Mis queridos lectores;
Luego de unas bien merecidas vacaciones, he retornado a ustedes con otro muy jugoso capítulo de su FF favorito.
Lamento sobremanera la excesiva tardanza y lo corto del capitulo, pero por motivos ajenos a mi voluntad (unas increíbles vacaciones), no pude ultimar lo detalles como lo hago siempre.
Debo decir que cuando planteaba las preguntas al final de cada capítulo, lo hacía con el fin de permitirles que hagan sus especulaciones con respecto a la trama, y por lo tanto no tenía intención de responderlas. Pero en vista de que me han bombardeado por mail pidiendo respuestas, ahí les van:
Lo que regaló Draco a Hermione, eso sí es un secreto.
Bianca, en efecto, era quien acechaba lo rededores de Sunset Hill.
Fue la misma Bianca quien atentó contra la vida de Hermione, provocando su muerte.
Y la más importante de todas, Draco disfrutó de placeres sexuales en el primer piso con…"XXXX"…obvio que con Ginny, si lo venía anunciando hace un par de capítulos atrás.
Ahora, sin más dilaciones, con ustedes el siguiente capítulo de Cruzada Potter.
……………………………………………………………………………………….
Capítulo VIII
Sin despertar
El ambiente en la habitación era silencioso y triste. Las mesitas a los costados de la cama estaban atiborradas de arreglos florales en colores brillantes, creando un contraste enorme entre la vida que desprendían y la sensación de desesperanza que embargaba a quien ingresaba al lugar.
--Debes descansar un poco, Harry. No has dormido durante dos días—
Remus Lupin observaba apesadumbrado a Harry, quien tras el atentado a Hermione no se había separado de su cama en la clínica Dawson.
--Por favor, Harry. Vas a enfermarte—
--¡Déjame Remus! ya te lo dije antes, quiero estar aquí cuando ella se despierte—
Harry sostenía la mano de Hermione entre las suyas, mirándola como si en cualquier momento se fuese a despertar y entre bostezos le contaría que tuvo un sueño extraño, que todo había sido un mal sueño.
--Se que te duele, Harry. El dolor es parte de la vida, pero no puedes dejar que te ciegue. Tienes mucho que hacer y tanto por vivir, estoy seguro de que a Hermione no le gustaría verte así, ella querría que…--
--Hablas como si estuviera muerta—interrumpió Harry, poniéndose de pie y enfrentando a Lupin—vete por favor, Remus. No tengo intención de dejarla sola.
Dedicándole una última mirada alicaída al pelinegro, abandonó la habitación. Afuera le esperaban Luna y Ron, quienes igual que Harry, estaban al pendiente de la situación de su amiga.
Luna se levantó del asiento junto a Ron, y se acercó a Lupin.
--¿Y bien?—
--Sigue sin querer separarse de ella—Lupin se llevó las manos a los bolsillos y suspiró—Discúlpenme, pero debo marcharme ya. Si necesitan cualquier cosa, o se llega a despertar, llámenme—
--No te preocupes, Remus—Dijo Ron, estrechando la mano del hombre—anda con cuidado—
--Cuídense ustedes dos. Hasta pronto—
Vieron como se marchaba Lupin por el corredor vacío, cabizbajo y meditabundo.
--¿Qué haremos ahora, querido?—
Ron cerró sus ojos, en una expresión dolorida y resignada. Pasó los brazos alrededor de la espalda de su mujer, abrazándola, y con voz muy queda respondió:
--Solo nos resta esperar—
—HL—
--¡Malfoy, me diste un susto de muerte—
--Discúlpame por favor, Lavender. Dime como está ella ¿se encuentra bien? ¿Fue grave acaso?—
--¿Nos sentamos?—
Con un ademán, Lavender señaló la mesa más próxima y tomaron asiento. A parte de ellos y el barman, no habían más personas en el Caldero Chorreante a aquella hora de la mañana. El rostro de Draco esbozaba una mueca de preocupación que lo hacía verse mayor y cansado; observaba expectante a Lavender, quien parecía renuente a empezar a hablar—
--¿En realidad estás preocupado por ella, no es así?—
El significado real de la pregunta de ella sacudió por dentro a Draco; ya que no recordaba cuando fue la última vez que se preocupó verdaderamente por alguien más que no fuese él; esa era una de las ventajas de vivir en la soledad, en su mundo gris solo era él y nadie más, sin ataduras ni compromisos. Pero ahora que comenzaba a sentir algo por Hermione, estaba vulnerable.
Aunque Lavender no podía siquiera advertir el nudo en el estomago de él, bien podía darse cuenta por su actitud que se preocupaba por Hermione.
--Nadie más que unas cuantas personas saben esto, Malfoy. No quiero pensar en lo que me haría Harry si se entera que nos vimos y conversamos sobre ella. —
--Por favor, Lavender. Necesito saber—
El tono suplicante en la voz del rubio le bastó para convencerla de su sinceridad.
--No te mentiré, Draco. Su situación es bastante delicada. El disparo provocó una hemorragia interna de consideración. Dañó severamente varios de sus órganos antes de que pudieran los medimagos tratarla en la clínica. –
A medida que Lavender describía la precaria situación de salud que atravesó Hermione, el rostro de Malfoy parecía ensombrecerse más; como si las palabras de ella le causaran un terrible dolor.
--Aunque la herida y el daño fueron reparados por completo, ella continúa sin reaccionar al tratamiento ordinario—
--Eso quiere decir ¿qué?—
--En verdad no lo sé. He estado consultando con varios colegas sobre su situación, y según todos, el tratamiento debió funcionar con éxito. Les parece raro que la herida provocada por esa arma Muggle esté dando tantos problemas—
El rubio llevó una mano al nudo de su corbata, desajustándolo un poco.
--¿Pero se pondrá bien, no es así?—
La mujer estudió por un momento el semblante apagado de Malfoy, que en silencio clamaba por un simple "sí".
--No sabemos, Draco. En realidad, ahora, todo depende de ella. —
—HL—
¿Obsesión? ¿Capricho? ¿Amor? Interrogantes que acechaban constantemente los pensamientos de Draco, apoderándose de ellos. Aún no era capaz de definir lo que sentía por Hermione, y eso lo asustaba.
Observaba en silencio la entrada a la Clínica Dawson desde el interior de su auto, que estaba aparcado enfrente. Un edificio de cinco pisos de altura, de grandes ventanales y paredes azules, en el norte de ciudad; sopesaba ensimismado sus opciones: ardía en ganas de ver a Hermione, pero sabía que dentro del lugar seguramente se encontraría con Harry, y lo que menos quería era propiciar algún tipo de enfrentamiento con Hermione convaleciente.
Apagó el switch del vehículo y se bajó. Miró a ambos lados antes de cruzar, y con paso seguro avanzó hasta la entrada de la Clínica; dando un largo suspiro y esperando no tener que arrepentirse después, se disponía a atravesar el lumbral, pero una espigada figura femenina se lo impidió.
Sentía la mirada de la mujer frente a él, atravesándolo. Su cabello suelto bailaba sensual al viento, y sus intensos ojos marrones lo examinaban con detenimiento; el aroma especioso de su cuerpo inundo los sentidos de Draco.
--¿Weasley?—
Dedicándole una media sonrisa, ella le respondió con tono frío:
--¿Tienes siquiera la más remota idea de lo que provocarás si te llegas a acercar a la habitación de Hermione? Lo mejor es que te vayas, Malfoy. –
--No importa para nada Potter. Solo quiero verla. –
Ella llevó las manos a sus caderas, en una actitud desafiante.
--Creo que no me oíste bien, Malfoy. Tú no debes entrar a verla—
--¿Qué es esto?—preguntó el rubio, comenzando a molestarse— ¿quién te crees tú para impedirme entrar, mujer?—
--¿Sabes qué? Haz lo que te de la gana; pero ya veremos cuando Harry te deje el ojo morado—
Con aire de suficiencia pasó junto a él rápidamente, encaminándose hacia el parqueadero de la clínica, pero en un sutil movimiento Draco la tomó por el antebrazo, obligándola a mirarle a los ojos.
Y fue en aquel momento, mientras sus miradas se hallaban inmersas en una silente batalla, que Draco la sujetó por la cintura y la besó en los labios con vehemencia. Su egocentrismo y altanería lo llevaban a tomar decisiones sin pensar, y es que su filosofía era pedir perdón y no pedir permiso; aunque en realidad nunca se disculpaba.
Ginny se separó bruscamente del cuerpo de Malfoy, y alzó su mano para asestar una fuerte bofetada que el rubio supo detener a tiempo. La asió nuevamente por la cintura, esta vez ejerciendo mayor presión sobre ella y la volvió a besar.
Ella ahogó un suspiro que parecía provenir de su alma.
Había luchado para controlar la fuerza de sus sentimientos físicos hacia el rubio, pero con el mismo éxito del que trata de tapar un volcán en erupción. Era lo mismo que intentar detener la marea al rojo vivo con la red de pescar de un niño.
Cuando se separaron, el rubio notó la respiración entrecortada de ella y como sus mejillas habían adoptado una ligera tonalidad carmesí. Todavía no ha nacido la mujer que se me resista, pensó Draco de forma arrogante. Esta vez ella, haciendo acopio de su gran fuerza de voluntad, se separó de Malfoy, aunque en realidad todo su cuerpo le reclamaba tan solo otro instante junto a él, otro beso de sus labios.
--Me encanta el sabor de tus labios—dijo Malfoy, pasando lentamente su lengua por la comisura de su boca. –Tienes los labios más sensuales que haya probado jamás. —
--Que bueno que lo disfrutaras—escupió lo pelirroja—porque te aseguro que será la última vez que me pongas un dedo encima. –
Con suma indiferencia y haciendo alarde de una falsa actitud hostil, Ginny se volteó de nuevo, y esta vez sí consiguió escapar de la fuerza casi magnética, que por momentos sentía que Draco Malfoy ejercía sobre ella.
Su cabello rojo y su aroma de mujer encandilaron los sentidos del rubio.
Él aún notaba la respiración intermitente y agitada de ella cuando se marchó; y estaba más que seguro, que aquella joven y exquisita mujer, deseaba tanto como él repetir su encuentro furtivo de pasadas noches.
Así fue, que pensando en los labios de Ginny, olvidó todo por un momento.
Le dio un rápido vistazo al reloj en su pulsera, sopesando nuevamente las consecuencias que acarrearían el aparecerse dentro de la habitación de Hermione; la advertencia de la pelirroja aún rondaba por su cabeza. No sabía porque, pero las palabras de ella sonaban aún en su oídos, produciendo un eco tan agradable y reconfortante, que no pudo evitar obedecerlas.
Se llevó las manos a los bolsillos, y dando un suspiro, abandonó la clínica.
—HL—
La tenue luz de una lámpara iluminaba el frío rincón de la biblioteca, donde un hombre sentado sobre un antiguo sillón de cuero negro, revisaba los papeles en una carpeta manila. La expresión sombría de su rostro y sus ojos inexpresivos, evocaban sensaciones de resentimiento y amargura.
Dio un largo sorbo al coñac en su copa, vaciando su contenido.
En medio de la habitación en penumbra, se comenzó a escuchar el barullo de su retorcida risa, desgarrando la absoluta quietud del sitio.
--Veo que los papeles que te envié en la mañana te divierten mucho, Seamus—
La alta figura de un hombre de color, vistiendo un elegante traje estaba arrimándose en el umbral de la puerta, bloqueando la poca luz que llegaba desde la habitación contigua.
--Ustedes los Slytherin no saben lo que es la puntualidad. –escupió Seamus, con una fría sonrisa— en todo caso, ¿puedo ofrecerte algo, Blaise? ¿Un té, coñac, o quizás otro trato millonario?—
Esta vez fue el hombre de pie quien soltó una sonora carcajada.
--Asumo entonces que este acuerdo te parece atractivo también. Como te lo dije antes, Seamus, esta es una oportunidad que no podemos dejar pasar. –
Seamus Finnigan se levantó del cómodo mueble, y se acercó al aparador, donde llenó por tercera vez su copa esa noche.
--En realidad esto de acabar con la empresa de Harry ha resultado más sencillo de lo que imaginé en un primer momento. —
--¿Por qué lo dices?—
Tras un largo sorbo a su copa, se aclaró la garganta y continuó:
--¿Bromeas? Se supone que yo,--Seamus dio una estridente carcajada, que rompió la quietud de la habitación— ¡yo! estoy a cargo de la investigación que debe hallar al culpable. ¿No te das cuenta, Zabini? conmigo dirigiendo las investigaciones en la empresa, nunca hallarán al responsable. La fe ciega que Harry ha depositado sobre mí, será la que destruya el fruto de su trabajo y esfuerzo. Él es el verdadero responsable por las desgracias que se avecinan. —
El tono con el que Seamus murmuró la última oración, estuvo cargado de amargo resentimiento.
--¿Entonces, Solo necesitas los papeles firmados?—
--En efecto. Luego— Seamus hizo una pequeña pausa, como escogiendo bien sus palabras—podremos comenzar a contar el dinero a la sombra de una palmera, en las Islas Caimán. —
--No me gustan las playas. Me parecen vulgares. Prefiero la quietud y el silencio de las montañas—
Seamus hizo una extraña mueca, entre divertido y exasperado; y con tono sereno aseguró:
--Luego de que haga firmar a Potter estos papeles,--Seamus blandió en el aire la carpeta que hasta hace poco revisaba— y de que me traigas los documentos que te pedí, tendrás tanto dinero como para comprarte el Monte Everest—
—HL—
Harry contemplaba el rostro taciturno de Hermione, y con melancolía recordaba todas aquellas veces en que ella lo cuidaba y velaba por él mientras permanecía en la enfermería de Hogwarts, postrado en una cama a merced de Madame Pomfrey.
Se descubrió riendo por lo bajo, pero la congoja en su pecho arremetió contra él enseguida, haciendo que una débil lágrima recorriera su mejilla.
Tenía tantas ganas de gritar, llorar en medio del absoluto silencio de la habitación. Una renovada sensación de impotencia y frustración se apoderó de él; con todos sus recursos, con todo su dinero, era incapaz de hacer algo por la mujer que amaba.
Sintió entonces que no valía nada, que no era nada.
El silencio total de la habitación se vio interrumpido por el rechinar de la puerta a sus espaldas; estaba seguro que era Lavender, viniendo a revisar a Hermione o a pedirle por enésima vez que descansara un poco.
Nadie parecía entender que él deseaba quedarse junto a ella hasta que abriera los ojos.
Prefirió entonces ni siquiera voltearse, desentenderse de todo, hasta que una voz llamó su nombre, la voz de alguien con quien no esperaba encontrarse allí. Incorporándose muy lentamente, soltó la mano de Hermione, volteándose para ver a la persona que había llegado, y con tono sorprendido habló:
--¿Bianca? ¿Qué haces tú aquí?—
--Hola, Harry. Me da gusto verte, aunque sea en esta penosa situación.
El pelinegro aún no salía de su sorpresa; observaba intrigado el rostro de la mujer frente a él: sus largas pestañas, sus ojos azules, el largo cabello negro que caía sobre sus hombros, y la blanca sonrisa que esbozaba, que parecía tan sincera y transparente.
--Me enteré hace poco de lo sucedido, y lo lamento tanto. Se que la quieres mucho; ¿cómo está ella?—
--Aún no despierta. —Respondió con voz entrecortada—los doctores dicen que es cuestión de esperar a que el tratamiento funcione, pero es que…--
Harry no consiguió terminar la oración, la congoja en su pecho y el nudo en su garganta nuevamente arremetían contra él. No pudo evitar soltar frente a ella otra amarga lágrima; y es que a pesar de todos los problemas que había atravesado junto a Bianca Carrara, ella seguía transmitiéndole una sensación de sobrecogedora calma, a pesar de todo, Harry se sentía comprendido por ella.
Notando entonces el ligero estremecimiento de Harry, ella se acercó a él, y eliminando la distancia que los separaba, lo abrazó. Advirtió los brazos de él cerrarse en su cintura, y su mentón sobre el hombro de ella. Podía escuchar con claridad los latidos de Harry, su pecho contra el de él, moviéndose en acompasadas respiraciones.
--Tranquilo, Harry. Todo estará bien, todo estará bien—
Por toda respuesta, el pelinegro solo se aferró más al cuerpo de ella, cerrando los ojos mientras evitaba derramar más lagrimas. Bianca conocía bastante bien al pelinegro, casi sabía lo que pasaba por su mente en ese momento, y tenía la certeza de que jugando bien sus cartas, pronto Hermione Granger sería otro obstáculo que con astucia habría eliminado de su camino hacia Harry.
--¿Harry?—
La voz apagada de Hermione hizo que ambos deshicieran su abrazo.
El pelinegro se acercó de inmediato a ella, y la colmó emocionado de besos y abrazos. Cuando por fin la soltó, el rostro de la castaña continuaba inmutable, su expresión desasosegada y triste no había cambiado desde que despertó. Miraba alternadamente a Harry y a Bianca, no dando crédito a lo que había visto. Se cuestionaba a sí misma, preguntándose si talvez Harry se sintió como ella en ese momento, al verla en los brazos de Draco Malfoy: traicionada y humillada. No era enojo lo que sentía; aunque sí una gran desilusión.
--¿Hermione? ¿Estás bien? ¿Por qué no has dicho nada?—las preguntas de él quedaron flotando en el vacío de la habitación.
Ambas mujeres se miraban fijamente a los ojos, en un silente enfrentamiento.
Bianca ensanchó triunfal su sonrisa, podía advertir en el marrón de los ojos de Hermione la desilusión por haberla encontrado en los brazos de Harry; podía oler la tristeza y aflicción que emanaba la castaña por sus poros, un aroma que le fascinaba.
Sí, Bianca Carrara estaba segura. Su plan comenzaba a dar resultados.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
¡Aja, pensaban que Hermione había muerto ¿no es así? Los engañé, ja, ja, ja (entiéndase risa malvada)
Espero que a pesar de lo corto, les haya gustado. El siguiente capítulo promete, y promete bastante.
Ahora, las preguntas que se plantean son:
¿Acaso no ha nacido la mujer que se le resista a Draco Malfoy?
¿Les gustó el capítulo, o me dedico no más a la abogacía?
¿Cuál es la relación que existe entre Seamus y Zabini?
¿Sigo contestando las preguntas, o dejo las respuestas a su imaginación?
¿Conseguirá Bianca terminar la relación de Harry con Hermione?
¿Es acaso solo pasión lo que existe entre Draco y Ginny?
¿Cuáles son los motivos de Seamus para tratar de destruir Empresas Aries?
Y la pregunta más importante de todas:
¿Me dejaran muchos reviews los lectores, o me veré obligado a subir el siguiente capítulo no antes del mundial en Sudáfrica?
Todo esto y más, descúbrelo en el siguiente capítulo de Cruzada Potter.
Pilas…
Eduardo Monar
Abogado de profesión
Escritor y farrero por vocación
Pd: Gracias infinitas por los reviews, espero que sigan escribiendo palabra de apoyo, que me motiven a continuar con el fict.
