Capítulo II
La primera rival
Una semana transcurrió desde que los tres amigos se vieron y almorzaron juntos. En aquella ocasión hablaron de todo al calor de unas copas, hasta bien entrada la noche; desde la relación de Ron y Luna que iba viento en popa, a como Ginny no había, tras cuatro años, recaído en el vicio de las drogas y su próspera carrera de cazadora dentro de las Holyheads Harpies. Quedaron de verse pronto, talvez comer en la madriguera o encontrarse en casa de Harry, pero a lo largo de aquella fría semana de otoño, los tres estuvieron enfrascados totalmente en su respectivos empleos.
—C☻P—
--¡Diez minutos!—resonó la férrea voz de un hombre, a través de la colina. Un hermoso paraje de la campiña inglesa, rodeado de enormes árboles de pinos y frondosa vegetación; un recóndito punto dentro de una reservación forestal de gran afluencia turística, en el condado de Kent.
--Gracias a Dios—murmuró Hermione, abriéndose paso a través de un par de fotógrafos, maquillistas y el director de la campaña publicitaria en que participaba.
--¿Deseas un café, Hermione?—Inquirió una mujer caucásica rubia, bajita y regordeta de mediana edad, que vestía muy sencilla y daba grandes zancadas tratando de alcanzar a la modelo: la asistente de Hermione.
--No, Martha. Gracias. Solo daré una vuelta por los alrededores. He visto unas lilas preciosas—dijo Hermione, con una amplia sonrisa; despidiéndose así de su asistente y dejando atrás, también, al grupo técnico que la acompañaba.
Caminó un par de minutos, adentrándose en la espesura del bosque, lo único que veía mientras avanzaba era, robustos árboles y delicadas flores. Llegó a un claro muy iluminado, el aroma a flores silvestres invadía sus sentidos. Se inclinó sobre sus rodillas para contemplar mejor las lilas, arrancó una y la llevó hasta su nariz. Cerró los ojos y aspiró muy fuerte su esencia, como tratando de hacerla suya.
--Eres preciosa, ¿Lo sabías?—dijo una familiar voz, arrastrando las palabras, a espaldas de Hermione. Ella se incorporó de inmediato, se volteó y cual fue su sorpresa al encontrarse con quien menos esperaría, allí, en medio de la espesura del bosque.
--¡Malfoy!—exclamó— me has dado un susto de muerte. ¿Qué rayos haces aquí?—barbotó Hermione, dando un par de pasos hacia atrás, con la lila en la mano; aún inquieta, mas no asustada de encontrarse, sola, con él. La visión de Draco Malfoy era muy distinta a la del colegio. Ahora era un gallardo y bastante alto joven, su cabello corto peinado con una raya a la derecha, una perfecta barba de candado que enmarcaba su sensual y sugestiva sonrisa, y sus ojos grises, desencajaban totalmente con lo que se esperaría ver normalmente en un bosque. Por un largo rato sus miradas se cruzaron, ninguno quería ceder ante el otro, su rivalidad no había terminado el día que salieron de Hogwarts. Malfoy pronunció más su perfecta sonrisa, como si esperara que Hermione lo felicitara por su blanca dentadura o le consultara sobre el odontólogo que lo atendía. Comenzó ella entonces a analizar las facciones del rubio, su nariz respingada, sus finos labios, sus penetrantes ojos. Y fue en ese momento en que ella se perdió en su mirada. Aquellos ojos grises que Hermione no recordaba, fueran tan penetrantes y profundos. Un momento, ¡es Malfoy!, pensó Hermione, volviendo así a la realidad; el repentino respingo de la castaña sacó también al rubio de su ensimismamiento.
--Decía que es preciosa—
--¿Qué?—exclamó Hermione, confundida.
--La lila. Decía que es muy hermosa. —dijo el mago, acercándose a ella y tomando la flor en sus manos. La llevó a su rostro como lo hizo la castaña en su momento y aspiró su aroma. Luego, le sonrió ampliamente.
--¿Que haces aquí, Malfoy?—preguntó de nuevo Hermione, cruzándose de brazos y dirigiendo una fría mirada al rubio.
--¿Granger, acaso estás ciega?—respondió Draco, haciendo un ademán para que ella notase la ropa con la que iba vestido: Un calentador negro, zapatos deportivos también negros y una camiseta verde sin mangas, que llevaba pegada al cuerpo por el sudor. Su atuendo para salir a correr.
--Ah—dijo Hermione, dándole a entender que comprendía lo él hacia allí—Ahora te dedicas a acechar mujeres en el bosque. Considerando que eres un Slytherin, debo decir que no me sorprende—Hermione ensanchó su sonrisa, esperaba molestar a Draco.
--Tan mordaz como hermosa—contesto él, con su característico arrastre de palabras, a la vez que se acercaba a ella; con un simple movimiento de manos, la lila que sostenía se transformó en un colibrí azul, que se echó a volar alrededor de ambos cuando Malfoy le soltó. No los separaba más que un metro de lilas y geranios. Hermione tragó en seco, definitivamente la galantería de el Slytherin la tomó por sorpresa.
--Sino acechabas mujeres en el bosque, ¿Qué haces por aquí?—inquirió la castaña, ignorando el cumplido del rubio.
--Corría, preciosa. Corría. Verás— Malfoy se acercó más a Hermione, ella sintió como se le aceleraba el ritmo cardíaco— tengo una propiedad por allá—. Levantó su fornido brazo y ella giró hacia donde apuntaba con su índice. Dándole la espalda al rubio, alcanzó a ver lo que a la distancia parecía ser una enorme casa.
--Es bastante acogedora, me gustaría que algún día me visitaras ahí, estoy más que seguro que te fascinaría—susurró Malfoy en el oído de Hermione, aprovechando que estaba detrás de ella. La castaña hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para que no la notara estremecerse, se volteó para verle la cara a Draco y trató de fulminarlo con la mirada por su atrevimiento, mas no tuvo el resultado deseado, ya que el rubio en lugar de sentirse intimidado, decidió que esa era una buena señal para continuar con sus galanterías.
--Podríamos pasar una tarde muy agradable, te lo apuesto, preciosa—
--Malfoy—dijo Hermione, serena e impasible, cruzando sus brazos de nuevo--¿Te has olvidado acaso que soy hija de Muggles?
El rubio seguía sonriendo, pero su rostro no era ya el de un galán consumado, sino la triste mueca de alguien que ha sido golpeado y en reiteradas ocasiones, a lo largo de una vida.
--Ves esto, Granger—Draco extendió su brazo izquierdo para que ella lo examinara—el día que desapareció la marca tenebrosa de este brazo—Malfoy hizo una ligera pausa, observando su brazo—desaparecieron de mi vida los prejuicios y manías que se me inculcaron, en el seno de una familia abominable y cruel—Draco levantó su vista, y a Hermione le pareció ver en los ojos del mago, algo que nunca antes vio: sinceridad.
--¡Hermione, Hermione!—gritaba una mujer, su voz se oía distante.
--Parece que te buscan, Granger. Lo mejor será que vuelvas—dijo Draco—aunque talvez prefieras quedarte conmigo el resto de la tarde—continuó, con sus aires de conquistador empedernido y arrastrando las palabras.
--Ya quisieras, Malfoy—respondió ella, de forma brusca. Sin mirarlo siquiera, se aparto de él unos pasos, encaminándose por el sendero que recorrió para llegar ahí.
--Espera, Granger—Malfoy alcanzó a tomarla del antebrazo y volvió a sonreírle. A ella ya le estaba cansando su actitud ególatra y despreocupada.
--¿Ahora qué?—preguntó Hermione, comenzando a impacientarse.
--Esto es para ti—con una floritura, Draco hizo aparecer la más brillante y preciosa de las rojas rosas; la colocó en las manos de ella y sin darle tiempo a reaccionar, le robó un beso. —Ahora, ya te puedes ir—dijo él, con una cara de satisfacción solo comparable a la de los ganadores del premio mayor de la lotería;--Me dio gusto volver a verte— y sin más, desapareció.
--¡Hermione, por Dios, te he estado buscando por todos lados, creí que te habías perdido—Le dijo Martha, que llegó jadeando junto a ella, parecía que estuvo corriendo por toda la campiña. Hermione, por su lado, seguía absorta en sus pensamientos y no le prestaba mucha atención a Martha.
--Escuche voces, Hermione. ¿Hablabas con alguien?—inquirió la mujer, recobrando la compostura y colocándose frente a la castaña, ya se había percatado que no le prestaba atención.
--Hermione te estoy hablando—
--¿Qué?—
--Escuche voces. ¿Hablabas con alguien?—
Hermione giró, dándole la espalda a Martha, observaba a lo lejos la casona de Malfoy.
--¿Entonces?—inquirió Martha, poniéndose frente a Hermione de nuevo
--Hablaba con las flores—respondió la bruja, llevando la rosa hasta su nariz y aspirando su aroma mientras cerraba los ojos.
—C☻P—
Hasta aquel sábado, Hermione había estado metida de lleno en su trabajo, posando en algunas locaciones rusticas y parajes turísticos. Ella fue invitada por la Cámara de Turismo del Reino Unido, para ser la imagen de una campaña que publicitaba el turismo en la región.
Por su parte, Ron y Harry se encargaban de iniciar los trámites y hablar con los contratistas del orfanato; cosa que los tenía de un lado para otro, bastante ajetreados. Cuando ambos descuidaban sus labores en Empresas Aries por atender la Fundación, confiaban ampliamente en Percy, quien debido a su sapiencia e ingenio se consolidó en el puesto de Director General de Empresas Aries con el pasar de los años.
—C☻P—
En una enorme casa a las fueras de Londres, rodeada de frondosos árboles y custodiada por muchos hechizos, Harry tomaba desayuno acompañado de una jovencita de alrededor de unos quince años. Su cabello lacio hasta media espalda era de la misma tonalidad del de Harry. Sus ojos negros y expresión amable escudriñaban a Harry, que solo atinaba a rehuir su mirada.
--Entonces, Harry. ¿Cuándo la vas a traer a la casa? Me muero por conocerla.
--Dobby, por favor en mi recámara deje una carpeta sobre la cama, tráela—Harry hizo oídos sordos a la pregunta de Nahiara.
--Sí, Harry Potter, señor—Dobby apareció en el comedor, frente a la gran mesa de pino y acabados elegantes en la que comían; hizo una gran reverencia y desapareció enseguida.
--¡Harry te estoy hablando!—
--Te escuché, Nahiara. —Harry hundió su rostro en el periódico.
--Por favor. ¡Harry!—rogó la jovencita.
--Está bien, está bien. Hoy en la noche. Ahora por favor déjame terminar esto.
--¡Gracias, Harry!—Nahiara abandonó su plato de cereal con leche y se acercó al pelinegro para abrazarlo. Le emocionaba saber que conocería a Hermione Granger, la reconocida modelo.
--Tenga, Harry Potter, señor—Dobby apareció a un lado de Nahiara y de Harry con una carpeta, que le extendió al mago con la usual reverencia.
--Gracias, Dobby. Ve a arreglarte Nahiara que tu profesor llegará pronto. —dijo el mago, consultando su reloj.
--Pero, Harry. ¡Tenis el sábado, quería ir de compras. —Harry se la quedó viendo, con una mirada que la muchacha sabía que no tenía de otra. —Está bien, Harry—y desapareció de la estancia rumbo a su habitación.
El pelinegro abrió la carpeta que le trajera Dobby y revisó su contenido. Chequeó unas hojas y sonrió. Miró a Dobby que seguía de pie junto a él y se levantó de su asiento; casi no tocó su desayuno.
--Dobby, por favor encárgate del auto que voy a salir. Solo una capa de cera.
--¿A cual de todos, Harry Potter, señor?—
--El A5. Por favor. Tras decir esto, Harry despareció rumbo a su habitación. La jornada que tenía por delante iba a ser larga.
—C☻P—
--Está decidido, este es—Ron sostenía un precioso anillo de oro con un gran diamante en su centro.
--¿Seguro? Es bastante caro—dijo Harry, arrimándose al aparador de la joyería en la que habían entrado, examinando el papelito con el precio, que colgaba de un fino hilo amarrado al anillo.
--Sabes que el dinero es lo de menos. —Ron dejó de observar emocionado la joya para mirar a Harry. —Definitivamente, este es. Me lo llevo. —espetó.
--Es una excelente elección, señor—dijo una joven del otro lado del mostrador, que atendía la joyería del centro comercial en la que estaban los amigos.
--Si tú dices, Ron. Aunque viéndolo bien, lo más seguro es que a ella le encantará—
—C☻P—
--Me alegro que este claro todo, Seamus. Ahora si podré dedicarle más tiempo a Nahiara y al asunto del orfanato. —dijo Harry, estrechando la mano de Seamus.
--Eso será lo mejor. Tienes bastante descuidada a esa niña, deberías hacerle más caso a Ron. —Harry bufó con el comentario de Seamus— Además, el asunto del perfume esta casi terminado, Harry. Un par de semanas más y registraré la patente. Lo de la publicidad corre por mi cuenta. Hablaré luego con Percy, para ultimar los detalles y dar comienzo a la campaña—dijo Seamus.
Tras comprar el anillo de compromiso, Harry y Ron se encontraron con Seamus en la oficina, quien luego de un viaje de negocios, regresó para encargarse del nuevo lanzamiento de la compañía de Harry, un perfume que prometía engrosar considerablemente la de por si ya abultada cuenta bancaria de Harry.
--Todo arreglado, amigos. Ahora bebamos un poco—dijo Ron, notablemente emocionado. Convocó del aparador de Harry una botella de coñac y tres copas de cristal, que se encargó de servir ante la mirada atónita de sus amigos.
--¿Imagino que esto es para celebrar algo, o no?—inquirió Seamus, agarrando el vaso que le ofrecía Ron.
--En efecto, mí querido Seamus. Celebramos que pronto me caso con Luna. — Seamus, que había dado el primer trago a su copa, se atragantó ligeramente con la noticia. Harry esbozó una sonrisa, mientras tomaba un sorbo de coñac.
--¿Te echarás la soga al cuello?—preguntó Seamus, examinado el semblante desenfadado de Ron— ¿La embarazaste acaso? Te dije que las pociones solas no eran de fiar, los condones ayudan, ¡y bastante!—exclamó sobresaltado Seamus. Sus amigos se limitaron a mirarlo extrañados.
--No esta embarazada, todavía—dijo Ron. —Aunque no hay nada que me alegraría más, en realidad me encantaría tener hijos con ella—
--Sino esta embarazada ¿Por qué te casas?—preguntó Seamus, aún no daba crédito a las palabras de su amigo. Bebió de una el contenido de su copa y la llenó de nuevo.
--Porque está enamorado, tonto. Por eso es que se va a casar con Luna—dijo una atractiva pelirroja, atravesando la puerta de la oficina y caminando hasta los amigos. Ron y los demás se voltearon a ver a la mujer y le dirigieron una amable sonrisa, excepto Seamus, quien aún procesaba el asunto del matrimonio de Ron. Vestía un pantalón de tela habana, una blusa blanca de cuello alto y un saco que hacía juego con el pantalón. Sus zapatos de tacón, dorados, la hacían ver más alta de lo que era.
--Aaahh, enamorado. Eso explica muchas cosas, Ginny—dijo Seamus, con la misma elocuencia de quien descubre que el agua moja.
--Hola, cazadora estrella. ¿Cómo estás?—dijo Harry, acercándose a ella y besándole en la mejilla.
--Hola, guapo. Cuánto tiempo—respondió la pelirroja, abrazando emocionada a Harry.
--¿Y no vas a saludar a tu hermano, yo también te he extrañado—dijo Ron, con un tono de falsa indignación, cruzándose de brazos.
--Claro que sí Ronnie-pooh, ven dame un abrazo—Ginny se abalanzó sobre su hermano para abrazarlo.
--Te extrañe mucho, tontita. Y no me digas así—dijo Ron en un susurro, al romper el abrazo con su hermana.
--Hola Seamus, tanto tiempo—Seamus y Ginny se abrazaron afectuosamente.
--Hola, Ginny. Felicitaciones por la copa. El último partido fue de antología—dijo Seamus, separándose de Ginny y examinándole de forma descarada de pies a cabeza, lo que hizo que las mejillas de ella se tornaran ligeramente carmesí.
--Gracias—atinó a decir ella; luego dirigió su atención a su hermano, que seguía con su vaso en la mano. —Me enteré que Hermione está de vuelta en la ciudad, ¿donde se está quedando? Me encantaría verla—
--Se está quedando en el Hilton, hoy comeremos con ella en casa de Harry. Ahí la podrás ver—dijo Ron, luego bebió un par de sorbos a su copa.
--Llega a las siete, conversaremos un poco, tomaremos algo y comeremos muy bien—dijo Harry, invitando así a la pelirroja, volviendo luego a sentarse tras su escritorio.
--Comer muy bien, eso suena excelente—dijo Ron, esbozando una sincera y hambrienta sonrisa.
--Bueno, tengo que irme ya. Gusto de verte de nuevo, preciosa. Te ves muy bien—dijo Seamus, arrastrando las palabras y le guiñó un ojo a Ginny—Y no te preocupes, Harry. Lo que conversamos dalo por hecho—bebió de un solo trago el contenido de su vaso y sin más, Seamus desapareció de la oficina.
--¿Este que se trae contigo?—inquirió Ron, observando a su hermana; quien sonreía divertida de la actitud del castaño.
--¿Celoso, Ronnie-pooh?—preguntó Harry, tratando de molestar al pelirrojo.
--¿De Seamus?¡Por favor!—exclamó Ron, dirigiendo una mirada asesina a su amigo.
--Bueno, para tonterías ya tuve bastante—espetó Ginny. —Yo solo quería saber de Hermione y saludarlos, así que también me voy ya—
--¿Para dónde vas?—preguntó Ron.
--A la Madriguera a recoger una ropa y a ver a mis papás, luego me voy para el departamento—
--Cuídate bastante, Ginny—dijo Harry, con una sonrisa—Te espero temprano y felicitaciones por la copa—
--OK, Harry. Me saludas a Nahi. Nos vemos ahora, muchachos—dijo Ginny, se despidió con un ademán y desapareció. Harry tosió un poco, tras terminar el contenido de su copa. Miró a Ron, que parecía aún molesto por la actitud de Seamus.
--¿A las siete, Harry?—
--A las siete, Ron—El pelirrojo dio un último sorbo a su copa y desapareció.
—C☻P—
Hermione viajó alrededor de media hora desde su hotel hasta la campiña. Conducía emocionada, el trabajo la tenía casi muerta y lo que más le apetecía era ver a sus amigos. Vestía unos jeans a la cadera, una sencilla blusa roja strapples y una chaqueta café; el frío nocturno se hacía sentir. La luna comenzó a aparecer, tímida, en el cielo, acompañada de las estrellas. Una perfecta noche de otoño, pensó Hermione.
Aparcó el auto que le facilitare el Hotel, una Ford Explorer® negra, frente a una gran casona de ladrillo enlucido y enormes ventanales. Tenía unos tres pisos y una amplia terraza. La estructura parecía relativamente nueva; rodeada de árboles y muchas flores silvestres, le recordaba bastante a la Madriguera.
Bajó de su auto, caminó hasta el portón y tocó el timbre. La puerta se abrió al instante, pero no vio a nadie, solo el recibidor, bastante iluminado.
—Señorita Hermione, cuanto tiempo. Pase, pase—Con su usual reverencia, Dobby invitó a pasar a Hermione.
--Gracias, Dobby. Es bueno volver a verte—caminó con paso resuelto. El recibidor, de paredes verde pálido y unos cuantos cuadros lucía sobrio, a cada lado de la habitación había una escalera, ambas llevaban a un segundo piso, un corredor con una baranda en blanco hueso, a manera de balcón. Luego Dobby la condujo por el corredor en medio de las escaleras hasta la sala, una amplia estancia decorada en amarillo, en su centro un juego de muebles de cuero blanco y una mesita baja de cristal en forma circular. En el costado derecho una chimenea con acabados de mármol, al igual que el piso. Sobre el otro costado, una puerta de caoba oscura y, tras los muebles, toda la pared era adornada por libreros copados hasta el techo, en alguna de las repisas se veían portarretratos y uno que otro adorno.
--En este momento le aviso al Señor, tome asiento por favor—dijo Dobby, indicándole una de las butacas frente al fuego, para salir luego de la habitación.
--Gracias Dobby—
Hermione inspeccionó la sala, le parecía un cuarto muy agradable, hogareño. Se acercó al librero y revisó los enormes tomos que ahí reposaban. Se emocionó al ver La divina comedia, uno de sus favoritos de la juventud, lo tomó y lo ojeó. Lo dejó luego donde estaba tras inspeccionarlo y un portarretrato dorado le llamó la atención. Una foto mágica de Harry con una pequeña niña pelinegra, de unos diez u once años, saludaban felices; a las espaldas de estos se veía la Madriguera.
--Hola—el repentino saludo sacó a Hermione de sus cavilaciones, se volteó y se sorprendió al ver a la misma jovencita pelinegra de la foto, solo que mayor.
--Hola—saludó la castaña.--¿Quién eres?—
--Soy Nahiara Nader—Se acercó a Hermione y le extendió la mano a manera de saludo, esta estrechó la mano y le sonrió a la jovencita.
--Yo soy Hermione Granger, una amiga de Harry—
--Ya se quien eres, Hermione. Toma asiento, por favor, Harry no demora en bajar—con un ademán le indicó el mueble mas próximo a la chimenea, donde ambas tomaron asiento; se sonrieron y Nahiara miró la foto en el portarretrato que aún sostenía Hermione.
--Esa es de la primera vez que estuve en la Madriguera, tenía diez años, creo—Nahi tomó la foto en sus manos y la contempló, perdiéndose en sus recuerdos.
--Es un lindo lugar, me gustaba ir en vacaciones. —La castaña observó a la joven--¿Cuántos años tienes, Nahiara?—preguntó Hermione, sonriéndole a la jovencita.
--Tengo quince—
--¿Visitas mucho la Madriguera?—inquirió Hermione.
--Solo de vez en cuando, es muy parecido a aquí. Solo que allá puedo perseguir a los gnomos, y tirarlos muy, muy lejos—dijo divertida la jovencita, mirando al fuego en la chimenea—
--La señora Weasley más de una vez nos puso a Harry, a Ron y a mí a desnogminizar el jardín.—Hermione hizo una pequeña pausa, remembrando con cariño su juventud— De verdad era divertido, aunque los muchachos siempre se quejaban—
--¿Quiénes se quejaban, Hermione?—preguntó Harry, entrando a la sala.
--Te extrañe mucho—dijo ella, levantándose del asiento y acercándose a él, para abrazarlo.
--Yo más—la asió por la cintura, abrazándola fuerte y se separaron un poco, solo para besarse, muy apasionadamente.
--Vaya—dijo Nahiara, arrastrando las palabras, sorprendida al ver a Harry y a Hermione besándose.--¡Y así no la querías invitar!—
Harry tosió un poco, algo azorado por el comentario de Nahiara.
--¿Cómo que no me querías invitar?—inquirió Hermione, con un tono de falsa molestia y llevando las manos a su cintura.
--No es lo que piensas, preciosa—Harry dio un par de pasos y se sentó donde antes lo estuvieron ellas—La oficina ha sido bastante complicada esta semana en particular, pero no he hecho más que pensar en ti. —confesó Harry, mirando con ojitos de cachorro desvalido a Hermione.
--¡Hermione!—gritó Ginny a todo pulmón, entrando de pronto en la sala, acompañada de Ron y Luna.
--¡Amiga!—gritó también Hermione, corriendo al encuentro de la pelirroja. Se abrazaron emocionadas un buen rato, la felicidad se podía casi palpar dentro de la casa de Harry. Se separaron y ambas se miraron, examinándose mutuamente,
--Estas preciosa, Herms. ¡Me encantan tus abdominales!—dijo Ginny, pasando una mano por el plano abdomen de la castaña.
--Gracias, amiga. La profesión así me lo requiere—dijo Hermione con una sonrisa y guiñándole un ojo—tú también te ves regia.
--Gracias—atinó a decir Ginny, sonriendo ampliamente.
--Es bueno volver a verte, Hermione—dijo Luna, llamando la atención de Hermione. Parecía que la castaña no había caído en cuenta de la presencia de Ron y su futura esposa.
--Luna, que gusto—se acercó a abrazar a Luna. Una vez separadas, Hermione examinó también a la rubia, se fijó entonces que ella ya no tenía el mismo semblante soñador y despistado del colegio, su mirada era toda seguridad y su atuendo distaba mucho de los ridículos adornos que usara alguna vez: vestía un pantalón de tela negra y un buzo de cuello alto que se moldeaba a su esbelta figura, además de unos zapatos de tacón bajo que hacían juego con su atuendo. Por último, Hermione saludó a Ron con un afectuoso beso en la mejilla. Luego Harry se aproximó a sus invitados y los saludó cordialmente, al igual que lo hizo Nahiara; al rato apareció Dobby, que parecía estar a la espera de alguna orden por parte de los recién llegados.
--Que les parece si nos sentamos—sugirió Harry, invitándoles con un ademán que tomaran asiento.
--Buena idea—contestó Luna. Y así lo hicieron. En el mueble más próximo a la chimenea se sentaron Harry, Hermione y Ginny, estas últimas muy emocionadas. Frente a ellos, en una butaca más pequeña, se sentaron Ron y Luna. Y a un costado, en un mueble individual, lo hizo Nahiara.
--Dobby, por favor trae cerveza de mantequilla y piqueos para los invitados—indicó Harry.
--Si, Harry Potter, señor—con su usual reverencia, Dobby desapareció de la estancia, en busca de las bebidas y los aperitivos.
—C☻P—
El comedor de la casa de Harry era una habitación bastante amplia, adornada con sendos óleos en las paredes. De su techo colgaba un candelabro que parecía muy antiguo. La mesa de cedro, era amplia y las sillas, de cedro también, se veían confortables. El elfo de Harry pasó la mayor parte de la tarde prácticamente "esclavizado" en la cocina. Preparó de todo; cordero ahumado, la especialidad de Dobby, cerdo con duraznos, corvina al horno, muslitos de pollo y una infinidad de postres, que iban desde soufflé de frambuesas a bavaroise de coco al ron.
Durante la cena, se entabló una muy amena conversación en el salón, Luna y Ginny bombardeaban a Hermione de preguntas, acerca de los lugares que pudo visitar mientras modelaba, las personalidades que conoció y demás; Nahiara escuchaba con fascinación todo lo que decía Hermione. Ginny conversaba los pormenores del último partido de la temporada, en el que se proclamó con las Holyheads Harpies por cuarto año consecutivo, campeona de la Liga de Quidditch inglesa. Luna, por su parte, comentó luego como dirigía ella en compañía de su padre, con mucho éxito, el diario El Profeta, que compraron hace un par de años, el buen momento que pasaba la relación de ella y Ron, y lo divertido de su pasatiempo casi oculto: ser detective privada.
--Si hubiesen visto el rostro del tipo ese, cuando su mujer lo descubrió en la bañera con el otro hombre—decía Luna, entre risas de los demás—Fue única. Si hubiese sabido usar un encantamiento desilusionador, les aseguro que lo habría usado.
--Eres terrible, Luna. ¿Y qué tiempo estuviste investigando el caso del infiel, ese?—preguntó Hermione, luego del ataque de risa.
--Con el trabjo en El Profeta, no disponía de mucho tiempo, pero no fue más de una semana—respondió la rubia, mientras llevaba a su boca una porción del soufflé.
--Y después de eso, ¿qué sucedió con aquella pareja?—inquirió Nahiara.
--Lo último que supe, fue que iniciaron el tramite de divorcio—Luna tosió un poco—Y el marido se fue a vivir con su musculoso y varonil amante.
--¿Era atractivo el gay ese?—preguntó Ginny, cuando hubo terminado su porción de corvina.
--Era como para comérselo—respondió Luna, con una enorme sonrisa; a la vez que Ron le dirigía una mirada de falso enojo—aunque no tanto como mi último caso—
Luna les contó entonces como investigando una muy normal sospecha de infidelidad, descubrió que el distante y cambiado marido, estaba así porque se dedicaba a la venta de sustancias psicotrópicas. Luna ganó notoriedad ante los medios cuando proveyó las pruebas a la policía para desarticular una gran organización de vendedores de drogas.
—C☻P—
La noche fue sencillamente deliciosa, como lo pensó en algún momento de la velada Ron, mientras decidía si devorar primero el pie de peras o la torta de guineo; la conversación con los amigos de la juventud era jovial y muy animada. Cuando Harry iba por su segunda porción de flan de fresas, su postre favorito, Dobby apareció en el comedor.
--Harry Potter, señor—Harry alcanzó una servilleta y se limpió disimuladamente restos del flan que tenía en la mejilla.
--Dime Dobby. ¿Pasa algo?—
--Si, señor. Afuera lo busca una señorita—Ron bufó al escuchar esto, sin dejar de comer por supuesto, mientras que Nahiara dejó escapar un largo suspiro.
--Sabía que la tranquilidad en esta casa no podía durar mucho—murmuró la jovencita pelinegra, dedicándole una mirada reprobatoria a Harry. El aludido evitó la mirada olímpicamente, y consultó su reloj.
--Gracias, Dobby. —Harry miró dubitativo a Hermione, la castaña alcanzó a divisar en su semblante nerviosismo. —Seguro no es nada importante, sigan comiendo por favor— se levantó de la mesa, muy despacio, dirigiéndose hacia el pasillo que daba al recibidor, pero no alcanzó a dar mas de tres pasos porque casi es arrollado por un par de brazos que se aferraron a su cuello.
--¡Mi amor!—exclamó una exuberante mujer de cabellos negros ensortijados y ojos azul profundo, mientras se lanzaba al cuello de Harry y lo besaba apasionadamente. —No sabes cuanto te he extrañado, cosita—continuó la mujer, sin separarse de Harry y volviendo a besarlo, parecía no importarle en lo más mínimo el gentío enfrente de ellos. Nahiara hizo una mueca de repulsión cuando vio como volvían a besarse Harry y la mujer de cabellos negros, que a Luna le pareció muy divertida. Todos los presentes en la mesa miraban extrañados aquella escena, pero solo una sintió, al ver eso, como si algo se le desgarrase por dentro: un cúmulo de esperanzas y deseos que se rompían en cientos de pedazos, la esperanza de una relación con Harry y el ferviente deseo de volver a ser feliz; sentirse amada otra vez.
Ho-hola—alcanzó a decir Harry, en un hilo de voz. Separándose a la fuerza de la mujer, que no tenía intención de romper el abrazo—Es bueno volver a verte, Bianca—
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