Creo que vale la pena aclarar que este es un fanfiction Yaoi y que como tal se describiran relaciones amorosas, sexo y demás entre hombres. Así que si no te gusta, vete y no molestes.
Ahora con respecto a "Ángeles y Demonios". Este fanfiction es un AU, o sea, un Alternative Universe (o Universo Alternativo). Tome a los personajes de "Yu-Gi-Oh!" ybla, bla, bla... aunque cabe aclarar que los personajes principales, Liebe, Gabriel y Matías NO SON Seto, Jonouchi y Ryuji, solo tienen su misma apariencia (algo así como gemelos angelicales y demoniacos...) Esto se aclara en el capítulo tres... Así que lean.
Ángeles y Demonios
by Emiko Mihara
Capitulo cuatro - "Tomando posiciones"
Era de noche cuando Gabriel llegó a la casa de su "alter ego humano", como había comenzado a llamarlo en su mente.
La casa de Katsuya no era muy grande, por lo menos no lo parecía desde la vereda. Tenía un pequeño jardín en el frente con unas pocas flores no muy cuidadas y un pobre árbol muerto en una esquina. Las paredes del frente solo mostraban la puerta de entrada, una ventana a un lado y otra arriba, en el segundo piso.
Gabriel volvió a leer la hoja en su bolsillo. Si, esa era la dirección. No le quedaba otra que entrar, aunque la puerta estaba cerrada...
«Voy a tener que...» pensó con desagrado. Conteniendo la respiración y cerrando sus ojos canela, atravesó la puerta como si de un fantasma se tratara. Una vez adentro, no reprimió un escalofrío. Le desagradaba la sensación de abandono y vacío cuando tenía que atravesar algo en forma etérea.
La habitación frente a él estaba completamente oscura, aunque una tenue luz se percibía al fondo y sentía una respiración muy cerca de donde él estaba parado. Buscó una pared en la cual apoyarse y abriendo la palma de su mano derecha frente a su rostro, sopló apenas, creando una pequeña llama de fuego en ella. Levantó un poco la luz de la que disponía y echo un vistazo rápido a la habitación.
Estaba en un diminuto pasillo. A su lado, una puerta, y al abrirla descubrió que guiaba a la cocina. Frente a él y al final del pequeño pasillo, estaba el comedor. Había una pequeña mesa repleta de platos sucios y libros tirados; el televisor se mantenía prendido, mostrando solo estática y frente al aparato, un sofá de dos plazas en el que un chico rubio dormía de forma incómoda, su rostro blanco apenas iluminado por el televisor.
«Katsuya» pensó Gabriel de inmediato y se acercó con cautela al sofá para ver por primera vez y frente a frente a su contraparte.
«Es... más alto que yo... y... su pelo es más corto... y oscuro...» empezó a observar las diferencias que tal vez solo él podría llegar a notar.
Acercó un poco más la pequeña llama al rostro de Katsuya y sin darse cuenta, el calor comenzó a despertar al adolescente.
- Mmhh... ¿Shizuka¿Sos vos? – empezó a balbucear abriendo apenas los ojos.
Gabriel apagó el fuego cerrando la palma de su mano y cerró fuertemente los ojos para volverse etéreo, pero debido a los nervios, olvidó contener su respiración. Dio varios pasos hacía atrás creyendo que si llegaba a tocar el televisor o a tocar algo, simplemente lo atravesaría, pero se dio cuenta tarde de que no era etéreo. Chocó apenas con el aparato y este se cayó de su mesita, rompiéndose con un ruido sordo de cristales quebrados y varias chispas de corriente. La habitación se oscureció al instante.
- ¿Qué demonios! – se apresuró a despertarse Katsuya, poniéndose de pie en medio de la ahora total penumbra - ¿Shizuka¿Qué fue ese ruido? – empezó a preguntar al aire, comenzando a caminar a ciegas, tanteando adelante con sus manos.
Gabriel daba sutiles pasos hacía atrás y estaba tan asustado que no lograba pensar en que hacer. Tenía las manos sobre su boca y entornaba los ojos en un vano intento de ver a Katsuya.
- ¿Shizuka¿Imouto sos vos? – oía la voz clara del chico cada vez más cerca. Si no hacía algo pronto, lo iba a descubrir.
«¿Qué hago¿Qué hago?» empezó a desesperarse más y más «¡Ah¡Lo tengo!»
Gabriel tomó aire lentamente y estiró sus brazos arriba, preparándose. Cuando percibió que Katsuya estaba justo frente a él, lo tomó del hombro con una mano y tocó su frente con la punta de sus dedos, justo entre sus ojos. Una cálida luz apareció frente a los ojos canela y a los pocos segundos, Katsuya se quedó dormido. Gabriel se apresuró a tomarlo de la cintura para evitar que cayera y se lastimara con los vidrios. Caminó a ciegas hasta tropezar con el sofá y acostó a Katsuya de nuevo en él.
«Es muy pesado» pensó e instintivamente se llevó ambas manos al estómago. Suspiró.
Volvió a soplar en su palma y creó una nueva llama de fuego para ver los daños que había ocasionado.
«¡Oh no¡Está hecho pedazos!» pensó al ver lo que quedaba del televisor. Se puso de cuclillas y esparció un poco los vidrios con la mano y sin preverlo, se cortó el costado de la palma con un fragmento especialmente filoso.
- ¡Ay! – exclamó e instintivamente se lamió la herida.
«Duele mucho» pensó cerrando los ojos. No estaba acostumbrado a lastimarse.
Las gotas de sangre que habían caído al piso, brillaron unos segundos, esparciendo un resplandor dorado a su alrededor. Cuando la luz se fue, Gabriel no pudo evitar sorprenderse de que el televisor estuviera como nuevo.
- No sabía que podía hacer eso... – lo levantó y lo colocó de nuevo en la mesita de la que se había caído. Luego se giró y miró en rededor.
Había otro pasillo además del que por donde había entrado. Miró una vez más a Katsuya y comprobando que estaba dormido, atravesó el comedor y se internó en el oscuro corredor, en el que solo había una escalera. Subió lentamente y sin hacer ruido, preparado para apagar la llama de ser necesario. Llegó al rellano y al giró apenas, para continuar subiendo en silencio.
«Es extraño... Con todo el ruido debería de haberse despertado» pensó Gabriel refiriéndose a la hermana de Katsuya.
Cuando por fin terminaron las escaleras, se vio a sí mismo en un muy pequeño corredor, con tres puertas. La primera era el baño, en donde aprovechó para limpiar el corte en su mano y envolverla con un pequeño retaso de tela que encontró en un armario.
La segunda puerta era la de una habitación bastante pequeña y desarreglada. Por los pósteres, los libros y un poco de ropa tirada en el piso y sobre la cama, Gabriel adivinó que era la habitación de Katsuya.
La tercera y última puerta ya tenía dueño incluso antes de que Gabriel la abriera, porque tenía un pequeño cartel en la puerta que rezaba "Shizuka's Room". Apoyando parte de su peso sobre la puerta, Gabriel la abrió lentamente y dio un gran suspiro al ver que la chica no estaba allí. Entró con cuidado de no tocar ni sacar nada de lugar, aunque era difícil hacerlo, ya que todo estaba en su lugar y en perfecto orden. Se acercó al escritorio y cerrando primero la mano para extinguir la llama en su palma, encendió la lámpara de luz.
- ¿Una nota? – murmuró tomando la hoja de papel levemente arrugada. La leyó.
Nii-san Katsuya:
Honda-kun me invitó a ir al cine. Como sé que es tu mejor amigo, no me pareció necesario pedirte permiso para salir. Regresaré a las doce.
Cariños, Shizuka.
«Entonces por esto Katsuya estaba durmiendo en el comedor en lugar de en su pieza. Debe haberse dormido mientras esperaba a su imouto»
Después de pensar esto, la mirada de Gabriel se detuvo en el reloj del escritorio. Daban las 11.43 PM.
«Mejor me apuro» pensó. Dejó la nota donde estaba y apagó el velador. Salió de la habitación de Shizuka y bajó las escaleras hasta el comedor en donde Katsuya seguía inconsciente.
- Me va a resultar difícil cargarlo por las escaleras... – se lamentó el arcángel mirando a su otro yo dormido tan placidamente – Pero lo tengo que hacer. – se resignó.
Lo levantó por los brazos hasta sentarlo. Pasó un brazo por la espalda de Katsuya para tomarlo de la cintura y luego pasó uno de los brazos de Katsuya por detrás de su cuello para por fin levantarlo. Lo aferró lo más fuerte que pudo de la cintura y la muñeca para comenzar a caminar, con Katsuya arrastrando los pies.
- Ya... sabía... que... eras... más alto... que yo... – murmuró Gabriel mientras subía las escaleras usando más fuerza de la que creía poseer.
Por fin llegó al rellano y se dio unos minutos para recuperar el aliento perdido. Terminó de subir las escaleras y abrió la puerta de la habitación con el pie, a falta de sus manos. Arrastró a Katsuya unos metros más y lo dejó caer en un pequeño sofá con pesadez. Después de descansar unos minutos, lo cubrió con una sábana y mirando el reloj (que marcaba las 11.57 PM) decidió bajar, pero tranquilo.
Se arrugó un poco la ropa y se revolvió el pelo también. Justo dos segundos después de echarse en el sofá, escuchó la puerta del frente abrirse.
- Shshhh... No hagas ruido... – oyó la voz de una chica y muy pronto escuchó la de un chico.
- ¿Qué¿Tu ani duerme? – preguntó.
- No lo sé, por eso te digo que no hagas ruido. – escuchó de nuevo la voz de la chica y pasos acercándose después de cerrar la puerta.
Gabriel lo pensó medio segundo y creyó que la mejor opción era hacerse el dormido.
- ¿Él es tu ani? – escuchó la voz del chico susurrar cerca de él.
- Shshh... Sí, es él. – escucho murmurar a la chica también cerca.
- Es lindo... – murmuró el chico muy cerca del rostro de Gabriel, lo bastante como para que el ángel sintiera su aliento a miel y lo suficientemente bajo para que la chica no lo oyera.
- Mejor andate Chiiro-kun. No quiero que se despierte y te vea. -
«¿Chiiro-kun?» pensó Gabriel «¿No había salido con Honda?»
- Yare, yare, me voy... – concedió, pero rápidamente agregó - Pero la próxima vez, venís al departamento. -
- Hai... Como digas. – respondió la chica, cansada al parecer – Sayounara. -
- ¿Ni un beso? – dijo el chico.
No se escuchó nada más hasta que, pasados unos minutos, la puerta se cerró y Gabriel suspiró aliviado de que ese tal Chiiro se hubiera ido por fin. Los pasos de Shizuka sonaron ahora fuerte y el pensó que lo hacia a propósito para despertarlo, así que se sentó en el sofá y empezó con la actuación:
- ¿Nani? – dijo refregándose los ojos, mirando hacia la puerta – ¿Imouto¿Shizuka sos vos? – preguntó parándose en la oscuridad.
- ¿Eh¡Ah! – oyó la voz de la chica y la luz se encendió – Gomen nasai, nii-san... No sabía que estabas durmiendo acá. – se disculpó la chica.
- No importa... – concedió el rubio, acercándose a ella - ¿Cómo estuvo la película? -
- ¿Nani¡Ah! Estuvo muy buena... – respondió distraídamente la pelirroja, sin poder contener un rubor en sus mejillas.
- Bueno... Ahora que llegaste, estoy más tranquilo... – comentó - ¡Ah! – hizo como que recordaba algo mientras golpeaba la palma con el puño – Te llamaron por telefono. – le dijo.
La pelirroja había caminado hasta la mesa y dejó su bolso y su chaqueta en una de las sillas. Tomó los platos sucios y se dirigió a la cocina a lavarlos, mientras respondía:
- ¿Ne¿Quién era? – preguntó mientras le daba la espalda a Gabriel, que estaba de pie en la puerta de la cocina.
- Honda. – respondió Gabriel en tono tranquilo, pero se asustó cuando a la pelirroja se le cayó un plato - ¿Shizuka? – la llamó.
La imouto de Katsuya continuaba dándole la espalda a Gabriel, y sus hombros temblaban débilmente mientras emitía pequeños sollozos. El arcángel se fue acercando y cuando estuvo a su lado, la chica lo abrazó llorando.
- Gomen... Gomen nasai nii-san... – empezó a murmurar Shizuka al verse descubierta en la mentira.
- Entonces... No saliste con Honda¿ne? – le preguntó Gabriel acariciándole el pelo y la chica negó con énfasis - ¿Porqué me mentiste? -
- Pensé que te... ibas a enojar y... que no me ibas a... dejar ir... – sollosó.
- Ahora estoy enojado, pero no porque saliste, sino porque me mentiste. – le explicó Gabriel, pero viendo que la chica lloraba peor, agregó – pero eso no importa ya... Si me prometes presentarme al chico, vas a poder salir con él cuando quieras. – concedió.
Shizuka levantó su rostro sonrojado surcado de lágrimas y le sonrió al mismo tiempo que le daba las gracias y lo abrazaba más fuerte.
- Yare, yare... No es para tanto... -
- ¡Nii-san¿Qué te pasó en la mano? – le preguntó la pelirroja, mirándole la mano lastimada y mal vendada.
- Etoo... No es nada... Solo me corte. – respondió con una sonrisa tonta.
- ¿Te cortaste? – repitió Shizuka asustada y lo agarró de la muñeca para ver la herida – No la limpiaste. Se te puede infectar. Voy a pasarte alcohol y a vendártela bien. – urgió y lo hizo sentarse en una silla mientras bajaba el botiquín de arriba de la heladera.
- ¿No estas exagerando Shizuka? – sugirió Gabriel un poco nervioso por el alcohol – Es un corte pequeñito... -
- Nada de pequeñito. – lo retó la chica y sin avisar siquiera, le puso el algodón embebido en alcohol sobre el corte. Está de más decir que ardió mucho¿no?
- ¡Ahhh¡Arde! – gritó Gabriel tratando de quitar la mano, pero la pequeña pelirroja era más fuerte que él.
- Quieto, nii-san... – exigió Shizuka, quitando por gracia de Dios, el algodón. Tomó unas gasas y poniéndolas sobre el corte, las sujetó con cinta farmacéutica – Listo. Como nuevo¿ne? – le preguntó devolviéndole la mano.
- Aa... Como nuevo. – concedió Gabriel, que gritaba internamente de dolor.
«Sigue ardiendo...» pensó al borde del llanto, pero sin hacerlo, para no levantar sospechas.
- Awww... – bostezó la chica estirando los brazos arriba – Estoy cansada... Y es tarde. – aclaró mirando el reloj en la pared – Mejor me voy a dormir... Mañana hay escuela. -
- Hai... Yo también me voy a acostar. – admitió Gabriel, rascándose la cabeza antes de apagar la luz de la cocina y seguir a Shizuka escaleras arriba.
- Kanwan ba, nii-san... – se despidió la chica y se metió en su habitación.
Gabriel esperó a que cerrara la puerta para entrar en la habitación que desde ahora a algún tiempo, compartiría con un inconsciente Katsuya. Entró y encendiendo la luz comprobó que su 'contraparte' continuaba durmiendo.
Lo primero que hizo fue juntar toda la ropa tirada, la dobló y la guardo en el armario. Miró el horario del instituto en la pizarra y metió los libros que necesitaba en la mochila.
«El uniforme...» pensó mirando dentro del armario «No está» Revisó debajo de la cama, entre las sábanas y por fin detrás del sofá. No estaba por ningún lado.
- ¿Estará abajo...? – dijo en voz alta sin fijarse que la zapatilla se le había enganchado en la colcha que cubría a Katsuya. Dio algunos pasos antes de - ¡Ahh! - caerse y destapar al rubio.
Se quejó, refregándose el codo golpeado y se giró a ver porque se había caído. Por fin vio que su otro yo tenía el uniforme.
- Lo tuvo puesto todo el tiempo... - protestó poniéndose de pie.
Se acercó con la colcha en la mano y comenzó a desabrochar los botones de la chaqueta azul, que se ceñía demasiado al cuerpo del otro rubio. Se la quitó y luego hizo lo mismo con la remera negra que traía debajo...
- Mmhmm... – murmuró Katsuya temblando un poco. Parecía que tenía frío.
«Mejor le pongo otra ropa» meditó Gabriel y fue al armario a buscar una remera, un buzo y un par de pantalones de jean para ponerle a Katsuya en lugar del uniforme.
Regresó junto al sofá y se quedó unos segundos mirando al rubio. Su expresión se asemejaba a la suya cuando algo no le gustaba: parecía un puchero... Pero eso no fue lo que más le llamó la atención. A diferencia de Gabriel, que tenía un cuerpo delicado, de líneas armoniosas, Katsuya tenía los músculos del estómago bien marcados y unos brazos fuertes. Se parecía al de Liebe, según recordaba el arcángel.
«Nyu...» pensó Gabriel despabilándose rápido, empezando a ponerle la remera «Esto me va a dar muchos problemas» se lamentó con un suspiro.
Terminó de cambiarle la ropa a tientas (es que por vergüenza, cerró los ojos) y dobló el uniforme en la silla junto al escritorio. Tapó a Katsuya totalmente con la manta y le puso un poco de ropa encima, por si Shizuka entraba mientras dormía. Luego y antes de apagar la luz, se puso el pijama que encontró en el armario. Antes de acostarse, se asomó por la ventana.
«Ojalá no hayan tenido tantos problemas como yo» deseo pensando en los dos demonios.
»»»«««
Al otro lado de Dominoes City, dos figuras caminaban por una vereda atiborrada de gente que entraba y salía de bares, moteles y locales de karaoke. Las luces de los carteles colgados unos metros por sobre sus cabezas, titilaban como si recién empezara la noche. Las bocinas de los coches en los cruces parecían estar sonando continuamente al igual que los gritos y la música que salía de casi todos los locales. La gente empujaba y te gritaba para que te corrieras y era mejor hacerles caso, sino querías terminar la noche en el hospital. La verdad, era la peor zona de la ciudad...
- ¿Es que nadie duerme en este mundo! – exclamó Liebe en perfecto latín, ganándose más de una mirada rara y desenganchándose a duras penas de una multitud de gente que casi le pasa por encima.
Un poco más adelante en la misma vereda y esperándolo, estaba Matías. Cuando el demonio de pelo negro sintió que el otro le había dado alcance, musitó en tono aburrido:
- Hazme el favor de hablar en japonés¿quieres Liebe? – y levantó su mirada esmeralda de la hoja de papel que consultaba, encontrándose con el rostro crispado de Liebe.
- ¡Por favor, decíme que falta poco! – le casi exigió el ojiazul, ahora hablando en perfecto japonés. Estaba cansado de toda esa gente, todo ese ruido y todas esas luces.
- Tranquilo. – sonrió el moreno – Es acá. – y señaló el edificio de apartamentos enfrente de ellos.
- ¿Acá? – le preguntó Liebe quitándole la hoja de papel.
- Sí, es acá. – respondió Matías caminando hasta la puerta – Pero si pensas que me equivoco, podes dormir en la calle. – y entró al edificio.
- ¡Espera Matías! – gritó Liebe entrando después que el pelinegro.
Fueron hasta el ascensor y subieron hasta el quinto y último piso. Bajaron con paso tranquilo, Liebe siguiendo a Matías, sin dejar de leer la hoja de papel que le había sacado antes.
- Este... Acá no dice que departamento... – empezó el ojiazul - ¿Cómo vamos a...? -
- ¿Cuántas puertas ves? – lo interrumpió la voz del nuevo demonio y levantó su mirada de la hoja.
Estaban en un pasillo color blanco y solo había una puerta, con una ranura de buzón al lado.
- El piso entero es de Ryuji. – agregó Matías y caminó hasta la puerta.
- ¿Cómo vas a abrir? – se interesó el otro demonio. No tenía idea de los procedimientos, ya que era su primera vez en la tierra.
- Así. – y Matías sopló sobre la cerradura que se puso color roja y emitió un 'clic', que le indicó que estaba abierta – Espera acá. Yo te digo cuando podes entrar. – le aclaró a Liebe y se metió en el oscuro departamento. Matías se acurrucó contra la pared y recorrió lentamente y una a una los cuartos, todos vacíos.
El comedor tenía un sofá de tres plazas, un televisor plasma 42' en la pared de enfrente y una pequeña mesita con lo que parecía un tablero de juego y una computadora portátil apagada.
En el baño había jacuzzi, ducha y espejos en todas las paredes y en la cocina, una heladera repleta de comida, un freezer lleno de latas de gaseosa y cerveza, un microondas sobre la mesada y colgando del techo, demás chucherias para cocinar, además de las repisas con platos y vasos y los cajones con más cubiertos y cosas.
Por fin, al final del pasillo, Matías se asomó por la última puerta: la habitación. Corriendo apenas la puerta, miró con sus enormes ojos verdes, tratando de vislumbrar algo más que sombras. Por suerte para él, las cortinas estaban abiertas y las luces de la calle iluminaban alejando las sombras hasta que vio a quien buscaba, dormido sobre la cama.
«No puedo creer mi suerte...» rió en su interior, pero pronto dudó «¿Habrá sido solo suerte?»
Se acercó a la cama y se sentó junto al cuerpo de Ryuji Otogi. Para verlo mejor, encendió la luz de la mesa de noche.
«Sí... Somos bastante parecidos, aunque...» corrió un mechón de pelo del rostro moreno y miró mejor sus ojos «Parece un tatuaje...» dudó al ver una extraña línea color negro que bajaba por su mejilla izquierda desde su ojo. No pudo evitarlo y la recorrió con la punta del índice, haciendo que el chico se moviera un poco.
- Mmhh... – musitó entre sueños – Se... ... to... – y se giró dándole la espalda a Matías, que pestañeó un par de veces y luego sonrió.
«Vaya, vaya... ¿Qué es lo que tenemos aquí...?» volvió a reír para sí, dándole la vuelta a la cama. Se subió, para poder alcanzar a Ryuji (era una cama de dos plazas) y arrimándose lentamente, besó primero su frente, luego sus labios y por último sus párpados cerrados, formando así, con esos besos, la señal de la cruz sobre ese rostro moreno. Luego le susurró al oído:
- Cuando despiertes, él será tuyo... es una promesa... mi querido otro yo... -
Lo tapó con cuidado y se dirigió de nuevo a la puerta del departamento, para dejar entrar a Liebe.
- ¿Estaba acá? – preguntó el ojiazul.
- Si... – respondió Matías y al ver la cara de preocupación del otro demonio, se apresuró a agregar – Pero ahora ya está dormido. No tenemos que preocuparnos por él. – le explicó.
- Bien... – dijo Liebe en tono dudoso - ¿Y... Ahora qué? -
- Ahora... tenemos que dormir. – respondió el de pelo negro sonriendo – Por que mañana... Va empezar el juego. -
"Yu-Gi-Oh!" © Takahashi Kazuki, 1996
"Ángeles y Demonios" © Emiko Mihara, 2006
