Tanto frío…

Después de pasar tanto frío y miedo en mi infancia, después de haberlo superado, después de haber aprendido a sobrevivir sin odio… entonces llega esto y me recuerda lo terroríficas que eran las noches cuando tenía seis años.

No tengo miedo, solo rabia. Rabia gracias a la impotencia que se apodera de mi cuerpo, de mi mente, de todo. ¿Cuánto llevo aquí? Quizá un par de semanas. Yo estoy bien, pero… me pregunto si Jun también lo estará.

De nada sirve golpear la piedra de mi cárcel. No estoy cansado, no siento hambre. Simplemente frío y un montón de recuerdos que me sacuden.

Y la soledad.

"Qué diminuto" la voz viene de todos los lados, y de ninguna parte en absoluto.

Ren se gira hacia una lado, hacia el otro. Lo ve.

Una fina rendija de luz.

Se lanza hacia ella, a la desesperada, y consigue agarrar el borde de la puerta.

"¿Seguro que quieres salir?" la voz le suena, pero después de tanto tiempo de silencio, no consigue identificarla en absoluto. Viene de su espalda.

Abre la puerta para dejar a la luz entrar, le quema los ojos. Pero cuando los vuelve a abrir, lo poco que se adivina entre las sombras, entre los contornos difusos, son unos rasgos faciales más que conocidos. Ni siquiera se sorprende.

-¿Yoh?

Apoyado contra la pared, sonríe, y Ren nota como una cálida sensación de alivio le recorre el cuerpo, mientras el otro se incorpora del todo con una confiada sonrisa en los labios y el pelo tapándole parte de la cara.

-Toma. –le tiende una venda.

Por algún motivo, Ren sabe que puede confiar en él. No es una ilusión, es real. No le hubiera molestado que el mismísimo En Tao hubiera llegado a salvarle, con tal de salir de ahí… no importaba. Porque una vez que estuviera fuera, podría a empezar a actuar… ¿no?

En este momento, solo ansío una cosa: venganza. Pero como me entere de que algo malo le ha pasado a Jun, entonces eso no será suficiente.

Soy capaz de remover cielo y tierra por alcanzar mi objetivo. Si además la rabia me ciega… no respondo de mis actos.

Ellos, quienes quiera que sean, me conocían, estoy seguro. Sabían a lo que se exponían. Ahora estoy libre. Ahora puedo hacer lo que quiera.

Ahora, solo quiero saber si mi hermana está bien. Y como no lo esté, algo muy malo pasará. Yo me encargaré de ello.

Con la venda en los ojos, sigue a la mano que le guía. El viento le sacude la cara, pero después de tanto tiempo de estar en un lugar cerrado a cal y canto, le parece una suave y dulce brisa que le recibe.

Me pregunto dónde estoy. Dónde cojones estoy.

Joder, qué frío hace. Creo que está nevando. Espero que los ojos se empiecen a acostumbrar de una vez a la maldita luz.

Mierda, mierda. Solo pierdo tiempo.

Se arranca la venda y parpadea varias veces, muy fuerte. Se para, mira a su alrededor.

Solo es nieve.

Mira hacia atrás.

Solo un zulo rocoso. Una cueva en mitad de la nada, del viento, del frío.

Mira hacia adelante.

Juraría que ve una gran sombra, aún muy lejana. Como una fortaleza.

Da dos pasos. Se frota los brazos.

"Hacia delante. Hacia Valhala" anuncia una voz llevada por el viento. Aunque Ren sabe que viene de su espalda.

-¿Qué es eso?

El otro se encoge de hombros, adelantándole.

-Solo la morada de los Dioses. La casa de Odín.

Caminan durante un buen rato, en silencio. Al fin, Ren se decide.

-¿Qué está pasando?

-Se acerca la gran batalla. Y tú estás en nuestro bando.

-¿Qué bando?

-El de Loki. Lo siento, tu alma no ha superado el examen de bondad.

Bueno, nunca he esperado pasarlo. Todos sabemos cómo soy, cómo he sido, y, sin lugar a dudas, cómo seré.

Los problemas empiezan solo cuando pretenden jugar conmigo. Hasta ahora, solo Yoh lo ha conseguido, y pienso asegurarme de que sea el único. De todos modos, ni él mismo se enteró. Así que tampoco cuenta.

Las dos figuras se perdieron entre la niebla.