Mis queridos lectores;

Antes que nada, felicitaciones a María Sharapova por ganar la noche de hoy sábado, el U.S. Open en dos sets, 6-4 y 6-4, a Justine Hanin-Hardenne. Te amo María!

Tenía muchas ganas de hacer algo especial para este capítulo, y según yo lo he conseguido.

Para todos aquellos que mandaron mail y pidieron en sus reviews saber que sucedió al final de esa noche entre la pelirroja y el rubio, ahí lo tienen. Ja, ja, ja (entiéndase risa malvada)

Espero de todo corazón que les guste, ya que…bueno ustedes saben.

Disfruten

Advertencia: Este capítulo contiene una intensa escena de lemon. Así es que los que no gusten de ese tipo de literatura, o tenga problemas en contra de la misma, está advertido de antemano. Guerra avisada…

Capítulo XI

Recuerdos

Los primeros días de noviembre, llegaron a Londres con un contundente descenso en las temperaturas, azotando a la ciudad con reacias tormentas de nieve y granizo, en un invierno anticipado. Aquella mañana en particular, el clima, aunque algo frío, se perfilaba perfecto para recorrer la ciudad; o al menos así lo pensó Hermione cuando luego de terminar de leer un libro que le había recomendado Lavender, comenzara a sentirse asfixiada en medio de las paredes rojas y azules del apartamento de Ginny.

Ir por un capuchino al centro comercial, y comprar más incienso y sales para el baño fue de las primeras ideas que cruzaron por la mente de la castaña. Se había prometido dedicarse algo de tiempo para ella, tiempo para consentirse y mimarse, tiempo para olvidarlo…

El grueso abrigo de piel que usaba, la bufanda alrededor de su cuello y la cofia sobre sus rizos, la hacían verse extraña, y poco llamativa. Había conseguido justo lo que buscaba, pasar desapercibida entre la multitud de gente que esa mañana concurría al centro comercial. Desde la mesa dentro de un acogedor y cálido café donde se encontraba sentada, veía pasar a cientos de personas. Padres con sus niños en busca de tempranos regalos para navidad, grupos de desenfadados adolescentes camino a las arcadias, hombres y mujeres con bolsos y maletines, luciendo afanados y trabajadores. Parejas de enamorados, que dentro del centro comercial buscaban pasar sencillamente un agradable momento con los objetos de su afecto.

La mano de Hermione comenzó a temblar intempestivamente. Frente al ventanal del café donde se encontraba, por el cual había visto a cientos de personas caminar aquella mañana, la figura de un hombre alto, moreno y de lentes, vistiendo de forma elegante, se paseaba del brazo de una muy atractiva mujer. Su mirada azul, y su manera al caminar era casi lasciva.

Hermione se había prometido olvidarlo, se había prometido no volver a derramar una sola lágrima por aquel hombre, mas el destino parecía empecinarse en otra cosa. La fuerza de sus sentimientos era demasiada, los vestigios del amor que aún sentía por él continuaban lacerando su ser, continuaban lastimándola.

Por eso, mientras veía el rostro despreocupado del hombre a través del ventanal, su caminar suelto, y a Bianca Carrara tomada de su brazo, no consiguió evitar recordar la última vez que escuchó su voz llamar su nombre, la última vez que sintió el roce de sus dedos sobre su piel.

Flash back

La suave brisa nocturna, auguraba una tormenta. Mientras el firmamento londinense se veía inmerso en el brillante fulgurar de las estrellas, la luna bañaba con melancólica cadencia todo en rededor. Hermione caminaba con paso resuelto a través un poco iluminado sendero; junto a ella, el sereno cauce del Támesis parecía arrullarla con su canción. Anduvo sin detenerse durante mucho tiempo, tratando de aclarar los pensamientos en su cabeza; se sentía decepcionada, molesta por la actitud indolente de Harry.

Si tan solo supiera lo que había hecho por él…

Aún con una maraña de pensamientos y sentimientos encontrados, llegó a una bohemia plaza a orillas del río, donde sentado en una banca de deslucido metal, un hombre cabizbajo, meditabundo y pensativo, no hacía más que observar el infinito firmamento nocturno. El rostro del hombre lucía surcado de problemas y confusión, haciendo que se viese mucho mayor de lo que en realidad era.

Hermione no supo por qué, pero procuró hacer el menor de los ruidos mientras se acercaba. Tomó asiento junto al hombre en la banca frente al sereno cauce del Támesis, y por unos minutos ninguno dijo nada. Permanecieron en un silencio que distaba mucho de ser incómodo, considerando la difícil situación por la que atravesaba la relación de ella, y el hombre a su lado.

Necesitaba hablarle, necesitaba escuchar su voz.

--Sabía que te encontraría aquí—soltó Hermione en un susurro.

--No deberías haber venido. Tú y yo no tenemos nada que decirnos, Hermione—espetó Harry, con una triste sonrisa ladeada y el mejor de los tonos indiferentes, sin despegar un momento la atención del firmamento.

--No te das cuenta que nada en mi vida funciona sin ti,… ¡mírame, Harry!—exclamó con los ojos comenzando a anegarse en lágrimas, al ver el semblante distante y taciturno de Harry, un semblante que permanecía perdido en el cielo infinito.

La anomia había consumido a Harry totalmente. Ya nada le importaba, ya no quería nada; el sentimiento de traición y engaño que le causaba la sola presencia de la mujer era casi asfixiante, doloroso, inexpugnable, por eso había evitado verle a los ojos, por eso había evitado su mirada cargada de frustración y desconsuelo.

--No es tan fácil, Hermione. No es solo desearlo y volver a como estábamos antes. —

Sintió como si un cuchillo le atravesara el corazón; el tono gélido de Harry, la amargura de sus palabras, y la desconcertante forma de tratarla, como nunca antes, la herían sobremanera. Hermione tuvo que reunir todas sus fuerzas, antes de lograr contestarle.

--Podemos intentarlo—

Harry se permitió observar por un corto instante el acongojado semblante de la mujer; tenía tantas ganas de decirle que no importaba nada, que no importaba lo que dijese o hiciese, él solo la amaba a ella, a su mujer…pero no podía. Algo muy dentro de él se negaba a dar rienda suelta a sus impulsos, una fuerza extraña no le permitía abrazarla contra su pecho, estrecharla ansioso como estaba entre sus brazos y decirle una y mil veces cuanto la amaba. Su herido orgullo masculino, tan intransigente e irracional, simplemente se lo impedía.

--Lo siento, Hermione. Pero creo que lo más conveniente en estos momentos es que nos separemos. Debo solucionar muchos asuntos en la empresa, y estoy seguro que ahora que terminaste tu último contrato, necesitas algo tiempo para estar sola. —increpó el pelinegro, volviendo su mirada al cielo infinito.

--¿Harry, me estas diciendo que ya no quieres verme más?—

Le hizo la pregunta con una mezcla de desafío y dolor en su voz, al pensar que todos los planes y proyectos, que todos los sueños e ilusiones que había recreado desde que volvió a Londres, podrían derrumbarse tan fácil y tan rápido, y con ellos, sus renovadas ansias por vivir.

--En este momento, Hermione, no se lo que quiero. —

--¿Qué tengo que decir? ¿Qué tengo que hacer para llegar a ti?—preguntó ella.

Su tono ya no era angustioso y entrecortado, sino ferviente, impaciente, obcecado al notar la ambigüedad en Harry. Sus trémulos labios soltaban palabras frías y lacerantes, palabras que herían cada una de las fibras de la castaña; pero sus esmeraldas, aquellos ojos que Hermione tanto amaba, solo reflejaban la tristeza y el desconsuelo por permitirle a ella marcharse de su lado, por tolerar impávido que lo abandonase para siempre.

Harry se levantó muy despacio de la fría banca de metal. Su mente era un torbellino voraginoso de sentimientos encontrados, tristeza y orgullo, soberbia y amargura, lastimándolo, hiriéndolo. Dio un pequeño paso, y se hincó frente a ella, quien continuaba sentada donde hace tan solo un instante antes lo había estado él. El rostro de Hermione se vio iluminado de momento; los luminosos destellos de la luna sobre el cauce del Támesis, se reflejaban también sobre el suave marrón en sus ojos. Dejó de sollozar, dejó de tiritar angustiada, pensando que Harry había preferido escuchar a la voz de sus sentimientos antes que a su incipiente orgullo, permitiéndose así albergar la esperanza en su acongojado pecho cuando, con extrema carencia y veneración, Harry acarició de delicada forma su mejilla, limpiando con cuidado su rostro de las frías lágrimas que le asediaban. La cálida sensación de esperanza e ilusión, se desvaneció tan rápido como la suave caricia de su mano, cuando él se incorporó nuevamente, y con un tono cargado de aflicción y melancolía, le dijo:

--Debo irme—

Fin del Flash back

—HL—

El cálido sol de verano, brillaba sublime sobre la verde grama cubierta de rocío. El agradable calor de la mañana y la sensación de calma era absoluta en los rededores de la campiña en Liverpool; el aroma de la tierra mojada, producto de una llovizna ligera y el suave perfume de jazmín, eran el complemento perfecto para el perfecto día de verano.

Un pequeño niño, de vivísimos ojos azules y cabello castaño, correteaba alegre de la mano de otra pequeña niña, que como él, tenía también los ojos azules y cabello castaño, que largo y ondulante, brillaba lívido con el cálido sol; ambos perseguían ensimismados a una inquieta golondrina, que con su volar bajo y escurridizo, los invitaba a jugar. Quien no conociera la historia de los pequeños infantes, pensaría que eran hermanos, dado el parecido de su físico y sus caracteres.

En la mente de ambos, tan alejados de los problemas y frustraciones de la vida, todo era risas y diversión, juegos y fantasías, el ensueño de tiempos que anhelaban no terminasen jamás.

La pequeña niña calló sobre sus rodillas, al tropezarse con un rugoso pedrusco.

El rostro de la pequeña comenzaba a verse surcado de límpidas lágrimas, deshaciendo el hermoso semblante de felicidad y júbilo infantil. El niño se acercó presuroso junto a ella, se inclinó, y se dio a la tarea de esculcar alguna herida en las piernitas de la niña, mientras ésta sollozaba adolorida.

Cuando se hubo dado cuenta del raspón producido por la caída, rápidamente arrancó un pedazo de su camiseta, y lo amarró con cuidado alrededor de la rodilla de la pequeña. Ella se quejó un poco, pero le dedicó una sincera sonrisa al niño a manera de agradecimiento. Luego de un par de minutos en silencio, minutos de tan solo contemplarse, la pequeña se incorporó con dificultad de la grama, y esbozando una coqueta sonrisa en sus labios, le dio un tierno y suave beso en la mejilla al niño, quien solo atinó a sonreír en respuesta.

--¡Cristina!—

El gritó rompió con la quietud y silencio de la fría noche de invierno; un grito gutural y profundo, que parecía provenir desde el fondo mismo de su alma. El crujir de la madera crepitando al ritmo del naranja y rojo de las llamas en la chimenea, era el único sonido que se escuchaba en la habitación.

Muy despacio, el hombre se incorporó de la confortable cama, respirando cansado, respirando agitadamente; sintiendo como las frías gotas de sudor recorrían su frente, sintiendo como las frías gotas de sudor calcinaban su alma. Caminó dando cortos pasos hasta el ventanal, por donde se colaban trémulos los destellos de la luna creciente, tomó en su mano derecha una botella de cristal que descansaba sobre una elegante cómoda de madera, y vertió un poco de su contenido en una copa de cristal también.

Con su mano izquierda, llevó la bebida hasta su boca, donde se permitió saborear el penetrante aroma del whisky antes de beberlo. Luego de un par de sorbos del licor, la intranquilidad del hombre comenzó a desvanecerse. Se puso entonces a pensar en el sueño que había tenido, imágenes de un momento de su niñez que parecía perseguirlo, recuerdos de una promesa rota y una vida vacía.

Volvió a llenar la copa de cristal con whisky, pero antes de darle el primero de los sorbos al licor, la ira y la frustración se apoderó del hombre. Giró sobre sus pies descalzos y con todas sus fuerzas arrojó la copa al interior de la chimenea, rompiéndola en cientos de pequeños cristales, que al final se consumieron en medio de las voraces llamas, junto a los vestigios de la crepitante madera.

Odiaba a Harry Potter con todo su ser, con cada uno de sus pensamientos, con cada una de sus respiraciones. Su vida ya no era vida, su risa ya no alegraba su espíritu, para él los placeres y deleites de la existencia humana no eran más que meras abstracciones de la cruel realidad que vivía, simples espejismos de efímeras sensaciones. Bajo la afable cubierta de un ejecutivo exitoso y hombre de mundo, yacía un hombre acabado y solo. Tras la jovial y atenta máscara de Seamus Finnigan, latía el corazón de la venganza y la perfidia.

—HL—

Algo más de un mes había pasado desde la aparente definitiva ruptura entre Harry y Hermione. Las vidas de cada uno continuaban con total normalidad; el pelinegro vivía sumergido en su ajetreada agenda ejecutiva: reuniones con inversionistas, almuerzos de negocios, juntas directivas, y uno que otro evento benéfico que organizase su fundación, al que siempre iba acompañado de Nahiara, quien tras la ruptura de Harry con Hermione, había decidido quedarse junto a él, postergando así la posibilidad de estudiar en el extranjero.

Por su lado, Hermione disfrutaba de unas merecidas vacaciones, alejada de las pasarelas y escenarios internacionales. Ahora que no se veía sometida a la presión de los medios ni a asfixiantes contratos de modelaje, salvo… bien podía aprovechar su tiempo libre para leer todos y cada uno de los libros que se cruzaran por su camino.

Pero más que nada, ella necesitaba tiempo para reflexionar, y decidir que quería hacer con su vida, ahora que, luego de su último contrato con una compañía londinense, había resuelto abandonar el modelaje en forma definitiva.

center —HL— /center

Las personas avanzaban a través de los terrenos del Rochester Field, en busca de la pista de competencia hípica. El club campestre recibía esa mañana a varios representantes de distintos países europeos, para el Dagger Bowl, un afamado y reconocido evento hípico juvenil.

--¿Dónde nos sentamos?—preguntó Ron, al descubrir con sorpresa la cantidad de personas que se hallaban congregadas en las tribunas cuando llegaron al lugar.

--Me parece que ahí está bien—Harry apuntó con su dedo a la parte baja de la tribuna central, donde al parecer habían varios asientos disponibles aún.

Las banderas apostadas sobre enormes astas metálicas a un lado de la pista, flameaban ondulantes, con cadencia, a medida que el viento matutino jugaba con ellas. Ron, Harry y Ginny, caminaron cuidadosamente a través de las tribunas atiborradas de personas, hasta que llegaron a los asientos desocupados.

El ambiente entre la multitud era jubiloso y animado; pancartas y banderines de apoyo nadaban en un mar de vítores.

--Voy un momento a los cobertizos. Quiero desearle suerte a Nahi—dijo Harry, poniéndose de pie, a la vez que estiraba un poco las piernas.

--Cómprame algo de comer, —solicitó Ron con actitud indiferente. — de preferencia hamburguesa con tocino.

--Ron—llamó Harry, con un tono de infinita paciencia que le recordó a sí mismo a Hermione—dudo que haya hamburguesas aquí.

--Trae lo que sea, entonces, Harry. A mí por favor me compras algo de beber, tengo mucha sed—

Harry le dedico una extrañada pero divertida mirada a Ginny, quien seguramente lo había confundido con alguno de los aguateros a quienes mangoneaba en su equipo de quiditch.

--En el acto—río Harry, y se encaminó hacia los cobertizos, atravesando con cuidado el mar de personas en la tribuna.

—HL—

Durante aquella helada tarde de noviembre, Hermione se encontraba junto a Ginny dando la última inspección a la que pronto se convertiría, en la nueva casa de la castaña. La emoción en el rostro de la mujer era contagiosa; parecía que dentro de la casona podía olvidarse de sus problemas y frustraciones; y es que en realidad, la casona, transmitía a las personas en su interior una calma especial, que casi parecía mágica.

El estudio, en el segundo piso, era una habitación de pisos de madera impecablemente pulida. Sus libreros, atiborrados de tomos antiguos y nuevas ediciones eran una delicia a los ojos de Hermione; al igual que el precioso escritorio, también de madera, que de acuerdo al agente de bienes raíces, había estado en la colección personal de Carlos V. Pero lo que más gustaba Hermione de la casa en aquel momento, era la forma en la que por los enormes ventanales que daban al patio trasero, los tenues rayos del sol de la tarde buscaban refugio y comodidad en la espléndida habitación.

--¿No te parece que es muy grande y muy alejada de la ciudad?—peguntó Ginny con tono indiferente, mientras asomada al enorme ventanal del estudio en el segundo piso, miraba distraída la blanca nieve que cubría la grama en el patio trasero. —Yo me volvería loca en un sitio tan silencioso como este. —

--Es exactamente lo que buscaba, Ginny. —Soltó la castaña, sonriente— silencio y quietud para pensar. Se que es bastante grande para una mujer sola, pero te aseguro que me encanta. Es perfecta. —

El sorpresivo rechinar de las puertas del estudio al abrirse por completo, reveló la alta figura de un hombre en el umbral.

--Me alegra saber que por fin te decidiste, Hermione. Has hecho una excelente elección; Winchester Place es de lo mejor de la campiña londinense. —

Ginny no pudo evitar sonrojarse ligeramente, en medio de la sorpresa y satisfacción de encontrarse con Draco Malfoy en aquel lugar. La mirada gris y acerada del rubio no se apartaba en ningún momento del marrón en los brillantes ojos de Hermione: se miraban fijamente, casi como estudiándose, lo que provocó un extraño bufido a manera de reprimenda por parte de la pelirroja, que zanjó de momento el halo de energía sensual que producía el choque voraginoso del marrón y el gris en sus miradas.

--Me avisaron que vendrías a ver la casa; y no resistí las ganas de venir a verte—explicó Malfoy, esbozando una descarada y sinuosa sonrisa—Estás hermosa—

--Gracias, Draco—respondió Hermione, con cautela y actitud parsimoniosa, a la vez que acomodaba la bufanda que usaba alrededor del cuello.

Era la primera vez que se encontraba con el rubio desde su separación de Harry, aquel día que ella comprendió que Harry Potter no la valoraba; el día que entendió que había vivido engañada en el mundo de mentiras de Harry Potter; aferrada a un falso amor que lejos de dignificarla y complacerla, la mantenía sometida a constantes mortificaciones y desaires, y es que al final, el pelinegro demostró que nunca la amó de verdad.

El rubio continuaba en el lindel de la puerta, estático pero desenfadado, con su usual actitud arrogante y jactanciosa, mientras analizaba el terreno sobre el que pisaba. La esbelta y casi concupiscente figura de Hermione, se veía disimulada por el grueso abrigo negro que usaba hasta los tobillos; la bufanda que cubría el grácil cuello de ella, se le antojaba perfecta.

--No entiendo qué me agradeces, Hermione, yo solo digo la verdad. –-

--¿Tú decir la verdad, Malfoy?—preguntó Ginny con sorna, llevando las manos a sus caderas en una actitud desafiante—Dudo mucho que sepas lo que es la verdad, o hayas sido digno de ella alguna vez. —

La afirmación de la pelirroja solo consiguió arrancar una débil sonrisa a Draco Malfoy. A éste, le parecía divertida la actitud arisca y defensiva que solía usar ella para tratarlo, y es que no importaba cuantas veces la tomara en sus brazos y la hiciera vibrar de placer, no importaba cuantas veces la hiciera suya, procurándole los mayores goces y deleites de la carne, ella continuaba con una falsa actitud hostil, que aunque ella no lo admitiese, solo ocultaba sus verdaderos sentimientos con respecto al rubio.

Por eso, mientras enfrentaba su fría mirada gris con la marrón de Ginny, a su mente volvieron las imágenes de un incandescente y voluptuoso momento, los excitantes recuerdos de una noche extraña, que fuese consagrada al disfrute del éxtasis sensual y la intempestiva pasión que les arrastraba.

Flash back

Ella se había resistido casi con fiereza a sus insinuaciones; intentando

Las manos de él acariciaron su delicada espalda, y volvieron de forma lenta y serena hasta la cintura de ella, desatando el impertinente nudo de su bata celeste. La bajó con un gesto sensual. Luego acarició la piel desnuda del vientre que había quedado al descubierto, y le apartó la tela que cubría sus hombros hasta que la bata cayó al suelo por su propio peso. Malfoy lanzó un ronco gemido, dando paso hacia atrás para poder contemplar a su antojo ese precioso cuerpo apenas cubierto por la breve ropa interior de encaje negro.

--Pelirroja, me encanta tu ropa de dormir… —suspiró el rubio con un tono de voz que parecía un lamento y expresaba una necesidad urgente.

El acarició su mejilla con la punta de sus dedos antes de inclinarse para besarla reverentemente. Ginny no pudo contenerse. Sus manos sacaron la camisa de Malfoy de la prisión del cinturón con impaciencia y luego la desabotonó a toda prisa. Deseaba sentir el tacto de su piel desnuda. Lo besó con ardor y fuerza, renunciando al control y dando la bienvenida a la pasión. Ambos jugaron con la lengua hasta que, finalmente, la de Malfoy invadió su boca por completo.

Ella tiró la camisa roja hacia abajo hasta quitársela y arañó suavemente su espalda con las uñas, disfrutando de la fortaleza de sus músculos bajo la piel suave y deseando perderse en ese cuerpo, conocerlo a fondo.

Ginny notó que los músculos de él se tensaban y se separó un poco para mirarlo. Sus ojos grises estaban empañados por el deseo y la necesidad urgente de poseerla estaba presente en todos sus gestos. La levantó en brazos y la llevó hasta su dormitorio, una habitación de colores fuertes y llamativos, como lo era ella misma.

La sintió entonces, ligera, voluptuoso y magnífica.

Por un momento, ella dudó. ¿Se permitiría sucumbir ante las caricias de Malfoy? ¿Podía ser tan indiferente ante el dolor y la angustia que había causado el rubio a Hermione y a Harry? Malfoy le mordió el labio, dejándola caer suavemente hasta que sus pies tocaron el suelo junto a la cama. ¿Debería arriesgarse?

Él se arrodilló frente a ella para besar su vientre, su lengua se introdujo en el ombligo mientras sus manos le acariciaban los muslos, y luego detrás de las rodillas, para terminar rodeando su bien formado trasero. Con un ligero esfuerzo, la despojó de su interior de encaje negro. Y cuando el rubio empezó a recorrer con su boca los lugares donde sus manos había estad, Ginny lo agarró con vehemencia por el cabello y lo obligó a incorporarse. Él la abrazó y ella se permitió sentir la excitante presión de sus pezones contra el masculino pecho, mientras dejaba que le soltara el broche del sujetador, que cayó al suelo como si fuese una pluma.

Ginny frotó su cuerpo contra el de él. Le acarició la espalda y luego le desabrochó el cinturón del pantalón, mirándolo a los ojos. Él le devolvió una mirada sinuosa que avivó más su fuego interior. Acarició su pecho, los músculos en sus abdominales y su ombligo, disfrutando al ver crecer su masculino deseo. Bajó las manos y palpó el excitante bulto de la entrepierna, y se empleó a fondo hasta que él quedó desnudo por completo.

--Te deseo tanto… —susurró Draco

Ella respondió de inmediato al tono de urgencia, lamiendo ligeramente su vientre antes de incorporarse para abrazarlo de nuevo, inundándose de su masculino olor.

Él gimió de placer, abrasándola con una tormentosa mirada. Ginny se sintió extraña en los brazos de ese hombre, se sintió especial y única, y quería disfrutar de ello. Lo empujó hacia atrás y él la atrapó a tiempo de que ambos cayeran juntos sobre la cama, cuerpo a cuerpo. Ella lo besó con ansia mientras sus dedos temblaban de emoción al recorrer nuevamente el cuerpo del rubio, explorándolo de forma lenta y acompasada, aumentando así la honda sensación de intimidad que se había creado entre ellos, en medio de un clima erótico, sensual, increíble.

--Nunca he conocido a nadie como tú—murmuró Malfoy, con voz ronca.

Ginny sonrió con suficiencia ente tal afirmación.

--Bien, eso me gusta—contestó ella sin detener sus caricias.

Malfoy gimió extasiado y la puso boca abajo, llenándole la espalda de besos apasionados y caricias. Sus manos eran seductoras y suavemente sensuales, maestras en el arte del erotismo, pero pacientes. Eran unas manos preparadas para que su dueño disfrutara de cada pequeño estremecimiento provocado en el cuerpo de la mujer que tenía a su lado.

La entrega propia de una exquisita seducción se apoderó de la pelirroja. Ginny cerró los ojos y se abandonó por completo a los sentidos. La respiración acompasada de ambos, la mezcla de olores y los vehementes gemidos componían un coro de gran intensidad erótica que corría por sus venas. Ella se dio vuelta y le rodeó el cuerpo con las piernas; él retomó su boca con avidez, deseoso de sentir su aliento, al tiempo que introducía su sólida virilidad entre las piernas de Ginny.

El cuerpo de ella respondió a la penetración con una oleada de salvaje placer, y a cada nueva embestida, ella alcanzaba nuevas cotas de deleite. Lanzó un grito ronco y prolongado mientras arqueaba la espalda y sus sentidos se veían inmersos en un dulce caos. Ginny se sentía flotar sobre las olas de un universo de placer desconocido, y finalmente, después de haber alcanzado varias veces un voluptuoso éxtasis, se relajó y empezó a sosegarse, aún unida a él. Malfoy presionó los labios sobre su boca, con la respiración cada vez más acelerada, hasta derramar su simiente dentro de ella.

Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra, pero el silencio estaba lleno de sensibilidad y ternura. Malfoy rodó sobre sí mismo y la volvió a abrazar, tapándola con el edredón. Luego la volvió a besar detrás de la oreja.

--Siempre lo he sabido—susurró.

--¿Qué cosa?—preguntó Ginny.

--Que eras un demonio de mujer—

Ginny sonrió, y se acurrucó junto a él. No podía imaginar que en el mundo existiera una sensación comparable a la de estar en los brazos de Draco Malfoy.

Fin del Flashback

—HL—

El centro comercial, al igual que muchos vecindarios, y distintos lugares en Londres, comenzaban a hallarse atiborrados de motivos navideños: centelleantes y diminutas luces de colores, guirnaldas llamativas, y los consabidos villancicos.

Mientras que Nahiara caminaba tomada del brazo de Harry, viendo vitrinas y observando escaparates, no pudo evitar verse contagiada por el desbordante espíritu navideño que parecía vivirse en el centro comercial; zapatos de diseñador en rebaja, vestidos de i haute couture /i en oferta; el cruel y terrible consumismo, disfrazado de alegre festividad. El eufemismo perfecto.

Al observar de reojo a la joven junto a él, la seguridad que irradiaba en sí mima al caminar y la soltura con la que se manejaba, Harry se dio cuenta, de una realidad que por mucho tiempo no quiso aceptar. Nahiara ya no era la pequeña niña que lloraba durante la noche, temerosa de las sombras en su habitación, ó que jugaba en la orilla de la alberca con sus barbies; sino que, junto a él, se había convertido en una madura y responsable joven, dedicada al estudio y apasionada de la equitación.

--¿Nahi?—

--Dime, Harry—

--¿Cuál es el nombre de ese chico, con los que estabas en Rochester Field el día del evento?—

Nahiara tuvo que contener la risa que le provocaba el falso tono de indiferencia con el que hablaba Harry; le resultaba sumamente graciosa la actitud de sobreprotector paternalismo con el que se manejaba el pelinegro a veces.

--Su nombre es Darius, Harry—

--Con que Darius, ¿eh? Te llevas muy bien con este tal Darius, por lo que pude ver esa mañana. —

--Sí…--respondió divertida Nahiara, haciendo el máximo esfuerzo por no reírse del fingido tono casual de él—así es.

--Invítalo a la casa el día domingo, quiero conocerlo. —

La sorpresiva invitación de Harry, fue eso para Nahiara: una sorpresa. Esperaba ser sometida a algún tipo de inquisición ó a un infame interrogatorio, mas no una cordial invitación a comer para el muchacho, cuyas manos Harry había descubierto en la baja espalda de ella, en una dudosa y nada apropiada actitud.

--Bueno, Harry. Yo lo invitaré a cenar este domingo… ¿Harry?—

El pelinegro se había detenido frente a la vitrina de una tienda que no recordaba haber visto antes en el centro comercial. Su decorado en plateado y esmeralda le trajeron recuerdos poco gratos de su juventud; recuerdos de rivalidades y enfrentamientos; recuerdos de disputas e insidias. Nahiara regresó junto a él, pero la tienda en cuestión no le llamaba la atención, al contrario del rostro de Harry, que parecía abstraído de la realidad, como ensimismado.

--¿Qué sucede, Harry?—

Y como si no hubiese escuchado la pregunta de la joven, la tomó por la mano y comenzaron a caminar.

--Me puedes explicar qué sucede, Harry. Por favor—

--Nahiara, camina—soltó el pelinegro a manera de orden.

La jovencita entonces, se libró casi con brusquedad del brazo de Harry; regresó sobre sus pasos hasta la tienda plateada y esmeralda, se paró frente a ella y contempló por un momento el letrero de ésta, que en brillante neón escribía las palabras "Slytherin Co". A la joven, nada le parecía extraño ni fuera de orden, pero al entornar su mirada, fijándose más detenidamente en la tienda, lo que sí le llamó la atención sobremanera, fue el enorme afiche dentro del local que antes ni siquiera había notado.

--Harry, pero si es…—

El pelinegro estaba de pie junto a ella, contemplando en silencio el enorme afiche dentro del local, que sabía era propiedad del Consorcio Malfoy; propiedad del infame de Draco Malfoy. En el afiche colgando de la pared del local, una muy atractiva mujer, con un bosque cubierto de nieve como fondo, modelaba luciendo elegante y desenfadada un abrigo de piel, con una capucha que cubría tímida sus largos y brillantes rizos castaños. La mirada de la mujer era poderosa y sensual, como si desde el papel pudiese vislumbrar los secretos del alma; sus carnosos labios entreabiertos, brillaban con una magia voluptuosa, hablando en silencio; cautivando a cuanto mortal osase posar su vista sobre ella.

--…es Hermione—

Y así, una vez más hemos llegado al final de otro electrizante capítulo de Cruzada Potter; debo aclarar que dentro de la saga de Harry Potter, Seamus Finnigan es rubio, pero para efectos del fict, al igual que en la película, el es castaño.

Gracias infinitas a todos los mails, reviews, palabras de apoyo en el MSN, y la postal del perrito (eres un encanto niña de la mochila azul). Ahora, las preguntas que se plantean son:

¿Terminó definitivamente la relación de Harry y Hermione? ¿Bianca Carrara aprovechará la oportunidad y engatusará de nuevo a Harry?

¿Quién es la mujer que atormenta los sueños de Seamus, y por qué odia al pelinegro?

¿Es solo pasión lo que existe entre Ginny y Malfoy?

¿Les gustó el lemon o le volvió a faltar un yo-no-se-qué?

Y lo más importante… ¿si Hermione trabaja ahora para Malfoy, será acaso que…?

Todo esto y más, descúbrelo en el siguiente capítulo de Cruzada Potter.

Pilas…

Eduardo Monar

Abogado de profesión

Escritor y farrero por vocación

P.D; María Sharapova te amo!

P.D2; Gracias de nuevo por los RR, pero quiero más!