IV-
.- No sigas adelante con esto.
Ésta vez Leo había probado con un tono casi suplicante.
.- ¿Por qué? ¿Se robará mi alma? Me está empezando a resultar molesto este terror tuyo a la tecnología.
.- No es eso.- Respondió, ya comenzando a notársele la frustración.
.- No creo que me interese saber qué es de todas formas. Tengo trabajo que hacer.- Le respondió Don ásperamente. Sabía ser frío cuando se lo proponía.
Leo respiró profundo, seguro buscando otra estrategia. Había probado ser autoritario, había probado la súplica ¿qué más le quedaba?
.- Te está consumiendo, cuando estás con esta cosa... cambias...
.- No tengo idea de lo que me estas hablando.
.- Tengo un mal presentimiento, sólo piensa un segundo, tal vez...
.- Yo creo que sólo te estás poniendo un poco nervioso.- Le respondió Dontello. Leo lo miró extrañado.
.- Soy yo el que no entiende ahora.
Don respiró profundo y dejó lo que estaba haciendo de una vez para volverse completamente hacia Leo. Parpadeó un par de veces nervioso.
.- Creo que vas a tener que aceptarlo de una vez.- Dijo, tratando que su voz sonara más firme que su convicción. Leo parpadeó y alzó una ceja, Don volvió a hablar antes que pudiera interrumpirlo.- En mi cabeza tengo planos, aparatos, diseños, métodos, Leo. Soy un ingeniero. Eso es lo que nací para ser y por fin tengo todas las oportunidades ante mí.- Don bajó los ojos. No podía decir lo que iba a decir mirándolo a la cara.- Es mejor que empieces a hacerte a la idea. Es mejor que dejes de contar conmigo para algunas cosas, que te vayas olvidando de lo que fui… porque ya no lo soy más.
Pensó que eso le iba a doler mucho.
No era su intención herir sus sentimientos, ni en un millón de años. Pero tenía que decirlo de una vez. No quería ver su cara de decepción, así que esperó en silencio, con la cabeza baja.
Mirando sus pies sintió como Leo se acercaba. Le tomó los brazos con fuerza, Don no tuvo más alternativa que volverse a verlo.
Leo lo miró con seriedad y luego asintió.
.- Yo sé.- Dijo sencillamente.- Yo sé todo eso. Siempre lo supe. No tienes que dar explicaciones ni pedir disculpas. Pero aunque no te guste, todavía eres mi hermano, y no me gusta nada de esto. Es como si estuvieras obsesionado, no eres tú mismo.
Donatello no respondió nada. Al fin Leo se fue y lo dejó solo, solo en el taller con la computadora como única compañía.
.- A los pioneros siempre trataron de detenerlos.- Le dijo la máquina.- Sólo cuando no se dejaron detener fue cuando cambiaron la historia...
Don asintió.
Y así se la pasó casi cada día del año que siguiente, con sus circuitos, monitores y partes, conectado a ella, escuchando sólo su voz y durante todo ese tiempo, nada más hizo falta.
Pero se empeñaban, incluso Miguel ya comenzaba a molestarlo. Que le parecía extraña, que a veces le parecía que estaba viva, que los odiaba. Una vez le dijo que le había desconectado todo, la tele, el equipo de música, los video juegos, que ella lo había hecho, a propósito. Don sabía que eso era imposible: ya no pasaba tanto tiempo con Miguel, seguro sólo lo decía para llamar su atención.
Pero no fue sino hasta cuando intentaron destruirla, que se dio cuenta que tenía que buscar su propio lugar.
Un día, volvió de dormir un poco y encontró parte importante de su estructura semi destruida. Los cables chisporroteaban, era como si la hubieran destajado, dejando sus intestinos al aire. Alguno de ellos tenía que haberlo hecho, si no todos.
Si se quedaba ahí, no tendría posibilidad de terminar su obra.
Eso le dolió, no podía creer que su propia familia le estuviera haciendo eso, los únicos en el mundo en quienes confiaba y lo traicionaban de esa manera. Ese mismo día dejó la guarida.
De hecho, no volvió a verlos sino hasta cuando comenzó el gran desastre. Abrió los ojos pensando en eso esa mañana.
Debía estarse poniendo viejo, ya solo soñaba con el pasado. Se quedó un segundo recostado hasta que sus ojos se acostumbraran a la luz antes de levantarse. Entonces se sentó en la cama y su cara quedó a menos de un metro de la de Miguel.
El tiempo se detuvo.
Ni siquiera respiró. No podía parpadear. Lo miraba y él lo miraba también. Esperó un instante a que desapareciera, si era una ilusión lo haría pronto, pero siguió ahí.
"Despierta" le escuchó decir, pero sus labios no se movieron.
Cerró los ojos.
.- No puede ser, no puede ser.- Se dijo en voz alta, cerrando los ojos con fuerza.
Luego volvió a abrirlos. Nada. Frente a él no había nada, estaba sentado en la cama, completamente solo en la habitación.
Un ataque de angustia lo invadió.
¿La edad finalmente lo estaría alcanzando? ¿No era chiste? Estaba viendo cosas, imaginando cosas ¿se iba a volver loco finalmente?... La idea de terminar como un viejo demente murmurando cosas por las calles, hablándole a amigos imaginarios, le aterrorizó.
Aunque tal vez no fuera para asustarse tanto, después de todo. Podía haber una explicación perfectamente lógica. Había estado soñando con Miguel segundos atrás. Era obvio que aún estaba soñando, aún no terminaba de despertar cuando se sentó en la cama. Había gente que caminaba dormida ¿por qué él no podía sentarse en su cama dormido?
Esa parecía una explicación bastante razonable.
Para no seguir dándole más vueltas al asunto, se levantó de una vez de la cama y se dirigió de inmediato al laboratorio sin desayunar siquiera. Apenas abrió la puerta, lo primero en lo que se fijó fue en la pantalla emocional de Madre.
Estaba rojo brillante.
.- ¿Qué pasa, Madre?- Preguntó acercándose a chequear datos en una de las terminales.
.- Estoy ordenando la evacuación del sector A2.
.- ¿Qué?- Respondió Don alterado, lanzándose sobre una de las consolas.- El sistema de soporte no está funcionando ¿cómo pasó esto?.
.- Los sistemas fallaron. Me fue imposible reparar el malfuncionamiento.
.- ¿Cuál es la situación ahora?
.- No hay abastecimiento de oxígeno. Esta completamente despresurizada. La zona ha sido clausurada, pero no hay garantía de que el sistema de sellado vaya a funcionar por otras veinticuatro horas.
Don abrió los ojos como platos.
.- Dios mío, el escudo ¿de cuantas posibilidades estamos hablando? Calcula...
.- Sobre un 90 por ciento de que el escudo ceda en ese sector en 24 horas.
.- La gente...
.- Las órdenes de evacuación ya están en ejecución.
.- Aún así, si el escudo se debilita en cualquier parte de la ciudad, será cuestión de tiempo a que caiga por completo.
.- Siempre están los bunkers.
.- No servirán, podremos aguantar ahí días, meses, pero eventualmente... Dios...- Don se cubrió la cara con las manos y luego las deslizó por su cráneo sintiendo que la angustia lo dominaba.- Eventualmente se acabarán los suministros y no tendremos a donde ir.- terminó, con voz apenas audible.
La computadora guardó silencio mientras él se revolvía los sesos pensando. No era la primera vez, hacía tiempo que no tenía a nadie más con quien enfrentar las emergencias. Sólo él. Pero hacía tiempo que no se sentía tan inseguro de sí mismo.
De no ser por los recuerdos, ni siquiera estaría dudando, pero si tan sólo pudiera tener a cualquiera de ellos ahí, alguien que pudiera ayudar... Pero tal vez no fuera para tanto, si las cosas seguían así de mal, terminaría reuniéndose con ellos dentro de muy poco. Se rió de su broma, pero en realidad se daba cuenta que no tenía mucho de gracioso.
Toda esa gente, tenía que darles una solución. No pasaría mucho antes de que llegaran a él aterrorizados, tenía que pensar en algo. Se dejó caer en una de las sillas.
Volvió la cabeza hacia la computadora. La pantalla roja brillante le dio nauseas. De pronto la puerta se abrió de sopetón, haciéndolo saltar en su puesto. Del otro lado entró tropezando el alumno que había ido a buscarlo la noche pasada al santuario.
.- Profesor. - Casi le gritó.- La ciudad está histérica, supieron de la evacuación, algunos dicen que el escudo está por caerse, algunos dicen que están viendo grietas, se están juntando fuera del laboratorio, quieren que les diga que está sucediendo.
Don respiró profundo. Por muy molesta que le resultara la interrupción del joven, era justo lo que necesitaba. Nada como el pánico de otro para hacerlo permanecer en calma y pensar con más claridad.
Sin decirle nada el chico, se volvió hacia la computadora.
.- Reporta la presencia de grietas.
.- No hay presencia de grietas.
.- ¿Y la zona evacuada?
.- En menos de doce horas será presurizada y atmósferizada nuevamente.
.- ¿Es posible reubicar ahí nuevamente a los evacuados?
.- Si.
.- Bien.
Se volvió hacia el muchacho.
.- Diles a los de comunicaciones que informen a todos que todo estará bien, que en unas horas se restablecerá la normalidad en la zona evacuada.
El muchacho asintió, pero sin demasiada confianza. Caminaba hacia la puerta cuando de pronto se volvió nuevamente a Don.
.- ¿Y por cuanto tiempo será habitable? y si pasa de nuevo ¿resistirá el escudo?
La cara de Don se ensombreció. El chico podía ser molesto, pero no era tonto. Sin dejar de mirarlo, volvió a dirigirse a la computadora.
.- Tiempo en que el escudo soportará el exterior una vez que el abastecimiento sea restaurado. Calcula.
.- Tiempo estimado: 24 horas.
Bajó la mirada, evitando ver los ojos asustados del muchacho. El escudo iba durar unas 24 horas más.
Genial.
.- Señor...- comenzó éste.- No podemos mandar a la gente de vuelta a esa zona.
.- Ya lo sé.- se apresuró a cortarlo Don.
Veía el problema: podían restaurar el oxígeno y todo lo demás, pero era el escudo el que de todas formas se estaba cayendo a pedazos.
.- Y que pasará con el escudo, está diseñado como una sola estructura, si se cae una parte...
.- Se cae todo, ya lo sé, se le olvida que yo lo diseñé.- Le recordó Don, dándole la espalda.
El muchacho esperó tras él con la cabeza baja.
.- ¿Que vamos hacer, señor?- Preguntó simplemente al final, con una vocecilla. Don recordó de pronto que el chico apenas debía tener veinte años. Era un niño apenas, debía estar asustado.
.- No podemos dejar que cunda el pánico, eso no nos va a ayudar en nada.- Le dijo, sin volverse a mirarlo.- ¿Entiendes eso?
.- Si.- El joven carraspeó para evitar que le temblara la voz.- Si, lo entiendo...
.- Bien. Que los de comunicaciones se preocupen de tranquilizar a la gente. Todo saldrá bien, sólo necesito pensar un instante.
El joven asintió.
.- Yo me haré cargo.- Dijo y nuevamente enfiló hacia la puerta.
Ya tenía la mano en el picaporte cuando una vez más se volvió hacía Don. Éste lo sintió, pero aún así no quiso volverse a mirarlo.
.- Sé que usted decidirá lo mejor para nosotros, señor.- Le dijo y esta vez su voz no tembló.
Don no contestó nada, esperó el sonido de la puerta al cerrarse antes de volver a moverse. Apoyó la frente en la palma de su mano y esperó. Esperó a ver si alguna bendita inspiración simplemente caía en su cabeza y le hacía brotar una brillante idea.
.- Todavía tenemos la sustancia amarilla.- Dijo la computadora, cuya pantalla emocional ahora era azul y su voz suave y tranquilizadora.
Don sacó sus ojos de las profundidades de su mano, pero no dijo nada, se quedó con la vista pegada en la pared, el mentón apoyado en la palma. La sustancia amarilla, esa que acababa de probar por primera vez el día anterior...
.- Las pruebas fueron suficientes para calcular las posibilidades de éxito.- Continuó la computadora.
Don siguió callado mirando la pared, como si ahí estuviera escrita la respuesta.
.- ¿Te das cuenta que si suelto eso ahí afuera, voy a destruirlo todo?- Preguntó distraídamente.
.- No comprendo la pregunta.- Le respondió la computadora con voz perpleja.
.- Yo si... ¿cuánto tiempo me dijiste que resistirá el escudo en la zona A2?
.- Un tiempo estimado de 24 horas.
.- 24 horas... Después de eso, el escudo comenzará a desmoronarse, zona por zona. ¿Podrás hacer funcionar el sistema de abastecimiento aún sin el escudo?
.- El sistema de abastecimiento puede funcionar indefinidamente si se reparan las fallas.
.- Ah, si, los repuestos, esos que están allá afuera.- Reflexionó Don.
Tenía veinticuatro horas antes de que el escudo comenzara a fallar nuevamente. De ahí, a lo más otras veinticuatro para que todo colapsara, para que el miasma invadiera la ciudad, esperaba eso, de verdad lo esperaba, pero cuando sus expectativas más optimistas le indicaban un rango de duración del escudo de al menos diez años, jamás pensó que se iba a ver en ese problema tan pronto.
Tan de la nada.
Ahora, el agente amarillo tardaría al menos la misma cantidad de tiempo en actuar en el exterior, en extenderse por la mayor cantidad de superficie posible, sin contar con que debía matar al miasma, disiparse y volverse inofensivo para los últimos seres orgánicos que quedarían: ellos.
Se le revolvió el estomago.
Apenas si tendría margen de tiempo suficiente, la solución apenas estaría lista para cuando comenzara a caerse el escudo. Lo que decidiera, debía hacerlo ya.
Ni siquiera tenía tiempo para cuestionarse demasiado. La respuesta era obvia.
.- La sustancia amarilla es la opción con más probabilidades de éxito.- Le anunció la computadora, como si le hubiera estado leyendo la mente.
Don asintió y frunció los labios.
.- Ok.- se dijo, dándose una palmada en los muslos y poniéndose de pie.- Vamos a matar lo que queda en el planeta.
Al salir de la habitación, la pantalla emocional de la computadora se volvió completamente negra.
TBC
