En un momento en el que las raíces se hicieron menos densas y los árboles mucho más escasos, Gwen se detuvo de golpe, paralizada, y giró la cabeza muy lentamente, como esperando ver algo que no quería ver. Pero Hela ya estaba allí, y no parecía que se fuera a marchar.
-Cuánto has crecido. –comentó, sin apenas darle importancia.
-¿Qué haces aquí?
-Solamente mi trabajo. –La Diosa se encogió de hombros, y le echó una mirada de soslayo a Tamao.
-¿Quién es? –preguntó esta por lo bajo.
-Es Hela. –repuso Gwen sin moverse. –La Señora de los muertos.
-Es un título muy funesto, lo sé, pero no está tan mal una vez que te acostumbras. –sonrió como si hubiera sido un chiste, pero al ver que ninguno de los tres le seguía la gracia, volvió a quedarse seria.
-Esa es… ¿Hela? –interrumpió Lyserg.
-¿Cómo me esperabas? ¿Carcomida por los gusanos? No bromees. Esta soy yo, pero ahora estoy acupada. ¿Cómo te llamas?
-T… Tamao. –murmuró la aludida con el peso de la mirada de una Diosa sobre ella.
-Bien, Tamao. Creo que estás cansada. No solo de caminar… te noto cansada de existir, de seguir aquí. –dio un paso adelante.
-¡No te acerques a ella! –gritó el inglés, poniéndose en medio.
-No lo necesito. –Replicó Hela enseguida, ofendida. –Tamao puede elegir. Solo te ofrezco la opción, puedes seguir en este mundo, como una espectadora, o ir al lugar donde te corresponde, y donde tarde o temprano llegarás. Yo te lo ofrezco sin ningún compromiso, solo piensa tu utilidad aquí. Si crees que merece la pena, entonces quédate. Pero siempre ten presente que no eres más que un espíritu, para bien o para mal.
Se quedaron todos callados. Tamao se debatía con su interior, en un gran dilema moral. Se lo estaba planteando seriamente, su frágil cuerpo se convulsionaba con espasmos que cada vez eran más y más fuertes. Tenía miedo. Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras contemplaba a la gran y hermosa Diosa de la muerte. No la temía a ella. No temía la tierra de los muertos. Se asustaba de sí misma y de lo que acababa de decidir, porque en realidad no había sido tan difícil, en realidad llevaba mucho tiempo pensándolo, mucho… desde que llegaron a Europa, desde que aterrizaron en Suecia, desde que se bajaron del autobús en Uppsala.
Dio un paso hacia Hela.
-¡Tamao! –gritó el inglés.
A ella se le encogió el corazón, y empezó a llorar muy suavemente. Porque su vida ya se había acabado, y se había dado cuenta de algo muy importante, algo fundamental… que le quería, pero esta vez, no era una especie de amor platónico, asustadizo e irreal, sino sincero. Pero ya no podía hacer nada. No podría tocarle, ni besarle. Y él jamás podría corresponderla, y entonces sintió pena, pero se dio cuenta de que debía asumirlo, de que se le acabó el tiempo. No había un responsable cercano. Posiblemente, solo hubiera sido un accidente, porque, ¿a quién molestaba ella? No importaba, no culpaba a nadie. Se marcharía de allí con la conciencia tranquila. Ella no había echo daño a nadie. Se marcharía tranquila. Añoraría todo lo que había tenido, pero, después de todo, habían pasado casi tres años desde su muerte. No pasaba nada.
Caminó más decidida hacia la Diosa.
Lyserg salió tras ella para retenerla tan pronto como se recuperó del shock, pero Gwen le cogió un brazo. No fue con especial fuerza, pero sí lo suficiente como para hacer detenerse al chico.
-¿Qué haces? ¡Se la lleva!
-Esta es su decisión.
-Pero… ¡Qué dices! ¡Tamao!
Ella se dio la vuelta, le sonrió y le dijo:
-¿Sabes? Creo que te quiero.
Lyserg se quedó boquiabierto mientras Tamao proseguía su camino. Hela la cogió por el hombro y anunció:
-Gwen, nos veremos.
-¡¡Tamao! –el inglés parecía recuperado. Gwen extendió el brazo ante él, como una barrera. -¡¡Tamao! ¡Iré a buscarte, lo juro! ¡Haré que te arrepientas de haber ido allí! ¡Te lo prometo, iré a por ti! –un lágrima resbaló por su mejilla y se fundió con su gélida piel a la vez que Hela y su amada desaparecían entre la niebla que rodeaba Yggdrassil.
El silencio se anudó a su cuello. Después de un rato mirando el vacío, agarrado al brazo de Gwen, pudo articular:
-No lo entiendo.
-Fue lo que ella quiso. No estés triste.
Le alborotó el pelo con una media sonrisa y miró al horizonte.
-Parece que no tenemos mucho que hacer aquí. Buscábamos a Yoh, ¿no es así? Anna ya se encargará de eso. Pero si Hela ha salido de Niflheim, es por un motivo, y seguro que Loki está implicado en ello. Así que si no te importa, creo que tengo cosas que hacer aquí. ¿Vienes?
Lyserg la miró a los ojos. Vio el brillo violáceo bailando en un mar azul demasiado profundo. Vio los reflejos cobrizos de su pelo, ahora inexplicablemente claro, casi rubio oscuro. Vio la fuerza que desprendía. La vio arreglarse sus siempre presentes pañuelos anudados alrededor del cuello y de la muñeca.
Y supo que, a pesar de todo, era obvio que seguía ocultando algo con mucho celo.
