Siento el retraso, pero los exámenes, la universidad... Quedo un poco mas corto que los anteriores capitulos Siento si hay alguna palabra que no encaja, como en otro fic donde en vez de "hombro" se quedo como "hombre" UUU (la culpa es del corrector del Office no mía XD) Lo de siempre, los personajes pertenecen en exclusiva a su autor. Dedicado a todos los que leéis esta saga o

La flecha se hundió con un ruido seco. Sólo el rápido movimiento de su brazo le había salvado la vida, aunque la sangre manchaba su alba túnica. El dardo clavado en el bastón intento continuar. Hasta el corazón de su enemigo. La mano del anciano tembló, pero apretó con firmeza la madera, a pesar del sudor que cubria su mano. La mirada socarrona del caballero le enfurecía. El proyectil volvió a moverse, consiguiendo que el druida tuviera que retroceder, alejándose la vara

- Me sorprende que un hombre tan débil como tu, un anciano, siga al frente de Erin...- se burlo el desconocido- aunque esta resultando un espectáculo muy divertido, ardo en deseos de liberar a mi señor lo antes posible… ¡Saetas Negras!

Alzo la mano, y cinco dardos, idénticos al primero, surgieron de sus dedos. Todos con dirección al Druida. Uno de ellos se clavo en el hombro, hundiéndose en la carne. El hombre grito de dolor, pero permanecía firme, tratando de que el bastón no se tambaleara. Los otros cuatros cayeron al suelo, sin causar el menor daño

- ¿Quién eres tu que osas a desafiar a Friard, tercer caballero de Fomori?- pregunto entre la furia y la sorpresa el ver a su nuevo enemigo, que había permaneció lejos de la lucha

- Ser anciano también significa ser mas sabio y poderoso, caballero...- replico Dohko antes de lanzar su ataque "Cien Dragones de Rozan"

Un centenar de estas bestias cruzaron el aire, dispuestas a hundir sus fauces en Friard, quien les dedico una sonrisa petulante

- Con eso no conseguiras vencerme... ¡Que la Oscuridad me abrace!

Todas las sombras de la estancia se agruparon entorno al caballero. Formaron un denso muro, que ningún dragón fue capaz de atravesar. Con la misma velocidad con la que habían acudido a la llamada de Friard regresaron a sus rincones. En el lugar de caballero solo quedaba aire. El dardo que había atravesado el bastón, cayo inerte al suelo

Dokho, sorprendido, fue en auxilio de su amigo, a quien comenzaban a fallarle las fuerzas. El sudor cubría su frente y su respiración era entrecortada.

- ¿Cómo es posible que haya huido?- se apoyo en el cayado tratando de mantenerse erecto

- Sigue en la torre. Aun puedo sentir su Cosmos... - los ojos del caballero de Libra recorrieron toda la sala buscando una pista que les condujera a su enemigo

- Soy incapaz de verlo, o saber donde...

- ¡Garras de Hierro frío!

De lo más alto de la torre, descendió el caballero. Dos largos filos de metal resplandecieron con la escasa luz. A pesar de la sorpresa, y de la debilidad, el Druida fue capaz de reponerse y exclamar

- ¡Piel de Madera!- sus piernas comenzaron a quedar cubiertas con una gruesa corteza. Rápidamente se extendió por el resto de su cuerpo, pero al llegar al hombro herido, con un gemido, comenzó a desaparecer

- ¡Llevas ahora el estigma de Balor, oh, gran Druida!- se burló Friard - ¡Todo tu poder no sirve de nada!

- ¿Eso piensas?- pregunto el druida. En sus ojos brillaba la determinación cuando el bastón se interpuso entre los dos hombres, cortando el paso a los dos cuchillos. En numerosas ocasiones, el Druida se vio obligado a retroceder, para evitar ser herido por el furioso ataque. Dokho, contemplaba la escena, incapaz de tomar partido, pues temía herir a su compañero. Cada vez más cansado por la perdida de sangre y el esfuerzo, el anciano reunió todas sus fuerzas, concentrándolas en un desesperado ataque que le proporcionaría la victoria o una muerte segura

- ¡Lazos Terrenales!

El suelo de piedra se rompió con violencia, y frondosas raíces surgieron de la tierra. Cada una de ellas se enrosco a las piernas de caballero

- ¿Qué...?

Friard se volvió hacia ellas dispuesto a partirlas en dos con sus armas. Dokho vio por fin su oportunidad

- ¡Cien Dragones de Rozan!

Atento como estaba al ataque del Druida, no se percato de la acción de Dokho. Con un grito, el cuerpo del caballero impacto con violencia contra una de las paredes, y cuando cayo al suelo ya no volvió a moverse. Estaba muerto. Las raíces, volvieron a replegarse hacia el interior de la tierra, y el único testigo de su presencia fue la piedra rota

- Ahg...- con un gemido seco, el druida se sentó en el suelo, apretándose el hombro herido con la mano, tratando de contener la sangre. De nuevo, el viaje maestro, se acercó a él

- ¿Quién era ese caballero? Pensaba que todos los caballeros de Erin habían desaparecido o habían sido derrotados...

- ¡Y lo fueron, créeme! Todos los defensores de Erin, cayeron. Muertos, perdidos...- movió la cabeza con tristeza- Tiempos oscuros... Solo queda una de ellos con vida... la defensora de Glendalough... Tiempos oscuros para Erin si solo tenemos un defensor...

- Tuve el placer de conocerla a ella, y a su maestra- esbozo una sonrisa tratando de aliviar el dolor que los recuerdos parecían producirle al Druida- Aunque esta ultima estaba al servicio del Santuario. Pero si estas en lo cierto... ¿se trata de uno de los enemigos de Erin?

- Así es... Durante años han esperando con impaciencia que las puertas se abrieron, y su señor quedara libre de la cárcel... es el tercer caballero de Formori, dirigidos por el temible Balor.

Dokho permaneció en silencio, reflexionando sobre lo que había oído.

- ¿El legendario caballero de Balor?- pregunto instantes después- ¿Del que hablan las leyendas?

- Si... Es él... Uno de los principales servidores de nuestro enemigo...

El druida cerró los ojos, mientras apoyaba la cabeza contra la piedra, tratando de serenar el palpitar que le atormenta

- La Guerra ha comenzado... y nadie de esta tierra volver a vivir en paz...-

Como si las palabras de Dokho, se trataran de una terrible profecía, el anciano se puso en pie. Sus ojos estaban desorbitados por el terror, al igual que su rostro, que demostraba una palidez mortal. Tomo su bastón, y salio fuera de la torre.

- ¡No seas necio! ¡Aunque llegaras a tiempo no lo harías con vida!- exclamó su amigo al ver como soltaba las riendas de Cristal Oscuro, y procedía a montarla.

- ¿De que sirva que yo sobreviva si el castillo ha caído?

- Por que tú eres un símbolo de esperanza al cual aferrarse...

Ryoko se despertó alterada, y cubierta de un sudor frío que la hizo estremecer. Había visto con claridad gran Druida, ante las puertas que empezaban a romperse. También al caballero de Libra, pero no era capaz de saber si se trataba de una pesadilla demasiado vivida o si era la realidad. Sin embargo algo en su interior la intentaba convencerla de que podía ser algo mas que un una pesadilla. Sintiendo que seria incapaz de volver a conciliar el sueño, se puso en pie y se refrescó en el agua fría de la jofaina que estaba en el fondo de la habitación. El espejo de la pared devolvió la imagen de una joven, que no llegaba a superar los dieciséis años. El rostro era bonito, aunque algo serio enmarcado con rizos, entre rubios y castaños, de ojos color verde, tan claros que parecían traslúcidos, que le sostuvieron la mirada de forma fría y firme. Ryoko dio la espada a su imagen con un gesto desdeñoso. Tras vestirse y coger lo que ella solía denominar "pequeña burla hacia el Santuario", salió de la habitación y recorrió la pequeña casa en el corazón de Glendalough, buscando a su alumna

- Donde se habrá metido esta vez... - murmuro enfadada.

No tenía quejas sobre Shunrei. Era disciplinada, y respetuosa con ella, y se esforzaba por aprender. Jamas le había preguntado cuál era el motivo por el cual quería ser una amazona, aunque se negara a reconocerlo, sentía algo de curiosidad por todo el asunto. La forma en que había partido la cruz en dos. Tardaría en olvidarse de la intensa sensación de calor... Ninguna de las dos cosas volvieron a repetirse.

- Maldita cría... - volvió a murmurar Ryoko mientras salía de la casa.

Shunrei alzo la mirada hacia el cielo estrellado, mientras una sonrisa iluminaba su rostro. En noches como aquella, cuando aun estaba en Rozan, y quedaba aun mucho tiempo para que Shiryu consiguiera su armadura, solía sentarse a su lado con el incesante sonido de la casa. Pero ahora los recuerdos, le parecían demasiado lejano entre las ruinas de Glendalough que en nada se parecían a su hogar. Suspiro, mientras sus ojos volvían hacia una mascara que descansaba sobre su regazo, y que debería portar ya que aspiraba a convertirse en amazona. La mascara era de plata, sin mías señales que dos líneas paralelas en ambas mejillas que le recordaba a la mascara de los kitsune. También vestía como estas, haciéndose visibles las curvas de su cuerpo que delataban que no hacia mucho que había pasado la pubertad. Poseía una constitución delgada y pequeña, carente de fuerza, pero que se compensaba con agilidad y flexibilidad. Heridas, algunas de ellas mal curadas, como la de su muñeca rota, y otras ya cicatrizadas se dibujaban en su blanca piel que contrastaba con su pelo oscuro que aun llevaba trenzado, como un recuerdo de todas las antiguas cosas que había abandonado cuando llego a Erin. Su rostro poseía rasgos llenos de candidez, y los ojos eran grandes, de un suave color azul cielo. Se recostó sobre la fresca hierba, mientras su mirada se perdía en la brillante constelación del Dragón.

- ¡Shunrei!

Se puso en pie de golpe, cayendo la mascara al suelo. Con un rápido movimiento la recogió, y la coloco sobre su rostro. Casi podía imaginarse el bufido de su maestra si la descubría sin ella, y el tono sarcástico de su opinión sobre los métodos del santuario.

- No se como te las apañas siempre para desaparecer... - refunfuño Ryoko mirándola con frialdad. En sus ojos se reflejan los acostumbrados pensamientos hacia su alumna: que era un enclenque, que era toda una perdida de tiempo el tratar de hacer de ella una amazona...

La reluciente armadura de Ryoko contrastaba con el tono azul oscuro de su vestido corto. Una mascara, como las que llevaban las amazonas del Santuario cubría la mitad de su rostro dejando al descubierto sus labios que se fruncieron en una mueca indefinible

- Será mejor que te prepares. Ha llegado la hora de comprobar si mereces o no la armadura