¿Por qué todo está tan oscuro?

¿Por qué hay tanto silencio?

¿Por qué hace tanto frío?

No lo entiendo.

Ya no recuerdo qué hago aquí. Si vine porque quise o me arrastraron. Ya no recuerdo mi nombre, no recuerdo qué hacía antes de aparecer en esta celda. No recuerdo si tenía amigos, o si estaba solo.

No recuerdo nada.

¿Qué era la luz?

¿Y porqué solo puedo preguntar sin obtener respuesta? ¿Hay alguien ahí?

Grito.

Una vez más.

Pero nadie me oye. No sé porqué. Porqué estoy tan perdido, por qué estoy tan abandonado.

Si solo pudiera recordar un nombre… una cara…

Si tan solo pudiera recordar un sentimiento…

Si tan solo pudiera sentir…

"¿Manta?"

¿Qué es eso? ¿Un nombre?

Manta… creo que me suena.

Manta…

¿No me llamaba yo así?

Eso creo… pero, ¿hace cuánto?

¿Días, semanas, meses?

Y además, ¿quién me llama? ¿Quién ha sido capaz de soportar el tormento de este encierro? ¿Quién ha logrado mantener la cordura en esta oprimente oscuridad?

"¿Eres tú?"

"Manta, ¿eres tú?"

"¡Estoy aquí!"

Sólo ecos. Pero, de algún modo, no están en mi cabeza. Hay alguien ahí, alguien que se preocupa por mí.

Su nombre…

Puedo ver su cara, pero su nombre…

¡¡Yoh!

"De algún modo estamos vivos" dice.

"Seguimos vivos."

"No sé dónde estamos, ni cómo llegamos aquí."

¿Porqué suena tan seguro, como si de verdad no pasara nada?

"Tenemos que salir de aquí."

No es el momento de ironías.

Aún no he abierto la boca. Tampoco hay nada que decir. Él lo dice todo.

"Creo que llevamos una semana o así"

¿Y cómo hemos sobrevivido? Pienso.

"Nos debieron de alimentar… creo que ni siquiera llevo la misma ropa"

Ni siquiera sé la ropa que debería llevar.

"¿Estás bien?" pregunta.

Eso creo, respondo.

"No recuerdas nada, ¿verdad?"

No…

En realidad algo comienza a perfilarse en mi mente. Aún no estoy muy seguro de que es, pero palabras, gestos, rostros… vuelven muy lentamente.

Y a la vez, recuerdos de tiempo inacabable en al oscuridad, en el silencio. La semana que se supone llevo aquí.

No tengo nada claro.

"Te llamas Manta Oyamada" dice Yoh.

"Tienes catorce años, vives en Tokio."

"Yo soy tu mejor amigo. ¿Recuerdas? Y también están Ryu, y Horo Horo, y Liserg, y Ren, y Chocolove, y Fausto…"

"Somos shamanes ¿recuerdas?"

Claro que recuerdo, pero no lo digo.

"Comunicamos el mundo de los muertos con el de los vivos. Los espíritus, almas que tienen un asunto pendiente en la tierra, nos prestan su fuerza. Los poseemos. Pero son nuestros amigos"

"¿Recuerdas a Amidamaru? No está aquí. No sé donde puede estar."

¿No estás preocupado? Le pregunto, interrumpiéndole.

"Claro" dice. "Pero, de momento, solo podemos esperar."

"¿Por dónde iba?"

"¡Ah! Yo estoy prometido con Anna. ¿Te acuerdas de ella, verdad?"

¿Cómo no acordarme?

Me pregunto si estará preocupada por nosotros. O al menos por Yoh.

Él sigue a lo suyo. Me sigue contando cosas que ya sé.

Pero le dejo hablar. Sé que está tan asustado como yo, y que eso le calma.

De momento, solo podemos esperar, y confiar en que, como siempre dice Yoh, todo se arregle.

Y así nos quedamos los dos, asustados, en mitad de la oscuridad, del silencio, del frío; envueltos en ropas de piel.

Definitivamente, estas no eran mis ropas.

Ahora da igual. Lo único que me importa es encontrar un modo de averiguar qué demonios está pasando. Porqué todo se ha ido al caos tan súbitamente.