III-
1-
Cerró los ojos frente a las estatuas.
Estaba oscuro y había tantas, que no sabía exactamente frente a cual estaba. Después de activarse el muro y darse cuenta que desde ese momento en adelante se perdería todo contacto con el exterior y con la vida que hasta ese momento habían llevado, los sobrevivientes escogieron ese lugar como un recordatorio de lo que habían sido alguna vez y de lo que estaban abandonando para siempre.
Era poco más que una bodega y era el único lugar de la ciudad que no había sido reacondicionado de acuerdo a las exigencias de la nueva sociedad. Desde que Donatello no era un creyente y no le había quedado nada de sus hermanos como recuerdo, no tenía nada que ir a venerar, pero le gustaba el lugar cuando necesitaba pensar.
Además, era el único lugar de la ciudad a la que no tenía acceso Madre, a veces también le gustaba estar alejado de la supercomputadora. Con los ojos cerrados escuchó la voz de Leo.
.- No construyas esa maldita cosa.- Le dijo, más bien le ordenó. Había sido mucho antes del gran desastre, pocas veces lo había escuchado maldecir y muchas menos aún dirigirse a él en ese tono.
A Don le pareció que había llegado demasiado lejos, de pronto comenzó a fastidiarlo en verdad. ¿Desde cuando estaba obligado a vivir atrapado en el Japón feudal? Si estaba bien para él, genial, pero no iba a consentir en ser arrastrado a eso. Era su proyecto, lo más importante que había hecho en su vida, la suma de todo lo que había aprendido, mejorado, creado. Cada vez que avanzaba más en él, ocupaba un lugar más importante en su vida, cada vez desplazaba más a lo que había sido hasta ese momento, que era algo muy bueno y fantástico y lo que sea, pero ya no era lo suyo.
Cada vez menos.
Tal vez fuera lo que temía Leo. Quizás se hubiese asustado, no tanto porque colgara de una vez y para siempre la bandita morada, si no porque eso lo separaba de la familia. Ya estaba sucediendo. No era intencional, sólo pasaba: los experimentos y las investigaciones ocupaban demasiado espacio ahora, ya no le quedaba mucho más para el resto.
Con los otros no era diferente. Miguel tenía sus propios intereses, y cuando pudieron por fin exponerse al mundo descubrió muchos más. El ninjitsu y toda su forma de vida los había mantenido unidos, firmes, en pie, cuando no había mucho más de qué sostenerse, cuando no había nada más, pero ahora tenían opciones, ahora podían elegir una vida, de alguna forma y por primera vez, eran libres.
Y no era la libertad lo que le asustaba a Leo, era la separación, romper el círculo. Según él, estaba por perder a su familia…
Algo que ocurrió de todas formas.
Abrió los ojos de nuevo, era una pérdida de tiempo. A veces trataba de rezar, pero nunca había podido creer en nada de eso, así que no tenía sentido. Lo único en lo que creía era en su mente matemática y en su sentido común y ninguna de esas dos cosas le decía que había alguien allá afuera que pudiera escuchar sus plegarias.
Ya daba la vuelta para marcharse, cuando en la puerta del santuario encontró nuevamente a su estudiante. Le había estado esperando ahí todo ese tiempo al parecer. No lo había sentido, en otra época lo habría hecho aún antes de que llegara a la puerta. Lo miró con curiosidad y él le devolvió una mirada de preocupación.
.- ¿Cuándo comenzará la operación?- Le preguntó. De todos los estudiantes, ese era el que más ansias tenía de ver el exterior. Casi le obsesionaba.
.- Aún es muy pronto para poner una fecha, necesitamos más pruebas.- Respondió prudente Donatello.
.- Pero la prueba funcionó, y las simulaciones en el computador también.
.- Si, pero...
.- Usted dijo que nos quedaba poco tiempo.- Insistió el muchacho. Don frunció el ceño. Le gustaba el entusiasmo pero su insistencia ya le parecía molesta.
.- Lo que vamos a hacer es provocar un gran cambio en el ecosistema afuera del escudo, no es cualquier cosa. Un solo error y perderemos la única oportunidad de sobrevivir.
El joven bajó la cabeza avergonzado.
.- Lo siento... me dejé llevar...- le dijo. Don le sonrió y pasó junto a él dándole una palmadita en el hombro.
.- Está bien, lo importante es que entiendas que no podemos precipitarnos.
Ya iba a alejarse del muchacho cuando éste volvió a llamar su atención.
.- Profesor...- le dijo. Volviendo los ojos al cielo Don dio media vuelta hacía él.
.- Ahora qué.- le dijo en su tono más amable. El chico dudó un segundo antes de hablar.
.- No creerá realmente que hay alguien allá afuera ¿verdad? Es decir, cómo podría sobrevivir nadie allá afuera...
Don lo pensó un instante.
.- No.- dijo al fin.- No podría.
El chico sonrió aliviado y Don por fin pudo dar media vuelta e irse.
2.-
.- Buenas noches, profesor.- Le dijo cantarina la voz de la computadora al entrar a la habitación. A veces, por las noches se volvía más formal.
.- Dime Don.- le respondió éste.
.- Buenas noches, profesor Don.- Respondió la computadora en el mismo tono alegre pero educado.
Don suspiró.
.- El reporte del experimento consigna un extraño comportamiento de su parte.- Le dijo muy seria la computadora. Claro, estaba programada para descubrir las causas de cualquier anormalidad y corregir el problema.
.- No fue nada de que preocuparse.- Dijo, más para sí mismo que para la máquina parlante. Ya estaba casi decidido a olvidar el incidente.
.- Mis sensores no detectan nada en el muro externo del escudo.
.- Lo sé.
.- ¿Va a detener los experimentos por este suceso?
.- Ya te dije que no es nad...-Comenzaba a contestar fastidiado, pero en vez de seguir, se quedó callado. Con el ceño fruncido se acercó a una de las grandes pantallas del computador.
.- Muéstrame los sensores del escudo.
.- ¿Cuál?
.- Todos.
.- Puedo decirle yo misma que ahí no hay nada...
.- Quiero verlo por mí mismo.
.- Pero es innecesario.
.- Ahora.- insistió.
Trató de no pensar en lo extraño que le parecía, Madre nunca había sido tan testaruda. Después de encender los monitores, apagó el que estaba destinado a mostrar sus "emociones", dejándose a sí misma en suspensión.
Cualquiera diría que se había ofendido.
Ante sus ojos comenzaron a desfilar cientos de gráficos y luego imágenes borrosas, ocupando cada esquina de la pantalla. Un ojo entrenado como el suyo le permitía ver con rapidez cada perímetro, pero aún así, si quería revisarlos todos, tendría que quedarse despierto toda la noche.
Pero quería estar seguro. ¿Y si era sólo la sombra de un árbol? O tal vez un animal... Tenía que estar seguro, aunque de antemano sabía que no iba a encontrar nada. Se estaba quedando dormido cuando vio algo extraño.
No podía saber qué era, pero tenía la misma forma de la figura que había visto esa tarde. Lo que fuera, había vuelto y si era sólo una sombra, sólo había una forma de confirmarlo de una vez por todas. Sin decir palabra se levantó de la silla y salió corriendo.
Ni bien hubo dejado la habitación, la pantalla emocional de la computadora volvió a encenderse.
3.-
Afuera, más allá del escudo, había viento, los árboles se mecían y había nubes de polvo por todas partes. Tomó una linterna y comenzó a alumbrar entre los arbustos.
Nada.
Lo que vio podría haber sido perfectamente una sombra, a esa distancia todas las figuras le parecían iguales y ninguna se estaba moviendo. Se sintió como un tonto.
Apagó la linterna y dio media vuelta. Tal vez fuera porque una vez que echaran a andar el proyecto iba a ser el fin definitivo del exterior y de cualquier esperanza que pudiera haber tenido de encontrar a alguno de sus hermanos vivos. Después de que hicieran desaparecer todo, de los cuatro sólo quedaría él.
Pero así era como había sido hasta entonces...
Estaba alejándose cuando un rumor y luego un golpe lo hicieron sobresaltarse. No se volvió de inmediato, pero creía reconocer esos sonidos: una carrera de pies sobre hojas secas y el ruido de dos manos apoyándose contra el escudo... Casi podía ver una cabeza afirmada contra el muro transparente, mirando directamente a él.
Con el corazón latiéndole en el pecho dio media vuelta…
Y nada.
Allá afuera no había nada, sólo el viento que soplaba. Con una mezcla de alivio y tristeza se encaminó de vuelta a su habitación.
TBC
