4.
Todo porque abrí esa puerta. . Las puertas cerradas no están para abrirse. A veces hay cosas que no debemos enterarnos. De repente si no la hubiera abierto del todo hubiera sido distinto. No tenía porque saberlo y todo estaría bien hasta ahora ¿no?
/Pero nunca estuvo bien… /
De nuevo una vocecita fastidiosa resonaba en el fondo de su mente. Una vocecita silenciosa que permanecía insistentemente presente dentro de su cabeza aprovechando cuanto momento oportuno apareciera para hacerse presente.
Las cosas estaban bien hasta que tuve la mala suerte de abrir esa puerta. Todo estaba yendo bien hasta ese momento. Hyoga me quería, me trataba bien, me cuidaba mucho. Mi hermano siempre estaba a mi lado cuidando que nada malo me suceda. Había vuelto por mi.
/No, no fue así. No por ti./
¡Cállate! Tú no sabes nada, no sabes nada de lo que pasaba en ese momento. Todo fue mi culpa, fue mi culpa. Si yo no hubiera abierto la puerta, si yo no hubiera entrado, si yo no me hubiera olvidado la billetera dentro de la casa. Todo es mi culpa¿no lo ves? Yo sólo doy problemas.
Ahora la vocecita se quedó sin argumentar más, en silencio. Acallada por los recuerdos de una puerta cerrada que contenía sonidos extraños que escapaban a la contención de madera.
Sin poder detener su curiosidad tomó con una mano temblorosa la manija y vaciló en girarla. Y lo sonidos más insistentes… voces… una sonaba muy parecida a la voz de su hermano. Pero si Hyoga estaba solo en la casa. Sonaba más fuerte la voz de su hermano y la voz del blondo resonó en lo profundo.
Escalofríos en su espalda y abrió la puerta despacio con los ojos cerrados. Apenitas y más sonidos escaparon raudos de la habitación. No quería ver lo que estaba sucediendo dentro.
¿Para qué?
Para qué abrió la puerta… no debía abrir una puerta cerrada. Nunca.
La puerta crujió al abrirse totalmente. Su figura quedó al descubierto involuntariamente. Los ojos abiertos como ventanas vacías. Mirando pasmado a su hermano y a su amando entrelazados.
Inmóvil sus ojos lo engañaban casi tanto como Hyoga. No podía estar sucediendo esto.
En la habitación caliente se detuvo el tiempo un momento. Hyoga rompió el trance saltando de encima de Ikki , sorprendido y aproximándose a Shun lo más pronto posible. Lo tuvo enfrente y lo abofeteó con fuerza.
Ni así se movió de su sitio. Clavado en el suelo, sin querer creer lo que estaban viendo sus ojos.
"Lárgate." le susurró el rubio con un hilo de voz.
Shun no se movió porque seguía pasmado. Sin capacidad de acción o reacción. Ikki fue hacia ellos y apartó de un empujón al rubio. No habían palabras que pudiera decir, no tenía palabras para su hermano menor que en ese momento los miraba con ojos hirientes. No podía ni siquiera mirarlo.
"Shun…yo… nosotros.. sé que esto se ve… Shun…"
Pero no reaccionaba, los miraba a ambos con lanzas saliéndole de los ojos.
"Dime algo, cualquier cosa. Dime…. Algo…"
Pero el silencio fue la fría respuesta. Volteó a ver a Hyoga quien se había sentado aún desnudo en la cama. Aparentemente tranquilo pero tras ese rostro sin expresión se ocultaba un velo de preocupación.
"Esto es culpa tuya, Hyoga…"susurró acercándose al blondo cuyos ojos tomaron algo de color. "Tu tienes la culpa idiota."
"Yo no sabía… que fuera a volver tan pronto… yo sólo… no fue mi culpa.. además ya me aburrí de esta rutina Ikki. Se tenía que enterar algún día."
"Pero no así, idiota. No así…" Ikki vociferaba ahora, furioso. Se le hubiera lanzado encima a Hyoga en un afán asesino si es que no tuviera los ojos pegados en Shun.
No reaccionaba o no quería hacerlo.
Los labios le temblaban furibundos… las palabras se atoraron en su boca y pugnaban por salir pero no lo hizo.
Bajó la mirada y se preparó para salir corriendo y no volver nunca más. Al parecer al salir de la habitación de compras, había cambiado de dimensión, porque esta realidad no era la que él conocía.
Su hermano y Hyoga, eran amantes… No podía ser cierto, debía ser una broma, así que esperó un momento a que le dijeran que la broma había llegado demasiado lejos y él diría que por un momento lo engañaron y todo estaría bien como siempre.
Pero ni era broma, ni nadie venía a decirle nada.
Respiró profundamente sintiendo ganas de lanzarse encima de Hyoga y reclamarle. ¿Y qué le iba a decir?
Pero Ikki también estaba envuelto. Ikki quien había vuelto por él hacía poco tiempo, su idolatrado hermano, su héroe y admiración…un traidor.
"Ma..l dit…os… los dos…" murmuró. Los ojos de los traidores retornaron hacia él. "Malditos."
Una lágrima solitaria cayó al suelo reventando como un cristal.
"Shun.. Entiéndeme, entiéndenos… déjame que te explique…"
"No quiero oír una palabra más de tu boca, hermano, no quiero saber más de ti… yo no…cómo puedes hacer esto… yo… malditos…"
Y se dio vuelta y empezó a correr sin saber a donde iba.
No pasó mucho tiempo para que Ikki lo encontrara. Debajo de un árbol , sentado mirando al vacío.
"Hermano."
Venía Hyoga con él. Ikki lo había traicionado. Pero Hyoga… Hyoga era la persona más importante para él. Hyoga se había hecho cargo de él cuando Ikki se fue y lo dejó solo. El había sido quien cuidó de él cuando nadie más lo quería.
No podía ser cierto.
Pero no había vuelta atrás, no había manera de retroceder el tiempo. Simplemente no podía soportarlo, no podía entender como era posible que lo hubieran estado engañando. Era imposible de entender que algo así estaba sucediendo.
Pero al final de cuentas todo era cierto y no había nada que pudiera hacer entonces.
Odiaba a Ikki con todas sus fuerzas, odiaba a Hyoga y se odiaba a si mismo por ser un completo idiota.
"Shun será mejor que regresemos a la casa porque tenemos que conversar esto y…"
"Yo no tengo nada que hablar contigo Ikki. ¿Cómo pudiste?" Quería desaparecer para que no lo viera de ese modo, como si sintiera lástima por él. Es que de verdad sentía lastima de su pobre e idiota hermanito, tan inútil que ni siquiera podía conservar a su amante a su lado. Tan idiota que mientras que ambos lo negaban él seguía confiando en ellos.
"No te me acerques Ikki. Ninguno de ustedes dos… no los quiero volver a ver."
Por mi esta bien.- murmuró Hyoga con una mueca de desprecio. Es que de verdad hablaba en serio. Ahora lo sabía bien, odiaba a Ikki pero a Hyoga… no podía.
Era toda su culpa, por ser un tonto, por no apartarse del camino de ambos. ¿Por qué? Si estaba estorbando entonces porque no le dijeron nada. No era justo que lo trataran de ese modo, como si no tuviera sentimientos, como si fuera un juguete.
Ikki insistió y a la fuerza lo regresaron a la habitación. Sin saber porque se le dificultaba respirar ahí dentro. Aún estaba caliente y sólo quería irse de ese lugar.
Se quedó en silencio, sin deseos de oír lo que tenían que decirle. Pero no importaba la verdad, no había nada que le pudieran decir que valiera la pena. La verdad era evidente, se habían burlado de él y todo era su culpa.
Mi culpa
Repetía como una mantra, como si fuera su salvavidas en ese momento de desesperación. Ahora no tenía que más hacer, a donde ir. Su mundo empezaba con Hyoga y terminaba con él- Fuera de Hyoga no tenía a donde ir.
Estaba solo, totalmente solo en el mundo. El mundo era Hyoga y fuera de él ya no podía existir.
Supervivencia. Se iba a aferrar a la vida costara lo que costara, no iba a dejar a Hyoga porque lo necesitaba para respirar. Entonces no había más remedio. Tenía que quedarse con él bajo cualquier precio. Se lo debían ambos, se lo debía Hyoga.
"Shun…. Hermano. Respóndeme por favor." entonces vio a Ikki frente a él, como nunca lo había visto antes, como a su peor enemigo. Sintió deseos de hacerlo desaparecer, lo deseo con todas sus fuerzas.
Luego de eso no podía recordar lo que sucedió. Luego de eso Hyoga estaba a su lado, tan frío como las nieves eternas. Como lo recordaba hasta ahora, como podía recordarlo.
Era cierto… ya había pasado mucho desde entonces…
Algunos pasos al otro lado de la puerta. Se detuvieron. Ya era hora de que las cosas empiecen a cambiar.
Continuará...
