Mis queridos lectores;

Una vez más, les saludo desde una interminable torre de libros de derecho y gacetas judiciales. No he podido actualizar tan pronto como al principio, ya que la oficina y la u me han secuestrado prácticamente, pero aquí me tienen.

Como reza el sabio refrán: "lento, pero seguro".

Disfruten

Capítulo X

El callejón de la serpiente

--Te advertí que esto podía suceder, Hermione. Ya decía yo que de relacionarse con Draco Malfoy no podía salir nada bueno. —

El abatido y anegado rostro de Hermione Granger, miraba aún con desconsuelo la puerta de caoba, por la que minutos antes había salido un muy alterado Harry.

--Lo hice por él. ¡Lo hice por él, y ni siquiera me permitió explicarle. —La voz de Hermione sonaba entrecortada y molesta—si él piensa que las cosas se van a quedar así, está muy equivocado—

--¿Qué vas a hacer?—

Hermione se puso un abrigo negro, y acomodó una bufanda sobre su cuello, mientras limpiaba de lágrimas sus mejillas.

--Voy a ir a buscarlo, Ginny. —

--Piensa bien las cosas, amiga. Viste bien como estaba, y la forma en que trató; sabes al igual que yo, que estando él así no lograrás solucionar nada. Por qué mejor no esperas hasta mañana para hablar con él. Estoy segura que eso es lo mejor. —

El argumento de Ginny fue contundente y firme. Ella tenía razón y la castaña lo sabía, pero en momentos como el que estaba viviendo en aquel instante Hermione, con un cúmulo de abrumadores sentimientos agolpándose en su ser, buscando desesperados la forma de ser expresados, es bastante difícil mantener el control.

Necesitaba verlo, necesitaba hablar con Harry.

Prefirió no decir más, tal vez porque no encontraba sentido debatir a los argumentos de Ginny, o tal vez porque temía que de continuar hablando, las frías lágrimas harían nuevamente de ella su presa, y ésta vez no se sentía capaz de detenerlas. Respiró muy hondo un par de veces, consiguiendo así calmarse; se dirigió entonces hacia la puerta, y desapareció por el umbral de la misma, con la única de intención de encontrarse con Harry, y solucionar de una vez y por todas, la absurda situación por la que atravesaba su relación.

—HL—

--Buenas noches, busco a Hermione. ¿Está en casa?—

El sinuoso tono y el siempre lascivo arrastre de palabras de Draco Malfoy, hizo eco en la habitación de paredes rojas y azules. De pie, frente a Ginny, ésta le observaba como si se tratase de una mala broma, o una terrible tomadura de pelo. De todas las personas que, una joven mujer como ella podría esperar recibir en su casa a esa hora de la noche, la elegante y masculina figura de Draco Malfoy no estaba en la lista. Y no era porque no le considerase atractivo ni mucho menos, solo que la simple idea de ver a sus amigos discutir y separarse por su culpa, la fastidiaba sobremanera.

--Realmente eres osado, Malfoy. Venir hasta aquí a molestar a Hermione, no te parece suficiente acaso todo lo que has hecho ya. ¡Estás arruinando sus vidas, Malfoy!—el tono de Ginny era frío y reacio, tal como el semblante en su rostro— ¡Vete de aquí ya, antes que me vea forzada a llamar a la policía—

La indulgente perorata de la mujer, de poco o nada sirvió para avasallar al rubio. De hecho, le parecía divertido ver como ella lo rechazaba y condenaba, cuando en su mente el recuerdo de ella gimiendo extasiada por más de sus caricias, su roce, y sus labios, estaba fresco aún en su mente.

--¿Te importaría que la esperara adentro?—

Ginny no consiguió evitar soltar una sonora carcajada, al escuchar el cínico susurro en el que habló el rubio.

--Estás totalmente enfermo si piensas que te dejaré entrar. —Soltó Ginny con actitud vehemente y seria—hazme un favor, y termínate de largar. —

--Deberías tratar mejor a las personas. La vida puede tornarse muy difícil para una hermosa mujer que no sabe controlarse—

El rostro de la pelirroja se ensombreció de momento con las palabras del hombre. Se cruzó de brazos, en un ademán impaciente y expectante, y con el mismo tono cargado de fuerza que usara el rubio, le preguntó:

--¿Es una amenaza?—

Malfoy no pudo más que sonreír divertido ante la pregunta de la mujer, que en ese instante proyectaba un aire de femenina suficiencia y seguridad. Se vio tentado entonces, a llevar firme su mano hasta la delicada mejilla de ella, en un astuto y calculador movimiento; con dedos lentos y sensuales, recorrió la delicada línea de su mandíbula hacia la esbelta columna de su garganta, que se insinuaba por encima de las solapas de su blusa.

--No, es un cumplido. —

—HL—

Bianca Carrara era una mujer de recursos. Siendo la única heredera de un poderoso magnate hotelero de origen italiano, creció teniendo a sus pies comodidades que muchos solo atinan a desear. Desayunar relajada a la orilla del Sena, disfrutar de una humeante taza de chocolate admirando la vista de los Alpes Suizos, y estar de regreso para una fiesta de gala en el Palacio de la familia Grimaldi en Mónaco, podía considerarse un día relativamente normal en la vida de esta mujer.

El increíble atractivo del que se jactaba y su magnética personalidad, eran su carta de presentación entre los máximos círculos de poder en la aristocracia europea, donde el hedonismo y la beneficencia hipócrita eran el triste común denominador.

Aquella fría tarde llevaba su brillante melena negra suelta, y vestía un elegante traje ejecutivo, que realzaba magistral su esbelta figura femenina, irradiando un aire de delicada seguridad.

Mientras caminaba por un largo pasillo, se regocijaba pensando en lo sencillo que resultó la separación de Harry y Hermione. Había ideado más de un siniestro plan, con los que esperaba separarlos de manera definitiva, pero el hecho de que no tuviese que mover un solo dedo para conseguirlo, facilitaba completamente para ella las cosas. Caminó hasta que se encontró frente un enorme escritorio de blanca madera pulida. La mujer detrás del mueble, también de cabellos negros y mirada atenta, la recibió con una cordial sonrisa.

-- Buenos tardes, Señorita Carrara, que gusto volver a verla —

-- Hola, Romilda, ¿podrías avisar a Harry que estoy aquí?—

—HL—

El claro arrullo del crepitar de los grillos, llenaba la fría atmósfera nocturna. En un poco concurrido y bohemio bar de la ciudad, un hombre y una mujer disfrutaban al calor de unas copas, en una agradable y amena conversación.

--Por lo que me has contado, tal parece que le va de maravilla a Francesco con los negocios allá en Asia. Me alegro mucho por él; es una señor en toda la extensión de la palabra; debes de estar muy orgullosa—

--Qué te diré, Harry. Mi papá es único y tiene un instinto increíble para los negocios—sonrió la mujer— al principio pensé que sería difícil, pero luego del primer año todo ha sido excelente—

Harry dio un largo sorbo a su copa de whisky, mientras miraba los profundos ojos azules de Bianca Carrara.

--Y qué me dices de ti. ¿Cómo te ha tratado la vida?—preguntó ella con un tono de jovialidad fingido; aunque de antemano sabía la respuesta; sabía con certeza del delicado momento por el que pasaba la relación del pelinegro con Hermione—

Por un segundo, Harry la escrutó disimuladamente con la mirada, tratando de leer entre líneas.

--Bueno, algo nervioso ya que Nahiara esta bastante entusiasmada con viajar a Francia en un intercambio cultural con su colegio; deberías verla, se le ilumina el rostro cuando habla de viajar. —

--¿Y como va todo en la oficina?—

--En la empresa no podría irnos mejor. Con Percy y Seamus dirigiendo la Junta Directiva, las ganancias siguen llegando y llegando. Aunque las cantidades que pagamos en impuestos son asfixiantes —Harry hizo una pequeña pausa para volver a beber de su copa—Pero considerándolo bien, la verdad es que no me puedo quejar. —

En un calculador ademán del que Harry no se percató, la mujer posó su delicada mano sobre la de él.

--¿Y cómo está tu corazón?—

Con los problemas por los que atravesaba y después de que la mujer le brindase una sincera y cálida sonrisa, la invitación que le hiciese la mujer le resultó casi irresistible; pero Harry sabía que era cuestión de tiempo para que Bianca se lanzara al ataque; estaba seguro que aquella inocente invitación a "tomar algo y conversar", como lo describió muy animada cuando lo encontró en uno de los pasillos de la empresa, era tan solo un eufemismo para tratar de seducirlo.

Mas la seguridad de Harry en las intenciones de ella fue efímera, ya que lo siguiente que ella dijo, lo desconcertó totalmente.

--Espero que ella te esté tratando bien, Harry. Ojalá te haga muy feliz, a ti y a Nahi. En verdad se lo merecen—

El tono cargado de sinceridad en sus palabras, y la calidez de sus ojos, lograron arrancar una espontánea y franca sonrisa al pelinegro. En aquel momento, mientras ambos se observaban directo a los ojos, con la suave mano de ella aún sobre la de él, Harry se permitió pensar que talvez Bianca había superado su enamoramiento, y que bien podrían continuar con la afable amistad que compartían antes.

Pero sus deseos no podían estar más alejados de la realidad, y es que caras vemos…

—HL—

Las semanas posteriores al rompimiento de Harry y Hermione, parecieron transcurrir con extraña tranquilidad. Sus amigos trataban en lo posible de desviar la atención, si por cualquier circunstancia el tema salía a colación. Aquella tarde de octubre, Ginny y Hermione se reunieron en el penthouse de Luna; y como inusualmente sucedía desde hace un par de días, la rubia y la pelirroja se hallaban inmersas en una discusión sin sentido, que solía solucionarse por lo general con una invitación a desayunar en el Arbolito.

--Discúlpame, Ginny. Últimamente he estado algo alterada. ¿Amigas?—

Ginny no sabía porque, pero la constante actitud de suprema irritabilidad con la que se manejaba la rubia, comenzaba a parecerle de lo más extraña. Ella conocía a Luna casi una vida, y sabía cuando algo la molestaba. Por su mente pasaron fugaces conjeturas al respecto, pero hubo una que la golpeó con la fuerza de una bludger desbocada.

Se llevó las manos al rostro, ahogando un gritito de emoción.

--¡Luna, estás embarazada!—

Luna y Hermione dieron sendos respingos ante tal afirmación, observando a la pelirroja como si vaticinara el fin del mundo.

--¿Qué dices, mujer? ¡Claro que no estoy embarazada! —

--¿Estás embarazada?—

--¡Claro que no, Hermione! ¡No estoy embarazada!—repitió Luna.

El sonido de unas llaves chocando con la chapa en la puerta del penthouse, interrumpió de momento la discusión. Muy lentamente la puerta se fue abriendo y, la alta figura de Ron Weasley, vistiendo un elegante traje y llevando un portafolio negro, se hizo presente en el recibidor.

Ron solo atinó a sonreír afable a las mujeres en la sala de su casa, ya que Ginny prácticamente lo embistió, y lo abrazó muy emocionada, mientras lo felicitaba.

--Yo también te quiero, Ginny, pero suéltame ya—dijo él, después de varios abrazos y besos de su hermana.

--Estoy tan feliz por ustedes, Ron. Me alegro tanto, ¿cuándo le darán la noticia a mi mamá?—

Arqueando una ceja, en un sorprendido mohín, Ron preguntó con tono vacilante y curioso:

--¿Y qué es lo que tendría que contarle a mamá, Ginny?— La pregunta quedó flotando en el aire, pero inconscientemente llevó su azul mirada a los ojos de su mujer, buscando en silencio una explicación.

--Creo que lo mejor será que nos vayamos, bocona—soltó Hermione, al notar la tensión en el cuerpo de su rubia amiga—Vámonos Ginny, te invito un cóctel—

--Pero, Hermione, no crees que deberíamos…--

La frase de Ginny quedó a medio terminar, cuando la fría mirada de Luna la atravesó.

--¿Saben qué? Ese cóctel comienza a sonar delicioso. Hasta pronto, Luna, Ron—se acercó a su cuñada, y luego a su hermano, despidiéndose con sendos besos en la mejilla; al igual que lo hiciera Hermione. Tras la despedida de las mujeres, Ron continuaba donde el primer abrazo de su hermana lo había sorprendido, pero ahora escrutaba con detenimiento y muy fijamente el semblante de su mujer.

Se aclaró la garganta, sin apartar en ningún momento su mirada de la de Luna.

--¿Y bien, por qué era todo ese alboroto?

—HL—

Tal como se lo había pedido Harry hace algunas semanas, Luna le mantenía constantemente informado de la mayoría de los movimientos de su acérrimo y rubio rival. A Harry se le hacía en verdad extraño, luego del informe de la primera semana que preparó Luna, que una serpiente vil y rastrera como Malfoy, pareciera tener una vida sencilla y sin complicaciones. De acuerdo a Luna, por lo general, llegaba temprano a trabajar, acostumbraba a comer en sitios tranquilos y poco frecuentados, a veces con Blaise Zabini, directivo en el Consorcio Malfoy, o con Hanna Abbot, socialitè londinense y su amante de turno.

Pero al caer la noche, el rubio era infaltable en el movimiento bohemio y siempre agitado de la ciudad.

Aquella noche en particular, Luna había seguido a Malfoy hasta "La Petit Fleur", un elegante y bastante exclusivo restaurante cerca de la Abadía de Westminster. Mientras que a través de los grandes ventanales del restaurante tomaba fotos del grupo con el que estaba el rubio, el frío aire nocturno de octubre hacía que las pesadas y gruesas gotas de lluvia, viajaran trémulas en la inmensidad, golpeando casi con saña el paraguas que asía Luna en su mano.

—HL—

A Draco Malfoy, la consabida presencia de fotógrafos de farándula y admiradoras desquiciadas a su alrededor, hace mucho tiempo que había dejado de molestarle. Acostumbrado como estaba a ser el centro de atención, tanto por su apellido como por su distinguida presencia, si alguien lo enceguecía con el flash de una cámara, le pedía un autógrafo, o le pellizcaba el derrière, tomaba la situación con calma filosófica y una sonrisa afable; por lo mismo, había desarrollado una especie de sexto sentido, que le indicaba cuando lo acechaban, cuando el peligro se cernía sobre él, y es que después de la vida tan sui géneris que había llevado, bien podría decir que tenía una gran lista de enemigos.

Luego de terminar de cenar en "La Petit Fleur", salió presuroso bajo la protección de un paraguas que le facilitaran el restaurante, y se despidió de Hanna Abbot, y un par de ejecutivos de su Consorcio, con los que aquella noche ultimaban detalles del lanzamiento de la campaña publicitaria de su colección de invierno, que se aprestaban a iniciar en pocas semanas.

Cuando se disponía a llamar a un taxi, una oscura silueta escondida entre las sombras del callejón cruzando la calle, le llamó la atención sobremanera. El no era un hombre paranoico ni mucho menos, pero estaba seguro que aquella silueta lo había estado espiando, siguiendo, vigilando, desde hace ya algún tiempo.

Algo, muy dentro de él, lo incitaba a acercarse a la oscuridad, a descubrir lo que escondía el velo de la noche.

Por eso, sin pensar siquiera, en medio del clamor de la lluvia azotando impávida el suelo, cruzó la calle con destino al oscuro callejón, dispuesto a averiguar si la sombría silueta que parecía acecharlo donde fuera, era un simple invento de su imaginación, o un acosador en potencia.

—HL—

Luna parpadeó un par de veces, confundida, mientras observaba con detenimiento la entrada al restaurante, ya que no advirtió en que momento la figura de Malfoy desapareció del lugar. El ruido intermitente de la lluvia cayendo sobre el pavimento la fastidiaba bastante y comenzaba a pensar que ya era hora de volver a casa. Se vio tentada a abandonar la seguridad de las sombras, para así tratar de encontrarlo con la mirada y finalizar por aquella noche el especial encargo de Harry. Dio con cautela unos cuantos pasos sobre el encharcado suelo, intentando en lo posible evitar mojar más sus pantalones. Se encaminó hacia la calle principal, pero un salvaje e intempestivo empujón contra una de las sucias paredes del callejón se lo impidió.

Gritó desesperada con todas sus fuerzas, mas el sonido se ahogó en lo profundo de su garganta.

Lo siguiente que Luna supo, fue que la presión de un antebrazo sobre su pecho la tenía sometida contra la pared. El miedo se apoderó de ella, paralizándola; se sentía incapaz de defenderse de su asaltante, se sentía presa en las redes de aquel hombre.

--No es nada considerado espiar a la gente. ¿No lo sabías, preciosa?—

Su respiración era agitada y presurosa, como si le rasgase los pulmones.

El siniestro e irónico tono de las palabras del hombre, fueron como un balde de agua helada para Luna. Aunque no alcanzaba a distinguir bien el rostro del hombre en la penumbra, entendió enseguida quien era su agresor, y se maldijo a si misma por ser tan descuidada, por permitirse verse envuelta en tan precaria y comprometedora situación.

Las gotas de lluvia cayendo reacias sobre los charcos en el callejón, ahogaban los quejidos de la rubia.

--Debes decirle a tu amigo Potter, que espiar a Draco Malfoy no es un trabajo para cualquiera; y mucho menos para una mujer. —

Luna continuaba sin conseguir articular palabra alguna; el codo del rubio contra su pecho y su respiración sinuosa sobre el cuello de ella le asfixiaban. Con los últimos atisbos de coraje, trató de empujar a Malfoy, pero todo esfuerzo por lograrlo fue inútil. Con renovado ímpetu, el rubio forzó el cuerpo de la mujer contra la pared, pegando su cuerpo al de ella, sintiendo bajo la mojada tela de su blusa gris los firmes y turgentes senos de Luna, rozando la fuerza de su masculinidad contra el bajo vientre de Luna. El hombre notaba por el estremecimiento del cuerpo de ella y por sus quejidos apagados, que la mujer estaba llorando.

Amargas lágrimas que se confundían con las claras gotas de la torrencial lluvia sobre sus mejillas.

--Suéltame—suplicó Luna en un susurro.

--¿Qué te suelte?—Malfoy río con descaro ante la sola idea—preciosa, te has tomado la molestia de venir a buscarme, lo mínimo que puedo hacer es brindarte algo de mi tiempo. Qué clase de caballero sería sino lo hiciera; además, no quiero que vayas a pensar que soy alguna clase de patán—

--Por favor…—

--¿Por favor?—la nueva suplica de ella solo consiguió incitar más al rubio. En un voluptuoso y calculador ademán, llevó su diestra a uno de sus senos, palpando, acariciando, sometiendo. Luna no daba crédito a la implacable situación de la que era víctima, comenzaba a sollozar acongojada, quejándose de las tortuosas caricias del rubio, pensando temerosa acerca de las verdaderas intenciones de Malfoy —ahora te quejas, pero pronto me rogarás que no me detenga. —

--Por favor…Malfoy—suplicó nuevamente la mujer.

El siniestro semblante en el rostro de Malfoy, heló la sangre de Luna cuando vio directamente a sus grises ojos. Trataba aún de forma fútil separarse de él, alejarlo, pero su masculina fuerza se lo impedía; maldijo entonces su debilidad, y maldijo a Malfoy por hacerla presa de sus siniestros deseos, por hacerla víctima de su eterna rivalidad con Harry. Los sentidos de Luna estallaron de súbito, cuando sintieron la fría mano del hombre escabullirse por debajo de su blusa, recorriendo con malicia su abdomen, su espalda, hasta llegar a sus senos, y comenzar nuevamente el tortuoso y lacerante roce.

Sentía que su dignidad y amor propio se escurrían entre las sucias garras de Malfoy.

Luna era conciente de que el tiempo se le estaba acabando, que de seguir así, bien podría Malfoy aprovecharse de ella, hacerla suya; aquel simple pensamiento solo conseguía angustiarla aún más. En medio de la oscuridad del callejón, con la copiosa lluvia ahogando sus gritos, estaba a merced de los instintos del rubio.

De pronto, un destello de lucidez mental llegó a ella, haciendo que reaccionara al instante.

--Por favor—susurró desesperada una vez más —estoy embarazada. —

Y como si hubiera dado una irrefutable orden, la sinuosa y concupiscente tortura se detuvo de momento.

Luna se vio embargada por un escalofrío, cuando Malfoy retiró muy despacio su mano del pezón de ella, y poco a poco comenzó a caminar vacilante hacia atrás, alejándose de Luna como si se tratase de una plaga apocalíptica. El rubio le dedicó una siniestra y terrible mirada, que evocaba sus más perversos sentimientos y que en adelante, le martirizaría cual calvario el resto de su vida.

Y sin más, el rubio despareció del oscuro callejón.

Ante el incesante temblor de sus piernas, Luna se dejó caer de rodillas sobre el suelo encharcado. Estaba devastada, pero no podía llorar, había sido humillada, pero no quería llorar; su respiración era agitada y presurosa, casi era incapaz de pensar, de formar una idea coherente. La lluvia ensordecedora continuaba aplacando sus sollozos; se sintió sucia, indigna, asqueada de haber sido manoseada por Draco Malfoy, mancillada; la simple idea le repugnaba, le hastiaba.

El horror de aquel momento, se reflejaba en su compungido rostro.

En medio del incesante clamor de la lluvia, y la perpetua oscuridad de aquel callejón, Luna continuaba ensimismada, como perdida, abstraída de la realidad. Temerosa de levantarse, temerosa de abrir los ojos, y percatare de que la alta y siniestra figura de Draco Malfoy se encontraba todavía frente a ella, regocijándose con su sufrimiento, disfrutando al ver el estado tan patético y lastimero al que la había reducido con su lascivo abuso.

Aún sentía las manos del rubio tocándola, recorriendo calculadoramente su cuerpo, torturándola. Aún sentía las indulgentes caricias de Draco Malfoy, quemándola, asfixiándola, y fue entonces que tuvo la certeza de que ese terrible momento, la marcaría a fuego por el resto de sus días.

Y es así, mis queridos lectores, que llegamos al final de otro apasionante final de Cruzada Potter.

Por esta vez, no plantearé preguntas, solo resta decirles gracias infinitas por los reviews, los mails, las palabras de apoyo en el MSN, y por el tiempo que le han dedicado a este fict.

Atentamente,

Eduardo Monar

Abogado de Profesión

Escritor y Farrero por vocación

Pd; En el siguiente Capítulo, sabrán que hablaron Harry y Hermione luego del incidente en el departamento.

Pd2; Y i me lo piden en los RR, bien podría contarles que sucedió con Malfoy y Ginny, tras la sorpresiva visita del rubio en busca de Hermione.