Capítulo 6: Revueltos, pero no juntos

Bulma entró en la cámara de gravedad, Vegeta ya la estaba esperando. Cuando entró, selló la puerta, de forma que Bulma no podía salir de allí. Pero no se asustó. Es más, a ojos de Vegeta parecía que lo había estado esperando.

-No se ha roto nada¿verdad? –dijo Bulma.

-No, no se ha roto nada.

-Lo sabía. Rompiste la cámara ayer y mi padre todavía no ha venido a arreglarla. ¿Por qué me has traído aquí?

-Lo sabes de sobra. Lo mismo que sabes que dejé el intercomunicador encendido aposta y lo mismo que has estado hablando con el insecto ese para que yo te oyera.

-¿Y qué es lo que tengo que saber? –preguntó Bulma.

-¿No se supone que eres tan inteligente? –respondió Vegeta mordazmente.

-A lo mejor es que me he vuelto tonta de repente y necesito que se me recuerden las cosas, porque no recuerdo que me hayas dicho nada –la respuesta de Bulma, igual de mordaz que la de Vegeta, hizo que Vegeta se exasperara.

-No hay nadie en el universo que me haya hablado de esta manera y siga vivo para contarlo –se limitó a decir Vegeta.

-¿Y a qué debo tantos honores?

-A que no hay nadie como tú en todo el universo.

Ninguno de los dos dijo nada más. Vegeta abrazó a Bulma y la besó. Bulma se dejó llevar, también ella lo deseaba, igual que él la deseaba a ella. Sin separarse, comenzaron a quitarse la ropa y cayeron al suelo, llevados por la emoción. Los dos sudaban, jadeaban, se movían uno conforme al otro en total sincronía. Las piernas de Bulma se cerraron en torno a Vegeta, mientras él acariciaba su cuerpo. Los gritos que salían de sus gargantas aumentaron de intensidad junto con la pasión, hasta que en un instante, todo terminó. Vegeta se derrumbó un momento sobre Bulma y luego se apartó, tumbándose a su lado. Los dos se miraron mutuamente un largo rato, sin necesidad de decir nada, las palabras sobraban en ese momento.

Bulma entendía que Vegeta no dijera nada al respecto, su orgullo se lo impedía y ella no necesitaba oír nada, al contrario que con Yamcha. Desde ese momento supo que el acto en sí mismo lo decía todo y desde hace algún tiempo, con Yamcha no sentía lo mismo, por eso necesitaba las palabras de amor de Yamcha, pero las palabras no la llenaban y ahora había encontrado a alguien que la hiciera feliz sin necesidad de palabras. Pensando en estas cosas, recordó que había dejado a Yamcha plantado en el jardín, todavía la estaría esperando.

-¡Yamcha! –gritó y se levantó de repente, haciendo que Vegeta se incorporara también.

-¿Qué haces? –preguntó Vegeta al ver que Bulma comenzaba a vestirse.

-¡Me he olvidado de él! –dijo ella mientras terminaba de ponerse los zapatos y salió corriendo de la cápsula de gravedad.

Vegeta, de mal humor por la reacción de Bulma a pesar de que se había quedado completamente relajado, se vistió también, saliendo detrás de ella. Bulma encontró a Yamcha en el mismo sitio que lo había dejado hace media hora, Vegeta oía todo lo que decían y se acercó él también.

-Vaya, Yamcha, lo siento. No quería hacerte esperar.

-No te preocupes –dijo Yamcha secamente-. Espero que todo esté arreglado.

-Si... lo está... la máquina... –contestó Bulma, un poco dubitativa frente a la actitud de su amigo.

-No me refiero a la máquina. No necesito ninguna excusa. Ahora sé lo que es sentirse engañado. No pensé que tú me hicieras esto.

-Yo... Yamcha, lo siento pero...

-Lo único que no entiendo es por qué me dijiste todo eso antes, por qué me diste alguna esperanza.

-No te di ninguna, te las diste tu solo.

-¡Si que lo hiciste! Si ya lo tenías tan claro¿por qué¿Me utilizaste Bulma?

-No hables así, no estamos juntos y no tengo por qué darte ninguna clase de explicaciones –dijo Bulma, irritada.

-¡Me sorprendes! Nunca creí que fueras capaz de una cosa así. ¡Y encima con ése, que es un asesino!

-Basta ya, Yamcha. No pretendía que te enteraras de esta forma, pero créeme cuando te digo que hasta hoy no había pasado nada.

-Ya me has mentido una vez¿por qué tengo que creerte ahora?

-Muy bien, ahora es cuando veo la confianza que tenías en mí. Creo que hice muy bien en dejarte. Veo que aún sintiéndote engañado no me comprendes cuando te veía con otras. Ahora sé que eres un egoísta. Márchate Yamcha, puedes seguir viniendo, pero como amigo nada más. No me insistas más en que vuelva contigo, porque ahora sé cómo eres realmente y aunque esté sola, lo prefiero a estar contigo.

-Pero, Bulma...

-¿Qué parte del márchate no has comprendido? –interrumpió Vegeta, que había llegado donde estaban Yamcha y Bulma.

-¡Tú! –dijo Yamcha.

-Si, yo. ¿Algún problema?

-Pues sí, hay varios. De todos modos, me voy. Sólo te voy a decir una cosa: cómo hagas daño a Bulma te las tendrás que ver conmigo.

-JA, JA, JA. No me hagas reír...

-Adiós Bulma, a pesar de todo, si necesitas algo... cualquier cosa, puedes contar conmigo. Sólo tienes que llamarme –se despidió Yamcha.

-Adiós Yamcha –contestó Bulma.

Bulma observó cómo Yamcha se iba. Estaba muy apenada por la forma en que le había hablado, pero también estaba dolida. Estaba dolida con Yamcha porque ahora sabía que nunca había confiado plenamente en ella, por lo menos desde hace unos cuantos años. Suponía que creía que era igual que él, que no podía serle fiel. Había estado muy equivocada con él, pero en cierto modo se alegraba de que las cosas hubieran ocurrido así. De esa forma había visto lo que durante años ella se negaba a ver. Miró un momento a Vegeta, que todavía seguía a su lado, y sin decir nada se metió dentro de la casa.

Antes de entrar en su habitación, a Bulma se le ocurrió algo.

-Oye Vegeta¿qué querías decir con que no había nadie como yo en el universo antes de...? Bueno, ya sabes... –preguntó Bulma-

-¿Cómo? Pues eso, que no hay nadie como tú –contestó él.

-¿Y eso que significa?

-Pues que eres casi como una mujer saiyana.

-¿Si¿Y como son las mujeres saiyanas? –Bulma se acercó a Vegeta, caminando de forma muy insinuante.

-Orgullosas...

-Ajá.

-Valientes... –Vegeta siguió la corriente a Bulma, creía que ya sabía lo que se proponía.

-Bien.

-Perseverantes...

-¿Y bonitas?

-Mmm, no tanto.

-Perfecto.

Cuando decía esto, Bulma agarró a Vegeta de la camisa y se lo llevó a rastras a su cuarto, le tumbó en la cama y ella se sentó encima de él.

-Antes has estado jugando conmigo –dijo Bulma-. Ahora me toca jugar a mí.

Y volvieron a repetir lo que habían hecho en la cámara de gravedad. Solo que en postura diferente.

A partir de ese día, las cosas entre Vegeta y Bulma no fueron como hasta entonces. Seguían discutiendo igual, pero ahora eran algo más... ¿excitantes? Si, pues ambos sabían que aunque se insultaran mutuamente, las tensiones acumuladas durante el día, las expulsaban durante la noche. Aparte de eso, Bulma había hablado muy seriamente con Vegeta sobre los sentimientos. Vegeta la había dicho que nunca se dejaría dominar por ellos, con lo que Bulma no estaba segura de que entre ellos hubiera algo más que sexo. Pero tampoco la importaba demasiado, porque también la había dicho que él nunca la haría daño, ella había sido la única que lo había tratado bien a pesar de su pasado y ella tampoco buscaba otra cosa. Bastante mal lo había pasado con Yamcha como para enzarzarse en otra relación sentimental tormentosa como podía llegar a serlo con el príncipe de los saiyanos. Otra cosa que llamó mucho la atención de Bulma fue que Vegeta había dicho en alguna ocasión que podía estar tranquila, que de momento no tenía ninguna intención de marcharse a ningún lado. Entonces Bulma podía considerarse como su mujer o compañera o algo así, no sabía muy bien cómo definirlo, pero así lo sentía. Con Vegeta había descubierto sentimientos que no sabía que podía llegar a tener de nuevo, pues con Yamcha se perdieron y no volvió a encontrarlos, volvió a disfrutar en la cama, ya no lo hacía por costumbre y con Vegeta hacía cosas que con Yamcha sólo podía imaginar. Bulma ahora era feliz, hacía su vida como quería, con un hombre que la quisiera (vale, muy a su manera, pero la quería) y tenía todas las libertades de una mujer soltera. El único problema era que Vegeta no estaba dispuesto a hacer todas las cosas que supusieran contacto con el resto de seres humanos. Había discutido muchas veces con él por esa causa, pero se mantenía firme en su postura, la única humana con la que podía y quería tratar era Bulma, y los padres de ésta por respeto hacia ella. Los pocos momentos en los que había otras personas alrededor de él, habían salido corriendo por el carácter de Vegeta.

Pasó un mes y medio desde el primer encuentro entre Bulma y Vegeta, y en esos momentos ambos se encontraban en el jardín, discutiendo a voz en grito por la actitud de Vegeta.

-Te digo que no puedes hacer eso –decía Bulma.

-Y yo te digo que haré lo que me de la gana –replicó Vegeta.

-Ahora estás en la Tierra, y mientras estés aquí tendrás que acomodarte a nuestras costumbres, porque... –Bulma se calló de repente y se puso blanca como el papel.

-¿Por qué? –Vegeta seguía discutiendo, pero al ver que Bulma cerraba los ojos y empezaba a tambalearse, dejó de lado la discusión. La cogió de la cintura para que no cayera al suelo-. ¿Te encuentras bien?

-Ha sido un mareo –dijo con una voz demasiado débil para lo que acostumbraba, pero ya con algo de mejor color en la cara-. ¿Ves lo que haces? Me pones enferma...

-Encima tendré yo la culpa...

Vegeta la soltó y se fue a entrenar. Pero Bulma se quedó pensativa.

-Tendré que ir al médico... espero que no sea lo que estoy pesando... –dijo Bulma, mirando de reojo a Vegeta.