TITULO: A Time to Change

AUTOR: Sansa

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Harry desea no ser nunca el Niño que Vivió y su deseo es concedido. Ahora tiene que afrontar las consecuencias, sacrificando todo lo que ha ganado para salvar su mundo. Encuentra el amor a lo largo del camino pero, ¿le será arrebatado como todo lo demás? HPSS - Slash

WARNINGS: Lenguaje gráfico, Slash, Violencia.

DISCLAIMER: Nada me pertenece. Todo pertenece a JKR.

TIME TO CHANGE

Capítulo 5

Severus,

No sé cómo lo habría soportado si no fuera por tu apoyo. Aunque eres terco, Merlín. Por un tiempo, no creí que fuera capaz de convencerte de que me creyeras. Debería disculparme por cómo me ocupé de eso. Si pudiera haber pensado en otra manera… No quería hacerte pasar por el dolor de que vieras cómo te conocí. Era como ver tus peores pesadillas volverse realidad, dijiste. Bueno, sólo imagina cómo me sentí. Estaba ya listo para lanzarme dentro de ellas.

27 de Marzo, 1997, nueva línea temporal.

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Harry volvió a Hogwarts con alegría después de las vacaciones de Navidad. Incluso las noticias cada vez más inquietantes de ataques mortífagos y del creciente poder de Voldemort no podían nublar su ánimo alegre. A pesar de la desaparición de sus recuerdos de la línea temporal original, lo que Harry denominaba su 'antigua vida', cada día tenía sorpresas para él. Necesitaba ser recordado sobre cosas que debería saber, pero una vez llamada su atención, los huecos en su memoria se llenarían automáticamente sin esfuerzo por su parte.

La gente asumía que Harry estaba siendo despistado y no hizo nada para desistirlos de su noción. Estaba teniendo bastantes problemas controlando sus deslices, de una sorpresa tras otra. La más sorprendente hasta la fecha había sido su primera clase de pociones del trimestre.

Harry había deducido por su padre, Sirius y Remus que Severus era un amigo íntimo, pero la idea era tan extraña para Harry que cuando Malfoy saboteó su poción, otra vez, y empezó a burbujear y salir espuma de forma inquietante, ya esperaba que le gritaran por ello.

Lo que pasó en cambio le sorprendió completamente.

- ¡Sr. Malfoy! – La voz ensordecedora de Snape resonó por la clase – ¡Cambie inmediatamente de caldero con el Sr. Potter!

Draco miró con sorpresa a su Jefe de Casa – Pero, señor…

- ¡Silencio! Esa masa burbujeante de porquería inestable es responsabilidad suya ahora ¡Arréglalo! ¡A menos que prefiera una mala nota para esa clase!

Snape se dio la vuelta con su típico revoloteo dramático de ropas y regresó airado al frente de la clase – Oh, y Sr. Malfoy, intenta que no le explote – Dijo mientras cogía perezosamente una pluma y continuaba con sus correcciones – Su padre se molestaría bastante.

Risas por lo bajo llegaron alrededor de la habitación, pero una mirada feroz de su profesor tuvo todas las cabezas inclinadas otra vez con aplicación en sus tareas.

Después de volver a su pupitre con el caldero de Harry, Draco permaneció de pie delante, con los puños apretados contra el borde del pupitre. Harry casi podía ver la furia irradiando de él – Usted se molestará bastante cuando esté sin trabajo – Murmuró con enfado.

- Ni de lejos creo que los desvaríos histéricos de un estudiante consentido influya en cualquier decisión de la junta escolar respecto a mi puesto, Sr. Malfoy – Snape dejó de garabatear una nota en la esquina del pergamino que estaba revisando. Levantó la mirada lentamente y le dio a Draco una sonrisa malvada – Aunque le animo a intentarlo ¡Veinte puntos para Slytherin y detención con Filch durante una semana por su falta de respeto!

Harry intercambió sonrisas con Ron y Hermione. La semana estaba desarrollándose realmente bien.

Casi al final de la clase, Snape daba vueltas lentamente por la habitación, comprobando la calidad y efectividad de cada poción. Deteniéndose delante de Harry y Hermione, sumergió la punta de su varita dentro del primer caldero y luego en el otro. La sombra de una sonrisa cruzó sus labios, pero su voz era fría.

- Excelente trabajo, Sr. Potter. Y, como siempre, Srta. Granger – Dijo Snape con los ojos en blanco ante la evidente risita de excitación de Hermione. Harry sonrió ampliamente por la alabanza, ignorando completamente la mirada helada de Malfoy mientras salía furioso de la habitación.

- Parece que no puedo conseguir un respiro de ese idiota, no importa en qué realidad esté – Farfulló para sí mismo.

- ¿Qué fue eso? – Ron estaba de pie al lado de su pupitre, mirándole con curiosidad.

Harry agachó la cabeza con repentina vergüenza – No fue nada, Ron. No te preocupes por eso. No significaba nada. Sólo es que no me siento bien.

Ron le lanzó una mirada de extrañeza y empezó a ayudar a Harry a recoger el material – Lo que digas, Harry. No dejes que Hermione te oiga decir cosas como ésa. Nos tendría en la biblioteca investigando enfermedades exóticas por el resto del curso.

- No te importó cuando necesitabas una poción contraceptiva para Parvati, Ron – Dijo Hermione mientras aparecía de repente en su lugar de trabajo. Harry se atragantó de risa mientras vería a Ron volverse de un rojo brillante ante el comentario de Hermione.

- ¿Cómo volviste tan rápido? Pensé que estabas recogiendo ingredientes – Le preguntó a la defensiva.

- La despensa de pociones está ordenada alfabéticamente, Ron – Dijo Hermione molesta – Sólo se tarda un segundo si conoces tu ABC – Recogió su mochila y se fue airada de la habitación.

- ¡¿Qué?! – Gritó Ron. Se volvió hacia Harry, claramente asombrado - ¿Por qué nunca me dijisteis eso? – Hizo un gesto de 'no importa' con sus manos y cogió su propia mochila para correr detrás de su amiga – Vamos Hermione, no te lo tomes en el sentido equivocado… - Sus voces se atenuaron en el pasillo. Harry no pudo controlar su risa ante la discusión afable de sus amigos. Terminó de recoger sus libros y pergaminos con rapidez y estaba a punto de irse cuando una mano larga cayó sobre su hombro.

- ¿Cómo los aguantas, Harry? No sé cuál es peor, el bufón despistado o la sabelotodo insufrible – Las palabras eran duras, pero el tono era bromista, y Harry se volvió hacia el profesor con un brillo travieso en sus ojos.

- Sé de buena fuente de mi padre que mientras estabas aquí, en este mismo colegio, eras considerado un sabelotodo insufrible. Uno podría sospechar que incluso es de donde salió la frase pegadiza – Bromeó.

- ¿Cómo te atreves a hacer esa acusación tan falsa y ridícula? – Demandó Snape – Obviamente James se ha dado demasiados golpes en la cabeza durante esos años. Diez puntos de Griffyndor por creerse semejante mentira.

Harry se agarró el pecho con fingido horror - ¿Qué es lo siguiente? ¿Detención a medianoche en tu despacho?

Snape estrechó sus ojos mientras miraba a Harry - ¿Eso te gustaría? – Preguntó.

Fue el turno de Harry de estrechar sus ojos a su profesor – Más de lo que crees – Dijo.

Snape estuvo silencioso por un minuto entero antes de responder - ¡Harry Potter! ¿Estás flirteando conmigo? – Preguntó.

- Quizá – Dijo Harry - ¿Eso sería un error? – Aunque el tono de Harry era ligero, sus ojos eran serios y miraba fijamente a Snape.

- El mayor hasta la fecha – Respondió Snape con decisión.

Harry puso los ojos en blanco – Vale, olvida que dije algo – Recogió su mochila para irse sintiéndose extrañamente privado, aunque había estado seguro de que Snape le disuadiría. De hecho, desde que descubrió que su profesor de pociones estaba interesado en hombres, Harry había estado abrigando una obsesión creciente por su profesor.

- Espera, Harry. Necesito hablar contigo – Snape se dirigió a la puerta que conducía a su despacho personal.

Harry asintió y siguió a su profesor. Después de que se hubieran acomodado en las sillas, Snape agitó su varita hacia la puerta, colocando un hechizo bloqueador y silenciador. Se volvió hacia Harry, adoptando inmediatamente una postura más relajada cerca del joven.

- Quería encomendarte que suavizaras tu reacción hacia los… numeritos… de Malfoy… hoy.

Harry se encogió de hombros – Claro, ningún problema – No podía decirle a Snape que por un momento había estado seguro de que era él quien iba a ser castigado. Eso abriría un montón de preguntas por parte de su profesor que Harry no tenía interés en contestar.

- Parece haberse cansado de aguijonear a Neville últimamente, y creo que está lo suficientemente frustrado como para provocar una reacción de alguien que pueda – Snape se inclinó, sus ojos oscuros y serios – No sería prudente atraer una atención no deseada hacia tu familia ahora mismo.

Al vivir los últimos años de su vida en el centro de una guerra, Harry comprendió instintivamente lo que estaba diciendo su profesor - ¿De verdad están así de mal las cosas, Severus? – Dijo Harry, pasándose al tratamiento más informal que usaban fuera del colegio.

- Me temo que se avecinan tiempos oscuros, Hary. Y en un futuro no demasiado lejano. Prométeme que permanecerás vigilante y alerta. Y díselo también a Hermione y Ron – Severus se reclinó en su silla y la intimidad del momento desapareció.

Ahora que alguien en quien confiaba le había informado del peligro con tanta franqueza, Harry se sentía poderosamente aprensivo sobre la guerra en ciernes. Aunque se había lavado las manos de las tonterías del Niño-Que-Vivió, no podía evitar estar preocupado por Neville.

- ¿Cómo lo está llevando todo Neville? – Preguntó Harry.

Snape arqueó una ceja ante Harry - ¿No lo sabes?

- Bueno, de hecho – Empezó Harry, moviéndose con nerviosismo – No habla mucho de eso. Dice que la mayor parte de lo que se planea es demasiado secreto para contárnoslo.

Snape puso los ojos en blanco con disgusto antes de darse cuenta - ¿No tiene fin la arrogancia de ese muchacho? – Preguntó.

- Se está planeando algo, ¿verdad? – Preguntó Harry un poco nervioso.

Snape se levantó y se alisó la ropa desde su gran altura antes de responder – No te preocupes demasiado por lo que está más allá de tu capacidad de control – Acompañó a Harry fuera de su despacho después de retirar los hechizos bloqueadores y silenciadores – Recuerda, permanece alerta, y preparado. Y deja que Dumbledore se encargue del Sr. Longbottom.

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El tiempo pasó, y no fue hasta otras dos semanas que Harry tendría motivo para examinar el fenómeno que le había llevado a esta nueva realidad. Todos los estudiantes de séptimo año estaban ocupados preparándose para los NEWTS y todos los profesores de Harry parecían deleitarse en cargar a los estudiantes con trabajo extra. Harry intentó quejarse a Sirius sobre la cantidad de trabajo una tarde, pero encontró a su padrino muy poco receptivo a sus súplicas.

Esperando apoyo desde otro frente, Harry se volvió hacia el otro ocupante de la habitación, abriendo su boca para seguir con su diatriba, pero su víctima prevista levantó su mano – Guárdate tus lloriqueos, Potter – Dijo Snape mientras Sirius se unía a él delante del tablero de ajedrez – Niños como tú han estado sujetos a las presiones de su séptimo año en ese colegio por cientos de años ¡Apañátelas! – Y con eso, los dos hombres continuaron con su juego como si Harry no estuviera presente siquiera.

Harry dio un portazo al salir de las habitaciones de su padrino. Permaneció en el pasillo lo suficiente para oír la risa de los dos hombres dentro de la habitación antes de irse airado a la biblioteca.

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El primer partido de Quidditch del año llegó por fin. El partido Gryffindor/Ravenclaw fue debatido con vehemencia, pero el equipo Gryffindor de este año había estado exhibiendo un talento excepcional, y las palabras de ánimo de Neville en el vestuario previo al partido reflejaban su confianza.

Los dos equipos se fueron volando del suelo mientras las pelotas fueron liberadas, instigando inmediatamente un partido físico y competitivo. Harry se deleitó en la libertad que estaba sintiendo. Volar siempre conseguía levantar su ánimo y hacer que se le subiera la sangre. A pesar de la competición por parte del buscador de Ravenclaw, su corazón estaba latiéndole de excitación más que de nerviosismo.

Mientras daba vueltas al terreno por encima del partido, un espeluznante ulular penetrante se oyó en el cielo a su alrededor. Asustado, se levantó de su escoba, buscando el origen del alarido atormentado. Bajó la mirada al terreno y se sorprendió al verlo completamente cubierto por una espesa niebla blanca. Formas oscuras, veloces corrían de un lado a otro dentro de la niebla y de repente Harry oyó un grito aterrorizado desde las gradas.

- ¡Dragones! ¡Dragones rojos! ¡Están atacando a los jugadores!

Harry hizo girar la escoba y corrió hacia la sección de los profesores de las gradas - ¿Qué está pasando? – Gritó a Sirius.

- ¡Ahora no, Harry! – Gritó Sirius distraído. Dumbledore, Snape y él mismo habían apuntado todas sus varitas al banco de niebla sobre el campo y estaban murmurando encantamientos.

- ¡No se está disipando! – Gritó Sirius a Dumbledore, pero el Director ignoró el grito frenético de Sirius y redobló sus esfuerzos para desterrar la envolvente bruma.

Otro grito perforó el aire y Harry jadeó al reconocer la voz. Un jadeo idéntico sonó a su lado y Harry se volvió para ver a Neville planeando cerca. El otro muchacho estaba tan blanco como un fantasma y temblando tan fuerte que apenas podía sujetarse a su escoba.

- ¡Es Ginny! – Le gritó Harry por encima del alboroto. Neville se volvió para mirarle, abrió su boca como si fuera a hablar, pero no dijo nada - ¡Tenemos que ayudarla! ¡Me oíste, Neville, tenemos que ayudarles! – Neville seguía mirando a Harry por un momento antes de volverse lentamente para observar el terreno como si no hubiera oído una palabra de lo que había dicho el otro muchacho.

Harry aulló de frustración e inclinó bruscamente el extremo de su escoba hacia el otro muchacho, empujándole peligrosamente - ¡MALDICIÓN! ¿Qué demonios pasa contigo, Neville?

Poco dispuesto a seguir esperando, Harry voló hacia la niebla gris tan rápido como podía llevarle su escoba. Mientras entraba los sonidos a su alrededor empezaron a amortiguarse, pero oyó con toda claridad a su padrino gritándole detrás – ¡Harry James Potter, ni siquiera pienses en eso! – Luego todo estuvo silencioso.

El cambio era tan sorprendente que le hizo parar en seco. Se sentía como si alguien le hubiera puesto algodón en sus oídos. Forzó su oído sin éxito, y rápidamente empezó a llamar a los demás jugadores.

- ¡Ginny! ¡Ron! ¡Chicos! ¡¿Dónde estáis?! – Mientras se esforzaba en oír alguna respuesta, sus reflejos le avisaron de algo que se acercaba a mucha velocidad. Acostumbrado a eludir bludgers, Harry se movió sin pensar, lanzándose a la izquierda y abajo abruptamente. Sintió algo que le rozaba, corroyendo la piel expuesta de su brazo. Se dio la vuelta bruscamente ante el dolor y su corazón dio un brinco. Pasando lo suficientemente cerca como para tocarle había un dragón rojo. Recordando con rapidez todo lo que pudo sobre las bestias, se quedó completamente quieto en la niebla incluso mientras la criatura enfurecida daba vueltas cerca.

Ahora Harry entendía la función de la niebla oscura. Los dragones rojos eran criaturas violentas, mortales. Sólo sus defectos físicos habían limitado su número, excepto en Rumania, donde sabía que Charlie Weasley les había observado con bastante frecuencia. De lo que podía recordar, estaban casi ciegos además de sordos, dependiendo casi exclusivamente de la ecolocación para cazar. La niebla no dificultaba sus intentos de ataque, los jugadores eran blancos móviles para ellos tanto si podían verlos como si no. Sin embargo, eso impediría a Dumbledore y a los demás profesores interferir por algún tiempo. Era un plan excelente, pensó Harry distraído.

Harry permaneció tan quieto como podía dentro de la niebla asfixiante y empezó a llamar otra vez a sus amigos, sabiendo que los dragones no se dejarían engañar por su inmovilidad por mucho tiempo. Unos segundos más tarde oyó una llamada de respuesta desde el suelo.

- ¡Harry! No te muevas. Son dragones rojos. Nos hemos reunido en el suelo, pero no tengo idea de dónde ¡No puedo ver, maldición!

- Espera, Ron – Contestó Harry. Se les oía casi debajo de mí, pensó - ¡Ron! – Llamó – ¿Puedes conseguir un hechizo direccional sin atraer demasiada atención hacia ti?

Hubo silencio por un momento antes de que la voz de Ron le respondiera – Sí. Pero, ¿qué bien va a hacer eso? ¡No sé en qué dirección ir!

Harry vio que dos formas empezaban a dar vueltas lentamente a su alrededor en la niebla. Están empezando a sospechar de mí, pensó. Mejor hacerlo rápido.

- ¡Ron! Te oigo casi directamente debajo de mí. Estoy a menos de una docena de pasos del borde de la niebla. Inténtalo directamente hacia el oeste, asegúrate de que tienes a todos controlados, y preparaos para correr – Llamó.

- Harry, ¿qué vas a hacer? – Su amigo parecía receloso.

- ¡Sólo confía en mí! Voy a atraerlos, lejos de vosotros. Cuando dé la señal, os daréis prisa, ¿lo tienes?

- Lo tengo, pero no me gusta ¿Qué pasa contigo?

Harry sonrió irónicamente ante la pregunta de su amigo - ¡Ningún problema! – Llamó – Es como el Quidditch, sólo que esta vez yo soy la snitch.

- Tu padre va a matarte – Llegó la respuesta distante, baja. Harry se estremeció, pensando que si sobrevivía a esto, probablemente Ron tendría mucha razón. Sin querer dudar más, Harry soltó un grito espeluznante y viró bruscamente hacia donde había oído la voz de Ron. El suelo apareció con tanta rapidez que casi chocó, pero se levantó en el último momento, llevándose por delante media docena de dragones que planeaban sobre el grupo de jugadores apiñados de quidditch de Gryffindor y Ravenclaw.

Gritos agudos de rabia le siguieron por el cielo y sus sentidos de buscador le dijeron que estaba siendo perseguido por cuatro de los dragones, por lo menos. Sólo podía esperar que los otros dragones hubieran elegido seguirle también en vez de quedarse a vigilar a sus amigos. Harry subió y giró, bajó en picado y esquivó, pero se cansó rápidamente. Esperando haber dado a sus amigos suficiente tiempo para escapar de la niebla, se lanzó a una empinada subida en un esfuerzo por escapar del círculo de niebla. Justo mientras veía y sentía que la niebla empezaba a aclararse a su alrededor, una garra afilada le derribó, alcanzándole en la cabeza y enviándole dando volteretas al suelo.

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TBC (Continuará)