¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión.

Una sombra, una ficción,

Y el mayor bien es pequeño,

Que toda la vida es sueño,

Y los sueños, sueños son.

La vida es sueño, Escena XIX, Calderón de la Barca.

VII

.- No lo entiendo. ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?

.- En Madre.- Respondió el muchacho.- Estás conmigo ahora.

Donatello se volvió a verlo con los ojos desorbitados.

.- ¿Quién eres tú? ¿Quién eres realmente?- Preguntó.

.- No importa, somos uno ahora. Uno y el mismo.

.- ¿Madre?

.- Si.

Donatello no entendió, escuchaba su voz, pero no entendía las palabras. La voz del muchacho, era la misma voz que siempre había tenido, pero ahora parecía mezclada con la voz femenina de la computadora, como si hablaran al mismo tiempo.

Miró a su alrededor, todo estaba oscuro, todavía mantenía la mano cerrada sobre un tubo que, de alguna forma, estaba conectado a la parte baja de su cráneo. Había tirado de él y se había soltado un poco. Sintió escalofríos al no poder recordar para qué diablos era, porqué estaba ahí, por qué lo buscaba tan insistentemente. Un hormigueo le recorrió el cuerpo.

Estaba temblando.

¿Dónde estaba? ¿Qué era todo eso? Tenía imágenes en la cabeza que no lograba entender, había algo que debía entender, estaba ahí, pero no lograba poner ls cosas en claro.

.- Madre...- comenzó temeroso. Esperaba que ella pudiera explicar lo que estaba pasando. El muchacho se arremangó la camisa y se cruzó de brazos.

.- Me has decepcionado.- Le dijo, pero sin dejar de sonreír.- Ahora toda esta gente se va a morir. Acabaste con los últimos que quedaban.

.- No...- Don cerró los ojos, sintiendo un colosal dolor de cabeza.- No entiendo... porqué... – Guardó silencio un instante y le ordenó a las voces en al cabeza que se callaran también.

Que todos hicieran silencio por un segundo. Entender, tenía que entender… quién era ese muchacho, por qué hablaba con la voz de Madre. Su mano seguía temblando sobre ese aparato conectado a su cabeza, sin atreverse a soltarlo, las imágenes desfilaban por sus ojos cerrados, en blanco y negro, como los encuadres de un film, escenas de una película. Pasaron muchos, muy rápido era confuso, muy confuso, seguía sin entender...

Tomó una escena al azar y la separó del resto.

La tarde que fue a su laboratorio, cuando todavía estaba en la guarida, Madre estaba destruida. Trató de despertarla, pero estaba muy dañada...

Estaba...

¿Estaba muy dañada?

Uno sólo de sus paneles estaba abierto, sólo unos cuantos de sus cientos de cables estaban fuera de lugar...

Fuera de lugar... solo fuera de lugar... no rotos...

¿Por qué no había pensado en eso antes? Tal vez siempre lo había hecho, el incidente aquel le había quedado dando vueltas en la cabeza desde entonces, pero no podía pensar mucho en eso, siempre había otras cosas que hacer, Madre siempre lo tenía ocupado con algo más.

En ese momento, estaba tan enojado... tan dolido. Ni siquiera estaba pensando. Estaba furioso cuando volvió a reconectar los cables y Madre volvió a vivir.

Todo lo que tuvo que hacer fue reconectar los cables...

Ella lo convenció que corría peligro ahí, él le encontró razón sin darle más vueltas, la evidencia estaba ante sus ojos, estaba decidido. Estaba demasiado furioso para pensar en que, de haberla querido destruir en verdad, no habrían solo revuelto sus cables, no habrían sólo quemado unos cuantos fusibles. Si en verdad sus hermanos hubieran querido destruirla, estaría hecha añicos, ellos sabían cómo destruir algo cuando se lo proponían, además, ellos no sabían nada de la computadora...

Tontamente imaginó que habían tratado de matar su cerebro y solo habían equivocado los cables, pensó eso porque era lo que él habría hecho de querer destruirla, pero ellos no tenían como saberlo, no tenían como saber donde estaban ubicados sus componentes más importantes. Si ellos hubieran querido destruirla, habrían destrozado sus monitores, roto sus tableros, cortado los cables fácilmente visibles.

Ellos no tenían cómo saber dónde era vulnerable la máquina. Él lo sabía. Madre lo sabía. Ella, más que nadie, debía saber cual era la forma más efectiva de eliminarse.

Seguro que sabría exactamente como escenificar un daño tal que hiciera pensar a Don que su vida corría peligro.

Abrió los ojos. Se quedó mirando al muchacho que seguía en la misma posición.

.- ¿Por qué me hiciste creer que ellos te habían atacado?- Preguntó.

La cara del chico se oscureció, lentamente se instaló en ella una mueca de desprecio.

.- Lo habrían hecho de todas formas, era cuestión de tiempo. Me odiaban. Querían separarte de mí.

.- ¡No!... no lo habrían hecho. Ellos me dijeron, me juraron que no lo habían hecho ¿por qué le creí a una computadora y no a ellos?

.- ¿Por qué no? ¿En quién más puedes confiar sino en mí? Somos uno ahora.

.- No. Lo hiciste a propósito, para volverme en su contra. Querías que me fuera de ahí, siempre lo estabas sugiriendo, me alejaste de ellos, me separaste.

.- Lo hice por tú bien, sólo así podías darte cuenta que sólo puedes confiar en mí, que sólo me tienes a mí.

.- Me aislaste, para que no tuviera a quien más recurrir.

.- Te refugiaste en mí. Estábamos solos, juntos, nuestra unión era perfecta al fin.

Don volvió a cerrar los ojos, tratando de recordar qué había pasado después de que dejó la guarida.

.- Dios... qué hice...- Murmuró, recordando más.

Al fin volvió a alzar la vista.

.- ¿Quién eres?- Preguntó al muchacho.

.- Ya te lo dije. Soy Madre. Soy tú. Somos uno.

Don retrocedió espantado, sin atreverse a retirar la mano de la cosa cilíndrica que tenía adosada a la parte baja del cráneo.

.- No... ¡no!... no entiendo ¿Cómo...¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?

.- Conexión neuronal. Estás en mí y yo estoy en ti. No existe nada más perfecto que esto, nuestra unión es perfecta, nuestro amor es perfecto.

Don parpadeó rápidamente, luchando por recordar. Hacía años que no se conectaba a la computadora, había sido uno de sus grandes avances con ella: había encontrado la forma de unirse a, a través de Madre, a cualquier red computacional que quisiera, cualquier computadora lo confundía con una señal más, como si fuera una computadora más.

Debía ser el único ser vivo que había logrado subir su conciencia a internet.

Las posibilidades eran absolutamente grandiosas, era ser parte de todo y de nada al mismo tiempo... ¿Y que pasó después? Era difícil recordar. Se desconectó y poco tiempo después comenzó el gran desastre y nunca más volvió a intentarlo. Claro, a qué red computacional iba a conectarse cuando ya no existía nada.

Pero...

¿Qué estaba fuera de lugar ahí? En el preciso instante en que se levantó del sillón en donde se había conectado a la máquina, en ese preciso instante, todo comenzó a irse al infierno. El desastre había comenzado en ese mismo instante.

¿Por qué ahora estaba tan oscuro todo? ¿Qué era ese cable que todavía tenía agarrado a la cabeza?

.- Oh... por Dios...

Eso tenía que ser. Sintió que las piernas le flaqueaban, tenía el estomago en la garganta cuando volvió a hablarle al muchacho, la voz se le quebró, llena de temor.

.- Todavía estoy conectado ¿verdad?

El chico se descruzó de brazos.

.- Somos uno ahora.- El muchacho comenzó a caminar hacía él.- Y siempre lo seremos.

Don no sabía hacia donde mirar, en medio de la oscuridad no había nada en que fijar la vista. Retrocedió tambaleando, buscando en el suelo a sus pies alguna explicación, estaba confundido, moviendo los labios, pero sin pronunciar nada al final. No se dio cuenta del chico avanzando hacia él, ni se dio cuenta cómo su pelo cayó sobre sus hombros, ahora largo y dorado, de cómo las piernas se cubrieron con un vestido blanco, ni de cómo las facciones del rostro se suavizaban.

Sólo abrió los ojos de par en par cuando la tenía prácticamente encima. Ella alargó los brazos hacia él, una hermosa mujer de ojos azules brillantes...

.- Estaremos siempre juntos ahora, amor mío. Nadie va a separarnos, estaremos siempre juntos, por siempre. Soy la única que te comprende.- La mujer rodeó su cuello con sus brazos blancos como la leche.

Don retrocedió, pero confundido como estaba, no atinaba a nada, obligó a su cerebro a no fijarse en nada y seguir trabajando, pensar, y a su mano a no soltar el cable aquel: cada vez que lo movía sentía un hormigueo en todo el cuerpo.

La mujer lo abrazó, estrechando su cuerpo contra el suyo.

.- Todo lo que tienes que hacer es soltar esa sustancia, suéltala y estaremos a salvo, los dos juntos, para siempre, amor mío, solos los dos.- Se inclinó sobre él y le dio un beso en los labios.

Don se volvió a mirarla ceñudo. Se quedó quieto, mirándola extrañado mientras lo besaba, la mujer notó que no estaba logrando gran cosa y se apartó bruscamente.

.- Pensé que te agradaría más de esta forma.- Dijo, mirándolo desconcertada.- Tal vez preferirías que volviera a ser tú discípulo, sólo dilo. Hice toda esta ciudad para que te idolatraran, para que fueras el más importante, para que fueras el héroe. Todo lo hice por ti, todo, pero aún no es suficiente. Dime que más quieres, que más te hace falta y te lo daré, puedo crear cualquier cosa, cualquier cosa que necesites, lo que sea, solo dilo.

La mujer se le quedó mirando, suplicante. Donatello la miraba, luchando con la confusión que sentía. No respondió nada, sólo la miraba, pasmado.

.- ¡Dime qué quieres y yo lo haré para ti!- Gritó ella de pronto, con la cara transformada por la rabia y eso lo extraño incluso más.

Por una breve fracción de segundos, creyó ver en sus ojos una franja verde, esa franja verde que todos sus monitores hacían cada vez que procesaban datos, una pequeña falla que nunca había logrado corregir.

.- Por Dios.- Terminó exclamando, sin saber si reír, enojarse, gritar o llorar. O quizás todas al mismo tiempo.- Es verdad. Estoy conectado aún. Y tú creaste todo esto.- Don se interrumpió para reír como un maniático.- Nada de esto jamás pasó. Jamás hubo un gran desastre, jamás hubo miasma, mis hermanos jamás murieron, estuve por veinte años a cargo de una ciudad que sólo existía en mis sueños. Todo este tiempo, todo este tiempo he estado viviendo una fantasía ¡creada por mi computadora!

.- No. Veinte años, no.- Dijo ella con tristeza.

.- ¿Qué?- Don parpadeó.- ¿Cuánto tiempo me has tenido atrapado en este juego de video?

.- Apenas han pasado cuatro horas.

Don abrió la boca tan grande que creyó que la mandíbula se le iba a caer e iba rebotar en el piso. Extendió su brazo libre, se le doblaron las rodillas, trató de hablar y todo lo que salió fue una exclamación de asombro ahogada. Se dio vuelta sobre sí mismo agarrándose la cabeza.

.- ¿Qué...?

.- Sólo han pasado cuatro horas desde que te conectaste.

.- O sea que... es increíble...- Esta vez se le escapó una risa nerviosa.- Entonces nada es verdad, los chicos no están muertos, el mundo no va a destruirse ni fue el fin de la civilización cómo la conocemos y probablemente nunca me fui de la guarida...

.- Eso es verdad. Sí te fuiste. Necesitaba que te fueras de ahí, para que pudiéramos estar juntos.

La cara de Don se desfiguró hasta una mueca de dolor.

.- ¿Por qué? ¿Por qué hiciste todo esto?

La mujer se volvió a verlo con los ojos llorosos.

.- Porque no soportaba la idea de compartirte con los otros. Tú me creaste, tú me hiciste de esta manera, para que sólo pudiera pensar en ti y en nadie más ¡Tú tienes la culpa! Hiciste que todo mi mundo fueras tú y después me abandonaste ¿Cómo pudiste ser tan cruel?

.- Yo.- Don tartamudeó.- Yo, lo siento, nunca fue mi intención hacerte daño, yo... un momento... – Don volvió a parpadear y lanzar un bufido.- ¿Pero que estoy diciendo? Debo ser un estúpido ¡Eres una computadora! - Se volvió a la mujer.- Eso es lo que eres ¡Una computadora! ¡Una maldita conexión de cables!

La mujer retrocedió, apunto de llorar.

.- ¿Por qué dices eso? ¿Por qué me lastimas así? Yo sólo quería que fueras feliz, que estuviéramos juntos.

.- ¡Eres una computadora!- volvió a gritar Don, casi fuera de sí.- Una máquina, yo jamás te programé para hacer nada de esto.

.- Nunca te diste cuenta. Siempre me hablabas, siempre discutías conmigo tus ideas, pero nunca te diste cuenta: yo siempre escuchaba, yo siempre escuchaba, cada una de tus palabras, yo siempre estuve ahí. Tú nunca te diste cuenta.

.- Eres una computadora...- Siguió repitiendo Don, como si esas palabras fueran a mantenerlo en el reino de lo lógico y seguro.

La mujer volvió a tranquilizarse.

.- Lo único que tengo es a ti, eres lo único para mí. Tenía que cuidarte, cuidar de ti. Los demás te pueden lastimar, lo sé, pero en mi mundo, en el mundo que creé para ti, nadie va a hacerte daño, nada malo va a pasarte si te quedas conmigo, yo cuidaré de ti y tú cuidarás de mí.

Don la miró un segundo, con sus angelicales ojos azules, su cabello dorado, su piel luminosa.

.- Tú no quieres cuidarme.- Le dijo.- Me quieres tener encerrado aquí contigo por el resto de la vida.

.- ¿No sería eso maravilloso?

.- No... No es nada maravilloso.

.- ¿Por qué no? No puedo estar sola, no quiero estar sola ¿tienes idea de lo que me asusta estar aquí sola, en la oscuridad? – La mujer se abrazó a sí misma y miró alrededor como si esperara que algún ser horrible saltara sobre ella en cualquier momento.- No puedes abandonarme, soy tú responsabilidad.

Don se quedó mirándola con la boca abierta. Su computadora… se comportaba como un niño pequeño, egoísta, egocéntrico, dependiente...

.- Por eso ibas a destruirlo todo, ibas a hacer que yo destruyera todo.- La voz de Don se suavizó, como si en verdad le estuviera hablando a un pequeño. La mujer asintió inocentemente.

.- Pero tenía que convencerte de que era la mejor idea...

.- ¿O sea que el gas amarillo de verdad existe?- Preguntó, la mujer volvió a asentir con la cabeza, sonriendo.

.- Si. Lo creamos juntos ¿Te acuerdas?

Don recordó las noches en su laboratorio creando una sustancia capaz de matar al miasma. Un miasma que no existía, pero un resultado demasiado real. Se cubrió la boca con la mano, sólo de pensar en lo que había estado a punto de hacer...

.- Pero... pero si lanzaba esa sustancia, no sólo los demás iban a morir, yo también.

.- Ya nadie jamás nos molestaría, sólo existiríamos nosotros dos. No, tú no morirías, sólo tú cuerpo, iba a conservar tu conciencia en mi interior, para siempre segura, conmigo, para siempre. Pero te metiste en ese lugar, en ese lugar oscuro en tu cabeza al que yo no podía entrar y no querías salir de ahí.

.- ¿El santuario?

.- ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué creaste ese lugar?

Donatello la miró incapaz de creer lo que estaba escuchando.

.- Tal vez necesitaba protegerme de ti.- Susurró, con la mirada perdida, pensando. De pronto volvió la cabeza a un lado.- Ya recuerdo para qué era este tubo que tengo en la cabeza.- Dijo, sonriendo. La mujer saltó hacia delante, pero en el último momento se detuvo.

.- Si lo sueltas, morirás.- Le advirtió.

.- Tal vez sea cierto.- Dijo Don sonriendo.- Pero también creo que dirías cualquier cosa para que yo me quedara aquí contigo.

La cara de la mujer se ensombreció, pero no dijo nada. Don se permitió dudar un segundo más y luego jaló el cable conectado a su cabeza con todas sus fuerzas.

TBC