El Ragnarök… la gran batalla entre los Dioses. El fin de esta era.
Se hizo un inmenso silencio. Largo y denso, en el que Liserg tomó aire y prosiguió.
-Entre los antiguos pueblos de centro Europa existía una rica cantidad de mitos, toda una mitología, con Dioses y héroes, comparable con la griega, pero mucho más desconocida, y por eso, más fascinante.
-Veréis. La mitología escandinava es la mitología de los Dioses más humanos, porque no se consideran inmortales, de los enanos, los duendes y los gigantes. Es una cultura muy guerrera. La creencia más importante es que, los guerreros, al morir en batalla, son recogidos por las valkirias, hermosas mujeres rubias de ojos azules, que los transportan al Valhalla, el salón de los Dioses, en la casa de Odín. Una vez allí, pasarán los días luchando, y las noches de fiesta, recuperándose, hasta la llegada del Ragnarök, la batalla final, en la que participarán todos los seres dotados de razón.
-Los Dioses estarán divididos en dos bandos: el del padre de los Dioses, Odín, y el de los muertos. No se sabe mucho con respecto a todo esto, se han heredado cantares, poemas y un montón de basura de la que no se puede sacar nada en claro. Lo que sí se sabe es que, ya antes de que la batalla empiece, el destino está escrito, y cada uno sabe lo que va a ocurrir, a manos de quien morirá, y demás.
Más silencio.
-Y… ¿el Fimbulwinter? –no logré distinguir quien lo había dicho. Solo había sido un susurro atonal. Creo que todos estábamos demasiado impresionados, asustados y ocupados decidiendo si creerlo todo o no como para pensar en ello, pero alguien fue capaz de dejar durante un instante tal cantidad de información de golpe y avanzar un paso más. Y tengo una ligera idea de quien fue, la única persona capaz de ello en aquella habitación… pero parecía tan increíble verla ansiosa que prefiero permanecer en la ignorancia.
-El Fimbulwinter… -prosiguió Liserg-, es el largo periodo que precede al Ragnarök. Tres inviernos consecutivos sin verano entre ellos, en los que el resto de acontecimientos que presagian el fin se sucederán.
-¿Cómo…?
-El canto de los tres gallos. La liberación del lobo Fenris, el despertar de la gran serpiente Jormungard… hay cientos de señales que para los germanos presagian la gran batalla final.
Silencio. Un silencio denso, tenso. Porque ninguna entendía exactamente lo que estaba pasando, pero las piezas empezaban a encajar. Miradas cruzadas, movimientos nerviosos, rectos.
Los más tranquilos eran Liserg y Anna. El resto parecía a punto de comerse los dedos.
-Creo… creo que será mejor que se vayan a dormir-sugerí-. Todos. Para descansar y afrontarlo mañana por la mañana con más fuerzas.
Asintieron.
Les guié hasta sus habitaciones, les sonreí, pero aunque lo hice de la manera más cálida posible, solo pude notar estremecimientos.
-El Apocalipsis-murmuraba Ryu.
-Duerme –aconsejé.
Casi me meto yo también en la cama, por la costumbre, pero me di cuenta de que tenía que empezar a dejar de hacer cosas como esas. Soy un espíritu. Un espíritu más de los que habitan esa casa. No noto el sueño ni el cansancio. No necesito cerrar los ojos para saludar al nuevo día despejada. Por un instante, se me hizo un nudo en la garganta, pero tenía todo eso asumido, así que me dirigí al jardín.
Pude ver una sombra sentada en un escalón, mirando las estrellas. Me recordó enormemente a Yoh. Pero no era él. Era Anna.
Me acerqué lentamente, y, cuando estaba a su espalda, le pregunté muy suavemente para no sobresaltarla:
-¿Busca algo, señorita Anna?
-Llámame Anna, Tamao.
No pude seguir hablando. Se me llenaron los ojos de lágrimas. ¿Qué había hecho cambiar a Anna tan repentinamente?
-¿Tú crees que de verdad hay algo escrito ahí arriba?
Supongo que fue la tensión de casi un mes. La angustia. El miedo. Mi muerte.
Todo ello tenía que haberla afectado de algún modo. Al fin y al cabo, Anna era un ser humano como los otros. Aunque los escondiera, no carecía de sentimientos. Esa repentina muestra de afecto… bueno. Me extrañaba, pero muy en mi interior, me la esperaba, tarde o temprano.
-No… no lo sé. El futuro está escrito. Y es posible que lo tengamos delante de la nariz pero que no sepamos verlo. Eso es lo que yo creo.
Anna asintió.
-Quizá es que no queremos verlo. Porque tenemos miedo de conocer nuestra muerte. Porque, en nuestro interior, aún nos creemos inmortales. Y tememos que alguien nos robe esa inmortalidad. Quizá solo estamos asustados de las personas, por eso no confiamos. Quizá… solo quizá… cuando queremos de verdad a una persona es para que no nos haga daño. Y al final, quien más daño te hace, es a quien más quieres. Solo quería saber donde está metido… Y ahora… ahora he encontrado mi propio fin.
-Anna… no… -suspiré. –No debes pensar así. Vamos a encontrar a Yoh. Seguro que está vivo…
-Lo está hasta que vea su cadáver.
-Y… quiero decir, el Ragnarök puede ser solo un mito. No lo conocías, es posible que en realidad no sea tan fuerte.
-Tamao, no es eso. Hay miles de leyendas. No se pueden aprender todas. Los shamanes estamos para eso, para evitar el Apocalipsis. Y cada uno protege su país, y como mucho, conoce su continente. Pero si los Shamanes europeos no han sido capaces de hacer nada…
-Quizá lo estén haciendo ahora. Porque no han tenido tiempo.
-Mira el cielo. Sigue lloviendo, pero apenas hay nubes. Sigue haciendo frío, y las estrellas aún tienen ese brillo melancólico. No lo entiendes. Y yo tampoco. No podemos entenderlo. Solo lo sentimos. Lo que yo siento ahora mismo es que Yoh está perdido, y se siente triste. –sonrió muy ligeramente. –Y esta vez, yo no soy la causa de esa tristeza.
Se levantó y se frotó los brazos. De su boca salían suaves nubes blanquecinas.
-Si sale de esta, será más fuerte que nunca.
Entró en la casa con paso lento, la cabeza un poco baja, y un aura cansada alrededor.
No era la misma Anna.
Intenté pensar en algo para pasar la noche, al fin y al cabo, tendría mucho tiempo. Pero solamente pude vagar dándole vueltas a la conversación que acababa de tener. Y aún así, en mi interior había algo que me consolaba. Porque yo no moriría. Podría acabarse el mundo, pero no iba a perder nada. Sabía que era un pensamiento egoísta, pero puestos a confesar, no podía evitarlo… era horrible. Solamente me quedaba la opción de evitar pensar en ello, de ocultarlo a los demás… de tratar de cuidarlos a ellos como si fueran yo misma.
Es posible que solo tuviéramos que dejar correr el tiempo. Al fin y al cabo, seguíamos sin saber demasiado, si todo era verdad, o solo un mal augurio… para algo peor. Pero no. ¿Algo peor?
Lyserg salió para tomar el aire. Se le veía algo preocupado, pero no exteriormente, sino que, yo, como espíritu, podía apreciar algo nervioso que lo rodeaba y no le dejaba descansar. Me dirigí a él.
-Lyserg. –le llamé para que advirtiera mi presencia.
-¿Cómo estás, Tamao?
-Bueno… igual que siempre.
En su carita de ángel se dibujó esa mirada dulce y esa sonrisa tan tierna y tan encantadora…
-¿Por qué estás tan preocupado?
Él solo suspiró y se detuvo un momento a pensar en una respuesta apropiada.
-Porque nunca creí que el Ragnarök fuera a llegar en serio. –hizo un pausa y su vista se posó más allá de la luz, perdida. –Si eso es verdad, entonces deberemos prepararnos para mucho… lo peor está por llegar.
-Y… bueno… quiero decir… no hay un medio para… ¿evitarlo?
-… está escrito.
-Pero tiene que haber un modo.
Lyserg negó lentamente con la cabeza.
-De todos modos nunca ha ocurrido. No sabemos nada. Solamente que se precipitará todo… pero a su debido tiempo. Nada ocurrirá antes de que deba ocurrir. Está escrito. Y será así.
-¿Qué hay de los desaparecidos? Yoh y los demás.
-Héroes. Almas que lucharán en la Gran Batalla. Intrumentos. Los estarán reuniendo a todos en el Valhalla…
-Pero no están muertos.
-¿Quién sabe? Puede que los hayan matado.
-¡No!
Me negué a creerlo. Si Yoh estuviera muerto, yo lo habría notado. Es más. Anna lo habría notado.
-¿Le sigues queriendo?
-¿Eh?
Esa pregunta me había pillado por sorpresa.
-¿Sigues queriéndole? –y, a pesar de la seguridad con la que hablaba, notaba el temblor, el ligero temblor de su voz.
-Yo…
No lo sabía. ¿En qué momento dejé de estar obsesionada por Yoh¿Cuándo olvidé su sonrisa y me dediqué a otras cosas más productivas, sino más importantes? En realidad… seguía queriéndole mucho. Pero no era el mismo tipo de amor. Aquel amor platónico lo había hecho convertirse casi en mi hermano. Y por lo general, una no se enamora de su hermano. Y yo no lo estaba.
-Pues… no. Creo que ya no.
-Bien. Me alegro.
Se levantó y se dirigió al interior de la casa.
-Duerme bien.
-No te preocupes. Aún tenemos tiempo. Concretamente, unos tres años.
En este momento no tengo tiempo para poner la respuesta a las reviews, pues quería subir el capitulo YA. Muchas gracias a todos, eso sí.
Espero que os guste, y prometo que en el próximo lo haré. SIENTO MUCHÍSIMO EL GRAN RETRASO.
