Creo que vale la pena aclarar que este es un fanfiction Yaoi y que como tal se describiran relaciones amorosas, sexo y demás entre hombres. Así que si no te gusta, vete y no molestes.

Ahora con respecto a "Ángeles y Demonios". Este fanfiction es un AU, o sea, un Alternative Universe (o Universo Alternativo). Tome a los personajes de "Yu-Gi-Oh!" ybla, bla, bla... aunque cabe aclarar que los personajes principales, Liebe, Gabriel y Matías NO SON Seto, Jonouchi y Ryuji, solo tienen su misma apariencia (algo así como gemelos angelicales y demoniacos...) Esto se aclara en el capítulo tres... Así que lean.


Ángeles y Demonios

by Emiko Mihara

Capitulo dos – "Los Elegidos"

En alguna parte perdida del Edén, entre el lago plateado y la cascada dorada, dos figuras la pasaban tranquilamente... Una, se bañaba en el lago. La esbelta silueta se reflejaba en la superficie del agua serena; sus ojos estaban cerrados delicadamente, mientras su cabello, de un rubio casi dorado, caía sobre sus hombros pálidos como crema. En la orilla, la otra figura lo observaba con casi entera devoción. Sus ojos zafiros brillaban ante la aparición. Sus labios se curvaban en una sonrisa incitante, mientras una de sus manos jugaba con un mechón de cabello castaño que caía sobre sus ojos.

- No importa lo que los demás digan... Sigo creyendo que eres el más hermoso. – dijo la figura en la orilla.

- ¡Liebe...! – se quejó el pálido chico en el lago, sonrojándose de repente – No me mires así... -

- ¿Así como? – dijo en tono inocente, Liebe.

- Con... lujuria. – respondió el chico rubio cubriéndose con una tela blanca salida de la nada.

- Yo no tengo la culpa de que seas tan endemoniadamente hermoso, Gabriel. – se escudo el chico morocho, tomando al rubio en brazos, para sacarlo del agua.

Caminó hasta estar debajo de un gran roble y se sentaron juntos en sus raíces. Durante unos momentos, se mantuvieron en silencio, pero fue el ángel, con su clásica alegría y gracia, el que perturbo esa paz.

- ¡Estoy aburrido! – exclamó Gabriel. El otro chico sonrió – ¡Dios¡Dame una misión¡Por favor! – rogó y como si nada, una voz le respondió.

- Oh... Así que allí se encontraban... -

Dios avanzaba con paso lento y calmado hacía el gran roble. Tenía la mano derecha sosteniendo un pergamino. Cuando llegó ante los chicos, estos lo reverenciaron como se debía.

- Señor. – lo saludaron arrodillados.

- Bueno, bueno... – dijo abriendo el pergamino.

«Una misión...» pensó Gabriel un poco triste. Estaba bromeando cuando dijo que estaba aburrido. La verdad era que disfrutaba cada momento que pasaba con Liebe.

El ángel de pelo rubio se puso de pie y cuando estuvo apunto de hablar, Dios lo acalló, hablando primero.

- Tú. – señalo al chico morocho – Eres Liebe¿verdad? – preguntó Dios y el chico asintió – Se te ha asignado una misión de suma importancia en el mundo humano. Preséntate en el gran salón dentro de una hora, por favor. – le puso el pergamino en la mano y dándose la vuelta, comenzó a alejarse.

«Pero... ¡Liebe es un demonio!» pensó Gabriel mientras alcanzaba a su jefe.

- Señor... Mi señor, aguarde por favor. – dijo con cortesía, pero Dios no se detuvo. Llegando al limite de su paciencia (que no era mucha), Gabriel le gritó – ¡CHE¡VOS¡¡EL DE BARBA BLANCA! -

Dios se detuvo en seco, aún dándole la espalda al chico rubio. Viéndolo por sobre su hombro, lo llamó en tono amable. Gabriel se acercó hasta él, con los ojos en el piso. De seguro lo castigaría por faltarle el respeto, otra vez.

- ¿Qué pasa Gabriel¿Hay algún problema? -

- Se... Señor, le... Usted le acaba de entregar una misión a Liebe. – dijo sin levantar la mirada.

- ¿Y eso qué tiene? -

- Liebe... Señor, Liebe es un demonio... -

- ¿Y eso que tiene? -

- Bueno... Usted no puede asignarle una misión a un demonio... -

- ¿De verdad...? No lo sabía... – respondió Dios en tono de sorpresa y con una risita. Gabriel se sonrojo – No te preocupes Gabriel. – dijo en tono comprensivo – No es una misión peligrosa. – aclaró y acercándose al ángel para hablar más bajo, agregó – Veré si puedes acompañarlo¿de acuerdo? -

- Se—Señor... – una gran sonrisa iluminó el rostro blanco – ¡Gracias! – y se arrodillo para mostrarle respeto.

- Je, je, je... Siempre el mismo, Gabriel... – se rió Dios antes de marcharse.

«Qué bueno que es...» pensó mientras volvía al roble junto a Liebe, que lo estaba esperando.

- ¿Qué pasó? – le preguntó Liebe.

- ¿Eh? Nada... Solo estaba preocupado por algo. -

- ¿Preocupado¿Porqué? -

- Es que tú jamás has ido al mundo humano y... -

- ¿Y...? -

- Quería saber que tipo de misión iban a darte... Además me pareció raro que fuera Dios el que te la asignara... -

- No le veo lo raro... -

- No importa eso ahora... ¡Dios dijo que iba a ver si podía acompañarte! – le dijo sonriendo.

- ¿Eh¿Acompañarme¿Porqué? – pregunto Liebe siendo brusco sin quererlo.

- No... ¿No queres...? – parecía que Gabriel iba a llorar – Esta bien... Voy a decirle que... – se dio la vuelta para que Liebe no lo viera llorar.

- ¿Gabriel¿Estas llorando? – dijo preocupado. Se puso frente al rubio y lo abrazo – Tonto... Claro que quiero que vengas conmigo... Si fuera por mi, vendrías conmigo siempre. -

- ¿De verdad? – preguntó con los ojitos nublados...

«Cuando pone esa cara me dan ganas de...»

Al pobre Liebe se le estaban yendo los pensamientos por un camino no muy sano... Por Liebe no había problema puesto que era un demonio y se le permitía pecar. Pero si Gabriel pecaba, pasaría de ser el arcángel más importante, a ser un demonio más, ya que ellos no se dividían por jerarquías o coros. Aunque de verdad deseara a Gabriel... Liebe se resistía a hacer algo por el bien del ángel.

- Liebe... ¿Te pasa algo? -

- ¿Eh? No, nada... –

Lejos del gran roble, más exactamente en el salón de los jefes, el Demonio estaba un poquito enojado...

- ¡No! – grito – ¡NO¡NO¡Y NO! – siguió gritando.

- ¿Cuál es el problema? – inquirió Dios, recargándose en el respaldo de su silla.

- ¿Cuál es EL problema¡Querrás decir cuales son LOS problemas! – siguió gritando, revoleándole el pergamino por la cabeza al barbudo.

- Yo no veo ninguno... – dijo Dios mirando el pergamino.

- ¿No¡Mira¡Mira acá! – le señaló una parte del papel y continuó – ¡Liebe¡¿Porqué lo elegiste a él! -

- Bueno... ... Me gusto su nombre. – respondió con una sonrisa.

- ¿Que qué! -

- Liebe... significa "amor" en alemán... y debo decir que es uno de mis idiomas favoritos. – sonrió aún más.

- A veces me sorprende que seas tan poderoso con la forma de pensar que tenes... – susurró el Demonio para que no lo oyera – Bueno... Liebe es el demonio más hermoso... -

- ¿Ves? No hay ningún problema... – lo interrumpió Dios.

- Decía... Que Liebe es el demonio más hermoso, pero nunca ha ido a la tierra... -

- Eso lo sé y por eso le asigne una escolta. -

- ¡Ajá¡Ese es el otro problema! – volvió a señalar el pergamino – ¡Ves¡Elegiste a Gabriel! Te dije que... -

- El trato era que vos elegías a mi ángel y yo a tu demonio... En ningún momento dijiste que tenía prohibido enviar a Gabriel de vigía. – se escudo Dios estando completamente en lo cierto – Además, como vos lo dijiste, Liebe no tiene experiencia en la tierra. Necesitará un guía. -

El Demonio estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no empezar a gritar palabrotas en todas las lenguas. Existentes y no existentes. Vivas y muertas. Unos minutos bastaron para calmarse.

- ¿Vos ya elegiste a algún ángel? Porque me gustaría verlos a los tres en el gran salón en una hora... – le avisó Dios.

- Sí, si... solo me falta conocerlos para elegir... Oye... ¿Cuál es tu ángel más peligroso? – preguntó el Demonio con malicia.

- ¿Peligroso¿A que te refieres con eso? –

- Me refiero a cual a tenido más posibilidades de convertirse en demonio últimamente... ¿No hay ninguno? – viendo que Dios iba a responder, aclaró - Aparte de Gabriel... -

- Bueno... Supongo que... Matías. -

- ¿Matías? Él está en mi lista... ¿Cómo es? -

- Bueno... Si está en tu lista¿Porque no vas y lo conoces...? – sugirió Dios.

- Bien... Nos vemos en el gran salón... – se despidió saliendo de la habitación.

Unos minutos después, de nuevo en el gran roble...

- Liebe... Mmhh... No... Alguien... Mmhh... Liebe... Pueden vernos... -

- No me importa. -

Gabriel estaba tumbado en la hierba junto al roble. El cabello dorado tapaba sus ojos canela y él mismo se tapaba la boca con una de sus manos. Estaba totalmente sonrojado. Liebe estaba sobre él. Besaba su cuello níveo mientras iba quitando poco a poco la tela blanca que cubría la cintura del rubio. Sus zafiros brillaban lujuriosos. Esta vez no estaba seguro de si podría contenerse...

Ambos estaban tan pendientes uno del otro que no se dieron cuenta del par de ojos verdes que los vigilaba desde atrás de un arbusto, muy cerca del roble.

«Arghh... ¡Estúpido Gabriel¡Liebe tiene que ser mío!» pensaba el dueño de esas esmeraldas.

Liebe comenzó a besar el pecho de Gabriel muy lenta y tortuosamente... Disfrutaba el sabor de esa piel, siempre lo hacía. Buscó la mano del rubio y cuando la encontró, entrelazó sus dedos con los de Gabriel. El ángel estaba comenzando a ceder ante la tentación que el demonio le estaba ofreciendo. Su respiración se había vuelto irregular y no lograba pensar en nada conciso. Mientras, Liebe seguía bajando por su estomago y cuando estuvo a punto de llegar a la cadera, cubierta apenas por la tela blanca, vio la marca que todos los servidores de Dios poseían... Un tatuaje en forma de cruz romana color negra sobresalía en la cintura baja de Gabriel. Sobre la piel blanca era como si estuviera sobre una hoja de papel. Con solo verlo, Liebe volvió en sí, deteniéndose. Se sentó al lado del ángel y comenzó a hablarle al oído.

- ¿Gabriel...¿Me estas oyendo? – le susurro con tono calmado y sensible.

- Si... – respondió quedamente el rubio, comenzando a recuperar la respiración.

- ¿Estas enojado? – musitó Liebe despacio, consiguiendo que Gabriel abriera los ojos. El ángel se sentó y lo miró muy serio a los ojos.

- ¿Por qué preguntas eso? – dijo haciendo un puchero.

- Bueno... Me detuve... Creí que era lo mejor... – dudo el demonio. Gabriel le sonreía.

- Gracias Liebe. -

- ¿Eh¿Porqué? – el rubio sonrió más.

- Porque pudiendo estar con cualquier demonio para satisfacer tus deseos... Me elegiste a mí... A mí, que no puedo ofrecerte nada más que sonrisas... – su sonrisa menguó y por su blanca mejilla corrió una cristalina lagrima – A mí, que soy el culpable de que cayeras... – termino comenzando a llorar.

- Gabriel... ¡Gabriel! – lo abrazó con todas sus fuerzas – Yo jamás creí que fuera tu culpa¿entendiste¡¿Me oíste, Gabriel! – lo miró a los ojos y deposito un beso en la pálida frente – No me arrepiento de amarte como lo hice y lo hago... te amo y eso es lo único que me importa... ¿Entiendes? -

- Liebe... – el ángel seguía llorando, pero no de tristeza, sino de felicidad – Liebe... Yo... Te amo... – susurró antes de que el demonio lo besara.

«¡Maldito Gabriel¡Arghh¡Qué coraje!»

Los arbustos se movieron levemente y ocultándose detrás de los árboles, la alta figura de ojos verdes se perdió en el bosque...

Matías caminaba pisando fuerte. Estaba demasiado enojado como para disimularlo como hacía siempre... Desde que tenía memoria, constantemente había sido el número dos y Gabriel el número uno. No importaba lo que hiciera o cuanto deseara algo, el rubio siempre lo conseguía primero... Había crecido en el Eden bajo la sombra de su "hermano". Aún así, él era más hermoso que Gabriel. Su largo pelo negro caía por sus hombros y espalda como una cascada oscura y su piel morena daba la impresión de que siempre estaba ardiendo. De entre todos los servidores de Dios, era el único con el mismo color de ojos que el todopoderoso. Sus esmeraldas siempre parecían brillar con malicia y nunca podía saberse lo que estaba pensando.

Matías tenía muchas cualidades en las que superaba a Gabriel, pero el principal hecho que hacía a Gabriel mejor arcángel que Matías, era su inocencia...

Comenzaba a salir del bosque cuando una voz lo llamó.

- Tú eres Matías¿verdad? –

- Depende de quien lo pregunta... – respondió Matías de mal humor.

- Jujuju... Tal como lo dice el archivo, eres muy irrespetuoso. –

El Demonio salió de detrás del árbol en el que estaba escondido y camino hacía Matías.

- ¡Señor! – el moreno se arrodillo – Lo lamento. No fue mi intención ofenderlo. – se disculpó.

- No te preocupes... Dime¿Te interesaría participar en una misión para mí? – le preguntó ayudándolo a pararse.

- ¿Una misión... para usted, señor? – repitió no muy seguro.

- Así es... – confirmó el Demonio.

- ¿Qué clase de misión? -

- Una en la que tendrás muy buena competencia... – el Demonio se acerco al ángel de pelo azabache y le susurró – Tendrás lo que quieras como recompensa si logras inclinar la balanza a mi favor... -

- Lo que quiera... – repitió Matías.

- Lo que quieras. – confirmo el Demonio.

- Bien. Lo haré. -

- Perfecto. Ven. Será mejor que vayamos yendo al gran salón. Allí se te aclararan los últimos detalles de la misión. -

- Sí. – y Matías caminó todo el trayecto al lado del señor oscuro.


"Yu-Gi-Oh!" © Takahashi Kazuki, 1996

"Ángeles y Demonios" © Emiko Mihara, 2006