Capítulo 3: Reencuentro

Los días iban pasando lentamente. Bulma se centró en su trabajo, que gracias a Vegeta no era escaso. El trabajar la ayudaba a no pensar en Yamcha. Era muy duro pensar que después de tantos años ya no estaba con ella, se había convencido a sí misma de que esta vez no era como las otras veces, esta vez era definitivo. Ya no podía echarse atrás, lo había decidido, Yamcha no podía darle la vida que ella quería. Muchas noches lloró en silencio, pero poco a poco los llantos se fueron apagando. Aunque la dolía, tenía que ser fuerte y seguir adelante como fuera.

Una mañana, Bulma despertó muy contenta. Tampoco podía quedarse encerrada en el laboratorio para siempre, así no encontraría al hombre de su vida. Miró por la ventana de su habitación.

-Hace un bonito día para pasear –se dijo-. Creo que iré de compras. Hace mucho que no me compro nada nuevo…

Se vistió y se marchó de compras. Estuvo toda la mañana y parte de la tarde en el centro comercial (el mismo en el que estuvo con Yamcha la última vez que salieron) y aunque los recuerdos la entristecieron un poco, las veinte bolsas llenas de ropa, zapatos, bolsos y demás cosas la animaron bastante. Estaba en la cocina, ayudando a su madre a hacer unos pastelitos y comentando lo que había comprado.

-Me he encontrado con Yera, la hija del presidente de la C. G. S. ¿Sabías que había tenido un niño? Es más joven que yo…

-Si, nos invitaron el mes pasado a un cóctel -contestó su madre-. Y sus pasteles no son tan buenos como los míos, por cierto.

-Pues me la he encontrado en una zapatería… Hablando de zapaterías, un dependiente de esa misma zapatería me ha invitado a cenar el viernes. Es muy guapo… -dijo Bulma con cara soñadora.

-Muy bien, hija. ¿Cuándo nos le vas a presentar?

-Por favor, mamá…

-¿Dónde has estado toda la tarde? –dijo Vegeta, entrando de repente en la cocina y haciendo que Bulma se sobresaltara por enésima vez.

-¡Por Dios, Vegeta! –gritó Bulma-. Pareces un gato, nunca se te oye venir… Bueno ¿Qué es lo que quieres ahora? –concluyó con impaciencia.

-Más cacharros de esos. Se han roto todos.

¡-Si tuvieras más cuidado no estarían siempre rotos!

-¡Si hubiese estado aquí ya estarían arreglados¡Y a mí no me hables en ese tono!

-¡Me voy cuando me da la gana y te hablo como me da la gana!

-¡Escucha, no voy a consentir que…!

-Si, si –interrumpió Bulma con voz cansina-. Ya lo sé, eres un príncipe y todo eso. No voy a seguir discutiendo, no quiero que me arruines lo que queda de día. Con lo contenta que estaba hoy yo… Ya voy a arreglarte esos malditos cacharros.

Bulma se marchó al laboratorio por delante de un enfurecido Vegeta, que luego se fue hacia el jardín.

-Que bonita pareja hacen –dijo la madre de Bulma, sonriente-. Hasta ya parecen un matrimonio…

Pero finalmente, Vegeta había arruinado el día de Bulma, quien trabajaba en los robots de entrenamiento a la vez que soltaba toda clase de improperios cada vez que algo fallaba.

-¡Maldito chisme! –decía Bulma-. No sirve para nada… Si ése energúmeno tuviera dos deditos de frente no me tendría que pasar el resto de mis días reparando este endiablado montón de chatarra. ¡Con la de cosas que podía estar haciendo en vez de hacerle caso a ese chalado…!

-Pues el chalado necesita los montones de chatarra para entrenar –dijo Vegeta desde la puerta del laboratorio.

-¡Aaaaaaaaaarg! –chilló Bulma-. ¡Me tienes harta¡Por lo menos déjame trabajar tranquila!

-¿Tranquila? Por las cosas tan bonitas que decías no parecías nada tranquila. Si yo fuese el robot, te habría aniquilado hace ya diez minutos.

-Pues como no lo eres, déjame en paz. ¡Ya!

-Como quieras. Yo sólo venía a decirte que el gusano ha venido a verte.

-¿Gusano…¿Yamcha? –preguntó ella. La noticia le había tranquilizado de golpe, pero tampoco parecía alegrarse-. ¿Y qué hace aquí?

-A mi no me preguntes.

Bulma frunció el ceño y, con una fuerza excesiva para ella, arrojó el insultado robot contra la mesa. Se dirigió a la salita, donde esperaba Yamcha. Se le veía bien, un poco nervioso, pero bien. Además iba muy bien arreglado.

-¡Yamcha! –saludó Bulma -. ¿Qué haces aquí?

-Hola Bulma¿cómo estás?

-Bi… bien. La verdad es que no esperaba verte tan pronto por aquí.

-Bueno… yo… Yo quería pedirte una cosa.

-¿Qué quieres? –dijo Bulma, sospechosa de lo que iba a decirla Yamcha.

-Pues… yo… tú… -Yamcha estaba tan nervioso que no atinaba a hablar claramente-. ¡Dame otra oportunidad! Por favor…

-Yamcha… -dijo Bulma tristemente-. No lo hagas más difícil. Ya he tomado una decisión. No podemos seguir juntos.

-Prometo que voy a cambiar, voy a hacer todo lo que tú quieras… por favor. No sé estar sin ti…

-Pero conmigo tampoco sabes. No, Yamcha, no puede ser. Es mejor dejarlo así.

-¿Es que ya estás con otro? Dime que no, Bulma…

-Yamcha… por favor. Déjalo ya.

En ese instante, Vegeta pasaba por la puerta.

-¿No será Vegeta? –insistió Yamcha cuando lo vio pasar. Al verse aludido, Vegeta detuvo su camino y se puso a escuchar.

-Yamcha… -intentó decir Bulma, pero Vegeta contestó.

-¿Y si así fuera?

-¡Vegeta! –dijo Bulma.

-¡Desgraciado! –gritó Yamcha, luego se volvió a Bulma-. ¡Cómo has podido¡Él me mató¡Es un asesino!

-Todavía no me has contestado –dijo Vegeta. Bulma miraba a uno y a otro con la boca abierta.

-¡Maldito seas! –dijo Yamcha, a la vez que intentó darle un puñetazo a Vegeta, pero no lo consiguió, pues éste era mucho más rápido que Yamcha y se apartó, dejando que Yamcha diera con el puño en la pared.

-¡Yamcha¿Estás bien? –preguntó Bulma, asustada.

-Vaya, parece que pegas algo mejor que antes, pero nunca estarás a mi nivel, insecto.

-¡Vegeta! –volvió a decir Bulma, enfadada ahora-. Vale ya, los dos sois… sois… ¡Bah! No merece la pena decir lo que sois. Yamcha, no estoy ni con Vegeta ni con nadie, pero tampoco voy a volver contigo. Vegeta¿por qué no vuelves a entrenar? No quiero que peleéis en mi casa. ¡Fuera los dos de aquí!

Cuando dijo esto se marchó a su habitación hecha una furia. Por el camino, tiró un par de cuadros del pasillo y ni se dio cuenta. El portazo que dio al cerrar hizo que temblaran todas las paredes de la casa. "¡Hombres!" es lo último que se la escuchó decir.