CAPÍTULO III
La luz empezó a traspasar las ventanas de la habitación. Misao sentía frío. Se movió y notó que a su lado ya no estaba Aoshi. Abrió los ojos y comprobó que efectivamente estaba sola. Fue abrir las ventanas pero… ¿Qué hacían Aoshi y Mitsumi en la entrada de la casa?
Ambos se estaban despidiendo, dándose un abrazo. Mitsumi le daba un beso en la mejilla a Aoshi. Misao ya no quiso ver nada más y se dispuso a cambiarse para bajar almorzar.
En el comedor, la gran mesa de roble estaba preparada para el desayuno. Aoshi ya había almorzado y estaba leyendo la prensa.
-Buenos días- dijo Misao.
-Buenos días-contestó él sin levantar la cabeza de los folletos informativos.
Y así transcurrió el almuerzo, sin decirse nada y Aoshi leyendo. No la había mirado ni una sola vez. Misao estaba desconcertada. "Él abrazó a Mitsumi y a ella no le hacia ni caso" No podía soportar su indiferencia, quería llamar su atención.
-¿Ya podré dormir en mi habitación esta noche?
-¿Cómo?-preguntó él sorprendido.
-¿Si hoy mi habitación también estará ocupada?
-Siempre está ocupada tu habitación- fijo la vista en ella- por mí.
-Quiero decir en la habitación que deje a Mitsumi.
-Mitsumi ya se fue.
-Entonces haré el cambio.
-Tu misma. Yo no te voy a insistir- de forma fría y cortante. Y añadió- por cierto, ¿quieres salir hoy?
-Mmm… no prefiero quedarme aquí- pensó "así podré familiarizarme mejor con la casa y…con él"- me retiró e iré a leer a la biblioteca.
-De acuerdo. Yo tengo que salir. Mitsumi nos invitó a comer como agradecimiento por nuestra hospitalidad. Ya excusare tu ausencia.
Misao no se lo podía creer. ¿Y ahora que haría? Ya había dicho que no quería salir y no pensaba rebajarse y aceptar ir, mostrando la desconfianza hacia esa mujer y por consiguiente su inseguridad. No iba a humillarse.
-De acuerdo. ¿Nos vemos en la cena?- añadió ella.
-Por supuesto- contestó extrañado por la pregunta.
Se marchó a la biblioteca sin decir nada más. Al cabo de una hora Aoshi le anunció que ya partía hacia casa de Mitsumi. Ella se quedó observando por la ventana de la biblioteca como el carruaje de su marido marchaba.
Después de comer la espera de la llegada de él se le hizo eterna. Misao estaba en él salón al lado de la chimenea, sentada en el sillón, con un libro a su lado, pero cerrado, no podía concentrarse en la lectura. De pronto oyó como alguien abría la puerta del salón. Misao cogió rápidamente el libro.
-Hola querida-dijo todo risueño Aoshi, acercándose a ella. Se inclinó y le dio un beso en la frente.
-Buenas noches- no muy complacida por la gran alegría que mostraba su marido-¿cómo ha ido la comida?
-Muy bien.
-¿Se ha alargado un poco no?
-¿Me has echado de menos?- contesto con picardía.
Misao no respondió a la provocación de él y éste decidió explicarse.
-Estuvimos paseando por sus jardines, mientras me informaba como estaba su familia – y añadió de forma irónica- y si no tengo que dar más explicaciones me retiro a cambiarme.
Aoshi abandonó el salón. Misao estuvo allí aún durante una media hora y cuando salió se encontró con Sara.
-Señora Misao la cena ya esta a punto. Cuando quiera la servimos.
-Gracias Sara. Voy avisar al señor.
Misao subió las escaleras. Cuando estuvo ante su habitación matrimonial, entró sin llamar la puerta. Se quedó embobada. Aoshi estaba tirado en la cama, sin camisa, dejando al descubierto su musculoso torso.
Él al oír el ruido de la puerta se incorporó, sentándose en el borde de la cama. Sus ojos azules se posaron fijamente en los verdes que en ese momento lo observaban con un brillo que en seguida él reconoció: deseo.
Se aproximó a Misao. La rodeó por la cintura con uno de sus brazos, con el otro le levantó el mentón y aprisionó los labios de ella con los suyos.
Misao aturdida por aquella caricia, se dejó llevar. En un momento de lucidez, fue consciente de la situación en que estaban y tuvo miedo por si continuaba….se separó bruscamente.
-Sara dice que la cena ya esta a punto- estaba sonrojada y alterada.
-De acuerdo- desilusionado ante la falta de contacto – ahora bajo- no quería hacerla sentir incómoda, por ello decidió no hacer comentarios sobre lo sucedido. Se había dado cuenta de lo nerviosa que se había puesto.
La cena transcurrió mientras se hacían preguntas uno al otro, intentando conocerse un poco más. Ambos eran conscientes de las circunstancias en que se habían casado. Antes de casarse ya habían hablado de cómo se desarrollaría todo y que era necesario al menos llevarse bien para poder tener una convivencia civilizada.
-Pasas muchas horas en la biblioteca- prosiguió Aoshi- ¿es la única afición que tienes?
-La lectura me relaja mucho, pero no es la única afición que tengo. También me gusta pasear, y sobretodo montar a caballo.
-Pues en la casa tenemos unas caballerizas donde puedes escoger el caballo que más te agrade- Aoshi pensó que seria una buena manera de acercarse a ella.
-Quizá mañana lo haga- añadió ella.
-¿Si quieres podemos salir mañana a montar?
-me encantaría. Así me muestras los alrededores, aún no he salido de la casa.
El tiempo fue pasando rápido y pronto haría tres semanas desde su boda. Aún no habían consumado su matrimonio, pero la relación entre había mejorado. Aoshi ya no la besaba simplemente en la frente, sino, aunque se forma recatada, en los labios. Ella ya no se ponía nerviosa, pero hasta ahora no se decidía a dormir con él, tenía miedo.
Él no se ausentaba mucho de la casa, salvo lo imprescindible para sus negocios. Pasaban la mayor parte de la tarde yendo a cabalgar y enseñando a Misao los alrededores de la finca. Ya habían forjado una gran amistad, pero Misao sentía algo más que amistad (ahora ya estaba segura) amaba a su marido. Pero Aoshi simplemente mostraba una gran amistad hacía ella y aunque si que la besaba, no hacía ningún paso para tener otro tipo de contacto físico con ella desde la noche de bodas.
El martes, Aoshi había salido por la tarde. Cuando regresó estaba muy contento.
-Misao, prepárate. Mitsumi ha organizado un baile en su mansión.
-Oh, que bien, ¿no?- intentando fingir que la noticia le agradaba.
-¿No te gusta la idea?- él frunció las cejas.
-Oh, si. Es que no tengo ningún vestido apropiado – dijo la primera excusa que le pasó por la cabeza.
-Mujer, eso no es problema. Mañana vas a la ciudad y te compras uno. La fiesta es este fin de semana, el sábado, y Mitsumi me ha pedido si la puedo ayudar con los preparativos.
"Genial" -pensó Misao- "Vuelta otra vez con Mitsumi". Estaba cansada de oír hablar de Mitsumi. En las dos semanas que había pasado con Aoshi sin que Mitsumi apareciera ni en sus conversaciones, casi llegó a olvidarse de ella.
-¿Misao?- decía Aoshi mientras pasaba su mano ante la falta de respuesta de ella-¿me oyes?
-Si. Me parece bien.
-Estos días estaré un poco ocupado. No podremos salir a cabalgar.
-No pasa nada- "tonta. Si que pasa. Es tu esposo no el de Mitsumi"- tampoco me quedaran muchos días si tengo que ir de compras para la fiesta.
Las tardes sin Aoshi no eran lo mismo. Cada vez se daba más cuenta de cuanto dependía de él.
El jueves fue a la ciudad a comprar el vestido para la fiesta. Se compró uno de color verde que hacía juego con sus ojos. Era largo, tenía un escote bañera y marcaba su esbelta silueta de forma sinuosa.
Llegado el sábado por la tarde, Aoshi y Misao se prepararon cada uno en sus habitaciones. Cuando ella salió de la habitación se encontró aun Aoshi vestido de etiqueta. "Está guapísimo" pensó Misao. Por su parte Aoshi se quedó embobado. Cuando reaccionó se acercó a ella.
-¿Querría acompañarme a una fiesta, bella dama?
-Un momento – se giró y miró a lado y lado del pasillo – ante la falta de competencia, estaré encantada.
Aoshi empezó a reír y le ofreció el brazo.
El carruaje llegó ante la gran Mansión y ambos bajaron. Cogidos de la mano entraron en la gran sala. Misao estaba muy nerviosa, era la primera vez que se presentaba ante la sociedad con su marido. Él lo notó y le estrecho la mano entre las suyas, para darle seguridad. En ese momento anunciaron su entrada en el gran salón de baile. Aún no había mucha gente, habían llegado pronto. Mitsumi como buena anfitriona se acercó a ellos junto con su padre. Se saludaron y Aoshi presentó a Misao al padre de Mitsumi. Hablaron un poco, pero pronto Mitsumi pidió a Aoshi si quería bailar. Éste se giró hacia Misao como si pidiera permiso y ella accedió. No podía hacer otra cosa o quedaría en evidencia ante los presentes.
Misao se quedó charlando con el padre de Mitsumi. Pero pronto se dirigió a una silla para sentarse. No conocía a nadie. La sala se iba llenando de gente y más gente, pero nadie le sonaba familiar. Era lógico teniendo en cuenta que ella no era de por allí. La mayoría de la gente que no bailaba observaban como bailaban los demás y hacían comentarios al respecto. Muchas miradas se posaban en como bailaba la anfitriona con Aoshi y había comentarios de la buena pareja que hacían. Ante el murmullo del gentío, Misao decidió ir a tomar el fresco, y en su trayecto hacia la terraza un joven se cruzó ante ella.
-Hola doncella- el hombre le dedicó una sonrisa, dejando ver su blanca y perfecta dentadura- Mi nombre es Enshi ¿le gustaría bailar conmigo?
-Lo siento, me iba a tomar un poco el aire- quiso continuar su trayecto.
-Vamos sólo uno y luego la acompaño a tomar el aire.
-Es que…
-¿No sabe bailar?- dijo él no dejando terminar la excusa de Misao.
-Si pero…
-Entonces vamos- jaló a Misao hacia el centro del salón y se situó para bailar.
Misao pensó "si Aoshi puede pasarlo bien yo también".
Lo que no sabía Misao era que el tal Enshi se le conocía por ser un gran teniente, pero también por sus numerosas conquistas. Era muy conocido entre el género femenino, por lo que cuando se fueron al centro de la pista de baile, todas las miradas se fijaron en ellos.
Ajeno a todo aquello, Misao empezó a bailar con Enshi y éste a conversar con ella de forma amistosa.
-Me gustaría que sonriera un poco. Creo que debe tener una sonrisa muy bonita y no está bien que una mujer tan guapa esté tan seria en una fiesta.
-No estoy seria. Simplemente es que no conozco a nadie aquí y me siento un poco fuera de lugar.
-Pero ahora ya conoce a alguien.
-Si ahora si – empezó a reír Misao.
-Ve así mucho mejor.
La gente del salón observaba como se desenvolvía el baile y muchos invitados cuchicheaban sobre el joven Enshi y la dama que bailaba con él. Todos coincidían en la hermosa estampa que los dos jóvenes hacían. Mientras Aoshi, que ya no estaba bailando, sino conversando con unos invitados, ya se había percatado de todo.
Misao sonreía y bailaba mientras conversaba con Enshi. Casi olvidó que Aoshi estaba bailando con Mitsumi. En ese momento intento buscarlo en la pista de baile pero allí no estaba. Mitsumi en cambio estaba bailando con su padre.
Después de bailar con Enshi unas cuantas piezas, ella se excuso diciendo que ya estaba cansada y que iría tomar el aire. Pero el joven insistió en acompañarla. En ese momento, Misao notó como un brazo pasaba por su cintura. Ella se giró.
-Aoshi.
-Hola cariño- dijo Aoshi mientras agarraba a Misao de forma posesiva.
Enshi se extraño ante el acto de Aoshi con Misao.
-Hola Enshi- añadió Aoshi no muy contento.
-Hola Aoshi- respondió éste – ¿que conoces a la señorita?
-No. Te equivocas. No es señorita es señora.
Enshi no entendía nada.
-Enshi te presento a mi esposa Misao.
-¿Tu esposa?- dijo Enshi incrédulo.
-Si. – añadió orgullosamente Aoshi.
-Encantado señora Misao de haberla conocido- se aproximó a ella y le beso la mano- me parece que debo retirarme. Hasta otra ocasión.
-¿Te ha molestado? – preguntó Aoshi girándose hacia ella.
-No, al contrario. A sido muy amable y simpático. De hecho me agradó su compañía.
Aoshi no le gustó demasiado aquella respuesta.
-¿Querrías bailar conmigo ahora?
-¿Ya no tienes que bailar con Mitsumi?-añadió de forma mordaz.
Aoshi negó con la cabeza y sonrió al ver en aquella pregunta de Misao reflejados sus sentimientos.
Juntos bailaron el resto de la fiesta. Al terminar esta ambos se despidieron de los invitados que aún quedaban. Mientras se despedían, Misao perdió de vista un momento a Aoshi. A los pocos minutos vio que salía de una habitación y detrás de él venía Mitsumi. Aoshi traía una caja con él. Misao pensó que seguramente debía ser para disimular. "Su marido tenía una querida delante de sus narices. Ya estaba harta de aquella situación. Podía reconocer que parte de la culpa la debía tener ella por no comportarse como una verdadera esposa. Pero ya había tomado una decisión".
Continuará…
Gracias a todos los lectores y especialmente a: gabyhyatt, RinKo InuKai, Al Shinomori; por sus reviews.
Probablemente el próximo capítulo ya será el final.
