Anna se frotó los ojos, furiosa. El frío le cortaba la piel y los labios, helaba su voz y hacía que su mirada solo pareciera cansada. Se llevaba arrastrando dos días enteros, en silencio, sin quejarse, obedeciendo. Y todo por Yoh. No quería reconocerlo. No pensaba admitirlo jamás; pero lo cierto es que le quería, le amaba, le necesitaba, y, aunque fuera por última vez tenía que volver a ver su sonrisa. Aunque después el mundo se hundiera. Un último abrazo. Solo una noche más como la que pasaron el día antes de que él se marchara a América. Tenía miedo. Y por eso se sometió a Gwen, porque sabía que era la única capaz de llevarla hasta él.

Pero¿qué es eso¿Qué había sido eso? Entre las ramas, entre las raíces y las hojas, y la niebla; entre los muros naturales de Yggdrasil, pelo castaño, y mirada franca. Solo lo vio de refilón, pero reconocería esos rasgos en cualquier sitio. La suavidad de su piel. Era él.

Echó a correr, sin alertar a nadie. Gwen se dio la vuelta y la vio escapar hacia las dos sombras, un hombre y una mujer, que se deslizaban entre la neblina. Sabía que a veces, la magia del fresno hacía ver lo que se deseaba ver. Pero esos eran personas vivas. Confiaba en Anna.

Aún así, tenía cosas que hacer, así que, sin avisar a Tamao o a Lyserg, que caminaban uno al lado del otro en silencio, siguió andando.


-¡Ren, no lo hagas!

Él ya tenía la cadena en la mano, y buscaba como darle vueltas. Loki, sentado en el suelo, con la espala apoyada en la pared, miraba a los recién llegados con aire tranquilo y confiado.

-Horokeu Usui¿no es así?

-¿Tú quién eres? –escupió el ainu.

-Loki, para servirte. –inclinó la cabeza pero no se levantó. No creyó que merecieran la pena. –Mas… querida Svava, me ofende que vuestra sutil inteligencia no se ocurriera de presentarme. ¿O más bien temíais que vuestro vasallo huyera espantado con solo conocer las maldades que me adjudicáis? –se rió de sí mismo. -¿Cómo osáis siquiera a acercaros vos y poner el peligro vuestro frágil cuello?

-Basta ya. Este no era el trato, Loki, y lo sabes. No tienes derecho a romperlo.

-¡No había ningún trato! Nadie acordó que una guerra debía estallar, ni que todos deberíamos morir. –se levantó, con la mirada fija en las pupilas de la valkiria, que permanecía donde estaba sin mover un solo músculo. –Ninguno de nosotros estuvo de acuerdo, pero sabemos que es nuestro destino, que quizá Dioses mayores que nosotros jueguen al ajedrez con nuestras moradas como torres y los loboso como caballos; no lo podemos evitar… por eso es por lo que buscamos la forma más honorable de morir. O de cumplir las profecías y a la vez evitarlas. Buscamos nuestros propios recursos para sobrevivir. Odín hace lo propio. Porque todos estamos asustados.
Horo notó que Svava estaba temblando. De rabia, o de miedo, o de impotencia, pero temblaba casi imperceptiblemente.

-Si liberas a Fenrir antes de que los gallos canten, puede que devore a Odín antes de tiempo.

-Esa era la idea.

-Las cosas cambiarían…

-…sí…

-Pero no sabemos si a mejor o a peor.

-Eso es cierto. Pero hoy me siento confiado. ¡Fiel vasallo! –Ren se dio por aludido al instante y soltó la cadena. Fenrir aulló largamente. –Os propongo un reto. Un duelo entre tu seguidor y el mío. El vencedor decide.

-No puedes jugar así. –murmuró Svava entre dientes.

-Claro que puedo. Soy un Dios, y todavía estoy vivo.


Hela se detuvo de golpe, escuchando la respiración de las raíces de Yggdrasil.

-¿Pasa algo? –inquirió tranquilamente Hao.

-No, no mucho. Pero Padre tenía razón, es interesante lo que se avecina. Ella está aquí y me trae un regalo. –sonrió, y su rostro, lejos de iluminarse hermosamente, adquirió un aire maquiavélico. –Y alguien te busca. Busca tu alma. Ansía reencontrarse contigo. –cruzó los brazos y le miró inquisitoriamente. -¿Tienes algo con ella?

-¿Qué ella?

-Uhm… Loki dijo que ese alma tuya no debería reencontrarse.

-Nadie me buscaría a mí. Todos en esa sucia tierra me odian.

Hela le dio un suave golpe en la nuca echando a andar de nuevo.

-No digas eso de Midgard. Es un lugar maravilloso. Tú sigue de frente. –ya le daba la espalda. –Yo me voy por aquí. –se giró un instante. –Espero volver a verte. –sonrió.

-Y yo a ti, Hela. –respondió, caminando en la dirección que la Diosa le había indicado.


-¿Ren?

-…

-¡Eres tú¡No sabía que estabas aquí! –el ainu se acercó a él lentamente, como si no creyera lo que veía.

-¿Le conocías? –preguntó Skogull. -¿Tú lo sabías? –añadió, dirigiéndose a Loki.

-Por supuesto. –replicó el Dios, ofendido.

-¡Ren!

Lo recibió el filo de una espada tendida.

-Horokeu, no te acerques. –remarcó las sílabas mucho.

-Pero… ¿qué pasa¿qué está pasando?

-Estamos en bandos distintos¿no lo ves? Yo estoy con Loki, tú con Odín.

-No voy a luchar contra ti.

-Entonces mejor. Así será más fácil.

-¿No vas a traicionarle?

Ren miró a Loki, quien se veía totalmente confiado.

-No.

-Pero Ren… esta no es nuestra guerra. –murmuró para que solo su amigo le escuchara.

-¿No es vuestra guerra? –claro que, el fino oído de la Valkiria no dejó escapar esas palabras.

-¿Eso crees? –Loki también lo había escuchado todo.

En ese momento, era difícil distinguir quien era el Dios del mal, si Loki o Skogull, porque ella parecía furibunda, fuera de si.

-¡No es vuestra guerra! Por supuesto, es mejor dejar que el mundo se deshaga sin mover un dedo, es mejor no tratar de evitar el fin de todo. ¡Claro!

-Yo no pedí esto. –se defendió Horo. –Dicen que los Dioses morirán, pero lleváis mucho tiempo aquí, es vuestra hora. Los mortales han nacido y muerto a miles, y a ninguno de vosotros os ha preocupado.

-No lo ha entendido. –rió Loki.

-No. No lo has comprendido en absoluto. –Skogull ahora solo parecía decepcionada.

-El Ragnarok no implica solo la muerte de los Dioses. –intervino Ren, con la voz entrecortada. –implica también la destrucción de la tierra y de todos lo que viven en ella. Mortales incluidos. Nosotros incluidos.


Se detuvo apoyándose fatigada sobre una de las raíces. Solo tenía frío, pero estaba segura de lo que había visto. Segura. Era imposible que se equivocara… sin embargo, apenas podía moverse; se frotó los brazos con fuerza para entrar en calor y volvió a caminar torpemente.

No tardó mucho en tropezar y caer al suelo cubierto de una fina y casi imperceptible capa de escarcha. Dio un golpe con la mano contra el suelo, un puñetazo con toda su rabia.

Y justo al instante, una capa le cayó encima, no aprisionándola, sino tapando sus hombros para protegerla del frío. Levantó la cabeza.

-Hao…

Claro. Era él, tan parecido y a la vez tan diferente…

-Oh… ahora comprendo a qué se refería con lo del alma. Buscas a Yoh¿no es cierto?

Anna se levantó y se desprendió de la capa.

-Largo de mi camino.

-Ni siquiera sabes donde está.

-Eso es solo mi problema.

-Déjame ayudarte.

-¿Tú? Ya, claro, y qué más. Fuera de aquí o…

-¿O qué? No tienes fuerzas para nada.

Ella apretó los labios y se ayudó de una rama baja para impulsarse hacia delante.

-¿No me esperas? –sonrió Hao.

-No te necesito. Sé que está aquí y le encontraré.

-Claro, yo confío en ti. –la alcanzó al instante. -¿Qué sabes de esto?

-Lo suficiente.

Intentó caminar más aprisa, pero hubo de detenerse enseguida para tomar aire apoyada contra el tronco de Yggdrasil. Fue cuando él colocó una mano junto a su cara y se inclinó para hablarle.

-¿De verdad quieres encontrarle?

Estaban realmente cerca. Igual que Yoh y a la vez diferente… Anna lo sabía, era consciente del terrible magnetismo de Hao, de su irresistible carisma, de su labia y su refinado encanto. Y sabía que él podía darle todo lo que ella aspiraba. Todo.

-Yo… -las palabras se le trabaron en la lengua. No podía pensar con claridad, pues el corazón le latía demasiado fuerte como para escuchar a su mente razonar. Estaba muy cerca de él…

Sus respiraciones se mezclaron. Se miraron a los ojos y ambos comprendieron. De mutuo acuerdo, tomaron la decisión.

Se separaron bruscamente.

Hao sonreía, satisfecho de sí mismo.

Anna le miraba aún, con curiosidad pero muy seria. Y por fin también sonrió.

-Sabes que nunca traicionaría a Yoh.

-A pesar de todo.

-A pesar de todo. –asintió ella.

-De todos modos, he encontrado una reina mejor…

-No lo creo.

Y le dio la espalda, caminando sin rumbo entre las raíces del gran fresno.


Aquí estoy de nuevo, sin haceros esperar demasiado (creo). De nuevo más fragmentos aquí y allá, sin tanta mitología y más acción por así decirlo. Ahora una mala noticia para vosotros: me marcho un mes a Irlanda, por lo que no podré actualizar en ese tiempo. Intentaré tener un capítulo listo para cuando vuelva.
Y a la pregunta de los cuervos... son los mensajeros de Odín! Por eso aparecen tanto. Al resto se le da explicación más adelante, cuando se empiecen a aclarar las cosas (de momento no lo sé ni yo lo que va a pasar, aunque tengo una idea).

Muchas gracias a todos los que me han leído, en especial a Loconexion, Iskra revoir y Senokis.

Espero que os guste ;)