Mis queridos lectores;
Antes de que procedan a leer este capítulo quisiera decir tres cosas:
Primero: En la posdata del capítulo anterior escribí que pronto se daría el primer encuentro de tipo "sensual" entre Draco y Ginny, ya que la gente así lo había pedido. Que no es lo mismo decir que Draco y Ginny terminarían juntos, o tal vez sí; todo depende de lo que pidan en los reviews, ja, ja, ja (entiéndase risa malvada)
Segundo: Perdón por la demora, pero los exámenes en la facultad me han tenido prácticamente confinado a la biblioteca, y no he podido escribir a mi anchas. Prometo actualizar en menos tiempo.
Tercero: Gracias a: pammelitagpw, Balu, dAnYhErMsHP, FrancisCatri, GeoBell, policp, Ebdaly Granger, chokolatito19, james p, Maxia de Malfoy, malena, lunàtik, adonis, helena Malfoy, heli Malfoy, CISSY BLACK, AndreW PotteR, Zorion, EmmaPotter, joyce, feña, Nohemí, Darkgranger, Dafi y a todos aquellos que han dejado reviews, y a los que no,… br Aveda Kedavra! /br
Capítulo VI
Juego de Seducción
La mañana londinense se perfilaba perfecta: cielo despejado, temperatura agradable, acompañada de una refrescante brisa, y el cálido sol, iluminando el firmamento.
Los rosales alrededor de la casona de Harry, estaban cubiertos del límpido rocío matinal, al igual que la grama en las inmediaciones.
Harry terminaba de vestirse en su habitación; el día anterior había sido bastante pesado, y comenzaba a sentir que los problemas de la oficina lo consumían. Por eso, como no hacía ya hace algún tiempo, salió a recorrer junto a Ron algunas de las escuelas que su fundación patrocinaba, buscando distraerse momentáneamente del cúmulo de obligaciones y problemas que le asfixiaban.
--Harry Potter, Señor. Tiene visitas—dijo Dobby, ingresando a la habitación del ojiverde.
--¿Ya llegó Seamus?—
--No es el Señor Seamus—
--Entonces, Dobby. ¿Quién es?—
--La Señorita Hermione—
A Harry casi le da un vuelco el corazón, cuando escuchó la respuesta de su elfo doméstico, y por poco se asfixia mientras hacía el nudo de su corbata.
--¿En serio, Dobby? ¿Hermione está abajo?—preguntó Harry, con voz entrecortada.
--Así es, Señor. Le está esperando en la sala. —
--Gracias, Dobby. En un momento estaré con ella. —
--De acuerdo, Señor—concluyó Dobby, mientras salía de la habitación.
Con el corazón latiéndole intensamente en el pecho, y las manos temblando, Harry salió de su habitación y bajó las escaleras; llegó a la sala y la vio: ella de pie frente al librero, serena y callada, sosteniendo un portarretrato en sus manos, contemplando una foto que Harry creyó haber sacado de ahí hace bastante tiempo.
Se acercó un poco más, y con tono dubitativo la llamó:
--Hermione—
Ella dejó el portarretrato sobre la repisa y se giró lentamente para observarle; a Hermione le pareció que habían pasado años sin ver a Harry, y aunque en cierto modo así era, aquella sensación de lejanía e inseguridad le duró muy poco, ya que con la sincera sonrisa de Harry y su profunda mirada esmeralda, pronto se vio embargada por una calma especial, una calma propia de los enamorados.
--Hola, Harry. ¿Cómo has estado?—preguntó la castaña, con tono casual. Como sin no hubiesen discutido de mala manera hace algunos días.
--Bastante bien y ¿tú? ¿Cómo va lo de la campaña publicitaria?—
--Terminamos la semana pasada. Oficialmente estoy de vacaciones—comentó ella, tratando de impregnar en su voz un ligero tono de entusiasmo.
--Me alegro por ti. Y ¿qué planes tienes en mente ahora?—preguntó Harry, dando un par de pasos hacia ella.
--Por ahora solo quiero relajarme. Encender incienso y leer un buen libro está entre mis prioridades—le contestó, mirando a sus ojos verdes con una extraña expresión, que Harry no supo definir en ese momento, a la vez que también daba un par de pequeños pasos adelante.
Se hizo entonces un silencio en la sala, que era interrumpido únicamente por el indiferente ruido, que hacía Dobby mientras enceraba el comedor. Un silencio que ambos aprovecharon para aclarar con sus miradas los anteriores malentendidos, un silencio que les envolvía, y los llamaba a entregarse el uno al otro.
--No sabes cuanto me alegra que estés aquí—dijo Harry, casi en un susurro, acercándose a ella y posando las manos sobre su delicada cintura, sintiéndola exultarse con el roce de sus dedos.
Ella le miró de una forma mucho más profunda; podía advertir el calor que emanaban los ojos verdes de Harry, se sentía abrazada por su mirar. Cada uno de sus sentidos clamaba por acercarse tan solo un poco más a él, anhelaba recorrer con las manos la piel por debajo de su camisa, dibujar con los dedos cada músculo de su espalda, de su pecho; quería revolver aquel cabello negro que se le antojaba tan perfecto en ese momento.
Con un suave movimiento, Hermione colgó sus brazos alrededor del cuello de Harry, sintiendo rozar su pecho contra el de él, frotando su vientre contra el suyo, en una sinuosa caricia. Sus rostros estaban a escasos centímetros, la expectativa, la emoción del momento, y las ansias de enlazarse en un espléndido e íntimo roce los consumían; con los labios de Harry muy cerca de los suyos, le susurró:
--Necesitaba verte—
Harry tragó en seco, notablemente emocionado, sintió enredarse en el perfume de ella, el dulce aroma de la pasión. Aliviado al fin de dar por terminado la espera, aliviado al fin por tener a Hermione a su lado.
--Te amo, Hermione—soltó Harry, sintiendo como el pecho de ella subía y bajaba con mayor intensidad en acompasados movimientos, percatándose también de aquel brillo especial que desprendían el marrón de sus ojos.
--Estaba esperando que lo dijeras—replicó Hermione, con tono mordaz.
--¿En serio?—
--Aja…--respondió ella, con voz de niña pequeña, sonriendo sensual.
--¿También esperabas esto?—
Deshaciendo entonces la distancia entre sus labios, se entregaron en el más cálido y apasionado de los besos, acallando así las necesidades reprimidas, conteniendo los primitivos deseos de los que eran presas.
--Te extrañe tanto—dijo Hermione en un hilo de voz, cuando se separaron para tomar aire.
--mmm… –le contestó, más como respuesta a su proximidad, que para expresar un sentimiento.
Y de nuevo: el deseo primitivo y la necesidad que clamaba por se acallada. El beso y el roce, la caricia de los labios y la magia sensual que los retaba a continuar hasta las últimas consecuencias.
--Ejem, ejem—
Les pareció escuchar una voz ronca a ambos, un sonido gutural que los llamaba a refrenar sus instintos, un distante ruido que buscaba separarlos.
--Ejem, ejem—
Esta vez la voz ronca que les llamaba logró su cometido. Con la respiración entrecortada y haciendo acopio de gran fuerza de voluntad, deshicieron el beso, percatándose entonces de la presencia de aquella persona, que tosía en busca de su atención.
--Que gusto verlos, muchachos. Espero no estar interrumpiendo nada importante—dijo Seamus, con tono jovial. Divertido por el repentino rubor en los rostros de Harry y Hermione.
--Mi querido Seamus—la voz de Harry sonaba ronca y extraña—tan oportuno como una patada en la canilla—
—HL—
Luna miraba con semblante de infantil tranquilidad el cielo. Desde la terraza en el penthouse de su prometido, podía apreciar como se alzaban imponentes los edificios en el centro de la ciudad, las frías aguas bañando la ribera del Támesis y la siempre soberbia Torre de Londres.
Vistiendo solo una camisa celeste de Ron que le cubría hasta las rodillas; con una humeante taza de café en sus manos y la brisa matinal jugando con sus rizos dorados, se sintió plena y segura, realizada como mujer. Advirtió unos pasos a su espalda, pero prefirió no moverse.
--Me alegra que te tomaras la mañana libre, Ron. ¿Te parece si salimos de compras?—
--Hoy haremos lo que ordenes, princesa—dijo Ron con tono complaciente, acercándose a ella.
Abrazando a Luna por la espalda y depositando un incitante beso en su cuello, le susurró al oído:
--¿A dónde quieres ir?—
--La semana pasada fui de compras con Angelina y vi unas alfombras persas preciosas en el mall—
--Si es lo que quieres—susurró Ron, mordiendo muy suave la sonrosada piel del cuello de Luna.
--También me gustaría cambiar las lámparas del recibidor, tal vez algo más llamativo—
--Si eso es lo que quieres—repitió Ron, hundiendo su rostro en la brillante cabellera rubia, aspirando el perfume natural de Luna, una combinación de sándalo y frambuesas, un aroma que enloquecía al pelirrojo.
--Y ya que estamos de compras, bien podríamos comprar un nuevo juego de comedor, cambiar las mamparas del baño, retapizar la sala… --
--Un momento—gruñó Ron, separándose unos centímetros del cuello de Luna. — ¿Te estás aprovechando de mí porque estoy medio dormido?—
Luna dio un largo sorbo a la infusión caliente en su taza, terminando su contenido, y con una coqueta voz cargada de sensualidad le respondió, arrastrando las palabras:
--Claro que me estoy aprovechando de ti, Ronnie, tal como lo hice toda la noche—
--Me encanta cuando me hablas así—dijo Ron, alzando en brazos a Luna y dándole un par de vueltas en el aire.
Luna reía complacida, dando vueltas en el aire entre los brazos de Ron. Reía cándida, porque tenía en su vida a quien consideraba el más maravilloso de los hombres; reía radiante, porque era supremamente dichosa a su lado.
--¡Bájame, Ron!—ordenó divertida la rubia.
--No quiero—dijo él, mientras continuaba girando con Luna entre sus brazos.
--¡Ron!—
--¿Si?—
--Si me bajas, haré lo que sea—dijo Luna, comenzando a marearse.
--¿Lo que sea?—
--Lo que sea—confirmo la rubia.
--Ese es un argumento seductor—
A Ron le tomó una fracción de segundo sopesar sus opciones; la bajó al suelo y se tomaron de las manos, esperando a que la cabeza deje de darles vuelta.
--¿Sabes que quiero hacer primero?—
--Espero que sea lo mismo que tengo en mente—susurró Luna, con un tono de deliberada sensualidad.
Dio un par de pasos hacia él, acortando la distancia entre ambos. Posó sus manos en el pecho de Ron, y comenzó a recorrerlo, en un peligroso juego, en un vaivén de sensuales caricias.
--Vayamos a desayunar—soltó el pelirrojo.
--¿Por qué no me sorprende?—inquirió pensativa Luna, separándose de él y cruzando los brazos, meneando la cabeza claramente desilusionada.
--Quiero desayunar "rubia en cerezas"—
--¿Cómo?—preguntó ella, desconcertada por el menú que le ofrecía Ron.
--Lo que oíste, princesa, hoy voy a desayunar "rubia en cerezas"—repitió Ron, ensanchando triunfalmente su sonrisa, mientras trataba de peinar su cabello con una mano.
--¿En cerezas?...Un momento, no me voy a poner las…--
--Dijiste lo que sea—zanjó el pelirrojo.
Luna aspiró muy hondo, permitiendo que el aire le llegase hasta el estómago, y muy relajada soltó:
--Ahora el que se aprovecha es otro—
--Ya lo creo que sí—dijo Ron, contemplando a su prometida con infinito deseo.
Levantó a Luna en el aire, y cargándola como si no pesare nada, la llevó dentro del penthouse.
—HL—
--Es increíble como pasa el tiempo—dijo Harry con tono nostálgico, bajando de su auto. —Me parece que fue ayer cuando andabas por la casa con tu bolsito de Hello Kitty y cantabas los éxitos de las Spice Girls. Y ahora ya vas a entrar al sexto año. Empiezo a sentirme viejo—
Nahiara bajó del auto al igual que Harry, cerró la portezuela y se quedó viendo al ojiverde por un momento, quien parecía estar abstraído en un ensueño, recordando talvez años mejores. Con una ceja arqueada y un divertido mohín, la joven replicó:
--Harry, ayer yo andaba por la casa con mi bolso de Hello Kitty y escuchaba en el Ipod "Spice up your life".¹ —
--Bueno, eso explica el deja vu—bromeó él—vamos.
Luego de reconciliarse con Hermione durante la mañana, Harry tuvo un desayuno de negocios con inversionistas holandeses; gente de mucho dinero que buscaba invertir en su corporación, más que nada atraídos por la popularidad de los negocios del pelinegro. Pasada las dos de la tarde, recién consiguió escabullirse del compromiso, dejando encargados a Percy y a Seamus de darles un recorrido por las instalaciones a los holandeses, pudiendo así cumplir con un compromiso de mayor importancia para él.
Caminaba junto a Nahiara a través de un parque, donde un grupo de jóvenes porristas ensayaban una coreografía; se detuvieron entonces un momento, para observarlas a la distancia practicar sus movimientos.
--Tienen un buen grupo de porristas en tu colegio—
--Una triple mortal en el aire lo puede hacer cualquiera, Harry—
--¿En serio?—preguntó el pelinegro incrédulo, arqueando una ceja, sorprendido ante la supuesta capacidad gimnástica de la joven. — ¿Tú puedes hacerlo?—
--Claro que sí. ¿Quieres que lo intente?—
Harry escrutó con la mirada a Nahiara, preguntándose si en realidad hablaba en serio o solo bromeaba; y es que con ella, nunca se sabía.
--Será mejor que terminemos lo que vinimos a hacer. —
--Tú te lo pierdes—Soltó Nahiara, con una amplia sonrisa. –
Caminaron hasta un edifico de varios pisos y aspecto señorial, paredes de tabiques rojas, grandes ventanales y gárgolas en salientes sobre el tejado: El Instituto Femenino Windsor, colegio en el que estudiaba Nahiara.
Atravesaron las enormes puertas de madera pulida y se encaminaron por un pasillo iluminado, hacia las oficinas, con el fin de matricular para el comienzo del nuevo año lectivo a Nahiara; sin sospechar siquiera que unos profundos ojos azules los habían estado escudriñando, acechando desde el momento mismo en que se bajaron del auto, vigilándolos a la distancia.
—HL—
--Te agradezco mucho, Draco, que personalmente te encargaras de mostrarme las casas del sector. Pero en realidad no tenías que hacerlo—
--Otra vez lo mismo. No seas tonta, Hermione—dijo el rubio, pero enseguida advirtió que ella se sintió incomoda—perdón, lo que quise decir es que me encanta poder ayudarte. En serio—
Ella le dedicó una media sonrisa, a manera de agradecimiento.
Hermione, en compañía de Malfoy había estado visitando desde la mañana, varias casas que la corporación de bienes raíces de éste administraban. Recorrieron juntos casi todas las casas en las afueras de la ciudad, pero ella seguía sin decidirse.
--Y ¿qué te ha parecido ésta?—preguntó el rubio, desde el mueble en la sala, donde estaba sentado, sacando a Hermione de sus cavilaciones. Ella, de pie a espaldas de él, miraba distraída desde el balcón las gardenias plantadas en el jardín trasero y la enorme piscina de forma elíptica. —De todas las que hemos visitado, debo decir que es la que más me gusta. Mira el acabado de esa chimenea, puro mármol italiano. —
--Sí está muy bonita. —
--Pero…—
La castaña se volteó lentamente para observarlo. Sentado ahí, con las piernas cruzadas y jugando con un bolígrafo, en una actitud arrogante y desenfadada.
--Me gustaría ver otras casas. Claro, si es que tienes tiempo—
--Por mi no hay problema. ¿Seguro que no quieres verla bien? esta casa tiene más que ofrecer que esas gardenias de allá atrás. —
--Estoy segura, Draco. Y gracias de nuevo—dijo Hermione, volteándose otra vez para contemplar las gardenias jugar con la brisa vespertina.
Malfoy observó ensimismado como ella se acomodaba sobre el barandal del balcón. Estudiaba su silueta perfecta a la tenue luz del sol poniente. La notaba tan frágil y serena, como una preciosa muñeca de porcelana. Entonces, un sinuoso deseo por recorrer con sus manos la espalda de ella se apoderó de la mente del rubio, acariciar la tersa piel de su cuello con la lengua, besar hasta el punto más recóndito de su cuerpo, hacerla gemir entre sus brazos se le antojaba más necesario que respirar.
Se incorporó de su asiento en un salto, y muy callado se acercó a ella, hasta quedar a escasos centímetros de su espalda. Él sabía lo que quería, hace mucho que la idea de hacer suya a la mujer que tenía enfrente, era lo único que ocupaba sus pensamientos.
En un silencioso movimiento posó sus manos sobre los hombros de ella, acariciándolos, y con voz queda le susurró al oído:
--¿Ya te dije hoy lo hermosa que estás hoy?—
Hermione estaba tan abstraída en sus cavilaciones, que el susurro de Malfoy la sobresaltó.
--No hagas eso, Malfoy. —dijo ella, volteándose para quedar frente al rubio—casi me matas de un susto—
--No era mi intención—
La poderosa energía que desprendían sus miradas, chocaban en una vorágine abrumadora de sensaciones y deseos.
Aunque ella se había volteado, la distancia que separaba sus cuerpos era mínima. Hermione se mordió el labio inferior, en un gesto cargado de sensualidad que enloqueció al rubio; con su índice trémulo dibujó el perfil de Malfoy, desde el oído hasta su mentón, acariciándolo, sintiendo como éste ahogaba en su garganta un gemido de sorpresa y satisfacción.
--¿Qué estamos haciendo, Draco?—preguntó Hermione, separándose de él, mientras que con los dedos trazaba líneas indistintas sobre el pecho y el abdomen del rubio, dejándolo en una especie de trance hipnótico, incapaz de hacer o decir algo. Caminó hasta la sala y tomó asiento en una butaca; sonrió divertida arqueando una ceja, esperando a que Draco reaccionara.
Draco sonrió complacido ante la soltura y seguridad de la castaña.
--¿Es una pregunta retórica, acaso?—
--Sabes que no lo es. Ya te dije que solucioné mis problemas con Harry, estamos bien ahora, y no tengo intención de arriesgar lo nuestro por una simple aventura contigo—
--Auch—dijo el rubio, llevándose las manos al pecho, en un falso ademán de dolor—eso dolió, Hermione—
--La verdad es la mejor política. ¿No te parece?—
A Malfoy le importaba muy poco si ella había logrado reconciliarse con Potter o no, lo único que le interesaba era tomarla entre sus brazos y olvidarse del mundo.
Se hincó en el piso, quedando así frente a la castaña; colocó sus manos sobre las rodillas de ella, pudiendo casi palpar la suave y bronceada piel debajo de la tela. Al ver que Hermione se limitaba a observarle expectante, separó muy despacio las femeninas y largas piernas de ella, sintiéndose más seguro de sí, confidente de continuar con el juego de la seducción.
Hermione llevó ambas manos al cabello de él, y con lascivas caricias comenzó a alborotarlo, inquietando al rubio, mientras el choque de sus miradas se hacía cada vez más intenso, la atmósfera que les rodeaba se hacía mucho más pasional y opresiva.
Con habilidad consumada, Draco, cansado de la expectativa dio rienda suelta a sus instintos, empezó a recorrer los muslos de ella una y otra vez con sus manos, en incitantes movimientos, tentando, provocándola con el mínimo roce.
--Tenía ganas de hacer esto desde que te vi aquella mañana en el bosque—dijo el rubio, acercando muy despacio su rostro al de ella.
Por toda respuesta, ella soltó un gemido que se ahogó en su garganta.
Sentía los dedos de Malfoy sobre sus piernas, instigándola, excitándola mientras ella jugaba con sus mechones rubios. No podía negar que Malfoy era atractivo; sus ojos grises, su sonrisa prepotente y su bien definido cuerpo podían enloquecer a cualquier mujer, pero eso no era lo que en sí le llamaba la atención de él; sino la actitud misteriosa, sensual y arrogante con que siempre se manejaba.
--Yo también—
Pero cuando estaban sus bocas tan cercanas que podían sentir el aliento del otro, Hermione puso uno de sus dedos sobre los finos labios de Malfoy, haciendo que este detenga su sinuoso accionar, y que con semblante ansioso, entornara los ojos, tratando de develar lo que ella quería decirle con sus intensos ojos marrones.
--Ya te lo dije, Draco. Entre nosotros no va a pasar nada—
--¿Cómo?—preguntó el rubio, desconcertado y con voz ronca.
Hermione tomó de las manos a Malfoy, se puso de pie y lo ayudó a él a hacer lo mismo.
--Será mejor para ambos, dejar lo que queda del recorrido para otro día—
--Si es lo que quieres—replicó Malfoy, con un dejo de desilusión en su voz.
Caminó tras Hermione, intentando analizar lo acontecido, la forma en que se tocaron, la manera en que se hablaron, las provocadoras caricias e incitantes miradas.
Tomó a Hermione por un brazo, obligándola a voltearse y que le mirase a los ojos.
--¿Qué tiene Potter que no tengo yo?—
--Me tiene a mí—
El tono seguro con el que respondió a su pregunta, la sonrisa ladeada que le dedicó, y el intenso marrón de los ojos de ella, todo junto, lo dejaron anonadado, provocando en Malfoy un estremecimiento, multiplicando sus deseos de terminar lo que esa tarde había comenzado.
La observó atravesar el umbral de la puerta en dirección al auto, con aire tranquilo y desenfadado, como si nada hubiese pasado, negando la pasión que sabía, los arrastraba en un torrente voluptuoso de deseos y sensaciones.
Y fue en ese momento que supo con certeza, que no volvería a tener un segundo de tranquilidad, hasta que no consiguiera hacer suya a Hermione, hasta que no lograra que entre gemidos ella susurrara su nombre.
—HL—
--Harry, que gusto verte. —
--Buenas noches, Luna. Disculpa por venir de improvisto, espero no estar interrumpiendo nada importante—
--No te preocupes. Pasa por favor—
Luna y Ron vivían en el penthouse de un enorme edificio en el centro, bastante cerca de la oficina; era una estancia amplia pintada en colores pasteles, decorada con mesura y detalles elegantes: alfombras de pared a pared, muebles de madera importados, cuadros vistosos sobre varios de los muros, y un pequeño bar apostado en una esquina, cerca del balcón, que proveía una espectacular vista de la ciudad.
Harry avanzó hacia uno de los muebles y tomó asiento, al igual que Luna.
--¿Desea algo de tomar? ¿Un té, jugo, agua?—
--Estoy bien así, gracias—
--Ron aún no llega de la oficina, pero estoy segura de que no demora—
--De hecho, no es a Ron a quien he venido a ver, sino a ti, Luna—
--¿En serio? Tenías mucho tiempo sin darte una vuelta por aquí—apuntó Luna, con tono casual—por que no me cuentas a que debo el agrado de tu visita—
Dando un largo suspiro, Harry miró a los ojos de la rubia. Su semblante se veía apagado y pensativo; se aclaró la garganta y habló con tono solemne:
--Me gustaría visitarte en otras circunstancias, Luna. Pero la verdad es que necesito tu ayuda—
--¿Mi ayuda? Claro, Harry. Siempre y cuando esté a mi alcance—Luna sonrió—dime de que se trata—
--Seguramente Ron te habrá mencionado el problema que tuvimos en la empresa hace poco—
--Sí lo hizo, algo de espionaje corporativo y una fórmula suya patentada por otra compañía—
--A groso modo, así es. —Aclaró Harry, mientras se acomodaba los lentes—De acuerdo a la bola de ineptos que tenemos por abogados en la compañía, no hay nada que se pueda hacer con respecto al asunto del espionaje industrial. Seamus está manejando el asunto de la mejor manera, ya que suponemos que es de su área la persona que vendió la información a la empresa de Malfoy—
--¿Malfoy? ¿Qué tiene que ver el en todo esto?—
Harry crispó los puños, en un involuntario ademán de ira que no advirtió Luna.
--Su compañía patentó nuestra fórmula—
--Ya veo, ¿Y lo que quieres que yo haga es…?—preguntó Luna, con un semblante que se debatía entre expectante y divertido, imaginando lo que le pediría Harry.
--Me gustaría que vigilaras a Malfoy—
Luna veía venir la petición de Harry, pero más que por asuntos corporativos, estaba casi segura que su motivación era otra.
--¿Quieres que espíe a Malfoy?—
Por toda respuesta, Harry asintió con la cabeza.
--Y quieres que averigüe si tiene un affaire con Hermione—
--Sí, digo no. ¡Luna, —el rostro de Harry se ruborizó ligeramente— esto no tiene nada que ver con Hermione.
--Era una broma, Harry. Yo se que ella lo pensaría dos veces antes de serte infiel—
El pelinegro se sintió incomodo y prefiriendo no ahondar más en el asunto de Hermione y Draco; con tono ecuánime le preguntó:
--¿Entonces, qué dices? ¿Crees que puedas ayudarme?—
Luna pronunció su sonrisa, en un gesto que a Harry le pareció frío y calculador.
--Si lo que deseas es joder a Malfoy, has venido con la persona indicada, Harry
La seguridad y convicción en las palabras de Luna, y su actitud impasible y solemne, le dieron la certeza a Harry de que con ayuda de la rubia, conseguiría sacar del juego de una vez y por todas a Draco Malfoy.
¹: Spice up your life: Canción del célebre grupo Spice Girls, del álbum Spiceworld
Así hemos llegado al final de este capítulo, y las preguntas que se plantean son:
¿Lo odian, lo aman?
¿Harry hace lo correcto al ir con Luna?
¿Lo disfrutan, o les parece indiferente?
¿Conseguirá Draco arrastrar hasta su cama a Hermione?
¿Me dejarán muchos reviews los lectores? Ojalá que sí!
¿Quién vigilaba a Nahiara y a Harry?
Todo esto y más, descúbrelo en el siguiente capítulo de Cruzada Potter.
Pilas…
Eduardo Monar
Abogado de profesión
Escritor y farrero por vocación
P.D: Nuevamente gracias por los reviews, pero quiero más.
P.D2: Advertencia: En el próximo capítulo habrá un encuentro del tipo sexual (sexual, no sensual) entre "XXX" y "YYY". Sorpresa, sorpresa. Hagan sus apuestas.
