Mis queridos lectores;

Antes que nada, gracias a todos por la genial acogida brindada a este fict. Gracias especiales a:

pammelitagpw, Balu, dAnYhErMsHP, FrancisCatri, GeoBell, policp, Ebdaly Granger, chokolatito19, james p, Maxia de Malfoy, malena, lunàtik, adonis, helena Malfoy, heli Malfoy, CISSY BLACK, AndreW PotteR, Zorion, EmmaPotter, joyce, feña, Nohemí, Darkgranger, Dafi, Diablita y a todos aquellos que han dejado reviews.

Debo hacer una advertencia: éste capítulo contiene una intensa y bastante bien escrita (modestia aparte) escena de lemon.

Quien tenga problemas o inconvenientes con respecto a este tipo de tramas, está advertido de antemano.

Guerra avisada, no mata a gente.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Capítulo VII

¿Feliz Cumpleaños?

La primera mitad de septiembre llegó con un inusitado descenso en las temperaturas. Entre mañanas frías y noches templadas la relación de Harry y Hermione parecía consolidarse. Si bien es cierto, ella seguía viviendo en el hotel, y estaba renuente a salir de ahí, más de una noche la pasó en la casona del pelinegro, donde el alba los sorprendía entregándose el uno al otro, amándose hasta que las fuerzas les abandonaban.

Lavender, Luna y Ginny comenzaban a hacer los preparativos con motivo del cumpleaños veintiséis de Hermione; Luna tuvo que posponer la petición de Harry mientras que con Lavender organizaban Sunset Hill, el palacete en el que vivía Lavender tras divorciarse de su marido hace un par de años.

Ginny consiguió localizar a un gran número de ex compañeros de la promoción de Hermione, que con gusto aceptaron la invitación para la noche del viernes.

—HL—

--¿Y qué dices de éste, Nahiara?—

--Está perfecto, Harry. Es hermoso, de seguro le encantará—aseguró ella, entornando los ojos, emocionada, mientras sostenía en sus manos un brillante collar de perlas negras— yo quiero una igual para navidad—

Harry arqueó una ceja y le sonrió a la joven.

--Ya veremos, pequeña. —

--Eso dices siempre—

--Prometo para tu cumpleaños regalarte uno. —Dijo Harry, tomando de la mano de ella el collar—Me lo voy a llevar, señor Fukahura—el pelinegro sacó de su billetera una tarjeta de crédito y la extendió al hombre de rasgos nipones que atendía la joyería. —

--Su gusto sigue siendo excelente, Señor Potter—

El nipón tomó la tarjeta de crédito y desapareció por una puerta detrás del mostrador.

--¿Dónde me dijiste que sería la fiesta de Hermione?—

Antes de que el pelinegro pudiese siquiera abrir la boca para contestar la pregunta de Nahiara, las puertas de la joyería se abrieron en su totalidad, y por ellas entró la figura de un hombre alto, de cabello rubio platinado, que vestía elegantemente.

Harry quiso creer que sus ojos esmeraldas le jugaban una broma, pero la presencia de aquel hombre no tenía nada de divertida.

--Vaya, que desagradable sorpresa. —Siseó Malfoy, caminando hacia el mostrador— No puedo decir que es un gusto verte, Potter. —

--Entonces, no digas nada, Malfoy—

El rubio pronunció su blanca sonrisa, en un gesto burlón y provocativo.

--¿Vas a ser tú quien me calle, Potter?—

Nahiara crispó sus puños, incómoda. Estaba absorta en la situación, contemplando como las miradas de ellos se enfrentaban; la tensión en el aire era casi asfixiante. Se podía respirar el odio que ambos hombres emanaban por todos sus poros, un aroma a hiel y aversión; no eran simplemente personas que se detestaban, eran enemigos consumados, individuos destinados a odiarse y aborrecerse por siempre.

El dueño de la joyería apareció en ese momento por la puerta tras el mostrador, quebrando parcialmente el pernicioso enfrentamiento. En una mano llevaba la tarjeta de Harry y en otra, la cajita blanca que contenía el collar.

--Señor Malfoy, buenas tardes. Su paquete está listo—

--Que bueno, Fukahura. Démelo ya—

Inclinándose ligeramente, el hombre sacó debajo del aparador una cajita turquesa, no mayor a la del collar y se la extendió a Malfoy, quien la arranchó de sus manos.

--Gracias—siseó el rubio—nos veremos pronto, Potter. Hasta luego, bonita—

Draco le dedicó una última sonrisa lasciva a Nahiara, y con el paquete en sus manos, abandonó el local con la misma premura con la que había llegado.

--Tenga, señor Potter. Su paquete y su tarjeta—

Harry se volteó hacia el hombre, y mientras guardaba su tarjeta en la billetera, le preguntó con tono confidencial:

--¿Qué retiró aquel hombre?—

--No se lo puedo decir, Señor Potter. —Tosió el nipón—pero lo que sí le puedo asegurar, es que la mujer que reciba esa joya va a enamorarse perdidamente del señor Malfoy—

Nahiara y Harry se miraron, intrigados y cavilando sobre el paquete en cuestión.

--Vámonos ya, Harry. Aún tengo que recoger el vestido y mi cita en el gabinete es en media hora. —

--Está bien, yo también tengo mucho que hacer antes de la fiesta. Gracias, Fukahura, nos veremos. —

--Hasta luego, señor Potter. Vuelva pronto—

Y con una sensación renovada de aversión hacia el rubio, Harry dejó la joyería junto a Nahiara. Tratando de evitar pensar en su eterna rivalidad y en el misterioso paquete, que estaba seguro, Draco le daría a Hermione.

—HL—

La silente penumbra comenzaba a caer sobre Londres. Aún faltaba un poco más de un hora para que el reloj marque las ocho, y Lavender y Luna continuaban de un lado a otro, ultimando los detalles de la fiesta que organizaban para celebrar el cumpleaños veintiséis de Hermione. Chequeando ajetreadas si el ponche estaba bien, si la iluminación en el patio era escasa, o si la banda musical seguía sin acomodar sus instrumentos sobre la tarima; en definitiva, su fuerte no era la organización de eventos.

Luego de pasar toda la mañana y parte de la tarde preparando Sunset Hill, el palacete de Lavender, para la fiesta, éste, había quedado simplemente deslumbrante; la construcción parecía brillar con un destello especial, que Lavender no recordaba haber visto jamás.

Su palacete quedaba en la campiña, muy cerca a la casona de Harry; pero a diferencia de aquella, ésta se hallaba rodeada de enormes setos a manera de muros, haciendo prácticamente imposible la labor de los fisgones y paparazzis apostados fuera de la propiedad desde temprano. Era una construcción de arquitectura contemporánea, que dominaba una pequeña colina; la tonalidad de sus muros parecía cambiar a la luz de la luna, entre un color ocre y vino.

La fiesta se llevaría a cabo en el colorido patio frente a la casa, donde los rosales y las azucenas relucían bajo la tenue luz de las antorchas clavadas en el suelo. Se habían dispuesto varias mesas para los invitados, la barra del buffet, el bar y la tarima para la banda, que a pesar de los constantes reclamos de Luna, aún no se hallaba lista.

--Creo que eso es todo. Solo nos resta esperar—

--La satisfacción de la misión cumplida, Lavender—dijo Luna, medio suspirando medio riendo. —Ha quedado precioso, considerando que lo hicimos prácticamente solas—

--¿De qué te estás riendo?—

Luna volvió a suspirar, y con una sonrisa ladeada le contestó:

--Tengo el presentimiento de que esta noche va a ser muy interesante. Mucho, muy interesante. Ahora, si me disculpas voy a llamar a Ron. Lo último que quiero es que llegue tarde. —

Mientras Luna caminaba hacia la tarima, llamando por celular a Ron para recordarle estar puntual, y Lavender regañaba a una de las chicas del servicio por romper una copa de cristal; no muy lejos de allí, una silueta escondida en las sombras contemplaba a la distancia las luces en el patio, y repasaba mentalmente el plan que aquella noche llevaría acabo, un ardid perverso ideado con maldad y perfidia.

—HL—

Haciendo gala de la puntualidad británica, los invitados a la fiesta comenzaron a llegar antes de las ocho. En su mayoría eran viejos compañeros de Hogwarts, ejecutivos importantes de la empresa, y una que otra persona afín a las organizadoras, todos vistiendo de manera elegante. Alrededor de unas cincuenta personas esperaban con entusiasmo la llegada de Hermione Granger a Sunset Hill.

--¿Están listos entonces los juegos pirotécnicos, Fred?

--Por el amor a Merlín, Harry. Está es la quinta vez que me preguntas y de nuevo te respondo que ¡sí!—contestó Fred Weasley, airado ante la insistencia de su amigo.

--Deja tranquilo a Fred, Harry. Él sabe que hacer—aseguró Lavender, que aprovechó un momento para desembarazarse de los invitados, y acompañar a Harry hasta que llegara la homenajeada.

--Gracias, Lavender. ¡Hey, bonita! un trago por acá—Fred alzó la voz, y con un ademán llamó la atención de una de las muchachas de servicio. Se dirigió a él con varias copas de champagne sobre una charola de plata y le ofreció una, y otra a Harry.

--Todo ha quedado perfecto, te agradezco mucho que hayas organizado la fiesta, Lavender. Sé que tienes mucho trabajo en la clínica, y en verdad lo aprecio—

--No seas tontito, Harry. Hermione es como mi hermana, es lo mínimo que puedo hacer después de no verla tanto tiempo.

Un alboroto de aplausos y vítores inundó Sunset Hill, Hermione había llegado.

Del brazo de Ron, Hermione y Ginny bajaron de una sobria limosina blanca, caminaron hacia donde los invitados les esperaban, siendo recibidos con palabras de afecto y buenos deseos para la homenajeada.

El rostro de Hermione parecía brillar con luz propia, usaba un vestido rojo de finos tirantes, escotado y de espalda descubierta. Llevaba el cabello muy liso, como seda, peinado en un precioso tocado.

--Ahora, Fred. Ahora—

A la orden de Harry, el cielo nocturno se vio atiborrado de centelleantes luces, colores vivísimos y figuras brillantes, producto de la explosión de los magifuegos Weasley. La celebración había dado inicio.

—HL—

La fiesta transcurría entre bailes, risas y los chistes de los gemelos, que se habían tomado bastante en serio el trabajo de amenizar el festejo.

Hermione conversaba animada con varios de sus ex compañeros cerca del bar; en sus ojos marrones se vislumbraba una luz especial, la sincera alegría que le provocaba verse rodeada de la gente que la apreciaba y estimaba.

Se percató entonces que un auto familiar entraba a Sunset Hill, y no pudo refrenar el deseo de salir a recibir a ese invitado especial.

--¿Sabes, Harry? Comienzo a pensar que va a ser muy sencillo seguirle la pista a Malfoy—

--¿De qué estás hablando, Luna?—

--Mira quien llega ahí—

Apuntando con su dedo, Luna señaló un auto negro del que se bajaba un hombre elegantemente vestido. El auto de Draco Malfoy.

—HL—

--Estás preciosa, Hermione. Feliz cumpleaños—

Draco Malfoy vestía su usual conjunto de diseñador, se acercó a ella, confidente y desenfadado, y la estrechó entre sus brazos.

--Gracias, Draco. No creí que vendrías—

--¿Y perderme de festejar tu cumpleaños? No sería Draco Malfoy si dejara pasar una ocasión como esta. –-

Tomó las manos de ella entre las suyas, y muy delicadamente las apretó, mientras se miraban fijamente a los ojos, sonriéndose con afecto.

--Te traje esto—el rubio se llevó una mano al bolsillo interior de su chaleco y sacó una cajita turquesa que le extendió a la castaña. –- Estoy seguro que te va a encantar—

--Gracias. —ella tomó en sus manos el obsequio, y le dedicó una mirada profunda al rubio— ¿Recuerdas lo que hablamos en El Arbolito hace unas semanas?—

--Claro, preciosa, y sigues pensando lo mismo según veo—

--En efecto, Draco. En media hora te espero dentro del palacete para ultimar los detalles que dejamos pendientes. –-

--Permíteme recordarte que tenemos más que una simple conversación pendiente—

El tono que uso el rubio en aquella oración, estuvo cargado de una contundente y deliberada energía sensual, con la que buscaba seducir a la mujer.

Por toda respuesta, ella soltó una risita imperceptible. Le dedicó una última mirada divertida y regresó a atender a los invitados.

Él la observó caminar de vuelta hacia el bar, su andar estilizado y sensual provocaban que sus más primitivos instintos estuvieran a flor de piel; él solo pensaba en una cosa, en un instante íntimo y placentero junto a ella.

Hermione lo miró por encima del hombro y le guiñó un ojo al rubio, en un gesto que solo consiguió volverlo más ansioso.

Esa noche sería mágica, de eso no había duda.

—HL—

--¿Hermione?—

--¿Si?—

--¿Puedes explicarme qué hace Draco Malfoy aquí?—

--Voy a buscar el baño—dijo Ginny, presintiendo por el semblante de Harry, que la situación se iba a poner color de hormiga—luego los veo—

El tono en la voz de Harry dejaba clara su postura: estaba molesto.

--Yo lo invité—

Harry se acomodó los lentes en un inconsciente ademán. Contemplaba a la mujer frente a él, estudiándola, sabía que la amaba, que era capaz de hacer cualquier cosa por ella, capaz de dejar todo por ella.

La amaba tanto que a veces sentía un opresivo dolor embargarlo, estaba conciente de que era ella la mujer de su vida, su complemento ideal. Pero no podía tolerar ser testigo de la relación que sostenía con Malfoy, su acérrimo rival, el causante de más de una desdicha en su vida.

Sentía que la perdía ante él, y no podía evitarlo.

--Sabes el problema que ha provocado Malfoy. Como haciendo uso de artimañas sucias robó, Hermione, ¡robó! nuestra fórmula. He perdido millones por ese tipo, y tú me dices como si nada que lo invitaste a la fiesta—Harry aspiró muy hondo, permitiendo que el oxígeno llegue hasta su estómago—no te entiendo, Hermione—

--¿Qué quieres de mí, Harry?—

--¡Que te parece algo de comprensión! —

Ron llegó justo en el momento en que Hermione se disponía a replicar, miraba alternadamente a sus dos amigos, advirtiendo que si no hacía algo, y pronto, la fiesta terminaría muy mal.

--Harry, Hermione, tranquilícense por favor. —

--No te metas, Ronald—soltó Hermione, con el entrecejo fruncido y respirando agitada—esto no tiene nada que ver contigo—

Bufando molesto, Ron tomó disimuladamente por el brazo a Harry y a Hermione, y los llevó a un lugar apartado, donde pudieran discutir sin dar un espectáculo.

--Muy bien, ¿me van a decir qué les pasa o tengo que torturarlos hasta que hablen?—

--Malfoy es lo que me pasa, Ron. —

--¿Malfoy?—

--Resulta que Hermione tuvo la gentileza de invitarlo a la fiesta, para compartir con nosotros una velada agradable—

Ron dio un largo suspiro, en el que aprovechó para dedicarle a su amiga una mirada incrédula, mientras negaba con la cabeza.

--Déjate de ironías, Harry—replicó ella, llevando las manos a su cintura, en una actitud desafiante.

--¿Ironías? ¡Ironías! ¿Sabes qué es lo irónico aquí?—Harry parecía a punto de estallar— Que la mujer que amo más que a mi vida frecuente a la persona que más odio. Ahí tienes tu ironía—

Ron permanecía expectante ante la escena que presenciaba. Le parecía mentira, casi una broma, que la noche en la que supuestamente Harry y Hermione deberían estar celebrando, de pronto se transforme en una velada oscura y hostil.

Esta vez fue Hermione quien dio un largo suspiro, y con voz queda, habló:

-- Harry, estás muy ofuscado. Lo mejor es que continuemos mañana con todo esto. Y perdóname por haber invitado a Draco, lo último que esperaba era arruinar la fiesta para ambos—

Y sin decir más, Hermione dejó a Ron y a Harry ahí. Solos y confundidos por su actitud, la vieron marcharse y desaparecer a través de las puertas del palacete.

—HL—

Si debía ser sincero, la mayor de las virtudes de Draco Malfoy no era la paciencia. Miraba constantemente su reloj; el pasar del tiempo se le hacía eterno, exasperante y eterno.

--Debe ser cierto. ¿No te parece, Draco?—

La voz de Padma Patil regresó a Malfoy a la realidad.

--¿Disculpa?—

--Te noto muy distraído esta noche. ¿Está todo bien? Has mirado ese reloj unas diez veces en los últimos tres minutos—

--Perdón—dijo Malfoy con una sonrisa y su consabido tono seductor, haciendo temblar las rodillas de las hermanas Patil—la oficina me ha tenido bastante estresado, y estoy pensando en la reunión que tengo por la mañana con unos inversionistas extranjeros. —

--Si estás estresado, Draco, eso puede arreglarse muy fácil. Ven, vamos a bailar—sugirió Parvati, muy animada. Tomó su copa y la de Malfoy, las dejó en la mesa más próxima y le extendió su mano, en un coqueto gesto.

Draco sopesaba sus opciones, no podía negar que Parvati y su hermana eran hermosas mujeres, de figura esbelta y un rostro que muchas envidiaban. Estaba seguro que de así quererlo, bien podría seducir a cualquiera de las dos y hacerla suya.

i Demasiado fácil /i , pensó Draco.

Aún faltaban unos diez minutos para encontrarse con Hermione, así es que decidió aceptar la mano de Parvati. Ella, con una expresión de quinceañera enamorada en su rostro, arrastró al rubio a la pista de baile, cerca de la tarima donde la banda tocaba una canción lenta.

--Esa canción me encanta, Draco. —Dijo ella, casi llegando a la pista—ven, muévete—

--Tranquila, ya casi estamos ahí—

Y fue en ese preciso momento, en el que llegaron a la pista y las demás parejas que bailaban los rodearon; que Draco vio a Hermione entrar al palacete. Sus caderas sensuales y la espalda descubierta llevaron al rubio a un estado surreal de conciencia.

Ese era el momento, debía seguir a Hermione.

--Discúlpame, Parvati. Debo hacer algo supremamente importante—

Draco le habló condescendiente pero con firmeza, se soltó de su mano y sin darle tiempo a reaccionar a la mujer, se encaminó al palacete. Pasaría lo que debía pasar; él lo sabía, era ahora o nunca.

—HL—

Entró por una puerta lateral que daba a las cocinas, procurando hacer el mínimo ruido posible se adentro más en el lugar. Llegó a una esplendida y poco iluminada sala, de pisos de mármol y paredes oscuras; un enorme candelabro sobre su cabeza y una deslucida armadura lo invitaron a seguir. Estaba solo.

Frente a él, una majestuosa escalera de largos peldaños se erigía.

Escuchó lo que le parecieron unos pasos en el piso de arriba y un quejido; estaba seguro que ella lo esperaba arriba. Con paso cauteloso comenzó su ascenso, sujetándose apenas del barandal. Sentía el corazón latirle con intensidad en el pecho; se descubrió entonces respirando de manera entrecortada, y no pudo evitar soltar una risita de ansiedad.

Parecía un colegial nervioso e inseguro, lo sabía y no le importaba.

El corredor del piso superior estaba sumido en la más completa oscuridad, con dificultad podía ver lo que había frente a él. Advirtió el rechinar de una puerta cerrándose tras sus espaldas y se volteó. No vio a nadie. Ella estaba jugando con él, y lo único que provocaba eso era excitarlo aún más.

Caminó hasta la puerta, tanteó la perilla y la giró, provocando que se abriera lentamente. Draco Malfoy entrecerró los ojos, tratando de distinguirla a ella en medio de las tinieblas, pero su esfuerzo fue infructífero.

Se internó entonces en la oscuridad; sabiendo que lo que hallaría ahí era la culminación del más sinuoso e inquietante de sus deseos.

—HL—

Caminó con paso vacilante y notablemente ansioso.

Extendió su mano en la oscuridad, tratando de encontrarla. Rozó entonces la piel de su hombro, tan suave y tersa como la recordaba. Sintió su femenino cuerpo exultarse con sus caricias, advirtiendo como ella ahogaba un gemido de sorpresa y satisfacción en la garganta.

Llevó sus manos expertas a la cintura de ella, desde donde comenzó a jugar, recorriendo su figura esbelta con sensualidad consumada. Tocaba su cuerpo, ansioso y ávido de placer, sus brazos, sus hombros, su espalda, sus pechos. La giró entonces casi con rudeza, y abarcando con sus fuertes manos el delicado rostro de ella la besó apasionado.

El sabor de sus labios y el roce de su lengua la dominaron por completo.

Ella no daba crédito a lo que pasaba, estaba siendo asaltada sexualmente por un desconocido en la oscuridad de aquella habitación, y lejos de sentirse aterrada o en peligro, sentía como su cuerpo comenzaba a arder con las caricias de Draco, la sinuosa forma en que la tocaba, suave pero firme a la vez, hacían que su mente se perdiera en voluptuosas sensaciones, abandonándose a la lujuria y a la pasión.

Su corazón temblaba de deseo, un deseo que la quemaba por dentro.

Agarró el chaleco de Draco, y ayudándolo a desprenderse del mismo, lo lanzó lejos; tomó la camisa con las dos manos y la abrió, sin desabrocharle los botones. Solo cuando pudo sentir los músculos de su pecho, logró tranquilizarse un poco.

Draco, mientras tanto, le desabrochó el vestido y la dejó desnuda de medio cuerpo para arriba.

--No llevas sujetador—

--¿Con este vestido?—le preguntó, casi sin aliento y con voz ronca, al sentir la boca de él en su pezón.

Movió las manos hacia sus caderas, levantando un poco la falda, enganchó los dedos en la cinturilla de sus bragas, un sedoso y diminuto pedazo de tela y se deshizo de éste.

--Deja que me quite esto también—dijo Draco; se quitó los pantalones y los boxers.

Aunque la penumbra era total, ella estaba segura luego de haber acariciado el cuerpo de él enteramente, que su espalda y sus nalgas eran firmes y tensas. No pudo evitar en ese momento llevar una mano traviesa hasta el derrière de él, y arañarlo ansiosa, provocando que el rubio soltase un imperceptible gruñido.

Con sus trémulos dedos, acarició los muslos de ella, y la levantó en el aire; ella se inclinó hacia él y enroscó los brazos alrededor de su cuello. La arrastró contra la pared, en un fogoso frenesí. Se besaron con fiera desesperación, ella se sintió ahogar en una pesada ola de delicia sensual. Sus manos habilidosas se movían en arabelescos sobre sus muslos, mientras los labios en sus senos la llevaban al delirio.

En el centro mismo de su feminidad había una tormenta, todo en ella vibraba.

Se aferró a él con manos temblorosas, pegándose más a su cuerpo y restregando sus pezones contra los labios de él, dándole besos en todas y cada una de las partes de su cuerpo.

Poco a poco, Draco fue llevándola hacia el sofá. Sin apartar la boca un solo momento de sus pechos, le quitó la falda y la tiró a un lado. La sentó sobre el sofá, y se acomodó sobre ella para continuar con el excitante placer de los que eran presos. Las manos de él seguían moviéndose por la suave y sedosa piel de sus torneados muslos.

Ella gimió cuando Draco paladeó la suave piel de la cara interna de su muslo. Los últimos atisbos de control la abandonaron cuando su lengua se movió más arriba, siguiendo el camino que habían trazado sus dedos, cuando llegaron al húmedo corazón de su frustración.

Ella jadeaba con vehemencia mientras su cuerpo se arqueaba de un lado a otro.

La tortura se detuvo inesperadamente.

--Por favor—gimió ella desesperada— por favor. –-

Entonces se arrodilló entre sus piernas abiertas y la levantó sin esfuerzo hasta sentarla en sus rodillas. Ella sintió el empuje de su deseo contra su bajo vientre y se apretó febril para aumentar el contacto. Se aferró con determinación a sus hombros para sujetarse.

--Eso es—

Alterando el ángulo de su cuerpo, Draco la penetró lentamente y ella se abrió como una flor al sol. Una serie de contenidas sacudidas la dejaron ansiosa por aumentar la presión que le producía un placer tan delicioso.

--¿Es esto lo que quieres?—

Los músculos de Draco se inflaron al empujar más adentro en la receptiva humedad del corazón femenino.

--¡Sí—gritó ella triunfal.

Sus manos se aferraron a las musculosas nalgas del rubio y sus piernas se enroscaron alrededor de su espalda, cuando se movieron los dos como si fueran uno solo.

El repentino espasmo de placer fue salvaje. Ella perdió toda coordinación cuando las oleadas extasiantes la sacudieron. Su alivio siguió enseguida al de Draco, y juntos cayeron en el sofá bajo sus cuerpos ardientes.

Se escuchó entonces un ensordecedor ruido en las inmediaciones; que rompió el maravilloso momento de los que fueron participes. Una explosión, un barullo: un disparo. Los pájaros que dormían sobre las copas de los árboles emprendieron el vuelo, en medio de graznidos y batir de alas.

—HL—

Los pasos de Harry y Ron inundaron cada corredor y estancia del palacete; anduvieron por todo el lugar hasta que llegaron al comedor, ya que suponían que de ahí provino el disparo.

Harry Potter y Ronald Weasley, grandes hombres y personas que a sus veinticinco habían vivido emocionantes y terribles situaciones, desafiando en más de una ocasión peligros inimaginables y la muerte, nunca se vieron preparados para enfrentar la escena que tenían ante sus ojos.

Es gracioso como todos pensamos en momentos como ese siempre lo peor.

En medio de la desesperación y desasosiego, mientras acongojado observaba yacer el cuerpo inerte de Hermione sobre el frío suelo de mármol, con su precioso vestido manchado de sangre, él solo atinó a llamar su nombre en un susurro.

Se veía a sí mismo perdido y acabado, un lacerante dolor en su pecho lo estrujaba de manera violenta y febril, una congoja despiadada le imposibilitaba respirar; pensaba que la había perdido de nuevo, y esta vez para siempre.

Y es que la mentalidad humana tiende siempre al fatalismo.

Y así llegamos a otro final de infarto, y las preguntas que se plantean son:

¿Qué le regaló Draco Malfoy a Hermione?

¿Les gustó el capítulo o mejor me dedicó a otra cosa?

¿Quién acechaba a Luna y Lavender en Sunset Hill?

¿Estuvo bien el lemon o le faltó un yo no se qué?

¿Quién hirió a Hermione en el comedor? ¿Logrará sobrevivir o tendrán Harry y Draco que buscar a alguien más que los calienten en las noches frías?

¿Con quién Draco disfrutaba de placeres carnales en el primer piso?

Y la pregunta más importante de todas: ¿Me van a dejar reviews?

Más vale que sí; o de otra forma la siguiente vez que actualice será al inició del mundial en Sudáfrica.

Todo esto y más, descúbrelo en el siguiente capítulo de Cruzada Potter.

Pilas…

Eduardo Monar

Abogado de profesión

Escritor y farrero por vocación

PD Les informo que me voy de viaje una temporada, y no actualizaré el fict por lo menos en tres meses.

PD2: Infinitas gracias a quienes se han tomado la molestia de dejar un RR, sigan tomándose esa molestia.

PD3: Era una broma lo del viaje, pero bien que se han asustado. Ja, ja, ja (entiéndase risa malvada)