TITULO: A Time to Change

AUTOR: Sansa

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Harry desea no ser nunca el Niño que Vivió y su deseo es concedido. Ahora tiene que afrontar las consecuencias, sacrificando todo lo que ha ganado para salvar su mundo. Encuentra el amor a lo largo del camino pero, ¿le será arrebatado como todo lo demás? HPSS - Slash

WARNINGS: Lenguaje gráfico, Slash, Violencia.

DISCLAIMER: Nada me pertenece. Todo pertenece a JKR.

TIME TO CHANGE

Capítulo 6

Severus,

Nunca confiaré en ese hombre otra vez. Es totalmente aterrador que encabece la Orden ¿Cuántos secretos más está escondiendo el viejo chocho?

17 de Abril, 1997, nueva línea temporal.

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Harry se despertó lentamente, otra vez cómodamente dentro de una cama, en la enfermería. Un pequeño gemido salió de él mientras intentaba sentarse. Inmediatamente, una mano apareció, empujando contra su pecho, y obligándole a volver a la cama.

- No lo creo, Sr. Potter.

Harry sonrió con inocencia a la furiosa Medimaga – Hola, Madame Pomfrey – Dijo. Su sonrisa se desvaneció lentamente mientras notaba su expresión severa - ¿Viviré esta vez? – Probó.

Poppy dio un bufido – ¡Aunque no con ayuda de tu parte, jovencito! – Respondió con enfado - ¿En qué estabas pensando?

Los ojos de Harry se abrieron mientras le volvía su memoria, inundándole - ¿Están todos bien? – Preguntó con ansiedad - ¿Ron? ¿Ginny? ¿Tuvieron éxito? – Sentándose a pesar de sus protestas, cogió sus manos, aferrándose a ellas.

La Medimaga decidió apiadarse de su paciente ante su evidente pánico – Todos están bien, Harry. Bueno, excepto tú, claro – Dio unas palmaditas a sus manos antes de liberarlas y empujarle otra vez a la cama – Hiciste algo muy valiente.

- Algo muy valiente y estúpido – Dijo una voz furiosa.

Harry giró su cabeza para ver a su padrino y a Snape entrando en la habitación. Sirius parecía completamente furioso, sus ropas estaban desgarradas y manchadas de barro, y su pelo, que se había soltado de su cola, ondeaba salvajemente alrededor de su cara – Uh, oh – Murmuró Harry.

- Eso ni siquiera empieza a abarcarlo – Gritó Sirius. Snape le puso una mano en su brazo para retenerle mientras cruzaba pisando fuerte la habitación.

- Recuerda que está herido, Sirius – Dijo Snape.

Sirius avanzó como si no hubiera oído al otro hombre. Harry se hundió contra las almohadas y se concentró en parecer tan patético como era posible - ¿Lo siento? – Aventuró en voz baja.

- ¡No lo suficiente! – Rugió su padrino.

- ¡Sirius! – Snape agarró el brazo del otro hombre y tiró de él desde donde estaba suspendido encima de la cama de Harry – Éste no es momento – Continuó con una voz más baja. Sirius retrocedió pero seguía jadeando con furia apenas contenida. Snape tomó asiento en una silla al lado de la cama de Harry y le observó con detenimiento.

- ¿Cómo te sientes, Harry? – Preguntó.

- Cansado, confundido, dolorido – Dijo, retrocediendo otra vez mientras su padrino se movía otra vez hacia él – Asustado – Chilló y se escabulló al otro lado de la cama tan lejos como podía.

- Estupendo – Dijo Sirius con calma mortal – Porque cuando salgas de aquí…

- Sirius, basta – Le interrumpió Snape - ¿No tienes algo más que deberías estar haciendo? Enterrar un hueso quizás – Lo último fue dicho tan sarcásticamente que Harry fue incapaz de contener un resoplido de risa. Se puso la mano sobre su boca inmediatamente cuando Sirius estrechó sus ojos.

Sirius cambió de táctica cuando se dio cuenta de que su ira no estaba teniendo el efecto deseado – Vale. Espero que te sientas mejor, Harry. Estaré fuera enviando una lechuza a tu madre acerca de tu última aventura. Duerme bien – Añadió mientras giraba sobre sus talones y empezaba a salir de su habitación. No podía contener su sonrisa maliciosa cuando oyó a Harry atragantarse por sus palabras.

Harry se volvió asustado, con los ojos muy abiertos, hacia Snape - ¿Puedo irme a vivir contigo? – Preguntó con miedo.

Snape le dedicó a Harry una mirada larga e ilegible antes de moverse desde su silla al borde de la cama de Harry – Harry – Dijo con suavidad - ¿En qué estabas pensando?

'No estaba pensando' Casi contestó Harry, pero podía ver que su profesor quería ir al grano así que se conformó con la verdad – Intenté que Neville me ayudara, pero estaba completamente helado. Sabía que no tenía destreza para ayudarte a romper el hechizo que estaba manteniendo compacta la niebla, así que hice lo único que pude pensar.

Snape se acarició la barbilla con dedos largos mientras contestaba – Déjame adivinar, ¿eso habría sido precipitarte en una situación peligrosa sin nada más que un solo pensamiento inteligente sobre cómo salir de ésta?

Harry, que tuvo la delicadeza de parecer avergonzado, respondió en voz baja – Claro, tienes razón – Miró a Snape con ojos obstinados antes de continuar – Aunque no pude hacer nada. No pude.

- No, claro que no pudiste – Masculló Snape – Eres demasiado hijo de tu padre – Harry seguía callado después de eso mientras Snape se sentaba a su lado. Cerró los ojos, dándose cuenta por fin de los problemas en que se había metido. Se sobresaltó, abriéndolos, cuando sintió unos dedos fríos que rozaban su mejilla. Harry contuvo el aliento mientras observaba a Snape acariciar su cara con dedos ligeros, pasar por su barbilla y bajar lentamente por su cuello.

- ¿Severus? – Preguntó tembloroso. Su cuerpo explotó consciente del roce, su respiración se volvió rápida y superficial.

Severus tomó aliento profundamente, respondiendo con la misma voz temblorosa – Harry… yo…

La cortina del lado de la cama de Harry fue descorrida de repente, causando que Harry y Snape se apartaran de un salto. Madame Pomfrey entró apurada llevando una bandeja de pociones en su mano.

- De acuerdo, Harry – Dijo – Ahora que estás despierto, es hora de que te tomes tu medicina.

Harry gruñó, por la interrupción y por las implicaciones de la declaración de la Medimaga – ¿Por qué me siento como si dijeras eso en sentido figurado además del literal? – Dijo.

Poppy solo sonrió y empezó a catalogar verbalmente la condición de su paciente – Dos costillas rotas, una muñeca rota, conmoción cerebral, abrasiones por escamas de dragón y arañazos, y un hombro dislocado – Miró deliberadamente a Harry mientras colocaba la bandeja llena al lado de su cama, y le miró por encima de sus gafas – Espero que tengas sed – Dijo.

Snape sonrió ante la aflicción de Harry. Se levantó de la cama y se inclinó cerca de la Medimaga, susurrando en su oído – Y quizás algo de poción para dormir sin sueños para ayudar con lo peor del dolor de la cura – Sugirió.

Poppy frunció los labios, pero asintió – Si insiste, profesor – Concedió.

Snape se dio la vuelta para irse, mirando atrás una vez para captar el 'gracias' mudo de Harry antes de salir de la habitación.

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Harry recuperó la conciencia ante el sonido de voces al lado de su cama. Su visión borrosa no fue capaz de captar muchos detalles en la penumbra de la enfermería. Obviamente era de noche, ya tarde. Su último recuerdo era haberse tragado la poción para dormir sin sueños proporcionado por Madame Pomfrey. Preguntándose por qué se había despertado antes de tiempo, después de todo la poción era muy potente; levantó la mano para alcanzar sus gafas e inmediatamente siseó de dolor. Ése era el motivo, pensó. Incluso la poción no podía mantenerle dormido durante lo peor del malestar mientras las pociones curaban su cuerpo.

Se lamió los labios, preparándose para llamar a Madame Pomfrey, cuando oyó otra vez las voces al lado de su cama. Girando su cabeza ligeramente y muy lentamente para evitar tanto dolor como fuera posible, vio las sombras de dos figuras de pie fuera de la cortina, al otro lado de su cama.

Incluso antes de que siguieran las voces, reconoció la figura de Dumbledore. El hombre proyectaba una sombra única. Después de unas pocas palabras susurradas de conversación, decidió que la otra voz pertenecía a la profesora McGonagall. Sabiendo instintivamente que esas dos personas que se susurraban el uno al otro normalmente significaban problemas, guardó silencio, centrándose tanto como podía en su conversación.

- James estaba muy enfadado, Albus. Fue todo lo que pude hacer para impedir que viniera al colegio y se llevara a Harry a casa inmediatamente.

- Sólo alégrate de que no tuvieras a un Sirius Black furioso en tu despacho, Minerva.

- ¿En qué estaría pensando? – Continuó Minerva y Harry se estremeció ante la familiaridad de las palabras – Podía haberse matado con facilidad.

- Estoy de acuerdo, Minerva, estoy de acuerdo, pero ésa no es mi mayor preocupación en ese momento. Pierde cuidado, Harry se repondrá completamente.

- Oh, sé lo que te preocupa, Albus. Sólo alégrate de que más gente no presenciara que el tan-llamado Niño-Que-Vivió se desmayara de miedo – Dijo. Hizo una pausa, su tono indicaba lo molesta que estaba – Albus, ¿qué vamos a hacer?

- Cálmate, Minerva, la histeria no nos beneficia en nada.

- ¡Albus! Nuestro mundo, entero, está esperando que ese chico luche contra este monstruo… ¡y gane! – Exclamó.

- Sí – Contestó Dumbledore – Nuestro engaño ha tenido un éxito total.

- ¡Hasta ahora, viejo entrometido! – Harry casi jadeó en voz alta por el desdén y falta de respeto evidentes en la voz de la profesora McGonagall - ¿Qué pasará, me gustaría saberlo, cuando Voldemort y el mundo descubran que no hay Niño-Que-Vivió? – Sobrevino una larga pausa. Aunque Harry no podía ver a su Jefe de Casa, podía oír con claridad las lágrimas en su voz cuando empezó a hablar otra vez – Has fracasado, Albus. Fuiste incapaz de destruirle completamente hace todos aquellos años, y al poner a Neville en un pedestal para que el mundo le idolatrara, has condenado de muerte al chico ahora que ha vuelto el Señor Oscuro.

Dumbledore habló y Harry se dio cuenta con una punzada de miedo que nunca había oído al Director tan derrotado – Sólo pensaba en ayudarle, Minerva. Darle algo para compensar por la pérdida de sus padres. Todavía me duele mucho saber que llegué tarde para salvarles sólo por unos momentos.

- No Albus. Pensaste en tergiversar tus acciones alrededor de una profecía que hasta este día todavía no podemos confirmarla – Sorbió la nariz ruidosamente y dio un gran suspiro.

- La profecía es legitima, Minerva – Dijo Dumbledore – En todos mis años de vida no he sentido un camino más verdadero y más predestinado – Hizo una pausa otra vez – Y aún así…

- ¿Y aún así qué, Albus? – Dijo la Directora con cansancio. Si Harry no hubiera estado tan sorprendido por lo que estaba escuchando, se habría reído ante la resignación expectante en su voz.

Hubo silencio por un largo rato mientras Harry contenía el aliento esperando la respuesta de Dumbledore.

- Y aún así – Continuó por fin – He sentido, por varios años, una equivocación en el mundo. Como si los eventos hubieran divergido de su camino predestinado. Yo… de vez en cuando, doy la vuelta a una esquina y veo un suceso completamente opuesto a lo que mi corazón me dice que debería ver – Hizo una pausa y Harry podía ver que la sombra de Dumbledore sacudía lentamente la cabeza – Es de lo más desconcertante.

- No tan desconcertante como lo será cuando Voldemort se mueva sin restricción por nuestro mundo, totalmente imparable. No habrá cuartel, Albus. Ya se ha vuelto lo suficientemente audaz como para atacar el colegio. Tenemos muy poco tiempo.

- Me temo que tienes razón, Minerva – Contestó Dumbledore.

La voz de la profesora MacGonagall se volvió más fuerte y segura mientras recuperaba el control sobre sus emociones – Debemos informar a la Orden – Dijo.

- No – Dijo Albus con firmeza.

- Al menos a algunos de ellos, Albus – Continuó ella, sonando exasperada – James, Sirius, Moody, por lo menos.

- No Minerva, no podemos arriesgarnos a que alguien sepa qué hacemos. El riesgo todavía es demasiado grande – Las sombras empezaron a moverse alejándose de su cama y Harry se esforzó en oír los últimos trozos de su conversación – Cuando Voldemort se entere de que no hay enemigo capaz de derrotarle, estaremos perdidos.

Las últimas palabras de la profesora MacGonagall fluían suavemente por la habitación mientras ella y Dumbledore salían por las enormes puertas – Tengo miedo, Albus. Mucho miedo.

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Harry estaba tumbado en la cama, jadeando a través de silenciosos sollozos, sin aliento. Su mundo entero se estaba derrumbando a su alrededor, y todo lo que necesitó fueron unas palabras susurradas. Su memoria volvió con vívido detalle. La biblioteca. La piedra. El deseo. La miríada de implicaciones nadaron hacia la superficie de la mente de Harry pero se ahogaban con rapidez bajo las olas de pena y dolor.

Tenía que volver. De alguna manera. Tendría que renunciar a todo. Imágenes se proyectaron a través de su mente. Rose, dando vueltas alrededor del árbol de Navidad con su vestido verde en desorden. Su madre, abrazándole mientras lloraba. El orgullo en los ojos de su padre.

Harry no pudo detener un grito agónico mientras se rendía al dolor. Maldijo a todo dios y deidad que podía pensar y ardía en cólera contra el destino para el cual estaba predestinado. Sólo su coraje Gryffindor le contuvo de rendirse al abismo que deseaba abrazar con tanta desesperación. Lágrimas fluyeron sin control por sus mejillas y empapó su almohada. La parte racional de su mente luchaba por procesar las implicaciones de lo que ahora creía que era una paradoja temporal, pero Harry le dio la espalda a todo excepto su dolor. Dejó que fluyera por y a través de él hasta que no le quedó nada excepto una cáscara vacía.

Cuando se sintió completamente muerto por dentro, empezó a buscar una solución en su mente. Juró en ese momento trabajar sin parar hasta arreglarlo y matar al bastardo que le había robado su vida. Y luego, pensó con amargura, se liberaría de su existencia atormentada. Estaría con familia otra vez, de cualquier forma que pudiera.

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TBC (Continuará)