6.
Era capaz de vender mi alma si me lo hubieran pedido. Te hubiera dado todo, mi vida, toda, completa, porque no la necesito. No sé vivir por mi cuenta. Toda mi vida he vivido por medio de alguien más. He dependido de Hyoga, de Ikki para todo. Desde siempre. No recuerdo desde cuando, no recuerdo desde cuando empecé a abandonar mi voluntad para hacer todo lo que ellos querían que hiciera. No me importaba la verdad, hacer lo que ellos me decían, porque ellos nunca me iban a hacer daño.
/Di lo que quieras, cualquier cosa… lo que quieras. /
Seguía a Ikki a ojos cerrados, como si fuera una extensión de su cuerpo, una parte de él. A donde fuera que me llevara, sin protestar, sin decir una palabra, sin preguntarle nada. No lo necesitaba, no necesitaba saber a donde me iba a llevar. A donde quiera que fuera con él, estaba bien. Yo era feliz.
/ No necesito nada más, dime algo… cualquier cosa…/
Me daba miedo alejarme de él. Cuando lo tenía cerca todo estaba bien, cuando estaba a su lado. Durante la noche y dormíamos juntos, yo abría los ojos 50 veces para ver si seguía a mi lado. Y siempre estaba para mí.
Si me hubiera pedido, cualquier cosa, lo que fuera, lo que sea, no hubiera dudado en dársela. Pero no lo entiendo, nunca me molestaba en preguntarle u opinar acerca de las decisiones que tomaba para ambos. Sólo lo seguía, sin que él me consulte o yo protestara.
/Dime lo que quieras… miénteme…. Dime alguna mentira envuelta con palabras bonitas… hazme sentir bien…/
El es mi hermano, jamás me haría daño, de ningún modo. Debo estar equivocado, el mundo debe estar mal. Cualquiera me podría lastimar, menos él. Nunca él, jamás. Debe haber un error, debe ser mi culpa, debo ser yo el que está mal. No puede ser, simplemente no lo puedo entender. Todo lo que yo creía, todo lo que conozco lo hago mediante él.
/Todo debe estar mal, quisiera empezar de nuevo./
Todo debe estar mal. Yo estoy equivocado. No puede ser cierto. No puede ser cierto, no puede ser cierto, que Ikki y... nunca. Yo estoy equivocado, yo estoy mal…. Soy yo él que está mal.
/Siempre estuviste mal, es por eso que nadie te quiere cerca, por eso nadie quiere estar cerca de ti. Eres malo, tú tienes la culpa de todo… como siempre. /
Debe ser por eso que Ikki me dejó atrás. Nunca entendí porque lo hizo, nunca me puse a pensar porque lo hizo hasta ahora.
/ Mientes… y lo sabes. /
No es cierto…. No es cierto….
/ Mientes de nuevo, lo único que haces es mentir…/
Mi hermano hizo lo que debía hacer, hizo lo que era mejor para ambos.
/ Estabas tan asustado, te morías de miedo…. Mientes de nuevo. /
El hizo lo que era mejor para los dos. Era lo mejor para los dos… Siempre buscaba lo mejor para los dos…
/ Eres un estorbo para todos… No lo puedes evitar… Eres patético./
No es cierto… No es cierto…
/Mientes… mientes…/
Ikki me dejó en ese lugar por mi bien. Porque no podía llevarme con él.
/ Porque le estorbabas /
No, porque necesitaba estar solo para poder seguir adelante, para buscar algo mejor para nosotros, para ambos.
/ No es lo que tú y yo pensamos en ese momento. No lo niegues./
Era por el bien de ambos… No tenemos a nadie más en el mundo, si no es a nosotros mismos.
/ Pero eso no le importa a él. ¿Verdad/
No… es… verdad…
¿No lo es/
No… no es verdad… no es verdad… no es verdad. Maldita sea... No es cierto….no puede ser…
¿Y que vas a hacer al respecto/
Yo… ya no quiero estar aquí. Sólo quiero desaparecer… porqué no puedo desparecer…. Desaparezcamos de una vez… vámonos donde nadie nos encuentre.
/ Esperaba eso desde hace mucho…/
¿No van a cambiar verdad¿El tiempo no puede retroceder? Para arreglar todo esto.
/Y recuperar el tiempo perdido… El tiempo no regresa. /
Es una lastima… Me hubiera gustado hacer tantas cosas antes de partir. No es justo… Pero creo que después de todo es mi culpa. Yo desperdicié mi tiempo, mi vida al lado de Ikki y luego de Hyoga…Todo por no tener el valor suficiente para vivir por mi cuenta.
/No necesito vivir la realidad… sólo miénteme… es lo único que necesito… dime que todo está bien…/
xxxXXXxxx
Estaba oscura la habitación, como si alguien hubiera muerto y en silencio lo velaran. Ikki ni se había movido del lado de Shun y lo miraba preocupado. A Hyoga ni lo miraba, como si no estuviera… como si no existiera más.
Entonces abrió los ojos, despacito, como con pereza. Ikki estaba ahí, a su lado. Sonrió entonces. Pudo sentir dolor en sus brazos, pero no le prestó atención. Habían cosas más importantes que hacer que pensar en nimiedades.
"Hermano… que bueno que estas aquí"
Y se lanzó sobre él abrazándolo.
"Lamento que te preocuparas por mi."
Ikki estaba a punto de morir de la impresión. No podía darle crédito a sus ojos. Casi ni le devuelve el abrazo de lo sorprendido que estaba. Besó la frente de su hermano menor, sintiendo que los ojos se le humedecían.
Enseguida apretó los ojos para reprimir la humedad que podrían salir de ellos. Eso era tan propio de él. Shun sonrió de nuevo. Buscó con la mirada a Hyoga y lo encontró en una esquina de la habitación, mirándolos sorprendido y hasta asustado.
Le sonrió también para derretirlo un poco. Pero sólo consiguió asustarlo y alejarlo más.
"¿Por qué está todo tan oscuro?"
Preguntó mirándolos inocente, como si acabara de llegar al mundo y recién se estuviera adaptando a lo nuevo.
"Porque…. ¿Por qué? Bueno…"
Ikki no tenía más palabras, se le habían agotado todas.
"No importa."
No necesitaba más respuestas… No más.
Se levantó de la cama, con dificultad. De pronto empezaba a sentir el dolor sobre su cuerpo, como si este recién despertara.
"No te levantes… Descansa un poco… Shun…"
Ikki sonaba tan preocupado.
"Estoy bien, hermano… sólo quiero estirarme un poco… Sólo eso… Estoy bien…"
Las vendas sobre sus brazos, el dolor empezaba a volver a hacerse intenso.
"Hyoga… ¿Qué haces ahí? Tan al rincón, porque no vienes, con nosotros."
Ese no era Shun, era otra persona completamente distinta a su hermano. Ese no era Shun, era un impostor, una copia, alguien que ocupaba su cuerpo. Esos no eran sus ojos, sus miradas tan dulces… ese no era su hermano menor.
Hyoga lo notó y no habría fuerza en la tierra que lo hiciera acercarse a quien estaba sentado en la cama. A quien estaba usando el cuerpo de Shun… Lo miraba con más espanto, como si tuviera enfrente al diablo en toda su maldad.
"¿Por qué están tan callados¿No creen que tenemos mucho de que conversar?"
Los miró a los dos, uno por uno. Disfrutando la expresión preocupada en el rostro de cada uno de ellos. Sonrió entonces y su sonrisa venía cargada de malicia.
"Shun… será mejor que descanses un poco."
Ikki intentó hacer que regresara a su posición pasiva sobre la cama. A volver a ser un cadáver viviente.
"Ya estoy bastante cansado de eso."
Su voz no tenía las notas de dulzura de siempre, carecía de la suavidad a la que estaba acostumbrado. Apartó las manos de su hermano de sobre sus hombros. Ikki retrocedió como si su hermano menor lo hubiera atacado con un puñal.
Los ojos verdes de Shun se dirigieron hacia el rincón que acogía al rubio desaliñado.
"Tengo algo de hambre. Hyoga ¿Nos traerías algo de comer?"
Hyoga sólo lo miró, como si estuviera viendo una abominación de la naturaleza frente a sus ojos. Entonces se dirigió hacia la puerta sin voltear atrás y salió dejándolos solos.
"Gracias…"
Añadió Shun cuando la puerta se cerraba.
Ikki se levantó de su lugar y retrocedió hacia la puerta, persiguiendo el rastro del rubio que acababa de partir.
"Shun…"
"No tienes nada que decir Ikki. Ya es bastante tarde para que me digas nada. Aunque siempre que apareces mi vida se complica."
Tiró los ojos al suelo y se mordió los labios.
"Yo… confiaba en ti, hermano…"
"Nunca quise que esto pasara, no quería lastimarte… no fue mi intención."
"Eso no es cierto. ¡Eso no es verdad!"
Gritó con voz quebrada.
"No… mientas Ikki… no me mientas más. Ya estoy cansado de escuchar tus mentiras…Ya basta, ya basta de mentirme, de decirme que lo sientes, que todo está bien y que todo va a estar bien. Desearía tanto creerte…. pero no puedo."
"Shun…"
"La verdad que sí Ikki, te creo todo lo que me dices… sigue mintiéndome, sigue diciéndome que todo está bien, que soy tu hermano y me quieres mucho. Sigue diciéndome lo mismo y luego vete, déjame en medio de la nada, en medio de la nieve…"
"Eso fue hace mucho tiempo, nunca quise hacerte daño, era mejor así. No podías venir conmigo, Shun."
"Nunca, nunca…. Nunca…. Estoy cansado de oírte. "
Gritaba, ahora no podía parar de gritar.
"Escúchame ahora, maldición"
Harto del griterío, se lanzó sobre su hermano menor y lo tomó de los hombros.
"Me vas a escuchar Shun, me vas a escuchar… porque las cosas no son cómo piensas que son."
"No quiero, no quiero. Suéltame de una vez, suéltame de una maldita vez."
Shun gritaba como poseso, se retorcía entre las manos de Ikki con tanta fuerza que parecía que iba a dejar sus huesos tirados y emprender la carrera.
"Me vas a escuchar aunque tenga que… amarrarte a una silla, no te vas. No te vas sin oírme antes. No te mueves de aquí hasta que me escuches maldita sea."
Los gritos de parte de ambos hermanos cesaron entonces. Shun dejó de sacudirse y se quedó muy quieto. No se iba a liberar de Ikki tan fácilmente, de nada valía intentarlo. Los dedos de su hermano abandonaron su piel dejando huellas hondas. Entonces se sentó sobre la cama midiendo la distancia entre su hermano mayor y su cuerpo. No quería escucharlo, no estaba del todo listo para verlo a la cara de nuevo y escuchar sus explicaciones.
¿Por dónde empezar? Se preguntaba Ikki dirigiendo una mirada triste hacia su hermano. No era el mismo, no iba a volver a ser el mismo. Desde que lo dejó en ese lugar, no volvió a ser el mismo.
A su mente llegaba un torrente de imágenes pasadas, algunas que ya había olvidado y otras que ya quería olvidar. Cuando tuvo que dejarlo, sin mirar atrás, reprimiendo lo que le hubiera querido decir. Nunca le decía nada a Shun, en su afán de sobreprotegerlo, lo mantenía ajeno a la situación que se desarrollaba a su alrededor. Nunca se iba a enterar de lo que pasaba, se prometió a sí mismo así como que nunca haría nada que lo lastimara. Pero a veces no se pueden cumplir las promesas, por más que se intente. Necesitaba irse del orfanato donde vivían ambos, junto con Hyoga y otros niños. Había escuchado que los iban a separar. Había una familia interesada en llevarse a Shun y no podía permitir que lo alejen de su hermanito. En ese momento entró en desesperación. No iba a poder conseguir que los dejaran quedarse juntos. No iba a permitir que le quitaran a su hermano. Lo había cuidado desde que era un bebé y no se lo iban a quitar ahora.
Shun estaba de lo más tranquilo al lado de Hyoga. Se llevaban bien esos dos, ese chiquillo ruso, que apenas masticaba unas cuantas palabras y su hermano. Hyoga apenas abría la boca para comer y soltar una que otra sílaba. Era tan callado que al principio todos pensaban que era mudo. Fue muy difícil sacarle sus primeras palabras. Al lado de Shun hablaba un poco más de la cuenta., pero cuando llegaba alguien más cerraba la boca de nuevo.
No había mucho tiempo para planear un escape. No había tiempo para pensar en a dónde irían. Mientras no los encontraran no los iban a poder separar. Sin decirle nada a Shun planeó la salida. Durante la noche lo levantó de la cama y lo hizo abrigarse bien. Afuera estaba nevando y no iba a ser fácil salir del orfanato.
Se deslizaron ambos en silencio, por los pasillos silenciosos. Cruzaron el patio, llenándolo de huellitas. Hacía muchísimo frío aquella noche. Llegaron a la reja principal que daba a la calle. Tenían que trepar. Ikki fue primero para recibir a Shun del otro lado.
"¿Tú que haces acá?"
Hyoga los había seguido, en el más absoluto silencio. Al parecer la nieve era su ambiente natural, se movía con mucha facilidad sobre ella.
"Regresa adentro."
Le ordenó amenazante. Ese rubio estúpido iba a arruinar sus planes.
"Hermano…"
Intervino débilmente Shun, mientras seguía trepado en la reja.
"Vete."
Insistió Ikki al empezar a ver su plan desvanecerse. Pero el blondo lejos de obedecerle subió a la reja tras Shun.
"Que te bajes, idiota. No puedes venir con nosotros, estúpido."
Trataba de hacerlo bajar jalándolo de los pantalones de pijama que traía puestos. Pero Hyoga no opuso resistencia alguna y sólo estiró la mano para desenganchar la chaqueta de Shun, enredada en la reja.
"Vete de una vez… y no le digas a nadie que nos viste. Si no voy a regresar por ti y te voy a hacer pedazos."
Pero Hyoga no lo estaba mirando. Sólo le dirigió una mirada extraña a Shun, una de esas que no trae emoción alguna.
"Paca" ()
Dijo entonces. Y Shun le respondió con palabras que nunca antes le había escuchado.
Abandonaron entonces la reja alta de metal y al rubio que se quedó mirándolos tras ella. Colándose entre la oscuridad de la noche, corriendo entre calles blancas y silenciosas. El frío ahuyentaba a los transeúntes. Pasaron el resto de la noche huyendo, caminando sobre una alfombra gélida. Estaban juntos y eso era lo único que importaba. Cuando llegó la mañana los encontró exhaustos, acurrucados dentro de una construcción abandonada. Sentados dentro de una habitación de paredes desnudas y mugre por todos lados. Hacía demasiado frío para seguir caminando en la intemperie y estaban tan cansados.
Shun no se quejaba y hacía esfuerzos por no quedarse dormido a insistencia de su hermano. Debían descansar pero no podían quedarse mucho tiempo en un mismo lugar. Finalmente el cansancio los venció y se rindieron ante el sueño.
Las cosas no salieron como las planeó después de todo. No podían escapar por siempre, no podían caminar sin rumbo más tiempo. El día avanzaba y no habían comido nada. Había que parar la marcha de cuando en cuando, para buscar algo de comer, para darle descanso al cuerpo fatigado. Y la temperatura seguía bajando. Y no podían seguir en esa situación más tiempo.
Consiguió algo de comer, de caridad y resultó tan sabroso como el primer alimento que se ingiere después de mucho tiempo. Y continuaron avanzando, sobre la nieve blanda como el algodón, hundiendo sus pies y sintiendo el frío subir por sus piernas penetrando hasta los huesos.
Hasta que se dio cuenta que no había salida y la aventura debía terminar. No podía seguir arrastrando a su hermano, por las calles, sin rumbo. Hasta que se dio cuenta que Shun no podía dar un paso más. Cayó sobre la nieve sin dar visos de querer levantarse. Lo tomó de los hombros y lo subió en una banca de un parque. Shun intentó incorporarse entonces, sin conseguirlo completamente.
Pero habían caminado demasiado, como para emprender la marcha atrás. Shun no iba a soportarlo, no iba a poder regresar sobre sus pasos. Lo peor es que tan pronto regresara al orfanato lo iban a entregar a una familia de desconocidos y no lo iba a poder ver nunca más. No quería perder a Shun, pero si no lo llevaba a un lugar seguro, no iba a durar mucho en la intemperie. No podía seguir arrastrando a su hermano menor, quien lo miraba lívido mientras trataba de humedecer sus labios secos y frotaba sus manos para liberarlas del frío.
"Shun… siéntate aquí. Quiero que te quedes aquí. No te muevas, acomódate aquí."
Su hermanito lo miraba y en silencio sus ojos preguntaron hacia donde iba. No podía responderle, no iba a poder decirle la verdad. Odiaba mentirle, pero no había otro remedio a la vista.
"Quédate ahí Shun."
Y trató de abrigarlo con un abrazo. Beso su frente deseando poder quedarse a su lado para siempre. Reprimiendo las lágrimas se alejó de la banca cubierta de nieve, dejando que los ojos de su hermano lo persiguieran hasta que desapareció sin atreverse a ver atrás.
No podía caminar sin Shun, lo necesitaba a su lado. Avanzó por la nieve sintiendo que las piernas le pesaban como si en cada una de ellas llevara piedras atadas. Sin saber cuanto tiempo pasó luchando consigo mismo, contra las ganas de regresar sobre sus pasos y regresar por quien había dejado atrás. Encontró un teléfono y dio aviso a la policía indicando el paradero de Shun. Esperaba con todo el corazón que llegaran pronto a buscarlo.
Tener que dejar atrás a Shun fue la decisión más dura que tuvo que tomar en toda su vida. No estaba seguro de que hubiera sido la mejor opción después de todo. A pesar de haberse ido de la ciudad, siempre trataba de mantenerse informado de cómo estaba su hermanito. Supo que Shun no había podido ser adoptado por la familia que en un inicio lo quería. Cada vez que alguien trataba de llevarlo su hermano huía y se aparecía en la puerta del orfanato.
Se había hecho muy amigo del ruso y ambos eran inseparables. Hyoga tampoco había tenido mucha suerte a la hora de encontrar una familia que lo adopte. Se negaba completamente a adaptarse a las costumbres y a hablar el idioma. Ese era el motivo porque lo habían devuelto varias parejas que veían al rubio como un bonito adorno exótico para su familia.
Volvía a la ciudad para ver de lejos a su hermano, a través de las rejas, sin que este lo pudiera ver. Por lo menos podía estar cerca de él. Veía como iba creciendo, indirectamente a su lado. Pero un día el estúpido ruso lo descubrió. Ese rubio de tonto no tenía ni un cabello.
"Tu hermano está en la enfermería."
Anunció a quemarropa mirándolo fijamente a los ojos a través de las rejas. Pudo leer lo que sus labios articulaban, pudo escuchar sus palabras pero por algún motivo su mente se negaba a procesar la información que estaba recibiendo y creer que fuera cierto. Sin darse cuenta como había atrapado a Hyoga de las solapas y lo estaba estrellando contra los barrotes de metal.
"¿Qué sucedió?"
Apenas pudo preguntar sintiendo que la voz se le iba a desaparecer. Estaba empezando a desesperarse. No podía ser cierto, algo malo le había ocurrido a Shun y todo era culpa suya. Si hubiera estado a su lado para poder cuidarlo.
"Habla maldita sea... habla."
Y lo hubiera hecho sin duda si no tuviera los labios pegados a las rejas. Entonces lo liberó demandando una respuesta. Hyoga no tardó mucho en complacerlo, empezó a contarle lo que había pasado. Shun había sido adoptado a pesar de sus esfuerzos por evitarlo. De eso había transcurrido un mes. Shun se había aparecido en el orfanato, entrando sin ser descubierto y había buscado a Hyoga para decirle que fuera con él. Estaba tan desesperado, lo único que quería era irse del orfanato y partir en busca de su hermano. Le pidió a Hyoga que se fueran con él, que no quería irse sólo. Cuando le preguntó acerca de su estado Shun rompió en llanto e insistió acerca de querer ir en busca de Ikki. Pero estaba malherido y no hubiera podido dar un paso más si es que no lo atendían. Así que Hyoga lo llevó donde la enfermera.
Shun le había contado que huyendo de nuevo había caído por la ventana y que de ahí provenía la lesión en su brazo. Pero aún en ese estado había seguido su marcha. Shun no era bueno mintiendo y no fue difícil para Hyoga sacarle la verdad completita. Mientras huía fue sorprendido por su padre adoptivo y este le había dado una paliza por intentarlo. Luego lo encerró en su habitación para quitarle las ganas de volver a intentarlo, pero al menor descuido Shun escapó por la ventana de donde cayó y se fracturó el brazo.
Cuando Hyoga le contó lo sucedido sintió deseos desesperados de correr a despedazar a quien se atrevió a ponerle una mano encima a su hermano menor. Sintió tanta impotencia de no poder atravesar las rejas, de no poder hacer nada por volver al lado de Shun. En ese momento le pidió a Hyoga que viera por Shun, que por favor no le dijera que estuvo ahí y que volvería a ver como seguía. Y así fue... así fue como estableció una relación con Hyoga. Poco a poco fue conociéndolo más a fondo y las cosas se dieron así. No pasó mucho tiempo para que esto sucediera, como tampoco pasó mucho tiempo para que Hyoga y Shun huyeran juntos del orfanato.
Su hermano al lado del rubio se veía tan feliz. No podía negar que sabía que Shun sentía algo por Hyoga. Conocía demasiado a su hermano menor como para no notarlo. Aunque lo observaba de lejos lo notó, era evidente, claro como el día. Pero no pudo hacer nada por evitar sentir lo mismo por aquel blondo de ojos transparentes. Como decirle a Shun que sabía que él lo amaba y decidió pasar por alto este hecho.
Como decirle a Shun que no pudo evitarlo... como decirle a Shun que a pesar de sus esfuerzos por protegerlo no había podido evitar ser el único culpable de todo el mal que había ocurrido.
Respiró hondo tratando de ordenar sus ideas. Había tanto que quería decirle, había tanto que quería gritarle.
"Shun… es hora que sepas la verdad."
xxxXXXxxx
Era la enésima vez que le daba la vuelta a la manzana y no se atrevía a regresar de nuevo a esa habitación. De nuevo se sentía sin valor para intervenir en asuntos de ambos hermanos, de nuevo había quedado fuera. Odiaba cuando hacían eso.
Pero esos dos necesitaban un tiempo solos para hablar, para que Ikki le dijera lo que fuera que tuviera que decirle. De repente decirle que todo lo que pasó fue un error y que lo mejor sería dejar todo atrás y… volver a su lado… y olvidarse de él. Quizá iban a dejarlo de lado una vez más. Como hermanos el vínculo de sangre es mucho más fuerte que el que Ikki pudiera tener con él.
Quizá cuando regresara a esa habitación no iba a haber nada para él, de nuevo.
Sacudió la cabeza tratando de desechar aquellos pensamientos que empezaban a tronar en su cabeza como si fueran campanas. Pero si iba a ser de ese modo… se iba a quedar completamente solo en el mundo, de nuevo.
Sin saber porque se sintió incapaz de dar un paso más. Paralizado en medio de la vereda gris, sin saber hacia donde continuar con sus pasos. Totalmente solo en un mundo lleno de gente, de desconocidos. No bastaba con cerrar los ojos para que aquellos pensamientos salgan volando de su mente, ahora estaban más activos que nunca, encendiendo sus mayores temores.
Para donde fuera que mirara, sólo podía ver rostros desconocidos. No había espacio en ese mundo para él. Desde que se quedó, desde que su mamá murió y él no pudo acompañarla… había estado completamente solo.
Fue entonces cuando llegó al orfanato. Ese lugar era horrible, lleno de otros niños que no hacían otra cosa que mirarlo como si fuera un animal extraño. Hablando todos en un idioma distinto al suyo y no podía entenderles nada. Se le acercaban y le hablaban pero él sólo los miraba deseando que desaparecieran, deseando poder abrir la puerta de ese lugar y correr. Correr hasta que sus piernas lo llevaran al lugar donde pertenecía. De nuevo totalmente solo. Detestando cada segundo de su vida, deseando no amanecer al día siguiente. La gente le hablaba pero no los miraba, era como si fueran sombras frente a él, no los escuchaba cuando trataban de comunicarse con él. Decidían sobre su vida, sobre lo que iban a hacer con él. Pero no los miraba, no los escuchaba, no quería estar cerca de ellos.
Encontró un lugar oscuro en el patio, un lugar donde podía refugiarse en soledad y pensar en lo que iba a ser más tarde, en donde podía comer tranquilo sin que los otros niños se rieran de él porque no sabía comer con palitos. Detestaba el sabor de la comida, detestaba las miradas del resto sobre su espalda mientras tomaba trocitos de arroz con las manos y se las metía a la boca. Y esa fue la primera vez que tuvo a Shun frente a frente. Se miraron fijamente mientras Shun descubría que su pequeño escondite estaba ocupado. Al parecer no tenía otra opción que esconderse dentro, otros niños lo estaban persiguiendo. El lo miró con la cara llena de arroz y decidió ignorarlo, esperando que se fuera pronto.
Cuando hubo pasado el peligro Shun salió no sin antes darle una sonrisa de agradecimiento.
Era la primera persona que le había sonreído desde que estaba en ese lugar, la primera persona que no había evitado su presencia.
Entonces empezó a ver de lejos a Shun, sintiendo la necesidad de sentirse acompañado. Acercándose a él a la hora del almuerzo, ya no se sentía tan abandonado a su suerte. Ikki siempre estaba con Shun y no dejaba que nadie lo molestara y que nadie hiciera laberinto en la mesa.
Fue así como se acercó aunque de lejos a ikki...
Pero las cosas fueron cambiando... las cosas se tornaron distintas desde que Ikki se fue y Shun se quedó a su lado. Lo tomó a su cuidado después de que regresó medio muerto de frío y enfermo. Sentía mucha lastima por él y esa lástima se convirtió en cariño y ese cariño en algo más. Y fue entonces cuando Ikki volvió a aparecer en el panorama y...
Entonces todo cambió de nuevo...
Miedo, tenía miedo, terror de regresar a esa habitación y no encontrar nada para él, de nuevo. El corazón le palpitaba en los oídos y su respiración se volvió pesada, difícil. De pie frente a la puerta temblaba, las manos no le obedecían y el resto de su cuerpo esta ba como ausente. Cerró los ojos y giró la perilla que lo conducía dentro. Cuando abrió los ojos no pudo creer lo que tenía en frente.
Si, continuará ju ju ju
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