CAPÍTULO IV
Volvieron en silencio. Misao intentaba concentrarse en observar por la ventana del carruaje, pero no podía, rememoraba todo lo vivido en la fiesta (el inicio poco agradable de la misma, pero también el tiempo que pasó bailando con Aoshi. Se había sentido tan bien, como si flotará y en el inmenso salón sólo estuvieran ellos, pero al final, como siempre, Mitsumi). Mientras pensaba en todo aquello se percató que el carruaje ya se había detenido.
Aoshi le parecía extraño el comportamiento de Misao. Mientras estuvieron bailando, todo había ido bien, se la veía tan feliz y ahora ya volvía a mostrar aquella ausencia y distanciamiento. La ayudó a bajar del carruaje y entraron. El silencio continuaba. Se despidieron en el pasillo, como cada noche, Aoshi se inclinó y le dio un beso en los labios, el cual Misao no respondió (aún estaba pensando en lo sucedido). Cada uno se retiró a su habitación.
Misao se desvistió, preparándose para ir a la cama, pero ya lo tenía decidido, no dormiría más en esa cama. Una vez desnuda simplemente se colocó un camisón blanco de seda. Salió de su habitación y esperó ante la puerta de la habitación que se encontraba delante de la suya hasta que la luce se apagó. Entró sigilosamente y cerró la puerta detrás de ella.
Aoshi estaba tumbado en la cama, pensando en el cuerpo que en la fiesta había tenido entre sus manos mientras bailaba. En aquello que sentía cada vez que podía estaba tan cerca de ella. De pronto notó el contacto de unos labios sobre los suyos, eran tan suaves. Correspondió el beso y con sus brazos tiró hacia él la persona a la cual pertenecían (ya la había reconocido al sentir el contacto de sus labios).
Mientras se separaban para coger aire, abrieron ambos los ojos y fijaron la mirada uno en el otro.
-Misao- pronunció él con deseo-¿Te quedarás aquí?
-¿No puedo venir a dormir con mi marido?
-¿Sólo dormir?-preguntó con un toque de decepción.
-eso depende.
-¿De qué?
-De ti.
No hizo falta que se dijeran nada más. Aquello había sido la invitación que tanto tiempo había esperado Aoshi. Finalmente la paciencia le dio los frutos esperados.
Tumbó a Misao en la cama delicadamente, mientras la abrazaba con fuerza, la besaba despacio, sensualmente, hasta notar como Misao casi desfallecía bajo sus caricias. Él dirigió sus labios a la oreja izquierda de Misao y susurró: "eres como un sueño hecho realidad".
Aoshi siguió recorriendo con sus labios el rostro de Misao y descendió hasta su cuello. Allí succiono sobre su piel dejándola marcada, una marca de la necesidad y el amor hacía ella. Misao se estremeció.
Él deslizo los finos tirantes del camisón de Misao, dejando al descubriendo los preciosos pechos de Misao. Posó sus labios en la cima de estos y al igual que anteriormente con su cuello, los succionó provocando que se endurecieran.
Misao no sabía cuanto hacía que llevaban así, podrían ser 10 minutos o 3 horas, pero ella tampoco podía estarse quieta. Acariciaba la hermosa y deliciosa piel del torso desnudo de él.
Aoshi continuó bajando el camisón de Misao, dejando finalmente descubierto todo el cuerpo de Misao.
La mano de él subió por el muslo de Misao y la acaricia, deslizándose suavemente sobre su piel, introdujo un dedo en ella, sintiendo al principio como se quedaba rígida pero luego iba sucumbiendo al placer. Misao gimió cerca de su cuello, mordiéndole tiernamente. Ella estira la mano hacia la cintura de los pantalones de Aoshi. Éste entendió la indirecta y se quita sus pantalones, quedándose sin obstáculos entre ambos cuerpos.
-Misao…puede que te haga un poco de daño-repuso él entre jadeos.
-No pasa nada, sigue.
Él con movimientos suaves empezó a penetrarla. Al principio, tal y como le advirtió Aoshi, le dolió un poco, pero poco a poco se fue acostumbrando y fueron aumentando la velocidad y el deseo, hasta que se volvieron atrevidos. Y finalmente, entre jadeos y sudores, consumaron el matrimonio que hacia un mes habían realizado.
Ambos estaban tumbados en la cama, uno al lado del otro, y Aoshi le pasó un brazo por los hombros y la acaricia tiernamente los cabellos. Entre caricias cayeron dormidos.
Por la mañana, Misao abrió los ojos. Esta vez no tenía frío, él aún estaba a su lado y la abrazaba.
-Buenos días dormilona-le dijo él mientras deposita pequeños besos en su hombro.
-Buenos días-contestó Misao sonrojándose, mientras recordaba lo pasado la noche anterior.
-¿Pasaste buena noche?- preguntó de forma pícara.
-Si la mejor noche de toda mi vida-mientras se aproximaba para besarlo.
-Me alegro-y le respondió el beso.
-¿También a sido la tuya?-preguntó con curiosidad.
-Espero que no lo sea.
-¿Cómo?
-Que espero que haya otras noches como esta, o incluso mejores-sonriendo mientras pasaba un dedo por la nariz de la sorprendida cara de ella-espero que a partir de hoy tu cama sea ésta, junto a mí y podamos repetir o mejorar lo de esta noche.
-Yo también-respondió ella ruborizándose.
Aoshi sacó el brazo de detrás de los hombros de Misao y se sentó en la cama, se giró hacia ella y le cogió la mano.
-Misao- empezó de forma seria-ya se que seguramente no te esperas lo que te voy a decir pero quiero aclarar algo.
Él se quedó en silencio.
-¿Si?-presiona Misao que empezaba a preocuparse.
-Bueno, que me pienso que me he enamorado de ti…-Aoshi tragó saliva y continuó-No estoy del todo seguro, porque creo que no me havia enamorado nunca, pero no he podido dejar de pensar en ti, cada mañana cuando me despierto, eres la primera cosa en qué pienso, y cada noche, antes de ir a dormirme, eres la última persona en quien pienso, y no se si tu sientes lo mismo, pero quería que lo supieras.
Misao quedó sentada en la cama, con el corazón latiendo a toda velocidad al sentir aquellas palabras, en sentir que las decía Aoshi, ver la expresión de sus ojos, emocionados, y saber que lo estaba diciendo de todo corazón. Misao pensó: "Sé que está enamorado de mi, no porque simplemente sea su esposa, ni por ningún otro motivo superficial. Me quiere por ser como soy".
Misao se dio cuenta que aunque nunca se hubiera planteado si estaba enamorada de Aoshi, tenía todos los ingredientes por ser así: se había convertido en su amigo, le atraía y le gustaba.
-Aoshi- empezó a decir ella- nadie me había dicho lo que me acabas de decir. Pero si que te puedo asegurar que también te amo. Y que también estoy enamorada de ti.
En el momento que ella pronunció aquello, Aoshi relajó el rostro.
Pero Misao aún tenía dudas sobre una cosa.
-Aoshi- dice ella después de haberse abrazado y besado unos cuantos minutos-querría saber una cosa.
-Dime.
-¿Qué has tenido con Mitsumi?
-¿Con Mitsumi?- pensó un poco- ah. Ahora que me acuerdo tengo que darte una cosa.
-¿Una cosa?
En eso Aoshi se inclina, cogiendo una caja de debajo de la cama.
-Esto es para ti-le dice él entregándole la caja.
Misao se quedó estupefacta. Era la caja que llevaba Aoshi cuando salió de aquella habitación con Mitsumi. La abrió y dentro había un collar de diamantes. Quedó sin saber que decir.
-Lo encargue al mejor joyero de EEUU. Aproveche que Mitsumi tenía que ir allí para que me lo trajera.
Ya no había dudas. Misao había sido una tonta, por sus miedos, por sus celos…todos los malentendidos de Aoshi con Mitsumi. Se abalanzó sobre él y lo besó apasionadamente. Y empezaron otra vez acariciarse iniciando la danza íntima que compartieron la noche anterior. Pero esta vez Aoshi no tuvo que ser tan delicado y Misao fue más atrevida explorando el cuerpo de él. Y entre jadeos y suspiros llegaron otra vez a culminar el amor que se habían confesado.
A partir de entonces, funcionaron realmente como un matrimonio.
FIN
Gracias A todos los que han leído la historia y a todos los que me han dejado sus reviews. Quería hacerlo más larga la historia, pero es que durante un mes no tendré nada de tiempo para actualizar ni escribir y no quería dejar la historia a medias. Hasta pronto y espero que les haya gustado.
