Hola, hola, tanto tiempo sin vernos (o leernos más bien, no sé si nos hemos visto... )
Primero me disculpo con todos los lectores por haber tardado tanto en actualizar... Me han absorvido otros dos FFs en particular ("Dos cuerpos, un alma" de Harry Potter y "Hasta el fin del mundo... Y siempre... Un día después." de Rurouni Kenshin) y otros proyectos en general, además de varias crisis personales que no les voy a contar para no aburrirlos, nya.
OK, que tenemos en este capi... Oh, si. Algunas noticias desde el Edén, varios encuentros entre Liebe y Matías y marcados descuidos por parte de Gabriel... De todas formas es doble actualización, así que lean el capi 6 también. Besos a todos los que dejaron Reviews:
Mikaela Rodriguez: espero tener tiempo de leer tu fiction Malik-Marik pronto!
Fleur de role: gracias por el "WOW", je, je... y solo el tiempo (y mi humor) decidiran con quien se queda Liebe, muajajaja...
Kida Luna & Rex: Nya... ¿Ustedes son dos o que onda? Je, je... Pues bueno, si, Gabriel es más tranquilo que Katsuya más que nada porque es muy, pero MUY inocente (insertar idea depravada aqui) y no, Matías no es nada aprovechado, en realidad es más bien de los que fingen ser de una forma para no demostrar su debilidad (con el tiempo se va a ir desarmando frente a Liebe) y con respecto a Chiiro... Pues sí, es mala espina, pero MUY mala espina.
Kimmy Angy: yo tambien amo a Seto, pero más a Ryuji, (a.k.a. Duke) je, je. Cuidate tu también.
Cualquier duda o sugerencia, rosa o desecho de perro, o lo que sea, dejen review que no se les van a caer los dedos por escribir un poco (ò.ó) y yo contesto todo.
Emiko Mihara
Creo que vale la pena aclarar que este es un fanfiction Yaoi y que como tal se describiran relaciones amorosas, sexo y demás entre hombres. Así que si no te gusta, vete y no molestes.
Ángeles y Demonios
by Emiko Mihara
Capitulo cinco - "Comienza el juego"
Hacía ya más de una hora que el sol había salido, pero aún era demasiado temprano o al menos eso parecía cuando el demonio de cabello negro comenzó a desperezarse entre las sábanas de fina tela roja. Sus ojos verdes se abrieron lentamente para luego levantarse aturdido al ver la luz que entraba a raudales por el ventanal.
- ¡¿Que hora es?! – gritó al aire en tono asustado, las sábanas volando lejos de su cuerpo casi desnudo.
En la habitación no había un solo reloj, por lo que tuvo que salir y recorrer casi todo el departamento hasta el comedor para encender el televisor y ver la hora en el canal de noticias.
- Ahh... Recién son las 6:50 a.m. – suspiró un tanto aliviado. Sabía que el horario del instituto empezaba a las 7:45 a.m.
Repentinamente como se había levantado, Matías notó que el sofá estaba vació, cuando debería de estar Liebe durmiendo en él. La ropa del demonio ojiazul tampoco parecía estar por ningún lado (solo estaba su sobretodo)
- ¿Liebe? – lo llamó en voz queda sin conseguir señales de ningún tipo - ¡Liebe! – gritó, seguro de que aún así, Ryuji no despertaría.
Matías tiró el control remoto en el sofá y dejando el TV prendido, salió del comedor y se dirigió al baño, para ver si el morocho estaba allí.
- ¿Liebe? – preguntó abriendo apenas la puerta, asomando la cabeza al interior: estaba vacío. Dejó el baño y fue a la cocina, de donde unos ruidos metálicos se dejaban escapar - ¿Liebe? -
- ¡Ah! Buen día otouto. – lo saludó el otro demonio con una sonrisa, mientras daba vuelta unos hot cakes con la sartén – Estaba haciendo el desayuno. -
- ¿Sabes cocinar? – preguntó el pelinegro sorprendido, entrando por completo a la cocina.
- Sip, y soy muy bueno, otouto. – sonrió otra vez dejando un nuevo hot cake sobre la pila en un plato y derramando más salsa en la sartén para hacer otro.
- No me llames así. – se quejó Matías cruzándose de brazos y Liebe lo miró confundido - No me llames otouto. – aclaró el menor – Somos demonios. Se supone que somos iguales¿no? -
- En realidad no. – aseguró Liebe, dejando otro hot cake en el plato - ¿Qué edad tienes? – preguntó.
- Tengo 4582 años humanos. – aseguró Matías, mofándose con la mirada. Él sabía que Liebe no pasaba los tres milenios de vida.
- Esa es tu edad angelical. – le aclaró el morocho, dando vuelta la sartén – Te estoy preguntando por tu edad demoníaca. - Matías pestañeó confundido.
- ¿Ocho horas? – quiso adivinar.
- En realidad tienes ocho horas con veinticuatro minutos. – lo corrigió el mayor – Mientras que yo tengo 324 años humanos... – continuó, con otro hot cake en el sartén – Como ves, a los ojos del demonio, soy mayor que vos, por eso voy a llamarte otouto, aunque no lo quieras. -
Matías lo miró unos segundos y luego suspiro resignado.
- Voy a vestirme... – murmuró y salió de la cocina con rumbo al dormitorio, en donde Ryuji dormía placidamente.
El demonio pelinegro se desperezó con ganas antes de abrir las puertas del inmenso armario. Ese día era sábado: día de uniforme libre en el instituto, así que podría ponerse la ropa que quisiera.
«Debería fijarme en el archivo cual es la ropa que acostumbra usar Ryuji» pensó casi de inmediato al ver la gran cantidad de prendas colgadas y dobladas dentro del armario.
Sacó la carpeta azul con los datos de la misión y busco entre las hojas, los datos de Ryuji. Encontró el archivo con varias fotos del chico en diferentes lugares y con eso consiguió decidir que ropa llevaría puesta. Eligió unos pantalones largos negros muy ajustados, con unas botas de cuero negro. Se puso una musculosa también negra y sobre ella un chaleco color vino.
Una vez que estuvo vestido, tomó la mochila y fue hasta el comedor. Metió la laptop dentro y la dejó tirada en el sofá.
- ¿Ya está el desayuno? – preguntó al entrar de nuevo en la cocina.
- Sip. – respondió un alegre Liebe, sirviéndole el plato en la barra frente a la estufa.
- Gracias. – murmuró el menor y comenzó a comer – Mmhh... ¡Está buenísimo! – exclamó asombrado después del primer bocado. Miró a Liebe medio segundo antes de comenzar a engullir como un desaforado.
- Te dije que era bueno cocinando. – se jactó Liebe con una riza algo escalofriante, pero sincera. No pasaron más de diez minutos antes que Matías terminara de devorar su ración de Hot Cakes.
- Delicioso. – dijo simplemente tirándose para atrás en la banqueta, suspirando satisfecho.
- Y... ¿Vas a ir así al instituto? – inquirió el morocho mirándolo de arriba abajo.
- Aa¿porqué? – dudo el menor.
- Por la foto que vi del chico. No te pareces ni un poco y eso puede darte problemas. – opinó Liebe haciéndose el entendido.
- ¿Problemas, eh? – repitió Matías un tanto incrédulo – Muy bien señor experto. – se bajó de la banqueta con un salto y caminó hasta estar frente al mayor - ¿Qué tengo que cambiar? – dijo abriendo sus brazos y dando una vuelta sobre sí.
Liebe se rió.
- Pelo. Bincha. Tatuaje. Zarcillo. Brazaletes. Muñequeras. – enumeró el demonio señalando los lugares en donde debía ir cada cosa. Si había algo que enorgullecía al demonio era su buena memoria y su adicción a los detalles.
- ¿Mi... Pelo? – repitió el pelinegro tomando su largo cabello con ambas manos - ¿Qué tengo que hacerle? -
- Tienes que amarrártelo en una coleta alta... – explicó Liebe saliendo de la cocina con dirección a la habitación, seguido de Matías.
- Pe—Pero... ¿Mi pelo? – repitió.
- ¡Sí Matías¡Tu pelo! – le gritó exasperado el demonio, sentándolo frente al espejo colgado sobre un pequeño escritorio.
Liebe comenzó a deslizar sus manos por entre el cabello largo y negro del otro demonio. No tiraba ni dolía, era más como si solo lo acariciara. Las mejillas de Matías se encendieron de carmín justo cuando comenzó a balbucear nervioso:
- ¿Li—Liebe? -
- Sshhhh... – lo mando callar el mayor.
El morocho sujetó el cabello de Matías en alto mientras tomaba una coleta de uno de los cajones y lo amarraba. Luego tomó la bincha bordo con rombos negros de encima del escritorio y se la puso en la frente, procurando que algunos mechones sobresalieran por encima y a los lados, formando una especie de flequillo.
- Creo que así está bien. – dudó el demonio tomando a Matías del mentón para que lo mirara.
Liebe hurgó en los cajones y dio con los brazaletes dorados y las muñequeras de tela y con un poco de esfuerzo logró que encajaran en los brazos de Matías, que eran un poco más musculosos que los de Ryuji.
- Ahora falta... – murmuró el moreno, mirando al otro a los ojos.
Se alejó hasta la cama y pareció quitarle algo a Ryuji, que no hizo el más mínimo intento de despertarse.
- El zarcillo. – explicó Liebe, mostrándoselo. Hizo que Matías girara su rostro un poco y le colocó el arete en la oreja con cuidado, sin evitar acariciar la mejilla del menor mientras lo hacía.
- Li—Liebe... – murmuró Matías cerrando los ojos, tratando de disfrutar del momento: era la segunda vez que conseguía estar tan cerca del demonio.
- Bien, es todo... – dijo Liebe alejándose – Sobre el tatuaje, no sé como podrías... -
- Yo sí sé. – lo interrumpió Matías poniéndose de pie – Solo tengo que... – musitó y se acercó a la cama bajo la atenta mirada del otro demonio.
Matías se arrodilló junto a Ryuji y corriendo unos mechones de pelo, logró ver el tatuaje sobre la piel morena.
- Necesito... – murmuró muy cerca del rostro del otro – Que me des esto Ryuji... – continuó acariciándole la mejilla.
- ¿Porqué? – respondió el durmiente, en tono muy bajo.
- Porque lo necesito, Ryuji. Por favor. – pidió Matías de nuevo, acercándose más.
Ryuji se movió incómodo entre las sábanas, pero no demasiado. Después de unos minutos de silencio, respondió:
- Está bien. – y volvió a quedarse completamente dormido.
Matías sonrió y delineó el tatuaje con su índice, desde el final hasta el ojo cerrado de su otro yo. Liebe no pudo evitar la sorpresa al ver cómo desaparecía del rostro del durmiente, para dibujarse en el rostro del demonio, bajo una tenue luz dorada.
- ¿Está bien? – preguntó Matías al ponerse de nuevo de pie, esperando la aprobación del otro demonio.
Liebe lo miró unos segundos y luego le sonrió.
- Perfecto. -
Al otro lado de la ciudad, Gabriel se sentó en la cama desecha y se desperezó con un gran bostezo. Las sábanas se habían desprendido de los pies y colgaban vacilantes, a la espera de que el próximo movimiento las dejara caer al piso.
«¿A que hora debía levantarme...?» se preguntó bajando de la cama, tirando por fin las sábanas al piso.
Se paró junto a la ventana y bostezó una vez más, estirando esta vez sus imperceptibles alas. Se refregó los ojos y caminó hasta el escritorio para ver el horario del instituto colgado en la pizarra.
- Katsuya entra a las... – dudo paseando su índice por la hoja de papel – 7:45 a.m. -
Bostezó de nuevo antes de volver hasta la cama y tomar el despertador de la mesa de noche: las 6:42 a.m.
- Bueno... Ya estoy levantado. –
Gabriel tomó el uniforme de la silla y se lo puso sin prisa. Una vez vestido se miró en el espejo de la puerta del armario:
- Me queda demasiado grande... – murmuró haciendo un puchero – Y está muy arrugada. – siguió, intentando borrar las arrugas con sus manos, para luego suspirar – No importa. – se resignó igual a como lo habría hecho el mismo Katsuya.
Miró a su contraparte unos momentos y al comprobar que el efecto de su toque aún era fuerte, se despidió con un beso en la frente.
- Deséame suerte. – le pidió con una sonrisa. Tomó la mochila y bajó las escaleras hasta la cocina, en donde comenzó a preparar el desayuno.
De nuevo en el centro de la ciudad, los demonios se preparaban para salir en cualquier momento...
- ¿Llevas la computadora? – preguntó Liebe, apoyado levemente en el marco de la puerta, viendo como Matías caminaba de un lado a otro, preocupado de no olvidar nada.
- Aa... – respondió el menor de pasada.
- ¿El archivo? -
- Aa... – pasando para el otro lado.
- ¿El almuerzo? -
- A... ¡Iie! – medio gritó volviendo sobre sus pasos metiéndose a la cocina.
«Por Satán... a este paso vamos a llegar tarde»
- Matías... – lo llamó masajeándose las sienes y el pelinegro se asomó por la puerta de la cocina – Ya es tarde. – sentenció.
- ¡Vamos¡Vamos¡Ya tengo todo! – gritó corriendo con la mochila en una mano y la caja del almuerzo en la otra, con Liebe detrás de él.
Llegaron a la puerta del apartamento...
¡PUM!
Y estaba cerrada.
- ¡¿Nani?! – gritó Matías dejando caer la mochila y la caja de comida para masajearse la nariz golpeada - ¡Si yo la había abierto! -
- ¿No le volviste a poner llave? – preguntó el otro demonio y el pelinegro negó con la cabeza – Bueno... Ábrela con tus poderes entonces. – opinó y así Matías lo intentó... sin lograrlo.
- ¿Qué esta pasando? – medio lloriqueó desesperado el más joven, intentando abrir la puerta por la fuerza.
- La vas a romper. – opinó el morocho, pero aún así, Matías siguió intentando forzarla.
- ¡A-BRI-TE! – dijo entre dientes, sin lograr que se moviera siquiera.
Se recargó cansado cuando tanto él como Liebe oyeron un chasquido desde la habitación. Se miraron medio segundo y no lo pensaron dos veces antes de correr y entrar en ella. Dentro, Ryuji seguía dormido en su cama, pero frente al enorme ventanal, una figura rodeada de niebla se erguía. Tenía el cabello largo, del mismo color que su túnica y sus alas: más negras que la misma noche. Era Satán.
Al verlo, los demonios se arrodillaron de inmediato, bajando las cabezas.
- ¡Señor! – exclamaron a modo de saludo ante el rey de las tinieblas, el más poderoso de todos los demonios del Edén.
- Liebe, Matías... – los llamó en latín y los jóvenes levantaron la mirada – Esta bien... Solo vengo a entregarles nuevas instrucciones. – explicó sonriendo.
- ¿Nu—nuevas instrucciones? – repitió Matías desconcertado. Tenía miedo de preguntar.
- Sí. – asintió el rey oscuro, caminando hasta estar a dos pasos de ellos – Aquí tienen. – agregó extendiendo un sobre color blanco arena.
En el momento en el que Liebe lo tomó, Satán se desvaneció, permaneciendo solo el eco de su voz:
- Léanlo juntos y ahora, por favor... Esto no puede esperar... -
Los dos demonios se pusieron de pie y se dirigieron una mirada preocupada, mientras el mayor de los dos, Liebe, abría el sobre con cuidado y sacaba de su interior una sola hoja de papel. Dejó caer el sobre al suelo y leyó para sí lo que decía, escrito en perfecto latín. Los ojos verdes de Matías vieron los zafiros de Liebe viajar de un lado a otro de la hoja, una y otra vez, hasta que ya no soportó el silencio de su hermano mayor:
- ¿Y bien? – interrumpió la lectura del castaño - ¿No piensas decirme que dice? – reclamó enfadado y por fin los ojos azules se clavaron en los suyos.
- Van a enviar a otro ángel. -
De nuevo en la casa de los Jounouchi, Gabriel hacía un verdadero esfuerzo por no quemar nada... más.
- ¡¿Porqué?! – gritó un tanto exasperado, quitando la sartén del fuego – El... bacon... – murmuró con un puchero justo cuando la puerta se abría.
- ¿Nii-san? – murmuró una Shizuka en pijama de ositos, refregándose los ojos – Es muy... (bostezo) temprano... ¿No dormiste? – preguntó en tono sorprendido.
- Es que... – dudó Gabriel.
«Tal vez Katsuya es de los que duermen hasta el último momento y llegan siempre tarde» pensó sin equivocarse.
- Es que... tuve una pesadilla. – inventó muy inocentemente, con una sonrisa nerviosa.
- ¿Pesadilla? – repitió la pelirroja quitándole la sartén de la mano y empujándolo para que se sentara - ¿Otra vez Kaiba, ne? – medio aseguró, tirando el bacon quemado a la basura.
- ¿Kaiba? -
- No te hagas el baka, nii-san... Siempre que tienes malos sueños es por culpa de Kaiba. – continuó la niña, sacando más bacon de la heladera junto con algunos huevos - ¿Qué te hizo esta vez? -
Gabriel no tenía ni idea de qué contestar porque (y ahora se daba cuenta) no tenía ni idea de cómo era la relación de Katsuya con Kaiba.
«Estoy en problemas» pensó preocupado.
Su misión era enamorar al CEO, haciéndose pasar por Katsuya. Si Seto y Katsuya se llevaban mal, o peor, no se llevaban¿Cómo haría para enamorarlo?
«Dios... ¡Porqué a mí!» quiso llorar, conteniéndose a duras penas.
- Nii-san... ¡Nii-san! – le gritó la pelirroja, sacándolo de su laguna de autocompasión.
- ¿Nani? – respondió rápido, tratando de sonar normal.
- Te pregunté cuantos huevos querías. – repitió la niña, mirándolo extrañada por la actitud de su ani.
- Etoo... ¿Uno? – preguntó Gabriel nervioso.
- ¿Uno? Siempre comes tres. -
- Aa... Tres, eso dije. – se corrigió rápidamente el rubio, consiguiendo que Shizuka lo mirara levantando una ceja – Je, je, je... – se rió nervioso.
- Ani... Estás raro. – le soltó la pelirroja dándose vuelta.
- ¿Raro? – repitió Gabriel, con los nervios a flor de piel, nunca le había pasado esto - ¿Yo raro? -
- Hai, nii-san. Raro. – lo volvió a acusar Shizuka, mirándolo seria mientras le daba su plato con el desayuno y se sentaba frente a él a tomar un té.
- No sé de que hablas. – resolvió contestar el arcángel, comenzando a comer para no tener que hablar.
Varios minutos después, Gabriel estaba a punto de terminar su bacon, bajo la mirada escrutadora de la imouto de Katsuya, cuando esta última habló:
- Ani... Tu pelo... ¿Está más largo? – Gabriel tragó duro.
- ¿Ehh? -
- Tu pelo nii-san... No está... ¿Más largo? – repitió la pelirroja parándose y acercándose a él.
- Para nada. – contestó apresurado Gabriel, y poniéndose de pie miró el reloj - ¡Waw! Ya son las siete y veinte. Si no me apuro, voy a llegar tarde. – dijo saliendo de la cocina, seguido de Shizuka.
- Nii-san¿no vas a esperar a Honda-kun? -
- Etoo... Iie. Honda dijo que hoy no pasaba. – inventó rápidamente el rubio, agarrando su mochila y caminando por el pasillo hasta la puerta de salida de la casa.
- De—demo... – trató de refutar la pelirroja, pero Gabriel se lo impidió.
- Sayo imouto. – se despidió y a las carreras salió de la casa. Una vez afuera, suspiró aliviado.
«Si me quedaba un minuto más...» pensó con un escalofrío. Jamás de los jamases lo habían descubierto en una misión y no dejaría que esta fuera la primera vez.
- Mejor leo esto ahora... Antes de tener más problemas. – murmuró sacando el archivo de Katsuya de la mochila y comenzando a leerlo muy rápidamente.
No había caminado más de media cuadra, ni leído más de una hoja cuando un grito casi ensordecedor, lo hizo dar un salto del susto:
- ¡KATSUYA! – sonó una voz a sus espaldas y al girarse se encontró cara a cara con un chico morocho, de ojos marrones, un poco más alto que él.
- Ah... Ah... – trató de saludar Gabriel, pero no se le ocurría quién podría ser. Repentinamente, se le hizo la luz - ¡HONDA! – gritó también él, sonriendo un poco forzado.
El chico se acercó y le dio unas palmadas en el hombro, antes de comenzar a caminar juntos. Honda no tenía puesto el uniforme del instituto, si no que traía unos jeans con una remera azul claro y una campera gris, con zapatillas negras.
- ¿Por qué traes el uniforme? – preguntó sorprendido, mirando a Gabriel.
- Es que... Me quede dormido en el sofá y no tuve tiempo de cambiarme. – volvió a inventar el rubio.
- Que raro. – ironizó el morocho rodando los ojos y Gabriel suspiró aliviado, pero no por mucho: - ¿Qué lees? – inquirió Honda asomándose por sobre el hombro del rubio.
- ¡Nada! – se apresuró a esconder los papeles Gabriel – Son solo... cosas. – aclaró en tono más calmado.
- ¿Cosas? – repitió el morocho - ¿Qué cosas? – insistió.
- Cosas mías, Honda. – replicó en tono enfadado Gabriel - Ahora apurémonos antes de llegar tarde. – continuó el arcángel caminando más rápido, dejando al chico un poco atrás.
- Está raro. – opinó en voz baja Honda - ¡Espérame Katsuya! – le gritó comenzando a correr.
- Repítelo una última vez, por favor. -
Matías y Liebe iban montados en el auto de Ryuji (un convertible rojo), camino al instituto. Como la inesperada visita del Señor Satán los había retrasado, decidieron discutir en el auto, camino a la escuela, para no perder más tiempo.
- Ok, otra vez. – suspiró cansado el pelinegro – Tu trabajo era vigilarnos. -
- Sí otouto, eso ya lo sabía... – lo interrumpió Liebe – Lo que no entiendo es por que ya no puedo hacerlo. -
- Tanto Gabriel como yo vamos a pasar la mayor parte del tiempo en el instituto, por lo que sería inconveniente que fueras tú el que no vigilara... -
- ¿Por qué? -
- Porque podrías cruzarte con Kaiba, Liebe. – respondió Matías arto – ¡Eso echaría a perder toda la misión! -
- ¡¿Pero quién se creen que soy?! – se enfado ahora el demonio mayor - ¿Acaso creen que voy a andar caminando por el medio de la calle, para que todos me vean? -
- No, Liebe, yo sé que no... – suspiró Matías parando en un semáforo – Pero es peligroso... Por eso... -
- Por eso enviaran a otro ángel... Sí, ya lo sé... -
- Tienes que entender que por un lado, sería lo más justo... – agregó el pelinegro arrancando de nuevo, girando a la izquierda – Tú estas ayudándome, mientras Gabriel esta solo... Es una ventaja injusta... -
- Técnicamente, aunque Gabriel tenga ayuda de otro ángel, igual estará en desventaja... Incluso cuando yo no te ayude. -
- No te entiendo... ¿De que demonios estas hablando, Liebe? -
- Estoy hablando de la principal ventaja que tienen los demonios frente a los ángeles, otouto. -
Parando en una esquina a solo dos cuadras del instituto, Matías apagó el motor y se giró en su asiento para mirar a Liebe a los ojos, mientras el demonio sonreía. Luego de unos momentos de silencio, le dijo:
- Como demonio... Podes pecar. -
"Yu-Gi-Oh!" © Takahashi Kazuki, 1996
"Ángeles y Demonios" © Emiko Mihara, 2006
