Las lágrimas brotaron una vez más a mis ojos; pero esta vez, no llegaron a caer.
En el tren de vuelta, Anna tenía la mirada perdida en algún lugar a la altura de mi ombligo, aunque muchísimo más atrás. Tenía la impresión de que su mente estaba por Alemania, o en algún lugar de centro-europa. Quién sabía. Anna llevaba años ocultando lo que sentía y lo hacía francamente bien.
Pero yo estaba cansada de siempre mirar por ella, de intentar adivinar lo que pensaba para complacerla, para hacerle la vida más fácil.
Quizá era simplemente que me reventaba que no mostrara preocupación alguna por Yoh. O quizá es que de verdad me había hartado del modo en el que actuaba siempre.
Había llegado un punto en el que las cosas se habían descontrolado lo suficiente como para dejar de comportarse como a diario. Y ella seguía igual de insensible y cruel que siempre.
Para mí era la oportunidad para intentar imponerme, para hacerme notar… al menos un poco. Pero esto se había ido desarrollando poco a poco; desde el momento en el que el primero de mis pensamientos trató a Anna de tú (mi voz aún no se había atrevido), en el que conseguí apartar durante un instante a Yoh de mi mente, en el que conseguí llamarlo idiota por no darse cuenta de lo que sentía. Porque estoy segura de que nunca lo notó…
¿Se podía saber dónde se había metido?
¿¿Por qué se comportaba todo el mundo como si no pasara nada fuera de lo normal?
¿¿¿Y porqué tengo que quedarme callada siempre, como si no supiera hablar?
Estallé. Y tan pronto como la furia vino, se fue.
Como un despertar. Como la luz de un relámpago que ilumina todo fugazmente, pero lo suficiente como para verlo todo.
Creo que sonreí un poco, y me dirigí a Anna.
-¿Crees que Gwen es de fiar?
Ella solo levantó un poco la vista, y me quedé asombrada, porque parecía… ¿apenada? No. Estaba enfadada. Porque las cosas no estaban saliendo como ella quería. Ni siquiera había notado que la había tratado de tú. Y yo tampoco; me mordí la lengua al instante.
-Sí. –un monosílabo frío. Bueno, al menos había recuperado a la Anna de siempre, porque su mirada, en vez de estancarse en un punto vacío, se había puesto a vagar entre la gente del vagón, y a través de la ventanilla.
Cuando entramos en la casa, un torbellino de lágrimas y gritos nos asaltó.
-¡Señorita Anna! Dígame que ha encontrado algo, ¡por favor! –chilló Pilika.
¿Porqué tenía la impresión de saber lo que le había pasado?
-¿Sabe dónde está Yoh? ¿Y mi hermano? ¿Dónde está mi hermano mayor? –rompió en una cascada de lágrimas, y no pude más que compadecerla. Me acerqué a ella y la abracé. Tranquila…
-Aún no lo sé. Pero lo voy a averiguar.
Anna se descalzó y subió a su habitación sin decir una sola palabra más.
Yo me senté en la entrada con Pilika, que lloraba, y lloraba, y lloraba, y no era capaz de parar. Entendía como se sentía, por eso, durante largo rato no dijimos nada. Cuando pudo hablar de nuevo traté de sonreírle para animarla, pero ella solo rompió en sollozos de nuevo, un llanto histérico que me destrozaba los nervios.
-Dijo que se iba a entrenar a la cima de la montaña. –murmuró de pronto con la voz entrecortada. -Que no lo esperáramos en un par de días. Y no apareció en una semana. ¡En una semana!
No volvió a romper a llorar, simplemente se secó las lágrimas de los ojos.
-¿Y Yoh?
-Tampoco volvió. Se fue a buscar a Manta, y no regresó. –mi voz se quedó suspendida en el aire, entre el suave y monótono sonido de la lluvia, que no cesaba.
Debió de ser el hecho de que Horo Horo también desapareciera, o quizá alguna intuición de las mías, un presentimiento loco, pero, de golpe, asocié. Y me pregunté: ¿Por qué no?
-Señorita Anna. –le dije mientras cenábamos silenciosamente ella, Ryu (que había llamado a Chocolove y a Liserg, y que ahora buscaba a Fausto, de vacaciones con su esposa), Pilika y yo.
La itako levantó la vista del tazón de arroz y me interrogó con los ojos.
-Creo… creo que es posible que… bueno… que Ren Tao también haya desaparecido.
Anna sostuvo su mirada acusadora durante lo que pareció una eternidad, y al final, asintió.
-¿Le has llamado? –se dirgió bruscamente a Ryu.
-¡¿Eh! –exclamó este sorprendido. –Eh… ¡No, Doña Anna! Aún no. Pero… no sé como contactar con él.
-Iremos a China- sentenció ella.
-¡¿Qué! –no quedó muy claro cual de los tres gritó más alto, pero Anna no alteró su gesto serio. Era muy propio de ella soltar algo tan inesperado y quedarse tan ancha. Tampoco se lo podíamos reprochar, al fin y al cabo, era su modo de comportarse. No repitió sus palabras, de sobra sabía que no hacía falta.
Perdí mi mirada en las estrellas. Aún no me explicaba como se podían ver, si las nubes debían cubrir todo el cielo para llover como estaba lloviendo… pero no le di importancia. Yoh solía mirarlas. Y Ren. Algo tienen que tener para que les fascinen tanto a los dos shamanes más fuertes que conozco.
Me perdí en ellas hasta que Anna se puso en medio al ir a echarse más arroz. Solo un instante, el chillido de los cristales rotos, y luego el grito de Pilika, y las cuentas del rosario de Anna, que retumbaron como un gran eco que se sostuvo en el aire un instante después de que el cuerpo del cuervo cayera al suelo, estrangulado por el collar de la itako.
Todos nos quedamos paralizados.
-¡¡Doña Anna! –gritó Ryu, con la espada de madera en la mano. -¡¿Está bien!
Ella relajó el cuerpo y solamente nos miró.
-¿Qué ha sido eso? –exclamó Pilika, con los ojos brillantes por las lágrimas de miedo.
-Un cuervo. –respondió Anna.
Me levantó, aún temblando, y me arrodillé junto al animal. Le di la vuelta, lo examiné, su largo y afilado pico, su color negro, y entre las plumas, logré encontrar un extraño símbolo.
-Una runa –murmuró alguien. Me llevé la mano a la cabeza, que me empezaba a palpitar y tomé aire. ¿Qué había pasado?
Era la noche del día siguiente, ya estábamos en China. El autobús nos había dejado cerca de la residencia Tao de Pekín. Frente al gran edificio, Anna y yo nos sentimos, solo durante un muy breve instante, unidas por el miedo, por lo que imponía, por lo que representaba aquel edificio: una de las familias más antiguas y poderosas de Oriente. Y la lluvia no hacía sino aumentar ese ambiente tétrico.
Cuando me di cuenta, ya me había quedado atrás. Pilika se había quedado en Tokio para recibir a Chocolove y a Lyserg, y Ryu con ella, arguyendo que ahora que estaba sola debía protegerla, pero todos sabíamos que lo que quería era ver cuanto antes al chico inglés.
De todos modos, estaba segura de que no notaríamos la diferencia con su presencia. No es que tuviera una gran relación con Ren, y lo cierto es que Ryu no se caracterizaba por ser uno de los más valientes del grupo.
¿Porqué intimidaba ya la gran puerta?
Picamos con cautela, un mayordomo nos abrió… pero no nos permitió pasar.
-Volved más adelante. –replicó de no muy buen humor, pero sin perder ese punto de cortesía obligatoria en su oficio.
-Quiero ver a Ren Tao. –exigió Anna. Quizá fue su tono de voz, pero el hombre pareció pensarlo solo un instante y cambió su actitud ligeramente.
-Ahora no puede ser. Volved otro día.
-Entonces quiero hablar con Jun Tao. –ella comprendió, al igual que yo, lo que había pasado.
-Ahora mismo no…
-Mira, me da igual. Quiero hablar con la señorita Tao, y le vas a ir a decir que Anna Kyo , la prometida de Yoh para más señas, está en la puerta esperándola. –era el mismo tono autoritario que no admitía réplicas. El mayordomo asintió y nos dejó en el sitio.
Jun no tardó en aparecer.
Pero no parecía la Jun de siempre.
-Venid. –dijo en un murmullo, llevándonos al jardín de atrás.
Las ojeras, la mirada apagada, su voz tan sumamente triste…
-¿Y Ren? –preguntó Anna con bastante falta de tacto una vez sentadas bajo un tejadillo, al resguardo de la lluvia, y protegidos del viento por la pared de la casa.
-Ren… no sabemos donde está. –bajó la mirada.
-¿Cuánto?
-Diez días. –musitó ella.
-¿Y Pailong? –solo era una corazonada.
Entonces Jun no pudo resistirlo más y volvió a echarse a llorar. Por fuera parecía una mujer fuerte, pero, en su interior, su vida eran su hermano y su… bueno, su zombie.
Y todo volvió a pasar. Exactamente lo mismo, solo que esta vez, no hubo ruido de cristales, ni grito de Pilika… y tampoco estaba Anna en medio, ni lo suficientemente alerta como para evitarlo.
Algo en mi cuello. Afilado, hiriente… que solo me quemó durante un instante, en el que abrí mucho los ojos, por la sorpresa, más que nada, un instante en el que vi todo a mi alrededor, las caras totalmente sobresaltadas de Anna y Jun, juraría que dijeron algo, pero no llegué a oírlo. Y se me empezó a nublar la vista, despacio, mi cuerpo se congeló, me llevé la mano a la garganta, y el único calor que notaba provenía del líquido que manaba de allí. Y antes de darme cuenta ya estaba en el suelo, muerta.
(Fans de Tamao… no me matéis, por favor… y seguid leyendo)
Porque lo siguiente que noté fue… nada. Vacío. El sentimiento de estar hueca, de no tener ninguna preocupación. No es que estuviera oscuro a mi alrededor. Es que simplemente no había nada. Si no lo has visto, nunca podrás entenderlo.
Cuando empecé a ver algo eran imágenes dispersas, por un lado, el jardín Tao. Por otro, un lugar que jamás había visto. Juraría que a mi lado pasó alguien.
El tiempo no existía allí, pero cada vez que parpadeaba, las imágenes del mundo conocido se hacían una pizca más borrosas, y las del lado desconocido un poco más nítidas. Tan sutilmente que apenas se percibían los cambios.
"Que haces aquí" el eco de una voz sin entonación llegó a mis oídos. Parpadeé y me quedó un instante paralizada al ver a… Gwen.
"Qué es esto" era increíble. Yo tampoco podía entonar una pregunta.
"Es el limbo. Has muerto. Pero aún tienes que decidir si tienes asuntos pendientes o no. Rápido"
"No lo sé… yo no quiero morir. Quiero regresar."
"Eso no sirve."
"Entonces te ayudaré. Ya sé lo que pasa."
Se quedó cortada, su imagen titubeó, pareció desaparecer una fracción de segundo.
"Busca sobre el Fimbulwinter ((también es conocido como el Fimbulvetr, pero me gusta más este nombre)). El Ragnarok, es..."
Volvió a desparecer un instante. Su cara, inexpresiva, reflejó apuro solo un momento. Una falsa imagen.
A la vez, yo también sentí que me sorbían hacia el lado opuesto a Anna y Jun. Todo iba perdiendo su color, lo desconocido se habría paso.
"Que haces tu aquí entonces"
"Ya tienes tu asunto, decirselo a los demas"
"Qué haces aquí. Estás muerta"
"Es..."
Y desapareció.
¿Y yo?
¡Tenía que ir a decírselo a Anna! ¡Por fin sabía lo que pasaba! Aunque no lo entendiera del todo...
Sé que en este capítulo tampoco aclaro nada… bueno, sí, un poco, pero por eso he preferido esperar un poco y subir dos a la vez, para que por fin, os enteréis un poco más de lo que ocurre y no me dejéis de leer por pesada.
Si en verdad os intriga Gwen solo deciros que dudo que vuelva a aparecer. Sí queréis saber más de su historia (la cual me he currado un montón, os aviso), tendréis que esperar a otro fic, donde aparecerá con bastante más protagonismo. Es por eso por lo que os pido opiniones sobre ella.
Lo de la muerte de Tamao fue algo que tenía pensado desde el principio, pero capítulo a capítulo le acabé cogiendo cariño… e hice que volviera en forma de espíritu, como ya habéis adivinado. Es decir, que va a seguir saliendo. Este era el motivo por el cual no era la protagonista. Al final, resulta que se me descoloca todo y nada va a acabar como creía al empezar a escribir.
Krmn sk: siento que no te hayas enterado. Mi intención era hacerlo extraño, como algo fuera de lo común, un aparte (de hecho, si lo quitas, la historia no se vería afectada). Prepárate porque me encantan las cosas así, y el próximo capítulo tiene el mismo formato: corto, frases breves y contado en presente, entrelazando 1ª persona y narrador en 3ª.
Loconexion: MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SEGUIR MI HISTORIA. Espero tus críticas capítulo tras capítulo, al parecer eres, junto a Krmn sk, el único que sigue la historia, o al menos, el único que deja constancia de ello. Me alegro de que te guste.
Nasuki Li: Gracias por darme tu apoyo. Tu review consiguió quitarme la pena de tener tan pocos lectores. Creo que tienes razón (la gente no comprende mi talento jejeje… es broma, no me considero realmente talentosa), pero de todos modos, una review siempe ayuda a subir el ánimo de un escritor (o de un amago de escritor)
Por último, agradecer a mi amiga Carmen que se trague capítulo tras capítulo, y a Andrea, que haga sus críticas y me haga desistir de todas las parejas que sugiero (aunque al final las acabaré poniendo, lo haré incómoda :P)
Gracias también a todos los que lleguen a este capítulo, espero que sigáis hasta el final.
