Empezó a nevar con insistencia. Apenas sí se veía algo más allá de la siguiente raíz de árbol a esquivar, pero Anna sabía que iba en buen camino. Apretaba el rosario en una mano y con la otra la capa que le había dejado Hao, y aún así tiritaba de frío, sin embargo, no se desanimaba. Se decía a sí misma que no sería una buena esposa ni una buena itako si no era capaz de encontrar a su prometido con los ojos cerrados.

Hao iba a su lado, sin decir palabra. Estaba mucho más acostumbrado al terreno, y apenas notaba las inclemencias de clima. Se sonreía a sí mismo, pues aguardaba el momento. Su pequeña venganza.

En realidad, no sentía rencor por Yoh. En su situación, habría hecho lo mismo. Y, además, estando en juego la supervivencia de tanto humanos como shamanes… la cosa cambiaba. Las cosas habían cambiado mucho en esos tres años. Para empezar, sin su espíritu del fuego, Hao era un simple mortal. Y, paseándose entre los muertos en el Niflheim, conoció a aquellos que habían sido rechazados por Odín, condenados a la eternidad junto a él –nombres como Elisabeth Barthòry, Mehmet II, Reinhard Heydrich…-, y descubrió que la maldad genuina que ellos poseían era comparable a la suya. Encontró sueños comunes, gente que le comprendía y aprobaba sus métodos… y todos ellos llegaron a la misma conclusión: su total estupidez. Tanto la condesa Elisabeth, considerada la primera asesina en serie de la historia, como Heydrich, el verdugo de Hitler, rieron ante sus vidas, dándose cuenta de que, al final, todo lo que hicieron, no sirvió para absolutamente nada. Hao no era alguien que no aprendiera de sus errores. Estaba dispuesto a perdonar a Yoh, pero a cambio necesitaba una compensación.

En un primer momento, pensó en quedarse con Anna, pero tenía demasiado mal carácter, así que dejó de interesarle. Había pensado en otra cosa. Otra cosa mucho mejor.

Ella se detuvo de golpe. Estaba desorientada. Yggdrassil ya estaba lejos de ellos. El terreno cambiaba lentamente.

-¿Hemos llegado? –inquirió Hao.

Anna simplemente negó, suavemente.

-Hay algo distinto aquí. –estaba muy seria. –Algo raro. Es como si…

-Como si el aire cambiara, como si el mundo a tu alrededor se fundiera con otro diferente… como si notaras un calor que te envuelve el cuerpo y te llama. Lo sé. Ren dijo lo mismo.

Ella lo miró inquisitoriamente.

-Este es uno de los pasos hacia nuestro mundo. Una de las salidas. –Hao respiró muy hondo y se adelantó unos pasos, mirando hacia el infinito. –Cuando el Fimbulwinter comenzó, Odín selló las puertas para que nadie pudiera entrar. Solo las valkirias acompañadas de un alma, pero esta vez viva, son capaces de traspasar sus murallas. Bueno, ellas, y Loki. Loki se sabe todos los trucos.

-¿Porqué las valkirias?

-Porque sus lanzas están consagradas a Odín, y templadas con la sangre de una de las suyas que murió hace ya muchos años.

-¿Y porqué almas vivas?

-La verdad es que… Odín temía que Loki consiguiera un ejército más poderoso. Después de todo, los gigantes de fuego están a su lado. Por eso es que mandó a las valkirias por todo el mundo para buscar a los mejores guerreros. El que hace la ley, hace la trampa.

Anna no dijo nada más, pero se quedó mirando al mismo lugar donde Hao tenía perdida la vista. Así durante segundos, minutos… en silencio, dos figuras se perfilaron entre la niebla. Una ilusión. Una mentira. Pero allí estaban, gris oscuras al principio, solo unas manchas en el horizonte.

El cielo metálico escupió una ráfaga de nieve que la obligó a cerrar los ojos. Pero cuando los abrió, los rostros comenzaron a dibujarse, los rasgos, el pelo… el pelo castaño, los iris marrones, la sonrisa cansada; las pupilas muy fijas en ella, y una mueca que parecía burlona en el rostro de Hao.

Pero Anna no pudo reaccionar durante unos momentos. Luego, lo único que pudo hacer fue aflojar la presión de los puños, y dejar los brazos colgando al lado del cuerpo, y la boca semi-abierta, y los ojos de par en par, llorando, en parte por el viento, en parte por la emoción.

Yoh llegó casi sin que ella se diera cuenta. Agachó la cabeza para mirarla, y la apretó entre sus brazos con fuerza, apoyando la mejilla en la frente de ella. Se quedaron abrazados largo tiempo, sin llorar, y sin decir nada. La nieve que comenzó a caer se posaba sobre su pelo derritiéndose poco a poco. Después de casi una eternidad, Anna se separó muy lentamente y cogió la cara de Yoh entre sus manos. Le miró a los ojos. Y se puso de puntillas para rozar sus labios con un beso.

-Te he encontrado. –musitó.

-Y yo a ti. –él le acarició el pelo suavemente. –Te he echado de menos.

Anna sonrió y se separó.

-Vamos a casa.

-Anna… -Hao la miró con la cabeza ladeada.

Ella se dio la vuelta y le miró, con enfado.

-¿En serio te vas a ir y vas a dejar esto a su suerte?

-No podemos, Anna. –murmuró Yoh, en voz baja.

-Claro que no podéis. –Skogull sonó enfada. –Ya te hemos encontrado. Mimar dijo que teníamos que encontrarte. Y ahora¿qué¿Simplemente te vas¿Nos dejas aquí tirados¿Así por las buenas? No, que va. Ni en broma.

-¿Quién crees que soy yo?

-Tú eres la dama de este guerrero –exclamó la valkiria señalando a Yoh. –Mimir lo dijo, dijo que tú sabrías qué hacer¡piensa en algo!

-¿Yo? La única aquí es sabe algo es…

Se quedó de piedra. Comprendió, al menos en parte. Se dio cuenta de lo que pasaba.

-Ella necesitaba un alma viva. ¡Gwen!

-¡¡Gwen!!

Skogull dejó caer la lanza, las rodillas le flaquearon.

-No puede ser. –murmuró. -No puede estar aquí.

-Loki lo sabía –intervino Hao.

-Loki no nos sirve. –Skogull se pasó la mano por la frente y dio un largo de trago de hidromiel para calmarse. –Tú tenías que traernos a Gwen. –repuso dirigiéndose a Anna. -A nosotros. A Yoh. No debías dejar que se encontrara con Loki.

-¿Qué pasa con Gwen?

-Nada bueno. O todo lo bueno. No lo sé. Depende.

Silbó muy fuerte, y un cuervo graznó a lo lejos. La mancha negra de sus plumas apareció entre la ventisca y se posó en el brazo extendido de la valquiria.

Hao, Anna y Yoh la miraban, callados.

-Avisa a Odín. –dijo Skogull. –Dile lo de Gwen. Dile que, hiciera lo que hiciese, no funcionó. Que se equivocó.


Bueno, he regresado, con un capítulo extraño, (creo) porque la mitad la tenía escrita hace siglos y la otra mitad la hice ahora en 5 minutos porque me sentía culpable por no actualizar en tanto tiempo... perdón... Creo que por fín sé más o menos lo que va a pasar, y eso ya es un paso...

Muchas gracias a todos los que me han leído, espero que os haya gustado!

Por cierto... aprovecho para, como no, hacer publicidad de mí página -Mi Hermano cree que estoy Loca-. La dirección está en mi profile. Tenemos doujinshis traducidos, un montón de series y más cosillas... espero que os paséis por ahí y si podéis, que os unáis.

¡Besos!