Los personajes pertencen a su autor
El viento helado amenazaba con arrebatar a ala figura alta y esbelta la capucha con la q cubría celosamente su rostro, sin embargo se conformo con remover la capa marrón oscura con la que se protegía de él, dejando al descubierto unas piernas largas de tobillos bien torneados, Aunque la mujer demostró, al permanecer rígido su cuerpo, y su mirada perdida en la que consideraba, por derecho, su patria, una total indiferencia ante el frío.
Ryoko había nacido en Japón porque su madre se había enamorado perdidamente del país después de una larga estancia por motivos de trabajo. Meses después embaraza y junto a su esposo, estuvo de regreso, ya para jamas salir de allí. Solo era japonesa por un cumulo de diversas circunstancias que, sin embargo, habría e marcar toda su existencia. Una hija del matrimonio, y sin más familiares, Ryoko, después de la muerte de ambos cuando tenia seis años en un accidente de coche, fue acogida por una amiga de su madre, April, una mujer irlandesa de carácter afable de la que apenas había oído hablar.
Y no había regresado a Japón, ni siquiera para ver sus tumbas. Encerró todos sus recuerdos y el dolor, dejando que el mar se los llevara lejos de ella.
Un grito y el estallido de unas carcajadas consiguieron que sus ojos se apartaran del valle para clavarse en un grupo de niños que tras una prologada excursión regresaban a sus casas.
De la Ryoko alegre y sonriente que había vivido en Japón, solo se guardaban unas escasas imágenes almacenadas en fotografías viejas. Resulto ser una niña de carácter extraño, mas bien frío y callado, que prefería hundirse en sus pensamientos que gozar de la compañía de otras personas de su misma edad. Aquella actitud desagradable en exceso a April, pues era amistosa y entusiasta. En muchas ocasiones ambos caracteres chocaban de forma violenta, consiguiendo que la relación entre ambas no fuera muy agradable.
Un niño levantó la mirada hacia la pequeña colina donde se encontraba Ryoko. Sus ojos brillaron repletos de curiosidad por la misteriosa mujer encapuchada. Tal vez fue la mirada que esta le dedico, o la llamada de sus amigos, pero pronto su fascinación murió, y se alejo pronto de allí.
Ella también había sido una muchacha que alzo interrogativamente la mirada hacia otra mujer encapuchada, sentada en las ruinas de Glendalough.
- ¿Quién es?- recordó que había preguntado en aquella ocasión a April, quien había pensando que una visita al lugar animaría el agrio carácter de Ryoko
- ¿Ah?- observo la figura haciéndose de visera con la mano para verla mejor- Estará restaurando algo, vete tú a saber... - replico molesta, pues su idea no había tenido ningún resultado positivo
No era una restauradora, estaba segura, pues solo llevaba la capa marrón oscura, y sus manos faltaban herramientas. También descarto la idea de que fuera un vigilante, pues desde allí solo podía ver una pequeña parte de Glendalough, del todo insuficiente.
- Vamos- las uñas de April se clavaron de forma dolorosa en su brazo, consiguiendo que se olvidara de la mujer y la siguiera sin condiciones.
Horas después, en la tranquilidad de su cuarto, medito sobre ella. Juraría que había sentido su mirada sobre ella, el sol que brillo sobre unos guantes de plata... ¿Cuánto había pasado desde entonces?. Fue el tacto de una mano en su hombre la que la hizo salir de forma brusca de sus recuerdos y ponerse en tensión
- ¡Por todos los demonios!- bramo enfurecida, mas consigo misma por no haber estado alerta: si hubiera sido un enemigo, ahora estaría muerta en el suelo. Sin embargo, lo único que vio fue una chica de baja estatura, vestida de forma oriental, que esbozaba una sonrisa cortes que solo sirvió para enfurecerla aun más- No sé si te habrás perdido o algo así... Pero no me encargo de guiar a nadie. Así que, hazme un favor, y largarte- se dio la espalda esperando que esta se marchara por donde había venido, poco le importaba- ¿Y bien¿Aun sigues ahí? Ya te dije que no llevo a nadie a visitar Glendalough- volvió a encararse a la chica.
- Eres Ryoko¿verdad?- continuo con la misma sonrisa y unos modales sencillos y respetuosos.
- Puede... ¿por qué quieres saberlo?- cruzo los brazos sobre su pecho dejando ver las relucientes piezas de su armadura que cubrían sus brazos-
- Deseo ser entrenada para ser amazona.
Ryoko contemplo a Shunrei en silencio. La sonrisa que le había dedicado pronto se convirtió en risas que agitaron todo su cuerpo, y carcajadas que resonaron por todo Glendalough
- ¿Es 28 de diciembre y nadie se ha molestado en avisarme?- pregunto aun riéndose
- Hablo en serio- permaneció indiferente a la ofensa de la mujer, mirándola firme y seria
- Estas bromeando¿verdad¿Crees que con ese ridículo cuerpecito puedes llevar una armadura? Me parece bastante enclenque y débil para soportar un solo día de entrenamiento- comento con sarcasmo mientras miraba bastante divertida a la chica oriental
- Ponedme a prueba. Os demostrare que soy digna.
Ryoko contemplo con algo mas de seriedad a la chica, antes de dejar escapar otra sonrisa irónica
- Muy bien. ¿Ves esa cruz de allí? Si la partes en dos, prometo que te tomare como mi alumna
Shunrei volvió la mirada hacia el valle donde estaba la cruz a la que se refería la mujer. Era vieja y gruesa. La piedra estaba desgastada por el paso de los siglos, pero aun así permanecía desafiante sin ninguna intención de romperse en mucho tiempo
- ¿Qué me dices¿Te das por vencida?- se rió. Realmente se lo estaba pasando en grande.
- No- tomo aire aunque en sus ojos se reflejaba la duda y el temor. Pero no vacilo cuando con pasos ágiles bajo de la colina en dirección al valle
- ¡Debe de ser un regalo que me conceden los dioses!
- No prejuzgues el mundo por lo que ven tus ojos, Ryoko, pues una hormiga es capaz de derrotar a un gigante.
Un intenso cosmos la llenó por completo, hacia mucho tiempo que no lo había sentido, solo en los primeros años de su propio entrenamiento, pero era capaz de reconocerlo casi al instante.
- Dokho. Creía que ya habías muerto. Estaba preguntándome quien seria el siguiente portador de la armadura de oro de Libra, Veo que te conservas estupendamente- replico irónica Ryoko cuando el anciano se situó a su lado. Nunca le había resultado agradable el maestro, aunque jamas se atrevería a desafiarlo.
El primer golpe contra la piedra la hizo cerrar los ojos por el dolor
- Sigues siendo la misma de siempre
Ryoko bufo molesta. Le desagradaba el tono tranquilo y sereno que siempre empleaba aquel hombre en cualquier situación
- ¿Y bien¿A que has venido¿Es que el Santuario piensa llevarse la armadura o algo así?
No vengo aquí en nombre del Santuario, y sé que serias capaz de derrotar a cualquier que intentara poner una sola mano en la armadura que custodias
- Que lo intenten... Algo de acción nunca viene mal...
- Vengo aquí por mi propia iniciativa, y solo por preocupación hacia Shunrei
- ¿Así que así se llama? Has sido tu quien me la ha enviado¿solo para ver como la humillo? Pues si es así no hacia falta que ni tu ni ella vinierais desde tan lejos... Cualquier caballero vuestro podría hacerlo sin ningún esfuerzo...
- Al contrario. Tu mayor defecto es no ver mas allá de lo tangible.
- ¿Tu crees? He visto a docenas de chicas como ella- refunfuño Ryoko. Realmente sabia como molestarla si quería...
El segundo golpe consiguió que las lagrimas resbalaran por su rostro
- Tu no fuiste distinta que ella cuando viniste aquí
- Puede, pero no era tan mayor como lo es ella. ¿Cuántos años tiene?
- Dentro de unos meses cumplirá los catorce.
- ¡Catorce¡Razón de mas para negarme a entrenarla entonces! He despreciado a algunas candidatas mucho más jóvenes que ella
Con los siguientes golpes llegó la primera sangre que cubrió la piedra como un sacrificio.
- Contempla su cosmos, entonces.
Ryoko refunfuño, era una completa perdida de tiempo, pero aun así acepto, solo por complacer al anciano. La calidez que se apodero de ella la abrumo. Suave como una caricia que se deslizara por toda su piel, ardiente como el deseo que se asentó en sus entrañas, tan atrayente que tardo varios instantes en conseguir separarse de ella, pues todas sus células deseaban seguir saboreando aquella intensa sensación
- Aun así... - consiguió tartamudear. Ya no parecía la fría y arrogante mujer que instantes antes había sido. Se arrodillo en la colina sintiéndose débil, tratando de controlar su alterada respiración- Su cuerpo es frágil. Se romperá.
El ruido que inundo el lugar la hizo levantar la cabeza asustada, y temiendo un inminente ataque. El viento, que había persistido en su ambición, al fin consiguió arrancar la capucha de la mujer. Docenas de rizos castaños, casi rubios fueron besados por el intenso aire.
- No... ¡No es posible!- grito aterrada
La cruz, que los años no habían sido capaces de derribar, se venia abajo ante una joven de aspecto delicado ensangrentada.
- ¿De donde nace todo ese poder¡Un cuerpo que un solo golpe puede reducir a polvo no es capaz de guardar tanta fuerza!
- ¿Aun no lo sabes, Ryoko? El amor nos devora y nos resucita, Nos hunde y nos alza. Es el corazón lo que la da fuerzas, la que la levanta... Y la que la hizo venir hasta aquí- respondió Dokho sin poder ocultar su propio asombro y su orgullo- Tienes seis meses
- ¿Qué?- sus ojos temblaron de furia por detrás de sus largos cabellos. No solo venia a desafiarla. ¡Además la exigía!- ¡Eso es muy poco tiempo¡Nadie puede conseguir una armadura en ese plazo!
- ¡Un año entonces!- concedió Dokho ajeno a la ira de ella- No puedes negarme que no sientes la amenaza que se cierne sobre el mundo. ¡No estas tan ciega! En Rozan sentí el peligro como si de un mal sueño se tratara, pero ahora en Glendalough tiene la fuerza de un dragón enfurecido. ¿Cómo puedes negarlo?
- Si... - odiaba tener que reconocer algo ante él, pero desde hacia semanas se había negado a aceptar el presentimiento de que algo terrible se acercaba a ellos- ¡Esta bien¡Un año¡Que los demonios me lleven¡No se porque acepto¡Todo esto es un completo desatino!- grito enfadada mientras volvió a mirar hacia el valle
Dokho pareció darse por satisfecho con la sonrisa que esbozo cuando partió de Glengalough
La sangre cubría sus brazos y la hierba bebía de la que resbalaba hacia ella. El sabor salado de esta y de las lagrimas inundo por completo su boca. Su rostro, pálido, contrastaba con los largos cabellos de color negro que habían escapado de su trenza. Sus ojos azules contemplaban desafiantes a Ryoko
- Recuerda la promesa... - consiguió susurrar antes de que la oscuridad se la llevara.
Dedicado a una persona que una vez comento en un foro si esperabamos ver a Shunrei vistiendo armadura...
Si, yo lo esperaba
