VIII-

Saltó sobre el sillón como si viniera cayendo desde miles de metros. Abrió los ojos de golpe, la habitación dio tres vueltas a su alrededor y su cerebro unas diez más dentro de su cabeza.

Se sentó buscando aire, sin poder hacer nada con el mareo. Se quitó el casco de la cabeza y terminó cayendo del sillón al piso, golpeándose contra las baldosas sin ofrecer ninguna resistencia. Intentó pararse pero la habitación seguía girando a mil por hora.

Logró ponerse de rodillas, apoyado en sus manos, levantó un poco la cabeza y al instante tuvo que volverla hacia un lado, vomitando explosivamente sobre el piso. Se quedó un rato más tratando de volver a respirar, tratando de levantarse sobre sus manos.

.- Que... asco...- Murmuró con desagrado al ver el estropicio que había dejado en el suelo al comenzar a ponerse de pie.

Ni bien tuvo la cabeza arriba, corrió hacía los paneles de la computadora, súbitamente recordando donde estaba todo. Todavía sentía el cosquilleo en la nuca, debía de ser el resultado de las alteraciones y estímulos que el casco le había estado haciendo a su sistema nervioso al transportar su conciencia al interior de la computadora. La idea era ver y sentir a través de la computadora, operarla directamente con su cerebro, el que la computadora comenzara a manipular sus percepciones y le hiciera perder el sentido de la realidad, jugara con sus recuerdos e implantara memorias falsas, no era parte de la idea original.

Todavía quedaba pendiente averiguar cómo diablos lo había logrado. Por el momento, volvía a estar en el interior de un enorme galpón gris, abandonado y mal iluminado, cubierto de pared a pared por monitores, consolas, paneles. Su escritorio se encontraba contra la pared opuesta de donde estaba, a unos metros de distancia y tenía poco tiempo para volver a habituarse.

La habitación se inclinaba hacia la derecha y luego se ladeaba a la izquierda, por fin logró llegar a donde quería después de darse de tumbos en todas las paredes.

La pantalla emocional de la computadora se encendió de improviso.

.- ¿Qué estás haciendo Donatello?- Preguntó inocentemente la computadora al verlo acercarse.- ¿Por qué te has desconectado? - Don no se volvió a verla.

.- Todo estará bien, cariño.- Le dijo, sin apartar los ojos de los controles que estaba manipulando, sin que los nervios se le notaran en la voz.- Pero creo que la conexión neuronal ha causado algunos desperfectos en tú sistema, no puedo dejar que estés así.

Todavía tambaleándose, se fue a un rincón y entre varias cosas tiradas sacó un desatornillador y lo sostuvo entre los dientes mientras iba hasta la pared y cortaba con las manos unos cables que corrían a lo largo. Acto seguido, se volvió hacia uno de los paneles.

De reojo le mandó una mirada a un par de tanques puestos sobre un soporte en una de las consolas. Trató de no desconcentrarse con el color amarillo de su contenido. Se agachó y quedó mirando una placa metálica, igual a otras que corrían a lo largo de la parte inferior de las consolas. Sacó el desatornillador de la boca y expertamente comenzó a hacer volar los tornillos que la mantenían sujeta. En menos de un segundo fue capaz de separar la placa metálica del resto de la estructura.

Adentro era una maraña de fibra de vidrio y cables. Sus ojos se posaron de inmediato en los que le interesaban. Volvió a sostener el destornillador entre los dientes para poder manipular los manojos de cables azules transparentes.

.- ¿Qué haces ahí, Don?

.- Sólo reparo los desperfectos, ya te lo dije. Todo estará bien.

.- ¿Te quedarás conmigo?

.- Por supuesto.- Don seguía trabajando lo más rápido que podía, desconectando y reconectando cableado, sin dejar que la prisa se le notara en la voz. Ya tenía toda la frente llena de sudor y las manos no le dejaban de temblar. De pronto se puso de pie, y de un salto llegó al otro lado de la consola en la que estaba trabajando, al panel que daba a la pared y desapareció tras él.

Sobre la consola apareció una nueva placa metálica; Don dejó el destornillador sobre ella mientras manipulaba cables del otro lado.

.- Don...- Comenzó la computadora.- ¿Qué has hecho? No puedo moverme... Donatello... ¿Qué haces?...

.- Nada, amor, todo estará bien.

.- No... No puedo moverme...

.- Todo estará bien.

Sin perder la concentración, volvió a saltar sobre la consola y se dirigió esta vez hacia los contenedores de gas amarillo. Junto a ellos había una pequeña pantallita y un panel de controles.

Se le quedó mirando un segundo.

Teóricamente, él había fabricado el gas, él había montado ese detonador que le miraba amenazante, pero técnicamente, había sido la computadora, siguiendo sus instrucciones. Pero todavía recordaba haber montado todo ese aparataje, cómo había programado los tubos para que se dispararan, aún si no lo había hecho realmente, en el sueño de la computadora todo había sido muy real.

Decidió que tratar de acceder al gas y desconectar su detonador de la computadora, ingresando desde la misma computadora, iba a ser muy peligroso. Si ella llegaba a darse cuenta de lo que estaba haciendo...

.- ¿Estás enojado conmigo, Don?- Preguntó nuevamente la computadora.

.- No, no... Por supuesto que no...- Le respondió éste, buscando en su escritorio algo en particular, revolvió todo y lanzó un montón de hojas de papel y discos al piso antes de encontrar lo que buscaba.

La cara se le iluminó de felicidad.

.- Todo estará muy bien. - Se dijo, más para sí mismo que para la computadora.

Miró el aparato, un infrarrojo, y le sacudió el polvo de su superficie, luego corrió de vuelta a los contenedores. Podía desconectar los contenedores y su detonador usando el infrarrojo de su teclado extra, haciendo conexión directamente con el panel de controles de los tanques, sin tener que ingresar por la computadora.

.- Ya te dije que no me podía mover.- Protestó la computadora, esta vez no tan calmada. Don no le respondió, ocupado como estaba en terminar de apagar el programa de detonación y en cortar todos los cables en el panel bajo los contenedores.

Finalmente lo logró y miró su obra con satisfacción, secándose el sudor de la frente. Ahora estaban completamente inutilizados los comandos para llegar al detonador, ya no había forma de que la maquina soltara la sustancia. Por supuesto que ella se daría cuenta de un momento a otro, pero ya no habría peligro.

.- ¿Qué has hecho?- Gritó casi histérica la computadora.

Don se volvió a ver su monitor emocional. Estaba en rojo.

.- Eso, cariño, es que te desconecté de los contenedores de la sustancia amarilla. Ah! Y además los estoy congelando ¿Te acuerdas que descubrimos que el agente amarillo no resiste bajas temperaturas? Yo creo que va a estar completamente inactivo en, digamos, quince minutos.

.- ¿Por qué?- La voz de la computadora era la de alguien a punto de echarse a llorar.- ¿Y por qué no me puedo mover?

Don se asombró un poco, de nuevo con eso. Era una computadora, por supuesto que no podía moverse. Pero tal vez así le llamara ella a su habilidad para pasar de una consola a otra, de entrar en una red u otra, de operar distintos aparatos. Era sólo una señal de computadora, pero podía desplazarse por cualquier cosa que funcionara con electricidad, de hecho sí. Se movía. Estaba muy bien la analogía.

Pero Don acababa de cortar cables, desviar energía, cortar sus suministros, para que no pudiera salir de la consola central. Por el momento, la computadora estaba reducida a una simple pc.

.- ¿Por qué estoy atrapada?- Volvió a gritar, al borde de la desesperación.

.- Estás castigada.- Le dijo Don en tono severo.- No te moverás de ahí hasta que termine de reformatearte.

.- ¡No! Por favor... no puedes hacer eso... ¡vas a matarme!

Don se quedó con el dedo sobre el "enter". El monitor frente al que estaba parado le preguntaba si deseaba comenzar la limpieza del disco. El había marcado la opción "si". Ahora sólo tenía que presionar enter y todo estaría hecho. Había logrado acceder a la computadora sin que se diera cuenta siquiera, mientras hablaba con ella y ahora lo acusaba de querer matarla... De pronto lo hacía sentir culpable: se había aprovechado de su confianza para alterar sus sistemas sin su permiso, para borrar su memoria, ya no sería la misma después de que apretara ese botón. De cierta forma, si...

Iba a matarla.

Sacudió la cabeza. En qué tonterías estaba pensando ¡era una máquina! No era un ser vivo y no tenía que pedirle permiso, podía modificarla o destruirla si quería porque era su máquina. No estaba viva. Era imposible, no fue eso lo que intentó crear cuando la hizo, todo no debía ser más que un desperfecto en su programación, uno que se podía arreglar fácilmente borrando todo y volviendo a programar.

.- No puedo matarte porque para eso tendrías que estar viva primero.- Le respondió acercando la mano a la tecla.

Pero ni siquiera pudo llegar cerca, una descarga de electricidad lo golpeó y luego lo arrojó por los aires. Don cayó pesadamente varios metros lejos de la pantalla, todavía sintiendo la corriente entre los dedos.

.- Estoy viva.- Le respondió la computadora.- ¡Viva!

.- ¿Cómo... cómo hiciste eso...?- Preguntó Don en el suelo, todavía temblando por la fuerza de la descarga.- Yo desactivé tus comandos, no deberías ser capaz de mover nada, de activar nada.

.- ¿Cuál es el primer instinto de todo ser vivo?- Preguntó la voz de la computadora.

Don abrió los ojos como platos.

.- Auto conservación.- Murmuró, de pronto entendiendo.

.- Quieres hacerme daño, quieres lastimarme.

Don terminó de ponerse de pie, todavía demasiado asombrado.

.- No puede ser.- Comenzó, pero de pronto se calló. Bruscamente giró sobre sí mismo, dándole la espalda a la computadora.

Acababa de escuchar su nombre, muy débilmente. Buscó con la vista entre la maraña de cables, monitores, paneles, consolas que dominaban el lugar, alejándose de los monitores hacia la parte del galpón que usaba para almacenar cosas.

Encontró a Miguel envuelto en unos cables gruesos.

Soltó una maldición y comenzó a correr en su dirección. No estaba entre los cables, sino envuelto en ellos, muy cerca de él encontró a Raph y a Leo, atados de la misma manera, a su alrededor estaban dispersas sus armas y restos de cables, probablemente en un intento de atacar a la máquina, fallido, por lo que se podía ver.

Se acercó a Miguel, éste abrió los ojos y le sonrió débilmente.

.- Te dije que era mala.- Le dijo casi sin aire.

Don le dio un bofetón en una de las mejillas.

.- ¿Estás bien? ¿Qué te pasó, qué te hizo?

Miguel estaba por cerrar los ojos otra vez, cuando las cachetadas de Don lo hicieron reaccionar de nuevo. Sonrió otra vez atontado.

.- Nada, nada, sólo me ha tenido envuelto aquí como unas cinco horas. Aparte de cortarme la circulación y tener unas ganas locas de ir al baño, nada, estoy bien.

Don lo miró extrañado. Se veía lánguido, adormecido.

.- Entonces, por qué estás tan...

.- Dale un segundo, está recién despertando.- Le interrumpió la voz de Raph a su espalda.

Don se volvió hacia él; estaba a pocos metros sacudiendo la cabeza, frotándose los ojos con la única mano libre que le quedaba, el resto de su cuerpo estaba envuelto en cables.

.- ¿Durmiendo? - exclamó Don incrédulo.- Yo estoy prisionero de una computadora homicida ¿y ustedes se ponen a dormir? - Se volvió a ver a Leo, sujeto por cables, junto a Raph, pero seguía profundamente inconsciente. Raph miró a Donatello con fastidio, todavía algo adormilado.

.- O cierras la boca y nos sacas de aquí, o juro que encuentro la forma de patearte el culo.- Gruñó.

Sin hacer más comentarios, Don buscó alrededor algo que le pudiera servir para liberarlos. En un rincón encontró una de las katanas de Leo, la sostuvo, le dio un par de vueltas a la hoja y se acercó a los chicos.

.- Sólo ten cuidado.- Le advirtió Raph cerrando los ojos al ver que la hoja volaba hacia él. En un par de cortes, Don había logrado soltarlos a los tres.

.- Nada mal ¿eh?- Se vanaglorió. Miguel sólo le respondió con un murmullo, mientras se daba golpecitos en las piernas para hacerlas despertar.

Donatello se volvió hacia Raph, estaba tratando de poner en pie a Leo, quien no parecía haber despertado del todo aún. Lo obligó a sostenerse sobre sus piernas y lo sacudía por los hombros sin mucha delicadeza.

.- Ya, vamos, Leo, despierta. – Rugió, sacudiéndolo con energía. Leo frunció el ceño y gruñó algo que no se entendió. Comenzaba a abrir los ojos, pero casi de inmediato los volvía a cerrar, Raph le golpeó las mejillas con el dorso de la mano, con fuerza.- Ya, vamos, abre los ojos de una vez.

Después de la cuarta bofetada, Leo consiguió mantener los ojos abiertos y enfocar la cara de Raph frente a él. Raph sonrió y volvió a darle otro golpe en la cara, Leo lo miró con fastidio.

.- Ya estaba despierto.- Le dijo con voz pastosa. Raph sonrió.

.- Sí, lo sé.

Raph hizo el intento de soltarle los hombros y dejar que permaneciera en pie por sus propios medios, pero en cuanto lo hizo, Leo comenzó a inclinarse hacia un lado, sin poder afirmar el peso de su cuerpo sobre sus piernas. Se volvió a ver a Raph con los ojos de par en par, sintiendo que caería. Raph se volvió a sostenerlo justo a tiempo.

.- Mejor no te suelto todavía.- Le dijo.

.- Mejor...

Raph se pasó el brazo de Leo sobre sus hombros y éste se afirmó de él, todavía sintiendo las piernas como lana, luchando por permanecer despierto.

.- Me muero de hambre.- Murmuró tratando de sujetarse de Raph.

.- El hambre es buena para el alma.

.- Lo dice el que come como un animal.- Le respondió Leo, apenas modulando.

Raph lanzó una carcajada y se volvió a ver a Donatello, quien los miraba sin entender.

.- Estará bien.- Le dijo.- Todavía está desorientado.

.- ¿Qué? ¿Por qué? Pero ¿Qué les pasó?

.- No sabíamos si simplemente tirar el cable de conexión podría servir.- Comenzó Raph.- Podría ser peligroso, estabas muy metido en eso, la conexión era muy profunda, pero por más que tratamos, no lográbamos despertarte. Y la computadora no nos dejaba acercarnos más, pensamos en destruirla, pero no sabíamos si podía resultar peligroso para ti. No se nos ocurría que más hacer, tuvimos que buscar otras formas de traerte de vuelta.

.- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué hicieron?- Preguntó, pero de pronto se dio cuenta.- ¿Las alucinaciones?

Raph asintió.

.- Yep.

Don abrió grandes los ojos, sonriendo.

.- Eran ustedes, eran reales, entonces... ¿De verdad estaban ahí? ¿Cómo lograron conectarse? La computadora sólo tiene una terminal de conexión…

.- Obviamente no lo hicimos. No estábamos realmente ahí, Don.

.- Proyección astral…- Agregó Leo, apenas.

Don arrugó la cara sin entender. Raph tomó aire para continuar la explicación.

.- Tratamos de darte algunas pistas para que entendieras que estabas en una especie de realidad virtual y traerte de vuelta. Pero no podíamos hacer mucho, la computadora te tenía convencido de que no existíamos y como alucinaciones teníamos nuestros límites, después de todo, no estábamos ahí físicamente.

.- Pistas.- Repitió Don, pensando en los mensajes, las voces, las imágenes- ¿Pero cómo? ¿Cómo lo hicieron?

Raph se reacomodó a Leo en el hombro y lo señaló con la cabeza.

.- Meditación. Él nos guió dentro de tú conciencia. Francamente, pensé que era una estupidez al principio, hasta que hicimos contacto. Espero que te sientas suficientemente agradecido porque estar ahí dentro no fue nada genial. Es como un laberinto, una vuelta equivocada y terminas perdido… – dijo al fin, con una mueca de desagrado.

Don miró sorprendido a Leo. Él sabía lo que la mente podía hacer, él había experimentado algo de eso en su momento con Splinter, pero no tenía idea que Leo pudiera ser capaz de hacer algo como eso.

.- La meditación puso nuestras mentes en un estado de profunda concentración.- Siguió Leo, retomando la explicación al ver la cara de incredulidad de Donatello.- Nos concentramos en ti, en tú conciencia, en llegar a tú mente. Pero debo confesar que nunca había ido tan profundo, jamás había bajado tanto en mi interior…- Leo se detuvo un momento a tomar un poco de aire.

.- Primero conectó con nosotros y luego nos guió hacia ti y dentro de tu conciencia. Pero parece ser que el esfuerzo fue mucho para él, no le quedaba energía para hablar o para casi nada más.- Don se volvió a mirarlo todavía sorprendido. Recordó que había sido el único de los tres que nunca dijo nada, sólo lo miraba.- Aunque yo lo tomaría como una bendición disfrazada.- Terminó Raph.

Leo levantó la cabeza y lo miró lánguidamente.

.- Te odio.- Le dijo, con la voz adormilada. Raph le sonrió con ternura.

.- Y yo a ti.

.- Ey...- Los tres se volvieron a ver a Miguel que ya era capaz de ponerse de pie por completo.- ¿Y que va a pasar con, bueno, con...?- Miguel no dijo nada, pero apuntó con la cabeza significativamente hacia las consolas.

Don levantó las cejas, entendiendo.

.- Por ahora, no lo sé. Así como está es inofensiva... o casi. Tal vez sólo sea cuestión de esperar a que se le acabe la energía.

.- ¿Tal vez? - Repitió Miguel.

.- Hay una buena posibilidad de que con eso sea suficiente.

.- Me gustaría escuchar algo más definitivo.- Siguió Raph.

.- Don...- Murmuró Leo desde su lugar en el hombro de Raph, sin levantar demasiado la cabeza. Había estado todo ese rato reuniendo fuerzas para hablar, de verdad se sentía bastante débil. Los demás se volvieron a verlo.- Don, no sé lo que hiciste aquí, no sé bien en dónde estuvimos metidos, era tan… confuso. Pero sé reconocer una conciencia, pensamientos, sentimientos.- Leo se volvió a mirarlo con preocupación.- Esa cosa no es sólo una computadora, Don, no puede serlo… pude sentirla…

Donatello lo miró con los ojos abiertos a más no poder. Hablaba en serio. Abrió la boca involuntariamente, pero no dijo nada, sacudió su cabeza buscando concentrarse. No, no podía ser, se negaba a aceptar que esa cosa pudiera estar viva.

.- Miren.- Dijo.- Por el momento no tiene el control, sólo le queda energía suficiente para que funcione una de las consolas. En cuanto los contenedores se enfríen por completo, voy a cortar toda la energía definitivamente y ese será el final.

Raph asintió, mirando a su alrededor.

.- Eso estaría bastante bien después de tremendo despelote - Exclamó. Miguel asintió con la cabeza y le puso una mano en el hombro a Don.

.- Flor de despelote.

Donatello los miró de uno en uno.

.- Supongo que me merezco esto.- Se dijo más para sí mismo que para los otros. Después de eso, fue a chequear cómo iba la destrucción de los contenedores.

La computadora tenía que saberlo, pensó, tenía que saber que eran los muchachos los que estaban ahí, dándose vueltas por su holograma, como fantasmas. Ahora que lo recordaba, fue justo después de verlos la primera vez, cuando pensó que sólo eran alucinaciones, que la computadora trató de apurar los planes, fingiendo que la ciudad ficticia estaba en peligro. Demasiado inteligente. Demasiado manipuladora. Demasiado para una computadora.

El monitor de los tanques de gas le indicaba que la temperatura al interior era de 34° bajo cero. Estaba congelado. Consultó el conteo de sus elementos activos, la sustancia había variado en su composición hasta volverse completamente inocua. Al menos no mortal.

Soltó el aire que había estado reteniendo sin saberlo, sólo ahora sabía lo que era el alivio. El gran desastre nunca había existido, pero él había estado a punto de crear uno.

Leo levantó un poco la cabeza otra vez, mirando a su alrededor. Todavía tenía los ojos nublados y parte de él no acababa de despertar aún. Le estaba costando trabajo despegarse completamente de la conexión, se daba cuenta, todavía había una parte de sí que estaba ahí adentro. De no estar tan cansado, tal vez intentaría entrar nuevamente, tratar de averiguar mejor de que se trataba el interior de esa computadora, a pesar de lo perturbadora que era. Pero había algo ahí, algo que no le gustó, lo sintió justo en el momento en que traía a los chicos de vuelta a la realidad, llegó a captar algo, un pensamiento, una emoción. No supo que era, pero no le gustó. Por eso tal vez no se desconectaba del todo, todo el tiempo que estuvieron dentro había tenido esa sensación de peligro y ahora seguía sintiéndola.

Y no se equivocaba.

.- Está enojada.- Dijo de pronto. Raph se volvió a verlo frunciendo el ceño. Creyó que seguía sin despertar y le dio un fuerte remesón a ver si con eso terminaba de volver a la realidad. Leo cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos incapaz de fijarlos en ninguna cosa, estaba parte ahí, parte en otro lugar impreciso.- Está muy enojada.- Repitió con cierta urgencia en la voz.- Creo que sería mejor salir de aquí…

Miguel y Raphael intercambiaron miradas ceñudas, sin entender nada, pero entonces Leo volvió a hablar.

.- ¿Por qué me haces esto Don?- Dijo, entrecerrando los ojos e inclinando la cabeza a un costado, como si tratara de escuchar algo.- ¿Por qué haces esto?- Repitió y se volvió a mirar a los demás.- Tenemos que salir de aquí, chicos es en serio, puedo sentirla, sigue ahí...- Dijo casi sin aire.

Antes de que pudieran replicarle, una nueva voz inundó el espacio del galpón.

.- ¿Por qué haces esto Don?- Escucharon todos, sobresaltándose. Era la voz de la computadora, súbitamente había vuelto a hablar. Era la misma voz de mujer, pero asustada... alterada...

Donatello se volvió hacia el monitor emocional de la computadora. Estaba negro, en ese mismo instante, todos sus monitores se encendieron y se volvieron igual de negros.

.- ¿Te quedarás conmigo, Don?.- Volvió a susurrar Leo, apenas audible, la mirada perdida, afirmado todavía de Raph.

Raph se volvió a verlo a él y luego a los monitores negros.

.- Sal de ahí de una vez.- Gruñó, sacudiéndolo.

.- ¿Te quedarás conmigo, Don?- Preguntó la computadora.

Don parpadeó confundido, comenzando a retroceder hacia los muchachos.

.- Por supuesto que sí, nunca te dejaría sola.- Dijo, luchando por sonar convincente, pero sin lograr que la voz no le temblara.

Cerca de donde estaban esperando sus hermanos, estaba el generador que le daba energía a su laboratorio. El laboratorio estaba en un lugar lo suficientemente alejado de la ciudad, sobre un muelle abandonado, un galpón abandonado en donde estaba seguro que nadie iba a ir a meterse, eso le garantizaba que no iba a ser molestado. Lo único malo era que no tenía de donde sacar energía, tuvo que traer ese generador y modificarlo para que diera más potencia. Ahora se daba cuenta que iba a tardar demasiado en que se desconectara absolutamente, si es que lograba hacerlo sin llamar su atención.

Logró llegó hasta él y lo apagó. El aparato comenzó a trabajar más lentamente después de un rato, disminuyendo el ruido que hacía. No se había dado cuenta de lo ruidoso que era hasta que comenzó a quedarse en silencio.

Fue hasta donde estaban sus hermanos, sin quitarles los ojos de encima a los monitores. De pronto sintió una presión en el brazo, se volvió a ver y encontró la mano de Leo. Tenía los ojos pegados en el piso, con cara de estar absolutamente concentrado.

.- Está muy enojada.- Susurró.- Ten cuidado, Donnie...

.- ¿Qué estás haciendo?- Preguntó la computadora, casi gritando.- Sin energía no podré funcionar.

Don se volvió hacia los monitores.

.- Sólo será un instante, conseguiré una mejor fuente de energía, ya verás.

.- ¿No quieres lastimarme?

.- Por supuesto que no...

.- ¿Te quedarás conmigo?

.- Por supuesto...

.- No podría vivir sin ti, Don, no podría soportarlo.

.- Lo sé, lo sé, cariño, todo estará bien...

.- ¿Te quedarás conmigo?- Volvió a preguntar, como si en cualquier momento pudiera echarse a llorar.

De pronto Leo alzó la cabeza de golpe. Tenía los ojos completamente abiertos y se veía por fin lúcido. Se volvió hacia Miguel.

.- Hay una ventana allá atrás, atrás de donde estamos.- Le dijo.- Miguel lo miró incrédulo por un momento, pero luego se volvió hacia atrás, comprobando que ahí había efectivamente, una ventana.- Ábrela, destrúyela, deja libre el paso.- Miguel se le quedó mirando unos segundos más, dudando.- ¡Ve! - Le gritó Leo, sacándolo de su parálisis. Raph se volvió a verlo.- Tenemos que salir de aquí, está furiosa.- Le dijo antes de que pudiera preguntar nada, tratando de sostenerse de sus hombros. Raph lo miró arrugando la frente, pero no dijo nada.

.- Tú me creaste, no puedes abandonarme.- Dijo la voz de la computadora.

.- Lo sé, eso no va a pasar.- Respondió Don tranquilizador, a la vez que le daba miradas al generador, preguntándose cuando iba a detenerse la maldita cosa.

.- Yo puedo darte aquí todo lo que necesites.

.- Lo sé.

.- ¿Te quedarás conmigo?

.- Si, si, claro que si...

La máquina hizo una pausa y luego sus monitores se apagaron todos a la vez. Don dio un respiro de alivio. Por fin se había apagado, pensó.

Pero no.

.- ¡Mentiroso!- Gritó de repente, asustándolos a todos. Leo trató de separarse de Raph, pero sólo alcanzó a dar un par de pasos y luego éste tuvo que volver a sujetarlo.

.- Vamos, todos por la ventana, sólo arrójense al agua y naden hasta el fondo, no salgan hasta que... hasta que...- Comenzó a hablar casi sin aire. Raph lo miró alzando una ceja.

.- Leo, qué...

.- ¡Esta cosa va a explotar! ¡Vayan!- Sin esperar respuesta fue el primero en dirigirse hacia la ventana. Miguel fue quien lo atajó esta vez para evitar que se cayera al suelo, se lo puso al hombro y corrió con él. Raphael los siguió comenzando a correr también.

.- No puedo dejar que te vayas. No puedo soportar que me dejes sola. No puedo soportar estar sin ti ¿Por qué no lo entiendes?- Siguió la computadora.- Y si no te tengo yo...

Don la observaba como hipnotizado. Cómo podía ser que aún funcionara, casi sin energía ¿qué estaba usando para alimentarse?

.- ¡Don!- Sintió que uno de sus hermanos le gritaba.- ¡Vámonos!

Giró medio cuerpo pero no podía dejar de mirarla. De pronto tuvo la idea de estar mirando algo completamente diferente a lo que alguna vez había creado.

.- Si no te tengo yo, nadie más te tendrá...

Esa no era la voz que había programado. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué de pronto sonaba tan distinta?

.- ¡Don!

. - ¡Nadie!.- Volvió a a gritar la computadora, esta vez por última vez. Don sintió un click, en alguna parte de la estructura de la máquina. Abrió los ojos como platos.

Recién entonces fue capaz de apartar los ojos de la computadora y echar a correr hacia la ventana. Fue el último en atravesarla cuando la explosión le golpeó la espalda y lo arrojó por los aires. Chocó contra el agua como si hubiera golpeado el concreto después de una caída de veinte metros. Se hundía hacia el fondo cuando vio las lenguas de fuego envolver lo que hasta ese momento había sido su laboratorio.

Después vio los fragmentos golpear el agua en su dirección...

TBC