Capítulo III

Una noche memorable

--Y eso fue lo que ocurrió. Nada más ni nada menos—relataba Hermione, bebiendo té de una pequeña taza de porcelana.

--A decir verdad, no te ves muy afectada que digamos—aseguró una masculina voz, arrastrando palabras. Él estaba sentado frente a ella, en el patio trasero de su lujosa mansión; árboles enormes, pájaros cantarines y una piscina en forma de ocho los contemplaban, mientras bebían té, comían galletitas de jengibre y conversaban animados. No eran amigos, pero quien no conociere su pasado de rivalidades y enfrentamientos habría asegurado que lo eran.

--Disimulo bien, Draco. Es parte de mi trabajo—

--¿Te das cuenta que es la primera vez que me llamas por mi nombre, Granger?—Inquirió Draco, terminando de beber su infusión.

--No me fije. Si te molesta, no lo hago más—replicó Hermione, sin prestarle atención al hecho de llamarle por su nombre a Malfoy.

--Todo lo contrario, me encanta como suena mi nombre en tus labios. —Draco sonrió ampliamente—tus hermosos labios—continuó, ensanchando más su sonrisa.

--Aquí vamos de nuevo—Hermione meneaba su cabeza, divertida, reprobando la actitud de galán empedernido del rubio.

Resultó que aquella mañana de otoño, Hermione sintió que los ánimos que la abandonaron durante toda la semana, regresaron por la mañana, invitándola a salir de su suite. No le apetecía ver a sus amigos, ni mucho menos a Harry, Eso había quedado claro tras no contestar las desesperadas llamadas de él, en toda aquella semana. Salió a manejar en el auto que le facilitare el hotel: la Ford Explorer de siempre. Manejar le relajaba bastante, a diferencia de muchas personas que lo encuentran estresante. Cuando se dio cuenta ya había salido de Londres, siguió conduciendo y llegó a Canterburry, lugar de su encuentro furtivo con Draco. Lo meditó un poco, no sabía porque, pero le pareció buena idea llegar a su casa aquel sábado por la mañana. Esperaba encontrarlo ahí, y no se equivocó. Él la recibió muy atento, cual amigo, la invitó a tomar té y a conversar; a lo que ella accedió gustosa.

--Ya hemos hablado mucho de mí—dijo Hermione, cruzando las piernas.

—Cuéntame de ti, Draco ¿Qué ha sido de tu vida?—

--¿Realmente te interesa saber que ha sido de mi vida?—

--¿Piensas que no?—Inquirió la bruja, con una gran sonrisa. Atrás fueron quedando las viejas rencillas, insultos y peleas sin sentido de la juventud.

--Me gustaría pensar que te interesa—confesó Draco, cruzando las piernas; su semblante pareció taciturno por unos momentos, mientras observaba a Hermione—

--Pues me interesa. Y bastante. ¡Así que me vas a contar!—exclamó la joven, divertida, invitando a que el rubio le contara sobre lo que había sido de él tantos años.

Así pasaron rápidamente las horas de la mañana, entre conversaciones y té, entre risas y galletitas de jengibre, entre miradas furtivas y coqueteos disimulados. Draco le contó como tras la muerte de su padre y el fin del Señor Oscuro, poco antes de su salida de Hogwarts, abandonó la práctica de la magia oscura y las siniestras costumbres de su familia. Inició un negocio de bienes raíces junto a un par de compañeros de Slytherin, que al igual que él, solo deseaban algo de paz en sus vidas.

--Para serte franco, los bienes raíces ya no son lo mismo que antes. Es lucrativo, eso sí, pero no emocionante. —Confesó Draco— Por eso, con mis socios pronto daremos un par de sorpresas—

--¿A qué te refieres con eso de sorpresas?—preguntó Hermione, mirando fijamente a los ojos del rubio.

--Mi nueva compañía de productos de belleza—respondió triunfalmente Draco.

--¿Tu compañía de productos de belleza?—La bruja parecía bastante divertida.

--Estudios demuestran que es un excelente campo de inversión, además, no esperaba que tú fueras a encasillarme con estereotipos descontinuados. Al hombre del nuevo siglo le apetece tanto como a la mujer, cuidar su imagen—A Hermione le tomó por sorpresa las intenciones de Malfoy, en definitiva no esperaba que un hombre como él, considerara seriamente en invertir en ese tipo de negocios.

--¿Y cuál sería el nombre de esta nueva compañía tuya?—preguntó algo azorada, Hermione, por el comentario anterior.

--Slytherin—

--¿Slytherin?—tosió Hermione.

--Así es. Me parece que puede ser un nombre muy comercial, es un nombre con mucho potencial, al igual que todos los que salimos de esa casa. Estoy seguro que competirá a la par con las compañías en el mercado—

--Entonces… ¿Serás competencia de Harry?—

--No. Yo no seré su competencia. Él será competencia mía. —

—C☻P—

--Tuve que aplicarme dos veces el encantamiento para eliminar olores—exclamó Harry, con aspecto apesadumbrado, bajando las escaleras de su casa.

--Te advertí que era mala idea tratar de aparecerse en la suite del hotel—farfulló Ron, regañando al pelinegro. —Y también lo hizo Nahiara. — La jovencita asentía divertida— Si que Hermione estaba preparada…hacer que aparecieras en el basurero municipal, te aseguro que no lo esperaba de ella—,los tres caminaban hacia la sala. Tomaron asiento en sendos muebles y el silencio se apoderó de la estancia. Harry observaba fijamente los leños crispándose en la chimenea, Ron jugaba nervioso con sus manos, mientras que Nahiara, con semblante desenfadado, jugaba con su celular. Así pasaron varios minutos, hasta que Nahiara chasqueó la lengua y se levantó del asiento.

--Harry, llegó esto en la mañana—Nahiara se llevó una mano al bolsillo interior de su abrigo de jean y sacó un sobre pequeño, dorado y que con trazos manuscritos, escribía el nombre de Harry. Lo entregó al pelinegro y volvió a sentarse junto a él.

--Esa es la invitación de Parvati—aclaró Ron, al ver la cara confundida de Harry, a la vez que abría el sobre. —La mía llegó ayer por la noche—

--Que bueno, me preguntaba para cuando sería la inauguración de su nueva galería—

--Según la invitación, es en cuatro días. El miércoles—apuntó Nahiara, leyendo junto a Harry la invitación.

--Será divertido, ¿recuerdas como fue su última exhibición en SOHO?—

--Como olvidarlo, Ron. Si casi no salimos completos de esa—dijo Harry, mientras en su rostro se dibujaba una extraña mueca que distaba bastante de ser sonrisa.

--¿A qué se refieren? ¿Qué sucedió en la última exhibición de Parvati?—

--Verás—comenzó Ron—eran golpe de nueve de la noche y yo había bebido bastante, salimos de la galería y…--Ron se vio interrumpido por una asesina mirada de Harry.

--¿Y?—preguntó Nahiara; Ron tosió algo avergonzado, rehuyendo la mirada asesina que su amigo aún le dedicaba.

--El resto te lo cuento cuando crezcas un poquito, tal vez en unos veinte o treinta años—

--¡Ron!—exclamó la jovencita, llevando los brazos a su cintura y adoptando un semblante amenazante.

--¿Saben qué es lo que siempre me anima?—preguntó el pelirrojo, cambiando el tema y evitando así el puchero de la muchacha, mientras que Harry y Nahiara le miraban expectantes.

--¿Comer?—respondieron al unísono los pelinegros, aunque por el rostro de Ron, esa no era la respuesta que esperaba de ellos.

--Vamos al casino. Jugamos un rato y bebemos algo en el bar—Harry consultó su reloj y luego observó de reojo a la jovencita pelinegra. —Recién son las cinco y cuarto. Si quieres volvemos temprano, Harry. Así cambias un poco de ambiente y—Ron hizo una pequeña pausa, eligiendo bien sus palabras para continuar—te olvidas de cierta hermosa castaña que, no te ha querido dar la cara en toda la semana—

--Anímate, Harry. La pasaremos bien, jugamos en los tragamonedas y en la mesa de punta y banca. —dijo Nahiara, zarandeando a Harry del brazo. El aludido consultó de nuevo su reloj y suspiró.

--Está bien, vamos. —Soltó al fin—pero tú te quedas—ordenó, señalando a Nahiara con su índice derecho, mientras se levantaba del mueble.

--¡Pero Harry, he ido cientos de veces con Ron y contigo al casino. Además…--Nahiara se vio obligada a detener sus alegatos para convencer a Harry, porque éste le dedicó una de sus miradas de "sino haces lo que te digo, ya vas a ver como te va"—Está bien. Me quedo—masculló la jovencita, cruzándose de brazos y sacándole la lengua a Harry. —Igual no quería ir.

—C☻P—

Harry y Ron llegaron al casino del Sheraton Four Points, alrededor de las seis de la tarde. Recorrieron el lugar, el ambiente era relajado. La gente apostaba en distintas mesas y metía monedas en las máquinas, esperanzados en ganar algo. Los amigos jugaron un par de veces en la mesa de blackjack, vale recalcar que sin mucha suerte y apostaron unos cuantos cientos en los dados. También con malos resultados; parecía que esa no era la noche de ninguno de los dos. Una vez derrotados se instalaron en el bar. Beber un par de tragos y conversar animados se vislumbraba como una excelente opción, tras perder bastante dinero; el barman, un hombre mayor, canoso y de abundante bigote de nombre Kevin, los atendió cordial; como siempre que iban a pasar la tarde al casino del Sheraton.

--Bueno, Harry. ¿Por qué no dejaste venir a Nahi con nosotros? Si sabes que le encantan los tragamonedas—

--Bien conoces que pienso que un casino no es un lugar para una jovencita, Ron. Apenas si tiene quince años. —

--Debiste decírselo entonces, recuerdo que cuando tenía su edad, detestaba que mamá me prohibiera ir con mis hermanos cuando ellos salían, sin siquiera darme motivos de peso—confesó el pelirrojo, remembrando su juventud. —Esperó que al menos si la lleves a la inauguración de la galería de arte—

--Claro que me acompañará, es un ambiente perfecto como para que una niña se relacione y disfrute de una tarde cultural—Ron Bufó, tomando un sorbo de su bebida—en cuanto a lo otro, no me gusta que nos vea tomar—Harry meneó un poco el contenido de su copa y lo bebió. —Excelente whisky, Kevin—

--Gracias, Señor Potter—

--Ni perder. —Susurró Ron, hizo una pausa y continuó— Te comento que pronto los gemelos abrirán su primera franquicia en América. Me aseguran que hay muchos inversionistas allá, interesados en Sortilegios Weasley—dijo el pelirrojo, bastante orgulloso de sus hermanos, mientras Kevin llenaba nuevamente su copa.

--Que bueno. Así Fred le compra aquellos muebles por los que Angelina le ha llorado tanto—rieron ambos—Si que es tacaño tu hermano, Ron. Con todo lo que gana—

--No es tacaño, es ahorrador—aclaró el pelirrojo, con aire solemne. —aunque ahora que lo pienso, te…lo que faltaba—Ron señaló con su copa, por encima del hombro de su amigo, la entrada del casino. Harry, que estaba de espaldas a las puertas de ingreso, instintivamente se giró sobre su asiento y apesadumbrado vio como hacía su entrada triunfal Bianca Carrara: la pelinegra, heredera millonaria, socialitè, y ex-prometida de Harry. Ella caminó con paso resuelto hacia ellos, llevaba un vestido blanco sin mangas ceñido a su figura, una diadema también blanca y unos zapatos de tacón color crema que hacían juego con su cartera pequeña; los hombres la miraban con devoción a medida que avanzaba, sin duda alguna era una muy hermosa mujer. Harry consultó su reloj, pero no lo cargaba.

--Que raro—murmuró Harry.

--Ya se que es rara. No sé como pudiste pensar en casarte con ella—

--Hablo de mi reloj—Harry se volteó hacia Ron—creí que lo cargaba. —

--Hola, cosita—saludó melosamente Bianca, dándole un beso a Harry en los labios—hola, Ron. ¿Cómo estás?—

--Excelente, Bianca, gracias. —Ron hizo una ligera pausa y se llevó la mano a la cabeza, en un ademán de haber olvidado algo.--¿Qué creen? Me olvide del violín en la mesa de Blackjack, así que me voy. Hasta luego. Nos vemos, Kevin. —

--Hasta la próxima, Señor Weasley. Vuelva pronto—se despidió el barman.

--Por fin solos, cosita—Bianca se acercó más al pelinegro, arrimando su espalda al pecho de Harry, y haciendo que este la estreche entre sus brazos. —Te he extrañado, cosita. Me quedé muy mal luego de que me pediste que me marchara de tu casa la otra noche, cuando se fueron aquella mujer castaña, Ron y los demás. Todos parecían conmocionados. ¿Qué extraño, no?—inquirió desenfadada la mujer, quien de haber visto el semblante en el rostro de Harry, habría preferido dejar la charla para otro momento—Además, creí que te gustaría saber que había llegado ya de mi viaje. Para mí fue un mes muy largo—Se volteó, dándole la cara a Harry, mirándole directo a los ojos, con ternura. Este, adoptó una postura de infinita paciencia para comenzar a hablar con ella. — ¿Me extrañaste no es así?—preguntó la mujer.

--Bianca, ya lo hablamos antes de que te fueras a París hace un mes—

--Me dijiste que necesitabas tiempo, Harry. —Colocó sus manos sobre los hombros del mago y sonrió— Me parece que un mes es más que suficiente para aclarar las ideas que hay en esa bella cabecita—aclaró la mujer, pasando sus delicados y largos dedos por los cabellos del mago. —Yo sé que tú me amas, Harry. Lo puedo ver en tus ojos. Debes dejar de temer al compromiso, y así permitirle al mundo entero saber que Harry Potter ha encontrado su verdadero y único amor—exclamó ella, con aire soñador. A Harry, su máscara de infinita paciencia comenzaba a caérsele a pedazos, no concebía como una mujer podía estar tan alejada de la realidad y ni siquiera darse cuenta.

--Bianca, por favor, no hagas esto más difícil de lo que ya es, yo amo a otra. Acaso no te das cuenta que yo no quiero nada contigo. Ya discutimos esto, mujer. —

--Ya hable con papi, él se encargará de conseguir el organizador para la boda, el viaje y los anillos. Yo personalmente me encargaré de las invitaciones, la decoración y las flores—Bianca río—habrá muchas, muchas flores.

--¡Por Merlín, mujer! ¿Qué parte de que no va a haber boda, que no va a haber viaje y que no va a haber ni una maldita flor no has entendido? ¡Rayos!—barbotó Harry, asiéndola por los brazos y alejándola de él, lo poco que le quedaba de su infinita paciencia se fue al trasto.

--Que susceptible estás hoy, cosita. Será mejor que dejemos lo de la organización de nuestra boda para otro rato. —Bianca se prendió del cuello de Harry con sus brazos, y le plantó un asfixiante beso en los labios, que el pelinegro tajó de inmediato; la tomó por los brazos nuevamente y le dedicó una mirada exasperada, a la que ella sonrió—Te llamo luego, cosita. Te amo—se despidió la mujer y se marchó. Harry, quien estaba de espaldas a las puertas de entrada del casino, se volteó para verla irse. "Como quisiera ahorcarla", pensó Harry.

—C☻P—

--Hola, pecosa. Que gusto verte pasa por favor—Dijo Hermione, abrazando a Ginny a la vez que abría la puerta de la suite del hotel donde se hospedaba.

--Gracias—Ambas caminaron hasta la sala, tomaron asiento, y Hermione convocó unas cervezas de mantequilla.

--¿Qué te trae por acá?—

--Te traje esto, Parvati me pidió que te lo entregará personalmente—Ginny abrió su cartera y sacó un sobre dorado, que extendió a la castaña.

--¿Qué es esto?—

--La invitación para la inauguración de la nueva Galería de Arte de Parvati—

--¡En serio! Me muero por verla, tenemos tanto que conversar—Hermione se detuvo en secó, arqueó una ceja, al fijarse en la extraña actitud de la menor de los Weasley. — ¿No viniste solo para entregarme este sobre, o sí, Ginny?—inquirió Hermione, escrutando a la pelirroja con la mirada.

--Somos amigas, no sé por qué dudas de mí—objetó, ofendida—Quería verte, así que aproveché que el coach del equipo se reportó enfermo. Además, andaba por el vecindario—

--Gin—

--¿Si?—

--¿Andabas por el vecindario? ¡Si las Harpies entrenan en Cambridge!—

--Está bien, está bien—replicó Ginny—no andaba por el vecindario, pero quería saber que ha sido de ti y Harry. Me quedé bastante preocupada cuando nos fuimos de su casa—Hermione respiró hondo, bebió de su botella y sonrió, tímida, a su amiga.

--Así que Harry te mandó—siseó la castaña.

--No es así, Hermione. Él no me pidió que viniera a verte, yo quería hacerlo, ya te dije que estaba preocupada por ti. No me contestas las llamadas, nunca estás en el hotel…llegué a pensar que te habías regresado para Nueva York—Confesó la pelirroja, llevando una mano a la rodilla de la castaña.

--Vamos, Gin. Te lo dije en casa de Harry aquella noche, regrese por ustedes, regresé para quedarme—

--¿Y qué hay de Harry?—

Hermione corrió un rebelde mechón tras su oreja y le dedicó una extraña mirada a su amiga.

--Fue iluso de mi parte creer que luego de tanto tiempo, lo que vivimos ambos seguiría como antes. —Hermione le guiño un ojo a Ginny—es mejor que me olvide ya de él—

--Estás muy equivocada, Hermione. Las cosas no son como tú piensas, Harry no tiene nada con esa loca—

--Yo los vi, Gin—murmuró Hermione, evitando la mirada de su amiga.

--Pues déjame decirte que lo que piensas que hay entre esa mujer y Harry dista mucho de la realidad—

--Mira, Gin. Yo sé que…--

--Tu no sabes nada—barbotó Ginny, interrumpiendo a su amiga—aunque si me dejaras, yo podría aclararte ciertas cosas que tú no alcanzas a comprender—la castaña examinó con detenimiento el rostro de la pelirroja. Sus facciones angulosas, sus pómulos y su nariz surcadas de pecas, el semblante obstinado que le caracterizaba y aquellos ojos marrones que no admitían un no por respuesta. Caviló por unos segundos más, hasta que se decidió.

--Soy toda oídos, Gin—

—C☻P—

--Gracias por el número de Lavender, me muero por verla a ella también. Talvez podamos reunirnos otro día las tres a tomar algo y seguir platicando. —

-- Claro. Me encantaría, Hermione. —Parvati sacó del bolsillo interior de la chaqueta de terciopelo roja que vestía, una tarjeta de presentación, que le extendió a la castaña. — Toma, este es mi número. Llámame para ponernos de acuerdo—

--Te lo prometo, ahora vete, no quiero que digan que te estamos monopolizando o algo parecido—bromeó Hermione, con un ademán.

--Estaré por aquí, dando una vuelta a los posibles clientes. Espero que la exhibición sea del agrado de ambos—

--Me encantó verte, Parvati. —

--A mi también. Me llamas, no te olvides. —La bruja sonrió. — Me dio gusto verte nuevamente, Malfoy. —

--El gusto ha sido mío, Parvati—dijo Draco, con su peculiar y seductor arrastre de palabras. Hizo una ligera venia, tomando la mano de Parvati y depositó un suave beso con la comisura de los labios—Estoy seguro que esta exhibición será un éxito—

--Por favor, vas a hacer que me ruborice—río con disimulo Parvati—ahora, si me disculpan—La joven caminó entonces hacia la entrada de la galería, a platicar con una pareja, que observaba encantada una pintura con motivos florales; aunque en el trayecto casi tropezó en dos ocasiones, por voltearse para observar como Malfoy aún le sonreía.

Hermione arqueó una ceja, con un divertido mohín en su rostro.

--¿Qué?—preguntó Draco, también arqueando una ceja.

--¿Qué fue eso?—

--No entiendo—

--¿Siempre eres así?—

--No depende de mí, Hermione. Soy lo que ves—aclaró el rubio, tomando por el mentón el rostro de la castaña. El corazón le golpeó con tanta fuerza contra el pecho, que en un momento pensó que se le iba a salir de su sitio. — ¿Sientes la tensión en el aire, o soy solo yo?—

No había forma de que pudieran negar su pasión. Los rodeaba como un rayo durante una tormenta, despidiendo chispas en el aire y creando una atmósfera que se estaba volviendo cada vez más opresiva, con cada segundo que pasaban juntos.

--Creo que tu barómetro se descompuso, Malfoy. O tal vez lo que sucede es, que tus galanterías, tu actitud de varonil seguridad y tu sonrisa de ensueño no surten efecto en mí—soltó Hermione, tomando también al rubio por el mentón y moviéndolo lentamente, como jugando. Las palabras, el tono intenso y profundo con el que las pronunció y la mirada sensual con las que las acompañó, todo junto, le hicieron sentir al Slytherin un escalofrío de anticipación, emocionándose cada vez más con la idea de hacer suya a Hermione.

--¿Qué es lo que estás buscando, Malfoy?—le preguntó con acritud Harry, que dado el intenso momento en el que estaban enfrascados Draco y Hermione, llegó a su lado sin que se percatasen de su presencia.— ¿A alguna otra mujer a la que puedas destrozarle la vida?—

Su ácido comentario fue recibido con una mirada larga e inquisitiva del rubio, que empeoró el ya incómodo vacío que comenzaba a sentir Hermione en el estómago.

--¿Qué quieres de mí, Potter?—inquirió Draco, dando un par de pasos para quedar así frente a Harry, en una actitud desafiante y orgullosa, digna de un Malfoy.

--De ti no quiero nada. Solo deja de acosar a Hermione—

--¡Harry!—espetó indignada Hermione. — Yo lo invité, le pedí que me acompañara. No te imagines cosas que no son— La concurrencia del evento empezó a lanzar miradas reprobatorias, por la escena que presenciaban.

--¿Le pediste a…—Harry meditó sus palabras, haciendo una pausa mientras miraba de los pies a la cabeza al rubio— a esta serpiente que te acompañara? ¿Qué te sucede, Hermione?—barbotó el pelinegro, dedicándole una mirada severa a la castaña.

--Cuida tus modales, Potter. O te aseguro que tu único pesar cuando te levantes mañana, no será solo el haber hecho el ridículo en esta galería—Malfoy apuntó con su índice derecho a Harry, en un gesto provocador.

--¿Me amenazas?—Harry avanzó un poco más, quedando mucho más cerca del rubio, a la vez que se apuntaba a si mismo en el pecho— ¿Malfoy, me estás amenazando? ¿A mí?— la contienda parecía inminente.

Para Hermione, la incomodidad y el bochorno público se estaban convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza. Escuchaba la murmuración de las personas, golpeándole los tímpanos y sentía las miradas enfadadas y reprobatorias de las que era blanco. Sentía también todos sus nervios en tensión, como agujas que se clavan en la piel, como cuando la sangre vuelve a un brazo dormido, pero multiplicado por cien

--¡Paren ya, por favor!—espetó la bruja, sin poder ocultar el temblor en su voz. El grito de ella pareció por un momento dominar a los enfrentados. Harry se llevó una mano al cabello y se masajeó la nuca; Draco respiró muy hondo, pasó la lengua por sus labios y miró a Hermione.

--Me voy ya. ¿Quieres que te lleve?—Inquirió el rubio, sin aparatar la vista de los marrones ojos de la mujer.

--Lo siento, Draco. Pero será mejor que me regrese al hotel sola. —Harry resopló al escuchar esto, mirando a Draco con desprecio y odio.

--Si es lo que deseas…cuídate—Malfoy comenzó entonces a caminar hacia la salida, pero luego tan solo de dar unos cuantos pasos, volteó y examinó a Harry de pies a cabeza. --No vales nada, Potter—soltó con amargura. Continuó caminando, perdiéndose de vista.

Sentía que la sangre le hervía en las venas, un desmesurado odio y deseo de destruir al rubio comenzó a apoderarse de él, pero este instinto se vio reprimido cuando observó el semblante taciturno de Hermione, en sus ojos podía distinguir claramente su decepción.

--Hermione, no creas que…--

No llegó a terminar la frase. Sin siquiera pensarlo levantó la mano y le dio una bofetada. El ruido de la palma de la mano contra el rostro de Harry sonó fuerte, casi retumbando en toda la galería.

Harry tragó saliva y se quedó mirándola a los ojos.

--No puedo creerlo de ti, Harry. ¡Eres un idiota!—le insultó, poniendo todo el odio que pudo encontrar en su cuerpo. Dio una vuelta y se marchó, entre mordaces comentarios y miradas de censura y reproche de la gente.

—C☻P—

La noche se perfilaba bastante mala desde antes incluso de salir de casa. Nahiara había caído con gripe y el Doctor le ordenó quedarse en cama reposando. Ron tenía interminables pilas de papeles acumulados por revisar en el trabajo, teniendo que desistir a la idea de ir con su amigo a la galería; así que Harry tuvo que acudir al evento de aquella noche solo. Lo que no sabía era que, tras la bochornosa escena de la que fuera parte en la galería, la situación solo empeoraría más, empeoraría más por culpa de Draco Malfoy.

Entró a su habitación sin encender las luces, conocía de memoria la ubicación de sus efectos personales. Su enorme cama, el escritorio, las cómodas, los asientos junto al ventanal que daba al patio, el guardarropa de cedro, y su librero junto a la puerta que conectaba al baño.

Se dio un baño con agua helada, eso siempre le servía para despejarse. Repasaba mentalmente todo lo acontecido aquella noche, mientras las gotas se estrellaban inclementes contra su desnudo cuerpo: las personas murmurando, el rostro exacerbado de Hermione, la actitud desafiante de Malfoy… ¿Qué hacía Malfoy con ella? ¿Cómo era posible que le pidiera a aquella serpiente, a aquel ser despreciable que le acompañase a un evento del que se hablaría durante semanas? La simple idea de verlos juntos era algo inconcebible. ¿Se frecuentaban acaso? Notó un halo extraño rodeándoles, se veían compenetrados, como cómplices. ¿Imaginaba cosas?

El efecto refrescante y tranquilizador del agua le abandonó cuando salió de la ducha. Las ideas se aglomeraban dentro de su cabeza, eran tantas cosas a la vez, eran tantas cosas que sintió asfixiarse.

Un timbre le sacó de sus cavilaciones. Su celular sonaba sobre la cómoda.

--Potter—

--Harry, soy yo, Seamus. Hasta que por fin te localizo. He tratado de comunicarme contigo toda la tarde. ¿Sabías que el chiste de los celulares es que los lleves a donde vayas?—

--Seamus, amigo. En este momento no quiero saber nada. Hablamos mañana ¿te parece?—

--Harry, lo que tengo que decirte no puede esperar hasta mañana—El pelinegro tomó asiento sobre su cama, respiró hondo tratando de ordenar sus ideas, se acomodó la toalla que llevaba atada a la cintura y prosiguió.

--Te escucho—

--Veras—tosió Seamus—En la tarde estuve por la oficina de patentes, para registrar el perfume que lanzaríamos estas navidades, ya sabes de cual te hablo—

--Claro, claro. —

--Resulta que la fórmula ya fue patentada—lo que oyó Harry, en un principio le pareció una de las cómicas ocurrencias de Seamus, pero aquella noche el no estaba como para eso.

--Seamus, por favor. La cabeza me mata, déjate de bromas—

--Vamos, Harry. Sabes que nunca bromearía con algo como esto. —

--¿Es en serio entonces? ¿Sabes lo que significa esto?—

--Así es, Harry. Espionaje corporativo. —El pelinegro tragó en seco, nunca hubiese esperado una llamada de Seamus, alrededor de la media noche, para informarle que algún bastardo había vendido al mejor postor millones en investigación y desarrollo de fórmulas; aunque después de lo que vivió en la galería, pensaba que ya nada podría sorprenderle. "Draco y Hermione, espionaje corporativo, esto debe ser una cruel broma del destino, que se empecinaba en no permitirle un momento de tranquilidad", pensó Harry, a la vez que masajeaba su sien derecha.

--¿Sigues ahí, Harry?—

--¿Sabes quien la registró?—

Seamus tenía una tonta expresión en el rostro, que de haberla visto Harry, habría sospechado que las cosas no eran lo que parecían.

--Está registrado a nombre del Consorcio Malfoy—

¿Qué les ha parecido? ¿Les ha gustado? ¿No les ha gustado? Espero que sí, ya que es relativamente complicado escribir un FF, aún considerando que lo hago para desestresarme.

¿Esperan que Hermione perdone a Harry, ahora que Ginny le contó la verdad sobre Bianca?

¿Será que Draco consigue enamorar a Hermione, haciendo que olvide al pelinegro de los ojos verdes para siempre?

¿Acaso Harry consigue solucionar los problemas en la empresa, evitar que Malfoy le arrebate lo que es suyo y hacer que los lectores me dejen reviews? Ojalá que sí!

¿Quién es Nahiara Nader y qué papel juega dentro de la historia?

¿Piensas que es un Draco/Hermione o un Harry/Hermione?

Las respuestas a estas y más interrogantes que se irán planteando conforme avance la trama, solo las podrás averiguar si sigues leyendo…y dejas reviews.

Vamos, que un review no cuesta nada, y eso me anima a escribir un siguiente capítulo con más acción, romance, desengaños y peleas por el amor de una hermosa castaña…

Pilas…

Eduardo Monar

Abogado de profesión

Escritor y farrero por vocación

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