Todos tienen miedo…

Los restos del templo de Uppsala, el mayor centro de culto en la cultura nórdica, apenas eran visibles bajo la capa de nieve que el finvulwinter. Las suaves colinas de la región que solían tener un color verde brillante en verano ahora eran nada más que nieve sobre nieve, blanco camuflado sobre blanco… el dorado del templo se había apagado.

-Los svear, inspirados por Freyr, construyeron aquí su gran templo. –explicó Gwen. –Presentían que aquí había más energía de lo normal, más poder espiritual… estaba cubierto de oro, y la cadena que lo rodeaba, también. Cerca de la entrada, había un enorme árbol que decían que siempre estaba verde, pero que murió a la vez que el templo; y una fuente, que se secó en cuanto el lugar fue abandonado. Y dentro, dentro yacían tres estatuas, de Odín, al que llamaban "Wotan", el furioso; Freyr, gobernante de la paz y el placer, caracterizado con un enorme miembro; y Thor, en medio de los otros dos, guardián del cielo, del aire, de los truenos y las lluvias, y del mal y buen tiempo.
Cada nueve años se celebraba una gran fiesta. Algún sacerdote murmuró en su lecho de muerte que era el momento de abrir la puerta hacia Midgard, la frontera con el mundo de los Dioses, y el de los gigantes, y el de los muertos…

Lyserg la miró con recelo, pero poco a poco, se iba convenciendo. Yo examinaba el lugar con curiosidad, después de todo, no había salido nunca de Japón. Europa era un mundo mágico y nuevo para mí, era el despertar, aunque quizá demasiado tarde, hacia lo inmenso que es nuestro planeta, hacia la cantidad de sueños y oportunidades que guarda. Y me dio mucha rabia, porque yo ya no podía hacer nada.

Europa me causaba desolación. Todo el camino en el autobús desde Estocolmo a Uppsala, casi 70 kilómetroscontemplando lugares que jamás había visto, y dándome cuenta de que en la vida hay tantas oportunidades para salir adelante y ser feliz, para conocer, para enamorarse… que había tiempo para todo, siempre y cuando no te murieras con 14 años, que fue lo que me pasó a mí. Todas esas cosas que, de acuerdo, podía disfrutar ahora, sin preocuparme por qué comer, dónde dormir, o si me iba a pasar algo… no importaba, era una sensación de vacío y angustia, me daba vértigo imaginar que, tarde o temprano, todo pasaría, que yo regresaría a Japón y vagaría por siempre por la tierra, o simplemente desaparecería…

No quería llorar, no podía llorar, y aún así, mi cara debía reflejar perfectamente lo que sentía. Pero nadie se dio cuenta. Estaban demasiado ocupados, Gwen buscando el lugar exacto del templo donde estaba el altar, y Lyserg y Anna examinando el lugar. Les tuve celos, lo reconozco. Les odié. Porque eran unos egoístas, que nunca pensaron en mí. Nadie nunca pensó en mí. Porque yo era demasiado tonta y callada como para hacerme notar. Ahora que estaba dispuesta a cambiar, no serviría de nada. Mierda.

-Escuchad¿podéis traerme un pájaro, o un conejo, o algo vivo?

Anna asintió y sacó su rosario de cuentas, caminando tranquilamente en dirección a una colina. Lyserg se acercó a Gwen.

-Lo siento. –murmuró. Me acerqué para oír mejor.

-¿Por qué? –Ella prácticamente le ignoró.

-Porque yo lo sabía.

-Ya. –no era irónico. Simplemente un "te lo dije".

-Pero no lo creía. Bueno, no… no estaba seguro. Quiero decir, siempre fue un cuento. No podía ser real.

-Para muchas personas, los espíritus también son un cuento.

-¡Pero están ahí!

-Pero ellos no lo ven. Que tú nunca vieras un Dios germano no quiere decir que no estén ahí. Seguro que te has encontrado alguna vez con una valkiria. A veces se tiñen el pelo, cuando caminan entre nosotros, pero seguro de que te das cuenta de alguna mujer encantadora, más bien alta, de ojos azules, o casi verdes, a la que no puedes dejar de mirar. Una humana que te hechiza y a la que no vuelves a ver. Quizá sí que te encuentres con otra, y la sensación se repite. La achacas a un simple dejà vu, pero en el fondo, sabes que no lo es. ¿No?

-Sí.

-Es lo mismo. Hay personas que sienten a los espíritus, de hecho la mayoría, pero no quieren creerlo, y la sensación acaba por desaparecer. Si yo no hubiera estado aquí¿habrías dicho algo?

-No lo sé. Puede.

-¿Conocías Uppsala?

-Un poco. Solo…

-¡Aquí está! –Gwen soltó un grito triunfal que hizo que tanto Lyserg como yo nos sobresaltáramos. –Aquí está el altar.

-¿Qué estamos esperando?

-Antes se hacían sacrificios. A veces eran humanos, pero confío que un animalito valdrá.

Anna no tardó en aparecer entre la niebla. Atado a su rosario llevaba un pájaro negruzco. Un cuervo. Se agitaba, desesperado, muerto de miedo. Anna se lo tiró con desprecio. Seguía sin congeniar con Gwen. Y seguía mostrándose tan orgullosa como le era posible. Pero la máscara estaba cayendo, lo notaba; no podría ocultarlo mucho más… tenía miedo por Yoh y, aparte de ella, yo era la única que lo sabía. Porque conocía a Anna, siempre la había admirado, pero ahora solo le guardaba una muda gratitud por no tratarme demasiado mal todo ese tiempo, y un odio ciego porque una vez fue todo a lo que yo aspiré. Pero ya no; no. Anna amaba igual que cualquier otro humano. No era una Diosa de hielo. Estaba asustada por todo eso, y trataba de hacerle frente lo mejor que podía. No. No era esa mujer que no necesita más que esclavos. Era la parte que yo confiaba que saliera a flote un día. Ahora que lo había hecho, ya no me importaba.

Gwen cogió al cuervo y sacó de entre los pliegues de su ropa un puñal afilada y curvo. Tenía un frío azulado, y reflejó todo a su alrededor al instante. Justo antes de introducirse entre las plumas del ave, refulgió, y se hundió con facilidad en la frágil carne. Un graznido agónico nos rodeó; la niebla se intensificó, y no podíamos ver nada. Solo un instante.

La sangre empezó a gotear interminable por la roca; se formó un riachuelo a nuestros pies que derretía la nieve en cuanto la tocaba. Era mucha más de la que podía contener el pequeño cuerpo del animal, mucha más, que nos hizo un rojizo camino a través de la cortina de niebla que se abrió ante nosotros. No se veía nada, pero Gwen lo siguió sin vacilar, y nosotros a ella.

Y de pronto, frente a nosotros, una vasta explanada de hierba congelada y suaves copos de nieve que caían sobre nuestros hombros se extendió. De golpe. Como si siempre hubiera estado allí.

Y a nuestra espalda, ya no estaba Uppsala; no estaban Suecia, ni Europa. No era nada conocido. Solo más planicie que no conocía. Una tierra brumosa y triste, en la que no se veía ni rastro de cielo, pues la nubes lo ocultaban todo, unos nubarrones grises.

-Bienvenidos a Midgard –dijo Gwen.


Esta vez no he tardado demasiado¿no? Bueno, pues aquí tenéis de nuevo a Anna, Lyserg, Tamao y Gwen. Creo que alguno se me está yendo un poco de las manos y se me está convirtiendo en un OOC (vaya, que está cambiando el carácter), pero prefiero tomarlo como una "evolución del personaje", que queda más bonito. Aún así, creo que después de todo ese tiempo, han tenido que cambiar, y bastante (yo cambiaría u.u), Por cierto, lo que conté del templo de Uppsala es cierto. Era el templo más importante de la religión escandinava.

Muchas gracias a todos los que me han leído, sobretodo a Krmn sk, Loconexion, LaMascarada (gracias de verdad, me animó mucho tu review) y a Iskra revoir (sí, al menos Helava asalir en el próximo capítulo).Prometo actualizar enseguida (¿una semana?), y espero que os guste!