En el silencio de aquel lugar, un ruido que provenía desde la puerta despabilaba al joven alquimista que se encontraba echado sobre un colchón viejo recubierto de polvo.
-¿Quién es? Eres tú, Al. ¿Ya regresaste¿Tus piezas ya se oxidaron?
Nadie respondió.
El muchacho se acercó precavidamente hacia la puerta, un aire de temor cubrió sus pensamientos al tiempo que ya se alistaba para dar un ataque...
Al abrir la puerta se encontró con una grata sorpresa.
-¡Winry¡¡¡Pero, pero¿Qué haces aquí¿Cómo llegaste?-preguntó sorprendido.
-No fue la gran cosa encontrarlos, sólo llame a mustang y él me dio la dirección...
-Y dime Winry... ¿Mi reloj?-inquirió Ed en un tono algo rabioso.
-Tu reloj...mmm-dijo en voz baja y enrojeciéndose la joven.
-¿Pasa algo, Winry? Por favor, dime que no le has hecho nada... sólo eso-rogó mientras sus ojos trataban de no lagrimear.
-Ed... Tu reloj se encuentra bien... no te preocupes por él...
-Está bien, confiaré en tus palabras-dijo, pensando que quizás ella lo había olvidado.-Vamos, entra, no te quedes ahí... Hace frió y estas empapada.
La rubia muchacha cerró la puerta, mientras Edward sacaba una toalla de una de las valijas. -Ponte cómoda. Ya sé es una pocilga pero no te quedes ahí parada- propuso mientras le entregaba la toalla...
La joven se sentó sobre aquel colchón desgastado entretanto secaba su cuerpo y dorada cabellera con la toalla blanca que le había proporcionado.
-Y bien... si no tienes mi reloj... ¿a qué se debe tu visita?-preguntaba el muchacho, desconcertado.
-El reloj está abajo...en un placard. No te preocupes, está en buenas manos con el dueño del edificio...
-¡¡¡Iré ahora mismo por él!!!-exclamó Edward.-¡¡No puedo esperar más por él!!
-Espera, Ed-lo detuvo mientras le tomaba fuertemente el brazo.- Tengo algo que decirte, por favor espera.
Sus rostros no tardaron en teñirse de rojo, se podía sentir esa extraña sensación cautivante, aquella sensación que llena de intriga, gargantas secas... y entre balbuceos:
-¿Qué me quieres decir Win... Winry?... -preguntó el alquimista.
-Ed... tú me... ¡¡¡Me siento muy atraída por ti!!!-Esas fueron las palabras de la joven.
Edward quedó totalmente paralizado... Sus latidos comenzaron a sonar fuertemente... Pensando que eso no podía ser así... Fríamente sólo logró pronunciar unas palabras...
-Espera un segundo, Winry ¿Y qué hay con Al? Tú le gustas...
-Ya deja a tu amado hermano y hazme feliz. Sólo a ti te quiero, Ed... Sólo a ti... -repitió.
-Perdóname Winry, pero yo no puedo hacer esto...
Edward, por completo desconcertado, trató de ir en busca de su reloj, pero la joven no dejó que se fuera... tomándolo suavemente por la espalda.
El joven estaba un poco incómodo ante la sensación, pero aun así le siguió la corriente a la rubia niña, traicionando sus sentimientos hacia su amado hermano.
Dejándose caer sobre el colchón estropeado, la dulce chica le brindaba las cálidas caricias que nunca nadie le había dado. Fundían sus cuerpos entre abrazos, besos...
Las prendas comenzaban a apilarse al costado del colchón sobre aquel piso de madera entrelazada, cuando los sonidos del placer se adueñaron del lugar frió y decrépito...
-Vamos ya, terminemos. Al no tardará en llegar-mencionó Acero con voz preocupante, mientras yacía de espaldas debajo de Winry.
-No te preocupes tanto, Ed...-sugirió la muchacha al tiempo que masajeaba sus hombros.
Fue entonces cuando empezó a sentir una sensación extraña.
-Oye Winry¿qué haces?
-¿Cómo que qué hago¿ Acaso no te agrada?-preguntó mientras jugueteaba en su parte trasera.
-Pensé que te gustaba-se excusó la muchacha, introduciendo sus dedos con más ímpetu…
-Ya, Winry, frena. Me molesta.
-Vamos, Ed, todos sabemos que te gusta-agregó Winry con voz pícara.
Luego de esto, el joven muchacho dejó las quejas y se adentró en aquel juego que comenzaba a gustarle...
Pero después de unos minutos, comenzó de nuevo:
-Winry, ya tuve suficiente, y Al no tardará-dijo mientras se sonrojaba.
-Está bien, si quieres a tu amado hermano te lo traeré-pronunció con voz ronca.
Ed quedó plasmado al ver como Winry cambiaba su rostro y cuerpo, y se transformaba en su tan amado Alphonse.
-¿Al?
-Sí, hermano. Aquí estoy para hacerte feliz.
Continuara...
