VI-
Donatello apenas estaba pensando cuando se tiró al suelo en algún rincón del santuario. Solo esperaba que fuera el más oscuro e inaccesible.
.- Esto no está pasando, esto no está pasando...- Se repetía.
No podía creer en fantasmas, no podía creer en apariciones, no podía creer que algo pudiera existir más allá de toda posibilidad lógica y científica y como cualquiera de esas explicaciones rebotaba al instante en su cabeza, sólo quedaba una última y única explicación posible.
Se había vuelto loco.
Había visto enloquecer antes, sabía cómo era... Había visto a Baxter Stockman pasar de una etapa a otra de degeneración, un tipo brillante, pero completamente loco...
Dios... ¿eso era lo que le esperaba?
La culpa finalmente lo había alcanzado, todos esos años pensando ¿por qué él sí y los otros no? No era justo... su mente había encontrado al fin la forma de castigarlo.
.- No, no puede ser... no puedo estar volviéndome loco...- Se dijo en voz alta.
¿Cuánto le quedaría, cuánto antes de perder por completo la noción de la realidad? Justo ahora. Justo ahora que necesitaba de su cerebro más que nunca.
Sólo un poco más, se dijo a sí mismo... Una vez hecho lo que tenía que hacer, podría caer confortablemente en la demencia. Incluso lo agradecería.
Pero no ahora...
.- Ahora, no... Por favor...- Dijo, sin saber a quien le rogaba, desde que no tenía evidencia de que hubiera algo en alguna parte que pudiera escuchar sus ruegos, aunque quisiera creer, no sabía como engañarse a sí mismo: estaba absolutamente seguro de estar completamente solo.
"Despierta"
Escuchó otra vez esa voz. Cerró los ojos con fuerza. Otra vez comenzaba a oír voces... La voz de Miguel, tantos años de no haberla escuchado y ahora era lo más aterrador que hubiera podido oír.
"Despierta"... volvió a escuchar, ésta vez más débil. Estaba ahí, podía sentirlo a su lado, tenía la cara pegada a la suya, respiraba sobre la suya, estaba ahí, hablando sin mover los labios.
Sin darse cuenta de lo que hacía, volvió a buscar tras su cabeza, a tantear el aire tras su nuca, sin encontrar nada, pero apenas consiente de lo que estaba haciendo.
Terminó dejando caer el brazo.
.- No puedes volverte loco ahora... – Se susurró a sí mismo.- Un poco más...
Entonces, logró juntar el valor para abrir los ojos.
No encontró nada a su lado, estaba solo. Solo, hasta que sintió la voz de su alumno. Se puso de pie, pero no se movió, esperó a que llegara junto a él.
Venía corriendo, con la voz alterada, con cara de susto. Se detuvo a unos metros de él, probablemente dudando si sería seguro acercarse más. Don sólo podía adivinar la cara que debía tener, la expresión lunática.
.- Profesor...
Donatello negó con la cabeza.
.- Estamos sobre la hora,- Insistió el estudiante.- Profesor, está por amanecer, si no comenzamos según el programa...
Don volvió a negar con la cabeza.
.- No puedes confiar en mí. No se puede confiar en mí en este momento...
El muchacho se acercó, al borde del pánico.
.- No... No diga eso...
.- Pondría en peligro todo esto, no puedo estar al frente ahora.
.- ¿Cómo vamos a hacerlo, entonces?
El muchacho se acercó más aún.
.- Conoces el procedimiento, por lo demás, Madre sabe bien qué hay que hacer.
.- No puedes dejarla sola en esto, tienes que ser tú...
.- No.- Negó Don enérgico.
.- Profesor...- Volvió a insistir el chico.
.- Estaré aquí hasta que todo termine, será lo más seguro para todos.
Estaba por dar media vuelta, de vuelta al rincón en el santuario cuando una mano lo retuvo por la manga. Se quedó mirando la mano y luego subió hasta la cara del muchacho.
Estaba asustado, podía verlo, pero también algo más ¿qué era? Algo muy extraño... además, nunca creyó que ese muchacho tan endeble fuera tan fuerte como para retenerlo.
.- Tiene que hacerlo usted... sabes que sólo tú puedes...
Don lo miró arrugando la cara ¿qué pretendía?
.- No entiendes...- Le dijo.- Algo no esta funcionando bien en mi cabeza, podría echarlo todo a perder.
.- No, no será así. Sabes lo importante que es para nosotros, sé que la seguridad de toda esta gente es lo principal, no las decepcionarás, no vas a dejar que mueran, contaba con eso...
Don se volvió a mirarlo ceñudo, a cada instante le parecía más y más extraño. Se soltó de un tirón de la garra del muchacho.
.- Basta.- Le dijo.- La decisión está tomada.
La cara del chico se ensombreció.
.- Tienes que estar ahí. No puedes arriesgar la vida de todas estas personas.
Don alzó una ceja.
El chico retrocedió un paso y lo miró asustado.
.- Debes venir conmigo.
Don negó nuevamente.
.- Hay una buena razón para dejar que Madre haga esto sola...
.- ¿Qué? ¿Qué puede ser más importante que nuestra salvación?
.- Entiendo que es nuestra única opción, pero hay una parte de mí que no quiere hacerlo. Hay una parte de mí que no está cómoda con esto y de alguna forma, esa parte de mí está queriendo tomar el control. No puedo confiar en que pueda mantener mi voluntad.
Los fantasmas no existen, se decía, las alucinaciones son creaciones del subconsciente, tal vez alimentadas por una considerable falta de litio en el organismo, pero seguían siendo la voz de su subconsciente, él sabía que lo único capaz de detenerlo de soltar la sustancia amarilla era la creencia que sus hermanos estaban vivos en alguna parte. Era imposible y era absurdo, pero no podía mantener el control sobre su subconsciente, ni aún recordándose que eran sólo alucinaciones.
De alguna forma, y sin darse cuenta, estaba tratando de detenerse a sí mismo.
Lo mejor era que alguien más lo hiciera por él y mantenerse lo más alejado por el momento. Pero el muchacho no quería entender eso, seguía ahí, poniéndose cada vez más nervioso.
.- La computadora no lo hará sin usted.- Dijo de pronto. Don se volvió hacía él molesto.
.- Tonterías. La computadora puede funcionar sin mí...
El chico sonrió, Don lo miró frunciendo el ceño.
Algo andaba mal...
.- No. No puede.- Le dijo el muchacho.- No aquí. Ella no moverá un dedo sin usted... sin ti. Donatello. No puede hacer nada mientras estés aquí, a este lugar no tiene acceso. No puede entrar al santuario ¿recuerdas?
Don no fue capaz de hablar de inmediato. Algo muy raro estaba sucediendo.
.- ¿Qué te pasa?- comenzó, al ver que el chico comenzaba a avanzar más hacia él.
.- Sabes lo que debe hacerse ahora, no dejes que los recuerdos obstruyan tú labor. Nada debe detener tú labor, vas a cambiarlo todo, vas a recomenzar una nueva vida, podrás moldearla a tu manera, serás el pionero de una nueva era. A los pioneros siempre trataron de detenerlos, sólo cuando no se dejaron detener lograron cambiar la historia...
Don se congeló.
.- ¿Qué? ¿Qué dijiste?
Esas palabras...
.- Tus hermanos merecían su destino. No te comprendieron, aún ahora que están muertos, tratan de detenerte, tratan de evitar que alcances la gloria.
.- ¿Qué? - Don comenzó a retroceder.- ¿Qué te pasa? ¿Por qué hablas de ellos...? Tú no sabes, tú no los conociste... yo... yo nunca te hablé de ellos... a nadie...
Se volvió a ver al chico. Sus ojos habían cambiado por completo. Siempre fue un muchacho retraído y tímido, ahora sus ojos brillaban.
.- Trataron de destruir a Madre ¿se te olvidó?
Don se detuvo en seco.
.- ¿Cómo sabes eso? Tú no puedes saber eso. Nadie lo sabe, sólo yo y...
El muchacho asintió.
.- Y Madre.
.- ¿Qué está sucediendo?
El chico se detuvo y se relajó. Sacudió los hombros, tomó aire y se volvió a verlo ya más calmado.
.- Sucede que tal vez fui demasiado vehemente y poco prudente...- Dijo, rascándose la cabeza.
Don frunció el ceño, sin entender.
.- Esto no está bien... – Comenzó, más para sí mismo. De pronto se volvió al muchacho como si nunca antes lo hubiese visto en su vida.- Tu nombre... ¿cuál es tu nombre? ¿Por qué no me acuerdo de tu nombre? Estás cada día en el laboratorio, persiguiéndome todo el tiempo, debería acordarme de tu nombre...
.- Por supuesto que lo recuerdas.
.- No puedo recordarlo, no creo haberlo sabido nunca. No puedo recordar siquiera cuándo fue que llegaste al laboratorio.
.- Por supuesto que si.
.- Es como si siempre hubieras estado ahí...
.- Es imposible.
.- Todos los jóvenes, no puedo recordar haberlos visto de niños...
.- Por supuesto que lo hiciste.
.- No... No lo recuerdo... ni recuerdo haber visto morir a los otros... deberían haber habido funerales, deberían haber muertes durante todo este tiempo, muertes y nacimientos, matrimonios, fiestas... así son los humanos, no importa la situación en la que estén...
.- Si los hubieron.
.- Todo lo que puedo recordar es el laboratorio, a ti... y a la computadora...
.- Tus hermanos murieron, eso lo recuerdas.
.- Si, pero...
.- Estás mal. Tú mismo lo dijiste. Necesitas ayuda.
.- Hay algo extraño...
.- Estás mal. Déjame ayudarte.
.- Estoy tratando de pensar en momentos específicos, lugares específicos, y no puedo recordarlos, todo lo que recuerdo es a ti, a la computadora y el laboratorio.
.- Es porque no estás bien.
.- ¿Por qué hacemos esto? El escudo debió funcionar por mucho tiempo más, y de pronto, inexplicablemente comenzó a fallar. No tiene sentido.
.- Tú sabías que podía pasar.
.- ¿Por qué no tratamos de buscar la cura para el miasma, en todo este tiempo? ¿Por qué no la busqué? ¿Qué estuve haciendo si no? Yo no soy así... sé que habría buscado la cura, no una forma de destruir a todos los seres vivientes... ¿Quién podría querer eso? ¿Quién destruiría todo? ¿Quién podría vivir en un desierto sin vida, para siempre?... sólo rodeado de máquinas y cables, no puedo creer que esa haya sido idea mía, que esa haya sido la mejor solución que pude encontrar ¿Cómo pude pensar que podía vivir así? ¿Quién podría vivir rodeado de máquinas todo el tiempo?
Se volvió hacia el muchacho. De pronto, su cara había pasado de la preocupación y el temor, a una enorme sonrisa.
Don quedó boquiabierto. El chico ladeó la cabeza y lo miró divertido, como un niño.
.- ¿A quién?- Repitió su pregunta acercándose más, buscando encontrar sus ojos.- Eso es obvio. - Le dijo, apenas en un susurro.- A otra máquina.
Don retrocedió bruscamente.
.- Dios mío.- Exclamó. El chico le seguía sonriendo de esa forma desquiciada.
De pronto, los ojos de Don se abrieron de par en par. Acababa de recordar, aún en ese momento de confusión, acababa de recordar...
.- Ya sé...- Casi gritó, levantando su mano derecha hasta su nuca.- Ya sé lo que estaba buscando tras mi cabeza todo este tiempo.
Sin dejar de mirar al muchacho, cerró su mano fuertemente en algo cerca de su nuca. Ahí no debía haber nada, solo el aire. Y sin embargo, su mano se cerró alrededor de algo.
En el instante en que lo hizo, la sonrisa se borró de la cara del chico. Sus pupilas se expandieron, dejando unos ojos completamente negros. Las luces se apagaron también.
De pronto, todo se volvió completamente oscuro, todo alrededor desapareció, los únicos que quedaron ahí fueron Don y el muchacho, el resto era un escenario negro y vacío.
TBC
