Hola de nuevo, je, je... Bueno, un amigo mío (sí, tengo amigos además de la TV y la PC) me sugirió, como quien no quiere la cosa, que metiera a otro OC más. ¿Porqué? Facil, por que había dejado afuera a su personaje favorito, je, je y como la semana pasada fue su cumpleaños, decidí darle este "regalo" y ahorrarme unos pesos, nya. Por eso:

Guille querido: esto es para vos. ¡Felices 23 años, albino ojiazul!

Emiko Mihara


Creo que vale la pena aclarar que este es un fanfiction Yaoi y que como tal se describiran relaciones amorosas, sexo y demás entre hombres. Así que si no te gusta, vete y no molestes.

Ángeles y Demonios

by Emiko Mihara

Capitulo seis - "¿Otro ángel más?"

El reloj en lo alto de la entrada al instituto marcaba las 7:35 a.m. y todos los alumnos que estaban dando vueltas por el patio comenzaron a entrar apresuradamente. Minutos después, la primer campana de entrada comenzaba a sonar.

- ¡Rápido Honda! – apresuró Gabriel al morocho - ¡Vamos a llegar tarde! -

- ¡Ya voy! – le respondió el otro, corriendo detrás de él.

Giraron en la esquina y cruzaron la calle sin siquiera mirar, consiguiendo que casi los pisara un automóvil.

- ¡Hey¡Fíjate por donde vas! – gritó Honda, golpeando el capó del automóvil rojo y por la ventanilla del conductor alguien se asomó - ¡Tenías que ser tú, Otogi¿Acaso quieres matarme? – lo acusó gritando.

- ¡Ya quítate del medio, estorbo! – lo insultó Matías, a sabiendas de lo mal que se llevaba Ryuji con ese morocho - ¡Vas a hacerme llegar tarde! – le gritó, acelerando cuando por fin se quitó de enfrente.

Se estacionó en la esquina a unos veinte metros de la entrada del instituto, mientras los otros dos chicos corrían para no llegar tarde. Le echó llave al coche, y él también corrió, preocupado por llegar tarde y manchar el record de Ryuji.

Entró a las carreras en el enorme patio arbolado y unos pocos segundos después de atravesar las puertas de entrada, chocó de frente con alguien, cayendo sentado al suelo.

- Auch... – se quejó el demonio masajeándose el brazo con el que había golpeado el suelo de madera.

- ¡Oh¡Lo lamento muchísimo! – se disculpó una voz por encima de él.

Los ojos verdes del demonio miraron arriba y se encontraron con unas gemas doradas casi espectrales, rodeadas de cabellos plateados.

- ¿Te lastimaste¿Puedes pararte? – preguntó el joven con un tono de voz muy inocente y dulce.

- Aa... Estoy bien. – confirmó Matías y aceptó la mano pálida que el chico le tendía para ayudarlo a pararse.

Una vez de pie, Matías se quedó en silencio. Por escasos momentos creyó reconocer al joven frente a él, pero al mirarlo a los ojos una vez más, desechó esas ideas.

«Si fuera él... Sus ojos serían azules» pensó.

- En verdad lo lamento. – volvió a disculparse el ojidorado.

- Estoy bien, en serio. – volvió a decir Matías sonriéndole y el joven se sonrojo.

- Debo estarte reteniendo... lo lamento en verdad. – se disculpó por tercera vez bajando la mirada avergonzado - ¿Lle—llegaras tarde? – preguntó.

- Iie... Todavía tengo tiempo... – fue la simple respuesta de Matías.

El silencio los rodeó por escasos segundos y entonces el moreno hizo algo sin pensarlo: levantó su mano hasta el rostro pálido y corrió un mechón de cabello que caía sobre las gemas de oro.

- Tienes unos ojos muy hermosos. – piropeó al albino, quien solo atinó a sonrojarse aún más de lo que ya estaba – No recuerdo haberte visto antes... – se aventuró - ¿Eres un nuevo estudiante? -

- Aa... Me acaban de transferir... – respondió con tono ahogado el peliplateado. Solo un segundo después de haberlo dicho, la segunda campana de aviso sonó y Matías echó a correr por el pasillo, dejando al albino atrás.

- ¡Espero que estés en mi clase! – sonrió Matías mirando por sobre su hombro antes de alejarse demasiado – ¡En serio! – terminó antes de doblar en la esquina.

Un segundo después de girar, se encontró en un pasillo totalmente vacío. Todavía tenía varios minutos para llegar al salón, así que no se molestaría en correr más. En lugar de eso, caminó con paso calmado, para así poder pensar un poco en el chico que había conocido.

«Su corazón era realmente muy puro... Aunque... Una sombra extraña rodeaba sus ojos» comenzó a meditar, mirando al piso «El parecido con 'él' era demasiado... Aunque 'su' pelo es mucho más largo y 'sus' ojos son azules... Seguramente 'él' será el enviado... Y tomará el lugar de este chico que convenientemente comenzó a cursar en este instituto... No me sorprendería que este en la clase de Ryuji»

Levantó la mirada y se encontró a sí mismo frente a la puerta del salón. La abrió tranquilo y entró, caminando hacia su banco, el tercero de la fila central. Pasó por detrás de Gabriel y muy despacio, casi en silencio, lo saludó en latín:

- Hola Gabriel... -

El rubio se giró alarmado y hasta un poco asustado, pero al ver la melena negra, suspiró un tanto aliviado y respondió el saludo lo más cordialmente que pudo:

- Hola. -

- ¡OTOGI-SAN! ♥♥♥ – gritaron repentinamente unas chicas que corrieron hasta el pupitre del pelinegro – Konichiwa. – lo saludaron con corazoncitos en los ojos y baba cayendo de su boca.

- Konichiwa minna. – las saludó Matías con una sonrisa que las hizo casi desmayar.

Unos bancos más atrás, un chico bufaba asqueado.

- No entiendo que le ven. – se quejó, desviando la mirada de la patética escena que hacían sus compañeras de curso.

- ¿Además de los ojos grandes y verdes, la piel oliva, el pelo largo y negro, y un físico por el que muchos matarían? – lo interrumpió una voz a sus espaldas – No tengo ni idea. – asintió Anzu con una sonrisa burlona.

- Ja, ja... Muy gracioso. – la ignoró Honda, volviendo su mirada a la ventana – Konichiwa. – la saludo por lo bajo.

- ¿Katsuya? – exclamó la chica extrañada - ¿Qué haces con el uniforme? -

- Je, je... Me quedé dormido y no tuve tiempo de cambiarme. – respondió Gabriel con una expresión tonta, mientras se despeinaba un poco, intentando disimular el largo de su pelo.

Anzu lo miró levantando una ceja, pero lo dejó en paz cuando vio que un chibi de pelo tricolor entraba al salón.

- ¡Konichiwa Yugi-kun! – lo saludó la morocha con una sonrisa.

- Konichiwa Anzu-chan. – respondió el chibi también sonriendo, mientras dejaba su mochila sobre su pupitre – Katsuya. Honda. – los saludo con una sonrisa.

- Yugi. – respondió Honda en tono ido, sin quitar su mirada de la ventana.

- Konichiwa Yugi. – saludó Gabriel acercándose al pupitre del chibi y este lo miró durante varios segundos a los ojos - ¿Na—Nani? – tartamudeó el rubio, nervioso.

- Mmhh... – intensificó la mirada Yugi – Nada. Creí ver algo, pero creo que me equivoque. – sonrió y Gabriel también lo hizo, pero nervioso.

«¿Acaso este chico tiene una percepción especial?» meditó el arcángel un poco nervioso, revolviéndose aún más el pelo al ver que el chibi continuaba mirándolo con un interés muy poco usual.

- ¿Na...? – medio exclamó Anzu, desviando la atención que Yugi tenía sobre Gabriel a ella.

- ¿Qué ocurre, Anzu-chan? – preguntó el chibi mirándola confundido.

- Uirian-kun (William) aún no llegó. – respondió la morocha señalando el pupitre junto al de Katsuya.

- ¿Y? – aportó Honda en tono cansado.

- Que es raro. Él nunca llega tarde. ¿No es así, Yugi-kun? -

- Aa... Tal vez está enfermo. – trató de adivinar el tricolor.

- No lo creo. – intervino repentinamente Matías.

Honda le dirigió una mirada extraña (odio según Gabriel) y se puso de pie casi de inmediato:

- ¿Y quién te preguntó, Otogi? – le espetó parándolo con la mano para que no avanzara más allá de su pupitre (el primero de la fila del Yugi-gumi)

- Nadie, solo decía. – respondió Matías levantando los hombros en desinterés.

- Si no está enfermo, entonces... – pero Anzu fue interrumpida por el ruido de la puerta al abrirse - ¿Uirian-kun? – preguntó casi de inmediato, decepcionándose.

- Kaiba. – bufó Honda sentándose de nuevo (o tirandose de nuevo) en su pupitre, mientras el CEO entraba al salón cerrando la puerta a sus espaldas.

Era la primera vez que Matías y Gabriel veían a Kaiba en persona y ninguno de los dos pudo evitar que se le cortara la respiración: Gabriel por un lado, por el increíble parecido que tenía el joven con su Liebe y Matías, por el frío brillo en los ojos del CEO. Realmente helaba la sangre.

Sin ofrecer la más mínima atención a ninguno de los integrantes del Yugi-gumi, Kaiba caminó por entre los pupitres hasta llegar al suyo, delante del banco de Gabriel y detrás del banco de Matías. Se quitó el sobretodo blanco y plata que traía puesto y lo dobló para apoyarlo en su silla. Luego de sentarse, sacó una laptop de su maletín y se puso a teclear, ignorando a todo el mundo a su alrededor, como si no hubiera nadie en realidad.

- Etoo... ¿Kaiba-san? – lo llamó Anzu sorprendiendo a sus compañeros - ¿Tu... acabas de llegar, ne? – preguntó la morocha acercándose hasta estar de pie junto al CEO.

«¿Está niña esta mal de la cabeza o qué?» pensó el demonio pelinegro «¿Acaso no vio que acaba de entrar?»

- Si fueras el cachorro... – comenzó Kaiba sin apartar la mirada de la pantalla de la laptop – Supondría que estabas en otro mundo y que por eso no me viste cruzar esa puerta hace dos minutos... – dejó de teclear y miró a Anzu de manera fría.

«¿Quién es el cachorro?» se preguntó Gabriel para sus adentros, ignorando el hecho de que él (o más bien Katsuya) era el cachorro.

- Bueno... Sí te vi entrar... Solo... Quería preguntarte si habías visto a Uirian-kun cuando llegaste... -

El CEO se mantuvo callado, aún con sus zafiros en los ojos de Anzu, hasta que devolvió la mirada a la laptop y continuó tecleando, sin responder.

- ¿Eso es un no? – pensó Gabriel en voz alta sin darse cuenta y sus compañeros lo miraron asustados.

Kaiba volvió a dejar de teclear y se giró sobre su asiento, para ver al rubio a los ojos. Si esos ojos pertenecieran a cierto demonio, esa mirada habría hecho derretir al arcángel. Aunque no lo hicieron derretirse, si lograron provocar una sensación extraña en su pecho.

- Es un no, cachorro. – siseó el CEO en tono enfadado, pero por escasos segundos, Gabriel pudo notar una sonrisa en los labios pálidos del castaño.

«¿Él... Cómo... Porqué...?» pensó confundido, dirigiendo una mirada a Matías que no dijo nada.

Antes de que pudieran volver a preguntar, la puerta del frente del salón se abrió a un lado y entró el profesor.

- Konichiwa minna. – saludó sin mirar a los estudiantes siquiera.

- Konichiwa Kaidoh-sensei. – respondieron los alumnos poniéndose de pie junto a sus respectivos bancos, para luego sentarse cuando el profesor se los permitió.

- Bien alumnos, tengo unos anuncios que hacer... – comenzó el profesor en tono tranquilo – Como podrán recordar, Esemite-san (Smith) había venido como estudiante de intercambio desde Inglaterra y me temo que regresó a su país en el día de ayer. – informó. Yugi miró a Anzu y esta asintió con mirada triste.

El chico del que tanto hablaban, Uirian Esemite (William Smith) había estado yendo al instituto solo por dos meses, pero había sido suficiente tiempo para que la morocha se apegara a él (mucho más apegada que con Yugi, incluso) por eso no podía evitar sentirse un poco mal de no haber ido siquiera a despedirlo al aeropuerto.

- Por la partida de Esemite-san, ha quedado un puesto libre en el curso, por lo que hoy voy a presentarles a un nuevo alumno... Él se mudó a Japón hace una semana y decidió seguir sus estudios en nuestro instituto. -

«Tal como lo creí» pensó Matías, medio girándose a ver a Gabriel, que pudo interpretar esa mirada casi de inmediato. No por algo eran "hermanos".

«Será que él chico nuevo...»

- Pasa, por favor. – pidió el profesor levantando un poco más la voz.

La puerta se corrió y una figura delgada pasó al salón. El joven, no demasiado alto, tenía el cabello plateado muy largo, amarrado en una trenza y bastante alborotado. Tenía la piel muy pálida y sus ojos eran de un color intenso y brillante: azules tan profundos como la misma noche.

«No puede ser» pensó de inmediato el arcángel rubio al verlo.

- Konichiwa minna. – saludó el joven inclinando la cabeza levemente – Mi nombre es Ryou Bakura. – se presentó.

- Bakura-san, puedes ocupar el quinto pupitre de la izquierda, junto a Jounouchi-san. – indicó el profesor, señalando el asiento que antes había sido ocupado por Uirian.

- Aa. – agradeció el joven inclinando la cabeza hacia el profesor y caminó entre los pupitres hasta sentarse en su banco.

Sin poder evitarlo, Gabriel lo había seguido con la mirada desde el momento en el que entrara al salón y el chico peliplateado lo había notado.

Sacó un cuaderno de su mochila y escribió algo muy rápido en la parte de abajo de una hoja. Dejó el lápiz a un lado y rompió el trozo escrito, doblándolo dos veces. Sonrió y se lo pasó a Gabriel. El arcángel, todavía un poco confundido, lo desdobló deprisa para así leer:

"Un gusto volver a verte... Gabriel"

«¡Imposible!» pensó devolviendo la mirada al rostro sonriente del otro «¿Raphael?»


"Yu-Gi-Oh!" © Takahashi Kazuki, 1996

"Ángeles y Demonios" © Emiko Mihara, 2006