sé vivir sin él. Él no es malo, es mi culpa en verdad. Yo soy quien hace que las cosas entre nosotros vayan mal. Yo lo hago enojar con mis tonterías. No lo hago al propósito, lo juro. Sólo quiero complacerlo pero no lo logro. Siempre hago lo que él quiere que haga. Eso quiero hacer.
Prefiero hacer lo que él me diga, así no se enoja conmigo. Pero igual siempre se enfurece y me lastima. No me dolió lo de ayer. Lo juro. Bueno un poquito, pero es mi culpa. Yo tuve la culpa por molestarlo, por hacerlo enojar.
De repente si me quedo en silencio como hasta ahora y no hago nada de nada por molestarlo me quiera un poquito aunque sea. Un poquito nada más. Sólo quiero eso. Con un poquito es suficiente.
Hice lo que él quiere, tendí la cama y arreglé las cosas del baño. Anoche le preparé la tina de baño como a él le gusta. El agua bien caliente. Quería que me invite a meterme con él al agua, pero no. Se metió el solo y quiso que lo deje solo. Supongo que estaba cansado, seguro que sí. Llegó muy cansado y sudoroso. Parecía que había estado haciendo algo porque tenía manchitas en su ropa. Lavé su ropa de ayer… espero que no se enoje por hacer algo que no me dijo.
Seguro no tarda en volver. Seguro se ha retrasado por algo. Seguro ya viene…
XXXxxxXXX
Y no ha vuelto. Quizá ahora sí no piensa volver. Es mi culpa, lo sé muy bien. Pero no sé que más hacer. No me quiere ni un poquito… no sé que voy a hacer. Tengo miedo… mucho miedo de lo que vaya a pasar ahora.
Pero si salgo a buscarlo… ¿a dónde iré? No sé dónde está, no sé que hay detrás de esa puerta, sólo lo que hay detrás de la ventana.
¿Y si no vuelve? No tengo nada más por hacer… si no vuelve no hay nada más. Se termina el mundo.
Ikki me dijo algo hace tiempo. Que el mundo no se acaba cuando tenemos problemas. Pero yo no tengo un problema, yo soy el problema.
Si tan solo Ikki estuviera aquí, él sabría que hacer. Como cuando vivíamos juntos… y luego… él se fue. Me dejó sólo y no sabía que hacer. Me prometió que no dejaría que nada nos separara pero… pero en el fondo él también quería separarse de mí.
Pero fue así como empezó mi relación con Hyoga. Yo no sabía a donde ir, ni como actuar. Pero Hyoga si lo supo y cuidó de mi como hasta ahora.
Ojala Ikki vuelva por mí. Ya no quiero estar nunca más solo.
La puerta se abrió de nuevo pero esta vez no escuchó acercarse a nadie. Estaba demasiado sumido en sus pensamientos cuando el blondo entró por la puerta. Se veía más desaliñado que nunca. Entró y se tiró la chaqueta que traía sobre la cama. Pasó a su lado, por el rincón donde le encantaba quedarse horas de horas pensando y se metió al baño.
Shun se puso de pie secándose la cara. Algo malo estaba pasando. Lo sabía, nada bueno iba a suceder así que mejor cerraba la boca. Pegó una orejita a la puerta tratando de oír lo que sucedía al otro lado de la puerta.
El agua de la tina estaba corriendo. Se iba a dar un baño como siempre que regresaba.
Quiso abrir la puerta a patadas y gritarle cuan preocupado había estado cuando se dio cuenta que en su entrada, Hyoga había dejado la puerta entreabierta.
La curiosidad llenó sus enormes ojos verdes y se acercó sigilosamente a la salida. Una miradita al exterior no le iba a hacer daño. Una ojeadita al mundo de afuera no iba a ser la diferencia.
Ya no recordaba la última vez que había estado fuera de esas cuatro paredes.
Una mirada hacia atrás y Hyoga seguía encerrado en el baño. Avanzó pasos lentos hacia la puerta. Temeroso de lo que pudiera encontrar.
Había pasado demasiado tiempo encerrado y ya necesitaba cambiar de aire.
Llegó a la puerta y era un enorme logro. No se atrevía a salir por ahí porque era demasiado arriesgado de su parte.
Pero… si a Hyoga no le importaba un pepino lo que le pasara. Total… lo que quería era deshacerse de él. ¿No? Entonces era hora de darle una lección a Hyoga.
Un paso tímido al que le siguió otro más. Uno más y así sucesivamente estuvo fuera de la habitación, recorriendo un pasillo oscuro que lo llevó a otra puerta y una escalera y luego una puerta que daba al mundo.
Abrió la puerta final y sus pies tocaron la calle de nuevo. Temblando aún sin saber que hacer se animó a pisar el suelo helado.
No traía zapatos así que la caminata iba a ser complicada. Avanzó por una calle desolada. Sabía que nunca pasaba nadie por ahí, porque desde su ventana no se veía ni un alma. Avanzó varios pasos y no sabía si regresar o no.
El panorama le empezó a parecer muy familiar. Estaba retrocediendo en el tiempo. Había pasado por ahí antes. Pero cuando… cuando.
Avanzó un poco más y se sentó en el suelo, bajo un árbol. Cerró los ojos porque recordaba aquel árbol. Apretó los labios porque el árbol estaba plagado de recuerdos.
No debió salir de donde estaba. Por un segundo pudo recordar porque era mejor quedarse ahí dentro y no salir nunca más. Es que era tan tonto. Sabía que lo mejor era hacer todo lo que Hyoga dijera y nunca más pisar el exterior. Eso estaba bien para él, era lo mejor para él. Hyoga sólo quería lo mejor para él, El mundo de afuera está lleno de malos recuerdos, por eso era mejor quedarse adentro.
Ahora era demasiado tarde…
xxxXXXxxx
Hyoga salió del baño envuelto en toallas. Disipado y amodorrado por el baño encendió la luz de la habitación en tinieblas y no había Shun a la vista. La puerta totalmente abierta le indicó lo que había sucedido.
Por un segundo deseó que se fuera y no regresara nunca más. Pero luego recobró el sentido y se vistió lo más rápido que pudo.
No sabía si podía ir muy lejos o no pero en su estado no podía salir de la habitación. Llegó a la puerta y no supo hacia donde avanzar. Ahora iba a estar en serios problemas, sin duda. En el suelo de polvo algunas huellas no tan frescas le indicaron hacia donde ir.
Deseaba que desapareciera, tal y como lo hizo aquella vez cuando empezó todo. Deseo que nunca hubiera vuelto, que se hubiera perdido en el camino de regreso. Pero no, las cosas fueron distintas y ahora a enmendar errores.
Llegó al árbol que habían plantado juntos. Ahí lo encontró hecho un ovillo, mirando al vació pero aún así supo que las cosas estaban mal y se iban a poner peor.
"Shun…"susurró
No hubo respuesta. Sintió deseos de dejarlo en donde estaba, pero no podía hacer eso.
"Shun, vamos a casa." No le respondió sólo fijó su mirada inquisidora sobre él. "Es suficiente, ponte de pie. Vamos a casa.
Estiró la mano para levantarlo del suelo. Shun no se las iba a dar tan fáciles esta vez.
"No Hyoga."
Hubiera deseado poder hacerle caso, pero no. Perdía la paciencia con facilidad así que lo atrapó de una mano y lo levantó del suelo. Pero Shun se zafó rápidamente.
"He dicho que no quiero ir. Ya déjame tranquilo. Vete que tienes mejores cosas que hacer ¿no?"
No se lo esperaba, debía confesarlo. No se esperó una reacción así. Estaba decidido a no regresar con él y sólo lo vio tan decidido una vez, antes.
"No me importa lo que quieras. Ven o te llevo a la fuerza."
Shun estalló en carcajadas. Su rostro no era el mismo de siempre, esta vez estaba distinto. Igual a aquella vez.
"Sí ya sé que no te intereso en lo más mínimo. Me parece bien Hyoga. Lárgate y déjame solo. No quiero volver a verte en todo el resto de mi vida."
"Igual vienes."
"Déjame en paz Hyoga. ¿Qué quieres conmigo¿Limpiar tu conciencia? Lo siento, no más."
Hyoga lo tomó de una muñeca y la torció apretándola contra su espalda. Shun fue a dar de cara contra la corteza del árbol.
"Ya suéltame. Suéltame… déjame ir. Eso es lo que quieres ¿no? Eso es lo único que te interesa. Déjame ir."
Entonces Shun descubrió que de verdad a Hyoga no le importaba lo que dijera o pensara o quisiera. Lo levantó en peso y lo llevó pataleando rumbo a la habitación oscura de nuevo.
Shun cayó sobre la cama en silencio. Cansado de gritarle. Cerró los ojos dispuesto a no volverlos a abrir nunca más. Hyoga se echó sobre él.
"Suéltame. No quiero que me vuelvas a tocar nunca más.
Pero a Hyoga no le interesaba lo que quisiera.
"He dicho que me sueltes. Ya déjame."
Nunca le importó lo que pensaba, ni siquiera que sus acciones le pudieran hacer daño. Nada. Y eso no era nuevo, Shun lo sabía sólo que lo había olvidado. No le interesaba ni una sola de sus palabras. Ni una sola.
XXXxxxXXXxxx
"Ya quita esa cara que no es para tanto."
Shun no lo miraba. Sentado en su rincón habitual no se iba a mover nunca más de ahí.
"Hablo en serio. Ya quita esa cara."
Llevaba dos días sin hablar ni una sílaba. No comía nada y no se movía de su lugar de siempre. Ya se empezaba a preocupar. Tenía que hacer que coma algo. Si se enfermaba sería peor.
"Eres insoportable. Si estas dispuesto a matarte de hambre. De acuerdo. Haz lo que quieras. Pero que no me echen la culpa de esto. Eres tú el único culpable Shun."
Ni una sola reacción, ni un solo movimiento, ni un parpadeo, nada. Era como si no estuviera presente. Le hablaba a los muebles, a las paredes.
Se sentó en la cama al lado del rincón favorito de Shun, sintiendo que le empezaba una migraña culposa.
Lo único que quería era salir de ese lugar y no regresar jamás. Pero no podía dejarlo en este estado. Era muy peligroso, nunca lo había visto tan cambiado desde ese día. Sin duda ese era su mayor error, subestimarlo.
Nunca pensó que pudiera reaccionar así, ni ahora, ni nunca. Pero lo hizo y del peor modo, en el peor momento. Todo por no prever, por pensar que no se iba a dar cuenta de las cosas.
Pensaba que era como un niño al que le podía contar cualquier cuento y se lo iba a creer siempre. Se equivocó, no era tan crédulo después de todo. Tenía un límite, no lo tomó en cuenta. Otro error.
Ya era suficiente, Shun no iba a arruinar sus planes una vez más.
Se puso de cuclillas frente a él y los sacudió repetidas veces, como si sacudiera un juguete malogrado. Shun no estaba presente en ese momento. Su mente daba vueltas en el pasado y quizá si iría a quedar por allá.
Ahora la migraña empezaba con fuerza.
Se levantó tratando de tranquilizarse, intentado recobrar la compostura. No podía irse de ahí y dejarlo sólo en esas condiciones. Si era toda su culpa. No. Esta vez él había tenido la culpa de esto. Por descuidado, por subestimarlo de nuevo. No midió las consecuencias de sus actos como aquella vez en que se dio inicio a toda la farsa.
Que mala idea después de todo, pero necesitaba tranquilizar su conciencia.
Nunca se imaginó que Shun fuera a salir a la calle y ponerse en ese estado. Era evidente que algo le había afectado. Quizá empezaba a recordar todo y eso no estaba bien. Se suponía que su labor era que no suceda esto. Otro error más. Estaban retrocediendo en vez de avanzar. Ahora no podía salir y menos encontrarse con quien tanto quería. Peor aún, ya no quería encontrarse con él.
Shun sólo le traía problemas.
Frustrado y sin saber que hacer se sentó en la cama, algo mareado por la jaqueca tremenda.
Ahora era sólo cuestión de tiempo. De esperar que Shun salga de su mundo interior, de que en la puerta suenen pasos pesados y ver que sucedía ahora. Esto si iba a ser problemático para él.
Shun sólo sabía traerle problemas.
Continuará…
