V-
Afuera, en el exterior, los árboles se debatían en medio de la tormenta. Incluso a través de las gruesas capas del escudo podía escuchar el ulular del viento.
Ya casi todo estaba listo. Al amanecer comenzaría, y al atardecer, cuando fuera oscuro otra vez, ya no quedaría nada. El temor y el alivio compartían a ratos su pecho. El miedo horrible a que todo saliera espantosamente mal y el alivio de que, una vez hecho, la vida sería mucho más fácil para él...
Dejaría de preocuparse de monitorear día y noche, de preocuparse mortalmente día y noche, de esperar siempre por algún desastre.
Todas las angustias, todos los miedos, toda esa enorme responsabilidad que de ningún modo estaba diseñada para un tipo como él... Una vez que la gente pudiera ser libre de esa prisión, libre de comenzar la vida que desearan sin estar confinados a ese pedazo de tierra, ya no lo necesitarían más.
Él también sería libre y podría volver a algún oscuro y solitario laboratorio donde podría seguir ocupándose de sus asuntos, sin tener que exponerse tanto...
Y por fin podría enterrar a sus hermanos. Por fin podría despedirse de ellos.
Por fin.
Se volvió a mirar los árboles debatiéndose ante el viento. Comenzaba a sentir que la parte del alivio pasaba a ocupar el lugar principal en su interior, cuando rápidamente dio paso al terror.
Alguien lo estaba mirando fijamente.
Estaba demasiado lejos para saber quien podía ser y estaba demasiado oscuro para distinguir sus facciones, pero a pesar de todo eso, podía darse cuenta perfectamente que la persona que lo estaba mirando, con los ojos fijos en él, estaba del otro lado del escudo, mirándolo a través de él.
Retrocedió al borde del pánico, casi tropezó. Abrió y cerró los ojos, pero la figura seguía ahí.
Se volvió sobre sí mismo, dándole la espalda.
.- No está, ahí, no está ahí, no hay nadie ahí, es imposible...- Se repitió a sí mismo, sintiendo que la cordura se le escapaba entre los dedos.- Es una alucinación, un espejismo...
Era imposible. Nadie podía sobrevivir fuera del escudo.
Respiró profundo, buscando calmarse, esperó a que las manos dejaran de temblarle, pero fue en vano. Aún tiritaban junto con el resto de su cuerpo, cuando volvió a darse la vuelta, enfrentando la figura.
.- Dios mío...- Casi gritó.
Seguía ahí.
Esta vez, el miedo hizo espacio al enojo. Corrió hacia la forma, aunque en el fondo, deseaba con todo su corazón que desapareciera antes de que estuviera lo suficientemente cerca para reconocerla... En algún lugar de su mente, se agendó una visita con el doctor al día siguiente, algo debía estar muy pero muy mal en su cabeza.
.- Ya basta... basta ya...- Comenzó a gritarle.- No eres real, no existes... ahí no hay nada... no estás ahí, no estás...
Y de pronto se quedó callado en mitad de la frase. Se detuvo e incluso retrocedió un par de pasos. A la distancia a la que estaba podía distinguir perfectamente a la persona que le miraba del otro lado...
Se quedó frío.
.- Dios, no...- La voz se le quebró, las manos le temblaban... - No... No por favor... no es posible... por qué me está pasando esto...
Volvió a correr en dirección al escudo, directo hacia el que lo miraba del otro lado, prácticamente chocó contra la pared cuando llegó a ella. La figura continuaba ahí y lo siguió con los ojos cuando Don se desplomó al piso, tratando de abrazar la superficie plana.
.- Leo...- dijo entre sollozos.- Estás muerto... estás muerto, con los otros... no estás ahí...- Se volvió a mirar a la figura en el exterior, las lágrimas apenas le dejaban ver.
Leonardo, con las manos apoyadas en el muro del exterior, le devolvió una mirada triste, pero no dijo nada. Sólo lo miró.
.-Tú estás muerto...– Repitió Don antes de hundir la cabeza hasta el piso.-... Tú no puedes estar ahí... ¡no puedes!
La mano de Leo se deslizó hasta su cabeza por el exterior, y se quedó ahí, sin dejar de mirarlo.
.- ¡Dios mío!- Sintió un grito espantado a su espalda, pero no se volvió. Sintió las manos del muchacho tratar de levantarlo del piso por los hombros, lo sintió resbalar en la tierra al tratar de sostenerlo.
.- Por Dios, señor...- Le susurró esta vez, con la voz más calmada.- ¿Qué le sucede?- preguntó temeroso, sin dejar de intentar levantarlo del piso.
Donatello trató de soltarse, pero no lo consiguió.
.- ¿Es que no lo ves?- Balbuceó.- Es mi hermano... está ahí... ¿no lo ves?
.- ¿Ver qué?- preguntó muchacho, asustado. Don frunció el ceño. Miró al chico quien lo miraba casi con espanto. Luego se volvió a mirar el exterior.
Nada.
.-Pero... pero si... estaba ahí...
El muchacho aprovechó su sorpresa para terminar de ponerlo en pie, luego se volvió a ver a su alrededor. A lo lejos vio unas luces que se acercaban.
Sujetó el brazo de Don.
.- Profesor, los guardias, vienen para acá...
.- Yo lo vi...- continuaba balbuceando Don.- Yo lo vi, juro que lo vi... estaba justo ahí...
.- Nos tenemos que ir...- Insistió el muchacho, comenzando a arrastrarlo lejos de la pared del escudo.- Por favor... no nos deben ver aquí...
Pero Don no hacía ningún esfuerzo y seguía siendo todavía muy pesado para el chico. Los guardias estuvieron ahí antes de que se hubieran alejado muchos metros del escudo, las luces de las linternas les dieron de lleno en la cara.
.- Identificación.- Dijo inexpresivo el enorme sujeto, cuya cara estaba oculta por el casco. El muchacho titubeó sin saber que decir.
Los únicos que tenían autorización para estar ahí, eran los científicos del laboratorio y él, como simple pasante, no tenía nada de eso y el profesor no parecía estar en posición de entender nada de lo que le estaban hablando.
.- Aquí tiene mi identificación y mi permiso...- dijo Don para su sorpresa.
Se soltó de su brazo y fue capaz de mantenerse en pie por sí mismo. Sacó del bolsillo una tarjeta con su foto y se la alcanzó al guardia. El guardia volvió a echarle la luz encima, mirándolo con más detención ahora.
.- Oh. Si. Es usted...- Asintió sin siquiera mirar la tarjeta. No era necesario ver una identificación para poder reconocerlo.
.- Y éste es mi asistente.- Agregó Don.
.- Está bien profesor. Sólo hacemos un control de rutina. Es raro, incluso para los del laboratorio estar a estas horas más allá de la barrera de seguridad.
.- Pero aquí estamos, siempre trabajando.- Intentó sonreír Don. El guardia le devolvió el documento.
Antes de dejarlo responder, Don tomó él esta vez al muchacho del brazo y se encaminó con rapidez a la entrada más cercana a las instalaciones del laboratorio.
Cuando se hubieron alejado, el muchacho pudo por fin respirar tranquilo. Siempre les había tenido miedo a los guardias desde que sabía que estaban autorizados a disparar a matar sin hacer preguntas si descubrían a alguien poniendo en peligro la seguridad del escudo.
Se volvió a ver a Don. Por su cara pudo ver que ya se encontraba mejor.
.- Señor...- Comenzó, con preocupación. Don lo detuvo con la mano antes de que pudiera decir nada.
.- He estado bajo mucha presión...- Dijo simplemente, tratando de volver a colgar su identificación en el bolsillo de su bata, sin mucho éxito pues sus manos todavía le temblaban demasiado. El muchacho veía con creciente preocupación sus inútiles maniobras.
.- Creo que lo entiendo... eso podría explicarlo todo...- Se dijo, sin saber a quien estaba tratando de tranquilizar si a él o a su profesor.
Finalmente Don dejó caer la identificación al suelo, soltando una maldición. El chico se apresuró a recogerla, con la oscuridad no veía exactamente donde había caído así que se tardó bastante en volver a levantarse.
Pero al agacharse Don tuvo oportunidad de ver lo que había tras él. Al agacharse vio a Raphael, de pie, prácticamente pegado a la espalda del muchacho.
Ni siquiera pudo decir nada, sólo sintió que ya no podría soportar más... Abrió la boca pero no logró decir nada, por un momento pensó que iba a desmayarse.
Pero finalmente, lo que habló fue la imagen semi translucida de Raphael.
"Estoy aquí..."
Escuchó en un susurro apagado, pero ese Raph que estaba viendo ni siquiera había movido los labios. Lo estaba viendo todavía cuando el muchacho volvió a incorporarse trayendo la identificación en las manos.
.- La encontré.- Dijo triunfante.
Se encontró mirando la cara completamente descompuesta de Donatello.
.- ¿Qué ocurre?.- Preguntó asustado. Se volvió a mirar a su espalda, siguiendo la dirección de la mirada de Don, pero no vio a nada ni a nadie.
Se volvió nuevamente hacia Donatello, extendiéndole todavía la identificación, pero ya no lo encontró.
Estaba a varios metros de ahí, corriendo hacia el santuario.
.- Dios mío...- Se dijo para sí, dudando si debía seguirlo o llamar a alguien más para que se hiciera cargo. Finalmente decidió que no tendría tiempo suficiente de encontrar a alguien más, incluso si supiera quien podría ayudarlo con eso...
TBC
